Efemérides del 22 de junio

Efemérides del 22 de junio

1986 – EL PARTIDO DEL 10. Con «La mano de Dios» y el «gol del siglo» de Diego Maradona, la selección argentina elimina a Inglaterra del mundial de fútbol de México ‘86 al ganar por 2-1 en partido disputado en el estadio Azteca de la capital mexicana por cuartos de final del torneo.
1860 – ISABEL II. La reina Isabel II de España reconoce la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, medio siglo después de la Revolución de Mayo y a 44 años de la declaración independentista del Congreso de Tucumán en 1816.
2012 – FERNANDO LUGO. El presidente paraguayo Fernando Lugo es destituido por el Congreso al cabo de un juicio político considerado ilegal dado que Lugo no tuvo tiempo para preparar su defensa.
1777 – GUILLERMO BROWN. Nace en la ciudad irlandesa de Foxford el marino William Brown, fundador y primer comandante de las fuerzas navales argentinas en la guerra de la Independencia con España y en conflictos con otras potencias extranjeras. Es considerado el padre de la Armada argentina.
2010 – MAHUT-ISNER. Se disputa en Wimbledon el partido más largo de la historia del tenis, en el que el estadounidense John Isner venció al francés Nicolas Mahut al cabo de 11 horas, 6 minutos y 23 segundos. El quinto set de ese partido es el más largo de la historia: duró 8 horas y 11 minutos.
1990 – CHECKPOINT CHARLIE. Es demolido el punto de control Charlie, el más famoso de los pasos en el Muro de Berlín, que marcaba la frontera entre Alemania y la socialista República Democrática de Alemania. Se encontraba donde actualmente se unen los barrios berlineses de Mitte y Kreuzberg.
1969 – JUDY GARLAND. A la edad de 47 años, muere en Londres Frances Ethel Gumm, más conocida como Judy Garland, actriz y cantante estadounidense considerada una de las diez estrellas femeninas de la historia del cine. A lo largo de su trayectoria ganó el Premio Óscar, el Globo de Oro, el Grammy y el Tony.
1979 – LIVE KILLERS. La banda inglesa Queen lanza “Live killers”, su primer y más exitoso álbum en vivo, con el que consiguió un doble disco de Platino en Estados Unidos.
1936 – HERMETO PASCOAL. Nace en la ciudad brasileña de Arapiraca el compositor, músico y productor musical Hermeto Pascoal, una de las figuras más importantes de la historia de la música de Brasil.
2010 – MARTÍN PALERMO. El delantero Martín Palermo, máximo goleador de la historia de Boca Juniors, convierte su primer y único gol en torneos mundiales. Marcó el segundo gol de la selección argentina en la victoria por 2-0 ante Grecia en partido del Mundial de Sudáfrica 2010.

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    Cuando el verano se pasaba en la pileta del club

     

    En los años 70 y 80, miles de chicos argentinos pasaban el verano en las piletas de los clubes. La historia de las colonias y aquella vida de barrio.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Hubo una Argentina en la que las vacaciones de verano no necesariamente implicaban viajar cientos de kilómetros ni reservar un departamento frente al mar. Para muchísimas familias, especialmente en las grandes ciudades, el verano empezaba cuando abría la pileta del club. Enero y febrero podían transcurrir a pocas cuadras de casa, entre una reposera, una pelota, un sándwich envuelto en papel, una gaseosa caliente y varias horas bajo el sol. Los chicos llegaban temprano para la colonia de vacaciones y volvían a casa agotados al mediodía; por la tarde, muchas veces, regresaban con sus padres o con los amigos del barrio. El club deportivo se convertía durante esos meses en una especie de playa doméstica, accesible para quienes no podían afrontar un viaje y, al mismo tiempo, en uno de los principales espacios de encuentro social de los barrios argentinos.

    La colonia como parte de la infancia

    La colonia de vacaciones tenía una organización que hoy puede resultar entrañable. Los chicos se agrupaban por edades, tenían profesores, horarios y actividades, y aprendían a nadar o perfeccionaban sus habilidades en la pileta mientras afuera se desarrollaba una vida paralela de juegos y amistades. Para muchos niños, la colonia era una prolongación de la escuela, pero sin guardapolvo, sin cuadernos y con la promesa de pasar buena parte del día en el agua. Había competencias, juegos por equipos, carreras, actividades deportivas y excursiones, pero también largos momentos de tiempo libre en los que la imaginación hacía el resto.

    El club tenía además una ventaja decisiva para muchas familias: estaba cerca. En una época en la que no todos tenían automóvil y el transporte cotidiano tenía otras características, poder llegar caminando, en colectivo o en bicicleta significaba que los chicos podían desarrollar una autonomía que hoy resulta menos frecuente. El barrio era el territorio cotidiano y el club formaba parte de él. Los padres podían conocer a los profesores, a los dirigentes y a otras familias, mientras los chicos iban construyendo durante el verano una red de amistades que muchas veces continuaba durante todo el año.

    La pileta también modificaba el ritmo familiar. El verano tenía horarios propios: almorzar más tarde, dormir una siesta, volver a la pileta después de las cuatro cuando el calor aflojaba y quedarse hasta que empezara a caer el sol. No había necesidad de llenar cada hora con una actividad organizada. Buena parte del atractivo consistía precisamente en tener tiempo libre. Los chicos podían pasar una tarde entera jugando a la pelota, haciendo competencias de clavados, charlando al borde de la pileta o inventando alguna aventura que en ese momento parecía importantísima.

    El club como vacaciones posibles

    Para las familias que no podían viajar, la pileta del club tenía además un significado económico. Las vacaciones fuera de la ciudad implicaban transporte, alojamiento, comida y otros gastos que no estaban al alcance de todos. El club ofrecía una alternativa mucho más accesible: una cuota social y, en algunos casos, un adicional por temporada permitían utilizar las instalaciones durante los meses de calor. La posibilidad de disfrutar del verano no dependía necesariamente de poder viajar, y eso convertía a las instituciones barriales en actores importantes de la vida social.

    Esta característica estaba relacionada con una tradición mucho más antigua. Durante buena parte del siglo XX, los clubes argentinos fueron construyendo instalaciones deportivas y recreativas que excedían ampliamente la práctica competitiva. La pileta, el gimnasio, el salón de fiestas, la cancha y el buffet formaban parte de un mismo universo institucional. El club podía ser el lugar donde un chico aprendía a nadar, donde jugaba al fútbol, donde sus padres participaban de una comisión y donde la familia terminaba celebrando un cumpleaños. La institución acompañaba distintas etapas de la vida, algo que ayudaba a explicar su enorme arraigo.

    En verano, además, aparecía una escena muy característica: las familias cargadas con bolsos, toallas, ojotas, termos y comida. La heladerita podía contener sandwiches, fruta y alguna bebida para evitar gastar demasiado en el buffet. Las madres y los padres buscaban un lugar con sombra mientras los chicos desaparecían rápidamente hacia la pileta. Al rato aparecía el problema inevitable: quién había perdido la toalla, quién tenía que ponerse protector solar nuevamente, quién había dejado las ojotas junto a la pileta y quién todavía no quería salir del agua.

    También estaba la figura del guardavidas, que durante aquellas temporadas adquiría una autoridad especial. Su silbato podía detener una carrera, impedir una conducta peligrosa o anunciar que era momento de salir del agua. Los chicos aprendían así algunas de las primeras reglas de convivencia fuera de la escuela y de la familia. La pileta era diversión, pero también aprendizaje colectivo: había turnos, límites, normas y adultos responsables de hacerlas cumplir.

    Una Argentina que también veraneaba cerca

    Con el paso del tiempo, el modelo fue cambiando. Las vacaciones familiares se diversificaron, aumentaron las posibilidades de viajar y aparecieron nuevas propuestas de entretenimiento. Los barrios también se transformaron, los clubes atravesaron dificultades económicas y algunas instituciones perdieron parte de la infraestructura que habían construido durante décadas. La televisión por cable, los videojuegos, las nuevas tecnologías y, posteriormente, internet modificaron además la manera en que los chicos ocupaban su tiempo libre.

    Sin embargo, las colonias y las piletas de los clubes nunca desaparecieron completamente. Siguen existiendo porque responden a una necesidad que no es solamente recreativa. Para muchas familias representan un espacio seguro, cercano y comunitario donde los chicos pueden encontrarse con otros chicos, practicar deportes y aprender a desenvolverse colectivamente. Lo que quizás cambió es el lugar que ocupan dentro de una sociedad en la que el tiempo libre está cada vez más fragmentado.

    Recordar aquellas temporadas de pileta no significa afirmar que antes todo era mejor. También había desigualdades, clubes deteriorados, familias que no podían siquiera pagar una colonia y barrios en los que las condiciones de vida eran muy diferentes. Pero aquellas escenas permiten observar algo importante: la recreación también formaba parte de la vida comunitaria y no estaba necesariamente separada del deporte, la educación o la organización barrial.

    Por eso, cuando quienes fueron chicos en los años 70 u 80 recuerdan el verano, muchas veces no aparece primero una playa lejana ni un hotel. Aparece una pileta. Aparece el olor a cloro, el piso caliente, la bolsa con la merienda, el silbato del guardavidas, la carrera para ocupar una reposera bajo un árbol y la orden repetida de una madre: «Salí un rato del agua». Para miles de argentinos, esas fueron sus vacaciones, y en esa pileta del club encontraron algo que excedía largamente el entretenimiento: amigos, autonomía, deporte, barrio y una forma de aprender que el verano también podía ser una experiencia compartida.

     

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