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ENTREVISTA LTA/MARCELO ORAZI

Durante la campaña previa a las elecciones municipales del 27 de octubre entrevistamos al, hoy, intendente electo la ciudad de Villa Regina Marcelo Orazi. En el día de ayer presentó a su equipo de trabajo, nosotros te mostramos sus ideas y proyectos sobre algunos de los ejes claves de su gestión:

MEDIOAMBIENTE

…la quema de basura a cielo abierto en alta barda es un problema importante a solucionar en forma inmediata, debemos buscar un plan…

TURISMO

…primero hay que ordenar la ciudad, limpiarla, cuidar nuestra barda que está llena de basura, no podemos atraer turismo a Villa Regina en la situación donde se encuentra

DESARROLLO ECONÓMICO

…tenemos que diversificar la economía, debemos buscar alternativas para nuestras chacras

CONCEJO DELIBERANTE

vamos a plantear la reforma de la Carta Orgánica que hoy en día ha quedado desactualizada…

GOBIERNO

Nos anticipamos a las elecciones preguntándole como le gustaría que sea recordada su gestión.

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    El cuento del pendrive: Adorni, Pinocho y la mentira que terminó escribiéndose sola

     

    Copete

    La historia de Manuel Adorni ya no se parece solamente a una investigación patrimonial. Se parece, sobre todo, a un cuento. Un muñeco de madera que aseguraba decir siempre la verdad, un Gepetto dispuesto a defenderlo contra cualquier evidencia, un misterioso pendrive convertido en cofre del tesoro y una enorme ballena esperando al final del camino. La diferencia es que Carlo Collodi escribía ficción. La política argentina, a veces, parece empeñada en superarla.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    Hay una razón por la que Pinocho sigue siendo uno de los personajes más universales de la literatura. Su historia no habla simplemente de un niño de madera que miente, sino de la imposibilidad de sostener una mentira indefinidamente. Cada engaño deja una marca visible. Cada intento de explicar una contradicción genera una nueva contradicción. La nariz crece porque la realidad termina imponiéndose sobre el relato.

    Manuel Adorni parece haber encontrado una versión del siglo XXI para esa vieja metáfora. En lugar de una nariz de madera, apareció un pendrive. No cualquier pendrive: según explicó en televisión, allí permanecieron guardados durante años más de medio millón de dólares en Bitcoin, un patrimonio que definió como un «trofeo» y que no había sido incorporado a sus declaraciones patrimoniales hasta que la investigación judicial y periodística comenzó a exponer inconsistencias difíciles de explicar.

    La imagen es poderosa por sí sola. Mientras el personaje insiste en que siempre dijo la verdad, la memoria USB termina ocupando el lugar que en el cuento ocupaba la nariz. Allí se almacenan archivos, movimientos, operaciones, declaraciones rectificativas y explicaciones sucesivas que modifican las anteriores. Ya no se trata solamente de una discusión contable sino de un problema narrativo: la historia original dejó de ser suficiente para explicar la realidad.

    Durante meses, el jefe de Gabinete sostuvo que su patrimonio estaba debidamente declarado y que las denuncias respondían a operaciones políticas. Sin embargo, con el avance de la investigación comenzaron a conocerse compras inmobiliarias, refacciones de alto valor, viajes, operaciones con criptomonedas y finalmente la existencia de activos que no habían sido declarados oportunamente y que luego fueron incorporados mediante declaraciones rectificativas aprovechando el nuevo régimen de regularización fiscal impulsado por el propio Gobierno.

    La paradoja política resulta inevitable. La administración de Milei llegó al poder prometiendo una superioridad moral sobre la denominada «casta», presentándose como el gobierno que venía a terminar con los privilegios, las maniobras oscuras y la opacidad patrimonial de los funcionarios públicos. Sin embargo, uno de sus hombres más importantes terminó admitiendo la existencia de cientos de miles de dólares no declarados mientras argumentaba que se trataba de una situación habitual entre los argentinos.

    Allí aparece otro personaje del cuento.

    Gepetto.

    En la historia de Carlo Collodi, el viejo carpintero construye a Pinocho con paciencia y amor, convencido de que algún día se convertirá en un niño de verdad. En esta versión política, Milei parece decidido a defender a su criatura incluso cuando el propio relato comienza a resquebrajarse. Las críticas son calificadas como operaciones, las investigaciones como persecuciones y las contradicciones como simples malentendidos administrativos. Pero ni siquiera Gepetto podía impedir que la nariz creciera cuando el muñeco elegía el camino de la mentira.

    La filosofía siempre distinguió entre la verdad y la verosimilitud. Una mentira bien contada puede parecer verdadera durante mucho tiempo, hasta que los hechos empiezan a acumularse. Aristóteles sostenía que la coherencia es una condición indispensable de la verdad: un relato que necesita corregirse permanentemente termina revelando sus propias fisuras. En política ocurre exactamente lo mismo. No es una sola explicación la que genera desconfianza, sino la necesidad constante de reemplazarla por otra.

    Cada nueva versión agrega un nuevo archivo al pendrive. Primero fue la defensa absoluta. Después aparecieron las criptomonedas. Luego llegaron las rectificaciones patrimoniales. Más tarde la explicación del «trofeo». Finalmente la apelación al régimen de Inocencia Fiscal impulsado por el propio oficialismo. El dispositivo ya no guarda solamente bitcoins: almacena una cronología completa de justificaciones que fueron modificándose a medida que avanzaban las preguntas.

    Y entonces aparece la ballena.

    En el cuento original, Pinocho termina dentro del enorme animal marino después de una larga cadena de errores. No es un castigo divino sino la consecuencia de sus propias decisiones. La ballena de Adorni podría ser su propio relato, una construcción que fue creciendo hasta volverse imposible de controlar. Cada nueva declaración intenta explicar la anterior y, al hacerlo, crea una nueva incógnita. No hay persecución capaz de fabricar esas contradicciones; nacen del propio discurso.

    Queda un último personaje por ingresar a escena.

    El hada madrina.

    En la literatura aparece para ofrecer una oportunidad de redención, pero sólo cuando el protagonista decide abandonar el engaño. En la Argentina ese papel quedará reservado para Comodoro Py, el lamentable lugar donde las verdades no importan y que avergüenzan a una Justicia. Quedará por verse si Lijo (viajecito a París mediante) acepta interpretar al hada madrina o si, por el contrario, decide que la madera siga siendo madera. Una cosa distingue a los cuentos de la realidad: en la vida pública las narices no siempre crecen, pero los patrimonios sí.

    Porque existe una sentencia que no depende de ningún tribunal. La confianza pública se construye sobre la coherencia entre lo que un funcionario dice y lo que termina admitiendo cuando las evidencias aparecen. Carlo Collodi escribió que Pinocho sólo pudo convertirse en un niño verdadero cuando dejó de mentir. La política argentina ofrece una versión distinta del cuento: un muñeco cuya nariz ya no es de madera sino un pendrive repleto de archivos, un Gepetto que insiste en defenderlo y una ballena hecha de contradicciones que amenaza con tragarse una historia que pretendía ser perfecta.

    Porque en los cuentos las narices crecen. En la vida pública, a veces, lo que crece son las explicaciones. Y cuando eso ocurre, la metáfora deja de ser literatura para convertirse en noticia.

     

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  • Los Menem esperan nuevos ataques de las Fuerzas del Cielo y desafían: «Que vengan»

     

    Martín y Lule Menem quedaron expuestos ante la tropa libertaria, después de que Santiago Caputo les deschavara la cuenta Rufus que se dedicaba a hostigar a sus adversarios internos como el propio asesor, el ministro de Economía Toto Caputo y la senadora Patricia Bullrich.

    El escándalo obligó al propio Milei a defender a Menem con un argumento tan inconsistente -«le armaron una operación»-, que la palabra presidencial quedó afectada no ya frente a la sociedad en general, si no frente a las propias bases libertarias.

    Sin embargo, los primos que expandieron su influencia en el gobierno bajo la protección de Karina Milei no parecen preocupados por revisar su torpe estrategia digital. «Son indolentes», lo definió un diputado oficialista preocupado por la agudización de la interna con las Fuerzas del Cielo.

    Preocupación en el Gobierno porque Karina expone a Milei para defender a los Menem y Adorni 

    El cálculo de los riojanos es que, efectivamente, la pelea va a continuar. En el Salón Pasos Perdidos del Congreso, comentaron a LPO que ambos esperan «una blitzkrieg de Caputo y las Fuerzas del Cielo».

    Pero un libertario erudito -que los hay- advirtió que «los Menem solo tienen una Línea Maginot», en referencia a la estrategia que el ministro de Defensa francés, André Maginot, propuso para defenderse del avance de Alemania. La «guerra relámpago» de los alemanes estragó rápidamente las fortificaciones que los galos construyeron durante seis años.

    Los riojanos no pierden la calma, aunque saben que Santiago Caputo controla YPF, la SIDE y ARCA, acredita relaciones con gobernadores y un sector de Comodoro Py. «Que vengan», dicen en su entorno.

    Pero los riojanos no pierden la calma, aunque saben que el asesor controla YPF, la SIDE y ARCA, acredita relaciones con gobernadores y un sector de Comodoro Py. «Que vengan», dicen en su entorno.

    Los Menem están envalentonados por la hegemonía interna que lograron en el gobierno de Milei y el volumen que sumaron con las incorporación de Diego Santilli, pieza clave para conseguir los votos que les faltan en Diputados. Poder real al que se suma la alianza tejida con el presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, que aceitó el desembarcó de Juan Bautista Mahiques en el Ministerio de Justicia.

    El jefe del bloque libertario, Gabriel Bornoroni.

    Pero no son pocos los funcionarios y dirigentes del oficialismo que observan con preocupación la escalada de la interna que dificulta al gobierno instalar una narrativa más positiva y lo mantiene bajo la tensión de los escándalos que se suceden, en muchos casos alimentados por la propia dinámica caníbal de los libertarios.

    Menem intentó no perder la calma durante los momentos más álgidos de la sesión de este miércoles e, incluso, sobreactuó el tono canchero que cultiva para esconder el nerviosismo. En más de una ocasión, apeló al término «dipu» para pedirles amablemente a los legisladores opositores que cerraran sus discursos sin insumir más tiempo o no se engancharan en discusiones que podían agudizar la confrontación.

    Gordo Dan en llamas porque Wayback Machine confirmó que Rufus es Menem: «Le mintieron al Presidente»

    En efecto, recurrió a esas dos sílabas como apócope informal para pedirle a Juan Marino que culmine su cuestión de privilegio al final de la jornada pero, antes, lo hizo para rogarle a Horacio Pietragalla que volviera a su banca, cuando salió disparado para ir a buscar al tucumano Gerardo Huessen, quien desde la otra punta del recinto lanzaba improperios inaudibles contra el kirchnerismo después que Rodoldo Tailhade se quejara por las condiciones de detención de Cristina Kirchner en comparación con las que se conceden a los genocidas y los narcos, tal como informó LPO.

    De hecho, Pietragalla cruzó todo el hemiciclo hasta la bancada libertaria junto con Javier Andrade y otros compañeros de su bloque pero Huessen se escondió detrás de los cortinados. O sea, la calidez de Menem hasta fue ociosa porque no había chances de trifulca.

    Otro momento destacado por una diputada opositora que repara en los detalles se produjo cuando Menem decidió interrumpir abruptamente el discurso de cierre de Gabriel Bornoroni, antes de la votación de la ley Hojarasca. «Me corta rápido el micrófono a mí», dijo el cordobés, entre risas, pero marcando que no había finalizado su discurso. 

     

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