covid-19:-no-habra-nuevas-medidas-de-restriccion

COVID-19: no habrá nuevas medidas de restricción

Luego de las reuniones mantenidas por el gobierno provincial, las cámaras empresariales y los jefes comunales de Río Negro, entre ellos el Intendente Marcelo Orazi, se conoció el decreto de la Gobernadora Arabela Carreras que establece que no habrá variaciones en las medidas de control de circulación y actividades en la provincia.

De esta manera, en Villa Regina está en vigencia el Decreto 49/21 firmado por el jefe comunal la semana pasada.

En la medida provincial, la Gobernadora dio facultad al Ministerio de Salud para tomar en forma coordinada con Intendentes e Intendentas, las medidas que se consideren necesarias en caso que se produzcan cambios en los parámetros sanitarios de alguna ciudad o Departamento.

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

    Difunde esta nota
  • Piłka nożna wiadomości, wyniki, relacje, tabele

    Mecz — który zapowiada się jako wielki szlagier sportowe fakty mundialu, wzbudza ogromne obawy o bezpieczeństwo w Paryżu i innych francuskich miastach. Zinedine Zidane w finale mundialu w 2006 r. Wszystko wskazuje na to, że starcie o Puchar Świata obejrzy ponad miliard fanów i w pewnym momencie ich oczom ukazać ma się Robert Lewandowski. Half…

    Difunde esta nota
  • ¡La 50° edición de la Fiesta Nacional de la Nieve se activa en Villa Regina!

    La 50° edición de la Fiesta Nacional de la Nieve se presentará en Villa Regina este jueves 8 de julio a las 10 horas en una conferencia de prensa que se realizará en la Oficina de Turismo ubicada en Florencio Sánchez 817. En la oportunidad el Intendente Marcelo Orazi estará acompañado por su par de…

    Difunde esta nota
  • |

    «Cristina libre»: una multitud copó Parque Lezama y Máximo Kirchner volvió a apuntar contra la proscripción

     

    Miles de militantes, dirigentes políticos, organizaciones sociales y sindicales participaron este sábado del multitudinario banderazo realizado en Parque Lezama para reclamar la libertad de Cristina Fernández de Kirchner y denunciar lo que el kirchnerismo considera una proscripción política impulsada por sectores del Poder Judicial. La convocatoria, realizada en el Día de la Bandera, se convirtió en una de las mayores demostraciones de fuerza del espacio político que conduce la ex presidenta desde que cumple prisión domiciliaria.

    Por Bruno A. Monteverde para NLI

    El acto tuvo como principal orador a Máximo Kirchner, quien habló ante una plaza colmada de banderas argentinas y pancartas con la consigna «Cristina Libre». El diputado nacional sostuvo que la situación judicial de la ex mandataria no puede separarse de la disputa política que atraviesa el país y volvió a denunciar la existencia de mecanismos destinados a impedir su participación plena en la vida política argentina.

    La movilización se realizó en Parque Lezama luego de que las actividades que venían desarrollándose frente al domicilio donde Cristina cumple arresto domiciliario generaran tensiones con la Justicia. La propia dirigencia kirchnerista había decidido trasladar la convocatoria para evitar nuevas controversias y concentrar allí el reclamo político.

    Una demostración de fuerza política

    Desde horas antes del comienzo del acto comenzaron a llegar columnas de distintas provincias, agrupaciones juveniles, sindicatos y organizaciones barriales. El paisaje estuvo dominado por banderas argentinas, insignias peronistas y carteles que exigían la liberación de la ex presidenta.

    Durante su discurso, Máximo Kirchner insistió en que la situación de Cristina excede una cuestión individual y representa, según su mirada, una disputa más amplia sobre la calidad democrática del país. El dirigente también cuestionó a quienes dentro del propio peronismo relativizan el reclamo por la libertad de la ex mandataria y reclamó una postura más firme frente a lo que definió como una proscripción política.

    La intervención del líder de La Cámpora fue seguida por cánticos contra Milei y contra los sectores judiciales señalados por el kirchnerismo como responsables de la condena que mantiene a Cristina bajo arresto domiciliario.

    El reclamo que busca instalarse en la agenda

    El banderazo no fue un hecho aislado. Durante los últimos meses el reclamo por la libertad de Cristina se convirtió en uno de los ejes centrales de la militancia kirchnerista y de buena parte del peronismo alineado con la ex presidenta. La consigna busca instalar la discusión sobre las condiciones de detención y sobre la posibilidad de que la dirigente vuelva a tener un rol político más activo.

    La convocatoria de este sábado tuvo además un fuerte componente simbólico. En el Día de la Bandera, los organizadores buscaron vincular el reclamo con una defensa de la democracia y de la soberanía popular, presentando la situación de Cristina como una cuestión que trasciende las fronteras partidarias.

    Al caer la tarde, Parque Lezama seguía colmado de militantes que cantaban consignas en apoyo a la ex mandataria. La imagen de una plaza repleta y la centralidad que volvió a adquirir Máximo Kirchner dejaron un mensaje político claro: pese al intento de apartarla de la escena pública, Cristina continúa siendo el principal factor de movilización del kirchnerismo y una figura decisiva dentro del peronismo argentino.

     

    Difunde esta nota
  • |

    «Somos órgano consultivo, dentro del organigrama municipal»

    Sigue generando repudio la decisión de cerrar el Hogar Municipal La Esperanza para ubicar en ese edificio municipal la Casa de Abordaje Integral, como suele pasar en estos casos donde parte de la sociedad no está de acuerdo con una decisión del ejecutivo local, las redes sociales fueron el medio y el termómetro donde se canalizaron los reclamos y las expresiones contrarias a dicha decisión.

    Difunde esta nota
  • Un privilegio colectivo

     

    En el 86, Diego decía esto es un partido de fútbol, así que no mezclemos. Esa era la declaración pública. Yo, en el micrófono, decía algo parecido. Pero cuando estaban en el vestuario, cuando iban caminando hacia la cancha, Diego les decía a sus compañeros: estos hijos de puta —no se refería exactamente a los jugadores sino a los ingleses—, mataron a nuestros pibes. Exaltaba el valor extra que tenía el partido. Y después pasó lo que pasó y que ya conocemos y hemos visto y revivido tantas veces. 

    Hoy, cuarenta años después, Scaloni y muchos jugadores que han sido criteriosos y que tienen razón, racionalmente tienen razón y cualquiera podría estar de acuerdo con ellos, intentan bajarle el tono. Pero el partido se ha separado totalmente de las contiendas comunes. El hecho de Malvinas, y lo que pasó en el Mundial 86 y los goles de Diego, tanto el gol con la mano como el gol maravilloso, le dieron a ese partido un tinte definitivo de establecer un clásico entre Inglaterra y Argentina que supera ampliamente los límites de lo futbolístico. Así se han vivido los partidos en adelante. No hay manera de desconectar la dimensión política, ni en el ánimo de los hinchas argentinos ni en el de los ingleses. 

    Tengo una hija viviendo en Londres, y por lo que sé es una locura también lo que se vive en Inglaterra en torno a esta fecha. Para ellos posiblemente sea un hecho más dirigido al deporte convertido en un clásico, a su pesar. Porque creo que en el ánimo de los buenos ingleses, y debe haber jugadores que piensen así, saben que Las Malvinas no les pertenecen. Los argentinos, en cambio, juegan con la motivación de saber que les pertenecen, que murieron muchos jóvenes en función de procurar recuperarlas. De eso, emocionalmente, uno no puede apartarse aunque quiera. 

    Para esta vez están los otros aditivos. 

    La segunda aparición de un jugador dueño del mundo como Messi. El equipo argentino que viene de ser campeón. Que todo el mundo especula con alguna genialidad de Messi que permita bajarlo a Diego del cielo y traerlo para abrazarse juntos, en el corazón de la gente. Los dos más grandes jugadores que ha tenido el mundo son argentinos. Además, el partido ocurre en un tiempo en el cual el presidente de la Argentina se declara admirador de la asesina Thatcher, una mujer que efectivamente como todos sabemos, incluso en Inglaterra, se ha peleado con los periodistas cuando la increparon por ese tema. Y el presidente de la Argentina se declara sin ambages en admirador de esa mujer. 

    Este también es un elemento que juega desde el punto de vista político. 

    Tenemos en estos días un barco británico que atraviesa las aguas como si tal cosa sin que nadie de explicaciones porque nadie se anima a pedirlas. Tenemos un gobierno débil en el planteo que pueda hacer respecto a Malvinas. Nadie cree que le interese demasiado recuperarlas.

    También hubo un momento en el cual el gobierno y algunos medios de comunicación de la derecha procuraron alejar al peronismo de la simpatía que la selección argentina pueda despertar. Lo cual no era para nada real y se fue diluyendo, por suerte. Había quienes querían presentar al peronismo apartado de la Selección y deseoso de que no le fuera bien, lo cual es un disparate. Cualquiera que entienda del corazón de la gente sabe que cuando está en juego la camiseta el sentimiento futbolero argentino jamás podría apartarse del deseo de ganar. 

    El fin del relato

    Me hice a la idea, hace bastante tiempo, de que yo no iba a transmitir este campeonato. Lo cual es raro porque soy esencialmente un relator deportivo. Ahora, cuando llega el partido con Inglaterra, caramba, desde hace un par de días, desde que supe que se jugaba, me salió mucho la pena. Me da rabia no poder relatar. 

    Voy a ver el partido desde México, con la gente de Telesur, donde estoy haciendo los programas, pero no relato.

    No relato porque Torneos & Competencias, que viene a ser el grupo Clarín, en su revancha con mi persona desde 2014 en adelante, salvo en Qatar, pide sumas inimaginables para el mundo de la radio hasta que se dan cuenta que yo no lo puedo pagar y que no estoy. Las demás radios no pagan ni por asomo, es imposible que haya una emisora que pague 200.000 dólares de derechos por transmitir el campeonato del mundo que no sabés, en el caso de cualquier equipo que vaya al Mundial, cuántos partidos vas a poder transmitir. Pero al grupo donde yo estoy relatando ad honorem, que se llama Relatores y que transmite en la radio 750, donde tengo mi programa, le pidieron ese dinero.

    Para un partido como el de Inglaterra, por el recuerdo maravilloso de Diego, también hay una cuestión un tanto melancólica a la que la gente se sumó con mucha rapidez. Una vez que comenté esto en la radio han aparecido cientos de miles de repercusiones en cuatro horas porque la gente se hizo cargo de ese dolor. 

    El fútbol

    Pero hoy lo importante es el partido. Estamos atravesando las últimas horas que nos quedan sin conocer la historia. El juego de hoy estará definido por el azar, por los imponderables, por un penal o un jugador expulsado, por un error, más que por el potencial de los dos equipos, que es muy parejo. Creo que Argentina tiene un poco más que Inglaterra, pero la vi muy cansada en el último partido contra Suiza, y eso le puede jugar en contra.

    Argentina tiene un genio, tiene mucha personalidad, tiene una gran presencia con Paredes en la mitad de la cancha, tiene goleadores como Julián y como Lautaro, y tiene defensores que conocen a los delanteros ingleses de memoria. Cuti Romero y Licha Martínez son habitués de enfrentar, porque juegan en el campeonato inglés, a los delanteros que tendrán que enfrentar esta tarde. Los conocen muy bien y no creo que algo los pueda sorprender. Algo los podrá superar, pero no sorprender.

    Entonces, con una defensa muy buena, con un arquero que está entre los mejores del mundo. Con ese triángulo final del Dibu Martínez, el Cuti Romero y el Licha Martínez, la Argentina en la defensa está muy bien. Los marcadores como Tagliafico son también importantísimos. Enzo Fernández juega y se destaca permanentemente en el fútbol inglés. De Paredes ya dije lo que dije, y además es el hombre que ejerce desde su personalidad el dominio de los tiempos, tiene la distribución del juego del equipo hasta que aparece el genio de Messi.

    Por todo esto entiendo que Argentina está perfectamente habilitada para ganarle a un equipo que no tiene tantos buenos jugadores pero que tiene mucha camiseta y por supuesto dos o tres grandes valores como Bellingham, Kane y Gordon. Pero íntimamente me inclino no por el favoritismo, que es una palabra un poco fuerte, pero me inclino por tener más esperanzas argentinas que inglesas para acompañar el partido. 

    La personalidad, el carácter que tiene la Argentina le juegan a favor. Quisiera saber cómo está de piernas el equipo. Hasta ahora, su tránsito no fue tan fácil donde debía serlo. Pero con tanto potencial me animaría a ser un poco más audaz y pensar que la Argentina puede ganar el partido, aunque son todos muy parejos y sobre todo imprevisibles. Ayer, todo el mundo se sentó a ver una gran demostración de Francia y nos encontramos con que España le dio un baile tremendo y le ganó fácilmente 2 a 0. El fútbol es así. 

    El último baile

    Cuando me preguntan cómo relataría hoy a Messi, pienso en Qatar. Como estábamos en Oriente, yo jugaba con la idea del Aladino, del que frota la lámpara y consigue hechos maravillosos. Hoy no sé qué estaría diciendo porque la emocionalidad del relato es un hecho fuertemente inspirador, te permitís la locura. Pensarlo racionalmente ahora, cruzado de piernas y tomando un té, no es lo mismo para poder imaginar por dónde andaría con Messidona, con Diegomessi, jugando mucho con la idea de que Messi es la continuidad maravillosa de Diego, jugando con el hecho increíble de la Argentina que se permite tener al cabo de 50 años ya entre Maradona y Messi al mejor jugador del mundo. Y que esto es un tributo a un ADN fantástico de enormes jugadores que han habitado la Argentina y que encuentran su máxima expresión en ellos dos.

    Más allá del resultado, nos queda el privilegio de haber visto jugar a Messi en los mundiales. Y los que tienen 60 años y más, como yo, hemos tenido la chance de disfrutar de Messi y de Maradona. Colectivamente, es un privilegio increíble.

    La entrada Un privilegio colectivo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota

Deja una respuesta