El municipio podrá intervenir en el control de precios

El municipio podrá intervenir en el control de precios

El municipio podrá intervenir en el control de precios

El Gobierno Provincial ya acordó con 14 municipios la continuidad de las tareas de control de precios y abastecimiento de forma delegada, en el marco de la emergencia sanitaria por el Coronavirus COVID-19.

De esta manera, se implementarán políticas activas que permitan un mejor desenvolvimiento administrativo en la defensa de los derechos del consumidor.

A través de la Agencia de Recaudación Tributaria ya se firmaron los convenios correspondientes con las comunas de Cinco Saltos, El Bolsón, Choele Choel, General Conesa, Ingeniero Jacobacci y Los Menucos.

Se suman los municipios que de Sierra Grande, Cipolletti, Bariloche, Río Colorado, Villa Regina, San Antonio Oeste, Catriel y Allen a través de sus propias Oficinas Municipales de Información al Consumidor (OMIC).

Esta delegación de facultades fue aprobada por Decreto de la gobernadora, Arabela Carreras, y ya se encuentra en plena vigencia. De esta manera, el Estado interviene en el control de abastecimiento y de los precios que se ofrecen al consumidor final.

Se busca garantizar el acceso de la población a los alimentos, impedir el faltante de productos esenciales y de primera necesidad, evitar abusos y aprovechamiento en el incremento desmedido de precios ante el aumento de la demanda.

Con la colaboración de los Municipios se podrá realizar un control más efectivo del abastecimiento y de precios, evitando abusos sobre la comunidad.

Fuente: Prensa RioNegro

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  • Malvinas, más lejos que nunca

     

    Desde que se exhibió ese trapo maravilloso después del partido contra Inglaterra en el Mundial, distintas fuerzas políticas se hicieron eco y recuperaron el reclamo soberano por Malvinas, esa pasión que nunca nos deja. Lo que era impensable es que el Javier Milei, declarado admirador de Margaret Thatcher y quien consideraba irrelevantes a las islas, se embanderara anoche en cuanto tópico irredentista hemos sabido conseguir. Por eso, por debajo de ese humo neblinoso, debemos prestar atención a lo que viene escondido en este presente griego que parece ser la súbita conversión patriótica del presidente y de quienes ya se apresuran a no sacar los pies del plato para acompañarlo.

    Hay palabras que en Argentina nunca llegan solas. Arrastran muertos, derrotas, ilusiones y experiencias colectivas. Una de ellas es “Malvinas”; otra es “seguridad nacional”. Durante años, muchos sostuvimos la necesidad de construir una política democrática y autocrítica sobre Malvinas. No para abandonar la reivindicación soberana, sino para fortalecerla. Porque la causa no podía seguir siendo rehén de las simplificaciones patrióticas, de los reflejos nacionalistas ni de las manipulaciones partidarias. Había que rescatarla de quienes la utilizaban como consigna vacía y devolverla al terreno de la política para construir un proyecto democrático. No imaginábamos este giro. O quizás sí. Quizás estaba contenido en algunas de las contradicciones que durante décadas intentamos señalar.

    Hay palabras que en Argentina nunca llegan solas. Arrastran muertos, derrotas, ilusiones y experiencias colectivas. Una de ellas es “Malvinas”; otra es “seguridad nacional”.

    Porque lo que aparece hoy ante nuestros ojos es una escena paradójica: una causa nacional y federal degradada una vez más; las islas objetivamente más lejos que hace algunos años; la defensa convertida en justificación para nuevas estructuras de seguridad; y dirigentes de distintos signos políticos celebrando la incongruencia de un presidente que durante años despreció tradiciones fundamentales de la cultura política nacional y que ahora se presenta como defensor de los intereses argentinos.

    ¿Defensa? Mejor Seguridad

    La cuestión no es menor. Lo que se anunció en nombre de la defensa nacional obliga a formular preguntas incómodas. No solo sobre Malvinas, sino sobre el país que estamos construyendo. Porque la experiencia argentina enseña que cada vez que la palabra “seguridad” desplazó a la palabra “política”, las consecuencias fueron graves.

    Durante gran parte del siglo XX la defensa nacional estuvo asociada a una idea relativamente sencilla: la protección de la soberanía frente a amenazas externas. La existencia misma de las Fuerzas Armadas se justificaba por la necesidad de defender el territorio, los recursos y la independencia nacional. Pero a partir de los años sesenta comenzó a consolidarse otro paradigma. La llamada Doctrina de Seguridad Nacional, impulsada en el contexto de la Guerra Fría, modificó profundamente esa concepción. El problema ya no era un enemigo exterior. El enemigo estaba adentro. La amenaza dejó de identificarse con otro Estado para asociarse con conflictos sociales, organizaciones políticas, movimientos sindicales, grupos estudiantiles o cualquier actor percibido como potencialmente desestabilizador. La consecuencia fue conocida en toda América Latina. En nombre de la seguridad nacional se justificaron sistemas de vigilancia, persecución política, estados de excepción, terrorismo de Estado y dictaduras militares. La cuestión ya no era proteger a la nación sino controlar a la sociedad.

    A partir de 1983, parecía que habíamos aprendido que la defensa de la soberanía no podía separarse de la defensa de las instituciones democráticas. Hasta anoche.

    La Argentina conoce demasiado bien esa historia. La última dictadura fue la expresión más brutal de esa lógica. Y resulta imposible olvidar que la guerra de Malvinas fue, entre otras cosas, el intento final de aquel régimen por reconstruir una legitimidad que ya estaba agotada.

    Por supuesto, la causa de Malvinas no fue una invención de la dictadura. La reivindicación argentina es anterior, legítima y ampliamente compartida. Pero precisamente por eso resulta importante distinguir entre una causa nacional y los usos políticos que pueden hacerse de ella.

    A partir de 1983, parecía que habíamos aprendido que la defensa de la soberanía no podía separarse de la defensa de las instituciones democráticas. Que el patriotismo no podía quedar monopolizado por los militares y que la causa Malvinas necesitaba más democracia y no menos. Durante más de cuarenta años, con avances y retrocesos, esa convicción pareció consolidarse.

    Hasta anoche.

    El Escudo de las Américas

    Resulta preocupante observar la reaparición de un lenguaje político que vuelve a acercar conceptos que la experiencia democrática había procurado diferenciar. Cuando la reivindicación de Malvinas comienza a convivir con la expansión de estructuras de seguridad, con nuevas doctrinas de vigilancia y con alianzas hemisféricas concebidas en términos de amenazas permanentes, conviene prestar atención. Eso es lo que anunció Milei la noche del 3 de septiembre. 

    Resulta preocupante observar la reaparición de un lenguaje político que vuelve a acercar conceptos que la experiencia democrática había procurado diferenciar.

    En marzo de este año Argentina se incorporó al llamado “Escudo de las Américas”, impulsado por Donald Trump y constituye un buen ejemplo de esta situación. Los anuncios supuestamente malvineros de la cadena nacional son su capítulo más reciente.

    Presentada como una iniciativa destinada a combatir el narcotráfico, el crimen organizado y otras amenazas transnacionales, la propuesta de Trump parece responder a desafíos reales. Sin embargo, también expresa una determinada concepción del continente basada en la seguridad y que organiza la política alrededor de amenazas. Una concepción que tiende a desplazar las preguntas sobre soberanía, desarrollo, desigualdad o integración regional hacia un lenguaje centrado en el control.

    La causa nacional

    Aquí aparece una paradoja difícil de ignorar. La causa Malvinas es, en esencia, una causa de descolonización. Remite a una disputa de soberanía con una potencia extranjera, al control de recursos naturales y a la presencia militar británica en el Atlántico Sur. Está en juego la autonomía argentina para decidir sobre su territorio y sus espacios marítimos. Sin embargo, la arquitectura estratégica que hoy se presenta como marco de defensa nacional se construye alrededor de prioridades definidas fuera del país.

    La arquitectura estratégica que hoy se presenta como marco de defensa nacional se construye alrededor de prioridades definidas fuera del país.

    Mientras se reivindica la soberanía argentina, se profundiza la integración en esquemas de seguridad diseñados en Washington. Se denuncia la explotación ilegal de recursos en el Atlántico Sur y se celebra una alineación estratégica cuya principal preocupación no es la descolonización, sino la gestión hemisférica de amenazas (contra Estados Unidos). La contradicción resulta evidente. Y más aún cuando observamos el estado concreto de la cuestión Malvinas.

    Desde la derrota de 1982 las islas están más lejos que nunca de nuestras posibilidades de recuperación. Las negociaciones diplomáticas se encuentran estancadas. La presencia militar británica permanece intacta. La explotación de hidrocarburos fortalece la posición económica de los isleños y del Reino Unido.

    Mientras se reivindica la soberanía argentina, se profundiza la integración en esquemas de seguridad diseñados en Washington.

    El contexto internacional actual no ofrece señales favorables para una modificación sustancial del escenario. Frente a esa realidad, la retórica soberanista corre el riesgo de convertirse en una forma de compensación simbólica. La regla parecería ser que cuanto más lejos se encuentra el objetivo, más intensa se vuelve la apelación a lo emocional. 

    Épica

    Es un mecanismo conocido. La política cede lugar a la épica. Los resultados concretos son reemplazados por gestos. La complejidad desaparece detrás de los aplausos. Y entonces ocurre algo todavía más preocupante. La causa deja de pertenecer a la sociedad para transformarse en patrimonio de los gobiernos.

    Quien cuestiona una política específica parece cuestionar la soberanía misma. Quien formula dudas sobre una estrategia concreta es acusado de debilitar la posición nacional. La deliberación democrática se vuelve sospechosa. 

    Como señalamos, la causa nacional no se fortalece mediante unanimidades artificiales. Se fortalece mediante la discusión pública y el control democrático. Se nutre de políticas de Estado construidas sobre consensos amplios y no sobre adhesiones circunstanciales. La gran paradoja de este momento histórico es que la reivindicación de la soberanía parece reaparecer asociada a una tradición política que históricamente debilitó la capacidad de las sociedades para discutir libremente sus propios intereses.

    Ocurre algo preocupante: la causa deja de pertenecer a la sociedad para transformarse en patrimonio de los gobiernos.

    El resultado que hoy tenemos ante nuestros ojos parece condensar algunas de las peores posibilidades de la historia reciente argentina: una causa nacional y federal degradada y manipulada una vez más; las islas más lejos que nunca; la defensa convertida en argumento para ampliar mecanismos de control interno; y dirigentes de distintos signos políticos celebrando la paradoja de un presidente que durante años despreció la tradición nacional argentina y que ahora anuncia que defenderá los intereses nacionales.

    Por eso la pregunta verdaderamente importante no es qué pensamos sobre Malvinas. La pregunta es qué tipo de democracia queremos construir alrededor de Malvinas. Si queremos que la causa sirva para ampliar la participación ciudadana o para justificar nuevas formas de control. Si la defensa nacional será entendida como una política pública sometida al escrutinio democrático o como un ámbito reservado a expertos, servicios de inteligencia y estructuras de seguridad. Si aprenderemos algo de la historia reciente o si volveremos a recorrer caminos que ya conocemos demasiado bien.

    La entrada Malvinas, más lejos que nunca se publicó primero en Revista Anfibia.

     

  • En el peronismo bonaerense creen que Kicillof se inclina por unificar la elección

     

    En el peronismo bonaerense están convencidos que Axel Kicillof se inclina por unificar la elección provincial con la nacional. Un diagnóstico que comparten en la Casa Rosada. El empuje de los intendentes peronistas quedó en evidencia en las pasadas elecciones bonaerenses y ahora en el gobierno de Milei creen que si Kicillof termina siendo el candidato a presidente, no se perderá ese motor.

    «La elección está desdoblada de hecho porque son elecciones concurrentes, se vota con dos sistemas -boleta única y boleta tradicional-, pero unificar concentra esfuerzos», afirmó a LPO un intendente peronista al tanto de las versiones que mencionan una inclinación del gobernador por la unificación.

    En el entorno de Kicillof relativizaron la versión: «La decisión todavía no se tomó, vamos a esperar a ver que sucede con las PASO», afirmaron a LPO. 

    El desdoblamiento de las pasadas elecciones fue una bandera de Kicillof y le generó un público enfrentamiento con Cristina Kirchner que lo calificó la decisión de error político. El resultado fue agridulce: el peronismo ganó la elección provincial por una diferencia abrumadora, pero perdió las nacionales de octubre, resultado que fortaleció a Milei.

    El equívoco peronista

    Este viernes el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, anunció que decidió unificar las elecciones. En su caso es lo natural: las elecciones catamarqueñas fueron unificadas en 2015, 2019 y 2023. El gobierno pretende que Jalil se vuelva a postular y rompa el pacto con Lucía Corpacci y Gustavo Saadi, para que este última sea el candidato. Patear la elección hasta octubre le da una mayor margen de maniobra para ver que hace.

    Volviendo a la provincia, como existe una ley que ata las PASO provinciales a las nacionales, esto le da a Kicillof la excusa perfecta para postergar la decidión hasta que se sepa que pasará con la sprimarias a nivel nacional.

    Si Milei llega en caída por ahí nos conviene que no se desdoble, porque va a hundir a todos sus candidatos. 

    El tema se presta para la especulación política y como en el 2025 hay argumentos para todas las posiciones. Varios intendentes quieren desdoblar y hasta planear reforzar su posición, cuando la discusión se abra, apelando a los argumentos del propio Kicillof en 2025.

    Pero algunos de sus colegas no están tan seguros. Un intendente del axelismo evaluó en diálogo con LPO: «Si Milei llega en caída por ahí nos conviene que no se desdoble, porque va a hundir a todos sus candidatos».

    Los intendentes Espinoza, Watson y Secco.

    Ya en junio habían circulado rumores que hablaban que Kicillof empezaba a analizar seriamente unificar la elección. Al correr esa versión, se dispararon alarmas entre los intendentes peronistas que impulsan desdoblar.

    Quintela tantea una cumbre con Jaldo, Jalil y Sáenz para alejarlos de Milei 

    Ahora, varios de los intendentes del axelismo que en marzo de 2025 salieron con un documento pidiendo desdoblar, esta vez evitan dar definiciones sobre la estrategia a seguir, alineados con el hermetismo de La Plata.

    «La inmensa mayoría de los intendentes va a querer que se desdoble. Lo más lógico sería adelantar la elección y lo máximo posible», había manifestado al streaming Uno Tres Cinco el intendente de Ezeiza, Gastón Granados, miembro de la Liga de Intendentes que este viernes se reunió con el riojano Ricardo Quintela en la Quinta de Perón de San Vicente.

    «No vamos a aceptar el dedo de nadie. Si no nos llevan a una mesa, si no nos participan, nosotros tomamos la decisión de participar», desafió Granados en un mensaje que pareció dirigido a Cristina, porque aventuró que si en la lista de diputados nacionales del 2025 se hubiese integrado a los intendentes «ganábamos la elección y hoy la historia sería otra».

    Fue Granados quien, durante la misma noche de la derrota electoral del peronismo en octubre de 2025, sostuvo que la derrota fue «un mensaje para nuestros dirigentes nacionales que tienen que entender que los intendentes somos los que tenemos los votos, los que representamos a la gente».

    «Lo único seguro es que se tiene que tomar una decisión antes de diciembre», concluyó en diálogo con LPO, uno de los intendentes consultados. 

     

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