La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina invita a disfrutar de la propuesta del Museo Felipe Bonoli ‘Coloridas vacaciones’ que se realiza de lunes a viernes de 13 a 18 horas.
Pasá una tarde divertida: pintá, recortá y creá. Con chocolatada y pochoclos.
Los cupos son limitados. Para reservas comunicarse al 2984-567717.
Homicidios, abusos, femicidios , mecheras, motochorros, pungas a punta de cuchillo, robos, accidentes viales a la orden del día, narcos; conceptos que se instalan en la sociedad ante una justicia nefasta que indefectiblemente no desentona ni con sus leyes, ni con quienes las ejecutan. Y para coronar toda esta parafernalia realista y triste la ignorancia…
Canta el perdedor del amor, José Luis Perales, ¿Y cómo es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre? Pregúntale ¿Porqué ha robado un trozo de mi vida? Algo así está pensando mucha gente, sobre todo los analistas de América Latina sobre el candidato libertario de Colombia, Abelardo de la Espriella, después que ganara el último domingo la primera vuelta de las elecciones presidenciales. También se lo pregunta el candidato Iván Cepeda, quien irá a segunda vuelta contra él, y Paloma Valencia la candidata de Uribe, el establishment y los medios, que fueron los grandes derrotados.
¿Sorpresa que De la Espriella haya ganado la primera vuelta de las elecciones en Colombia 2026? Se dice sorpresa porque decimos “no entender”. Y hace rato que no entendemos. ¿Sorpresa que Trump haya ganado en el 2016? ¿Sorpresa que Bolsonaro haya ganado en el 2018? ¿Sorpresa que Bukele ganó en el 2019? ¿Sorpresa que Milei ganara en el 2023? Siempre decimos sorpresa. Y no hay ninguna. No sabemos leer a la sociedad, andamos repletos de sentidos de modernidad y superioridad moral y lejos de los sentidos comunes y el triunfo del yopitalismo.
En Colombia todo es cuestión de estilo
Colombia es un país conservador, pacato, donde todo a lo suavecito, matando pero con buena educación y todo en buenomía (delinquir con buena letra). Y en esas hemos andado con que nos gobernó la elite rural con Uribe (se mataba pero por buena causa), la elite burguesa del pasado con Santos (hacer la paz pero para no cumplirla), la new money de power point con Duque (estallido social, 84 muertos pero pa´lante ya). Pero llegaron los populares, zambos y negros e indios con Petro, y todo molestó: el tonito, el estilo, el gusto. Y ahí, todo cambió: el tono, el modo, el estilo del Presidente, provocando, cazando peleas con las elites, los periodistas, los medios, las mujeres, las instituciones, los políticos, los jueces. Desesperó y exasperó a la buenomía colombiche. Entonces, se perdió el pudor y a las que sea guevón, maricón.
Y llegamos al 2026 y a don Petro, el provocador moral y estético de Colombia, le salió uno más provocador, ignominioso y desesperante. Uno que, también, atrae a medios, periodistas, clases medias arribistas, evangélicos, new moneys y agrede con demandas judiciales a quien ose descreer de su éxito capitalista. Petro dice que lo hace para defender al pueblo porque él es pueblo; De la Espriella no quiere al pueblo, le importa un bledo, pero lo divierte e invita a seguirlo para lograr la libertad, el yopitalismo y librarse de Petro. Dos tonos en combate: el discursivo ampuloso grandilocuente con cursos de justicia social y moralidad revolucionaria de Petro (sus modelos serían Lula, Mujica, Cristina, Correa, Evo, López Obrador) y De la Espriella que tiene retórica digital de insultos, chistes, provocaciones, divertimentos, matoneos (sus modelos serían Milei, Bukele, Trump y Bolsonaro).
En este contexto en el que “la gente” anda lejos de los medios y las informaciones, cerca de las redes y el pasarla bien, pegada de sus creencias y necesidades, no importan las realidades, ni las obras de gobierno, ni las ideologías. (A propósito Petro ha sido un gran gobernante para los pobres, los militares, campesinos y gente del común a los que les incrementó su capitalismo, ha tenido el menor desempleo posible, el dólar ha estado refuerte, se ha pagado más de la mitad de la deuda pública exterior y muchas más amores capitalistas. Y les fue re bien a los ricos. Solo los clase media llevamos del bulto. Nada importa, todo queda en cuestión de estilo, en la batalla de provocaciones en las redes como cancha de juego y los periodistas como bobos replicadores. Los periodistas los odian, pero los publican con insistencia erótica: se informa odiando a Petro porque los jode mucho… alabando a De la Espriella, a pesar de que es el matón contra la libertad de expresión.
Cepeda, el fantasma
¿Y por qué no hablamos de Cepeda? Esa es la pregunta de la campaña. Poco se habla de él, Petro es el show, el candidato, el eterno mediático y digital. Cepeda es un buen tipo. Un izquierdista clásico. Un aguerrido senador que ha asumido la lucha contra Uribe como su misión en la tierra. Una amiga progre dice que es “pura sensatez y buen sentido. Nada del ego narcisista de Petro. Claro que sensatez y buen sentido no son faranduleros”.
En lo que vemos y nos dejan ver. Cepeda habla leyendo, siempre anda serio y solemne (y eso es muy malo en Colombia, debe esconder algo, pensamos; mejor que sea extrovertido y “recochero”), parece que produce sentido, pero no sabemos, nos cuesta entenderlo. También es cierto que Cepeda no batalla en lo digital por considerar que traiciona su esencia, su autenticidad y entra en el juego falso de los dilemas de las derechas (¡sus seguidores sí la luchan!).
Su candidatura ha sido construida por Petro, al que se ama y odia por igual, al que se teme y se alaba por igual; por sus rivales políticos, la hija política de Uribe, esa paloma carroñera, o el extrovertido tigre falso en tierra de jaguares; por los medios y periodistas que como no lo entienden, lo odian (¡recordar que ya Bourdieu en Sobre la televisión lo dijo: a los periodistas lo que les parece extraordinario lo juzgan desde sus ignorancias estructurales: mejor adjetivo soez o baile de De la Espriella que sentido a lo Cepeda).
Así, Cepeda es como un fantasma, un desconocido al que los burgueses, los wannabes de la farándula y la new money, la clase media aspiracional, le tienen miedo. Esos mismos aman a su rival por esa razón: anti petrismo. Mientras De la Espriella dice ser un tigre aguerrido, la otra es una Paloma carroñera, Cepeda luce como un osito perezoso.
Tal vez sea ese su problema, parecer un osito perezoso. No se sabe bien quién o qué es, ni le gusta jugar en canchas de lo cool y pop digital. No quiere traicionarse en su coherencia con sus pensares de izquierda. Está como aburrido ahí. Y que siempre está hablando de Uribe, es su causa, su karma, su razón de ser. Y siempre lo explica Petro.
Ante Cepeda fantasma, De la Espriella eufórico
Un tipo sin ideas ni verosimilitud política crea un personaje eufórico, atrevido, extrovertido, diseñado con un 40% Milei (la publicidad, las frases, el adjetivo destructor, lo sacado como show, creación de eventos como si fueran recitales, las historias de IA y como no puede ser el León dice ser el Tigre cuando en Colombia somos jaguares, hasta en eso es falso). 30% Bukele, de quien copia hacer megacárceles sin sentido y sin saber para quién, copia el estilo higiénico de prolijidad de barba, ropa impecable de new money, inspiración divina para gobernar, mujer bonita y familia de dios). 20% Trump, eso de yosoymillonario, eso de se hacer $$$, yo soy el capitalismo. 10% Bolsonaro, al reconvertirse desde el pecado al milagro de ser el fiel de dios y vestir la camiseta de la selección Colombia de fútbol como emblema de amor patrio en tiempos de Mundial. La fórmula comible de De la Espriella es, entonces, que es arepa de huevo con choripan Milei, pupusa Bukele y salsa Trump barbiquiu.
¿Y cómo es él? El analista digital Andrés Carvajal dice que Abelardo es “pura farsa, IA y pirotecnia. Una campaña de peluquín efectiva. Una manipulación estridente de silicona que ha sabido mover las emociones y las causas de muchos”. El diario El País lo cuenta como “un estilo de vida” que es “su estilo de campaña. Cuando está sobre el escenario, prende pólvora, vuela drones, baila con videos de tigres —el animal con el que se identifica— hechos con IA”. El representante del periodismo burgués, Felipe López, escribe que “es un abogado excéntrico, rodeado de clientes incómodos y excesos de millonario tropical”.
¿En qué lugar se enamoró de ti? En las redes, donde insulta y canta, en los medios donde provoca y baila, en los escenarios donde hace show, en las entrevistas donde no le preguntan si no lo dejan exhibir su vulgaridad, en su show nueva era eufórico y alucinado, en su transgresión. Ya que, como dice el artista Lucas Ospina, es la trasgresión “la que le permite destacar en la arena electoral (…) La transgresión como arma política capaz de llegar a grupos variados y dispersos y de unificarlos sobre la base del descontento, por vía de consignas unívocas y bajo la ilusión cuasi religiosa de una puesta en escena inmediatista que avizora un cambio de un día para otro (…) Esta actitud transgresora tiene una dimensión política crucial: permite a los seguidores gozar de la ilusión de poder hacer lo mismo en su propia vida y con su propia voz”.
¿De dónde es? Es del Caribe para habitar la exageración, se dice italiano para tener el buen gusto del vino, es de Miami donde su brillosidad es auténtica.
¿A qué dedica el tiempo libre? A hablar de sí mismo, a defender criminales a los que no libera de nada pero les cobra mucho, a insultar a las mujeres, a los homosexuales, a los indígenas, a los negros, a los izquierdosos, a los periodistas. No a la ética ni a la democracia porque “esa” no tiene nada que ver. Dedica su tiempo libre y pagado a insultar.
¿Por qué ha robado un trozo de mi vida? Por vanidad, por aburrimiento con su yo, por su yopitalismo, por joder al uribismo y al petrismo, por darse el gusto de ser presidente.
El resultado: Ganó la bazofia, perdió la solemnidad
¿Y ahora?
El mapa de resultados electorales muestra que la Colombia urbana quiere capitalismo y show. Y que por eso Rodolfo Hernández en el 2022 y De la Espriella en el 2026 en primera vuelta sumaron 51%, mientras los progres Petro en el 2026 y ahora Cepeda 40%. En su momento, Petro ganó en la segunda vuelta convenciendo a los de voto en blanco, a los indecisos y a más votantes. Ahí está el reto para Cepeda.
Hasta ahora, ha sido el show de concierto musical, fútbol y malecón (muy digital, muy mediático, muy divertido) vs show retórico de salón de clase, evento ideológico, solemnidad moral al que la gente y la militancia le ha armado fiesta, goce, desparpajo… ser un aburrido cool.
La clave de ambos candidatos será alejarse el pasado llamado Uribe y Petro, centrarse en el futuro, que De la Espriella demuestre que puede gobernar y no seguir siendo el excéntrico payaso y que Cepeda sea él mismo, juegue en lo cool y popular, entre en la batalla cooltural para promover la fiesta de lo común, movilizar a los jóvenes, crear su épica política y no la de Petro.
Por ahora, mi amiga de derechas dice que con De la Espriella “al menos hay más esperanza. Y un pueblo alegre, congregado y abundante sale adelante”.
A los colombianos nos gusta suave, pero le estamos apostando a lo estridente.
Y mi amigo analista Lucas Ospina cree que “quizás un triunfo de la empresa electoral de De la Espriella nos cure, por fin, de creernos mejor que otros países, solo por presumir de tener ‘la democracia más antigua de la región’. La distancia entre la excepción colombiana y el resto del mapa latinoamericano es solo un margen, una desviación de un grado que, bajo un gobierno de esta tendencia, marca un retorno firme al patrón histórico de sumisión imperial y a la máxima del escritor Antonio Caballero de que en Colombia “cada presidente ha sido peor que el anterior”.
El realismo brutal de Milei, Bukele, Trump y Bolsonaro acecha a Colombia, y no es una metáfora, es nuestra pesadilla en tiempo real.
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La puerta del chalet se llena de policías. Son casi las once de la noche del sábado 9 de junio de 1956 y el jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires, el teniente coronel (R.) Desiderio Fernández Suárez –47 años, alto, moreno, de bigote corto, pantalones claros y chaquetilla color verde oliva–, grita ante el 4519 de Hipólito Yrigoyen, localidad de Florida, partido de Vicente López:
–¡¿Dónde está Tanco?!
Fernández Suárez lleva seis meses como jefe policial y es la segunda vez que participa de un operativo. El 23 de febrero, cuando una explosión en la sede de Fabricaciones Militares de Villa Martelli puso en alerta a toda su fuerza, salió en auto desde su casa en Núñez 2546, en Belgrano, y llegó solo a la zona de la explosión. Al bajar vio a una pareja, los detuvo y acusó de “sabotaje peronista”. Ellos dijeron que sólo estaban ahí para “hacer el amor”. Masticando bronca, los dejó ir.
Pero esta noche confía en que será diferente: se está gestando un levantamiento militar peronista, liderado por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco. Los sublevados buscan derrocar a Aramburu y garantizar el regreso de Perón, exiliado en Panamá desde el golpe de la Revolución Libertadora. Ya hay enfrentamientos en Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica del Ejército, los Regimientos 7 de La Plata y 2 de Palermo. También en Viedma, Rosario, Rafaela, Santa Rosa.
–¡¿Dónde está Tanco?! –vuelve a gritar.
Fernández Suárez fuerza la puerta y sorprende al dueño de casa. Un pelotón de oficiales se abre detrás suyo. Horacio di Chiano, un electricista de 50 años, los recibe con una bolsa de agua caliente en la mano que había preparado para su mujer, ya acostada. Con él está su vecino, Miguel Ángel Giunta, un zapatero de 29. No hay señales de Tanco ni de ningún levantamiento militar.
Desiderio saca su revólver calibre 45 y lo apoya en la garganta de Giunta.
–No te hagas el piola y levantá las manos.
Los oficiales suben a di Chiano y Giunta a un móvil de la comisaría de Florida. Afuera también hay un colectivo rojo de la línea 19 de Vicente López que la policía secuestró en el camino. Fernández Suárez no entiende. La información de un encuentro de militantes peronistas en esta dirección le llegó a través del Servicio de Inteligencia de la Policía Bonaerense (SIPBA), creado cinco meses atrás para desplegar agentes de información encubiertos en fábricas, talleres y sindicatos. “Son los ojos y oídos de la jefatura en la provincia en lo que respecta al movimiento gremial y la actividad subversiva”, había explicado el jefe policial en una entrevista. Y los resultados eran buenos: el 17 de abril habían detenido a dos militantes comunistas en Trenque Lauquen por repartir folletos.
Un levantamiento militar como el de esta noche no se le podía escapar. Hasta que hay señales claras: del pasillo al costado derecho del chalet dos personas salen corriendo. Desiderio y sus policías entran, mientras otros policías persiguen a los fugitivos. Agazapados, mezclados entre un grupo más numeroso de hombres que se había juntado a escuchar por radio una pelea de box en el Luna Park, algunos militantes esperaban novedades sobre el levantamiento. El jefe policial irrumpe y los detiene a todos. Los sube al colectivo. Cuando ve a Juan Carlos Livraga, de 24 años, Fernández Suárez lo golpea en el estómago con la culata de su pistola.
–¿Así que vos ibas a hacer la revolución? ¿Con esa facha?
Otros dos hombres son apresados más tarde cuando llegan al mismo PH. En total son doce. Los trasladan a la Unidad Regional de San Martín, a cargo del inspector mayor Rodolfo Rodríguez Moreno. Desiderio viaja a La Plata, donde lo espera el general e interventor de la provincia, Emilio Augusto Bonnecarrére. A las 0.30 –ya es 10 de junio– la radio oficial transmite la Ley Marcial. A las 4.47 el vicepresidente Isaac Rojas comunica que el alzamiento peronista fue neutralizado.
Fernández Suárez llama a Rodríguez Moreno.
–A esos detenidos de San Martín ¡que los lleven a un descampado y los fusilen!
Esa misma madrugada, en un basural de la localidad de José León Suarez, en el cruce de lo que hoy es la calle 9 de julio y avenida Márquez, la policía asesina a cinco de los detenidos: Carlos Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brion y Vicente Rodríguez. El resto –Livraga, Di Chiano, Giunta, Norberto Gavino, Rogelio Díaz, Julio Troxler y Reinaldo Benavídez–, se salvan porque escaparon o porque sólo fueron malheridos.
Fernández Suárez sale fortalecido del operativo. Comparte un acto con Aramburu y declara en una revista: “El buen policía tiene a mano todos los recursos legales necesarios para esclarecer un hecho o descubrir un delito sin acudir a la violencia”.
Cinco meses después, el 18 de diciembre de 1956, el periodista y escritor Rodolfo Walsh, frente a un vaso de cerveza en un bar de La Plata, escucha en voz de un amigo:
–Hay un fusilado que vive.
***
El Círculo Militar de avenida Santa Fe 750 hierve esta media mañana del viernes 12 de octubre de 1945. Más de trescientos oficiales del Ejército y la Marina gritan. Sus voces se superponen, los rangos que no se respetan. El capitán Fernández Suárez –con 37 años– lanza una temeraria propuesta ante el presidente de la mutual de oficiales, el almirante Héctor Vernengo Lima.
–¡Hay que matar a Perón!
Nacido en 1908 en Villa Mercedes, San Luis, Desiderio se convirtió en antiperonista hacia 1940, tras conocer a Perón como profesor en la Escuela de Guerra y en la de Alta Montaña. Lo veía “como un peligro para el país”, según lo recuerda el diario La Nación.
Y con apenas 22 años, Fernández Suárez ya había rechazado a otro líder popular. Siendo cadete, el 6 de septiembre de 1930 se sumó a la columna de unos 600 estudiantes y 900 soldados que marcharon hacia Plaza de Mayo contra Hipólito Yrigoyen. Partieron desde el Colegio Militar de San Martín, a 4 kilómetros del basural de José León Suárez, el de los fusilamientos del 56. La protesta la encabezó José Félix Uriburu, quien derrocaría al líder de la Unión Cívica Radical.
El pedido de Fernández Suárez por la cabeza de Perón se conjugaba con un clima de rechazo generalizado. Flotaba en el aire “la sensación de que el país se había salido de cauce y que la institución armada tenía que decidir qué hacer con eso”, describe Jorge Abelardo Ramos en La Era del Peronismo.
Los militares antiperonistas lograron finalmente que el 9 de octubre de 1945 Perón renunciara y fuera detenido en la isla Martín García. No esperaban, sin embargo, la movilización popular del 17 en la Plaza de Mayo. Entonces Fernández Suárez tuvo el primer traspié en su vida militar.
Haber pedido la cabeza de Perón le costó caro: el 9 de mayo de 1946 lo arrestaron por seis meses y pasó a retiro obligatorio. En ese mismo año, Walsh traducía su primera novela policial, de Irish William, con un título sugestivo para lo que vendría después: Lo que la noche nos revela.
***
Traje gris, camisa blanca y corbata negra, bigote prolijo y peinado engominado, Fernández Suárez se sienta en su oficina en el Departamento Central de la Policía frente a un periodista del Noticiario Bonaerense. Acaba de asumir como jefe –el 20 de diciembre de 1955– y ya purgó a 1445 oficiales subalternos y personal de tropa. Faltan seis meses para la Operación Masacre. Ante la cámara que lo filma en blanco y negro dice:
–Queremos hacer una policía humana, una policía que esté dedicada exclusivamente a la lucha contra la delincuencia, que tenga un profundo respeto por los derechos individuales. La policía está en franco tren de transformación. Doce años de dictadura no se pueden cambiar en tres meses.
La Libertadora le permitió a Fernández Suárez salir del ostracismo que vivió durante el peronismo, donde se refugió en la actividad privada. Según aparece su apellido en los diarios de la época, vendió ganado en Florida: ofrecía, por ejemplo, “3 novillos prom. 243 kgs. a 240 mls.”. O también, “15 vacas prom. 308 kgs. a 205 mls”.
Con su pareja tuvo tres hijos: Carlos, Mario y Oscar Alberto. Uno de ellos seguirá la carrera militar y será detenido siendo subteniente en 1959 por Arturo Frondizi. Luego llegarán nietos y bisnietos.
La suerte le empezó a cambiar el 16 de junio de 1955, cuando la Aviación Naval bombardeó la Plaza de Mayo y dejó 300 muertos y 1.200 heridos. Un hilo invisible conecta a Fernández Suárez con Walsh: compartían un sentimiento nacionalista y antiperonista y el escritor había soñado con ser aviador, aunque volcó su pasión al papel: el 21 de diciembre del 55 publicó la crónica 2-02-no vuelve, donde describe la audacia de los pilotos bombarderos. Años después llegó a escribir un borrador de cuento titulado El aviador y la bomba, contado desde la perspectiva de uno de los pilotos golpistas.
Con Aramburu en el poder, el 17 de octubre de 1955, Fernández Suárez es designado jefe de personal en el Ministerio de Educación. Su primera medida fue alentar a los empleados a denunciar irregularidades de la anterior gestión. Pero el 13 de noviembre ya es nombrado subjefe de la Policía. Y un mes después asume la jefatura. Un decreto del 13 de enero del 56 lo reincorpora al Ejército, lo asciende «al grado inmediato» y lo vuelve a pasar a retiro como teniente coronel. Aramburu y Rojas destacan que había sido sancionado «por razones políticas» durante la “dictadura imperante”. En el 58 –ya después de los fusilamientos– lo reincorporan al servicio activo con fecha retroactiva al 19 de enero de 1949 y lo promueven a coronel.
***
–¡Encontré al hombre que mordió al perro!
El 20 de diciembre de 1956, dos días después de escuchar que hay un “fusilado que vive”, Walsh consiguió la denuncia de Livraga y la llevó con excitación a la editorial Hachette, donde trabajaba su compañera Enriqueta Muñiz, una periodista de 22 años. Con ella empezaría a investigar la Operación Masacre: lo que descubren los periodistas es que la Ley Marcial comenzó a regir un día después de las detenciones, o sea que fueron fusilados ilegales.
Walsh tenía un “topo” en la policía de Fernández Suárez. El contacto era Jorge Doglia, jefe de la División Judicial. Le permitirá revelar los fusilamientos, pero también torturas en las comisarías a cargo del jefe de la Policía.
Walsh y Enriqueta trabajan juntos y rápido. El 23 de diciembre, en el semanario Propósitos publican la primicia de la denuncia de Livraga. No la firman, pero es un ataque a Fernández Súarez: el “fusilado que vive” confiesa allí que la policía intentó asesinarlo en un descampado antes de la Ley Marcial. El dato es contundente: días después, una Junta Consultiva provincial de legisladores convoca al jefe de la Policía. Lo arrinconan con preguntas sobre varios hechos del 9 y 10 de junio en distintas comisarías: fusilamientos, torturas con picanas, palizas de sus oficiales.
–Aquí hay cargos –se defiende Desiderio–. Pero no hay pruebas.
La pareja de periodistas continúa investigando. Suman sobrevivientes y expedientes. Walsh empieza a firmar con sus iniciales: RJW. Dos notas en el diario Revolución Nacional, ocho en la revista Mayoría, otrastres en el semanario Azul y Blanco. El coronel tiene quien le escriba: las crónicas apuntan directamente a su responsabilidad en la masacre. El nombre de Walsh circula rápido en la jefatura de policía. Sus notas quedan archivadas en el SIPBA.
–¿Quién carajo es? –pregunta Fernández Suárez.
Manda a sus oficiales a detenerlo, pero terminan levantando a un reportero con las mismas iniciales. También van a su casa en La Plata, pero no lo encuentran: Walsh vive en otro lado y con identidad falsa –Francisco Freyre–, aunque firma las notas con su nombre para que Fernández Suárez sepa que no va a parar.
El último cruce entre ambos –del que se tenga registro– fue el 13 de enero de 1965, nueve años después de la primera nota en Propósitos y ocho de la publicación de Operación Masacre como libro. Desiderio manda una carta al diario Crónica para –otra vez– desligarse de la responsabilidad de la masacre. Walsh le contesta en el mismo diario:
–Los descargos de Fernández Suárez son los mismos que pulvericé hace ocho años y que lo llevaron al completo silencio.
***
A partir de los 60, con la Libertadora fuera del poder, Fernández Suárez cambia de piel. Funda una empresa inmobiliaria y financiera junto a militares y ex funcionarios. Durante el gobierno de J. M. Guido es detenido acusado de una supuesta “conspiración” y “rebeldía”.
En 1964 aparece como proveedor del Estado en servicios de seguridad. El 17 de septiembre del mismo año participa con Aramburu y Rojas de una celebración por el aniversario del golpe a Perón. Según la crónica del evento, apenas llenaron la Plaza Libertad del barrio de Recoleta.
En 1970, el mismo año en que secuestran a Aramburu, funda otra compañía de seguridad e investigaciones: POL-PAR, con sedes en Capital Federal y La Plata. En el ‘76 crea otra empresa: S.P.
Entrada la última dictadura, su rastro se pierde.
***
No la encuentra. Después de cebar unos mates dulces, Berta Josefa Carranza –72 años, petisa, pullover de lana celeste, la cara redonda, el pelo corto, lacio, con algunas canas– se para con dificultad de la silla y camina despacio hacia un sillón mullido para buscar algo. Es un jueves de mayo de 2026 y en la casa de los Carranza, en el barrio obrero de Boulogne, la luz entra limpia por la ventana. Berta busca detrás de un mueble, dentro de una carpeta. Pero no. La hoja amarillenta escrita a máquina que dice que su padre, Nicolás Carranza, uno de los cinco fusilados por Fernández Suarez, fundó una sociedad de fomento para su barrio en 1954, no aparece.
–Le dije varias veces que tiene que ser más organizada con esos papeles –se queja Majo Carranza, hija de Berta y nieta de Nicolás, mientras la ayuda a buscar.
–Acá está –dice Berta y saca la hojita de una bolsa. –Tiene su firma.
Es de las pocas cosas que le quedan de su papá. Tenía 2 años cuando el 11 de junio de 1956 –dos días después de los fusilamientos– su madre recibió a Fernández Suárez en esta misma casa, en la esquina de Guayaquil y –ahora– pasaje Carranza. El jefe policial había llegado para buscar la libreta de enrolamiento de Carranza “por un trámite en La Plata”. Le dijo que desconocía su paradero y apuró a la mujer a buscar el documento de su esposo.
Mientras esperaba, Fernández Suárez se cruzó en el pequeño comedor a Elena, de entonces 12 años, la hija mayor de la familia. Parado frente a un retrato del recién fusilado, el jefe de la bonaerense le preguntó: “¿Ese era tu papá?”.
–Nunca nadie fue preso. Nunca alguien pagó por esto –retoma Berta en 2026–. Porque hubiéramos podido hacer algunas cosas, cuando había otros compañeros vivos.
El 24 de abril de 1957 la Corte Suprema de Justicia –tras un largo derrotero de la denuncia del “fusilado que vive”– falló que el expediente debía pasar a la justicia militar. Los responsables fueron absueltos. “Dejó para siempre impune la masacre de José León Suárez”, escribió Walsh.
El 17 de junio de 2026, 70 años después, el Juzgado Federal N°2 de San Martín a cargo de Alicia Vence comenzará un juicio de recuperación histórica. Berta y su hija Majo, junto al resto de los familiares de los asesinados, acusan al Estado por delitos de lesa humanidad. Mencionan el rol de Aramburu, Rojas y Fernández Suárez. Es probable que en el proceso de su testimonio el sobreviviente Livraga, que vive en Estados Unidos.
Según una fuente con acceso a la causa, un familiar de Aramburu llamó al juzgado para averiguar el estado del expediente.
–En los noventa aún estaba vivo el sorete de Desiderio –recuerda Berta–. Queríamos iniciarle un juicio en la provincia. Recién nos armábamos como comisión de familiares de los fusilados, pero no salió.
Sobre la mesa hay ejemplares de Operación Masacre e Historia de una investigación, el diario personal que escribió Enriqueta Muñiz, mientras colaboraba con Walsh. En una pared verde cuelga una enorme bandera de Boca Juniors. En otra, un cuadro del Che Guevara. En un rincón hay cuatro tanques de oxígeno. Son de Berta.
–Desde que soy bebé, vi toda la lucha de mi vieja y el resto de los familiares por mantener viva la memoria de lo que pasó –dice Majo, de 40 años–. Y también cómo muchos se fueron yendo de a poco. Como nieta, siempre hablo con los más jóvenes. En escuelas, universidades. Pero es tarea de la militancia mantener vivo ese legado. Para que la historia no se repita.
Berta asiente y mira su celular. Le llega un mensaje. Alguien encontró el aviso necrológico de Fernández Súarez que se publicó en el diario La Nación el 10 abril de 2001.
Hace zoom en la imagen.
FERNANDEZ SUAREZ, Desiderio Argentino, Cnl. (R), q.e.p.d., falleció el 9-4-2001. – Sus hijos Carlos, Mario y Oscar, sus hijas políticas, sus nietos, bisnietos, su sobrino Marcelo Fernández y Sra. Hilda Rodríguez participan su fallecimiento y ruegan una oración en su memoria.
–Esto está buenísimo –dice Berta. La sonrisa socarrona.
–¿Qué está buenísimo? –le pregunta Majo.
–Saber que este hijo de puta está muerto.
***
El 10 de febrero de este año, vía decreto 97, el presidente Javier Milei designó en un importante cargo a un familiar directo del cerebro de Operación Masacre.
Leandro Fernández Suárez, nieto del teniente coronel de la Libertadora, hijo de su hijo Oscar Alberto, es hoy embajador en México.
Diplomático de carrera –ingresó al servicio exterior en 1993– fue ascendido por Alberto Fernández. Pero en los últimos años se ganó la confianza de Karina Milei por su rol diplomático en Miami.
El embajador aparece en fotos recientes sosteniéndole un paraguas a Milei en un día de lluvia.
No aceptó hacer declaraciones para esta nota.
***
Abajo. Más abajo. En el tercer subsuelo del Cementerio de la Chacarita, dentro del Mausoleo de las Fuerzas Armadas, los nichos de generales y militares se amuran en la pared gris.
Los pasillos son anchos, la luz de algunas lamparitas rebota en el mármol frío.
La placa 1117 sólo dice “Cnel. Desiderio Fernández Suárez”.
Una bandera argentina envuelve su cajón marrón, junto a un florero vacío.
–No lo vienen a ver mucho –dice un encargado de overol azul.
Nadie fuera de su familia lo despidió cuando murió a los 92 años el 9 de abril de 2001. Ni los Aramburu, ni los Rojas, ni otros apellidos mandaron condolencias. Sólo el diario La Nación sacó aquel recuadro recordando su muerte, cuatro días después. Un familiar del exjefe de la policía comentó allí que Fernández Suárez “nunca se arrepintió de nada”.
–Acá hay mucha historia enterrada –retoma el encargado –Tenés desde coroneles que lucharon por la independencia hasta soldados de Malvinas.
Pero el nicho de Fernández Suárez no tiene flores, ni una descripción que lo recuerde. Apenas una chapa dorada con su nombre y rango. A dos metros, los restos de los exdictadores Juan Carlos Onganía y Roberto Viola.
Fernandez Suárez descansa en un osario de lesa humanidad. Desde el 2016 nadie paga los costos de mantención de su nicho. La deuda es de 460 mil pesos.
Cuenta regresiva para ‘Tinta Urbana’, un evento único que reunirá muestra de tatuadores, tatuajes en vivo, festival con espectáculos urbanos (baile, batallas de rap, hip hop, básquet 3×3, skate), además de gastronomía y bebida local. La cita es viernes 8 y sábado 9 a partir de las 18 horas en el polideportivo Cumelen. El costo…
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