[Audio] Loteo Leda: Reclamo de los vecinos – Respuesta del Municipio

En la redacción del día de hoy en Periódico La Comuna; los vecinos manifestaban que en cercanías al loteo Leda; ubicado en Villa Alberdi se generó un foco de infección con el que deben convivir desde hace varios días.

Ya no se puede soportar, es un verdadero foco de infección, especialmente para los chicos

Manifestó una vecina a LCR

Durante el desarrollo de esta mañana el municipio lanzó un comunicado a los medios en respuesta a la inquietud de los vecinos. Compartimos el audio de Francisco Lucero desde la Secretaría de Obras Públicas del Municipio de Villa Regina:

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  • Kicillof hace pie en Santa Fe de la mano de intendentes peronistas y ex funcionarios de Perotti

     

     El gobernador bonaerense habló por videollamada en un encuentro organizado por Iván Camats, ex funcionario provincial durante el gobierno de Omar Perotti. El armado de Movimiento Derecho al Futuro se apoya en jefes comunales del sur provincial que prescindieron de Agustín Rossi y del ex gobernador.

    En este marco, anunciaron el desembarco del kicillofismo en Santa Fe con un acto que reunió a intendentes, presidentes comunales y ex funcionarios del perottismo, un movimiento que busca construir volumen propio en la provincia detrás de una posible candidatura nacional del gobernador de Buenos Aires.

    El encuentro fue organizado por Iván Camats, ex intendente de Máximo Paz y ex funcionario del gobierno de Omar Perotti. El anfitrión fue el presidente comunal de Fighiera, junto a una decena de dirigentes territoriales del sur santafesino, entre ellos el intendente de Carcarañá, concejales de Cañada de Gómez y Teodelina y varios jefes comunales de la región.

     El armado se apoya en dirigentes con pasado reciente en el perottismo, en el entorno de Kicillof dejan trascender que el armado pretende evitar dirigentes con varias derrotas en la espalda o con problemas judiciales. 

    Desde la provincia de Buenos Aires llegaron el ministro de Seguridad Javier Alonso y otros funcionarios del gabinete bonaerense mientras que el gobernador Axel Kicillof participó por videollamada. El jefe de Gabinete Carlos Bianco había prometido su asistencia, pero se demoró en una actividad en Pergamino, explicaron a LPO fuentes al tanto del evento.

     [El peronismo se une contra el plan de Pullaro de aumentar la edad jubilatoria de estatales

    Si bien, el armado se apoya en dirigentes con pasado reciente en el perottismo, en el entorno de Kicillof dejan trascender que el armado pretende evitar dirigentes con varias derrotas en la espalda o con problemas judiciales. Sin dar nombres, aluden a las principales figuras del peronismo provincial.

    El desembarco del kicilofismo en Santa Fe ocurre en momentos en que el PJ local empieza a desperezarse. En la Legislatura mostró señales de reunificación parlamentaria para frenar el plan de Pullaro que pretende modificar la edad jubilatoria por decreto si hay cambios a nivel nacional. Esa foto de bloque unido fue leída como un intento de recomponer volumen opositor después de los últimos resultados electorales.

    Sin embargo, debajo de esa aparente unidad persisten tensiones profundas. La enemistad entre Perotti y el senador Armando Traferri marcó buena parte del último tramo de la gestión anterior y dejó heridas abiertas en el PJ provincial.

     En las últimas semanas circuló el rumor en la capital provincial de que Perotti, Traferri y Agustín Rossi habrían retomado contactos para limar diferencias, empezar a elaborar una opción competitiva para el año próximo y acercar a la mesa chica a Juan Monteverde, el dirigente mejor posicionado en Rosario 

    En Rosario, además, sectores del peronismo vienen empujando la idea de un candidato a gobernador del sur para disputar la interna de 2027 y evitar una nueva centralidad del ex gobernador. En ese esquema mencionan como posible candidato a Diego Giuliano, del Frente Renovador y ex ministro de Transporte de Massa.

    Diego Giuliano

    En ese tablero se inscribe el desembarco kicillofista. Un dirigente peronista que conversa con todos los sectores admitió a LPO que algunas encuestas recientes muestran a Perotti en niveles similares e incluso por encima de Pullaro en determinados escenarios. «Estando en silencio, la campaña se la está haciendo Pullaro», repite el rafaelino en su entorno.

     [El peronismo de Rosario empuja a un candidato a gobernador del sur para enfrentar a Perotti en la interna de 2027]

    La misma fuente sostiene que en las últimas semanas circuló el rumor en la capital provincial de que Perotti, Traferri y Agustín Rossi habrían retomado contactos para limar diferencias, empezar a elaborar una opción competitiva para el año próximo y acercar a la mesa chica a Juan Monteverde, el dirigente mejor posicionado en Rosario.

    En ese marco, el acto de Fighiera puede leerse como un primer mojón de construcción territorial para Kicillof, pero también como un movimiento de timing discutible. Si el peronismo santafesino termina ordenándose detrás de un candidato de unidad, el espacio del gobernador bonaerense tendrá poco margen para mantener una línea autónoma.

     

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    Ramón Carrillo: el médico que quiso curar la pobreza y terminó perseguido por haber puesto la salud en manos del Estado

     

    Nacido el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero, Ramón Carrillo fue el cerebro sanitario del primer peronismo. Desde el Ministerio de Salud impulsó una revolución en hospitales, campañas sanitarias y medicina social que cambió la historia argentina. Pero su proyecto de salud pública chocó de frente con los intereses de las élites médicas, económicas y políticas. El resultado fue una campaña de odio que buscó borrar su legado.

    Por Walter Onorato

    El 7 de marzo de 1906 nació en Santiago del Estero un médico que cambiaría para siempre la historia sanitaria argentina. Ramón Carrillo no fue simplemente un funcionario más dentro del engranaje estatal: fue el arquitecto de una de las transformaciones más profundas del sistema de salud del país y, al mismo tiempo, uno de los blancos predilectos del odio político que desató el antiperonismo después de 1955.

    Neurocirujano prestigioso, formado en la Universidad de Buenos Aires y con reconocimiento académico internacional, Carrillo parecía destinado a una carrera científica brillante y tranquila. Sin embargo, eligió un camino mucho más incómodo: llevar la medicina al terreno de la política y convertir la salud pública en un derecho social.

    Ese giro se produjo cuando conoció a Juan Domingo Perón en el Hospital Militar Central en 1944. Perón quedó impactado por el pensamiento del médico santiagueño, que sostenía una idea radical para la época: las enfermedades no podían comprenderse sin analizar las condiciones sociales en las que vivía la población.

    Cuando Perón asumió la presidencia en 1946 lo convocó para dirigir la Secretaría de Salud Pública. Tres años más tarde, al elevar ese organismo al rango ministerial, Carrillo se convirtió en el primer ministro de Salud de la Argentina.

    Desde ese lugar desplegó un proyecto sanitario que rompía con décadas de abandono estatal. Hasta entonces, gran parte del sistema de salud argentino estaba basado en hospitales de beneficencia o instituciones privadas, donde el acceso dependía muchas veces de la caridad y no de un derecho garantizado.

    Carrillo propuso lo contrario: construir un sistema sanitario nacional que llegara a todos los rincones del país.

    Su programa partía de un principio que hoy parece obvio, pero que en aquel momento era profundamente disruptivo. “No puede haber política sanitaria sin política social”, sostenía. Para él, las enfermedades no eran meramente problemas biológicos sino el resultado de condiciones estructurales como la pobreza, la mala alimentación, la falta de vivienda digna o la ausencia de agua potable.

    Bajo esa lógica impulsó una política sanitaria integral que combinaba infraestructura hospitalaria, prevención, campañas de vacunación y educación sanitaria.

    El impacto fue inmediato.

    Durante su gestión se construyeron decenas de hospitales en todo el país y se multiplicó la cantidad de camas hospitalarias disponibles. Entre 1946 y 1951 se levantaron más de veinte grandes hospitales con unas veintidós mil camas nuevas, algo inédito en la historia sanitaria argentina.

    La expansión hospitalaria estaba acompañada por una red de institutos especializados y centros de atención que buscaban llevar la medicina a regiones que durante décadas habían estado completamente abandonadas por el Estado.

    Pero Carrillo no se conformó con levantar edificios.

    Su proyecto también incluyó campañas sanitarias masivas contra enfermedades que habían sido históricamente endémicas en la Argentina. El paludismo, por ejemplo, fue prácticamente erradicado en pocos años gracias a un agresivo plan de control epidemiológico.

    También se redujo drásticamente la mortalidad por tuberculosis y se combatieron epidemias como el tifus y la brucelosis. Las campañas de vacunación y los programas de prevención comenzaron a instalar una idea novedosa: la salud no debía limitarse a curar enfermedades, sino a evitar que aparecieran.

    Los resultados se reflejaron en los indicadores sanitarios. La mortalidad infantil descendió de manera significativa durante la década peronista y las tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas cayeron de forma notable.

    Carrillo también impulsó iniciativas innovadoras para la época, como el Tren Sanitario, que recorría el país llevando atención médica, análisis clínicos y radiografías a poblaciones rurales que nunca habían tenido acceso a un médico.

    En paralelo promovió la producción estatal de medicamentos a través de una empresa pública destinada a garantizar remedios a bajo costo. La lógica era simple pero profundamente disruptiva: la salud no podía quedar subordinada a la lógica del mercado.

    Muchas de estas políticas se articularon con la Fundación Eva Perón, que construyó policlínicos, hogares para ancianos y centros sanitarios en todo el país. Mientras el Ministerio de Salud diseñaba la política sanitaria, la fundación ampliaba la red de asistencia social.

    El resultado fue una expansión sin precedentes del acceso a la atención médica para los sectores populares.

    Pero ese mismo proyecto que transformaba la salud pública generaba resistencias cada vez más fuertes en determinados sectores del poder.

    La derecha argentina nunca le perdonó a Carrillo tres cosas.

    La primera fue su convicción de que el Estado debía intervenir activamente en el sistema sanitario. Su modelo chocaba con los intereses de sectores médicos ligados a la práctica privada y con empresas que veían en la salud un negocio.

    La segunda fue su identificación política con el peronismo. Carrillo no era un técnico neutral: era un funcionario comprometido con un proyecto de justicia social que buscaba ampliar derechos para las mayorías.

    La tercera razón del rechazo fue más profunda. Su concepción de la medicina desafiaba directamente la estructura social argentina. Al afirmar que la enfermedad estaba ligada a la pobreza, Carrillo señalaba una verdad incómoda: la salud no podía resolverse sin transformar las condiciones de vida.

    Ese enfoque convertía la política sanitaria en una herramienta de transformación social.

    Cuando el golpe militar de 1955 derrocó a Perón, el nuevo régimen inició una ofensiva sistemática contra todo lo que oliera a peronismo. Carrillo, como uno de los símbolos del proyecto social del gobierno depuesto, quedó inmediatamente en la mira.

    Muchos de los proyectos sanitarios que había impulsado fueron abandonados o desmantelados. Obras hospitalarias quedaron inconclusas y programas de prevención se desarticularon.

    La persecución política y el clima hostil lo empujaron al exilio. Carrillo se instaló en Brasil, donde murió en 1956, apenas un año después del golpe.

    Murió lejos de su país, enfermo y prácticamente olvidado.

    Durante décadas su nombre quedó relegado en la historia oficial, víctima de la misma lógica de borramiento que el antiperonismo aplicó a buena parte de las políticas sociales del primer peronismo.

    Sin embargo, el tiempo terminó colocando su figura en el lugar que le corresponde.

    Hoy Ramón Carrillo es reconocido como uno de los grandes fundadores del sanitarismo argentino. Su visión de la salud como derecho social anticipó conceptos que décadas más tarde se convertirían en principios fundamentales de la salud pública moderna.

    La paradoja es evidente.

    El médico que dedicó su vida a demostrar que la enfermedad no puede separarse de la injusticia social terminó convertido en un enemigo político por haber intentado curar algo más profundo que las dolencias del cuerpo: la desigualdad estructural de la sociedad argentina.

     

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