El embajador en España se reunió con un hombre de Pedro Sánchez y estalló la interna con los libertarios

El embajador en España se reunió con un hombre de Pedro Sánchez y estalló la interna con los libertarios

 

La interna entre el embajador argentino en España y el agregado comercial, Alejandro Nimo, sigue sumando capítulos.  La pelea comenzó por el control de la sede diplomática en Madrid ahora arrastró a la Cónsul en Barcelona, Roxana Surballe, que sectores libertarios miran con desconfianza por supuestos vínculos con el socialismo catalán. 

Fuentes de la embajada en Madrid dijo a LPO que la crisis dejó de ser subterránea cuando trascendió que a Nimo le quitaron el despacho. La explicación formal habló de una reorganización edilicia pero la lectura política fue la confirmación de la interna.

El episodio pegó todavía más porque coincidió con una foto políticamente incómoda para la tropa libertaria que no trascendió. Bunge se reunió con Salvador Illa, presidente de la Generalitat, principal figura del socialismo catalán y dirigente de extrema confianza de Pedro Sánchez. Ante este hecho, Nimo sugirió en un tuit de la existencia de una suerte de pacto del embajador y su gente con los enemigos de Milei.

«Para cualquier embajador profesional, el encuentro entraría dentro de la normalidad institucional. Para el ecosistema libertario, siempre listo para detectar herejías ideológicas, la postal fue leída como una señal de excesiva comodidad con el PSC, la terminal catalana del PSOE», afirmó este diplomático. 

Quirno le dijo a un kelper que le encantaría visitar las Islas Malvinas como turista 

«En sectores libertarios con base en España ya no sólo cuestionan a Bunge por su manejo interno, sino también por el entramado diplomático que lo rodea. En ese paquete incluyen a Sebastián Laino, jefe de Cancillería de la embajada, y también al consulado argentino en Barcelona, donde apuntan contra una cónsul a la que describen como cercana al peronismo y demasiado bien vinculada con el socialismo local», agregó. 

El episodio pegó todavía más porque coincidió con una foto políticamente incómoda para la tropa libertaria que no trascendió. Bunge se reunió con Salvador Illa, presidente de la Generalitat, principal figura del socialismo catalán y dirigente de extrema confianza de Pedro Sánchez

«Para ese universo, el problema ya no sería sólo una pelea de cargos o despachos, sino algo más sensible. Temen que una parte de la representación argentina en España conserve reflejos, vínculos y modos de relacionamiento más compatibles con la vieja diplomacia política que con la narrativa de ruptura que intenta imponer Milei», detallan. 

Otro funcionario de la Cancillería asegura que el perfil del agregado comercial y hombre de Luis Caputo, Alejandro Nimo, aporta más caos a la convivencia. 

Es corta la bocha: Hacés un entrevista con @wallstwolverine que se hace viral e incomoda a cierto presidente europeo, ese manda a morderte a su perro en determinada embajada (quien le prometió tener ese representación neutralizada), quien hace lo más que te puede hacer para…

— Alejandro Nimo (@alejandronimoAr) April 12, 2026

 «Madrid es una plaza demasiado importante como para regalarla a una interna. España sigue siendo una base central para relaciones políticas, negocios, inversiones y proyección hacia Europa. Pero en lugar de mostrar coordinación, la representación argentina exhibe fisuras, recelos cruzados y una diplomacia que por momentos parece administrada con criterio de facción», remarca. 

En ese marco, plantea que «la pregunta que empieza a circular ya no es si hubo una simple pelea por oficinas. La pregunta es otra: quién conduce de verdad la política argentina en España, con qué lógica y con qué nivel de alineamiento real con la línea política de Milei». 

«Porque cuando una reunión institucional con Illa genera ruido interno, cuando un agregado comercial queda en pie de guerra y cuando el consulado de Barcelona entra en la mira por presuntas terminales políticas, el problema ya no es administrativo. Es político. Y bastante más grande de lo que admiten en público», finalizó. 

Salvador Illa.

 

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    Entre Escila y Caribdis

     

    Con morbo anticipatorio los analistas políticos ya nos hablan de un 2027 electoral tormentoso e incierto a más no poder.

    Por Silvina Belén para NLI ·

    “O te morfaba Escila o te reventaba con su remolino Caribdis; ¿se entiende, pibe?”, le explicaba un helenista de café al muchacho de barrio que iría esa tarde a votar por primera vez. Después, para que el imberbe no se fuera a creer que su sapiencia se limitaba a la tradición griega, remataba con un latinajo: incidit in Scyllam cupiens vitare Charybdim. Eran tiempos en los que la cultura clásica daba lustre hasta al hablador más canyengue.

    Y aunque la cultura clásica hoy sea cosa de fósiles con jubilación de hambre, nicho en algún camposanto o rinconcito en el Hades, persiste la sensación de que entrar al cuarto oscuro es como estar entre Escila y Caribdis. Una especie de viaje de displacer en el tiempo hacia el hoy llamado Estrecho de Mesina. No hay sufragio electrónico ni boleta única que derroten a esta constante.

    Con una historia de voto cantado, papeleta retenida por el patrón, elecciones abiertamente irregulares y radicales sin peluca luchando por comicios limpios, leyenda del Diario de Yrigoyen,  mujeres en la cocina imaginando  a los varones sufragar, partidos proscritos y urnas bien guardadas, la posterior marcha por casi medio siglo de democracia no nos ha quitado el regusto a zozobra frente a la boleta a ensobrar.

    Para colmo, creer que se ha atravesado indemne el estrecho podría ser, metafóricamente, como la mejoría que precede a la muerte. Una muerte lenta y agónica, con intermitentes espejismos de mejoría. Además, aunque poco filosófico, también conocemos el eterno retorno, que en nuestro caso no es ni cósmico, ni ético, ni mítico siquiera: es burdo, con amenazas de regreso de muertos vivos que aterrorizan mejor que los de  Dan O’Bannon.

    Todo esto se potencia si pertenecemos, o creemos pertenecer, a la controvertida clase media que tanta letra le dio a Oscar Masotta. Porque ahí cualquier ilusión de haber conjurado en doblete las seis cabezas voraces y el remolino será, más temprano que tarde, motivo de escarnio cuando nos llegue la hora de contar monedas y no falte el iluminado que nos conmine a aprender a votar.

    Otro tormento digno de ingenio inquisitorial será disimular que se mantiene la honra cuando en el fuero interno se alberga la afrentosa certeza de haber sido engañados como doncellas mientras, ufanos, los burladores se pavonean repitiendo el “tan largo me lo fiais” al tiempo que secamos al sol yerba de ayer y esperamos con ansia al convidado de piedra que nunca llega.

    Nuestro donjuanismo político es una espada de Damocles que pende en el cuarto oscuro mientras afuera se habla de fiesta de la democracia. Como si no bastara con Escila y Caribdis, también sufrimos con ocurrencias como las de Dionisio de Siracusa. Aunque los ignoremos, mitos, leyendas y tradiciones clásicas nos persiguen.

    Por todo esto y mucho más, a nadie debería extrañar que nos invada la indignación, como a Aquiles, y hagamos quita de colaboración en la batalla del sufragio. Tanto ausentismo de domingo electoral en los comicios parece de inspiración homérica también. Si el gran guerrero se puso trompa porque lo privaron de una esclava, nosotros estaríamos más que justificados si al final decidiéramos quedarnos en casa.

    Para contrarrestar este efecto que podría acercarnos a hacer realidad el premonitorio Ensayo sobre la lucidez de Saramago, los politiqueros preparan su vacuna con una dosis también sacada de la Ilíada: provocarnos una cólera igual a la de Aquiles para incentivarnos a volver a la arena electiva como indignados sufragantes. De un momento a otro sacrificarán al Patroclo de turno.

    Confiados en que las frustraciones enciendan nuestras broncas, se construirá alguna figura repleta de corrupción o ideología bastarda que genere tanto odio como secreta envidia. El politiquero, cual blanca paloma, denunciará. «Ninguna maldad mayor que vestirse de virtud para ejercitar mejor la malicia». Y la cólera, como la de Aquiles, nos devolverá a una Troya convertida en cuarto oscuro.

    En alucinación de venganza, tal vez creamos ver al Héctor de turno morder el polvo. O, por el contrario, como noble fantasma que inspirará en sueño patriótico al Eneas virgiliano que refundará nuestra nación. Todo, claro, a través de la urna que podría antojársenos espejo de Alicia, Aleph de calle Garay o ropero de Narnia.

    El asunto es que, entre las tropelías de “El Coloso” –que no es el de Rodas- y Toto el burlador– birlador, pelucas que van y vienen, glaciares en pugna, $Libra y Andis en la gatera, los hipotecados y adornados, ya nos hablan de un 2027 electoral a todo lo que arde.

    Y en vistas de la manera en que soplan los vientos políticos, vislumbramos que nuestras naves ciudadanas se encaminan inexorablemente hacia el estrecho que dominan Escila y Caribdis. Sí, otra vez. ¿Habrá que sacrificar a Ifigenia para que cambien esos vientos? ¿Nos aguardarán al regreso Clitemnestra y Egisto para inmolarnos o deambularemos veinte años por los mares del infortunio?

     

    ¿Habrá alguna diosa de nuestro lado para ayudarnos a terminar con los pretendientes que en su codicia e indolencia dilapidan y rifan nuestros bienes? Al menos el atuendo de mendigos ya lo tenemos, y a las regiones infernales descendimos más veces que Odiseo. En fin…

    Si usted, lector paciente, ha llegado hasta aquí y no le interesa recordar, releer o leer a Homero, Cicerón, Virgilio,Tirso, Alciato, Nietzsche, Eliade, Saramago y todos los demás, puede simplificar las cosas y hacer un paneo por la historia argentina. U olvidarse de monstruos y remolinos, cerrar esta pestaña virtual y comprar, si aún puede,  uno que otro verde baratito porque, como dice el dicho, los clásicos van y vienen pero lo importante es el dólar bajo el colchón. ¿O acaso no es verde la esperanza?


     

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