La Municipalidad de Villa Regina recuerda la vigencia de la Ordenanza 10/2009 que reglamenta el arbolado urbano y establece el procedimiento para la autorización de extracción de árboles, los criterios de plantación y el sistema de multas para quienes infrinjan la presente normativa.
En este sentido, se informa que multará a los frentistas que no soliciten permiso para la extracción de los mismos y, también, a aquellos que habiéndolo solicitado no realizaron la reposición correspondiente.
Cabe recordar que, de acuerdo a lo establecido, todos los inmuebles de la zona urbana, con edificación o sin ella, deben poseer dos árboles cada 10 metros de frente.
El arbolado urbano es un bien de dominio público municipal y los árboles son generadores de un sinnúmero de beneficios como purificar el aire, atenuar los vientos, filtrar ruidos y formar parte de los ciclos ecológicos vitales, entre otros.
Donald Trump dijo que que está considerando poner fin a la guerra con Irán sin resolver crisis del cierre del estrecho de Ormuz. Esto es una demostración de las dificultades que Estados Unidos tiene desde el inicio del conflicto.
El líder republicano anuncia este retiro sin poder abrir el Estrecho de Ormuz que sigue bajo custodia iraní. En ese marco, dijo en un posteo en su red social que «estamos muy cerca de alcanzar nuestros objetivos al considerar la reducción de nuestros grandes esfuerzos militares en Oriente Medio con respecto al régimen terrorista de Irán».
Trump enumeró como supuestos logros la degradación de la capacidad misilística y la base industrial de Irán, la eliminación de la armada y la fuerza aérea iraníes, impedir que Irán obtenga armas nucleares y proteger a los aliados de Estados Unidos en Medio Oriente, la mayoría de los cuales fueron atacados durante la guerra.
Luego, el magnate escribió lo que parece una retirada forzada: «El estrecho de Ormuz tendrá que ser custodiado y vigilado, según sea necesario, por otras naciones que lo utilizan; Estados Unidos no lo hace».
«Si se nos solicita, ayudaremos a estos países en sus esfuerzos por el estrecho de Ormuz, pero no debería ser necesario una vez que se erradique la amenaza de Irán», agregó.
El estrecho de Ormuz tendrá que ser custodiado y vigilado, según sea necesario, por otras naciones que lo utilizan; Estados Unidos no lo hace
En este terreno de desorientación, un funcionario estadounidense afirmó a Axios que «no cree que la publicación de Trump indique un fin inminente de la guerra. Simplemente dijo que nos estamos acercando. Mientras tanto, el ejército estadounidense está atacando con fuerza y de forma continua. Serán un par de semanas».
Petroleros iraníes en Ormuz.
Axios también remarca que Trump originalmente quería terminar la guerra antes de finales de marzo, pero la crisis en el estrecho lo ha obligado a prolongarla más de lo previsto.
Sin embargo, durante todo la jornada de hoy, las principales agencias internacionales informaron con fuentes del Pentágono que la Casa Blanca evaluaba tomar con soldados la isla de Kharg, frente a la costa iraní, para obligar a Irán a abrir el estrecho.
El interrogante que circula por estas horas gira en torno a los motivos para un cambio de dirección tan drástico y las miradas están puestas en los movimientos del mercado financiero de Wall Street.
«El mercado comenzó a recuperarse 90 minutos ANTES de los comentarios de Trump sobre la retirada, lo que significa que alguien lo supo antes que el público. En menos de tres horas, dos frases de un solo hombre pusieron en juego 900 mil millones de dólares», publica una cuenta en X vinculada a operaciones financieras.
Si esto es el epílogo de la incursión militar de Trump en Irán se sabrá con el correr de los días pero lo que está claro que la conducción estadounidense del conflicto fue contradictoria, errática y todo indica que con decisiones tomadas bajo presión.
Un grupo de adultos mayores fueron invitados por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina a visitar la biblioteca al aire libre que se encuentra en la Isla 58. Allí compartieron una jornada de recreación y esparcimiento muy dinámica en la cual interactuaron con el personal a cargo de la biblioteca y…
El corazón financiero de occidente está herido. Todavía no es una crisis abierta. Pero los indicadores empiezan a alinearse de una forma inquietante. Wall Street camina sobre hielo fino.
Los jugadores más grandes de Wall Street tomaron una medida muy inusual que da cuenta del grave impacato de la guerra en la economía de Estados Unidos. BlackRock y otros gigantes de las finazas comenzaron a limitar los retiros de fondos de sus inversores, una suerte de «corralito» selectivo que día a día se expande a nuevas instituciones.
En las últimas dos semanas se combinaron tres factores que según los analistas pueden explicar el fenómeno de los retiros masivos de dinero del sistema de Wall Street: la guerra con Irán y su impacto sobre el mercado del petróleo, el ruido que no afloja sobre una posible burbuja en torno a la inteligencia artificial y el enorme mercado de private equity y crédito privado que creció en las sombras después de la crisis de las subprime de 2008.
El nerviosismo se volvió visible cuando BlackRock limitó los retiros de su fondo HLEND, que administra junto a la gestora HPS, después de recibir solicitudes por alrededor de 1.200 millones de dólares, cerca del 9% de su valor neto.
Otro de los casos relevantes ocurrió con Morgan Stanley, que restringió los retiros en su fondo North Haven Private Income Fund, un vehículo de crédito privado de unos 7.600 millones de dólares. Los pedidos de rescate superaron el 10% del capital, por encima del límite trimestral que permite el reglamento del fondo. El banco terminó devolviendo solo una parte del dinero solicitado, aplicando el clásico mecanismo de compuerta que se activa cuando los gestores temen tener que liquidar activos a pérdida.
Otro de los casos relevantes ocurrió con Morgan Stanley, que restringió los retiros en su fondo North Haven Private Income Fund, cuando los pedidos de rescate superaron el 10% del capital.
Algo parecido ocurrió con Cliffwater, una firma especializada en medir el rendimiento de préstamos privados. Su fondo Corporate Lending Fund, que administra cerca de 33.000 millones de dólares, recibió pedidos de rescate por alrededor del 14% del capital. La firma limitó las devoluciones al 7%, lo que volvió a encender alarmas en el mercado.
La lógica es sencilla: cuando los inversores quieren salir al mismo tiempo, los fondos enfrentan el problema de vender activos que no tienen mercado líquido. Y ahí aparece otro dato que empieza a incomodar: el aumento de defaults y reestructuraciones en empresas muy endeudadas, donde ya entre el 8% y el 12% de los préstamos muestra signos de estrés. Un síntoma que trae el recuerdo de la crisis de los préstamos hipotecarios de la subprime.
No se trata de un colapso, pero sí de un síntoma. Cuando un fondo empieza a cerrar la puerta, el resto del mercado mira con desconfianza qué está pasando adentro. El gestor, George Noble, comparó los rescates limitados en fondos con «las primeras grietas que se veían en 2007».
Para entender el problema hay que mirar qué es exactamente el crédito privado. Se trata de préstamos que no provienen de bancos tradicionales. Después de la crisis de 2008, las regulaciones redujeron el margen de los bancos para financiar empresas con riesgo medio o alto. Ese espacio lo ocuparon fondos de inversión que prestan dinero directamente a empresas. Ese mercado creció a una velocidad extraordinaria durante la última década, pero ahora enfrenta un punto de inflexión: menor liquidez, valuaciones bajo presión y creciente cautela de inversores institucionales que empezaron a revisar su exposición al sector.
El private equity, o P.E., es el otro engranaje de ese sistema. Son fondos que compran empresas, las reestructuran y las venden más caras algunos años después. Muchas de esas operaciones se financian con deuda. Y esa deuda muchas veces proviene justamente del crédito privado.
El resultado es una red muy densa de préstamos entre fondos, empresas adquiridas y vehículos financieros. Un operador financiero lo describió con una imagen bastante gráfica: «Una telaraña de deuda que funciona bien mientras nadie la sacuda demasiado».
Ahí aparece el recuerdo inevitable de las hipotecas subprime, un universo de activos difíciles de valorar, empaquetados dentro de estructuras financieras complejas.
El crédito privado podría ser un Lheman silencioso.
La diferencia es que ahora el sistema es todavía más opaco. Muchos de estos préstamos no cotizan en mercados abiertos. Los precios se estiman con modelos internos y cuando los inversores quieren salir, el mercado descubre que no hay compradores suficientes. El analista FluentInFinance, muy seguido por operadores de Wall Street, escribió en X que el crédito privado podría convertirse en «el próximo Lehman silencioso».
En paralelo, el contexto global se volvió hostil. La guerra en Medio Oriente empujó el petróleo y reaviva la inflación global.
Al mismo tiempo, la fiebre por la inteligencia artificial infló las valuaciones de las tecnológicas y disparó inversiones gigantescas en centros de datos y chips. Ese entusiasmo empieza a generar preguntas incómodas sobre si esa inversión tendrá un retorno real.
Por eso, el economista Mohamed El-Erian advirtió que las tensiones actuales pueden generar un «efecto contagio clásico» si los inversores empiezan a vender activos para obtener liquidez.
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