La Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Municipalidad de Villa Regina completó la entrega de estacas de sauce y podos de rosa a particulares, juntas vecinales e instituciones en el marco de la campaña de forestación llevada adelante durante septiembre.
En este sentido se precisó que un total de 810 estacas de sauce se distribuyeron de la siguiente manera: Km. Amparo, Cemhec, barrio El Sauce, Escuela 235, ARA San Juan, 25 de Mayo, Antártida, Businelli, Magisterio, barrio Nuevo, barrio Melipal, Jardín de la Escuela 220, Amuchen, barrio Don Bosco, El Frutillar, La Unión, 86 Viviendas, Comedor Don Bosco, Liga de Fútbol, barrio Malvinas, Escuela de barrio Malvinas y barrio La Unión.
Otros 312 fueron entregados a vecinos mientras que 123 podos de rosas se distribuyeron también entre particulares.
El Director de Ambiente y Desarrollo Sustentable Hugo Curzel agradece a los vecinos e instituciones que se sumaron a la propuesta porque, sostuvo, “las acciones individuales y comunitarias contribuyen a lograr una mejor calidad ambiental”.
A mi tío lo baleó una patota parapolicial en una emboscada, mientras intentaba escapar por la ventana del primer piso de una casa en Mar del Plata. No es, la historia de mi tío, una historia de desaparecidos. Pero yo todavía lo sigo buscando. Mi tío, Pacho Elizagaray, tenía 24 años cuando lo mataron. Mi tío está. Mis abuelos pudieron llevarle flores. Mi papá, tres años menor que él, pudo llorarlo. Sabemos dónde está su cuerpo. Hubo un juicio en 2016 y algunos de los responsables de su muerte fueron condenados. No todos. Pero mi tío está. Y yo todavía lo sigo buscando.
La de mi tío Pacho no es, entonces, una historia de desaparecidos. Es una historia de silencios. Y el silencio es una forma de la ausencia.
Mi abuelo presentía que a Pancho lo iban a matar. Mi abuelo se llamaba Carlos Elizagaray. En marzo de 1975, un año antes del golpe, era senador del Frejuli. Lo tenían entre ceja y ceja y ya lo habían amenazado varias veces. Gente que se identificaba como miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) le había dicho que si Pacho no dejaba de joder lo iban a tener que ir a reconocer a un baldío. Mi tío Pacho estudiaba derecho y era uno de los principales referentes de la Juventud Universitaria Peronista de Mar del Plata. Entre otras cosas, había participado de las negociaciones que lograron instaurar la gratuidad universitaria en el 73. La CNU, mientras tanto, quería desmantelar a la militancia de izquierda en la universidad y en la ciudad.
Mi abuelo Carlos habló con mi tío cuando un ex compañero del Ejército le dijo que Pacho estaba en una lista y que lo iban a ir a buscar. Pacho siguió militando. Hasta que los de la CNU atacaron. La madrugada del 21 de marzo de 1975 lo fueron a buscar en la casa donde estaba con su tío y sus primos y los mataron a los cuatro.
Mi abuelo hablaba poco de ese día. Mi papá me contó más de una vez su recuerdo de escuchar desde la planta alta los pasos y la voz de mi abuelo cuando entró a la casa familiar y le dijo a mi abuela: “Maucita, nos destruyeron la vida”. Había subido al techo de la casa donde reconoció el cuerpo del tío Pacho. Era el único que quedaba. A los otros tres se los habían llevado a un descampado donde los fusilaron y los dejaron tirados. La CNU tenía la estrategia de dejar los cuerpos a la vista para infundir terror.
Veinte años antes, en septiembre del 55, mi abuelo Carlos había estado parapetado en la terraza de Casa Rosada ametrallando a los aviones que bombardearon Plaza de Mayo. Era bien peronista mi abuelo. Y era natural que sus hijos – mi tío, mi papá, mi tía – salieran también militantes. Mi papá militaba en una unidad básica de su barrio y siempre se lamentaba no haber escuchado nunca a mi tío en una asamblea en la universidad, ni dando un discurso. Decían que era buen orador. Y yo, que no lo conocí a mi tío Pacho, porque nací 17 años después de su muerte, lo sigo buscando.
El pasado, mientras tanto, parece alejarse más. Parece diluirse hacia atrás, o hacia algún fondo, como si se vaciara en una rendija oscura. Los rostros en los carteles de las plazas de todo el país, para muchos, dejan de ser personas y se vuelven eso: rostros sin nombre en carteles grises. Desconocidos para la mayoría. Cada vez más. Pero eran hermanos, amigos, padres, tíos. El duelo muta, toma nuevas formas, se esconde y brota en formas que no imaginamos hasta que se nos aparece. Y cada uno hace lo que puede hacer con eso.
De mi tío siempre supe poco. Cada vez que lo nombraba, se repetía una historia corta que era siempre la misma. Y después el silencio. Siempre me mostraron una misma foto de él. Un retrato sonriente, ya veinteañero. También había un cuadro pintado por él decorando una de las habitaciones de la casa. Nombrarlo no estaba prohibido, preguntar tampoco. Pero siempre era angustioso recordarlo y eso impedía hablar más.
Siempre sentí que me hubiera llevado muy bien con mi tío. Me gustaba pensar qué conversaciones hubiéramos tenido. Imaginar a qué se dedicaría si hubiera vivido más. Me parecía que el arte – él con la pintura, yo con la ilustración- era algo que nos podría haber unido. Quizás, de hecho, sí nos une.
Sentía que algo de Pacho habitaba en mí. Aún sabiendo tan poco, y acostumbrada a esa forma de las cosas. Me di cuenta el 24 de marzo de 2024 en plena Plaza de Mayo. Íbamos llevando un cartel con un retrato de mi tío. No lo habíamos hecho antes. Y en un momento se acercó un pibe de mi edad a mirar:
— ¿Sos algo de Pacho? — me preguntó — Yo lo conozco, era el mejor amigo de mi abuela.
El pibe, resulta, sabía más que yo de la historia de mi tío.
No teníamos la tradición de ir a la plaza los 24. A mi abuelo no le gustaban las multitudes. Comenzamos a ir más grandes, nosotros. Ese año era la primera vez que llevábamos las fotos de Pacho a la plaza. También de sus primos y su tío, las otras víctimas de la masacre de marzo del 75. Se lo había propuesto a mi viejo, hábil carpintero, que armó unos soportes de madera; yo imprimí las fotos y también la copia de una ilustración que había hecho de él cuando no pudimos marchar en la pandemia.
Después de ese día todo sucedió muy rápido. Subí la foto con el cartel de mi tío a Instagram y me escribió otra compañera de Pacho que a su vez me conecto con otros, y ellos a su vez con otros. Armé un archivo en la compu con sus nombres y números de teléfono. Los fui contactando uno a uno, y empecé a visitarlos.
Recién ahí, cuando sentí que era el momento, me animé a abrir más la charla con mi papá. Y descubrí, cuando pudimos conversar, un alivio muy profundo. La palabra liberada era un refugio. Conocer más de la vida de mi tío Pacho, contarla, era una forma de hacer algo por mí y por su memoria. Ayudaba a superar el dolor. Con el tiempo, pronunciar el nombre de mi tío Pacho dejó de generar un nudo en la garganta. Algo ahí se aflojó, y fue gracias a esa búsqueda.
Como aquellos que buscan los restos de sus desaparecidos, yo busco los restos de la historia de mi tío en cada una de las personas que lo acompañaron en su vida, y en especial en sus años de militancia. Siento la urgencia de recopilar cada memoria de él. Siento que todavía estoy a tiempo. Muchos hombres y mujeres de su generación siguen presentes, pero cada vez quedan menos. Recién en agosto de 2025 fui a conocer a La Polaca, la abuela de ese chico que se me acercó en la plaza y me despertó el impulso de buscar y saber más. Viajé con mi mamá a Mar del Plata para verla. Me puse nerviosa antes de entrar, me pasa antes de cada encuentro.
La Polaca murió dos meses después de nuestra visita. Me quedaron más preguntas por hacerle. Pero ahí tomé conciencia de que la conversación entre generaciones es imprescindible y no es algo que pueda quedar para otro momento.
En cada encuentro, con cada uno de ellos, pienso lo que me cuentan en imágenes. La Polaca era la esposa de un referente político al que Pacho admiraba, y la casa de ellos era el lugar donde se juntaban todos. Pacho se reunía a veces a solas con La Polaca y sentía esa casa como un refugio. Ella le hacía siempre una sopa con remolacha y un sandwich de rabanito. Yo no sabía que a mi tío le gustaba eso. Y a mí me encantó siempre el rabanito. Ahí encontré, quizás, una razón. Cuando la escuchaba, veía la imagen de mi tío en su casa.
Cada persona que llamo para hablar de mi tío me recibe con entusiasmo. Todos quieren contarme de él. Son siempre conversaciones para recordar con alegría. Hablamos de recuerdos íntimos. Humanos. Como los que encuentro cuando veo las fotos de los álbumes familiares, a los que vuelvo todo el tiempo porque lo que aprendo quiero dibujarlo. En las fotos noté que siempre, en la parte de arriba, en mi familia tenían la costumbre de escribir chiquitito el año: 73, 74. En esas fotos casi siempre la gente está feliz. Yo me obsesiono un poco con la fecha. Los veo en las imágenes y pienso cuánto faltaba para la masacre. Pienso que ellos están ahí en la foto, sonriendo, sin saber lo que va a pasar. Y yo sí sé.
Mientras miro las fotos y escucho a cada persona con la que puedo encontrarme en la búsqueda, pienso en cómo entendemos lo que nos queda del pasado a medida que nos alejamos en el tiempo. Como, con el paso de los años, nos cuenta entender esa época. La violencia de los setenta, que no empezó con el golpe de marzo del 76. Que empezó en democracia y empezó por el odio y el desencuentro entre los que pensaban distinto. Pienso en cómo heredamos la herida. Cómo llega a nuestras generaciones. Qué formas tiene. Y sobre todo, cómo le explicamos a los más jóvenes la complejidad de una época que se sigue estirando sobre nuestras propias vidas.
Sigo conversando con los que puedo. Sigo buscando. Avanzo, escucho, registro como puedo. Quiero filmar, pero no sé filmar. Pido un grabador para guardar las charlas con mejor calidad y hago lo que puedo. Trato de sacar alguna foto en cada encuentro. Al salir anoto las sensaciones que me dejó la conversación, detalles que no quiero olvidar. Trato de bajarlo todo a dibujos rápidos. Me aparecen escenas, imágenes de esas anécdotas. Eso puedo y eso me sale. Dibujar. Dibujarlo a mi tío Pacho es mi manera de encontrarlo.
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En el gobierno hay malestar con Manuel Adorni porque creen que usa a Karina Milei como escudo humano para asegurar su permanencia en el gabinete tras el escándalo por sus gastos exorbitantes imposibles de justificar con sus ingresos conocidos. Escándalo que se agravó con su defensa de amateur, que además expuso de manera brutal la interna del gobierno.
Al jefe de Gabinete lo acusan de sobregirarse en su campaña para subir a la hermana presidencial al ring con Santiago Caputo, como estrategia para salir del foco de los medios en el que entró el día en que subió a su esposa al avión presidencial, un hecho que desencadenó denuncias penales y le significó a Milei una merma en las encuestas.
Desde una de las encuestadoras de mayor prestigio dijeron a LPO que el caso Adorni pegó mal en la sociedad, mucho más que el de Libra, ya que dejó a los libertarios pegados con la casta. «El escándalo de Adorni entró a fondo, no es como Libra, lo entienden todos», explicaron desde la encuestadora.
En el gobierno señalan a Javier Lanari, el secretario de Comunicación y mano derecha de Adorni, como la fuente de las filtraciones para que los principales medios se dedicaran en las últimas horas a hablar al unísono de la inminencia de cambios de gabinete, en el marco de la búsqueda de venganza de Karina Milei contra Santiago Caputo.
Al jefe de Gabinete lo acusan de sobregirarse en su campaña para subir a la hermana presidencial al ring con Santiago Caputo, como estrategia para salir del foco de los medios.
En el karinismo aseguraron a LPO que la hermana presidencial no avaló esa jugada mediática y que, cuando haga los cambios del gabinete va a tratar que sean de una, sin anunciarlo en notas periodísticas.
Adorni siendo apapachado por Milei en la Bolsa de Comercio de Córdoba.
Los Menem, los principales rivales internos de Caputo, no participaron de la campaña mediática para difundir su inminente desplazamiento de la SIDE y ARCA. Ni siquiera lo llamaron a Jorge Anzorreguy para que se haga cargo de la Secretaría de Inteligencia, como salió en los medios. Y se tomaron con humor las versiones de un inminente desembarco de Lule Menem en la casa de los espías.
El mal momento de Adorni, que tuvo que subirse al acto de Milei en Córdoba para ser apapachado por el presidente, se agudizó tras su entrevista del domingo por la noche con Luis Majul, en la que volvió a declarar mal.
En el gobierno cayó muy mal que el jefe de Gabinete dejara tan expuesta la interna: el funcionario no descartó que Santiago Caputo haya filtrado el video del avión privado con el que viajó a Punta del Este con su familia. «No es el estilo de Karina», dijeron
a LPO
allegados de la hermana presidencial, que no habla con los medios.
«Desde que llegamos a la jefatura fuimos ordenando e incomodando a muchas personas», se defendió un funcionario que responde a Adorni ante la consulta de LPO.
Karina Milei se metió con la designación de los jueces para cubrir las más de 200 vacantes de los juzgados federales y los gobernadores que habían acordado sus candidatos con Santiago Caputo entraron en estado de deliberación.
La preocupación se expandió después que trascendió lo que la secretaria General de la Presidencia dijo en la reunión que mantuvo el martes con los presidentes del partido de La Libertad Avanza en las provincias. Una de las autoridades partidarias presentes le comentó a LPO que Karina les ordenó a los dirigentes libertarios que «no tengan ningún acercamiento con gobernadores, ni aunque parezcan aliados».
En la reunión, la hermana de Javier Milei simuló un estado de armonía con Caputo. «Santiago, Javier y yo somos uno solo», afirmó sin ponerse colorado y llamó a «evitar conflictos entre los distintos espacios en las provincias». «Tenemos clarísimo el escenario y estamos laburando juntos», fue el mensaje que dejó.
Sin embargo, menos de 24 horas después barrió con los cargos que tenía Caputo en la cartera de Justicia a través de sus delegados, como el caso de Sebastián Amerio. Karina dijo una cosa pero hizo otra.
Por eso, los gobernadores empezaron a preguntarse si Milei respetará los acuerdos por las vacantes judiciales que tejieron con Caputo o si todo vuelve a fojas cero con el cambio de autoridades que implicó el desembarco de Juan Bautista Mahiques. Un gobernador aliado de la Casa Rosada manifestó que en la terna para una de las vacantes en su provincia había cerrado el nombre del primero de los candidatos pero sabía que el gobierno pretendía al tercero: «¿Van a mandar el pliego del mío al Senado?», se preguuntaba con preocupación.
No tengan ningún acercamiento con gobernadores, ni aunque parezcan aliados.
LPO reveló que en provincias aliadas, como Tucumán, la elección de los candidatos para los juzgados federales vacantes ya estaba muy avanzada. El trámite está en manos del Presidente, igual que otros tantos pliegos de magistrados para cubrir vacantes, después de la aprobación de las ternas por parte del Consejo de la Magistratura. Milei solo debe definir el nombre en cada caso y remitirlo para que lo trate la comisión de Acuerdos, presidida por el riojano Juan Carlos Pagotto, y que luego se apruebe en recinto.
El senador libertario Juan Carlos Pagotto.
El problema es que Karina tiene ahora la fuerza para alterar lo que hubiera acordado Caputo con los gobernadores y tejer otro tipo de estrategia para el Poder Judicial. Por más que uno de los caminos posibles sea trabar entendimientos con las provincias para garantizarse el apoyo de diputados y senadores aliados para votaciones legislativas, también se evalúa la chance de que la hermana presdiencial y los Menem capitalicen las aptitudes del clan Mahiques para retomar las postergadas negociaciones con el peronismo.
Aunque la tropa parlamentaria del peronismo quedó reducida a 25 senadores tras la ruptura de Carolina Moisés, el kirchnerismo retiene todavía un tercio más uno para bloquear el nombramiento de ministros de la Corte y el procurador general de la Nación. Pero bajo la conducción de Karina Milei avanza la idea de avanzar con la designación de los jueces federales y postergar la negociación por la Corte y el Procurador.
Karina Milei por ahora avanza con la idea de avanzar con la designación de los jueces federales y postergar la negociación por la Corte y el Procurador..
El origen mercedino de la dinastía Mahiques, liderada por el juez de la Casación Carlos «Coco» Mahiques y el ascendente Juan Bautista, abre la chance de que se aceiten las conversaciones con el cristinismo vía Eduardo Wado de Pedro, amigo de los Mahiques desde sus épocas de vecinos de Mercedes.
Desde el entorno del exministro del Interior negaron q-como hacen siempre con casi todo lo que existee- que exista la cercanía que se le atribuye con los Mahiques y afirmaron «no conocemos las intenciones del gobierno, si buscarán proponer algo o negociar y, en ese caso, con quién. Perono parecen muy predispuestos a negociar nada con el kirchnerismo».
El senador kirchnerista Wado De Pedro.
En efectoo, la llegada de los Mahiques al gobierno, que sugiere un acuerdo entre Karina Milei y el tano Angelici, encierra el riesgo para el kirchnerismo de quedar afuera de la negociación por los jueces federales, que la Casa Rosada parece meas cómoda conversando directamente con los gobernadores.
Aún cuando el clan Mahiques haya sido parte delas causas contra Cristina, según las denuncias de sus defensores, un dirigente peronista le contó a LPO que Máximo Kirchner, Juan Martín Mena y De Pedro, una semana antes que Cristina recibiera Miguel Pichetto, conversaron sobre la situación legal de la expresidenta. «Bajemos un cambio, hay que encontrar la forma de aliviar las condiciones de detención de Cristina», habría sido el pedido de Máximo.
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