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BOMBEROS ATR

Hace unos días en Villa Regina ocurrió un gran incendio en el aserradero Tapatá ubicado al pie de la barda norte, en la zona del Parque Industrial reginense, según nos contó Carlos Llanquimán, bombero especializado, fue uno de los incendios más grandes que le tocó vivir en sus 22 años de experiencia en la ciudad.

Mientras hablábamos sobre lo ocurrido en el aserradero sonó la sirena de los bomberos y Carlos tuvo que dejar el celular para asistir inmediatamente al llamado, por lo que tuvimos que cortar la comunicación. Cuando reanudamos la entrevista él estaba en el cuartel ya que no había podido salir con el primer equipo, se quedó con la ‘reserva’ hasta esperar indicaciones para asistir o que regresen sus compañerxs, así que aprovechamos para seguir hablando sobre lo ocurrido hace unos días en parque industrial y de paso nos compartió algunas cuestiones muy interesantes sobre el trabajo en BOMBEROS VOLUNTARIOS.

Lockers de Bomberos

La era de lo rápido, lo preciso… de las apps.

Usamos aplicaciones para todo! Bomberos también!!!
Todos los bomberos de la provincia manejan una app llamada ALERTHOR que les da detalles del siniestro, de esta forma pueden responder de forma rápida y ya van preparadxs para la acción.
Hicimos dos capturas de pantalla de siniestros diferentes:

La app es una herramienta de grandísima ayuda. La primer imagen muestra como ven la alarma. En la segunda captura muestra el detalle de ‘VIVIENDA’ y en este caso Carlos marcó la opción ASISTO.

Los problemas del post siniestro se los llevan a la casa

Lxs bomberxs tienen que estar preparadxs para cualquier siniestro. No siempre es un incendio, lo que requiere de otras estrategias a implementar cuando se llega al lugar. A veces es un accidente de tránsito donde se ven afectadas personas y la historia ya toma otro rumbo, muy interesante por cierto. Asistir a una persona (imaginate la situación que quieras) requiere de una cabeza preparada. Después quien escucha a esa cabeza…? Quién atiende la salud mental de lxs voluntarixs?

Lxs bomberos NO TIENEN asistencia psicológica. Entre ellxs se sostienen, entre ellxs lloran y descargan todo lo que pueden o les sale. Cuando llegan al cuartel se reúnen en una sala que la llaman ‘‘casino’‘ y ahí es el momento de hablar, para quienes puedan. De ahí, derecho para la casa a tratar de dormir con las miles de imágenes y sonidos que quedan dando vueltas en la cabeza.

Sería importantísimo poder contar con asistencia para contener a lxs bomberxs. Estamos hablando de personas como cualquiera de nosotrxs que voluntariamente arriesgan su vida para salvar la de los demás. Dejan de hacer lo que estaban haciendo para asistir a cualquier siniestro… aunque sea provocado a propósito como ya es bien sabido los reiterados incendios de bins suelen ser para cobrar el seguro. Sería bueno que una parte de la plata que se cobra de ese seguro vaya para bomberos, ya que son ellxs lxs que se arriesgan para la avivada empresarial.

La colaboración de las personas

Los incendios son peligrosos y dejan ruinas. Muchas veces hay personas afectadas y momentos difíciles. Sin embargo el público siempre está presente y esta vez no fue la excepción. Este fue de los incendios más grandes ocurridos en Regina según nos contó Carlos y si bien, como mencionamos son peligrosos, para el ciudadano común suele ser visto como un gran espectáculo.

El consejo de siempre es no acercarse demasiado ni obstaculizar la tarea de lxs bomberxs. Pero en este caso en particular, algo que destacó Llanquimán fue la ayuda recibida por las personas que se acercaron, que con cuidado y acatando las órdenes de quienes saben pudieron colaborar ayudando a retirar maquinaria del aserradero.
Si bien es peligroso y no es aconsejable involucrarse en ese momento, la adrenalina y demás sentimientos afloran y es más fuerte que cualquier fuego, HAY QUE AYUDAR!

Así que ya sabés, si vas a presenciar un incendio hacelo con cautela y recordá llegar al lugar con:
– botellas con agua
– leche (ayuda a cortar la sequedad y picazón en la garganta a causa del humo)
– gotas para los ojos

Compartimos las capturas realizadas esa noche por Juán Pablo Hualacan Menconi fotógrafo y aspirante a bombero.

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    Enrique Jones, el británico que pidió permiso para explotar Malvinas

     

    Lejos de ser un marino británico al servicio del Imperio, Enrique Jones fue un comerciante y capitán dedicado a la actividad privada, protestante de origen, que se integró plenamente a la sociedad porteña tras la Revolución. Casado dos veces en Buenos Aires, dedicado a la pesca lobera y al comercio marítimo en la Patagonia y el Atlántico Sur, su nombre quedó ligado a Malvinas por un documento clave de 1813 que hoy incomoda al relato colonial británico.

    Por Guillermo Carlos Delgado Jordan para NLI

    Un inglés común, no un agente imperial

    Enrique Libanus Jones —también citado como Henry Jones en documentos de época— no fue un oficial de la Corona ni un aventurero enviado por Londres, sino un comerciante privado que se declaró nacido en Londres (aunque algunos investigadores lo dan nacido en Gales), hijo legítimo de William (Guillermo) Jones y Mary (María) Tildesley o Tisley, de religión protestante, como él mismo declaró formalmente ante la Iglesia Católica en Buenos Aires en 1817.

    Del Atlántico Norte al sur del mundo

    Para comienzos de la década de 1810, Jones ya estaba instalado en Buenos Aires y participaba activamente del circuito marítimo y comercial del Atlántico Sur, especialmente en la pesca de lobos marinos, una actividad lucrativa en la época por el valor del cuero y la grasa.

    Era propietario y capitán del bergantín El Rastrero, una nave de uso comercial, típica de la navegación lobera. En 1812, El Rastrero realizó un viaje exitoso a bahía San José, en la actual Península Valdés, de donde regresó con miles de cueros de lobo marino. Ese antecedente explica el paso siguiente.

    El documento de 1813 y el vínculo con Malvinas

    El 30 de enero de 1813, Enrique Jones presentó una solicitud formal ante el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata para que su bergantín pudiera dirigirse a las Islas Malvinas y las costas del sur con fines de pesca lobera.

    Estos barcos eran típicos del comercio marítimo de fines del siglo XVIII y principios del XIX: de vela, relativamente pequeños, rápidos y maniobrables, adecuados para faenas en costas agrestes y abiertas como las de la Patagonia y el Atlántico Sur, alejadas de rutas comerciales regulares.

    El dato es central: Jones pidió permiso, reconoció autoridad y actuó dentro del marco administrativo del Estado rioplatense. No navegó “por su cuenta” ni bajo respaldo británico.

    Ese documento, conservado en el Archivo General de la Nación, es una de las pruebas históricas más incómodas para el discurso colonial posterior: un súbdito británico solicitando autorización a Buenos Aires para operar en Malvinas, veinte años antes de la ocupación militar inglesa de 1833.

    Comerciante

    Toda la trayectoria conocida de Jones lo muestra como un empresario marítimo, no como un actor político ni militar. Tras sus viajes con El Rastrero, continuó participando en emprendimientos comerciales vinculados a la Patagonia, incluso asociándose con otros comerciantes del período.

    Algunas de sus expediciones terminaron en naufragios y pérdidas, algo habitual en una actividad riesgosa y sin respaldo estatal. Aun así, su figura aparece reiteradamente en documentos locales, lo que refuerza su condición de vecino conocido y tolerado por las autoridades.

    La continuidad de la actividad económica de Enrique Jones después de 1813 puede seguirse con bastante precisión en los registros del período. En 1814, su nombre aparece asociado al naufragio de la goleta Bella Elisa (o Lovely Eliza) en el golfo San Jorge, cuando la nave se dirigía hacia la Patagonia en una nueva expedición vinculada a la pesca de lobos marinos, un episodio que ilustra tanto la persistencia de Jones en el negocio como los riesgos extremos de esa navegación. Lejos de retirarse, en 1815 volvió a emprender viajes comerciales, esta vez en sociedad con otros comerciantes, entre ellos Carleton Allsopp, operando embarcaciones como el bergantín Antílope en tareas combinadas de pesca y transporte marítimo.

    Al año siguiente, en 1816, amplió aún más el alcance de sus operaciones, participando en expediciones que incluían el traslado de caballos y peones a la Patagonia para la captura de ganado cimarrón, una actividad complementaria destinada a abastecer y sostener las tripulaciones de los buques loberos. En ese mismo entramado de negocios, Jones se integró en sociedades comerciales con otros empresarios y colonos de la región, entre ellos Luis Vernet, figura que años más tarde tendría un rol central en los intentos de colonización y regulación de la pesca en las Islas Malvinas, lo que vuelve a situar a Jones dentro de un circuito económico plenamente inserto en la órbita rioplatense y previo a cualquier pretensión británica sobre el archipiélago.

    La conversión religiosa y el arraigo porteño

    El 11 de abril de 1817, Enrique Jones firmó un acto de reconciliación con la Iglesia Católica Romana en la entonces Catedral de Buenos Aires. Allí declaró:

    • ser protestante,
    • haber nacido en Londres,
    • ser hijo legítimo de Guillermo Jones y María Tildesley.

    El motivo era claro y habitual en la época: contraer matrimonio con una mujer católica porteña.

    El 1.º de mayo de 1817, Jones se casó con Bonifacia Falcón Martínez Fontes, su primera esposa. Este paso marca un punto de inflexión: Jones deja de ser solo un comerciante extranjero y se integra formalmente a la sociedad local.

    Tras quedar viudo, Enrique Jones volvió a casarse, esta vez con María Isabel de Elía Warnes, también porteña. Con ella tuvo descendencia en Buenos Aires que llega hasta nuestros días, consolidando su arraigo definitivo.

    Este dato es clave para entender su figura: Jones no regresó a Inglaterra, no fue un aventurero ocasional y no actuó como emisario de ningún poder colonial. Su vida familiar, su descendencia y sus vínculos sociales quedaron en el Río de la Plata.

    Tal vez nacido en Londres, británico sin dudas, reconoció al Estado argentino en formación, se convirtió al catolicismo para casarse, formó familia en Buenos Aires y desarrolló su actividad económica bajo reglas locales.

    Cuando Gran Bretaña ocupó Malvinas en 1833, Enrique Jones llevaba años de vida porteña, matrimonios locales y descendencia argentina. Su pedido de 1813 queda así como una prueba documental previa, incómoda y concreta, de que las islas eran administradas desde Buenos Aires y reconocidas como tales incluso por súbditos británicos.

    Fuentes y bibliografía consultadas

    • Archivo General de la Nación (Argentina)
      Solicitud presentada por Enrique (Henry) Jones ante el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata para que el bergantín El Rastrero pueda dirigirse a las Islas Malvinas y costas del sur con fines de pesca lobera, 30 de enero de 1813.
    • Registros parroquiales de Buenos Aires
    • Harambour, Alberto
      Lobos, pieles y capitales. La economía lobera en el Atlántico Sur (siglos XVIII y XIX).
      Publicaciones académicas sobre la explotación lobera en Patagonia y el Atlántico Sur.
    • Destéfani, Laurio H.
      Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur: antecedentes históricos y jurídicos.
      Análisis documental sobre la administración rioplatense previa a 1833.
    • Bonicatto, Carolina; Canclini, Arnoldo
      Estudios sobre comerciantes y navegantes extranjeros en Buenos Aires durante el período revolucionario.
    • CONICET – Repositorio Digital
      Trabajos académicos sobre la pesca lobera, comerciantes británicos y circuitos económicos en la Patagonia oriental y el Atlántico Sur durante las primeras décadas del siglo XIX.
    • Observatorio Malvinas – Universidad Nacional de Lanús
      Compilaciones documentales y análisis históricos sobre soberanía argentina en Malvinas y antecedentes administrativos previos a la ocupación británica de 1833.

     

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