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ARGENTINA ES TOP DE CONSUMO DE BEBIDAS AZUCARADAS EN EL MUNDO

Por el consumo de bebidas azucaradas, más de 800 mil argentinos se enferman por año .

Argentina es uno de los principales consumidores de gaseosas del mundo. La mitad de nuestra hidratación está compuesta por bebidas que contienen grandes cantidades de azúcar. El consumo máximo de azúcar agregada por día no debe ser mayor a diez cucharaditas y tomando un vaso de gaseosa cubrimos más de la mitad de ese valor. Limitando el consumo de gaseosas y aumentando el consumo de agua segura prevenimos la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

Los adultos en Argentina consumen en promedio 85 litros de bebidas azucaradas por año que contribuyen con la epidemia de sobrepeso y obesidad, y anualmente provoca más de 800 mil casos de diabetes, enfermedades cardíacas, accidentes cerebro vasculares, asma y cáncer según una investigación liderada por el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS).

“El estudio es un llamado de atención para los países y refuerza la necesidad de implementar mecanismos que disuadan del consumo de estas bebidas, incluyendo una mayor carga impositiva, el etiquetado nutricional frontal, la modificación del entorno escolar y la prohibición de la publicidad”, afirmó Pichón-Riviere doctor en Medicina, magister en Ciencias y en Epidemiología Clínica de la Universidad de Harvard, director ejecutivo del IECS – institución académica vinculada a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA)- y uno de los investigadores principales del estudio.

Según la investigación, presentada de forma virtual, se le puede atribuir al consumo de ese tipo de bebidas 54.000 casos al año de enfermedades cardíacas, 29.000 accidentes cerebrovasculares, 34.000 problemas osteomusculares, 21.000 lesiones renales, 16.000 casos de asma y 9.000 de cáncer y otras patologías.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que el sistema de salud gasta $ 55.800 millones de pesos cada año para la atención de las enfermedades derivadas del consumo de bebidas azucaradas, lo que representa el 2,8% de lo que Argentina gasta en salud.

De ese total, 53.000 millones se destinan a tratar la diabetes, la enfermedad cardiovascular y renal, los trastornos musculoesqueléticos, el cáncer y otras patologías asociadas al consumo de bebidas azucaradas, y 2.800 millones al sobrepeso y la obesidad en niñez, adolescencia y adultez para ambos sexos.

El consumo de bebidas azucaradas constituye una fuente importante de calorías sin aportar otros nutrientes más que el azúcar que contienen. En nuestro país, el 66% de los adultos y el 33 % de los niños y niñas tienen sobrepeso u obesidad. Quienes son obesos en la niñez tienen un riesgo aumentado de serlo en edad adulta, así como de tener asma, y de sufrir discriminación y acoso escolar y familiar.

El sobrepeso y obesidad también aumenta durante el primer ciclo escolar, y en eso también influyen las bebidas que se ofrecen en esos ámbitos escolares. Tenemos que empezar a cambiar poco a poco los hábitos e implementar políticas desde el Estado.

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    Por Roque Pérez para NLI

    Un caso que estalló dentro del propio organismo

    La historia de Guillermo Arancibia comenzó a circular con fuerza en los pasillos de la Administración Nacional de la Seguridad Social cuando trabajadores del organismo denunciaron un uso irregular de la caja chica destinada a gastos institucionales. Según trascendió en distintas publicaciones periodísticas, entre ellas informes difundidos por Perfil y Minuto Uno, el funcionario habría justificado con fondos públicos la compra de alimentos y productos de consumo cotidiano, desde bebidas hasta yogures y barritas de cereal.

    El detalle, que podría parecer anecdótico si se lo observa aisladamente, terminó adquiriendo dimensiones políticas mucho más profundas. No solo por el carácter de los gastos, sino porque los mismos habrían sido respaldados mediante comprobantes y documentos oficiales firmados dentro del propio organismo, bajo el argumento de que se trataba de consumos vinculados a reuniones o actividades institucionales.

    Sin embargo, puertas adentro de la ANSES la interpretación fue otra. Para muchos trabajadores, el episodio se transformó rápidamente en un símbolo de los privilegios que sobreviven dentro del Estado incluso en momentos en que el gobierno habla permanentemente de austeridad.

    La bronca de los trabajadores y los afiches que lo expusieron

    La indignación interna no tardó en traducirse en un gesto visible. En distintos sectores del edificio central del organismo aparecieron afiches y mensajes que apuntaban directamente contra Arancibia. En esos carteles, que circularon entre empleados y terminaron trascendiendo públicamente, se lo acusaba de cobrar un salario elevado mientras utilizaba fondos institucionales para financiar consumos personales.

    La frase que más se repitió en esos carteles condensaba la bronca de quienes trabajan en el organismo: “ganás cinco palos y te comprás yogur con la caja chica”.

    Más allá del tono irónico, el episodio dejó expuesta una tensión profunda dentro de la ANSES. Mientras miles de trabajadores del sector público enfrentan congelamientos salariales, recortes presupuestarios y presión por reducción de gastos, algunos funcionarios parecen manejarse con criterios muy distintos a los que el propio gobierno proclama en su discurso público.

    El contexto del ajuste y el significado político del escándalo

    El caso adquiere una dimensión todavía más polémica si se observa el contexto general en el que ocurre. La Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) es el organismo encargado de administrar jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares y diversas políticas sociales que constituyen el principal ingreso de millones de argentinos.

    En ese marco, el gobierno de Javier Milei viene impulsando una política económica marcada por fuertes recortes del gasto público, licuación de ingresos previsionales y un discurso permanente sobre la necesidad de eliminar privilegios dentro del Estado.

    Sin embargo, episodios como el de Arancibia generan un contraste difícil de explicar. Mientras el relato oficial insiste en que el país necesita sacrificios para ordenar las cuentas públicas, aparecen situaciones que muestran cómo ciertos sectores del aparato estatal continúan operando con niveles de discrecionalidad que poco tienen que ver con la austeridad prometida.

    El problema, en definitiva, no es el precio de un yogur ni el costo de una barrita de cereal. El problema es quién paga esos consumos y bajo qué lógica se administran los recursos públicos en un organismo que maneja fondos destinados a jubilados y sectores vulnerables.

    De la polémica al ascenso

    Lejos de implicar un freno en su carrera dentro del organismo, la polémica no impidió que Arancibia siguiera consolidando su posición dentro de la estructura de la ANSES. Según distintas versiones periodísticas, el funcionario fue impulsado a un rol de mayor relevancia dentro del organismo previsional, lo que terminó alimentando aún más las críticas internas.

    Para muchos trabajadores, la señal política fue clara: las denuncias no generaron sanciones ni explicaciones públicas, y el episodio quedó reducido a un escándalo mediático sin consecuencias concretas dentro de la estructura estatal.

    Ese desenlace es precisamente lo que transformó el caso en un símbolo del doble discurso que rodea al gobierno libertario.

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    Sin embargo, episodios como el de Arancibia parecen mostrar que el problema no desapareció, sino que cambió de protagonistas. El relato anticasta convive hoy con prácticas que recuerdan demasiado a aquellas que el propio oficialismo decía combatir.

    En ese sentido, el caso del “yogur de la ANSES” terminó convirtiéndose en algo más que una anécdota administrativa. Para muchos dentro y fuera del organismo, funciona como una metáfora incómoda de la política argentina contemporánea: un Estado que exige sacrificios a millones de personas mientras algunos funcionarios continúan moviéndose con privilegios financiados con dinero público.

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    La meta anual de inflación del 10% que Milei y Toto Caputo presentaron en el Presupuesto 2026 que votó el Congreso ya fue superada en apenas tres meses.

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    «La evolución mensual confirma una dinámica ascendente que se venía observando desde junio de 2025 y que se intensificó con mayor fuerza en el último mes relevado», señaló el informe.

    Transporte y combustibles fueron determinantes en esta escalda, con un incremento de casi 20 puntos. Puntualmente, los combustibles registraron la suba más elevada (21,3%), a lo que se sumó la suba del boleto de colectivo, que superó el 15%.

    La nafta superó los 2.000 pesos el litro y empuja la inflación 

    Los servicios públicos, en tanto, mostraron un incremento del 14,5%, el mayor desde septiembre de 2024, mientras que los servicios personales subieron 6,5% y los servicios del hogar treparon 2,3%.

    La evolución mensual confirma una dinámica ascendente que se venía observando desde junio de 2025 y que se intensificó con mayor fuerza en el último mes relevado.

    «La presión inflacionaria no proviene de una sola fuente, sino de varios frentes simultáneos, especialmente en tarifas y prestaciones vinculadas al consumo cotidiano», agrega el informe.

    Dentro de Alimentos y Bebidas, el rubro de mayor peso dentro de la canasta, ocupó en marzo el tercer lugar en términos de incidencia, con subas en alimentos del consumo hogareño que superaron los 2 puntos, con especial incidencia en carnes.

    Ahí, se registraron incrementos fuertes de algunos cortes. Por caso, el asado tuvo un aumento del 9,3%.

     

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  • Fuerte operativo de saturación en el subte

     

    La Ciudad desplegó un fuerte operativo de saturación para reforzar la seguridad en el subte: esta tarde 1.000 policías se instalaron en estaciones y vagones. Es una medida de presencia policial intensiva para prevenir delitos y brindar más seguridad, especialmente en horarios de mayor circulación.

    Este primer paso continúa con el plan estratégico diseñado por el Ministerio de Seguridad porteño. Todos los días habrá más de 300 agentes cubriendo las 90 estaciones, desde las 5.30 hasta la medianoche, con refuerzos.

    «Reforzamos la seguridad en el subte como lo venimos haciendo en toda la Ciudad. Mantener el subte seguro, ordenado y prolijo, además de mejorar su tecnología, es parte de nuestro objetivo. Bajo tierra se mueven 800 mil personas por día y queremos que disfruten de esta Ciudad maravillosa», sostuvo el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, quien supervisó el operativo en la estación Diagonal Norte de la línea C. Estuvo acompañado por el Jefe de Gabinete, Gabriel Sánchez Zinny; el ministro de Seguridad, Horacio Giménez; el secretario del área, Maximiliano Piñeiro; y el presidente de SBASE, Javier Ibáñez.

    Esto es más presencia, más control y foco en las horas clave cuando más gente viaja. Estas acciones se dan en un contexto de baja del delito cercana al 30% en 2025, con mínimos históricos en robos y homicidios en la Ciudad desde que se cuenta con cifras oficiales.

    Jorge Macri agregó: «No vamos a retroceder un centímetro porque ésta es y seguirá siendo la Ciudad más ordenada para vivir en libertad. Queremos que la gente viaje cada vez más segura y con mayor tranquilidad. Para eso estamos reforzando la seguridad en el subte y también renovando las estaciones y cambiando los coches»

    Mientras tanto, en el plano de las mejoras, ya se pusieron en valor 18 estaciones: Congreso, Castro Barros, Lima, Loria, Acoyte y Río de Janeiro (de la Línea A); Pueyrredón, Pasteur-AMIA, Carlos Gardel y Uruguay (B); San Martín (C); Plaza Italia, Agüero, Bulnes, Facultad de Medicina, Scalabrini Ortiz y Palermo (D), y Jujuy (E), junto con paradores del Premetro.

    Tres siguen cerradas por obras: Piedras (A), Malabia (B) y Tribunales (D). El plan continuará en las estaciones Medrano y Gallardo (B), Lavalle e Independencia (C), y General Urquiza y Entre Ríos (E). También se encuentra en licitación la remodelación de Sáenz Peña, Alberti, Pasco (Línea A) y Dorrego (Línea B).

    Y están en proceso de fabricación 174 coches para la renovación completa de la Línea B y 50 que se van a agregar para las líneas A y C. Y en licitación la obra de la Línea F.

    El trabajo contra la inseguridad en la Ciudad es una prioridad en la gestión, con foco en el orden y la tranquilidad de los vecinos. En este sentido este año se destinará a la seguridad, eje central de la gestión, el 15,4% del presupuesto porteño 2026: son $2,6 billones.

    «Con decisión política y con el trabajo comprometido bajamos todos los delitos en la Ciudad y además ya recuperamos más de 600 propiedades que estaban usurpadas. Vamos a luchar sin descanso, siempre estaremos defendiendo a los porteños y a los ciudadanos de bien. La época del vale todo se terminó», agregó Jorge Macri.

     

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