Si la democracia no ofrece respuestas… como debe ser nuestra democracia?
Dentro de las comunidades hay sujetos que hablan y se los escucha. Nos hablan de un contenido con el fin de representarnos, hablan en una voz colectiva de un horizonte común que ordena la dirección y el desarrollo de la ciudad (la sociedad cada cuatro años puede cambiar a sus representantes por elección directa del Poder Ejecutivo y Concejo Deliberante, además del tribunal de Revisores de Cuenta).
En ciertos períodos, surgen de manera válida (y a veces espontánea), algunas personas de la comunidad que toman las redes sociales y emiten opiniones. Todos los que tenemos acceso a la tecnología lo podemos hacer. Logrando generar o provocar una repercusión muy grande a nivel colectivo. Ya que generar un contenido tiene mucho interés y estima por parte del resto de la gente, y en principio genera identificación.
Si éste mensaje trasciende las redes (más allá de lo que hagan los medios y la gente con éste contenido), lo importante es que se haya generado, superado y mutado a otro canal de comunicación. Que un vecino tome la palabra y hable es importante.
Lo que es importante para la comunidad es éste hecho, no menor. Esto debe ser interesante para las personas que consideren que tienen algo para decir. Mas concreto aún, que puedan identificar un horizonte colectivo superador y que puedan comunicarlo. Que lo propongan y que puedan superar ese gesto de catarsis, acertada o no…. en como y qué haya expresado. Lo que es un hecho es que tienen la atención de toda la comunidad de redes y deberían saber capitalizarlo.
Las redes aportan inmediatez y una voz instantánea, sin intermediarios (………..). Si el mensaje es efectivo y el que habla tiene repercusión en la comunidad el tema que uno quiere instalar puede llegar a los medios de comunicación, los que citan literalmente las redes y los que generan contenido propio.
Sin una representación colectiva fuerte los mensajes terminan en las cafeterías virtuales. O seguirán alimentado las charlas de lo que debería ser, sin que esto tome rumbo o cuerpo concreto de nuestro horizonte colectivo (O alimentarán un poco el morbo local que busca temas nuevos como concurso de talento en la tv.).
Este punto de vista pensando en la coyuntura. Ahora, la pregunta si pretendemos continuidad en un programa de trabajo colectivo es como se están formando los futuros dirigentes…. o de que forma deberíamos formarlos.
La actividad en asociaciones civiles intermedias cubre una cuota importante en participación, Regina tiene a las más activas en Alto Valle con un alto nivel de organización, a pesar de las diferencias en cantidades de habitantes las ONG’s locales tienen gran participación ciudadana. Y desde estas instituciones se puede (se hace) operar y contribuir a un fin social preciso o tarea colectiva que tenga una estima grande por parte de la comunidad.
Las redes terminan generando o empujando hacia arriba aquello que lo alimenta, si son mensajes de inconformismo quedarán en ese tintero de la queja sin aportes. Si llegan en primavera, traerán un nuevo aliento y una revolución, estamos frente a las puertas de un cambio.
Imagen de portada: @ oinkmygod.com Texto: Esteban Vazquez
Milei volvió a reivindicar Malvinas y anunció sanciones contra empresas que operen allí, mientras acelera la base naval de Ushuaia. La historia de 1816 plantea una pregunta incómoda sobre la soberanía.
Por Roque Pérez para NLI
Bandera de Estados Unidos flamenado en Ushuaia (2024)
En 1816, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata decidieron romper formalmente con la monarquía española, había una cuestión que iba mucho más allá de la ruptura con Fernando VII. La independencia no podía significar simplemente dejar de obedecer a Madrid para comenzar a obedecer a otra capital. Por eso, diez días después de aquella declaración del 9 de julio, el Congreso de Tucumán incorporó una precisión que tiene una vigencia política sorprendente dos siglos más tarde: las Provincias Unidas serían una nación libre e independiente «del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli» y «de toda otra dominación extranjera». El agregado no fue decorativo ni una corrección de estilo. Pedro Medrano pidió incorporarlo expresamente para despejar los rumores sobre posibles proyectos destinados a colocar al nuevo país bajo la autoridad de otra potencia, en particular frente a las especulaciones relacionadas con Portugal.
Ese detalle histórico adquiere otra dimensión después del discurso que Javier Milei pronunció ayer en cadena nacional, en el que volvió a colocar la cuestión Malvinas en el centro de la escena política argentina. El Presidente anunció un endurecimiento de las sanciones contra las empresas que participen de proyectos de explotación de hidrocarburos en las islas sin autorización argentina y anticipó medidas destinadas a reforzar las capacidades defensivas en Tierra del Fuego, incluyendo la aceleración de la construcción de la Base Naval Integrada de Ushuaia. Según explicó, esa infraestructura debería convertirse en un polo estratégico para la presencia argentina en el Atlántico Sur.
La reivindicación de la soberanía argentina sobre Malvinas, por supuesto, no constituye ninguna novedad ni pertenece a un gobierno determinado: es una política de Estado respaldada por décadas de diplomacia argentina y por la propia Constitución Nacional. Lo que vuelve políticamente particular el discurso de Milei es el contexto internacional en el que aparece y la arquitectura de alianzas que el Gobierno construyó desde su llegada al poder. Porque mientras el Presidente vuelve a confrontar discursivamente con el Reino Unido por la ocupación de las islas, su estrategia geopolítica ha colocado a Estados Unidos en un lugar privilegiado, precisamente en materia militar, logística y estratégica.
La frase de 1816 que vuelve como una pregunta incómoda
La historia del agregado del 19 de julio tiene una fuerza simbólica difícil de ignorar. El Congreso no se conformó con declarar la ruptura con la Corona española. Quiso dejar escrito que la emancipación no habilitaba el reemplazo de una dependencia por otra. La documentación histórica conservada por el propio Estado argentino señala que aquella fórmula adicional buscaba sofocar los rumores sobre una eventual dominación extranjera, mientras otras reconstrucciones históricas explican que existían especulaciones sobre un posible sometimiento al rey de Portugal.
La idea de fondo era mucho más profunda que la disputa circunstancial entre distintas facciones políticas. Ser independiente significaba conservar la capacidad de decidir el propio destino, incluso cuando el escenario internacional obligara a negociar, establecer alianzas o convivir con potencias mucho más poderosas. San Martín, Belgrano y buena parte de los dirigentes de aquel proceso entendían que la emancipación debía ser continental y que la supervivencia de las nuevas naciones dependía, en buena medida, de no quedar sometidas a los intereses de las grandes potencias de la época. El propio Estado argentino reconoce que el Congreso de 1816 rechazó fórmulas intermedias que pudieran desembocar en alguna forma de protectorado.
Dos siglos después, la pregunta puede formularse de otra manera: ¿se puede hablar de soberanía plena sobre Malvinas mientras la estrategia para defender esa soberanía queda estrechamente asociada a una potencia extranjera?
No se trata de equiparar automáticamente una base militar contemporánea con un protectorado colonial del siglo XIX. Sería históricamente incorrecto. Una cooperación militar no implica por sí misma pérdida de soberanía. Pero sí resulta legítimo discutir qué intereses estratégicos persigue esa cooperación, quién define sus objetivos y qué margen conserva la Argentina para establecer una política autónoma en el Atlántico Sur.
Y ahí aparece un antecedente que resulta particularmente incómodo para el relato actual.
En abril de 2024, Milei había dicho que la instalación de una base estadounidense en Ushuaia constituía «el primer paso» para recuperar las Malvinas. En aquella oportunidad sostuvo que Estados Unidos era su aliado y vinculó explícitamente la presencia militar norteamericana en Tierra del Fuego con el reclamo argentino sobre las islas y la Antártida. También había destacado la visita de la entonces jefa del Comando Sur estadounidense, Laura Richardson, y presentado la cooperación militar con Washington como parte de una estrategia de integración con Occidente.
La cuestión, entonces, no es solamente qué dijo Milei ayer sobre Malvinas. Es qué relación existe entre lo que dijo ayer y aquello que había dicho en 2024.
Malvinas, Trump y una oportunidad que no necesariamente es argentina
El otro elemento que vuelve especialmente significativo el discurso presidencial es Donald Trump. Apenas unos días antes, el mandatario estadounidense había dejado abierta la posibilidad de revisar la posición de Washington frente a la cuestión Malvinas. Consultado en el Salón Oval sobre si Estados Unidos podía modificar su postura histórica, Trump respondió que revisa todas las posiciones y que esa era «solo una» entre muchas. No anunció un cambio concreto de política, pero dejó deliberadamente abierta una puerta.
El contexto importa. La declaración de Trump apareció en medio de sus fuertes presiones sobre el Reino Unido para que aumente su gasto militar y acompañe más decididamente la estrategia internacional de Washington. Por eso, una parte importante del análisis internacional interpreta la carta Malvinas no como un repentino descubrimiento de la causa argentina por parte de la Casa Blanca, sino como una herramienta de presión de Trump sobre Londres.
Y esto modifica considerablemente la lectura. Porque si Trump utiliza Malvinas como una ficha en su negociación con el Reino Unido, la causa argentina corre el riesgo de convertirse nuevamente en una pieza dentro del tablero estratégico de una potencia que tiene sus propios intereses globales.
Milei, naturalmente, puede considerar que esa circunstancia representa una oportunidad histórica. Y desde una perspectiva diplomática, cualquier modificación de la posición de una potencia como Estados Unidos puede resultar relevante para la Argentina. Pero existe una diferencia sustancial entre aprovechar una oportunidad internacional desde una posición autónoma y hacerlo subordinando la estrategia nacional a los intereses de quien ofrece esa oportunidad.
El problema se vuelve todavía más evidente cuando la misma potencia que eventualmente podría modificar su postura sobre Malvinas es presentada por el Gobierno argentino como su principal aliado estratégico y cuando la presencia militar estadounidense en Tierra del Fuego fue reivindicada por el propio Milei como parte del camino para recuperar las islas.
¿Contra Inglaterra con una mano y abrazados a Estados Unidos con la otra?
El discurso presidencial tiene, entonces, una paradoja difícil de esquivar. Milei endurece su posición frente a las empresas que explotan recursos naturales en Malvinas, cuestiona al Reino Unido y reivindica la soberanía argentina, pero al mismo tiempo acelera una infraestructura militar en el extremo sur cuyo desarrollo está inserto en una relación de cooperación estratégica con Estados Unidos.
Incluso las sanciones anunciadas ayer tienen un componente concreto que merece atención: el Gobierno apunta al proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por la británica Rockhopper y la israelí Navitas, y pretende ampliar las herramientas para impedir que empresas vinculadas con esa explotación puedan operar en territorio argentino. La decisión coloca nuevamente los recursos naturales del Atlántico Sur en el centro de la disputa, justamente cuando el petróleo de Malvinas empieza a adquirir una importancia económica y geopolítica cada vez mayor.
Pero la soberanía no se reduce a quién puede o no perforar un pozo. Soberanía también significa decidir con quién se establecen alianzas militares, qué fuerzas extranjeras participan de la arquitectura estratégica del territorio nacional, qué intereses se protegen y cuál es el grado de autonomía con el que se toman esas decisiones.
Por eso la frase incorporada al Acta de Independencia en 1816 vuelve a resultar incómodamente actual. Aquellos congresales no escribieron solamente que querían dejar de pertenecer a España. Escribieron que no querían pertenecer a ninguna otra dominación extranjera. Y lo hicieron precisamente porque conocían el riesgo de que una revolución emancipadora pudiera terminar cambiando de dueño.
La Argentina del siglo XXI no es la Argentina de 1816 y Estados Unidos no es Portugal. Las circunstancias son completamente diferentes. Pero la pregunta de fondo conserva una vigencia extraordinaria: ¿para recuperar una parte de nuestro territorio nacional necesitamos apoyarnos militarmente en otra potencia extranjera?
Milei parece haber encontrado en Malvinas una causa capaz de recuperar una bandera política que durante buena parte de su gobierno había quedado relegada detrás de su alineamiento incondicional con Washington y de sus elogios a Margaret Thatcher. Ahora el Presidente habla de soberanía, sanciona empresas que explotan recursos en las islas y anuncia mayor presencia argentina en el Atlántico Sur.
Pero justamente por eso la discusión merece ser mucho más profunda que una consigna. Malvinas no puede convertirse en una bandera que se agita contra Londres mientras se entrega el mapa estratégico del Atlántico Sur a Washington. Defender la soberanía argentina sobre las islas implica, también, discutir la soberanía sobre el territorio continental, los recursos naturales, el mar, la Antártida y las decisiones estratégicas que afectan a toda la región.
En 1816, los hombres reunidos en Tucumán entendieron que la independencia no consistía en elegir cuál sería la próxima potencia a obedecer. La independencia consistía en no tener amo. Dos siglos después, esa diferencia sigue siendo demasiado importante como para dejarla flotando en una cadena nacional.
Para la solución de una problemática social es necesario tener una mirada crítica sobre la comunidad para detectar el conflicto, pero a la vez es preciso sentir el deseo de servir para solucionarlo. Es necesario tener un pensamiento analítico para encontrar esa solución, pero también hay que ser pragmático para que la idea no sea…
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El gobierno resolvió acelerar con el impulso a la reforma política en el Congreso, después de la reunión de mesa política de este martes en Casa Rosada, tal como anticipó LPO en exclusiva.
Los libertarios terminaron de definir este fin de semana que avanzarían con la eliminación de las PASO, algo que estaba en duda en el oficialismo hasta el viernes. La incertidumbre de un sector del gobierno no solo se basaba en la dificultad de juntar el apoyo entre los aliados en el Senado sino también por temor a la posibilidad de que la oposición termine dando un batacazo electoral en las elecciones generales de 2027 y no quede espacio para la recuperación política.
En medio de ese debate interno, Patricia Bullrich había anunciado durante la última sesión que la bancada de LLA impulsaría el tratamiento de la reforma en la segunda semana de septiembre. Como reveló LPO, la ocurrencia de la jefa de bloque no había sido siquiera discutida con sus colegas del oficialismo pero sirvió para salir al cruce de la moción de preferencia que reclamó para un pronto tratamiento de Ficha Limpia la chubutense Edith Terenzi, quien responde al gobernador Ignacio Torres.
La iniciativa de reforma política que mandó el Poder Ejecutivo al Congreso incluye la eliminación de las PASO pero también modifica el financiamiento de los partidos, la publicidad en campaña y Ficha Limpia. Los dialoguistas, sin embargo, plantearon desde hace meses a Bullrich que quieren «llevarse, al menos, un triunfo para mostrar en las provincias» con el proyecto que prohíbe la participación a los dirigentes políticos que hayan sido condenados por algún delito.
La voluntad de acelerar el trámite legislativo se produjo, curiosamente, cuando Martín y Lule Menem barajaban la posibilidad de que se llegara a un acuerdo para suprimir las primarias recién en diciembre. «Se está trabajando con los gobernadores para ir llevando al trote la conversación y desembocar en un acuerdo amplio», dijo a LPO una fuente libertaria.
Ese entendimiento comprendería tanto la reforma política como la discusión sobre la ley de medidas económicas, que contempla el subsidio para zonas frías, más la compensación que pedían las provincias del norte para zonas cálidas y hasta el Presupuesto 2027, que todavía no fue presentado.
Ya sé que las fuentes dicen, y que chequearon con coso y la mar en coche, pero para que se convoque a una reunión de comisión hace falta un memo de convocatoria. Mañana lo hacemos. Buen martes a todos.
Bullrich reiteró que apuraría la discusión al salir de la Casa Rosada, algo que causó malestar en la tropa libertaria del Congreso. De hecho, el fueguino Agustín Coto, presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales y responsable de convocar al tratamiento del proyecto de reforma, se despachó con un posteo irónico en X: «Ya sé que las fuentes dicen, y que chequearon con coso y la mar en coche, pero para que se convoque a una reunión de comisión hace falta un memo de convocatoria. Mañana lo hacemos. Buen martes a todos», escribió.
En el gabinete de Milei, aseguran que para octubre contarían con la sanción de la eliminación de las PASO, un cálculo tan audaz como peligroso en un contexto de fragmentación y liquidez política. Cerca de Bullrich precisaron que «la semana que viene se empieza a analizar y trabajar en el tema de Reforma Política, a intercambiar propuestas».
CAPÍTULO 1 En la fábrica hay una sola oficina. Se llega subiendo la única escalera a la vista de todos. La oficina está vacía casi siempre. El patrón no va seguido. No es necesario. En la antesala de la oficina hay un escritorio para Rubén, el encargado. Que no es dueño pero bien que le…