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Coloridas vacaciones en el Museo

La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina invita a disfrutar de la propuesta del Museo Felipe Bonoli ‘Coloridas vacaciones’ que se realiza de lunes a viernes de 13 a 18 horas.

Pasá una tarde divertida: pintá, recortá y creá. Con chocolatada y pochoclos.

Los cupos son limitados. Para reservas comunicarse al 2984-567717.

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  • Caputo reconoció que el swap con Estados Unidos de USD 20 mil millones hay que renegociarlo

     

    El ministro Toto Caputo salió a mostrar que el Gobierno tiene cubiertos los próximos vencimientos de deuda, pero dejó una frase que abrió otra discusión. El ministro reconoció que el swap con Estados Unidos de USD 20 mil millones está supuestamente disponible, aunque no puede usarse de manera automática, ni ingresa en las reservas. Si la Argentina necesitara activarlo otra vez, habría que volver a negociar con Washington.

    La definición apareció durante la conferencia de prensa en la que Caputo presentó el programa financiero del Gobierno. La puesta en escena buscó transmitir calma. Pero la explicación sobre el swap dejó una zona gris.

    «El swap con Estados Unidos está disponible. Si se requiriera, por supuesto tendríamos que ir a, tendríamos que charlarlo nuevamente», dijo Caputo. La frase fue el dato político de la conferencia. Confirmó que la línea existe, pero también reconoció que su uso depende de una nueva conversación con el Tesoro norteamericano.

    Después completó: «hay como una especie de creencia que porque el año que viene es un año electoral, algo va a pasar. Nosotros, si bien nos preparamos para eso, no es el escenario base. De vuelta, nuestro trabajo es prepararnos para el peor escenario, y así lo hacemos».

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    Lo concreto es que para el mercado, el respaldo del Tesoro de Estados Unidos funcionaba como un prestamista de última instancia, comprometido a volcar la cantidad de dólares que sean necesarios para contener una corrida cambiaria, figura que se diluyó con las declaraciones del ministro.  

    El swap con Estados Unidos está disponible. Si se requiriera, por supuesto tendríamos que ir a, tendríamos que charlarlo nuevamente.

    Caputo intentó desactivar la idea de que el año electoral pueda derivar en una crisis cambiaria o financiera. Pero al mismo tiempo reconoció que el Gobierno trabaja con un plan de emergencia. «Si uno mira las herramientas que vamos a tener el año que viene, son muchísimo más grandes y más amplias de las que tuvimos en el 2025», aseguró.

    El ministro también ató la calma financiera a los fundamentos de la economía. «Pero la realidad es que creemos que estas reacciones obedecen también a los fundamentos económicos, o sea, no son casuales», afirmó. Luego agregó: «Y la economía va a seguir mejorando, la inflación va a seguir bajando, la economía va a seguir recuperando, y el escenario político se va a ir clarificando».

    «Entonces, en ese escenario, la verdad, no creería que algo de eso va a pasar. Pero como dije, nos preparamos para que si eventualmente pase, no sea un, pues pasara, no sea un problema para los argentinos», cerró Caputo. La frase dejó expuesta la tensión del mensaje oficial. No espera una crisis, pero prepara un dique. 

    Lo cierto es que el swap con Estados Unidos nunca funcionó como una transferencia directa de dólares a las reservas. Al momento de la firma, no sumó un solo dólar a las brutas ni a las netas del Banco Central. Quedó asentado apenas como una «línea de liquidez vigente contractualmente» dentro de las notas marginales de los estados contables del BCRA.

    El Tesoro de Estados Unidos también aclaró desde el inicio que no estaba transfiriendo dinero a la Argentina. Lo que habilitaba era un cupo disponible. Es decir, una línea que podía ser usada bajo determinadas condiciones. El Gobierno la presentó como un respaldo de gran volumen, pero en los papeles no engrosó la caja del Banco Central.

    La operación también tuvo otra cara. Scott Bessent, el secretario del Tesoro norteamericano, la calificó públicamente como un negocio sumamente rentable para Estados Unidos. La describió como un «home run deal», un éxito total. No habló como un funcionario que había hecho asistencia financiera clásica. Habló como alguien que había cerrado una operación ganadora.

    La estrategia que ejecutó el Tesoro de Estados Unidos mezcló auxilio geopolítico a Javier Milei con una jugada de mercado muy conocida en el mundo de los fondos de cobertura. Bessent viene de ese universo. Y la mecánica tuvo el ritmo de una apuesta financiera: entrar cuando el activo está castigado, cobrar tasa y salir cuando el precio mejora.

    El primer movimiento fue comprar pesos baratos. Durante la corrida cambiaria previa a las elecciones legislativas de octubre de 2025, el Tesoro norteamericano volcó dólares del tramo activado, unos 2.500 millones, para comprar pesos argentinos en plena devaluación. Esa intervención ayudó a frenar la escalada del dólar libre y le dio aire político al Gobierno en un momento crítico.

    El segundo movimiento fue hacer tasa. Los pesos adquiridos por Estados Unidos no quedaron quietos. Fueron colocados de inmediato en instrumentos financieros remunerados del propio Banco Central, con tasas muy elevadas, cercanas al 4 por ciento mensual en ese momento. Según balances oficiales posteriores del BCRA, la Argentina terminó pagándole al Tesoro norteamericano más de 17 millones de dólares netos sólo en concepto de intereses por el trimestre que duró la operación.

    El tercer movimiento fue la salida con ganancia. En enero de 2026, ya con el mercado cambiario estabilizado después de las elecciones, el Gobierno argentino recompró la totalidad de esos pesos y le devolvió los dólares a Washington. Estados Unidos se desprendió de los pesos a un valor conveniente y cerró su posición con decenas de millones de dólares en ganancias líquidas.

    El resultado fue nítido. Washington no se quedó con un solo peso argentino en su cartera. Cobró intereses. Recuperó los dólares. Y además obtuvo una ganancia financiera sobre la operación. Para Estados Unidos fue una jugada redonda. Para la Argentina, fue una asistencia con un costo significativo. 

     

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    Economía pudo pagar este jueves los USD 4.500 millones de intereses y amortizaciones de los Globales y Bonares emitidos tras la reestructuración de 2020. Fue una parada brava que se resolvió con éxito. Ahora el mercado se pregunta si volverá la presión sobre el dólar.

    La razón es sencilla: la reinversión ya empezó. Los antecedentes muestran que las compras suelen adelantarse varias semanas al cobro efectivo de los dólares y no una vez que el dinero llega a las cuentas de los bonistas.

    «El pago del 9 de julio no es el evento a seguir. La capacidad de pago no está en discusión, los dólares ya están depositados en el Banco Central y el mercado lo descontó hace rato», explicó a LPO el asesor financiero Facundo Pascual.

    El diagnóstico coincide con un informe de Facimex Valores, que detectó que durante los cinco pagos semestrales realizados en la gestión de Javier Milei los Globales subieron en promedio alrededor de 2% durante las veinte ruedas previas al cobro y luego permanecieron prácticamente estables. En otras palabras, el mercado compra con el rumor y no con la noticia.

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    Sin embargo, esta vez aparece un elemento nuevo que podría modificar el destino de esos dólares. Apenas seis días después del pago, el Tesoro licitará por primera vez el Bonar 2029 (AO29), un bono en dólares bajo legislación local con cupón del 6% anual pagadero mensualmente y, en su debut, sin límite de adjudicación.

    Para Nicolás Sibecas, de Inversiones Andinas, esa decisión deja en claro cuál es la apuesta oficial. «El Tesoro sale a buscar que los bonistas reinviertan lo que cobran, en lugar de que esos dólares salgan del sistema o vayan a otros instrumentos», señaló.

    El Tesoro sale a buscar que los bonistas reinviertan lo que cobran, en lugar de que esos dólares salgan del sistema o vayan a otros instrumentos.

    La jugada tiene además un objetivo financiero. Si una parte importante de esos fondos termina en el AO29, el Gobierno podrá seguir obteniendo financiamiento en dólares dentro del mercado local, evitando volver a emitir deuda en Wall Street mientras el riesgo país continúa por encima de los 400 puntos.

    Pero el mercado también observa el costo de esa estrategia. El nuevo bono vencerá en 2029, ya bajo la próxima administración presidencial, un plazo para el que los inversores todavía exigen un premio adicional frente a los títulos que vencen antes de las elecciones de 2027.

    Sibecas considera que el AO29 debería ofrecer un rendimiento cercano al AN29, cuya tasa ronda el 8,5% anual en dólares, y cree que puede transformarse en una alternativa atractiva para inversores minoristas y fondos comunes por su esquema de cupones mensuales.

    Pascual advierte, sin embargo, que incluso una reinversión elevada podría pasar inadvertida en la cotización de los Globales. «Puede haber reinversión sin rally. Si buena parte del flujo se canaliza hacia el AO29, el dinero irá al mercado primario en lugar de seguir comprando los bonos que ya cotizan», explicó.

    La otra variable que seguirá de cerca el mercado será el comportamiento de los inversores extranjeros. Mientras los tenedores locales suelen renovar posiciones, los fondos del exterior concentran una porción importante de los pagos y podrían optar por realizar ganancias luego de la fuerte compresión del riesgo país registrada en los últimos meses.

    El mercado ya descontó el pago de julio y la posterior reinversión. La mayor parte de las consultas pasa por volver a comprar los mismos bonos, como AL30 o AL35.

    Desde Insider Finance también creen que el grueso del movimiento ya fue incorporado a los precios. «El mercado ya descontó el pago de julio y la posterior reinversión. La mayor parte de las consultas pasa por volver a comprar los mismos bonos, como AL30 o AL35», explicó a LPO su CEO, Pablo Lazzati.

    No obstante, Lazzati observa un cambio respecto de pagos anteriores. Con rendimientos en dólares ubicados entre 8% y 10%, algunos inversores empiezan a diversificar hacia instrumentos en pesos ajustados por TAMAR o CER e incluso hacia acciones, buscando mejorar el retorno en un contexto donde la deuda soberana ya capturó buena parte de la mejora macroeconómica.

    Así, el verdadero termómetro del pago de julio no será si los Globales suben unos puntos más después del cobro. La señal que espera el mercado es otra: cuánto dinero vuelve a financiar al Tesoro, cuánto busca nuevas alternativas de inversión y cuánto decide abandonar el riesgo argentino para volver al dólar.

     

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