El espacio de Kicillof no firmó un documento de apoyo a Cristina de más de 20 partidos

El espacio de Kicillof no firmó un documento de apoyo a Cristina de más de 20 partidos

 

A cuatro años del intento de magnicidio en su contra, Cristina Kirchner exhibió este martes el apoyo de más de 20 partidos políticos en un documento al que no se sumó el espacio Movimiento Derecho al Futuro (MDF) de Axel Kicillof.

«La democracia no admite la eliminación del adversario», se titula el documento que lleva la firma de 23 partidos y espacios peronistas, radicales y progresistas. Se trata de una muestra de respaldo muy fuerte para la expresidenta en la interna para el 2027.

Entre los firmantes están José Mayans por el PJ, Sergio Massa por el Frente Renovador, Miguel Pichetto por Encuentro Republicano Federal, Juan Grabois por Patria Grande, y Guillermo Moreno por Principios y Valores.

También acompañan los radicales Ricardo Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani. Otros firmantes son

Emilio Pérsico,

Martín Sabbatella, Carlos Heller, Claudio Lozano, Gustavo López y Juan Carlos Alderete, entre otros.

La ausencia de Kicillof y dirigentes afines marca el estado de las cosas en el peronismo, con una división muy marcada. El gobernador cumplió con la formalidad con un tuit en el que reclamó que la justicia investigue a los autores materiales del intento de asesinato.

«En el última cumbre del peronismo se acordó unidad con competencia»

En el documento de apoyo a Cristina se mencionan distintos factores que deterioran la democracia y remarcan uno de ellos: «la utilización de mecanismos judiciales, políticos y comunicacionales para perseguir, disciplinar o excluir dirigentes de la competencia democrática».

El párrafo es una señal más del intento del kirchnerismo por intentar instalar la candidatura de Cristina en 2027, una posibilidad que adelantó LPO y que semanas atrás explicitó uno de los nuevos abogados de la expresidenta que sostuvo que «se podría presentar en las PASO, porque no son para un cargo público».

Las pintadas de Cristina presidenta

La jugada del kirchnerismo -adelantada por LPO- es postular a Cristina con un candidato a vice que, por su inhabilitación para ocupara cargos públicos, sea quien quede al frente de la boleta. La idea es condicionar a Kicillof en la interna para forzarlo a negociar o directamente comerle todo el aparato del PJ que se encolumnaría detrás de una candidatura testimonial de Cristina.

La candidatura ya empezó a ser agitada días atrás por Kolina, el partido de Alicia Kirchner, que lanzó la campaña «Poder elegirla». Ahora se sumó La Cámpora, la organización de Máximo Kirchner que publicó un video que pega varios recortes de periodistas hablando de una posible candidatura y cierra con un mensaje claro: «Cristina inocente, Cristina libre, Cristina presidenta». Además, los camporistas hicieron pintadas de «Cristina presidenta».

La pregunta que la mafia judicial no quiere responder: ¿Quién mandó a matar a Cristina? #4AñosDeImpunidad pic.twitter.com/F3mLOnfpF2

— La Cámpora (@la_campora) September 1, 2026

 

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  • Alertan que Espinoza avanza en una Saladita sobre un predio nacional y recrudece la interna libertaria

     

    Las sospechas de un acuerdo entre Fernando Espinoza y Nación para la instalar una Saladita en un predio de Villa Celina recrudecen las tensiones en la interna libertaria de La Matanza, donde Leila Gianni acusó a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) que controla el karinismo de no darle respuestas sobre el tema.

    «Qué raro che? Ni Fernandito ni el Aabe respondieron mi pedido de Info sobre la feria ilegal que están armando en Villa Celina en un predio del Estado Nacional. Pero ni lentos ni perezosos ya retiraron el cartel…», posteó Leila en X en alusión a la cartelería instalada en el predio que marcaba que el inmueble pertenece a Nación.

    Desde mediados de julio, vecinos e instituciones de Celina alertan que un predio de 12.450 m2 que era usado por un club y donde entrenaban chicos fue cercado y asfaltado con hormigón en tiempo récord por el municipio matancero.

    Qué raro che? Ni Fernandito ni el Abbe respondieron mi pedido de Info sobre la feria ilegal que están armando en Villa Celina en un predio del Estafo Nacional. Pero ni lentos ni perezosos ya retiraron el cartel… pic.twitter.com/daGGEEQtht

    — Leila Gianni (@Leigianni) August 7, 2026

    Las versiones que circulan advierten que en ese playón se instalará una feria con más de 200 puestos y con un pedido de ingreso de USD 5.000. Fuentes territoriales consultadas aseguran que ese proyecto de Saladita sobre un predio del Estado nacional es motorizado por dirigentes sindicales cercanos al Municipio.

    Semanas atrás se había instalado en ese predio un cartel que exponía que el mismo «pertenece al Estado Nacional» y que estaba destinado «al desarrollo de un espacio verde, recreativo y socio comunitario». Ahí, también se aclaraba que existía un trámite administrativo en curso de «solicitud de permiso precario de uso gratuito».

    El predio donde advierten que se instalará una feria con más de 200 puestos.

    La solicitud respondía al Club Deportivo y Centro Cultural 9 Estrellas. Sin embargo, esta semana se retiró el cartel, alimentando las suspicacias sobre el avance de la feria.

    Al exponer esos movimientos, Gianni aprovechó para denunciar en redes que no solo el municipio de Espinoza no le respondió a sus pedidos de informes, sino que tampoco lo hizo la AABE, que encabeza Tania Yedra, funcionaria que responde a Pilar Ramírez, la dirigente de Karina Milei en la Ciudad.

    En la interna libertaria circuló que Leila también alertó del tema a la estructura partidaria que comanda Sebastián Pareja en la provincia, pero que tampoco tuvo respuestas, algo que no sorprende en un contexto donde La Libertad Avanza está fracturada en La Matanza.

    Leila Gianni amenaza con abandonar La Libertad Avanza tentada por Villarruel 

    LPO contó que una vez que asumió la banca en diciembre, Gianni pidió la jefatura del bloque pero Pareja la dejó en mano de Lorena Ramos, ex vice de la UCR local y esposa del hoy diputado provincial Luis Ontiveros.

    Tras ese desplante, Gianni armó un bloque aparte con dos concejales del PRO, Hernán Finocchiaro y Javier Ferreyra y con Ricardo Lococo, que también entró por La Libertad Avanza.

    A Ramos la acusan de jugar para Fernando Espinoza en el Concejo y de centralizar las críticas en Gianni que, enfrentada con Pareja, no descarta abandonar La Libertad Avanza. 

     

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    El pueblo argentino que llegó a tener un cine donde hoy solo quedan ruinas

     

    En muchos lugares del interior argentino, el cierre del ferrocarril significó mucho más que perder un servicio de transporte. Algunas localidades quedaron sin tren, sin trabajo y, con el tiempo, prácticamente sin habitantes. Pero hubo pueblos que llegaron a tener una vida cultural sorprendente: clubes, cines, bibliotecas, bailes y comercios que hoy cuesta imaginar cuando se observan sus calles silenciosas.

    Por Redacción de NLI

    Hay una Argentina que no aparece en los grandes mapas turísticos. Está formada por pequeños pueblos que alguna vez tuvieron estación ferroviaria, almacén, escuela, club social, iglesia, taller mecánico y una plaza donde se conocían todos. Algunos llegaron a tener una actividad cultural que hoy asociamos exclusivamente con las grandes ciudades: proyectaban películas, organizaban bailes, recibían compañías teatrales y tenían sociedades de fomento que funcionaban como verdaderos centros comunitarios. Después, lentamente, muchas de esas localidades comenzaron a vaciarse. El tren dejó de pasar, las oportunidades laborales desaparecieron y las nuevas generaciones se marcharon. Lo que quedó fueron edificios abandonados y una memoria que todavía sobrevive entre quienes nacieron allí.

    Cuando el tren llevaba también cultura

    Durante buena parte del siglo XX, el ferrocarril fue mucho más que una infraestructura destinada a trasladar pasajeros y mercancías. Para cientos de pueblos argentinos representaba el vínculo cotidiano con el resto del país. Por sus vías llegaban diarios, cartas, medicamentos, herramientas, alimentos y visitantes. Pero también llegaban músicos, compañías teatrales, proyectores cinematográficos y películas.

    El desarrollo del cine ambulante tuvo una importancia especial en esos lugares. Antes de que existieran salas modernas y antes de que la televisión ingresara masivamente a los hogares, una función cinematográfica podía convertirse en el acontecimiento de la semana. En algunos pueblos la proyección se realizaba en salones de clubes, sociedades de fomento o edificios improvisados como salas de espectáculo.

    La experiencia tenía algo que hoy resulta difícil de reproducir. Ver una película no era una actividad doméstica: implicaba salir de casa, encontrarse con vecinos, comprar una entrada y compartir durante un par de horas una misma historia con toda la comunidad. El cine era entretenimiento, pero también era una forma de sociabilidad.

    En muchos pueblos, además, el club cumplía funciones que excedían ampliamente al deporte. Allí funcionaban bibliotecas, salones de baile, comisiones de ayuda, espacios para reuniones políticas y sociales, canchas y, en algunos casos, verdaderas salas culturales.

    El edificio podía ser modesto, pero su importancia para la comunidad era enorme.

    El pueblo que desaparece cuando desaparecen sus instituciones

    El problema comenzó cuando cambió la estructura económica que había permitido crecer a aquellas localidades. La mecanización de las tareas rurales redujo la necesidad de trabajadores, mientras las rutas comenzaron a desplazar progresivamente al ferrocarril como principal medio de comunicación.

    La situación se profundizó con las sucesivas políticas de cierre de ramales ferroviarios aplicadas durante distintas etapas de la historia argentina. Cuando una estación dejaba de funcionar, el impacto se multiplicaba. El almacén vendía menos, el hotel recibía menos pasajeros, el taller perdía clientes y la escuela comenzaba a tener menos alumnos.

    El proceso no ocurría de un día para otro. Era una especie de erosión demográfica. Primero se iba una familia; después otra. Los jóvenes viajaban a las ciudades para estudiar y muchos ya no regresaban. Los comercios reducían sus horarios y finalmente cerraban. El club comenzaba a tener menos socios. La biblioteca perdía lectores. El cine dejaba de proyectar películas.

    Y entonces ocurría algo fundamental: el pueblo no solamente perdía habitantes. Perdía lugares de encuentro.

    Esa diferencia es importante para comprender por qué muchas localidades terminaron convirtiéndose en pueblos fantasma. Una comunidad puede sobrevivir con pocos habitantes si conserva instituciones, servicios y vínculos. Pero cuando desaparecen simultáneamente la estación, el comercio, la escuela, el club y los espacios culturales, mantener una población estable se vuelve cada vez más difícil.

    Cine Club Colón de Roque Pérez

    Las ruinas de una Argentina que todavía vive en la memoria

    Hoy pueden encontrarse en distintas provincias edificios que alguna vez fueron centros de una intensa vida comunitaria. Antiguos cines con sus fachadas deterioradas, estaciones convertidas en museos, clubes sostenidos por unos pocos socios y viejas bibliotecas donde los libros permanecen como testigos de una época distinta.

    Para quienes recorren esos lugares, resulta difícil imaginar que allí alguna vez hubo cientos de personas esperando el tren, familias caminando hacia el cine o multitudes reunidas para un baile.

    Pero las ruinas no cuentan toda la historia.

    En muchos pueblos, antiguos habitantes regresan periódicamente para fiestas, aniversarios o reuniones familiares. Los clubes recuperan actividades. Algunas estaciones ferroviarias son restauradas. Viejas salas vuelven a utilizarse para eventos culturales. La memoria se convierte así en una forma de resistencia frente al abandono.

    Hay algo profundamente argentino en esa relación con los pueblos ferroviarios. La nostalgia no se explica solamente por el deseo de recuperar un pasado idealizado. También existe el reconocimiento de que aquellas pequeñas localidades representaban una forma de integración territorial en la que el desarrollo no estaba concentrado exclusivamente en las grandes ciudades.

    Un cine de pueblo podía parecer insignificante frente a las grandes salas de Buenos Aires o Rosario. Una biblioteca con unos pocos cientos de libros podía parecer modesta frente a una universidad. Un club con una cancha de tierra difícilmente podía competir con las grandes instituciones deportivas. Pero para quienes vivían allí, esos espacios eran el centro de la vida social.

    Por eso, cuando desaparecieron, desapareció algo mucho más grande que un edificio.

    La historia de esos pueblos permite pensar qué significa realmente desarrollar un territorio. No alcanza con construir una ruta o inaugurar una obra aislada. Una comunidad necesita transporte, escuelas, hospitales, trabajo, conectividad y también lugares donde encontrarse.

    Quizás por eso las viejas estaciones, los clubes y los cines abandonados producen una sensación tan particular. No son solamente edificios viejos. Son las huellas materiales de una sociedad que alguna vez tuvo otra distribución territorial y otra relación con el tiempo.

    Y detrás de cada fachada descascarada existe una historia que merece ser contada: la de las personas que llegaron, trabajaron, formaron familias, fueron al cine, bailaron, viajaron en tren y construyeron una vida en lugares que hoy muchas veces apenas aparecen en un mapa.

    Porque un pueblo no desaparece solamente cuando deja de tener habitantes. También desaparece cuando dejamos de recordar para qué existió.

     

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