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Milei en Davos: la “deuda civilizatoria” y el mito de un Occidente a restaurar
Milei y su costumbre de subordinarnos.
Por Celina Fraticiangi para NLI

En su discurso de hoy en el Foro Económico Mundial de Davos, Milei volvió a desplegar una narrativa que excede largamente la economía y se adentra en una concepción ideológica de la historia, la cultura y la civilización. Más allá de las reiteradas defensas del capitalismo de libre mercado, hubo un eje particularmente revelador: la idea de que América arrastra una supuesta “deuda civilizatoria” con Occidente y que su misión histórica sería saldarla regresando a la filosofía griega, el derecho grecorromano y los valores judeocristianos.
Lejos de ser una simple reflexión cultural, este planteo condensa una visión profundamente política, excluyente y funcional a un proyecto de poder.
La “deuda civilizatoria”: una noción problemática desde el origen
Cuando Milei afirma que América debe “pagar una deuda civilizatoria” a Occidente, introduce una categoría que no es neutra ni inocente. Hablar de deuda implica subordinación, implica aceptar que existe un centro civilizatorio legítimo —Europa y su tradición occidental— y una periferia que debe agradecer, imitar y reparar.
Esta idea desconoce deliberadamente que América no es una hoja en blanco escrita por Grecia, Roma o el cristianismo europeo. Es un continente atravesado por civilizaciones milenarias, por procesos históricos propios, por luchas sociales, políticas y culturales que no pueden reducirse a una herencia importada. La noción de deuda borra de un plumazo a los pueblos originarios, las tradiciones populares, las experiencias emancipatorias y los proyectos políticos que disputaron —y disputan— el sentido mismo de la modernidad. Nos deja sin identidad.
Además, el concepto remite peligrosamente a las viejas justificaciones coloniales: Europa como portadora de civilización, América como territorio incompleto que debe “agradecer” lo recibido. No es una novedad discursiva: es un reciclaje ideológico con lenguaje contemporáneo.
Filosofía griega y derecho grecorromano: apropiación selectiva del pasado
El llamado de Milei a “inspirarse en la filosofía griega” y “abrazar el derecho grecorromano” opera como una selección interesada de la historia. No se trata de un análisis académico ni de una reivindicación crítica del pensamiento clásico, sino de una utilización simbólica para legitimar un orden político y económico actual.
La Grecia clásica y Roma no fueron paraísos de libertad universal: fueron sociedades atravesadas por la esclavitud, la exclusión política, la desigualdad estructural y la negación de derechos a amplios sectores de la población. Presentarlas como modelos morales sin esas contradicciones es falsear la historia.
Más aún, Milei invoca estas tradiciones como si condujeran de manera natural a un capitalismo desregulado y a un Estado mínimo, cuando buena parte de la filosofía clásica discutió justamente los límites del poder económico, la función de la comunidad y la centralidad de lo público. No hay herencia universal: hay recortes ideológicos.
Valores judeocristianos: moral selectiva y contradicción política
El tercer pilar del discurso fue el llamado a “retornar a los valores judeocristianos para salvar a Occidente”. Aquí la operación es doble. Por un lado, se construye un supuesto consenso moral único, invisibilizando otras tradiciones éticas, espirituales y culturales que forman parte tanto de América como del mundo occidental contemporáneo.
Por otro lado, se produce una contradicción evidente entre el discurso y la práctica política. Valores como la solidaridad, el cuidado del prójimo, la justicia social y la dignidad humana, históricamente asociados a la tradición judeocristiana, chocan de frente con políticas de ajuste, desprotección social y mercantilización extrema de la vida.
La apelación religiosa funciona así como un recurso retórico de legitimación, no como una guía ética real. Se invocan valores abstractos mientras se impulsan medidas concretas que profundizan la desigualdad y la exclusión.
Una idea de civilización que excluye
El discurso de Milei en Davos no propone una civilización plural ni un diálogo entre culturas. Propone una restauración: un Occidente idealizado, homogéneo, jerárquico y alineado con un modelo económico específico. Todo lo que queda fuera de ese canon —otras identidades, otros proyectos políticos, otras formas de organización social— aparece como desviación, amenaza o atraso.
La “deuda civilizatoria” no es, entonces, una reflexión histórica. Es una herramienta política que busca ordenar el mundo entre quienes encajan en ese relato y quienes deben ser corregidos, disciplinados o descartados.
En definitiva, el discurso de Milei en Davos revela con claridad que su proyecto no se limita a la economía: aspira a redefinir qué se entiende por civilización, quién tiene derecho a representarla y quién debe someterse a ella. Bajo una retórica grandilocuente sobre Grecia, Roma y los valores judeocristianos, se esconde una visión regresiva que empobrece el pasado, simplifica el presente y clausura la diversidad del futuro.
Generando conciencia vial en el Pedaleando
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El mercado castigó a Caputo y para renovarle la deuda le cobró tasas que duplican la inflación
El mercado castigó a Luis «Toto» Caputo en la renovación de la deuda en pesos que enfrentaba este miércoles y le cobró tasas que llegaron al 50% anual. El ministro de Economía enfrentaba vencimientos de deuda por más de 9 billones y aceptó convalidar tasas que duplican la inflación proyectada, antes que pagar los cupones y liberar pesos que podrían irse al dólar, justo cuando el pass through empieza a sentirse en la inflación.
La decisión de Caputo no es inocua: la suba de tasas encarece el crédito y esteriliza una de las pocas palancas que tiene el modelo libertario para empujar la economía real.
La tasa anual del 50% que debió entregar Caputo para secar la plaza de pesos y así evitar que el mercado se vuelque al dólar desnuda la desconfianza a la que está expuesto el ministro en la seguidilla de vencimientos en pesos y dólares que enfrenta este año.
Horas antes del roll over de este miércoles, Morgan Stanley advirtió que el gobierno de Javier Milei tiene un rojo de USD 5.000 millones para enfrentar los vencimientos de este año. El mercado respondió con dureza: las tasas que entregó Caputo quintuplican la inflación proyectada por el Ejecutivo en el Presupuesto 2026.
«El costo de capital se lleva puesto al programa monetario y el pseudoproceso de desinflación», dijo a LPO un importante del mercado. Fue una referencia a la tendencia de suba inflacionaria que arrastra el gobierno desde hace ocho meses, mientras celebra una baja, apelando a comparaciones interanuales.
El costo de capital se lleva puesto al programa monetario y el pseudoproceso de desinflación.
Otro operador del mercado dijo a LPO que la costosa licitación de este miércoles fue otra prueba que el relato del «superávit fiscal» no alcanza para convencer al mercado, que sigue remiso al riesgo argentino y exige un premio sideral para renovar la deuda.
De hecho, en el mercado calculan que el tipo de cambio nominal al que cierra la Balanza de Pagos sin drenaje de reservas está en el orden de los 2.150 pesos.
La exigencia del FMI de comprar reservas tiene a Caputo en una encrucijada: como no puede gastar los pesos en frenar el dólar, se le dispara la inflación.
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