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Durante décadas, la explicación dominante combinó crisis climáticas, guerras internas y agotamiento de recursos para justificar un supuesto abandono total de las grandes ciudades.
Por Alcides Blanco para NLI
La antigua ciudad maya de Tikal albergaba millones de habitantes en redes urbanas densamente conectadas. Imagen: pxhidalgo/Depositphotos/IMAGO
Durante más de un siglo, manuales escolares, documentales y discursos académicos repitieron una idea casi apocalíptica: la civilización maya colapsó y desapareció misteriosamente en la selva. Sin embargo, un reciente y exhaustivo artículo publicado por The Guardian propone algo mucho más inquietante para la historia tradicional: casi todo lo que creíamos saber sobre los mayas está equivocado.
Lejos del relato romántico de ciudades devoradas por la vegetación y pueblos extinguidos por causas desconocidas, la nueva evidencia arqueológica obliga a revisar de raíz la narrativa del “colapso”.
Una civilización mucho más poblada y compleja
Las investigaciones recientes, impulsadas por tecnologías como el escaneo láser LiDAR, revelan que las tierras bajas mayas no eran espacios marginales con algunos centros ceremoniales aislados. Por el contrario, se trataba de un territorio intensamente urbanizado, con redes de caminos elevados, terrazas agrícolas, reservorios de agua y sistemas de planificación territorial de enorme sofisticación.
El artículo de The Guardian destaca que las estimaciones actuales sugieren que la población pudo haber alcanzado cifras cercanas a los 15 o 16 millones de habitantes durante el período clásico, una magnitud comparable con varias regiones densamente pobladas de Eurasia en la misma época. Esto cambia radicalmente la percepción de los mayas como una sociedad dispersa o limitada demográficamente.
Investigadores como Francisco Estrada-Belli sostienen que el enfoque tradicional puso demasiado énfasis en la idea del derrumbe súbito, cuando en realidad lo que ocurrió fue un proceso complejo de transformación política, reconfiguración territorial y adaptación ambiental.
No hubo “fin del mundo” maya. Hubo reacomodamientos.
El mito del colapso y la mirada colonial
Durante décadas, la explicación dominante combinó crisis climáticas, guerras internas y agotamiento de recursos para justificar un supuesto abandono total de las grandes ciudades. Sin embargo, la nueva evidencia muestra que muchas comunidades continuaron activas, que hubo desplazamientos hacia otras regiones y que la cultura maya jamás dejó de existir.
El problema no fue solo arqueológico, sino también ideológico. La narrativa del colapso encajaba cómodamente en una visión colonial que veía a las civilizaciones indígenas como frágiles, autodestructivas o incapaces de sostener estructuras complejas en el largo plazo.
El artículo de The Guardian subraya que millones de mayas viven hoy en México, Guatemala y Belice, hablan sus lenguas originarias y mantienen tradiciones culturales vivas. Es decir: no estamos hablando de una civilización desaparecida, sino de un pueblo históricamente invisibilizado.
La política contemporánea también entra en juego. Dirigentes indígenas como Sonia Gutiérrez plantean que la revisión histórica no es un mero debate académico, sino una cuestión de reconocimiento, derechos y memoria.
Yaxhá en la cuenca del Petén, Guatemala. Fotografía: Marcus Haraldsson
Adaptación, no apocalipsis
Las nuevas investigaciones muestran que los mayas desarrollaron sistemas agrícolas intensivos, manejo sofisticado del agua y estrategias de resiliencia frente a sequías prolongadas. En lugar de una caída instantánea, lo que se observa es una transición: algunas grandes ciudades perdieron centralidad, pero otras regiones ganaron protagonismo.
Esto obliga a revisar la idea misma de “colapso”. ¿Fue un derrumbe total o una transformación estructural? ¿Estamos proyectando sobre el pasado categorías modernas que no se ajustan a las dinámicas antiguas?
La historia maya, lejos de cerrarse, se abre. Y lo que emerge es una civilización profundamente adaptable, con estructuras políticas cambiantes y una continuidad cultural que llega hasta nuestros días.
Reescribir la historia no es un gesto menor. Implica aceptar que la arqueología del siglo XX pudo haber estado atravesada por prejuicios, limitaciones tecnológicas y marcos teóricos hoy superados.
Y también implica algo más incómodo: reconocer que la civilización maya no fracasó. Simplemente no encajaba en el relato que Occidente quería contar.
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Como adelantó en exclusiva LPO, Toto Caputo está obsesionado con la privatización de las rutas nacionales y autopistas que están bajo control de la estatal Corredores Viales. Eso, al punto de amenazar con una purga en Transporte y Vialidad si no están licitados 9.000 kilómetros de ruta antes de julio.
En ese apuro, Caputo también incluyó la suba de los peajes. En una señal directa a las empresas que manejarán las autopistas y rutas nacionales por los próximos 20 años, se dispuso un aumento de casi 20% en la tarifa de peajes de los diez tramos concesionados por Corredores Viales, antes de ser entregados a manos privadas.
La suba rige a partir del jueves 26, un día antes de la apertura de sobres que hará Economía para tramos de la Etapa II de la Red de Concesiones, que incluyen sectores de las rutas 3, 205 y 226 y de las autopistas Riccheri y Ezeiza-Cañuelas, unos 1.872 kilómetros, menos de la mitad de los 4.428 kilómetros previstos para la Etapa II.
Entre las empresas que mostraron interés, figuran Chediack, Roggio, Supercemento, Panedile, Rovella Carranza, Helport y Green, entre otras.
En lo relativo a los aumentos de peajes, la tarifa mínima para vehículos livianos en la Autopista Riccheri será de $1.300 y subirá a $ 1.500 en hora pico. Los vehículos de hasta dos ejes y hasta 2,30 metros de altura pasarán a pagar $1.500, mientras que aquellos que superen esa altura o tengan rueda doble deberán pagar $3.000.
Como contó LPO, para los tramos de la Etapa II para los que se abrirán ofertas este jueves, el pliego modificado por el ministerio de Caputo contempla la duplicación de la cantidad de estaciones de peaje actualmente vigentes en estos tramos, pasando de 10 a 20 cabinas.
«Ya estarán en curso todas las obras de estos 9 mil kilómetros de rutas que albergan el 80 por ciento del tránsito del país», dijo Caputo aunque, en verdad, aún no hay novedades de la licitación para los 2.556 kilómetros que restan de la Etapa II
En ese contexto, el ministro anunció en las últimas horas el llamado a licitación de la Etapa III, la Red Federal de Concesiones que abarca 3.900 kilómetros y pretende adjudicarla para fines de mayo.
«Ya estarán en curso todas las obras de estos 9 mil kilómetros de rutas que albergan el 80 por ciento del tránsito del país», dijo Caputo aunque, en verdad, aún no hay novedades de la licitación para los 2.556 kilómetros que restan de la Etapa II.
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