|

Apocalipsis Thiel

“No hay nada encubierto que no vaya a ser descubierto, nada oculto que no vaya a ser revelado. Así pues, puedes dar por sentado que todo lo que has dicho en la oscuridad se oirá a plena luz del día, y lo que has susurrado a puerta cerrada se gritará desde las azoteas”.
Mateo 10: 26–27.

Peter Thiel combina dos cualidades que rara vez se dan juntas: la capacidad de imaginar un mundo y, al mismo tiempo, desarrollar los medios para producirlo. Este posee una formación filosófica que lo distingue de los demás miembros de la actual élite de supermillonarios provenientes del mundo tecnológico, aunque los tintes místicos que impregnan su discurso dificultan la comprensión de su pensamiento. 

La era de la despolitización

El texto clave en el que expuso su visión del mundo es “El momento straussiano”.[2] Sus referentes teóricos son René Girard (su maestro en Stanford), Carl Schmitt y Leo Strauss. Siguiendo a estos autores, cuestiona al racionalismo ilustrado que, orientado al dominio de la naturaleza, hizo que se dejaran de lado las preguntas fundamentales acerca del sentido de la existencia humana, lo que equivale a despojarnos de aquello que define nuestra condición, el logos, y a reducirnos a una condición meramente animal, que es la definición misma del Apocalipsis (según la Biblia, el reino de las bestias sobre los hombres).[3] En el ámbito de la filosofía política, el corolario de este racionalismo ilustrado es una visión ingenua sobre cómo poner fin a la violencia. La salida del estado de naturaleza, de la guerra de todos contra todos, se daría simplemente a partir de un acuerdo racional y la firma de un contrato que regulase, de manera pacífica, las relaciones sociales.

A esta visión le opone el planteo de Schmitt según el cual la forma de eliminar la violencia en la sociedad es expulsarla hacia el exterior. De hecho, la misma solo puede delimitarse en función de aquello que excluye. La instauración de ese límite es, para Schmitt, la esencia de la política, o más precisamente, de lo político, lo cual se articula en función de la antinomia amigo/enemigo.

Peter Thiel combina dos cualidades que rara vez se dan juntas: la capacidad de imaginar un mundo y, al mismo tiempo, desarrollar los medios para producirlo.

Sin embargo, esta solución ya no sería viable a partir de 1945, dado que, tras la entrada en la era nuclear, podía conducir al fin de la humanidad. Y esta imposibilidad se vería acentuada por la globalización. El borramiento de las distancias políticas y culturales haría que ya no hubiera verdaderamente un “otro” al cual enfrentarse. La exacerbación del antagonismo conduciría así a una “guerra civil global”, que es, para Thiel, la definición del Armagedón.

Partiendo de la evidencia etnográfica, Girard descubre un mecanismo más eficaz por el cual en las sociedades primitivas se lograría expulsar la violencia del seno de la comunidad: la víctima propiciatoria, el sacrificio ritual del chivo expiatorio. El fin de la guerra de todos contra todos se produciría, pues, convirtiéndola en una guerra de todos contra uno. Concentrar la violencia en un punto determinado evitaría su dispersión.

Sin embargo, para resultar eficaz, este mecanismo de la víctima propiciatoria no puede ser develado. Desde el momento en que se descubre, se destruye (en griego Apocalipsis significa, precisamente, revelación); es decir, debe pensarse que la víctima propiciatoria es efectivamente culpable. Esto es lo que habría ocurrido con el Cristianismo. La muerte de Cristo sería la revelación de ese mecanismo oculto tras el ritual de la víctima propiciatoria, con lo que este pierde ya su eficacia.

La exacerbación del antagonismo conduciría así a una “guerra civil global”, que es, para Thiel, la definición del Armagedón.

Thiel apela aquí a Leo Strauss, quien hizo de la distinción entre el discurso “exotérico” y el “esotérico” una de las claves de su pensamiento. Su discurso contiene siempre dos mensajes: uno explícito, accesible a todos, y otro velado, oculto, al que solo podrían acceder quienes posean formación filosófica. Si estas “cosas ocultas desde la fundación del mundo”, como reza el título de uno de los libros de Girard (los mecanismos de poder), se hiciesen públicas, dice, tendría un efecto disgregador de la sociedad.

Los “totalitarismos híbridos”

La imposibilidad de que, en el mundo contemporáneo, tanto la estrategia de escisión mediante la distinción entre amigo y enemigo como el mecanismo expiatorio resulten efectivos, para Thiel no solo hace resurgir el espectro del Armagedón, la violencia descontrolada, sino algo aún peor: la propia amenaza del Armagedón será de lo que se valdrá el Anticristo para imponer su dominio a nivel mundial. Thiel busca evitar ambos peligros (el Armagedón y la llegada del Anticristo). Llegado a este punto, apela a la figura paulina del katechon: aquel que demora la llegada del Anticristo dando tiempo al regreso del Mesías. La pregunta que surge aquí es: ¿quién es hoy el katechon y quién el Anticristo? Más precisamente, ¿cómo se traducen concretamente tales categorías en un modelo político? Si bien ese discurso velado que subyace a su discurso manifiesto se presenta bajo claves místico-religiosas difíciles de descifrar, las referencias conceptuales sobre las que se basa contienen claves que permiten aclarar el sentido de las categorías a las que apela y penetrar la lógica de sus razonamientos.

Thiel se define a sí mismo como libertario. Bien sabemos que los libertarios, cuyo principal representante es Murray Rothbard, proponen la llana eliminación del Estado; de allí el mote de “anarcocapitalistas”. Sin embargo, el pensamiento del tecnomagnate se vincula, a su vez, con otra corriente, surgida más recientemente y aun más radical, que se autodefine como “neorreaccionaria”. Sus principales ideólogos son Curtis Yarvin y Nick Land. Yarvin es actualmente asesor del vicepresidente J.D. Vance (ambos fueron colocados en sus respectivos puestos por Thiel) y aunque retoma ideas de Rothbard, se opone a él en el punto central: la necesidad de abolir el Estado. Por el contrario, aboga por una fuerte centralización política, la instauración de lo que llama tecnomonarquías. Lo que propone es la expansión de la lógica corporativa al conjunto de la sociedad, con un sistema de jerarquías que le es propio. Propone así la creación de microestados gobernados por CEOs de la misma manera en que dirigen sus empresas. En ellos no habría lugar para el disenso. El lema de los neorreaccionarios es “no voice, free exit”: si no te gusta el sistema en el que habitas, tu único derecho es el de abandonarlo.

El pensamiento del tecnomagnate se vincula, a su vez, con otra corriente, surgida más recientemente y aun más radical, que se autodefine como “neorreaccionaria”. Sus principales ideólogos son Curtis Yarvin y Nick Land.

Si bien Thiel no busca eliminar el Estado, tampoco intenta instaurar una tecnomonarquía. Su propuesta consiste en desglosar los ámbitos del poder en dos instancias diversas. Al poder legal, público, exotérico, que reina pero ya no gobierna —es decir, que se ve vaciado de sus funciones tradicionales—, le superpone un poder fáctico, velado, esotérico, situado al margen de los mecanismos de control social propios del sistema democrático. A esto le llama “poderes subsidiarios”. Los mismos no habrían de eliminar el poder político legal del Estado, sino que habrían de colonizarlo desde adentro y asumir aquellas funciones clave suyas, como la inteligencia y la vigilancia, e incluso el diseño de las políticas económicas.

A estos poderes subsidiarios les tocaría, en fin, asumir la tarea propiamente política de servir de núcleos articuladores de la sociedad. Y estos, en tanto que poderes privados, escaparían, de hecho, del ámbito público: no deberían rendir cuentas más que a sus contratantes. Por otro lado, y más importante, tales mecanismos de poder, aunque no lo excluyen, no podrían reducirse a aquello que, para Schmitt, constituía el acto propiamente político: definir un “otro” en oposición al cual el “nosotros” puede delimitarse y constituirse como tal. Desde el fin de la división mundial en bloques, también se ha perdido la figura del “otro” (el comunista). La aparición de la figura del “terrorista islámico” no puede cumplir ese rol dado que no tiene entidad política. A diferencia del comunista, el terrorismo islamista no representa una alternativa global al orden político occidental. La lucha contra él no se trataría ya de una disputa político-ideológica, sino de una cuestión meramente policial.

Yarvin propone la creación de microestados gobernados por CEOs de la misma manera en que dirigen sus empresas.

A falta de un antagonista, entonces, el cambio de régimen que se propone conllevaría una estrategia adicional que consiste en una transformación radical del modo en que estos poderes políticos subsidiarios habrían de relacionarse con la sociedad. Esto nos lleva a Nick Land. Retomando ideas de Gilles Deleuze y Felix Guattari en el Antiedipo, Land —conocido también como el fundador del “aceleracionismo” y la “ilustración oscura— afirma que la dinámica de desarrollo del capitalismo no conduce hacia la instauración de un orden, sino todo lo contrario: a la desarticulación de toda estructura y la fractura de todo código (Deleuze y Guattari lo llamaban “procesos de desterritorialización”). Para ello, se basa, a su vez, en el modelo cibernético de recursividad positiva, en el que las desviaciones del estado de equilibrio de los sistemas, producidas por su propia actividad, tienden a reforzarse dando lugar a su quiebre y al surgimiento de un nuevo orden de consistencia. Esto es lo que el Premio Nobel de Química Ilya Prigogine sintetizó con la expresión de “orden a partir de fluctuaciones” u “orden a partir del caos”. En este modelo, el caos y el orden dejan de ser términos contradictorios; están estrechamente vinculados entre sí.

Los “totalitarismos híbridos” difieren radicalmente de los totalitarismos clásicos en tanto no buscan la regimentación de la sociedad, crear un “orden total”, sino todo lo contrario: sembrar el caos y la anarquía en ella. Es lo que Steve Bannon, el jefe de asesores estratégicos de Trump, llama la “inundar la zona de mierda”; esto es, generar la confusión, especialmente a través de las redes, volviendo imposible distinguir entre la realidad y la ficción. Land lo designa con el término de hiperstición (supersticiones vueltas realidad) y Giuliano da Empoli, como el paso de una “política newtoniana” a una “política cuántica”.[5] Este mecanismo tiene así una doble valencia. Es, al mismo tiempo, el modo en que ese poder subsidiario se expresa y se oculta, se vuelve efectivo e inasible a la vez.

Si bien Thiel no busca eliminar el Estado, tampoco intenta instaurar una tecnomonarquía. Su propuesta consiste en desglosar los ámbitos del poder en dos instancias diversas.

Los “totalitarismos híbridos” yuxtaponen así dos lógicas de dominación opuestas, pero que en este contexto se retroalimentan y resultan mutuamente funcionales: el orden genera el caos y el caos se vuelve funcional al orden. Por un lado, esta nueva instancia “subsidiaria” de poder político (el tecnopoder) replica la estrategia de dominación de los totalitarismos clásicos, la lógica amigo/enemigo, delimitando aquello que el orden propuesto excluye de su ámbito (el ideario progresista, el islamista, etc.). Pero para Thiel esto ya no basta para frenar al Anticristo, es decir, no sirve como medio para solidificar la sociedad, por lo que debe complementarse con una estrategia de poder muy distinta y en un sentido opuesto. Esta nueva forma de ejercicio de poder “subsidiario” no vive de la eliminación del conflicto y las divisiones sociales, sino, por el contrario, de fomentarlos.

Una expresión ilustrativa del mismo principio es la actual política exterior estadounidense. En los países que invade no se busca instaurar un rígido poder colonial, sino sembrar la anarquía, como se vio en los casos de Afganistán o Irak. El caos resulta funcional a este nuevo tipo de orden internacional que se pretende implantar. De hecho, la fractura de los espacios nacionales y el estado de anarquía resultante abren las puertas a la instauración de enclaves en las regiones ricas en recursos naturales, custodiados por milicias privadas.

Este es, precisamente, el plan de Erik Prince, una suerte de brazo armado de Thiel. Fue el fundador de Blackwater, la fuerza irregular más grande del mundo que, como tal, goza de inmunidad por operar al margen de las leyes que regulan el accionar de los ejércitos nacionales. Actuó en Afganistán e Irak, aunque tuvo que disolverse luego del escándalo provocado por la llamada “masacre de Plaza Nisour” en Bagdad (donde murieron 17 civiles, incluyendo mujeres y niños), y fue reemplazada por Academi. Un ejemplo ilustrativo de las consecuencias de la difusión de la contratación de estas tropas irregulares es lo que ocurre ahora en Ucrania.

Los “totalitarismos híbridos” difieren radicalmente de los totalitarismos clásicos en tanto no buscan la regimentación de la sociedad, crear un “orden total”, sino todo lo contrario: sembrar el caos y la anarquía en ella.

Prince, por un lado, tiene vínculos con el grupo Wagner, que operó conjuntamente con Blackwater en Libia y hoy lucha al servicio de Vladímir Putin, aunque también está vinculado y tendría contratos con el gobierno ucraniano (Prince busca apropiarse de sus fábricas de drones). Estas tropas irregulares sirven, pues, a ambos bandos, luchando entre sí y sembrando a su paso la destrucción. Vemos aquí de qué hablamos cuando decimos que se busca sembrar la anarquía, de “inundar la zona de mierda”. No se trata simplemente de insultos en las redes.

La proyección internacional del modelo

En el contexto latinoamericano se puede ver cómo el caos y el orden se imbrican en un caso para nosotros más cercano: las elecciones de medio término del año pasado en Argentina. La derrota del gobierno en la provincia de Buenos Aires reavivó el espectro de que estallara nuevamente la economía. Frente a esto, el rescate del tesoro de Estados Unidos apareció como una salvación, aunque, también sabemos, no llegó sin condiciones. La amenaza implícita en él era que, si las listas oficialistas no ganaban la elección, Scott Bessent se desprendería de los bonos que había comprado generando un colapso económico.

Los “totalitarismos híbridos” yuxtaponen así dos lógicas de dominación opuestas, pero que en este contexto se retroalimentan y resultan mutuamente funcionales: el orden genera el caos y el caos se vuelve funcional al orden.

Lo que se desprende de allí es que, en este país, las elecciones libres ya no existen tal como las conocíamos. La democracia se ha vuelto una ficción. Esto que pasó ahora es, en realidad, algo que viene produciéndose desde hace tiempo, solo que esta vez no fueron “los mercados” los que operaron esta suerte de chantaje político, como preferiría Thiel, sino directamente el poder de Estado de una nación extranjera, que lejos de aparecer solapado, se manifestó de una manera obscena (exotérica).

Lo que ocurrió en Argentina, como decíamos, nos permite ver cómo el caos (en este caso, la precariedad del sistema económico local) resulta funcional al orden (el proyecto de un sistema de dominación mucho más severo y totalitario que todo lo conocido hasta ahora, y donde, en los hechos, el único gran elector es Bessent). Este nuevo régimen de poder es muy distinto a los que Foucault presentó en su curso sobre Seguridad, territorio y población[6], donde oponía la “teoría de la soberanía” (el poder del príncipe) al “arte del gobierno”. La primera era definida sintéticamente con la expresión “dejar vivir y hacer morir”; el segundo, en cambio, con la de “hacer vivir y dejar morir”. En estos “totalitarismos híbridos” cabría decir que ambos preceptos se conjugan de manera particular: “hacer vivir y hacer morir” (que es lo que resultaría en la Argentina con un colapso deliberado de la economía, como amenazaba el secretario del Tesoro estadounidense).

Esta nueva forma de ejercicio de poder “subsidiario” no vive de la eliminación del conflicto y las divisiones sociales, sino, por el contrario, de fomentarlos.

Ahora bien, el núcleo del proyecto neorreaccionario, cuyo vocero principal es Vance, tiene como objetivo último, en el plano internacional, trasladar esa misma lógica política a Europa, y su primer paso sería la disolución de la Unión Europea. Dos elementos se conjugan para darle visos de realidad a este proyecto. Por un lado, el retroceso de la economía europea en el concierto internacional (hoy el PBI combinado de los países de la Unión Europea apenas alcanza el 15% del PBI mundial), debido, principalmente, al crecimiento de Asia. También hay allí un factor que, aunque de manera más atenuada, opera de manera análoga al Estado de Israel en Medio Oriente como elemento desequilibrante del orden regional: la Rusia de Putin. Finalmente, esta política cuenta con la complicidad de sectores de la ultraderecha, como Călin Georgescu en Rumania, Viktor Orbán en Hungría y AfD en Alemania. Todos ellos coinciden en el objetivo de desmantelar la la Unión Europea, aunque parecen enfrentar graves obstáculos para lograrlo: Georgescu está preso, Orbán perdió las elecciones y parece difícil que AfD, aunque se convierta en primera minoría, pueda formar alguna alianza que le permita llegar al poder.

El discurso esotérico revelado

Recapitulando, lo que propone Thiel —lo que subyace detrás de su discurso explícito— es un régimen de dominación inédito y mucho más terrible a todo lo conocido, una distopía hecha realidad; esto es, un poder político omnímodo, que, por ser privado, opera oculto a la mirada pública y se dedica, a su vez, a fomentar, como contrapartida necesaria, el desconcierto social y la anarquía. En fin, la desarticulación de todos los vínculos sociales que se busca producir haría que ese odio hacia el “otro” del que se nutrían los totalitarismos clásicos se revirtiera ahora hacia los propios, los más cercanos, los hermanos, Caín y Abel, como decía ya Carl Schmitt:

El otro es mi hermano. El otro resulta ser mi hermano, y el hermano resulta ser mi enemigo. Adán y Eva tuvieron dos hijos, Caín y Abel. Así comienza la historia de la humanidad. Así se ve el padre de todas las cosas. Esa es la tensión dialéctica que mantiene la historia del mundo en movimiento, y la historia del mundo aún no ha llegado a su fin… El enemigo es nuestra propia pregunta encarnada.[7]

La pregunta encarnada a la que se refiere Schmitt es la que aparece al comienzo en la Biblia (Génesis 4.9), luego de la escena de Caín y Abel: “¿Dónde está tu hermano?” Nuestra pregunta, hoy ya desencarnada, es: ¿cómo hacer que el hermano vuelva a ser efectivamente nuestro hermano y no nuestro enemigo? Más precisamente, ¿cómo escapar a la trampa en la que nos colocan estos “poderes subsidiarios” que hoy gobiernan buena parte de nuestras vidas y se proponen controlar el mundo, esa escalada de odio y confusión que buscan fomentar? ¿Cómo enfrentar el proyecto de desarticulación de todos los vínculos sociales que se nos impone desde las nuevas tecnologías de poder y reconstruir un sentido de comunidad?

La entrada Apocalipsis Thiel se publicó primero en Revista Anfibia.

Te puede interesar

  • Un diputado libertario rompió con Pareja porque le pidieron los contratos y se fue con De la Torre

    Se profundiza el cataclismo en el armado bonaerense de La Libertad Avanza. Luego de agitar la interna en Bahía Blanca por el desembarco de Javier Milei, ahora a Sebastián Pareja se le descontrola el bloque libertario en la Legislatura bonaerense. Este lunes se conoció la ruptura del diputado provincial Gaston Abonjo, hombre que supo integrar…

  • Censura en el Mundial de Clubes: FIFA elimina imágenes de futbolistas que apoyan a Palestina

     

    La FIFA fue objeto de críticas luego de eliminar imágenes promocionales de jugadores del Al Ahly que expresaron su apoyo a Palestina durante el Mundial de Clubes 2025. Mientras se vivieron expresiones en las tribunas apoyando a Gaza contra el genocidio que ya se cobró solo oficialmente 55 mil vidas. Por ANRed.


    La controversia estalló antes del partido inaugural del Mundial de Clubes entre Al Ahly e Inter Miami antes del 15 de junio. La FIFA eliminó de sus plataformas una imagen promocional del mediocampista egipcio Hussein El Shahat. En la foto, el jugador aparecía con una pulsera que decía «Palestina Libre», en señal de apoyo a la causa palestina.

    La denuncia fue realizada por la periodista Leyla Hamed a través de su cuenta en X (antes Twitter), donde afirmó que el organismo rector del fútbol mundial censuró la imagen por motivos políticos. En el sitio web oficial de la FIFA, la imagen de El Shahat fue sustituida, y durante las entrevistas oficiales ya no portaba la pulsera.

    Pero no fue el único caso. También el delantero palestino/danes, Wessam Abou Ali, autor de tres goles en el empate 4-4 ante el Porto, fue objeto de una medida similar. Según reportes, la FIFA eliminó su foto de presentación por llevar el mismo brazalete. En respuesta, el jugador celebró uno de sus goles señalando su muñeca y en otro posó con las manos en la espalda, emulando la figura de Handala, símbolo de la resistencia palestina.

    Wessam Abou Ali, celebra uno de sus goles imitando a Handala.

    Abou Ali, que forma parte del seleccionado palestino, hizo historia al convertirse en el segundo futbolista —después de Pelé— en anotar tres goles en un partido intercontinental. Sin embargo, su gesto solidario también fue invisibilizado por los canales oficiales del torneo.

    En el campo, Al Ahly dominó a Inter Miami en el debut del certamen, aunque el encuentro terminó sin goles (0-0). El equipo egipcio tuvo varias ocasiones claras, un gol anulado por fuera de juego y un penalti desperdiciado por Trezeguet.

    La censura por parte de la FIFA ha reabierto el debate sobre la libertad de expresión de los futbolistas en escenarios internacionales. Mientras el ente rector no ha emitido comentarios oficiales.

    En las Tribunas

    Durante el segundo tiempo del partido entre Seattle Sounders y París Saint-Germain por el Mundial de Clubes, el estadio Lumen Field fue escenario no solo de fútbol, sino también de solidaridad con Palestina.

    Desde la cabecera sur, un grupo de aficionados locales desplegó varias banderas palestinas en apoyo a la resistencias contra el genocidio en curso, visibilizando su mensaje ante millones de espectadores en todo el mundo. En una ciudad como Seattle, conocida por su espíritu activista (inició del movimiento anti-globalización), el gesto no sorprendió: la hinchada de los Sounders, una de las más intensas y politizadas de Estados Unidos, volvió a convertir la tribuna en una plataforma de expresión social, llevando la protesta al certamen internacional.

    link.

    El repudio a la Conmebol por incorporar a Israel

    Mientras tanto en Sudamérica hay un creciente cuestionamiento a la Conmebol, que de manera secreta impuso un acuerdo que permitiría al seleccionado de Israel de ser invitado a jugar la Copa América.

    «Mientras Israel destruye estadios y mutila futbolistas palestines, la Conmebol lo invita a la Copa América», dice un comunicado de repudio publicado por el  Movimiento BDS y el Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino, que recientemente difundió un video alertando y pidiendo la cancelación de dicho acuerdo.

     

  • Trump ahora agita un nuevo conflicto de Argentina con Inglaterra por Malvinas y se propone como pacificador

     

    Donald Trump dio otro paso en su evidente estrategia de usar el conflicto de soberanía por las Islas Malvinas para molestar al Reino Unido, que se niega a acompañarlo en su fallida incursión militar en Medio Oriente. Ahora, directamente habló de una eventual guerra entre Argentina y Gran Bretaña y se ofreció como mediador. Delirante, pero real. 

    Y lo hizo desde Irlanda, donde abogó por la unificación de los territorios irlandeses, una línea roja para los gobiernos británicos. «Las Islas Malvinas…acá vamos de nuevo. Son muy interesantes. El Reino Unido tiene algunos problemas con la inmigración, con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos. Están muy lejos», empezó Trump en respuesta a una pregunta de los periodistas irlandeses, sobre el conflicto de las Malvinas.

    Lo hizo el marco de su visita oficial a Irlanda, donde ofreció una conferencia de prensa junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin, y sugirió que podría intervenir en un eventual conflicto armado entre Argentina y Reino Unido. «Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre. Si lo hacen, probablemente podré resolverlo», aventuró. 

    «Pero ahora mismo hay dos países que no están contentos con la situación en las Malvinas.  Devolver las Malvinas… es una buena pregunta», continuó. 

    En las FFAA sospechan que el anuncio de Milei es la antesala para dejar una base naval en manos de Trump

    Es imposible, conociendo el estilo transaccional de Trump, no vincular su repentino interés por las Malvinas con la tensión que mantiene con el gobierno laborista inglés por su negativa a intervenir en la guerra en Irán. 

    Esto explica la idea de «revisar» la posición estadounidense de neutralidad sobre la soberanía de las Malvinas, que deja flotando la administración republicana, pero no termina de concretar en ninguna acción concreta que -por ahora- vaya más allá de las declaraciones.

    Las Islas Malvinas…acá vamos de nuevo. Son muy interesantes. El Reino Unido tiene algunos problemas con la inmigración, con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos. Están muy lejos.

    Pero en la pelea con Inglaterra, Trump solo usa a las Malvinas. En Irlanda reiteró su petición de que el Reino Unido abra el Mar del Norte a la extracción de petróleo y gas y respaldó una posible unidad de Irlanda, entre el actual territorio independiente y el que permanece bajo control de los ingleses. 

    La visita de Trump a Irlanda incluyó protestas contra su presencia en Dublin, donde se mostraron banderas palestinas y se cuestionó la guerra en Medio Oriente.

    Protestas contra Trump en Dublin.

     «Me disgusta tener que decir esto, pero ellos podrían observar lo que hemos hecho, al igual que otros europeos, ya saben, amo a Europa. Mi madre era de Escocia y mi padre de Alemania. Amo a Europa. Siento una inclinación natural hacia ella».  

    Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre. Si lo hacen, probablemente podré resolverlo. Ahora mismo hay dos países que no están contentos con la situación en las Malvinas.

    «Me duele ver lo que está sucediendo en Europa. Me disgusta ver lo que ocurre con el comercio. Me disgusta ver lo que pasa con la energía. Y me disgusta ver lo que sucede con la inmigración. Ay, esa inmigración… lo que se están haciendo a sí mismos; simplemente se están destruyendo», agregó.

    Sobre la unificación de Irlanda, Trump señaló: «¿Cómo podría ser algo malo, ¿verdad? Me encantaría verla unificada. Creo que sería un gran logro, un gran motivo de orgullo para todos, si eso sucediera». 

    «Va a ocurrir tarde o temprano… Bien podría ocurrir ahora. Ahora bien, el Reino Unido tendrá algo que decir al respecto, obviamente. Pero creo que sería algo magnífico», concluyó.

     

  • Narcotest en la función pública de Neuquén

     

    La ciudad de Neuquén capital se convirtió en el primer municipio de primera categoría en adherir al Narcotest obligatorio para funcionarios públicos.

    La ordenanza aprobada, establece que todos los integrantes del gobierno municipal deberán someterse a controles toxicológicos y de alcohol al menos una vez por año. Con esta adhesión, la capital neuquina acompaña la política provincial impulsada por el gobernador Rolando Figueroa. Con esta decisión, la ciudad se suma a la política de transparencia y responsabilidad institucional impulsada por la gestión provincial.

    El narcotest consistirá en análisis de laboratorio para detectar la presencia de sustancias psicoactivas en muestras biológicas, bajo la supervisión del Ministerio de Salud de la provincia, que actuará como autoridad de aplicación. La normativa alcanza al intendente, concejales, defensores del pueblo, jueces de Paz, miembros de la Sindicatura Municipal, secretarios, subsecretarios y demás funcionarios del gabinete. Aquellos que den positivo o se nieguen injustificadamente a realizar el test deberán dejar sus cargos de manera inmediata. Sin embargo, el proyecto también incorpora un enfoque sanitario, estableciendo que los casos de consumo problemático deberán ser tratados como una cuestión de salud pública, garantizando acompañamiento y asistencia profesional.

    Con la aprobación de esta ordenanza, Neuquén se posiciona como referente nacional en políticas de integridad institucional, sumando herramientas de control y confianza ciudadana en el ejercicio de la función pública. Desde el oficialismo destacaron que se trata de un paso importante hacia la transparencia, mientras que desde la oposición remarcaron la necesidad de garantizar un procedimiento justo y confidencial para los funcionarios evaluados. El nuevo sistema de narcotest se espera que comience a aplicarse a comienzos del próximo año.

    The post Narcotest en la función pública de Neuquén first appeared on Alerta Digital.

     

  • ¡Gracias Mabel y Virginia y a disfrutar de una nueva etapa!

    Esta mañana, el Intendente Marcelo Orazi hizo entrega de presentes a Mabel Sanhueza y Virginia Barresi, quienes se jubilaron hace unos días después de muchos años prestando servicios en la Municipalidad de Villa Regina. Mabel se desempeñaba en el Departamento de Compras y Virginia lo hacía en el área de Tesorería. El Intendente Orazi les…