Llegamos al refugio canino APAN (asociación protectora de animales), cuando las colaboradoras ya habían terminada con la jornada de trabajo. Estaban en el refugio desde las 6:30 am, principalmente en verano se intenta ir bien temprano ya que durante la tarde el calor es sofocante, la atención para los refugiados es de lunes a lunes, todos los días del año.
Habitualmente participan dos o tres voluntarias por día un promedio de dos o tres días por semana. En el refugio habitan alrededor de 90 perros, el espacio de cada uno de ellos se divide en caniles individuales o como máximo de a cuatro animales, hay más de 30 caniles. Ésta división no es al azar, en el refugio hay perros con distintos niveles de agresividad, es por eso que se agrupan o se separan dependiendo de su interacción con los demás. Inclusive muchos de los animales tiene una medicación fija diaria o bien están internados en veterinarias de colaboradoras profesionales.
Todos los días se limpian todos los caniles, se saca la materia fecal, se da la comida y se cambia el agua.“Esto se hace con mucho cariño pero principalmente con mucha responsabilidad, sin uno de estos dos factores es imposible hacer un voluntariado como este” enfatizan las chicas de APAN.
LTA: Lo primero que nos gustaría que aclaren es qué diferencia hay entre perrera y refugio? Siendo que APAN es un refugio.
Las perreras eran organismos municipiales que antes eran legales, se enjaulaba los perros tres días y si nadie los reclamaba los mataban, hoy ya no se practica ese método como control de la población. En este mismo lugar donde tenemos el refugio se practicaba la eutanasia, hoy peleamos para que los perros tengan una vida digna. En la sociedad la perrera esta asociada a un organismo estatal y se cree que el refugio depende de la municipalidad entonces para ellos nosotros somos una perrera y ahí se confunden. Hay que insistir que cada uno debe hacerse responsable de sus animales.
Refugio Canino Municipalidad de Villa Regina 2008
Refugio Canino Municipalidad de Villa Regina 2008
Refugio Canino Municipalidad de Villa Regina 2008
LTA: Creció la población del refugio en el último tiempo?
Nosotros mantenemos la población, tenemos una determinada capacidad, bajo un estatuto y un convenio de mantener la capacidad del refugio. Porque implica un costo altísimo, cada canil tiene un valor de alrededor de 30 mil pesos, en verano se sirven 40 kilos de alimento por día y en invierno 60 (3 bolsas), un trabajo enorme y diario que no podemos dejar de hacerlo porque hay que ser constante, por estos motivos no superpoblamos el refugio. En casos muy excepcionales y necesarios podemos permitir el ingreso de algún animal. Eso sí, la población nunca baja.
Nuestro objetivo es que los animales que están acá estén bien, vivan de una manera digna. Hay animales que están hace mas de diez años, hay perros que fundaron APAN en el corralón municipal. Básicamente una cuestión de costo no permite un refugio más grande. El convenio que tenemos con el municipio cubre aproximadamente un 10% del gasto fijo.
APAN: Cuál es el ritmo de circulación de los perros en APAN? Cuánto tiempo pasan en el refugio?
La gente quiere que le saques el problema de encima, la mayoría de los perros del refugio no son adoptables, la gente no los elige, suelen pedir perros chiquitos y los del refugio suelen ser perros grandes, mestizos, comunes. Nosotros exigimos que quien se los lleve los tenga mejor que acá. Este año habremos dado 3 perros en adopción. Un porcentaje muy bajo. Si hubiese un recambio sería distinto. El trabajo de conciencia se empezó a generar hace algunos años pero todavía no abarca a la sociedad toda.
LTA: Se han implementado a lo largo de este tiempo sistemas de concientización en las escuelas?
Este año en educación incluyeron una materia en la que hacen proyectos para concretar en conjunto. Seis colegios han trabajado con nosotros. Fue uno de los años más productivos debido al interés de los chicos y los profesores. Ahí está la clave. Los mismos chicos eligieron el refugio y han hecho proyectos muy buenos, han plantado árboles, armado cuchas, vendido manzanas para recaudar dinero, donado alimento, el día de limpieza dejamos el refugio hermoso. Eso nos enorgullece.
APAN 2009
APAN 2009
APAN 2009
APAN 2009
APAN 2009
LTA: Cómo solventan los elevados gastos del refugio?
Recibimos un subsidio municipal de 8 mil pesos mensuales, eso nos cubre una semana de alimento para los más de 80 animales del refugio en verano, cuando se come 1/3 menos que en invierno. Después contamos con la colaboración de los socios (con cuotas de 100 pesos) que son muy importantes y lo que resta lo juntamos con las actividades (rifas, eventos, venta de productos, etc) que generamos todos los meses para recaudar.
Agradecemos especialmente al señor Carmona (quien presta el servicio de camión para transportar agua) y a Zavecom (brinda el servicio de containers para tirar la basura) que nunca nos cobraron y siempre están bien predispuestos.
LTA: Cómo se resuelven las peleas entre los animales?
Hemos aprendido con el paso del tiempo, lo primero es no meter las manos ni acercar la cara, hay que tratar de separarlo con algún objeto y si los perros no se sueltan hay que agarrarlos de las patas traseras y mantener hasta que se separen por cansancio. Para esto es necesario que haya al menos dos personas. Cuando se agotan se sueltan solos. Nos hemos encontrado con peleas en manadas de cinco perros contra uno, y meterte ahí es muy peligroso.
Las instalaciones que fuimos mejorando son fundamentales, nos brindan la posibilidad de tener más resguardo ante estos hechos. Cuando se ingresa un animal nuevo de alguna manera corrompe el status quo dentro del refugio, es muy difícil que los acepten sin problemas. Durante el 2018 no se murieron perros por peleas. Antes era muy común. Nos ha pasado de encontrar cachorritos muertos, porque la gente viene y los tira dentro de los caniles, eso es prácticamente dictarles sentencia.
El comportamiento de un animal está mediado por una parte genética que es el 30% y el resto, el 70% tiene que ver con la crianza, lo que aprende de sus dueños.
LTA: Para trabajar en el refugio, es más complejo el verano o el invierno?
El verano es algo más complicado, primeramente tenemos continuos problemas con el abastecimiento del agua, después aparecen en mayor cantidad los parásitos (internos y externos), mucha garrapata, sarna, el calor también influye, aumenta las posibilidades de infecciones en lastimaduras. En el verano se requiere más trabajo.
Cuando terminamos la entrevista y ayudamos a cerrar los portones, uno de los perros empezó a aullar, y poco a poco se fueron sumando todos, se activan las alarmas. Las chicas se van, ellos saludan, como cuando llegan. El aullido para los lobos es la unión con la manada, sin dudas los perros del refugio consideran a los voluntarios parte de su manada, es por eso que al irse, todos los días del año las/os apaneras/os reciben esa cálida despedida con un sentimiento inequívoco de ser parte de una gran familia.
«Si te interesa participar como voluntario/a; realizar algún aporte económico; participar del mantenimiento y mejoras; entre otras cosas… no dudes en contactarte con APAN a través de su Fan Page en Facebook»
@APAN Villa Regina
Compaginación de videos y entrevista: Hernan Ermantraut Texto: Emiliano Piccinini Portada: Hernan Ermantraut
La Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina lleva adelante trabajos de relleno de calles en distintos sectores de la ciudad. Las tareas se realizan en la calle Santos Vega y continuará en calle 2 de Abril en barrio Matadero y en el kilómetro de García. El objetivo es mejorar la…
Todos los martes, en homenaje a la vieja revista El Gráfico, Anfibia y Lástima a nadie, maestro analizan cada semana de la Copa del Mundo.
Una propuesta: que el 7 de julio sea el Día de las Lágrimas. Una conmemoración humilde, casi imperceptible, perdida en la jungla de efemérides, para esa jornada en la que una enorme cantidad de personas —digamos millones, aunque seguramente sea poco— se puso de acuerdo para inundarse los ojos, enrojecerse las escleróticas, refregarse los párpados, respirar con fuerza para mandar los mocos para dentro, sonarse la nariz, respirar como si fallara el burro de arranque, sentir una lágrima rodar por la mejilla, atrás otra, y atrás otra maleducada más, así hasta que un francés decidió terminar con el calvario en un estadio en Atlanta. Y la cosa no terminó ahí, porque a un camarógrafo se le ocurrió hacer zoom en la cara de Lionel Messi y, sorpresa, él también tenía una sudestada en la cara, con vientos en forma de ahogo por el llanto. El rey lloró. Y entonces apareció el protocolo de la FIFA, porque siempre es bueno que los protocolos acomoden los desbordes humanos, y fue el turno del técnico ganador de explicar qué había ocurrido en esos noventa minutos. Y el entrenador pidió disculpas, tomó aire y dijo:
—No puedo levantar la mirada, lo siento. Estoy muy emocionado. Qué grupo de jugadores, hermano. Ya está, me tengo que ir.
Y abandonó la nota, los protocolos, las publicidades, al periodista y al micrófono, para irse a llorar tranquilo.
Pánico y locura en Atlanta
El día arrancó con la fría indolencia con la que se mueve el tiempo. La misma que hiere a Borges en el comienzo de El Aleph: “Noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita”. Frío, bruma y sol amarrete. La gente en la calle, apurada como en una navidad anticipada. Relación directamente proporcional en cuanto al tiempo y a la atención del comerciante: cuanto más cerca del mediodía entrabas a un negocio, más cara de culo te ponían. Camisetas debajo de dos o tres capas de ropa, banderitas pintadas en los cachetes de los oficinistas, bufandas celestes y blancas, niños y niñas retiradas antes de tiempo de los jardines. Todas esas historias mínimas que ocurren cada cuatro años alrededor de un evento que siempre se desarrolla a miles de kilómetros nuestro pero que nos emociona, nos ata, nos pega, nos ilusiona y nos lastima mucho más que casi todo lo que ocurre más cerca. Así son los mundiales, yo no hago las reglas.
Cerca de las doce del mediodía los celulares cruzan mensajes. Todos somos Gastón Edul. Juega Nico González, sale De Paul. Al rato, el Edul real dice que no, que nada que ver, que el equipo es el que habían dicho el día anterior: Paredes, Tagliafico y Julián Álvarez adentro. Mismos titulares que ganaron la semifinal contra Croacia hace tres años y medio. Para disimular nuestra nostalgia crónica también recordamos que ese mismo mediocampo bailó a Brasil hace un año y medio. La Scaloneta, desde la conformación misma de la lista de convocados, parece seguir el mandato de Lionel Messi: el tiempo no es tan importante.
Mientras Argentina entraba al campo de juego, un coro de timbres vibraba en las casas argentinas. Alguien respondía un whatsapp diciendo esperá que canten el himno y bajo. Otro cerraba la puerta con llave y daba vuelta el cartel de abierto. Alguno más allá bajaba la cortina y subía el volumen. Otro subía la radio en la camioneta. Aquella se apuraba para comprar las medialunas prometidas para la juntada. Aquel se preguntaba para qué había comprado comida con ese nudo en la garganta. Entonces los himnos.
Segunda propuesta: cantar el himno y “Naranjo en flor”. Jamás se me ocurriría quitarnos la posibilidad de afirmar que juramos con gloria morir y que los laureles que supimos conseguir serán eternos. Pero creo que cantar el tango, aunque sea su estribillo, sería sincerarnos con lo que está por ocurrir. Como el cartel que dice parental advisory en los cd’s, los pulmones quemados en el tabaco o la leyenda “los hechos y personajes del siguiente programa son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia”, arrancar cantando ese tema funcionaría como advertencia para los ajenos y como un recordatorio para los propios. No, no viniste a atragantarte con salame y birra. Viniste a sufrir, a pasarla mal. Un amigo me dijo por mensaje: “Hoy Argentina pasó a ser un país con promedio de vida más corto”. Pero no nos adelantemos. Estamos en el himno. Imaginen conmigo: estadio lleno, parlantes al taco, gente abrazada, llorando por cumplir el sueño de estar en un Mundial y entonces suena el bandoneón acompañado de los violines. Primero hay que saber sufrir. Después amar. Después partir. Y al fin andar sin pensamientos. Perfume de naranjo en flor. Promesas vanas de un amor, que se escaparon con el tiempo. Después, ¿Qué importa del después? Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado. Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado. Como un pájaro sin luz. Solo el estribillo, como con el himno de Vicente López y Planes. Les dejo la propuesta por ahí, para que sepamos dónde nos metemos y para que el resto sepa a los inestables que se está por enfrentar.
Pasan los himnos y arranca esa cosa que vinimos a ver. No es un juego, no es un deporte, no es un divertimento, no es un evento artístico, no es nada que podamos terminar de entender ni de explicar. ¿Qué es un partido de la selección argentina? Les dejo la pregunta para que la respondan de acá al sábado. Pienso que es una mezcla de lo grande y lo chico, la patria que hace llorar a millones por un volante central que corta un contragolpe y el abrazo con el que festejas con un amigo, las ganas de mandarle un mensaje a esa persona para decirle que lloraste y sobreviviste y saber que el tipo más lejano y repugnante seguramente está contento por lo mismo. Invitación al delirio colectivo, la unión cada vez más utópica y la posibilidad de meter el cerebro en remojo durante un par de horas. También es un partido de fútbol en el que tu destino, el de tu perro, el de tu vecino, el de tu kiosquero, el de tu amante, el del sodero, el del parrillero, el de la que se puso a hacer uber, el del que pasea a tu perro, el del becario del conicet que no sabe si le renuevan la beca, el del florista, el del almacenero que no vendió nada en la semana de la dulzura y el de Chiqui Tapia, dependen de lo que hagan once tipos contra otros once tipos. Y da la casualidad de que, como ya se ha dicho, tu destino, el mío, el de todos los mencionados y también los omitidos, es un destino de tango.
Y así es como a los quince minutos nos preguntamos quién carajo nos mandó a engancharnos con el fútbol. Y la pregunta no aparece de la nada. Tiene una causa concreta: Egipto, ese país que solo ganó un partido por mundiales, te acaba de hacer un gol. Y ves como ese almuerzo con amigas, ese certificado médico trucho que presentaste en el laburo o esa juntada espontánea con desconocidos en un bar del centro, se transforma en una pesadilla. Pero, como todo siempre puede ser infinitamente peor, seis minutos después, es decir a los veintiuno, Lionel Messi, el capitán de nuestras ilusiones, erra un penal. Y la cosa no termina ahí. Falta el segundo tiempo. Y falta que te hagan otro gol, pero que lo anulen. La cosa empieza a parecerse a El juego del miedo versión Gianni Infantino, con la participación especial de Mo Salah. Porque ahora sí, esta vez es en serio, Egipto hace el segundo gol. Y nosotros volamos de él. Y Argentina se fue a la puta.
Hacia la luz del día
Dos minutos después del segundo gol de Egipto, François Letexier, el árbitro del partido, levantó sus manos y señaló hacia los bancos de suplentes. Pausa de hidratación. Fue el equivalente a la campana que salva a un boxeador del knockout. De fondo suena, algo desubicada para la ocasión, la voz y la guitarra de John Denver: “Take me home, country roads”. Caminos rurales, llévenme a casa. Al lugar que pertenezco, dice Denver y la cámara enfoca a Messi dando vueltas en la cancha. Como si se tratara de un misterio, el capitán argentino busca el lugar que le pertenece en ese rectángulo verde. El final aparece ahí, palpable, al alcance de la mano están esos próximos veinte minutos que pueden ser los últimos en un mundial. Scaloni apela a uno de sus trucos y mete un tercer cambio —antes habían entrado Nicolás González y Lautaro Martínez—: lateral por lateral, Montiel por Molina.
La primera jugada después de la pausa es un mensaje. Desborda Nico y, casi al borde del área chica, patea Lautaro, pero la pelota pega en un egipcio. Argentina va como el león que termina con la breve vida feliz de Francis Macomber en el cuento de Hemingway: con lo que puede. Messi intenta por el medio y la pierde. Sigue enganchado en el penal del primer tiempo. Egipto maneja la pelota y deja mano a mano a Mahmoud Trézéguet. La pelota se va apenas afuera. Van setenta y siete minutos, la próxima posesión de Egipto será para sacar del medio.
Hay un córner y un rebote. Un centro y otro rebote. Un lateral y un pase al medio. Todo es caos, como en el infierno. Hacia ahí tuvo que bajar Orfeo para rescatar a su amada Eurídice hace muchos muchos años. Orfeo cumplió su misión pero la historia terminó mal. Ahora la pelota la tiene Julián casi al borde del área. Da un pase corto, de unos cinco metros, para Messi. Nuestro Orfeo la acomoda cortita y tira un centro que logra pasar la línea defensiva para caerle a Cuti Romero que mete un latigazo con la cabeza como si tuviera un bate de baseball. Mostafa Shobeir, el arquero, la toca pero no alcanza. A los setenta y ocho minutos la pelota entra por primera vez en el arco de ellos.
Por lo general, los goles para descontar una derrota se gritan pero no mucho. Se mete puñito. El grito es corto como patada de chancho. Seco. Más una descarga que una celebración. Pero este sí se grita. En la cancha, en las ventanas, en los balcones, en los autos y las bicicletas. La ciudad se vuelve una orquesta deforme de cornetas, gritos, bocinas y aplausos.
En este caso sí importa el después. Argentina se recupera y sale. Con el pase acertado Messi ahora está rápido, toca en velocidad y va a buscar. “Bien sabemos por Messi que los buenos pases te rejuvenecen. Por 10 minutos volvió a tener 19 años”, escribió Lucas Jiménez después del partido. Le volvió la lucidez, la tira por un costado y la busca por el otro, es más rápido que los rivales. Tira un centro pero Lautaro cabecea desviado. Primer aviso. Y en esta casa las cosas no se dicen dos veces. La vuelve a agarrar Messi-Orfeo que la levanta como buscando que la historia se repita. Rebota en un rival. Le cae otra vez a él que insiste con la misma jugada. Entonces el caos, pero esta vez como salida, como purga, como exorcismo, como catarsis. La pelota rebota en un defensor y va para el área. Cae llovida en el segundo palo. Lautaro la baja con una pirueta. La pelota sale hacia el medio del área. El pánico y la locura ahora se escriben en árabe. Montiel la quiere frenar, le queda alta. Un defensor pasa de largo. Montiel tiene una segunda oportunidad, pero está de espaldas al arco. La única opción es dársela a Messi que llega de frente y sin marca. Una prueba de la existencia de Dios.
Messi retira la pierna izquierda hacia atrás y dirige el botín hacia la pelota que está picando frente a él. En ese pedazo de cuero sintético se superponen los nervios, las cábalas, el tipo que acaba de prometer otro tatuaje aunque no sabe con qué lo va a pagar, la que prometió caminar a Luján, el que sufre porque no quiere que su hijo vea a su ídolo perder, todas las tensiones de un país sobrecargan el impacto del botín contra la pelota que sale disparada contra el arco egipcio. Toca en los guantes de Shobeir, pega en el travesaño, pica en la línea y termina inflando la parte de la red que suele quedar invicta, la de arriba. Todos somos Víctor Sueiro.
Ahora se acaban de cumplir 90 minutos de juego. En otra época el partido estaría llegando a su fin, pero en estos tiempos pueden faltar diez minutos más. Messi, envalentonado, intenta filtrar un pase pero lo cortan. Roba Egipto y sale para la contra. Cuti Romero está en el área. Lisandro Martínez, como mediocampista. Omar Marmoush acelera, la pelota pasa por el botín de Salah. La vuelve a agarrar Marmoush y se va. Son ellos dos y Trézéguet contra la sola presencia de Leandro Paredes, que retrocede como buscando ganar tiempo para desactivar la bomba. Entonces el volante central, el tipo que siempre juega con manga larga y jamás erra un pase, da un paso al frente como para dejar a Trézéguet en offside. Se tira al piso como si de repente lo hubiera poseído Bruce Willis o Harrison Ford y roba la pelota. Paredes soldado heróico, cubriéndose de gloria. El estadio celebra el quite. Es un gol no gol.
El partido entra en el ritmo frenético de la final en Qatar contra Francia. Un electrocardiograma en vivo y en directo para todo un país. Si sobreviviste al partido de ayer no necesitas hacerte chequeos (mentira, sí, andá al médico). Un ida y vuelta, golpe por golpe como cuando en el boxeo los dos están cansados pero van al frente. Messi vuelve a intentar y la pierde. Egipto va, Montiel rechaza y la pelota vuelve a ellos. Trézéguet abre para Salah que encara como si no hubiera otra salida. El que lo marca, de manera inentendible, es Julián Álvarez que la roba como el mejor lateral izquierdo y sale. Egipto está mal parado atrás. Julián la tira para Lautaro Martínez que no la puede parar pero se queda con la pelota. Son dos contra dos. Lo acompaña Enzo. Lautaro se acomoda y tira el centro. Enzo Fernández salta como Michael Jordan, acompasa el movimiento de su cabeza con el de sus manos y mete un frentazo contra el palo imposible para el arquero. Gol. Tres a dos. Cleopatra, ¿cuál es tu tumba tu tumba?
Aunque usted no lo crea, en un momento el partido termina. Entonces empiezan a volar los mensajes y las confesiones. Las promesas y los que apagaron la tele. Empiezan las listas negras en los grupos de whatsapp: vos dijiste esto, vos criticaste a Scaloni, aquel retiró a Messi. Todos somos la side. Espionaje y lágrimas. Fuego y pasión. Solemos asociar lo pasional con el fútbol, pero nos olvidamos que su etimología proviene del latín patior que significa padecer o sufrir. Primero hay que saber sufrir.
En 1842, el egiptólogo Richard Lepsius publicó la primera edición de El libro de los muertos, una recopilación de invocaciones mortuorias del Antiguo Egipto traducidas de jeroglíficos. Estos textos eran las palabras que les dedicaban a los fallecidos, casi como una guía para lo que se encontraran al otro lado de la vida. La traducción correcta del título es menos marketinera que El libro de los muertos, sería: Salida del alma hacia la luz del día. Y las primeras líneas dicen así: “En los Conjuros que aquí comienzan, se narra la Salida del Alma, hacia la plena Luz del Día, su Resurrección en el Espíritu”.
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Un comentario
Antes q nada felicito a todos los q componen esta asociacion para proteger a los animales y me intrtesaria saber el te y direccion de Apan en neuquen plottier para dos cachorros encontrados muchas gracias
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Antes q nada felicito a todos los q componen esta asociacion para proteger a los animales y me intrtesaria saber el te y direccion de Apan en neuquen plottier para dos cachorros encontrados muchas gracias