En la redacción del día de hoy en Periódico La Comuna; los vecinos manifestaban que en cercanías al loteo Leda; ubicado en Villa Alberdi se generó un foco de infección con el que deben convivir desde hace varios días.
Ya no se puede soportar, es un verdadero foco de infección, especialmente para los chicos
Manifestó una vecina a LCR
Durante el desarrollo de esta mañana el municipio lanzó un comunicado a los medios en respuesta a la inquietud de los vecinos. Compartimos el audio de Francisco Lucero desde la Secretaría de Obras Públicas del Municipio de Villa Regina:
Mientras el Gobierno insiste con el discurso del ajuste, el equilibrio fiscal y la motosierra, el proyecto de Ley de Presupuesto 2026 incluye una partida millonaria para remodelar y mantener la residencia oficial argentina en Washington. No se trata de un consulado ni de un edificio de atención pública, sino de una vivienda de representación política, ubicada en uno de los barrios más caros de la capital estadounidense.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
El Presupuesto 2026, presentado como una hoja de ruta guiada por el “equilibrio fiscal” que impulsa Milei como ancla inflacionaria, vuelve a exhibir sus contradicciones. Entre recortes, prórrogas y reasignaciones que afectan áreas sensibles del gasto público, aparece una de esas perlitas que no pasan desapercibidas: una obra millonaria en el exterior, financiada por el Estado argentino, en plena era del ajuste permanente.
La iniciativa figura en el artículo 11 del proyecto, que habilita la contratación de obras y adquisiciones con incidencia en ejercicios futuros. Allí se incluye el proyecto 40, denominado “Remodelación y mantenimiento de la Residencia oficial en Washington”, bajo la órbita del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, dentro del Programa 2: Acciones Diplomáticas y Relaciones Internacionales.
Millones para una residencia, no para la comunidad
Según el texto presupuestario, el costo total de la obra asciende a 9.429 millones de pesos, equivalentes a unos 6,4 millones de dólares al tipo de cambio actual. El gasto está planteado como un esquema plurianual que se extenderá entre 2026 y 2028.
Para el ejercicio 2026 se prevé una partida inicial de 5.388 millones de pesos, destinada a bienes de uso, lo que representaría un avance físico del 57,14% del proyecto. En 2027 se sumarían 3.852,4 millones de pesos, alcanzando un progreso acumulado del 98%, y finalmente en 2028 se asignarían 188,6 millones de pesos para completar el 100% de la obra.
Sin embargo, los fundamentos del Presupuesto no detallan los alcances concretos de la remodelación, ni desagregan los costos, los plazos específicos o las etapas técnicas del proyecto. Tampoco se explicita si la cifra corresponde a un único contrato o a varias intervenciones sucesivas. El número aparece consolidado, sin mayor desarrollo ni información pública complementaria.
Sin informes, sin urgencias, sin explicaciones
Desde la Cancillería no se difundieron informes oficiales que expliquen el estado edilicio actual del inmueble ni la supuesta urgencia de una intervención de esta magnitud. No hay antecedentes recientes de advertencias sobre riesgos estructurales, incumplimientos normativos o situaciones de emergencia que justifiquen un desembolso millonario en dólares.
Por el contrario, todo indica que se trata de gastos mayormente estéticos o de puesta en valor, en una residencia destinada exclusivamente a la representación política del país en Estados Unidos. Nada de atención consular, nada de servicios a la comunidad migrante, nada de funciones públicas directas.
A esto se suma un problema adicional: los mecanismos de control. Las obras en el exterior presentan dificultades extra para el seguimiento administrativo y la auditoría. Contrataciones, proveedores y certificaciones suelen regirse por una combinación de normativa argentina y regulaciones locales. Sin información pública detallada, el control queda limitado a organismos que ya operan con recursos recortados.
Antecedentes: la remodelación macrista
No es la primera vez que la residencia oficial en Washington aparece en el Presupuesto. En 2016, durante el gobierno de Mauricio Macri, se incluyó una partida de 3,5 millones de dólares para la “Remodelación Embajada y Residencia en Washington – Etapa II”.
En aquel entonces, el presupuesto contemplaba un monto base de 2.964.000 dólares, más un adicional del 20% para cubrir eventuales variaciones de costos. Esa previsión generó polémica, ya que la inflación acumulada en Estados Unidos durante 2015 había sido de apenas 1,5%, lo que ponía en duda la justificación de semejante margen extra.
Desde la propia embajada argentina explicaron en ese momento que los fondos se destinarían a reformas estructurales: instalaciones eléctricas, redes de agua y cloacas, calefacción, tratamiento de humedades en cimientos, reparación integral de techos y puesta en valor general del edificio. También se argumentó que no se habían realizado obras en la residencia oficial desde la década del 60.
Un barrio top, precios que incomodan
La residencia oficial argentina se encuentra en el exclusivo barrio de Dupont Circle, una de las zonas más cotizadas de la capital estadounidense. El inmueble fue originalmente construido para George Franklin Huff, congresista republicano de Pennsylvania, y diseñado en 1906 por el reconocido arquitecto Horace Trumbauer. El Estado argentino compró la propiedad en 1913, tras el fallecimiento de Huff.
Un relevamiento básico del mercado inmobiliario en la zona muestra que casas de características similares se ofrecen hoy por valores que oscilan entre 1,7 y 1,9 millones de dólares. Es decir, montos muy por debajo de los 6,4 millones de dólares que el Presupuesto 2026 proyecta gastar en la remodelación.
Ajuste para adentro, dólares para afuera
El contraste es evidente. Mientras el Gobierno ajusta jubilaciones, salarios, universidades y políticas sociales, no escatima recursos para mantener y embellecer una residencia de lujo en el exterior. Todo en nombre de un equilibrio fiscal que, una vez más, no parece aplicarse cuando se trata de los intereses y comodidades del poder.
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Si hay algo que Javier Milei ha logrado —más allá de polémicas, motosierras y epítetos virales en redes— es instalar una metáfora económica que, como buen chiste de vendedor de autos usados, suena pintoresca y eficaz: el “modelo bicicleta”. Esa máquina de dos ruedas que en la Argentina gira en el mismo lugar y siempre te lleva al mismo destino.
Por Tomás Palazzo para NLI
Una bicicleta que gira sin avanzar
En el argot financiero argentino, la bicicleta financiera no es un paseo campestre, sino un mecanismo de especulación que ha venido creciendo desde que Milei y su equipo impulsan altas tasas de interés y reglas que favorecen al carry trade —el “ir y volver” rápido de divisas para ganar jugosas tasas en pesos antes de regresar al dólar—. Este esquema permite que quienes tienen acceso a crédito y mercado cambien dólares por pesos, obtengan altos réditos y vuelvan a dólares con ganancias. El dilema es que no genera producción real, empleo ni infraestructura; alimenta un timba sin freno.
Para el Gobierno, ese crecimiento financiero es celebrable: “la economía estará volando”, afirmó Milei reiterando su convicción de que menos Estado significa más riqueza. La paradoja es que esa bicicleta rara vez lleva pan a la mesa del laburante promedio.
Cuando la metáfora se convierte en diagnóstico social
Mientras los números financieros puedan mostrar un PBI ligeramente favorecido por la intermediación especulativa, la economía real —la que produce bienes tangibles, empleo y salarios— sigue en terreno débil. Sectores industriales y comerciales vienen sufriendo bajas, con caída del empleo y cierre de locales, según comentarios de quienes viven día a día esa cruda realidad urbana.
Y hablando de calles, la otra bicicleta en la escena —el delivery— parece ser más tangible para muchos argentinos: más personas pedaleando para ganarse un mango a fin de mes que viendo crecer inversiones productivas. Si la economía fuera un paseo en bicicleta, mucha gente estaría en la vereda, sin casco, tratando de llegar a destino, mientras el Gobierno aplaude al ciclista de elite que pedalea en la pista VIP del circuito financiero.
La ironía del “milagro” económico
Los defensores oficiales se explayan en cifras macro: inflación descendiendo desde niveles inconcebibles, riesgo país más bajo y un sendero de equilibrio fiscal que, en teoría, deja atrás décadas de desequilibrios. Pero hay truco estadístico en la curva, porque hoy el pueblo sigue teniendo que pedalear cuesta arriba para llegar a fin de mes, con ingresos que no acompañan los precios y pobreza resistente aunque menores que en algún pico del año.
La “bicicleta” aquí funciona más como un simulacro de estabilidad: si el manillar está firme y las ruedas giran bien, todo parece en orden aunque el cuadro esté oxidado y las cubiertas gastadas. El modelo ha generado tinta digital —y debates encendidos— sobre si es sostenible o una ilusión contable que explota cuando la música se detiene.
Del mito a la calle
Al fin y al cabo, la bicicleta financiera mileista es como esos viejos triciclos con los que jugaban los pibes: puede hacer ruido, puede moverse, puede hasta dar vueltas… pero no siempre te lleva a ninguna parte que valga la pena. Mientras tanto, la otra bicicleta —esa de los trabajadores que cargan pedidos de supermercado o juguetes— sigue siendo mucho más real para millones de argentinos. En ese contraste se revela la fina ironía del momento: un modelo económico que presume estabilidad mientras muchos apenas pueden sostener el equilibrio.
¿Será hora de bajar de la bicicleta y exigir caminos que realmente conecten con la vida cotidiana? La respuesta todavía pedalea, con más fuerza en las calles que en los libros de economía.
La oposición volteó el crítico capítulo XI del presupuesto en la madrugada de este jueves y le asestó un durísimo golpe a Javier Milei, que estalló de furia cuando en el curso de la tarde le informaron que los gobernadores tenían los votos para rechazar el artículo 75, cuyo texto derogaba las leyes de aumento para las universidades y emergencia en discapacidad.
La sorpresa del oficialismo fue total, sobre todo porque descontaba que los gobernadores terminarían apoyando el proyecto después de haber regado a las provincias aliadas con ATN de forma deshinibida. Sin embargo, el radical Diógenes González, hombre de Gustavo Valdés, y la neuquina Karina Maureira, que responde a Rolando Figueroa, se plegaron a la oposición, mientras que el chaqueño Osvaldo Cipolini y el enterriano Darío Schneider terminaron absteniéndose, marcando un límite de Frigerio y Zdero a la Rosada.
Además, los tres representantes de Raúl Jalil y dos de Osvaldo Jaldo se acoplaron al peronismo y Provincias Unidas para abortar el capítulo polémico. Gustavo Sáenz y Hugo Passalacqua, por su parte, repartieron respaldos y rechazos entre sus siete legisladores de Innovación Federal. El tucumano Jaldo fue el único que anticipó su voto en un comunicado.
Menem puso en tratamiento los artículos fatídicos cerca de la 1:30 del jueves y la oposición juntó 123 votos contra 117 del oficialismo y los aliados, volteando así el articulado que borraba la ley de financiamiento universitario y emergencia en discapacidad. Ese articulado un grave error político del ministro Toto Caputo. De inmediato hubo pases de factura entre los negociadores del Gobierno: «Son unos cagones, no se animan a decirle que no a Toto», afirmó a LPO un asesor de los libertarios.
El oficialismo había llegado confiado al momento de la votación, a caballo de la moción que impuso Gabriel Bornoroni al inicio de la sesión para que se apruebe la ley capítulo por capítulo en vez de artículo por artículo. El objetivo era blindar el 75 porque, según comentaron fuentes parlamentarias a LPO, Milei amenazaba con vetar el presupuesto si la oposición barría esa parte del proyecto.
Ese artículo fue un grave error político de Caputo, en el gobierno son unos cagones, no se animan a decirle que no a Toto.
Entre los radicales del interbloque Unidos se jactaban de que el gobierno perdió tres veces este año contra las universidades y los discapacitados: las normas se aprobaron en ambas cámaras pero Milei las vetó, luego el Congreso insistió con dos tercios en Diputados y en el Senado pero Toto Caputo inventó el artículo 75 y ahora los legisladores enterraron la iniciativa del Ministerio de Economía.
Germán Martínez, jefe de la bancada peronista.
Ante la algarabía opositora, Menem intentó continuar con la votación del último capítulo de la ley pero Nicolás Massot pretendía introducir una serie de artículos al capítulo 11, tras el rechazo logrado. En medio del desconcierto, el riojano pidió un cuarto intermedio para reunirse con los presidentes de bloque.
Ya a la tarde en el Gobienro vieron que se complicaba y el ministro del Interior, Diego Santilli, desembarcó en la Cámara de Diputados junto a Lule Menem. El titular de la Cámara Baja, Martín Menem, llegó a ensayar una maniobra desesperada para trabar un acuerdo con Germán Martínez, como reveló LPO, para otorgarle un lugar a Pamela Caletti, diputada mandato cumplido que responde al salteño Gustavo Sáenz.
De esa manera, especulaban en el oficialismo en base a conversaciones avanzadas entre el riojano y el jefe de la bancada peronista, los legisladores que respondían a los gobernadores del norte y los de Provincias Unidas podían allanarse a votar el capítulo que iba desde el artículo 67 al 78.
Pasada la medianoche, el horizonte del gobierno empezó a ensombrecerse. De hecho, un diputado libertario admitió el vértigo: «estamos muy justos para el capítulo XI», dijo a LPO.
Se pasaron de angurrientos y perdieron, les volteamos todo el Capítulo 11.
Después del porrazo, un legislador del interbloque Unidos describió a Menem como «un boxeador que quedó grogui», en referencia al knock out.
Juan Grabois se despachó enseguida por Twitter. «Se pasaron de angurrientos y perdieron. Les volteamos todo el capítulo 11», se jactó, y agregó: «No pudieron derogar la actualización de la Asignación Universal por Hijo ni las asignaciones familiares. No pudieron derogar la ampliación del Régimen de Zonas Frías».
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