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Feria, música y caminata para celebrar el amor

Durante dos días, la Feria ReEmprender se vistió de rojo en su edición especial de ‘Carnaval del amor’. Las casitas de los artesanos, en la Plaza Primeros Pobladores, se convirtieron en el paseo de los reginenses que pudieron observar el trabajo de emprendedores y artesanos.

A esta posibilidad, se sumó durante el domingo la caminata ‘Atardeceres reginenses’ y el clásico ‘Domingos de Plaza’.

La Dirección de Turismo y la Dirección de Cultura agradecen a todos quienes participaron de las actividades propuestas.

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  • La pasión nómade

     

    —Te imagino como una Mary Poppins, que va bajando aquí y allá a ver lo que pasa.

    La antropóloga mexicana Rossana Reguillo sonríe encantada con esta imagen que le regala Francisco Goldman, el periodista norteamericano con quien comparte el taller anfibio “Adentro, al borde o afuera. Crónicas de la diversidad juvenil en América Latina”. Luego aclara: “hay una diferencia fundamental con esa chica de paraguas: yo no llego a solucionar problemas”.

    —¿Con qué figura te autodefinirías entonces?

    —Mi maestro Carlos Monsiváis, con tono burlón, me decía que yo era la Sarita García —que es la abuelita del cine mexicano— de los jóvenes. Pero lo que más me gustaba es que él me hacía entender que yo le escribía a los jóvenes y no que escribía sobre los jóvenes.

    De su maestro, Reguillo aprendió la importancia del “estar ahí”, de tomarse el tiempo y el trabajo de entender las cosas desde adentro. Inmediatamente fantasea con otra autodefinición: se le ocurre el personaje de Zelig, de Woody Allen, capaz de ser un transformista, de inmiscuirse y vivir una situación aún sin pertenecer a ella. Tampoco le convence del todo:

    —No se trata de mimetizarse o convertirse, porque así pierdes también la capacidad crítica.

    Reguillo hace crónica, investigación académica y también periodismo. En Buenos Aires, al terminar uno de los días de taller, tuiteó: “Ya guardando los cuadernos del día: la presidenta Cristina K. es un personaje q me encantaría etno-carto-cronicar; q cosas suceden con la K”. Etno-carto-cronicar: ahí está la clave de su método.

    Reguillo tiene una pasión nómade por América Latina. Cuando se trata de encontrarle un origen a esa pasión política, la imagen es difusa pero es la primera que se le viene a la cabeza. Es jovencísima, calza seguramente jeans, y está junto a unas cincuenta personas protestando por la Guerra de Vietnam frente al consulado norteamericano en la bella Guadalajara, su ciudad natal.

    Aquella escena de manifestante antiyanqui ahora se conecta con otra escena, esta vez en el corazón del imperio: con el mismo pelo lacio y los ojos chispeantes, Reguillo recorrió durante cuatro meses en el otoño de 2011 el Zuccotti Park, un parque enquistado en el medio del distrito financiero de Nueva York y desde el que se vislumbraban las Torres Gemelas antes del 11-S. Sólo que el paisaje que le interesó ya es radicalmente otro: Zucotti Park hoy es la sede del movimiento Occupy Wall Street. Ha sido rebautizado por los ocupas como Liberty Park y si se levanta la vista se ven los jóvenes que han extendido sus carpas y que dicen “we are the crisis”.

    Reguillo fue a dar clases a la gran manzana pero se metió de lleno en ese territorio clave de las nuevas insurgencias que hoy se multiplican a escala global.

    —Es como si toda mi vida me hubiera preparado para terminar ahí, en medio de ese movimiento tan maravilloso —reflexiona para, como una versátil trapecista, saltar de los momentos iniciáticos de su vida política al aquí y ahora.

    En la máquina del recuerdo cobra fuerza también una aventura anterior: un viaje de mochilera que la llevó de México hasta Buenos Aires en una travesía de diez meses, de la que aun se siente orgullosa.

    —No he sido especialmente marchante pero recorrer el continente y luego, en 1985, estar en la Nicaragua sandinista me abrieron la cabeza y me sacaron del localismo mexicano.

    Ahora no lleva mochila, sino cartera de cuero negro y pequeña valija para su Mac Air plateada, pero el viaje le sigue resultando igualmente vital. Con esa militancia asociada a recorrer territorios vincula su obsesión por entender las distintas formas de movilización juvenil en América latina. También los rasgos de la tarea investigativa que más le convence:

    —Yo sigo a los sujetos jóvenes y eso me hace ir de un territorio a otro. Me muevo con una metodología nómade.

    Ahora Rossana está en el frío despiadado de Buenos Aires donde salir a fumar es un esfuerzo, pero aun así vale la pena, con guantes y bufanda. Los cigarrillos Benson&Hedges la acompañan todo el tiempo y marcan la pausa del intensivo taller con jóvenes periodistas de América Latina.

    ***

    Reguillo viene de una familia disfuncional. Así califica al matrimonio de su madre, una chiapaneca rica hija de un hacendado cafetalero porfirista, y su padre, un combatiente republicano en la Guerra Civil Española, luego preso en un campo de concentración en Francia y finalmente refugiado en México. Su madre le transmitió la fascinación por el relato. De niña le contaba una y otra vez historias de princesas mayas que se suicidaban para huir de los españoles. Reguillo creció acompañada de heroínas combativas que se aferraban a la vida de la manera más difícil. Su madre, desheredada tras el casamiento con el rebelde extranjero, también le legó la osadía vital que mancomuna a muchas mujeres.

    De su padre tiene una herencia precisa: la militancia por la justicia es una tarea que no acaba nunca. En esa línea, la economía de guerra en la que se crió era una prueba más de firmeza y, sobre todo, de coherencia.

    —Para él dejar un pedazo de mantequilla en el plato era un pecado.

    Cuando Rossana estaba convencida de ser una pequeña princesa maya de 15 años, fue su padre quien le dijo muy seriamente que debía empezar a pagarse sus estudios. Así inició un recorrido por múltiples empleos.

    —Me acuerdo el primero. Era una agencia de autos y yo debía atender el teléfono y decir todo el tiempo “Volkswagen Albarrán a sus órdenes”. Duré seis meses. Luego hice de mesera, de vendedora y de muchas otras cosas. Tal vez por eso hoy puedo ser una investigadora todo terreno.

    Así como el relato oral es un sonido materno, la pasión por los libros tiene la marca paterna. Su padre era un lector obsesivo. En su casa había libros por todos lados, en cualquier sitio. Nunca le resultaron un objeto extraño. Pero cobraron un nuevo sentido cuando la salvaron en un momento difícil. A los once años tuvo un accidente con una moto que la obligó a muchas operaciones, durante varios años. Cuando sus amigas se iban de paseo, la niña herida se refugiaba en las letras contra el dolor y la incomodidad. Esa intimidad con las historias, especialmente las de princesas suicidas, le enseñó desde muy temprano que las batallas nunca se abandonan.

    ***

    Rossana no deja de consultar por Twitter y Facebook las noticias del otro movimiento que más la inquieta, la llamada Primavera Mexicana. Y es que esa otra movilización joven la tiene más que inquieta, eufórica. “Todo se está yendo a la chingada y eso es muy interesante”, dice frente a sus alumnos. “Eso no lo tuiteen”, aclara, conciente de que muchas de sus frases mientras se desarrolla el seminario pasan inmediatamente al espacio virtual. “No te preocupes que esto no sale de Latinoamérica”, le susurra Ricardo Corredor, de Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, sin poder evitar la risa.

    El movimiento mexicano se llama YoSoy132.mx. Se inició hace apenas algunas semanas y fue un sacudón para todo el país, a punto de celebrar elecciones presidenciales el próximo 1 de julio. Lo que empezó como un acto de interpelación de alumnos universitarios al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto (bautizado el “Gel boy”), por su responsabilidad en la represión brutal conocida como la Masacre de Atenco (2006), hoy es una fuerza ingobernable que tiene nerviosos a muchos políticos.

    “Este movimiento detonó una conversación colectiva impensada en México. No es casual ni de generación espontánea”. El contexto no es menor: seis años de violenta guerra narco, doce años de gobierno del PAN, con la dudosa última elección presidencial que le dio el poder a Calderón y un país que tiene la ciudad más vigilada de todo el mundo: Ciudad Juárez. La sorpresa existe y Reguillo la celebra pero también reconoce allí todo un tejido micropolítico que venía creciendo. “Estos movimientos son lugares de potencia pura: entre algo que deja de existir y algo que todavía no tiene lugar”.

    Además, insiste en no perder de vista el mapa global. “Aquí tenemos que identificar bien a los enemigos, a los que se creen mentes bienpensantes. Primero el señor Zizek, que dice que la revolución es una cosa seria y que entonces como vio divertirse a los jóvenes en Nueva York, dijo que así no se hace política. Segundo al señor Bauman, que al visitar Madrid dijo que esos jóvenes son pura emoción, incapaces de razón, y que la política es un asunto racional”.

    Para Reguillo, todos aquellos que le piden una agenda o un programa a estos movimientos son los que no entienden nada. Ella ve en estas protestas jóvenes la pregunta fundamental: ¿cómo cambia lo que cambia?

    “Me pregunto si no será el momento de pensar: todo se está yendo a la chingada, hay que estar atentos y entender el vértigo”.

    ***

    Reguillo lleva más de tres décadas investigando la condición juvenil. Combate los discursos clichés: la satanización o la exaltación de los jóvenes. Y le interesa el mapa comparativo de norte a sur del continente.

    Los sigue. Los busca. Le inquietan. Les admira su capacidad de acción e invención. Le preocupa que en México, por ejemplo, las opciones que tienen más a mano son tres: incorporarse a las estructuras del crimen organizado, migrar a Estados Unidos en condiciones súper precarias o vincularse al ejército. En sus análisis, no olvida la dimensión de clase pero tampoco las derivas singulares de las biografías. En ese marco se pregunta cuáles son las dimensiones del poder que impactan en la vida de los jóvenes. “No hay que olvidar la responsabilidad que tenemos al narrar esa condición juvenil. Por eso no me gustan los nombres tales como ‘tribus urbanas’ porque además de usar un adjetivo que los vincula a lo arcaico, les reduce su capacidad de agencia”.

    Los jóvenes condensan lo que una sociedad teme. Sobre ellos se practican permanentes “semánticas de bautizo” que también influyen en su subjetividad. Así las etiquetas se suceden y Reguillo las tiene identificadas en las últimas tres décadas: en los años ‘70 eran rebeldes sin causa o problemáticos revolucionarios, luego pasaron a ser hedonistas marihuaneros, después violentos e irresponsable, ahora también desimplicados que viven en las redes sociales”.

    A Reguillo le fascina escucharlos y leerlos. Escuchar es un elemento clave. Por un lado, es la forma de entender el concierto de voces de lo real, pero también tiene una función de antídoto contra la pretensión de uniformidad del mundo. Y una cosa más:

    —Cuando tu escuchas pones en el centro la voz de los protagonistas del día a día, también como portadores de memorias. Y eso es irremplazable.

    Siguiendo esas premisas ha tomando como principal terreno etnográfico a las redes sociales. Ahí se está cocinando un nuevo frente de batalla y de habla colectiva vinculada a la red. En la firma personal —yo adhiero, yo comparto, yo firmo, etc.— Reguillo visualiza una nueva conquista del nombre propio.

    —Con tu firma ya puedes hacer algo. No hace falta que estés en un colectivo de obreros o de lesbianas”. Pero también sitúa ahí una desjerarquización radical de la palabra que permite la mezcla de registros en el FBK de cualquier joven: un video de música, junto a una convocatoria y un artículo de periódico comentado por una amiga.

    ¿Qué impacto político tiene este modo de la palabra? Para Reguillo, vuelve a estos jóvenes participantes de causas más que de instituciones “y eso los vuelve súper rápidos, como se ve en el movimiento #yosoy132”. Reguillo, como la Sarita García con que bromeaba Monsiváis, los cuida pero también les advierte los peligros de marearse con la fiesta de la propia voz. Pero hay un peligro mayor: “Yo les digo que se pongan Colonia Siete Machos y mucho ajo contra los partidos de izquierda y de derecha que los ven como un botín electoral”.

    ***

    En 2009, en plena neurosis colectiva por la llamada epidemia de la gripe A (influenza), Reguillo llevó un diario-blog que fue muy leído y en el que experimentó con la exigencia de escribir cada día. Se llamó “Diario de la epidemia”. De sus jóvenes amigos blogueros dice haber aprendido lo fundamental: el timing. “Soy su discípula en ese registro”. Recién después de esa experiencia se animó a construirse una personalidad feisbukera que califica de exitosa.

    —Al FBK le dedico mucho tiempo y diálogo con los nativos digitales. Hoy muchos chicos de los barrios y las villas tienen su blog o su FBK y entonces echan por tierra esa idea de que sólo hablan con ellos los periodistas que se creen Malinowski en las Islas del Pacífico por entrar a una villa.

    De nuevo, hay un arte de hacer basado en la combinación. Un arte táctico. En FBK, dice, no puedes ser sólo erudito, o sólo fashion o sólo humorístico. Tienes que saber mezclar. Ahí está la clave.

    —Para mí FBK es un dispositivo de investigación de una nueva habla política.

    Con Twitter es un poco distinto. Todo rollo tiene que caber en 140 caracteres. Aunque evita las polémicas mantiene fluidos intercambios.

    —Son registros que no tienen nada que ver con la idea moderna de control de la palabra.

    ¿Es periodista? ¿Es académica? ¿Es cronista? «Para mí lo anfibio es la perspectiva de la colaboración», sintetiza. No le interesa el periodismo militante «porque siempre ya sabe». Tampoco la academia que sólo se muerde la cola: «basa su autoridad en su propia autoridad».

    —Yo me mezclo con el periodismo pero tengo ventajas: los plazos largos. Y como investigadora tengo la obligación de transparentar mi método para buscar su validación. Pero además hay algo más: el impacto indirecto de lo que hago a través de la docencia.

    La contaminación de estilos está desde el principio. Su trabajo inicial –el libro Crónicas de la diversidad– fue un suerte de aguafuertes de personajes urbanos. Pero sin perder el horizonte del rigor. ¿Cómo trabaja Reguillo? Primero, acumula y acumula datos (blogs, ciertas bases de datos, revistas, etcétera). Luego sigue y confía en algunos actores clave, a ciertos cronistas e investigadores y finalmente, la parte más experimental, la cybernografía: esa vuelta de tuerca sobre el territorio virtual.

    ***

    Tiene dos hijos y un marido que es un conocido historietista político.

    —Mis hijos vivieron conmigo la experiencia de escritura de las tres tesis que hice. Me acompañaban al barrio y a las reuniones de tatuadores. Nunca viví la maternidad como un impedimento de hacer cosas. Más bien lo contrario. ¡Claro que fue mucha chamba!

    Reguillo tiene una rutina que disfruta muchísimo. Por empezar, los paseos con su nieta. Pero también sus escapadas a una casa en el mar, a unas pocas horas de Guadalajara. Además de trabajar y estudiar, medita en el agua.

    —Para mí nadar es como una forma de la meditación. Mientras nado pienso y descanso, se me ocurren cosas.

    No le gusta manejar en carreteras muy grandes: los espacios tan abierto le dan “sustillo”.

    Está ahora mismo cerrando una investigación. Se llama Cuando morir no es suficiente:

    —La situación límite de la violencia en México me llevó a los rituales de la muerte que practica el narco. A la sobredramatización de la muerte que hacen.

    Aquí la ha inspirado mucho el libro de Adriana Cavarero llamado Horrorismo (2010) del que tomó una idea: se destruye primero para poder matar. Alrededor de estas cuestiones está pensando el funcionamiento de una “narcomachine” (lo dice con un tono tan mexicano que no parece una palabra en inglés). Dice no haber elegido esto.

    —Son temas que se te imponen.

    A pesar del frío, Rossana vuelve a fumar. Y después de una bocanada larga, dice:

    —A mí lo que no me gusta es no entender.

    La entrada La pasión nómade se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    María Mercedes Sarasa: entre comercio y alianzas en la Buenos Aires colonial

     

    Hija de un funcionario clave del Cabildo, viuda de un comerciante y luego esposa de un militar ligado al poder virreinal, María Mercedes Sarasa no sólo administró negocios en la Buenos Aires colonial sino que también se movió con precisión dentro de las redes políticas y económicas de su tiempo. Su historia, reconstruida a partir de documentos y estudios académicos, revela cómo las mujeres podían intervenir activamente en un sistema que no estaba pensado para ellas.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Una mujer dentro del circuito comercial colonial

    María Mercedes Sarasa nació en el seno de una familia estrechamente vinculada al poder político de Buenos Aires. Su padre, Javier Saturnino de Saraza y Mador, ocupó cargos reiterados en el Cabildo —regidor, alcalde en distintos niveles y defensor de pobres—, lo que situaba a la familia en el núcleo de la administración colonial. En 1784 se casó con Casimiro Francisco Necochea Boronte, comerciante y también regidor, integrándose de lleno en el circuito mercantil del puerto, con quien tuvo varios hijos.

    Ese entorno no era meramente social. Buenos Aires, hacia fines del siglo XVIII, funcionaba como un nodo clave del comercio atlántico, articulando exportaciones de cueros y productos ganaderos con importaciones europeas y circuitos internos hacia el Alto Perú. Las familias que ocupaban el Cabildo no sólo gobernaban: también comerciaban.


    La viudez y la continuidad del negocio

    La muerte de Necochea en 1802 no implicó la disolución de la actividad económica. Por el contrario, la documentación muestra que Sarasa continuó operando dentro de ese circuito. Investigaciones académicas basadas en fuentes comerciales y notariales indican que integró la sociedad “Vda. de Necochea y Larravide”, lo que demuestra una continuidad empresarial concreta y no meramente formal.

    Durante al menos ocho años, según reconstrucciones basadas en registros comerciales, participó en operaciones de importación y exportación, utilizando mecanismos habituales del comercio colonial como la consignación de mercancías a cuenta y riesgo propio. Esto implicaba asumir costos, riesgos y decisiones sobre la circulación de bienes en una red que conectaba Buenos Aires con Montevideo y la península ibérica.


    El documento que lo prueba todo

    El dato más contundente aparece en un acuerdo fechado en 1805, conservado en el Archivo Histórico. Allí, María Mercedes Sarasa figura explícitamente como parte en la venta de una porción de la fragata “La Primera”.

    El documento detalla que la operación se realiza en su condición de viuda de Necochea y en acuerdo con el comerciante Manuel de Larravide, con intervención de autoridades del Cabildo encabezadas por Martín de Álzaga. La otra parte de la embarcación pertenecía a una casa comercial radicada en Cádiz, lo que evidencia la inserción directa en redes atlánticas.

    Una fragata como La Primera no era un bien accesorio. Era el instrumento central del comercio de larga distancia. A través de embarcaciones de este tipo circulaban: cueros y derivados ganaderos desde el Río de la Plata hacia Europa, manufacturas europeas hacia el puerto de Buenos Aires, y mercancías que luego se redistribuían hacia el interior del virreinato.

    Ser propietaria —aunque fuera parcialmente— de una embarcación implicaba invertir capital, asumir riesgos marítimos, participar en redes comerciales internacionales y negociar con actores de alto nivel económico. La operación documentada en 1805 muestra a Sarasa actuando dentro de ese esquema con plena capacidad jurídica y económica.

    Como detalla la historiadora Marcela Aguirrezabala, «Entre los años 1778 y 1810 se ve claramente que el número de mujeres vinculadas a la exportación fue mucho mayor que las que optaron por la importación (…) Esa tendencia fue así incluso en el caso de una comerciante de la talla de María Mercedes Sarasa, la viuda de Necochea, quien desde que empezó a operar en 1802 hasta 1810 exportó en 13 oportunidades según nuestros datos e importó efectos sólo en cinco ocasiones, entre 1803 y 1805«.


    Redes comerciales y poder político

    La presencia de figuras como Martín de Álzaga en la operación no es un detalle menor. Álzaga era uno de los principales comerciantes de Buenos Aires y una figura clave del poder económico local. Su intervención como autoridad en el acuerdo indica que Sarasa operaba en un nivel donde comercio y política estaban profundamente entrelazados.

    Ese entramado se refuerza con otro dato documental: el 9 de diciembre de 1805, Sarasa contrajo matrimonio con José María del Pino (con quien también tendrá descendencia), capitán del Cuerpo de Artillería e hijo de Joaquín del Pino. Este vínculo la conectó directamente con la élite virreinal, consolidando su inserción en redes de poder que excedían lo estrictamente económico.


    Una comerciante, no una excepción

    La documentación disponible permite afirmar sin ambigüedades que María Mercedes Sarasa no fue una figura pasiva ni un caso aislado de administración doméstica. Fue una comerciante activa que participó en una sociedad mercantil, operó en circuitos de importación y exportación, consignó mercancías a cuenta propia y fue copropietaria de al menos una embarcación utilizada en el comercio atlántico.

    Estos datos, respaldados por fuentes documentales y estudios académicos, obligan a revisar la imagen tradicional de las mujeres en la colonia. No se trata de afirmar que el sistema era igualitario, sino de reconocer que existían márgenes de acción que algunas mujeres ocuparon de manera efectiva y documentable.


    Del archivo a la historia

    La reconstrucción de esta trayectoria se apoya en documentos conservados en repositorios históricos y en investigaciones desarrolladas en ámbitos como el CONICET y la Universidad de Buenos Aires. Estos trabajos, inscriptos en la historia social, permiten recuperar experiencias que durante mucho tiempo quedaron fuera del relato dominante.


    Fuentes y referencias

    Archivo Histórico de la Nación, acuerdo de 1805 sobre la fragata La Primera.

    Investigaciones de Marcela Aguirrezabala sobre comercio y género en el Río de la Plata.

    Estudios del Instituto de Historia Argentina sobre redes mercantiles coloniales.

    Documentación comercial y notarial del período conservada en repositorios públicos.

    Documentos eclesiásticos.

     

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  • Lemoine quiere crear el ejército digital de Sebastián Pareja y un detector de concejales coimeros

     

    Luego de filtrar la versión de que concejales electos por La Libertad Avanza cobraron 5 mil dólares por voto para levantar la mano con el peronismo en algunos distritos, Lilia Lemoine ahora puso a su abogado Hernán Seivane a armar una base de datos que haga un seguimiento del voto de cada concejal libertario.

    «Esto es un ‘rumor de pasillo’, por ahora», dijo en X la diputada sobre las supuestas coimas. Enseguida, fue cruzada por los tuiteros enlistados en Las Fuerzas del Cielo, que le marcaron que algunos de los concejales que votaron en sintonía con bloques del PJ en el conurbano fueron puestos en las listas por Sebastián Pareja.

    Este nuevo fuego cruzado entre Lilia y los tuiteros de Santiago Caputo, que se suma al cruce reciente de la diputada y el Gordo Dan, forma parte de una estrategia del karinismo de poner a Lemoine a disputarle el territorio digital a los celestiales.

    Lemoine ahora atacó a Bullrich y abonó la teoría que conspiró contra Adorni

    En esa línea fue la reunión que este lunes mantuvieron Sebastián Pareja, Sevaine y dirigentes del norte del Conurbano. Minutos después de ese encuentro, el abogado de Lilia y activo tuitero hizo un extenso posteo en el que salió a apoyar a Pareja y a uno de sus armadores más cuestionados por los celestiales, Ramón «Nene» Vera.

    Algunos piensan que se eligió un presidente por Twitter. Saben que sirve generar contenido para la batalla cultural y distribuirlo en todas las redes. No sirve querer meter a Karina Milei en un cajón de muertos.

    «Algunos piensan que se eligió un presidente por Twitter. Saben que sirve generar contenido para la batalla cultural y distribuirlo en todas las redes. No sirve querer meter a @KarinaMileiOk en un cajón de muertos», dijo el abogado de Lilia, que acusó «una doble moral motivada e influenciada por un par de influencers que buscan romper el espacio liberal».

    El abogado de Lemoine, Hernán Seivene, este lunes con el Nene Vera y Pareja. 

    Decididamente alineado a Pareja, el abogado tuitero de Lemoine comparó al armador de Karina con San Martín: «Sebastián es una persona que escucha y que sabe organizar. ¿Que hubo una derrota en 2025? Sí. ¿O acaso San Martín no perdió la batalla de Cancha Rayada?»

    Un dirigente cercano a Pareja confirmó a LPO que, con los posteos «encendidos» de Lilia y su abogado tuitero, el karinismo busca «que haya alguien que conteste en las redes al ejército digital de Caputo». La contradicción es evidente. Días atrás, Pareja intentó bajarle el precio a la ofensiva digital de los celestiales: «No opinamos de cruces en redes», afirmó.

    Pareja le baja el precio a la rebelión tuitera: «No opinamos de cruces en redes»

    Ahora han revisado esa idea y cerca de Pareja quieren armar su propio ejército de trolls. «Es darle armas digitales a la territorialidad», intentó intelectualizar otro dirigente de Pareja, que vaticinó: «Sí la territorialidad agarra algo de fuerza en lo digital, es el certificado de defunción de Las Fuerzas del Cielo».

    Lo que no entiende Lilia, Pareja y los Menem es que atrás de Santiago hay una máquina de trolls, pero también muchos militantes orgánicos que no le responde a nadie y simplemente se sienten parte de ese espacio.

    «Porque si no es un monólogo de ataques y reproches», agregó. Pero no está fácil. Cerca de Pareja recuerdan como una experiencia «fallida» el sello de «Los Inquebrantables», que los Menem habían promovido con un perfil beligerante en X para polemizar con los seguidores de Caputo y terminó desvaneciéndose.

    «Lo que no entiende Lilia, Pareja y los Menem es que atrás de Santiago hay una máquina de trolls, pero también muchos militantes orgánicos que no le responde a nadie y simplemente se sienten parte de ese espacio», explicó a LPO un dirigente de las Fuerzas del Cielo. 

    Pero como Lemoine es Lemoine, en medio de sus peleas con el Gordo Dan, hizo correr la versión que «concejales que entraron por La Libertad Avanza ahora votan los proyectos kirchneristas y se dan vuelta por plata». Lo curioso es que esas listas las armó Pareja, a quien Lemoine supuestamente defiende.

    Acaso ajeno a esos detalles, el abogado Seivane expuso el caso de la concejal de Morón, Alejandra Liquitay: «baja, da quorum, habilita un aumento del 30% de tasas… y después vota en contra para la tribuna. Una coreografía perfecta. ¿Casualidad?», dijo.

    Traductor te Ama, un destacado tuitero de Las Fuerzas del Cielo, aprovechó para cruzarlo: «El abogado de Lilia Lemoine dice que la concejal Alejandra Liquitay (LLA) habría aceptado algo para bajar y dar quórum para habilitar un aumento de tasas. Liquitay fue puesta por Ariel Diwan que fue puesto por Mantequilla Pareja», posteó.

    Pareja, Karina y Santilli en el acto de Suipacha.

    Frente a esa discusión, cerca de Lemoine intentaron corregir el rumbo y aclararon que la intención de la base de datos para controlar el voto de los concejales de LLA es «más que nada desenmascarar a los del PRO que votan con los intendentes peronistas».

    Una acusación que acaso se contradice con la decisión de Karina Milei de invitar a Diego Santilli, que sigue afiliado al PRO, al acto que La Libertad Avanza organizó este fin de semana en Suipacha.

    La presencia de Santilli incomodó a algunos dirigentes de Pareja que tienen en sus municipios a dirigentes que responden al ministro del Interior, que buscan disputarle la candidatura a la intendencia en 2027.

    Pero más grande fue la bronca -contra el propio Pareja, que fue el organizador- porque en la actividad ni siquiera sirvieron café. «El break del mediodía eran los food trucks que estaban afuera y era todo garpar. Acá solo Adorni la pasa bien», se quejó un dirigente que estuvo en Suipacha, que habló de un acto «auto celebratorio para mostrarle a los del PRO que el armado es de LLA».

     

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