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Kicillof, Massa y Gerardo Zamora salen a buscar a los gobernadores del medio
Empezaron a trascender detalles de lo acordado en la cumbre que mantuvieron Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner con los jefes de bloque del peronismo y cuatro gobernadores.
En ese encuentro, además de la obviedad de defender las PASO, se acordó empezara a visitar a los «gobernadores del medio» y a los peronistas aliados del Gobierno, para tantear posibles acuerdos para la presidencial.
Son los mismos gobernadores que están buscando Karina Milei, Santilli y los Menem. La idea es que Massa, Kicillof y Gerardo Zamora, los tres presidenciables que tiene hasta ahora el peronismo, visiten a esos gobernadores acompañados con alguno de los otros dirigentes que participaron de la cumbre en el Hotel Emperador.
En una sorpresiva cumbre, Kicillof, Massa y Máximo acordaron defender las PASO
Una manera tener un testigo que garantice la neutralidad de las conversaciones, en términos que se trabaje sobre un armado «del peronismo», más que de un candidato en particular.
Kicillof, Massa y Máximo Kirchner, también tuvieron que aguantar que varios de los presentes les reclamaran que no exporten a sus provincias las internas del peronismo bonaerense.
En la reunión, Kicillof, Massa y Máximo Kirchner, también tuvieron que aguantar que varios de los presentes les reclamaran que no exporten a sus provincias las internas del peronismo bonaerense. «Nos mandan un ministro de la provincia que se junta con algunos intendentes y atrás saltan los de La Cámpora o de Sergio y se nos arma quilombo», afirmó un diputado del interior.
El pedido fue anotado. Pero el tono general de la cena fue bueno. Venían entusiasmados por el triunfo en el Senado contra la ley de extranjerización de tierras y las encuestas que marcan una posibilidad cierta que Milei tenga que enfrentar un ballotage, lo que alimentó las expectativas de varios de los presentes.

Cuando la Coca-Cola casi desaparece de la Argentina
Hoy parece imposible imaginar un kiosco sin una botella de Coca-Cola. Sin embargo, hubo un período en el que la bebida más famosa del mundo prácticamente dejó de producirse en el país. Detrás de aquella historia hubo una combinación de guerra mundial, restricciones al comercio internacional, industrialización y cambios en el modelo económico argentino.
Por Redacción de NLI

Pocas marcas poseen un nivel de reconocimiento comparable al de Coca-Cola. Desde hace más de un siglo logró instalarse en casi todos los rincones del planeta y convertirse en uno de los mayores símbolos del consumo global. Precisamente por esa omnipresencia resulta difícil imaginar que hubo un momento en el que conseguir una botella en la Argentina se volvió una tarea casi imposible. No fue consecuencia de un boicot ni de una decisión comercial de la empresa. La explicación se encuentra en uno de los períodos más complejos del siglo XX, cuando la Segunda Guerra Mundial alteró las cadenas internacionales de abastecimiento y obligó a muchos países, entre ellos la Argentina, a replantear su relación con las importaciones y con el desarrollo industrial.
La guerra que cambió hasta el contenido de una botella
Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en 1939, el comercio marítimo internacional sufrió una transformación sin precedentes. Los convoyes eran atacados, los barcos mercantes escaseaban y numerosos productos dejaron de circular con normalidad entre continentes. Aunque la Argentina permaneció neutral durante la mayor parte del conflicto, la economía local sintió rápidamente las consecuencias de un mercado mundial completamente alterado.
Uno de los problemas afectó directamente a la producción de bebidas gaseosas. Muchos de los insumos utilizados por la industria alimenticia provenían del exterior y comenzaron a llegar con enormes demoras o directamente dejaron de ingresar. Entre ellos se encontraba el concentrado utilizado para elaborar Coca-Cola, cuya producción dependía de una compleja red logística internacional controlada desde los Estados Unidos.
Las dificultades para importar ese componente redujeron drásticamente la capacidad de producción local. En distintas regiones del país la bebida desapareció durante largos períodos y fue reemplazada por marcas nacionales que comenzaron a ganar espacio aprovechando la escasez. Empresas argentinas incrementaron su presencia en el mercado ofreciendo alternativas elaboradas íntegramente con insumos locales, un fenómeno que coincidía con el proceso de industrialización por sustitución de importaciones que empezaba a consolidarse en el país.
La oportunidad que encontraron las industrias nacionales
La ausencia parcial de productos extranjeros no afectó únicamente a las gaseosas. También abrió oportunidades para cientos de pequeñas y medianas empresas que comenzaron a fabricar bienes que hasta entonces llegaban desde Europa o Estados Unidos. Electrodomésticos, textiles, medicamentos, alimentos procesados y una enorme variedad de artículos empezaron a producirse en territorio argentino para cubrir una demanda que ya no podía satisfacerse mediante importaciones.
En ese contexto, el mercado de las bebidas vivió una transformación notable. Numerosas marcas regionales crecieron gracias a esa coyuntura y algunas lograron consolidarse durante las décadas siguientes. La competencia obligó incluso a las multinacionales a revisar sus estrategias una vez finalizada la guerra, incrementando la producción local para reducir la dependencia de las importaciones.
El episodio demuestra hasta qué punto un conflicto internacional puede modificar aspectos aparentemente menores de la vida cotidiana. La falta de una simple botella en un almacén reflejaba, en realidad, profundas alteraciones del comercio mundial y del funcionamiento de toda la economía.
Mucho más que una gaseosa
Con el fin de la guerra y la normalización progresiva del comercio internacional, Coca-Cola recuperó rápidamente su presencia en la Argentina. La expansión del consumo masivo durante la segunda mitad del siglo XX terminó convirtiéndola en una de las marcas más difundidas del país. Sin embargo, aquel episodio quedó como una muestra de que incluso las compañías más poderosas pueden verse condicionadas por los grandes procesos históricos.
La historia también invita a una reflexión más amplia. Durante décadas, la Argentina debatió qué grado de dependencia debía tener respecto de las importaciones y qué sectores estratégicos convenía desarrollar localmente. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial mostró que las crisis internacionales podían interrumpir el abastecimiento de productos considerados cotidianos y reforzó la idea de construir una industria capaz de responder a esas contingencias.
Hoy, cuando la globalización vuelve a mostrar signos de tensión por conflictos geopolíticos, guerras comerciales y problemas logísticos, aquella historia adquiere una actualidad inesperada. La desaparición temporal de una gaseosa puede parecer una anécdota menor, pero detrás de ella se esconden preguntas mucho más profundas sobre la producción, la soberanía económica y la capacidad de un país para sostener su abastecimiento cuando el mundo deja de funcionar con normalidad.
