El arte rupestre más antiguo conocido no está en Europa y obliga a reescribir la historia
Un descubrimiento arqueológico en una cueva de Indonesia reveló una pintura de al menos 67.800 años de antigüedad, anterior a cualquier expresión artística conocida en Europa. El hallazgo derriba mitos eurocéntricos sobre el origen del arte y confirma que la capacidad simbólica humana es mucho más antigua y diversa de lo que se enseñó durante décadas.
Por Alcides Blanco para NLI

Crédito: Maxime Aubert
Durante más de un siglo, la historia oficial del arte sostuvo que las primeras manifestaciones simbólicas complejas surgieron en Europa, con ejemplos emblemáticos como Altamira o Lascaux. Sin embargo, un hallazgo reciente en la isla de Sulawesi, en Indonesia, desmonta esa narrativa: científicos confirmaron que una pintura rupestre hallada en una cueva de la región tiene al menos 67.800 años, convirtiéndose en la obra de arte figurativo más antigua conocida hasta hoy.
Un hallazgo que cambia los manuales
La pintura representa una escena con figuras humanas estilizadas interactuando con un animal, posiblemente un cerdo salvaje, una especie recurrente en el arte rupestre del sudeste asiático. Lo relevante no es solo la antigüedad, sino su complejidad narrativa: no se trata de simples marcas o manos estampadas, sino de una escena con intención simbólica y social.
La datación se realizó mediante un método avanzado que analiza las capas minerales formadas sobre la pintura, lo que permitió establecer una edad mínima con alto grado de precisión. El resultado fue contundente: esta obra es miles de años más antigua que cualquier pintura rupestre europea conocida.
El mito del origen europeo del arte
Durante décadas, la arqueología dominante sostuvo que el arte surgió como un “salto cognitivo” asociado a poblaciones humanas que habitaron Europa hace unos 40.000 años. Este descubrimiento confirma lo que muchos investigadores venían señalando: la capacidad simbólica y artística no nació en un único lugar, ni fue patrimonio exclusivo de una región del mundo.
El sudeste asiático, África y otras zonas no europeas ya habían aportado indicios de arte antiguo, pero este hallazgo coloca definitivamente a Indonesia en el centro de la historia cultural de la humanidad, desplazando a Europa del lugar exclusivo que se le asignó durante años.
Arte, pensamiento y comunidad
El arte rupestre no era decoración. Estas pinturas cumplían funciones sociales, rituales y comunicacionales. Implicaban pensamiento abstracto, transmisión cultural y organización comunitaria, rasgos que definen a las sociedades humanas complejas.
Que estas capacidades estén documentadas hace casi 70.000 años obliga a replantear cuándo y cómo los seres humanos comenzaron a pensarse a sí mismos, a su entorno y a los otros. El arte aparece así como un elemento constitutivo de la humanidad, no como un lujo tardío.
Un golpe al relato colonial del conocimiento
No es un dato menor que este descubrimiento vuelva a poner en cuestión la mirada colonial que organizó el saber histórico durante siglos. La idea de que la “civilización” y la “cultura” nacen en determinados centros y luego se expanden es cada vez menos sostenible frente a la evidencia científica.
Este hallazgo confirma que las periferias del relato occidental fueron, en realidad, núcleos fundamentales de la experiencia humana, invisibilizados por una historiografía funcional al poder colonial y académico del norte global.




