La séptima edición de la ya tradicional Expo Patagonia Universidad, la feria de carreras más relevante de la Patagonia, prepara novedades para este año: por un lado, un formato bimodal, que implicará la realización de dos exposiciones; una virtual, el 29 y 30 de junio; y otra presencial, en octubre, con fecha a confirmar.
Entre las novedades de esta edición, contaremos con dos conferencistas de relevancia: el filósofo y docente universitario Darío Sztajnszrajber; también, el psicólogo, docente y especialista en Orientación Vocacional y Educativa, Tomás Murray.
Asimismo, la Expo contará con la participación de distintas universidades, que mostrarán su oferta educativa en modo virtual.
Sobre Darío Sztajnszrajber
Es licenciado en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, actual docente de esa casa de estudios, de Universidad de Hurlingham y en FLACSO. Es un divulgador que tiene experiencia en medios como radio Futurock, Canal Encuentro; también incursionó en el teatro, con los espectáculos Desencajados y Salir de la caverna. Es autor de Filosofía en 11 frases y Filosofía a Martillazos. Recibió el Diploma al Mérito del Premio Konex en Periodismo y Comunicación del año 2017, en la categoría Divulgación.
Sobre Tomás Murray
Es licenciado en Psicología de la UBA, profesor en enseñanza media y superior de psicología y Especialista en Orientación Vocacional y Educativa. UNTreF – APORA. Actualmente, trabaja en los colegios San Isidro Delta School, de Benavidez; de Colegio Northlands. de Olivos. Es profesor adjunto de Orientación Vocacional y Ocupacional de la carrera de Psicología en la Universidad de Palermo.
Durante abril y mayo, las organizadoras de la Expo realizaron visitas a distintas instituciones de nivel medio de la zona para contarles sobre esta muestra, que año a año congrega la participación de decenas de universidades nacionales, provinciales, institutos de educación superior y otras entidades educativas.
En este sentido, en estas visitas, estudiantes de 4to y 5to año de secundaria fueron invitados a completar la encuesta titulada Elegí estudiar, destinada a conocer las preferencias del estudiantado para brindarle mejores herramientas vinculadas a la etapa universitaria.
La detención de Alejandro Falcón, hasta hace unos días el jefe de Drogas Peligrosas de la Policía Federal en Córdoba desató un escándalo en la fuerza. Aunque también tiene un impacto de relevancia en la política; particularmente en la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva.
Falcón era el titular de la compleja división de la Federal en Córdoba y terminó detenido en un pabellón de la cárcel de Bouwer acusado de distintos delitos. Los más curiosos, el robo de dinero a un automovilista que estaba siendo requisado cuando Falcón llegó al lugar; pero uno aún más llamativo: el robo de dos cachorros de perro pitbull que sustrajeron en un allanamiento que le habían realizado a un joven cultivador de marihuana.
A los días de haber sido liberado, el joven reclamó la ausencia de sus animales radicando una denuncia en la Justicia federal lo que disparó la investigación del fiscal federal Maximiliano Hairabedián.
Lo que motorizó el resto de la pesquisa que derivó en la detención de Falcón, quien hasta hace unos días dividía su tiempo entre uno de los despachos más pesados de la Federal en Córdoba y las visitas a su novia en la provincia de Santa Fe. De hecho, en Santa Fe también ocurrió un oscuro episodio con un jefe de la Federal enviado por Monteoliva.
Monteoliva se está mandando sola con esto de su candidatura a diputada nacional. No consultó a Patricia y eso no cae bien.
Monteoliva, que no tuvo un buen invierno por frases como, por ejemplo, la señalada acerca de la bandera de Malvinas en la previa de la semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra fue notificada de la situación a horas de hacer un desembarco en la capital cordobesa.
El presidente de La Bolsa de Córdoba, Manuel Tagle.
Invitada por la Bolsa de Comercio que lidera el empresario neolibertario Manuel Tagle y que sirve habitualmente como plataforma para dirigentes del armado de Javier Milei, la integrante del Gabinete nacional estará en su provincia en el almuerzo de la entidad el próximo lunes.
Pero, esta situación deriva un hecho que caldea la previa del arribo de la sucesora de Patricia Bullrich.
Y aquí, especialmente, radica otra particularidad del episodio. En Córdoba hablan de una eventual candidatura a diputada nacional de Monteoliva, estrategia para la cual no habría consultado a la senadora y situación que habría generado el enojo de la jefa de bloque del oficialismo en la Cámara alta.
«Monteoliva se está mandando ella. No consultó a Patricia y eso es lo que no cae bien. Encima, ahora con esto, no es una buena señal en la previa del almuerzo en la Bolsa», señaló a LPO una persona que conoce detalles de la relación entre las dos mujeres que traspasaron el mando en Seguridad.
Es el segundo hecho en un par de meses en el que Monteoliva queda en el ojo de la poléimca por el accionar de la Federal en el interior. En junio el gobierno entró en alertatras el asesinato de un policía que mandó para reforzar la seguridad de Rosario, tal como adelantó LPO.
El 10 de octubre de 1927 comenzaba a funcionar en Córdoba la Fábrica Militar de Aviones, una iniciativa que colocó a la Argentina entre los pocos países del mundo capaces de desarrollar una industria aeronáutica propia. Durante décadas produjo aviones, motores, automóviles y tecnología nacional, formando generaciones de técnicos e ingenieros. Su historia es también la historia de un proyecto de país que apostaba a que el conocimiento, la industria y el Estado podían convertirse en herramientas de soberanía.
Por Redacción de NLI
En la Argentina del siglo XXI, acostumbrada a escuchar que casi cualquier desarrollo tecnológico debe venir desde afuera, puede resultar extraño imaginar que hubo un tiempo en que el país diseñaba y fabricaba sus propios aviones. Sin embargo, durante buena parte del siglo XX, Córdoba fue uno de los centros industriales más importantes de América Latina y la Fábrica Militar de Aviones (FMA) fue el corazón de un proyecto que buscaba algo más que producir máquinas: buscaba construir capacidades nacionales.
La creación de la FMA en 1927 no fue un hecho aislado. Formó parte de una etapa en la que distintos sectores del Estado argentino entendían que la independencia política también necesitaba una base económica y tecnológica propia. En un mundo donde las potencias industriales utilizaban el desarrollo científico como una herramienta estratégica, contar con una industria aeronáutica significaba reducir la dependencia externa y formar trabajadores especializados.
La elección de Córdoba tampoco fue casual. La provincia ya contaba con una tradición industrial y una ubicación estratégica dentro del territorio nacional. Alrededor de la fábrica comenzó a crecer un entramado de escuelas técnicas, proveedores, talleres y profesionales que convirtieron a la ciudad en un polo de conocimiento e innovación.
Durante sus primeras décadas, la producción estuvo vinculada principalmente a las necesidades de la defensa nacional. Pero con el tiempo la fábrica amplió sus objetivos y se transformó en un símbolo de una idea más ambiciosa: que la Argentina podía desarrollar tecnología propia y competir en áreas reservadas tradicionalmente a los países centrales.
De los aviones a la industria pesada
La etapa de mayor expansión llegó durante mediados del siglo XX, cuando la fábrica pasó a formar parte de un proyecto industrial más amplio impulsado por el Estado. Durante esos años, la FMA dejó de ser solamente una planta aeronáutica para convertirse en un complejo capaz de desarrollar múltiples ramas productivas.
Allí nacieron proyectos que marcaron la historia industrial argentina, como el avión Pulqui II, uno de los desarrollos aeronáuticos más avanzados de su época, diseñado con participación de ingenieros argentinos y especialistas internacionales. También surgieron experiencias vinculadas a la fabricación de automóviles, motores y maquinaria.
Uno de los capítulos más recordados fue el nacimiento del IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado) en 1952, que permitió avanzar en la producción de vehículos nacionales. De sus líneas salió el Rastrojero, un utilitario pensado para el trabajo rural que se convirtió en un símbolo de la industria argentina y de la posibilidad de producir bienes adaptados a las necesidades locales.
Detrás de esos proyectos había una concepción económica determinada: la Argentina no debía limitarse a exportar materias primas e importar productos elaborados. El objetivo era construir una estructura industrial propia, capaz de generar empleo calificado y agregar valor dentro del territorio nacional.
El largo retroceso de una capacidad estratégica
La historia posterior de la Fábrica Militar de Aviones estuvo atravesada por los cambios políticos y económicos del país. Cada etapa modificó la orientación del complejo. Los golpes de Estado, las crisis económicas, los cambios en las políticas industriales y las transformaciones del modelo productivo fueron debilitando una estructura que durante décadas había acumulado conocimiento.
Con la llegada de las políticas de apertura económica de fines del siglo XX, muchas industrias nacionales perdieron protección frente a la competencia internacional. La reducción del papel del Estado como impulsor del desarrollo tecnológico afectó especialmente a sectores donde los tiempos de maduración son largos y las inversiones requieren planificación sostenida.
La fábrica pasó por distintos procesos de transformación hasta convertirse en FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones), actualmente bajo control estatal. Sin embargo, su historia sigue siendo utilizada como ejemplo de una discusión que atraviesa a la Argentina: qué lugar debe ocupar el Estado en áreas estratégicas donde la iniciativa privada muchas veces no tiene incentivos para invertir.
Ciencia, industria y soberanía en el presente
El debate sobre la Fábrica Militar de Aviones vuelve a cobrar actualidad cada vez que Argentina discute su modelo de desarrollo. En los últimos años, las políticas de reducción del gasto público impulsadas por el gobierno de Javier Milei reabrieron una discusión histórica sobre el rol del Estado en la producción, la investigación y la defensa de capacidades nacionales.
Desde la mirada libertaria, muchas de estas estructuras son presentadas como gastos innecesarios que deberían quedar sujetos a la lógica del mercado. Sus defensores, en cambio, sostienen que existen áreas donde un país no puede depender exclusivamente de proveedores externos porque perder capacidades tecnológicas implica perder soberanía.
La discusión no es solamente económica. Un ingeniero formado en una empresa estatal, un técnico especializado o un desarrollo tecnológico propio representan conocimientos acumulados durante décadas. Cuando una estructura industrial desaparece, no solamente se pierde una fábrica: se pierde una comunidad de saberes difícilmente recuperable.
La experiencia internacional muestra que incluso los países que defienden economías de mercado sostienen fuertes políticas estatales en sectores estratégicos como aeronáutica, energía, semiconductores o defensa. La diferencia no suele estar en si existe o no intervención estatal, sino en qué objetivos persigue y cómo se administra.
La historia de la Fábrica Militar de Aviones es, en definitiva, la historia de una pregunta que Argentina todavía no resolvió: si quiere ser un país que solamente compra tecnología producida por otros o uno capaz de crearla. Aquella fábrica cordobesa que comenzó a funcionar en 1927 demostró que existían trabajadores, científicos e ingenieros capaces de construir proyectos de enorme complejidad. Su legado no está solamente en los aviones que produjo, sino en la idea de que el desarrollo nacional también se construye fabricando conocimiento.
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El presidente del Episcopado Argentino, Marcelo Colombo, encabezó un encuentro en Almirante Brown junto con Axel Kicillof, unos diez intendentes peronistas del conurbano, media docena de obispos y más de 500 dirigentes.
Fue un encuentro transversal a la que se sumaron además rectores de Universidades y representantes de la Justicia. La cumbre fue en el Pequeño Cottolengo de Don Orione y la Pastoral Social redactó un documento en el que advierte sobre «el profundo proceso de polarización» que atraviesa la Argentina y donde se reafirma la necesidad de fortalecer el diálogo social.
«Nuestra región metropolitana y nuestra Patria se encuentra afectada por un profundo proceso de polarización que no nos permite construir una identidad común, donde se priorizan intereses sectoriales: esto ha generado una sociedad fragmentada y dividida», dice el documento final que lleva la firma de la Pastoral Social.
El texto agrega que «ante semejante cuadro de situación, debemos poner a la política como la forma más alta de caridad, como nos indica Francisco, recuperando su rol de servicio al bien común, y no a grupos de poder».
Además, destaca que la jornada sirvió para «reafirmar a la urgencia del diálogo social como herramienta para encontrar soluciones compartidas y como antídoto a la polarización» al tiempo que pide «dejar de lado la politiquería barata, alejada muchas veces de las necesidades reales de nuestro pueblo».
Estuvieron Fernando Espinoza (La Matanza), Jorge Ferraresi (Avellaneda), Ariel Sujarchuk (Escobar), Pablo y Alberto Descalzo (Ituzaingó), Mariel Fernández (Moreno) y los referentes de Brown y San Martín, Mariano Cascallares y Gabriel Katopodis.
También participaron Axel Kicillof, Verónica Magario y los obispos Carlos José Tissea (Quilmes); Oscar Ojeda (San Isidro); Maximiliano Margni (Avellaneda-Lanús); Juan José Chaparro (Merlo-Moreno); Pedro Cannavo (Obispo Auxiliar de la Diócesis de Buenos Aires) y Eduardo García (San Justo).
Marcelo Colombo y Axel Kicillof.
El encuentro cobró importancia por la transversalidad de los funcionarios que participaron. Además de la política y la Iglesia, también participaron importantes funcionarios judiciales como el juez de Casación Federal Alejandro Skolar, y el procurador general de la Suprema Corte de Justicia bonaerense, Julio Conte Grand.
El primer encuentro multisectorial nació luego de una reunión que mantuvo un grupo de intendentes con Marcelo Colombo, presidente del Episcopado Argentino en mayo pasado.
En representación de las Universidades participaron Jaime Perczik (UNAHUR); Jorge Calzoni (UNDAV); Carlos Greco (San Martin); Pablo Domenichini (UNAB); Alejandra Zinni (Quilmes); Carlos Rodriguez (UNIPE) y Walter Panezzi (UNLujan).
Finalmente estuvieron representantes de CAME, de la CTA, de la CGT, FEBA y UTEP, así como legisladores provinciales y nacionales de diversas fuerzas políticas.
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