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Está en vigencia el protocolo para otorgamiento de permisos de fiestas privadas

La Municipalidad de Villa Regina informa que se encuentra en vigencia el ‘Protocolo para la tramitación, otorgamiento de permisos y la fiscalización de fiestas privadas’ aprobado a través del Decreto 13/2020.

El mismo establece que propietarios, tenedores de establecimientos rurales, salones de fiesta, casas quinta, countrys, chacras o de cualquier otro inmueble o predio ubicado en el ejido municipal en donde se realicen espectáculos o fiestas de carácter privado en la que se reúnan más de 50 personas con venta o no de bebidas alcohólicas deberán solicitar la correspondiente autorización municipal con 20 días de anticipación.

La misma deberá ser ingresada por Mesa de Entradas del Municipio adjuntando la documentación establecida en el Protocolo mencionado.

En caso de incumplimiento se aplicarán multas, procediéndose además a la inhabilitación, clausura y decomiso de las bebidas alcohólicas y todos los elementos de prueba necesarios para comprobar la infracción (equipos de sonido, iluminación, escenarios), dándole intervención a la Policía de Río Negro y al Juzgado de Faltas Municipal.

Quedan excluidas del ámbito de aplicación de este decreto, los actos y celebraciones privadas de carácter familiar.

Asimismo, la Municipalidad solicita a la comunidad y jóvenes no concurrir a fiestas organizadas a través de internet, consideradas clandestinas, que no presenten ningún tipo de control o seguridad para los concurrentes: seguro de espectador, servicio de asistencia y emergencia adecuado a la capacidad permitida, medidas de seguridad  e higiene tanto del predio como de los artefactos eléctricos y fijos instalados, precariedad sanitaria en la prevención contra el COVID-19, entre otros aspectos.

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  • Nos siguen matando

     

    Hace 11 años —cuando X era Twitter y no una red social tan hostil, expulsiva y aleccionadora como ahora— escribí desde las tripas: «No vamos a levantar la voz?. NOS ESTÁN MATANDO». Estaba envuelta en enojo, pena y furia. La violencia extrema hacia las mujeres, y en ese momento puntual contra las adolescentes, tuvo uno de sus picos máximos cuando Chiara Páez fue asesinada por su novio, Manuel Mansilla, en Rufino, Santa Fe. Chiara tenía 14 años y estaba embarazada de tres meses. Mansilla la mató a golpes y la enterró en la casa de sus abuelos. 

    Este tuit está escrito. Sucedió. Pero fue azaroso que me haya interpelado a mi de esa forma. Cualquiera podría haber sido la autora de ese posteo: vos, aquella, la otra, la de más allá, la del otro lado. Fue una circunstancia. En menos de un mes, entre ese tuit del 11 de mayo y el miércoles 3 de junio de 2015, organizamos la primera marcha de Ni Una Menos. Ahora, once años después, nos enteramos del femicidio de otra adolescente de 14 años. Entre aquel Ni Una Menos inaugural y hoy contamos 3424 mujeres asesinadas, según La Casa del Encuentro. De esos asesinatos, 3073 fueron femicidios y femicidios vinculados (cuando un hombre mata a una o varias personas con el propósito de causarle sufrimiento, castigar o destruir psíquicamente a una mujer). En estos once años, una mujer fue asesinada cada 30 horas. 

    Agostina Vega, cordobesa, estuvo desaparecida una semana. Su mamá hizo la denuncia policial horas después de la desaparición. Como suele suceder en estos casos, la fiscalía primero se centró en el círculo más cercano y en la hipótesis de que Agostina podría estar con un noviecito. Recién tres días después se activó la Alerta Sofía.  Al cuerpo de Agostina lo encontró la Policía este domingo en un descampado cerca del barrio Ampliación Ferreyra. 

    Claudio Barrelier, el hasta ahora único acusado por el femicidio, está detenido. El hombre de 33 años había sido denunciado el año pasado por privación ilegítima de la libertad por una mujer que salió corriendo de su casa desnuda y pidiendo ayuda. En mayo de 2025 estuvo detenido solamente 20 días. El fiscal Iván Rodriguez lo dejó libre, fianza de por medio. 

    Cuando el impacto mediático trasciende los límites de la provincia, la voracidad por el “vivo y directo”, el vértigo, le gana a la información veraz. La audiencia muestra interés por el “caso”, se abren puñados de teorías, análisis, especialistas y opinólogos que desfilan sin parar.

    Lo sabemos: casi todas esas teorías se centran en la víctima. Que para su corta edad esto o  aquello, que sí hacía videos para TikTok, que las fotos que se tomaba. Hasta se escuchó con tono fuerte y certero a un cronista mencionar detalles de la intimidad de Agostina. 

    También vale mencionar aquí a esos cronistas de exteriores que, valiéndose de lo que ven, escuchan, preguntan e investigan, valoran la información en off de record y comprenden, como pocos, la prudencia de lo que se informa y cómo. 

    Pero la carroña mediática está a tiro cuando se trata de una mujer, adolescente, de apenas 14 años como Agostina. Lo mismo sucedió en 2017, por poner sólo un ejemplo,  con la joven bonaerense Melina Romero. Melina, la “ fanática de los boliches que abandonó la secundaria”, titulaba el diario de mayor alcance del país, y ampliaba: “Hija de padres separados, dejó de estudiar hace dos años y desde entonces nunca trabajó. Según sus amigos, suele pasarse la mayoría del tiempo en la calle con chicas de su edad o yendo a bailar, tanto al turno matiné como a la noche, con amigos más grandes. En su casa nadie controló jamás sus horarios y más de una vez se peleó con su mamá y desapareció unos días”.

    Dos años antes del femicidio de Melina, cuando escribí aquel tuit, las réplicas e intercambios fueron inmediatos. Colegas, compañeras, amigas y desconocidas sugerían ideas, adónde ir, qué hacer, a quiénes y cómo convocar para lograr, primero, el impacto mediático. Allí también se nos abrieron espacios amigables de colegas periodistas, compañeros de profesión y amigos del oficio. Después, hubo que profundizar en los contenidos, reclamos, exigencias, deudas y pendientes. Todo lo organizamos en menos de un mes.

    Que vayamos al Puente de la Mujer en Puerto Madero, que estemos vestidas de violeta o de negro, que el horario tenía que ser después de las 17, pero no tan tarde por el frio de junio. Finalmente, lo decidimos: iba a ser en el kilómetro cero del país, frente al Congreso de la Nación. 

    Desde el 11 de mayo a ese 3 de junio vivimos días frenéticos, intensos. Comenzó a tejerse una red potente, primero de periodistas y comunicadoras, que ya habían participado en un encuentro literario en el Museo de la Lengua, también bajo el lema “Ni Una Menos”, parte de un poema de Susana Chávez, activista mexicana asesinada en Ciudad Juárez. 

    Todas, una veintena, de diferentes medios, de diversas militancias, formaciones académicas, algunas presentadoras de noticias, escritoras, ensayistas, licenciadas en letras, abogadas, cronistas de exteriores, comenzamos a intercambiar ideas para bajarlas, literalmente, a la calle. 

    ¿Qué íbamos hacer? ¿Qué teníamos para decir? ¿Cuáles eran nuestros reclamos? ¿Qué respuestas tenía el poder político de turno? ¿Qué era aquello que comenzaba a replicarse como #NiunaMenos, basta de femicidios? La respuesta se manifestó la tarde del 3 de junio de 2015 en cada rincón del país.

    En todas las provincias, en cada ciudad, en pueblos que jamás habían salido a las calles, como Corral de Bustos, recuerdo; la implosión fue desde el Congreso hasta cada punto del país. O al revés. Lo siento por los porteños. 

    No pretendo traer una foto sepia de aquella fecha, pero sí recordar que fue un mojón en la historia de los movimientos de mujeres aquí, en la región y en el planeta. Se miraba a la Argentina, este país del fin del mundo. “Vengo del país del #NiUnaMenos” dije una vez ante colegas de otros países de la región. La Argentina era validada, también, por esta nueva ola feminista. Las Tesis llevaron su performance. “Un violador en tu camino”, desde Chile a cada rincón donde los ataques sexuales fueron tema de discusión. El #MeToo, que en 2017 sacudió al mundo cuando dos periodistas revelaron que Harvey Weinstein era, aparte de un exitoso productor de Hollywood, un depredador sexual. 

    Tuvimos en Argentina aquel Paro Internacional de Mujeres, y después arrasó el #MiraCómoNosPonemos” cuando supimos que Thelma Fardìn, en su adolescencia, había sido abusada sexualmente por el popular actor Juan Darthes.

    Y vinieron más marchas, otros paros, imposible recorrerlos todos en un sólo texto. 

    Pero en los últimos años, la búsqueda de la equidad quiere instalarse como el principal enemigo a vencer. Resulta que para propios y ajenos ese enemigo somos las feministas. Que dónde estamos, por qué reaccionamos, por qué los silencios. 

    Aquello de «no me siento representada por el feminismo del país» se cuela por la ventana, sin siquiera poder debatir cómo son los feminismos, cuál es el camino de los movimientos de mujeres en la Argentina. ¿Desde qué lugares se lanzan estas pretenciosas afirmaciones casi idénticas y de tan poca profundidad? Desde el poder político, claro. El mismo poder que hoy niega los femicidios y la violencia machista. Que se preocupa por las supuestas falsas denuncias y no dice nada cuando una piba como Agostina, como Chiara, como Melina, aparece asesinada. No hablo sólo del Gobierno. Hablo también de la Justicia. Para muestra, basta la conferencia de prensa que dio ayer el fiscal Raúl Garzón. ¿Nos piden explicaciones a las únicas que nos movilizamos y accionamos contra los femicidios, las violaciones y los abusos? ¿Nos tildan de exageradas? ¿Nos piden que nos calmemos? 

    Voy a defender mi derecho a estar viva, pero también a enojarme. Y, para eso, tampoco pido permiso ni perdón. El enojo también es una lucha política. Nos vemos, otra vez, el 3 de junio en las calles.

    La entrada Nos siguen matando se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    El cazador de los arroyos: hallan en Santa Cruz un dinosaurio que obliga a reescribir parte de la historia de los raptores

     

    Un equipo de paleontólogos argentinos y japoneses descubrió en Santa Cruz una nueva especie de dinosaurio carnívoro emparentado con los velociraptores. Bautizado como Kank australis, el animal vivió hace entre 66 y 70 millones de años y presenta características que sugieren una forma de vida muy distinta a la de sus famosos parientes de las películas.

    Por Amparo Lestienne para NLI

    Durante décadas, la imagen popular de los raptores estuvo asociada a cazadores veloces, depredadores terrestres que perseguían presas en grupos y dominaban los ecosistemas del Cretácico. Sin embargo, el hallazgo realizado en la Formación Chorrillo, cerca de El Calafate, aporta una pieza inesperada al rompecabezas de la evolución de estos animales. Los investigadores identificaron una nueva especie que, aunque emparentada con los velociraptores, parece haber desarrollado hábitos muy diferentes.

    Los restos fósiles fueron recuperados en campañas realizadas entre 2018 y 2025 por especialistas del Museo Argentino de Ciencias Naturales, la Fundación Félix de Azara y científicos japoneses. El nuevo dinosaurio recibió el nombre de Kank australis. El término «Kank» significa «ñandú anciano» en lengua aonikenk o tehuelche, mientras que «australis» hace referencia a su origen patagónico.

    Un raptor diferente a todos

    A primera vista, Kank australis no era un gigante. Los especialistas estiman que medía entre dos y tres metros de longitud y pesaba alrededor de 27 kilos, es decir, tenía un tamaño comparable al de un ñandú grande. Sin embargo, su anatomía llamó inmediatamente la atención de los paleontólogos.

    A diferencia de los velociraptores clásicos, que poseían dientes afilados como cuchillas para desgarrar carne, este dinosaurio exhibía un hocico alargado y dientes cónicos de aproximadamente un centímetro de largo. Esa combinación anatómica es mucho más común en animales adaptados a capturar peces o pequeñas presas acuáticas que en grandes cazadores terrestres.

    Por eso los investigadores sostienen que probablemente frecuentaba ríos, arroyos y ambientes húmedos de la Patagonia cretácica, donde habría encontrado buena parte de su alimento. El descubrimiento abre una ventana fascinante sobre la diversidad ecológica de los raptores sudamericanos, mucho más amplia de lo que se creía hasta ahora.

    La Patagonia sigue sorprendiendo al mundo

    La provincia de Santa Cruz se ha convertido en una de las regiones más importantes del planeta para estudiar los últimos millones de años de la era de los dinosaurios. Los sedimentos de la Formación Chorrillo ya habían proporcionado numerosos fósiles, pero Kank australis aporta información especialmente valiosa porque pertenece a un grupo prácticamente desconocido en el extremo sur de la Patagonia.

    Federico Agnolín, uno de los paleontólogos que participó en el hallazgo, explicó que no existían registros previos de animales similares en Santa Cruz ni en gran parte de Chubut. En términos científicos, el descubrimiento ayuda a completar un «rompecabezas» evolutivo que tenía enormes vacíos de información.

    La importancia del hallazgo va más allá de sumar un nombre a la lista de dinosaurios argentinos. Cada nueva especie encontrada permite reconstruir con mayor precisión cómo eran los ecosistemas que existían poco antes de la gran extinción ocurrida hace 66 millones de años, cuando el impacto de un asteroide cambió para siempre la historia de la vida en la Tierra.

    Un patrimonio científico que resiste

    El descubrimiento también vuelve a poner en evidencia el enorme valor de la investigación científica argentina. La Patagonia continúa produciendo hallazgos de relevancia mundial gracias al trabajo sostenido de investigadores, museos y universidades que durante años desarrollan campañas de exploración en condiciones climáticas extremas.

    Mientras algunos imaginan a los dinosaurios como criaturas del pasado sin conexión con el presente, cada fósil recuperado aporta información sobre la evolución, los cambios climáticos y la historia biológica del planeta. Kank australis, el pequeño cazador de los arroyos patagónicos, demuestra que todavía quedan muchas páginas por escribir sobre un mundo desaparecido que sigue emergiendo desde las rocas del sur argentino.

     

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