Hoy por la mañana, el juez Álvaro Meynet dictó sentencia, informó que el ginecólogo Leandro Javier RodriguezLastra fue declarado culpable penalmente del delito de incumplimiento de sus deberes de funcionario público y posteriormente expresó en función del artículo 86 del código penal cuando un aborto se considera no punible. También resaltó que Rodríguez Lastra no estaba inscrito en el registro de objetores de consciencia, agregando que “el acusado nunca tuvo la intención, siquiera, de contemplar efectuar la práctica que le reclamaba la mujer”.
En función del fallo F.A.L vinculado con un aborto no punible que tuvo origen en la provincia de Chubut la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) invita a todos los poderes ejecutivos provinciales a eliminar las barreras administrativas y garantizar el acceso al aborto por parte de los profesionales y ordena crear un protocolo para poder llevarlo a cabo.
Además a nivel provincial nos rige la ley 4.796 en la que establece que la mujer debe prestar su consentimiento informado para realizar el aborto y éste debe ser practicado con su sola declaración jurada en la que exprese haber sufrido una violación.
Un fallo ejemplar desde la decisión, la cuestión penal merece un análisis aparte. La provincia de Río Negro, esperaba y merecía una decisión acertada como la que dictó el Juez de la causa, para seguir sustentando los avances provinciales en cuestión de género. En Río Negro NO gobierna la religión por sobre las normas ni las personas. Los fallos judiciales no están atados a cuestiones de creencias o fanatismo.
Ser objetor de conciencia no te convierte en un obstaculizador de derechos.
Es importante aclarar que el médico ginecólogo Leandro Javier Rodriguez Lastra no irá preso ya que la pena, que se fijará en posteriores audiencias, es excarcelable. También podrá seguir ejerciendo hasta que la sentencia quede firme.
La víctima, fue internada cuando tenía 18 años, hoy con 21 años tenía intenciones de presentarse a la audiencia aunque sus familiares decidieron que no asista debido a la fuerte exposición social, además del temor que sufra agresiones físicas luego de conocido el veredicto, ya que en las afueras del edificio judicial en Cipolletti fanáticos proclamados pro-vida montaron guardia durante la sentencia y la jornada previa al dictamen; donde instalaron una especie de altar con figuras religiosas, velas, banderas celestes, pancartas, imágenes de bebés y similares.
En el caso del Pinot Noir, este proyecto ha elegido a la Patagonia para representar la cepa y en la cosecha 2018 han seleccionado una bodega de Río Negro.
Noviembre de 2016 está terminando, el desastre aéreo se multiplica en las noticias, y me cruzo con un posteo en Facebook sobre la vida, la muerte y el viaje final del Chapecoense. Lo escribe Luã Marinatto, un periodista acostumbrado a narrar la violencia de cada día en Río de Janeiro, y yo lo leo una y otra vez:
El lateral izquierdo, aunque no muy popular, fue citado para vestir la camiseta de la selección brasilera. El técnico, ya con mucha más experiencia, debutaría en finales internacionales, al igual que el propio club. El arquero, en una etapa excelente —ver ese balón defendido con los pies, que podría haberlo cambiado todo, es una prueba de lo frágil que es nuestra existencia—, estuvo a punto de fichar con el primer gran club de su carrera. El periodista dejó sola a su esposa, embarazada de un hijo al que no conocerá. El locutor superó un cáncer en el intestino, otro en el pulmón (con metástasis en ambos casos), una infección generalizada y un mes en coma, e incluso así volvió a trabajar. El chico de mi edad, que buscaba un lugar en la misma profesión que yo, era visto por todos como talentoso y prometedor. Otro, aún más joven, fue apodado por sus colegas «labrador humano», como Guga, por su carisma y alegría. El camarógrafo que se inició en la empresa como portero y hoy era una de las figuras más respetadas del país en la materia.
Historias, historias, historias… Más de setenta historias interrumpidas abruptamente. ¿Jugaría el lateral un Mundial? ¿El padre creería que el hijo sería más parecido a él o a la madre? ¿Se convertiría el reportero en un referente, ganaría premios, dejaría el periodismo para abrir un bistró? Preguntas sin respuesta porque, como dice el refrán, para morir basta con estar vivo. Para sufrir y llorar también. Que tengamos fuerza. Y comprendo —de nuevo— que la línea que divide la tragedia del triunfo es borrosa, y que «tragedia» y «triunfo» son dos cuestiones quizás no completamente opuestas, quizás incluso semejantes como ramas de un mismo árbol.
El desenlace de noviembre en Buenos Aires suele traer un aire caliente, húmedo. Esa es la atmósfera en la que encuentro el posteo en Facebook de Luã Marinatto y en la que ocurre algo más, algo importante, algo inesperado: una noche me entretengo pasando noticias en mi teléfono mientras viajo en un taxi con la ventanilla abierta y dejo que el viento me pegue en el rostro. Noticias hay. Noticias nunca faltan. Sin embargo, no recordaré ninguna de las que leí. Excepto esta:
«¿Y si hubiese hecho el gol?», dice el jugador argentino que casi impidió la llegada del Chapecoense a la final de la Sudamericana.
Ese es el título de una entrevista de Folha de São Paulo a Marcos Angeleri, el defensor de San Lorenzo que tuvo esa última chance en el minuto 48, y que casi logra convertir. El arquero Danilo desvió su remate con el pie. Un milagro, pensaron los fans del equipo brasilero entonces. Ahora se preguntan si no fue una maldición.
Esa entrevista me impresiona, me conmueve, me sacude, me estremece —y un diccionario de sinónimos no será suficiente para describir el impacto. Angeleri carga en sus hombros con una pregunta sin respuesta y en esa entrevista admite lo que muchos sentimos ante las tragedias una vez que han ocurrido: la ilusión de que se podrían haber evitado. Es un dolor sin consuelo y se vuelve todavía peor porque ya no queda nada por hacer. La culpa es un garrote vil. Angeleri ha quedado estaqueado en una paradoja, en el remordimiento de algo que jamás estuvo bajo su control.
Pensar que una jugada de fútbol puede encender o apagar tantas vidas ajenas seguramente es una trampa mental. Sin embargo, ¿no hay algo de eso? ¿Quién se animaría a negar que el fútbol tuerce la existencia de miles de seres humanos, en tantas circunstancias distintas? Después de leer aquella entrevista, no podré olvidar lo que él puso en palabras ni el abismo que abrió.
«Lo atormenta la posibilidad de haber podido cambiar el destino», sigo leyendo en Folha de São Paulo. No sólo el de San Lorenzo, sino el de una tragedia aérea.
Angeleri asume que es injusto consigo mismo al pensar en eso. Pero no lo puede evitar. «Cuando supe lo del accidente, fue lo primero que pensé. La oportunidad perdida. En el vestuario estaba molesto porque había tenido la oportunidad de poner a nuestro equipo en una final y darles una alegría a los hinchas. Pero lo que sucedió después va mucho más allá del fútbol. Es inevitable pensar: ¿y si hubiera hecho el gol?». Y si hubiera hecho el gol…
La sola chance desafía las certezas del pensamiento asertivo, fáctico, lógico. Inesperadamente, un jugador de fútbol habla de metafísica y coloca a uno de los diarios más importantes de Brasil fuera del foco de lo usual, en una zona nebulosa. Por un momento, algo en el orden de lo real se deforma. Y si hubiera hecho el gol…
Una pregunta conduce a otra: ¿existe un destino que hizo que el disparo de Angeleri fallara y que 71 personas murieran? Y si existe, ¿esa misma fuerza hizo que hubiera seis sobrevivientes? Finalmente, ¿por qué sobreviven los que sobreviven y cuál es su secreto?
El diario Infobae reproduce las palabras de Angeleri en una nota del 30 de noviembre, y parece creer que sí, que hay un destino. Título: «Marcos Angeleri, el hombre que pudo cambiar el destino del Chapecoense».
En Folha de São Paulo, el 4 de diciembre, el columnista Juca Kfouri escribe sobre algunos escenarios alternativos: «Si no hubiera existido la defensa de Danilo, si no hubiera existido el delito de falta de combustible, si no hubiera…».
¿Es el destino? ¿Es el azar? ¿Es la mala suerte? ¿Es una coincidencia? ¿Es el libre albedrío? ¿Es una simple narración? ¿Es la torpeza del ser humano o es su habilidad?
Al día siguiente también hace calor en Buenos Aires, también hay un aura espesa. Todas esas preguntas se vuelven un solo acertijo que sigue ahí, acechando entre mis pensamientos. Acecha cuando abro los ojos. Acecha cuando vuelco un poco de café. Acecha cuando me preparo para salir. Acecha. Y continuará acechando.
El filósofo Michael Gelven escribe en The Asking Mystery [El misterio de la pregunta] que los grandes interrogantes valen más que las grandes respuestas, y que no preguntamos para aprender, sino que aprendemos para preguntar.
«El acto de preguntar es en sí mismo una especie de razonamiento y un recurso para encontrar la verdad», señala. Aunque hay muchas respuestas flotando entre nosotros, hay pocas preguntas sustanciales, fundamentales, correctamente planteadas. Y cuando una de estas preguntas aparece, hay un camino por delante. Escribe Gelven: «Nada —ni la fundación de los imperios, ni la división de los átomos, ni la procreación de las especies— es tan espectacular como esto».
***
Destino, del latín destinare: hacer puntería, apuntar, dar en el blanco. Según la Real Academia Española, es «el encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal». En inglés hay dos palabras para «destino»: destiny y fate. El primero suele implicar un propósito, una corona esperando al final del camino. Lo que se llama fate, en cambio, es una fuerza que arrolla las voluntades. Muchas veces impone una tragedia. Azar, del árabe az-zahr: el juego de dados. Apuntar y tirar los dados: un mismo gesto de arrojo hacia un resultado que todavía no se conoce. En el minuto 48, el disparo de Angeleri fue las dos cosas a la vez —apuntó, decidió, pateó hacia un lado— y fue, también, un dado en el aire: ni él ni el arquero Danilo sabían, en el instante del impacto, hacia dónde iba a salir la pelota.
Meses más tarde le voy a preguntar por el destino y el azar, y también por la jugada de Angeleri y el rechazo de Danilo, a un matemático, en una oficina vidriada de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Va a escuchar con atención y después de pensar un rato me dirá que las preguntas están mal hechas.
—Hablamos de Marcos Angeleri porque Marcos Angeleri erró el gol. Si no, no estaríamos hablando de él —dirá Pablo Groisman—. ¿Cuál era la probabilidad de que Angeeri no hiciera un gol en el minuto final y de que justo después se cayera el avión? Esas son las preguntas correctas.
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Quizás hay un extraño malentendido. Quizás somos nosotros quienes nos contamos historias que en realidad sólo existen en nuestra mente, y aun así las llamamos «destino». Quizás somos nosotros quienes queremos detener el caos en el que se mueve el mundo y alimentamos una máquina de crear cuentos a la que llamamos «predeterminación».
Sospecho esas cosas y algunas otras, y acaso sea mejor que las sospechas nunca se confirmen, que la vida siga adelante con sus misterios. Esta no es mi tragedia, me digo. Pero hay algo que me está empujando hacia ella una y otra vez. Y las preguntas difíciles que provoca me dejan una marca. A esas preguntas sí las puedo considerar propias. En el núcleo de esta narración empiezo a compartir algo con el arquero Danilo, con el defensor Marcos Angeleri y con las personas que vivieron los hechos. Como ellos, yo también necesito saber si lo del minuto 48 y todo lo que vino después fue una gran coincidencia o qué.
Porque ¿quién podría aceptar que un equipo modesto como el Chapecoense reciba un espaldarazo del destino —supongamos— sólo para, después, ser engullido de un mordiscón por la muerte? ¿Y qué pasaría si existiera una explicación a todo esto? ¿Y si esa explicación no fuera sólo una fantasía? No sé qué pasaría.
Cuando uno desarma el envoltorio de una historia, a veces aparece lo imprevisto. Resulta que ibas tras la pista de un equipo de fútbol y de una compañía aérea, y de repente estás descendiendo —ya sin marcha atrás— hacia las consecuencias de un enigma tan antiguo como la humanidad: azar o destino.
Esto es lo que se llama «serendipia».
Buscando algo, uno encuentra otra cosa. En 1961, Gay Talese, que más tarde se convertiría en un héroe del Nuevo Periodismo Americano, escribió su primer libro, la crónica sorprendente de un paseo por su ciudad. Lo tituló Nueva York: Una jornada de hallazgos casuales (en inglés, New York: A Serendipiter’s Journey). Y ahora pienso que, de pronto, la pregunta desvelada que surge luego del desastre aéreo parece conducir a una particular jornada de hallazgos casuales: «¿Y si hubiera hecho el gol?».
El Intendente Marcelo Orazi participó el miércoles de la presentación del proyecto de conectividad por fibra óptica a cargo de autoridades de la Agencia Río Negro Innova. La directora ejecutiva de RN Innova, Soledad Gonnet, presentó el proyecto y Maria Elena Guaresti, de la UPCEFE, mostró los estudios de impacto ambiental y social. El proyecto…
Alternativa para Alemania ha arrasado este domingo en las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt, según varias encuestas a pie de urna publicadas tras el cierre de los colegios. El partido de extrema derecha, encabezado en el land por Ulrich Siegmund, habría obtenido el 44,5% de los votos y quedado muy por delante de la CDU del ministro-presidente Sven Schulze, que habría recibido apenas un 18.5% del respaldo, de acuerdo con el sondeo de la televisión pública ARD.
La estimación sitúa a Die Linke como tercera fuerza, con el 9,5%, por delante de Los Verdes, que logran el 9%, y del SPD, que queda en el 8%. BSW, el partido de la ‘rojiparda’ Sahra Wagenknecht, aparece en el 4,5%, por debajo de la barrera electoral del 5%, mientras que el FDP se hunde hasta el 2%.
La proyección no permite aún confirmar si AfD alcanzará la mayoría absoluta que necesitaría para gobernar en solitario. La formación ultra aparece con entre 39 y 43 escaños, mientras que el umbral de la mayoría absoluta se sitúa en 42. El desenlace dependerá en buena medida de si BSW supera finalmente la barrera del 5% y obtiene representación parlamentaria. Si se queda fuera, sus votos no contarían para el reparto ordinario de escaños y el partido de extrema derecha tendría más opciones de alcanzar la absoluta.
AfD ya había sido segunda fuerza en Sajonia-Anhalt en 2021, con el 20,8% de los votos. Cinco años después, la candidatura de Ulrich Siegmund duplica aquel resultado y deja a la CDU a más de 25 puntos. Se trata de un salto de dimensiones históricas. Según el portal especializado Europe Elects, sería el mayor avance logrado por un partido en unas elecciones alemanas desde la Segunda Guerra Mundial.
El avance de la formación se explica, ante todo, por la movilización de antiguos abstencionistas. Según los datos provisionales de ARD, AfD habría captado 157.000 votos de personas que no habían participado en las elecciones anteriores, muy por encima de los 83.000 procedentes de la CDU. También sumó apoyos desde el FDP, con 19.000 votantes; Die Linke, con 11.000; el SPD, con 7.000; y Los Verdes, con 2.000.
«Hemos hecho historia, hay que decirlo claramente”, declaró Siegmund a ARD. Sobre la posibilidad de negociar con otros partidos, pese a que la mayoría había descartado antes de las elecciones colaborar con AfD, Siegmund aseguró que su formación está abierta a cooperar, pero sólo bajo sus condiciones: “No vamos a renunciar a nuestras posiciones básicas por estar en el poder”.
Ulrich Siegmund, el candidato estrella de AfD que puede hacer historia este domingo en Alemania
Borja Bauzá. Berlín
Con 35 años, una imagen amable y una retórica radical, el candidato de la extrema derecha en las elecciones de Sajonia-Anhalt aspira a ser el primer ministro-presidente de la historia de la formación
Sven Schulze admitió la derrota de la CDU y felicitó a AfD por su victoria. “Vivimos en una democracia. Me gustaría felicitar al ganador de las elecciones”, declaró el ministro-presidente de Sajonia-Anhalt. Pidió también no hablar de un “día negro” para el land. “Yo digo: esto es democracia”, afirmó. Para el dirigente democristiano, la elevada participación muestra que los ciudadanos han querido enviar un mensaje que los partidos deberán escuchar: “El pueblo ha expresado su opinión”, sentenció.
Alguien intuía la llegada del calambre… La cuestión era que, durante el día, la posición de su brazo izquierdo le serviría para atenuar los rayos del sol, y así poder observar con claridad el paisaje, el horizonte o aquello que nunca sabríamos lo que intentaría visualizar… Pero, durante la noche, ¿para qué querría mantener el…
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