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AMÉN

Hoy por la mañana, el juez Álvaro Meynet dictó sentencia, informó que el ginecólogo Leandro Javier Rodriguez Lastra fue declarado culpable penalmente del delito de incumplimiento de sus deberes de funcionario público y posteriormente expresó en función del artículo 86 del código penal cuando un aborto se considera no punible. También resaltó que Rodríguez Lastra no estaba inscrito en el registro de objetores de consciencia, agregando que “el acusado nunca tuvo la intención, siquiera, de contemplar efectuar la práctica que le reclamaba la mujer”.

En función del fallo F.A.L vinculado con un aborto no punible que tuvo origen en la provincia de Chubut la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) invita a todos los poderes ejecutivos provinciales a eliminar las barreras administrativas y garantizar el acceso al aborto por parte de los profesionales y ordena crear un protocolo para poder llevarlo a cabo.

Además a nivel provincial nos rige la ley 4.796 en la que establece que la mujer debe prestar su consentimiento informado para realizar el aborto y éste debe ser practicado con su sola declaración jurada en la que exprese  haber sufrido una violación.

Un fallo ejemplar desde la decisión, la cuestión penal merece un análisis aparte. La provincia de Río Negro, esperaba y merecía una decisión acertada como la que dictó el Juez de la causa, para seguir sustentando los avances provinciales en cuestión de género. En Río Negro NO gobierna la religión por sobre las normas ni las personas. Los fallos judiciales no están atados a cuestiones de creencias o fanatismo.

Ser objetor de conciencia no te convierte
en un obstaculizador de derechos.

Es importante aclarar que el médico ginecólogo Leandro Javier Rodriguez  Lastra no irá preso ya que la pena, que se fijará en posteriores audiencias, es excarcelable. También podrá seguir ejerciendo hasta que la sentencia quede firme.

La víctima, fue internada cuando tenía 18 años, hoy con 21 años tenía intenciones de presentarse a la audiencia aunque sus familiares decidieron que no asista debido a la fuerte exposición social, además del temor que sufra agresiones físicas luego de conocido el veredicto, ya que en las afueras del edificio judicial en Cipolletti fanáticos proclamados pro-vida montaron guardia durante la sentencia y la jornada previa al dictamen; donde instalaron una especie de altar con figuras religiosas, velas, banderas celestes, pancartas, imágenes de bebés y similares.

Portada: Germán Busin
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    Julieta Lanteri: La mujer que votó cuando en la Argentina no podían hacerlo

     

    En 1911, décadas antes de la ley de sufragio femenino, Julieta Lanteri consiguió votar en Buenos Aires gracias a una batalla judicial contra un sistema que había dado por sentado que las mujeres no eran ciudadanas.

    Por Alcides Blanco para NLI

    El 26 de noviembre de 1911, en el atrio de la parroquia San Juan Evangelista de La Boca, ocurrió algo que para la Argentina de aquel tiempo parecía sencillamente imposible: una mujer se presentó ante una mesa electoral y votó. No fue una escena preparada por el Estado ni una concesión de las autoridades. Fue el resultado de una pelea individual contra una estructura jurídica que había construido la ciudadanía en masculino y que, precisamente por no haber imaginado que una mujer pudiera reclamar sus derechos políticos, había dejado un pequeño resquicio legal. Esa mujer se llamaba Julieta Lanteri y su historia fue durante décadas mucho menos conocida de lo que merece.

    Lanteri había nacido en Italia en 1873 y llegó a la Argentina siendo niña. En un país que todavía discutía qué lugar debían ocupar las mujeres en la vida pública, logró ingresar al Colegio Nacional de La Plata y posteriormente estudiar Medicina, una carrera prácticamente vedada para ellas. También obtuvo el título de farmacéutica. Su trayectoria profesional ya era, por sí misma, una ruptura con las convenciones de su época, pero Lanteri no estaba dispuesta a limitar su lucha al ámbito universitario. Entendía que la igualdad no podía existir mientras las mujeres fueran consideradas aptas para estudiar y trabajar, pero incapaces de intervenir en las decisiones políticas.

    El día en que descubrió que la ley no decía que las mujeres no podían votar

    La historia de su primer voto parece casi un argumento de película porque nació de una lectura minuciosa de una norma. En 1911, la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos a actualizar sus datos para el padrón electoral destinado a las elecciones municipales. Los requisitos establecidos contemplaban edad, residencia, profesión o actividad económica y pago de impuestos, pero no establecían expresamente que el elector debiera ser hombre.

    Lanteri entendió inmediatamente la importancia de aquella omisión. No se limitó a reclamar públicamente: recurrió a la Justicia y consiguió ser reconocida como ciudadana e incorporada al padrón. El 16 de julio de 1911 se convirtió en la primera mujer incorporada a un padrón electoral argentino y, meses después, pudo presentarse a votar.

    El 26 de noviembre llegó a la mesa ubicada en la parroquia San Juan Evangelista. Los hombres que esperaban para votar observaron sorprendidos cómo aquella mujer se incorporaba a la fila. El presidente de mesa era el historiador Adolfo Saldías, quien recibió su voto. La escena quedó registrada en fotografías que hoy forman parte del patrimonio del Archivo General de la Nación: Lanteri, vestida de blanco y con sombrero, frente a una mesa electoral dominada por hombres.

    La imagen tiene una fuerza extraordinaria precisamente porque no muestra una multitud de mujeres reclamando detrás de una bandera. Muestra a una sola mujer parada frente a una institución. Y eso alcanza para explicar la dimensión del desafío.

    No hubo una revolución armada, ni una reforma constitucional, ni una multitud ocupando las calles. Hubo una ciudadana que leyó una norma y decidió preguntarse por qué un derecho que la ley no le prohibía expresamente debía serle negado.

    La trampa del sistema: cuando cerraron el agujero

    El triunfo duró poco. La reforma electoral de 1912, conocida como Ley Sáenz Peña, estableció el voto secreto y obligatorio para los ciudadanos argentinos varones y vinculó el padrón electoral con los registros militares. La nueva legislación cerró el camino que Lanteri había encontrado. El sistema había aprendido de su propia contradicción: si una mujer podía ser incorporada al padrón porque la norma no decía explícitamente que estaba excluida, entonces había que construir una exclusión más precisa.

    Y Lanteri volvió a desafiarlo.

    En lugar de aceptar que la puerta se había cerrado, buscó otra. Si las mujeres no podían votar, razonó, había que preguntarse si existía alguna norma que les prohibiera ser candidatas. En 1919 se presentó como candidata a diputada nacional por el Partido Feminista Nacional, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en disputar formalmente un cargo electivo en la Argentina. Su plataforma no era simbólica: proponía derechos laborales, protección de la maternidad, igualdad civil, protección de los hijos y reformas sociales.

    Aquello permite comprender que Lanteri no estaba interesada solamente en conseguir que las mujeres pudieran colocar una boleta dentro de una urna. Su proyecto era mucho más amplio: quería transformar a las mujeres de sujetos pasivos de las decisiones políticas en protagonistas de esas decisiones.

    En 1910 había participado además de la organización del Primer Congreso Internacional Femenino realizado en Buenos Aires y desarrolló una intensa actividad en defensa de los derechos civiles y políticos. Su militancia incluía cuestiones vinculadas con la educación, el trabajo, la maternidad, la infancia y la lucha contra la trata de mujeres.

    El contraste con su época resulta notable. Mientras buena parte de la sociedad todavía discutía si una mujer debía estudiar una carrera universitaria o ejercer determinadas profesiones, Lanteri ya estaba planteando una cuestión mucho más profunda: qué sentido tenía una democracia que excluía políticamente a la mitad de su población.

    Una muerte que dejó una pregunta abierta

    El final de su vida agregó otra capa de misterio a una historia que ya parecía extraordinaria. Julieta Lanteri murió el 23 de febrero de 1932, cuando fue atropellada por un automóvil en la esquina de Diagonal Norte y Suipacha. Tenía 58 años. La muerte fue considerada oficialmente como un accidente, pero con el tiempo surgieron dudas y sospechas alrededor del episodio, especialmente porque Lanteri había recibido amenazas y mantenía una intensa actividad política. El conductor del vehículo fue identificado como David Klappenbach, vinculado a la Legión Cívica. Las circunstancias nunca quedaron definitivamente esclarecidas.

    No corresponde convertir esas sospechas en una certeza histórica que la documentación disponible no permite demostrar. Pero tampoco es necesario borrar la existencia de esas dudas. La muerte de Lanteri quedó rodeada de interrogantes, y su desaparición contribuyó a que durante mucho tiempo su figura perdiera espacio frente a otras protagonistas de la lucha por los derechos políticos de las mujeres.

    El sufragio femenino argentino llegaría finalmente décadas después. La ley que reconoció los derechos políticos de las mujeres fue sancionada en 1947 y el voto femenino se ejerció en elecciones nacionales en 1951. Para entonces, Lanteri llevaba casi veinte años muerta.

    Pero hay una diferencia fundamental entre esperar a que la historia conceda un derecho y obligar a la historia a discutirlo.

    Lanteri hizo lo segundo.

    Su primer voto no cambió por sí solo el sistema electoral argentino. Tampoco logró convertirse en diputada. No consiguió que las mujeres votaran inmediatamente ni pudo ver concretada la conquista por la que había luchado. Sin embargo, su gesto dejó expuesta una contradicción que ya no podía ocultarse: una democracia que hablaba de ciudadanía mientras excluía a las mujeres tenía una deuda imposible de disimular.

    Por eso aquella fotografía de 1911 conserva una potencia que excede largamente la anécdota. Allí está Lanteri, vestida de blanco, frente a una mesa electoral. A su alrededor, hombres que parecen observar una escena extraordinaria. Para nosotros, más de un siglo después, la situación puede parecer absurda. Pero justamente ahí reside su valor histórico.

    Los derechos que hoy parecen naturales casi siempre tuvieron un momento en el que alguien tuvo que desafiar la idea de que eran imposibles.

    Julieta Lanteri hizo eso mucho antes de que el Estado argentino estuviera preparado para reconocerlo.

    Y quizá por eso su historia no debería recordarse solamente como la de “la primera mujer que votó”. Fue también la historia de una mujer que entendió algo elemental y profundamente revolucionario: que muchas veces el poder se sostiene no solamente por las leyes que existen, sino también por aquellas prohibiciones que todos creen que existen aunque nadie se haya tomado el trabajo de escribirlas.

     

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    Milei le da la espalda a las familias endeudadas: el Gobierno confirmó que no apoyará proyectos para aliviar la crisis

     

    El Ejecutivo anticipó que La Libertad Avanza no acompañará en el Congreso las iniciativas destinadas a atender el creciente endeudamiento de los hogares argentinos. Mientras la oposición busca discutir refinanciaciones, límites a los intereses y mecanismos de alivio, el Gobierno insiste en que las deudas son apenas “acuerdos entre privados”.

    Por Ignacio Fraticelli para NLI

    La crisis del endeudamiento familiar llegó al Congreso y, antes de que siquiera comience formalmente el debate, el Gobierno de Milei ya decidió de qué lado estará. El vocero presidencial, Adrián Ravier, anticipó que La Libertad Avanza no acompañará los proyectos impulsados por distintos sectores de la oposición para aliviar la situación de las familias que no pueden afrontar sus deudas, una definición política que vuelve a colocar al Ejecutivo frente a una contradicción central de su modelo económico: mientras millones de argentinos recurren al crédito para sostener consumos básicos, pagar servicios o simplemente llegar a fin de mes, la respuesta oficial consiste en negar que exista una crisis y trasladar toda la responsabilidad al individuo.

    La discusión no es menor ni se reduce a una disputa parlamentaria más. En la acutalidad el problema del endeudamiento alcanza a casi 20 millones de argentinos, mientras que distintas iniciativas legislativas ponen el foco específicamente en los hogares que acumularon atrasos en préstamos, tarjetas de crédito y otros mecanismos de financiamiento. La oposición presentó decenas de proyectos con diferentes alternativas para atacar el problema, desde mecanismos de refinanciación hasta límites sobre los costos financieros, en un contexto donde la morosidad viene creciendo y el crédito dejó de funcionar para buena parte de las familias como una herramienta para proyectar consumo y pasó a convertirse en un recurso para sobrevivir.

    Cuando endeudarse deja de ser una elección

    Durante décadas, el acceso al crédito fue presentado como uno de los instrumentos centrales de inclusión financiera: una familia podía financiar una compra importante, afrontar una emergencia o distribuir un gasto en el tiempo. El problema aparece cuando el crédito deja de utilizarse para mejorar las condiciones de vida y empieza a utilizarse para cubrir necesidades que el ingreso corriente ya no permite afrontar. Allí la discusión deja de ser exclusivamente financiera y pasa a ser social, porque detrás de cada tarjeta impaga o préstamo refinanciado hay un hogar que perdió capacidad de compra.

    Ese fenómeno explica la importancia política de los proyectos que comenzarán a discutirse en Diputados. Las propuestas opositoras buscan establecer diferentes mecanismos para evitar que una deuda originalmente manejable termine transformándose en una obligación imposible de cancelar mediante la acumulación de intereses, punitorios y refinanciaciones sucesivas. Entre las alternativas aparecen planes de reestructuración de entre 36 y 60 cuotas, reducción de intereses punitorios, límites a la proporción del ingreso familiar que puede destinarse al pago de una deuda y mecanismos para impedir determinadas formas de capitalización de intereses. También existe una iniciativa que plantea declarar una emergencia crediticia durante 24 meses y establecer herramientas específicas para el desendeudamiento.

    El Gobierno, sin embargo, observa ese conjunto de propuestas desde una perspectiva completamente diferente. Ravier sostuvo que las deudas constituyen esencialmente “acuerdos entre privados” y anticipó que LLA no tendría intención de acompañar iniciativas que impliquen una intervención estatal. El argumento oficial plantea que utilizar recursos públicos para resolver obligaciones financieras privadas significaría transferir recursos de una parte de la población hacia bancos o entidades crediticias. La explicación puede parecer consistente dentro de la lógica doctrinaria libertaria, pero deja una pregunta política difícil de esquivar: ¿qué ocurre cuando las condiciones en las que se celebran esos contratos están determinadas por un mercado financiero con tasas extraordinariamente elevadas y salarios que pierden capacidad de compra?

    El Estado que aparece para ajustar, pero desaparece para proteger

    La discusión expone una de las características más profundas del modelo económico de Milei: el Estado es presentado como una intromisión cuando se trata de proteger al ciudadano frente a determinadas relaciones económicas, pero recupera un papel central cuando se trata de garantizar las condiciones generales del mercado. Para el Gobierno, una familia que no puede pagar un préstamo debe afrontar las consecuencias de la decisión que tomó; sin embargo, el debate sobre las condiciones concretas de ese crédito, los intereses aplicados, la capacidad real de pago del deudor y la asimetría existente entre una persona necesitada de dinero y una entidad financiera queda relegado a un segundo plano.

    La paradoja resulta todavía más evidente porque el propio oficialismo reconoce que el incremento de las tasas de interés puede contribuir al deterioro de la capacidad de pago. El vocero presidencial señaló que existen diferentes factores detrás del aumento de la mora y relativizó incluso la explicación que había dado Milei sobre el endeudamiento de los hogares a partir de la compra de televisores durante el Mundial, al señalar que aquello había sido apenas un ejemplo. La aclaración es significativa porque muestra que el fenómeno es bastante más complejo que una supuesta ola de consumo irresponsable: hay familias que se endeudan porque necesitan consumir, pero también porque necesitan sostener gastos cotidianos.

    El gobernador bonaerense Axel Kicillof cuestionó precisamente esa mirada y sostuvo que la morosidad seguirá creciendo mientras se mantenga una combinación de salarios bajos y tasas altas, rechazando la idea de que se trate simplemente de relaciones privadas desconectadas de la política económica. Su planteo apunta al núcleo del problema: si una política económica reduce el poder adquisitivo de los ingresos al mismo tiempo que encarece el financiamiento, el endeudamiento deja de ser una cuestión individual y comienza a expresar el resultado de un determinado modelo económico.

    La oposición, mientras tanto, intenta convertir ese problema social en una discusión parlamentaria capaz de generar una respuesta concreta. Más de 30 iniciativas buscan abordar la situación de las familias endeudadas, en paralelo con otros proyectos que forman parte de una ofensiva legislativa que también incluye la emergencia en discapacidad y otras demandas sociales. El desafío para esos bloques será transformar la dispersión de propuestas en una alternativa que pueda reunir los votos suficientes para avanzar, pero también construir un mensaje político que dispute la interpretación oficial según la cual cada deudor es responsable individual de su situación.

    Porque detrás de la discusión sobre una ley, un límite de tasas o una refinanciación existe una pregunta mucho más profunda: ¿qué tipo de sociedad construye un país cuando millones de personas necesitan endeudarse para sostener su vida cotidiana y el Estado responde que el problema no le pertenece? El Gobierno puede definir que las deudas son contratos privados, pero no puede convertir en un asunto privado la pérdida de ingresos, el encarecimiento del crédito, la caída del consumo y la imposibilidad creciente de numerosas familias de cumplir con obligaciones que alguna vez parecieron pagables.

    La decisión de Milei de no acompañar los proyectos será, por lo tanto, mucho más que una posición legislativa. Será una definición sobre qué intereses considera prioritario proteger el Estado frente a una crisis de endeudamiento que ya dejó de ser invisible. Mientras el oficialismo defiende la libertad contractual y rechaza cualquier mecanismo que pueda implicar intervención pública, millones de argentinos enfrentan una pregunta mucho más concreta y menos doctrinaria: cómo pagar lo que deben cuando el salario no alcanza. Y en esa distancia entre la teoría libertaria y la vida cotidiana de los hogares se juega buena parte de la verdadera discusión económica de la Argentina.

     

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  • HIGHLINE: SUBITE A LA CINTA, ¿TE ANIMÁS?

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  • ¿Sueña Milei con hijos humanos?

     

    Le pregunté a mi agente de Gemini: ¿Sueña Javier Milei con hijos humanos? Me contestó a la supervelocidad artificial con la información disponible: “En términos de descendencia humana, el presidente no tiene hijos y ha expresado públicamente en diversas entrevistas que no forma parte de sus proyectos ni prioridades vitales, posicionando a sus perros como su principal núcleo de afecto familiar”.

    Respeto su decisión y hasta puedo llegar a empatizar si ha tenido problemas de fertilidad o no ha encontrado cómplices para la misión de la reproducción. La calle está dura en asuntos del corazón y el desencuentro gobierna en la era de la hiperconexión. Pero mientras para algunas personas se trata de una elección individual, en Argentina hay un fenómeno social que atender: más de la mitad de la población joven no logra concretar el tamaño de familia ideal por limitaciones materiales.  Sueñan los argentinos y las argentinas con hijos humanos que no pueden tener.  

    Esta afirmación se desprende de la primera Encuesta de Intenciones Reproductivas desarrollada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) junto a Voices!. “Deseos reproductivos en encrucijada” titularon este informe que es revelador. Aporta evidencias, datos y respuestas al tema epocal recurrente, aquí y en el mundo: la baja de la tasa de natalidad. 

    “La maternidad será deseada o no será”, se dijo por aquí y por allá en el ciclo efervescente de 2018 y 2020, que brilla lejano y nostálgico en la opacidad del presente. Parece que con el deseo no alcanza, la maternidad y la paternidad no están siendo aún con deseo. Existen brechas a la hora de desear. 

    Más de la mitad de la población joven no logra concretar el tamaño de familia ideal por limitaciones materiales. Sueñan con hijos que no pueden tener.  

    Hoy, cuatro de cada diez jóvenes no pueden dejar la casa familiar, emanciparse: no pueden tener desde un rincón de intimidad para el sexo casual hasta construir un proyecto de vida propio. Cuatro de cada diez criaturas tuvo problemas para tener acceso a ropa o calzado. Cada vez más bebés nacen con sífilis congénita y con abstinencia. Y sí, cada vez nacen menos bebés. Una secuencia lógica. 

    Esto debería ser un tema de conversación pública y política: la búsqueda de la plenitud afectiva, los proyectos de expansión del amor de nuestra sociedad no pueden concretarse y eso es un problema para la vida democrática. Hannah Arendt ya lo advirtió en Los orígenes del totalitarismo: la soledad es mucho más que un sentimiento individual, es un problema político moderno que persiste. 

    Más allá del contexto actual, en nuestro país la baja de la tasa de natalidad se trata de un fenómeno transversal a todo el territorio nacional que es parte de la transición demográfica global de los últimos 70 años. Es necesario hablar más de esto desde una perspectiva de derechos humanos y también feminista.

    Si no ocupamos un lugar en la conversación sobre el tema, serán los voceros de la reacción conservadora quienes le subirán constantemente el volúmen hasta saturar e impedir la conversación. Seguirán diciendo en un tono que es catastrófico. Hablando de “invierno demográfico”, de “colapso” y hasta de fin de la humanidad. Y, en la búsqueda de explicaciones,  apuntando especialmente a las mujeres y al feminismo, las tecnologías y las políticas de derechos sexuales y (no) reproductivos.

    La natalidad cayó un 35% en la última década. La caída del embarazo adolescente explica gran parte del descenso, por la eficiencia de políticas públicas como el Plan ENIA.

    Sumado al histórico mandato de la maternidad, se ejerce una especie de presión moral, patriótica y hasta económica sobre nosotras y otra vez somos chivo expiatorio de una respuesta fácil a un fenómeno complejísimo y multicausal. Si hasta hace poco el feminismo fue chivo expiatorio del fracaso electoral del peronismo, ahora funciona como víctima propiciatoria del fracaso económico libertario. 

    Ponganse de acuerdo: si el mercado se regula solo, entonces ¿por qué el futuro del sistema previsional recae sobre las personas con capacidad de gestar? 

    «Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes. Hoy Argentina no llega a una tasa de natalidad que permita la reposición. La pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos está costando caro en términos de crecimiento», dijo este jueves el presidente en el Council of the Americas 2026. 

    Es llamativo que eligiera la secuencia “pasión por asesinar” apenas un día después de que la Fiscalía de Bolivia imputara formalmente al consultor argentino Fernando Cerimedo. El arquitecto de la narrativa del ecosistema digital libertario está acusado de tentativa de femicidio: se lo investiga como autor intelectual del intento de asesinato a su expareja, la abogada Nadia Beller, quien sobrevivió a la balacera estando embarazada.

    Si no conversamos sobre el tema, serán los voceros de la reacción conservadora quienes lo hagan, saturando con su tono catastrófico, hablando de “invierno demográfico”, “colapso”, «fin de la humanidad». Apuntando al feminismo y las tecnologías.

    Los dichos del presidente se desarman muy fácilmente poniendo hechos y datos en una línea del tiempo. La introducción de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo como explicación a la caída libre de los nacimientos es una falacia argumentativa. En Argentina, según las cifras del Ministerio de Salud de la Nación, la natalidad empieza su derrumbe a partir de 2014. El aborto es legal recién seis años después, en 2020. Es cierto: la cantidad de nacimientos cayó un 35% en la última década. Pero el 90% de esa caída se produjo antes de la interrupción voluntaria del embarazo. Además, si miramos el mundo, hay países en los que el aborto está prohibido o altamente restringido y la tasa de natalidad también baja: como Polonia, El Salvador o Nicaragua. 

    Más datos: también está en retracción, al menos en nuestro país, la cantidad de personas que buscan adoptar. En 2018 había 4.580 solicitantes para adopción. En algunos casos, se trataba de una familia monoparental (una sola mamá o un solo papá), y en la mayoría eran dos los solicitantes que, juntos, presentaban su legajo ante la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos de la República Argentina (DNRUA). Para fines de 2023 esas inscripciones habían caído a menos de la mitad, según estadísticas de ese organismo oficial. Se registraron 1.732 familias solicitantes, lo cual se traduce en una caída del 62% en un período de 5 años. 

    La caída del embarazo adolescente explica una gran parte del descenso. Hay menos maternidades forzadas. A nivel nacional las políticas públicas que pusieron el foco en la información, el acceso a los anticonceptivos y la prevención de los embarazos no intencionales, como el Plan nacional de Erradicación del Embarazo No Intencional en la Adolescencia, ENIA, en el que confluían los esfuerzos de salud y educación logró la reducción a la mitad de los embarazos adolescentes. Implementado por el gobierno de Mauricio Macri, continuó con la gestión de Alberto Fernández pero fue desmantelado cuando Javier Milei asumió la presidencia. Desde 2018, se registra el mayor descenso de la tasa de fecundidad en la adolescencia de los últimos 46 años. De acuerdo al último censo, el porcentaje de madres adolescentes -entre 15 y 19 años- tuvo una reducción muy pronunciada respecto de los resultados del censo anterior: pasó de 13,1% en 2010 a 6,4%. Esto es más jóvenes, tanto mujeres como varones, que pueden continuar con sus estudios y definir trayectorias laborales con mayor autonomía.

    La encuesta de UNFPA y Voices! llega a la conclusión que el deseo de tener hijos e hijas sigue vigente en la sociedad argentina, pero se enfrenta a una brecha entre aquello que se anhela y lo que efectivamente puede concretarse. El costo de crianza, la falta de ingresos estables y el acceso a la vivienda explican el 62% de las personas encuestadas que dijeron tener menos hijos e hijas de los deseados. Entonces no son los pañuelitos verdes.

    La Canasta de Crianza de la primera infancia, la niñez y la adolescencia, elaborada mensualmente por la Dirección Nacional de Estadísticas de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), es el parámetro oficial para dimensionar el costo integral de manutención y cuidado de la población de hasta 12 años inclusive. Para el período de julio de 2026, los valores oficiales de la canasta oscilaron entre los $545.683 y los $697.268 mensuales por hijo, situando el mayor nivel de gasto en el tramo de niñas y niños escolarizados de 6 a 12 años.

    Las organizaciones feministas llaman a un Acuerdo Nacional por los Cuidados. Puede sonar utópico, pero es un modo de proyectar el futuro.

    Hace algunas semanas la organización internacional Political Network for Values -Red Política por los Valores (PNFV) hizo distintas actividades en la Facultad de Derecho y en la legislatura con participación funcionarios nacionales y del gobierno porteño. Se trata del lobby para rechazar la Educación Sexual Integral  y el aborto legal.  A esto se suma la adhesión de la Argentina al Consenso de Ginebra sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia, otra alianza internacional provida impulsada desde 2020 que niega el derecho a interrumpir un embarazo. 

    Mientras el ecosistema de la ultraderecha sigue siendo el ataque a consensos, acuerdos y conquistas, las organizaciones feministas por estos días hacen un llamamiento a un acuerdo nacional por los cuidados. Puede sonar demasiado utópico en este contexto. Pero más allá de las fantasías de la ciencia ficción capitalista de los tecnomillonarios, realmente el único movimiento político que está proyectando el futuro es el feminismo.  Hablar de cuidados hoy es hablar de cómo queremos vivir en los próximos años: criar y acompañar los bebés que ya existen, junto con el acelerado envejecimiento poblacional. Es hablar de tiempo libre, trabajo, salud y vida en comunidad. 

    Para sostener la vida hoy cada vez más familias deben resolver con su tiempo, trabajo y esfuerzo  necesidades que deberían formar parte de un sistema de protección social. Se destruyeron 48 de 50 políticas de cuidado en la era Milei. Aparecen rebusques que hasta monetizan el tiempo de cuidados como las cajeras online. Cuidar es más que nunca una responsabilidad privada en condiciones aún más frágiles, cuando debería ser una prioridad pública. 

    La baja de la tasa de natalidad tiene que ser una oportunidad para abrir múltiples conversaciones como esta desde un enfoque sensible y empático, especialmente con aquellas personas que quieren procrear pero no encuentran con quién, pero también con otras múltiples crisis que atraviesa la humanidad hoy, ambiental, desde las guerras en curso, la crisis educativa o la crisis de la soledad, que ya es considerada una epidemia silenciosa, la crisis de la presencialidad y la crisis del emparejamiento. 

    Queremos que sueñen los argentinos y argentinas con hijos humanos y que puedan verlos nacer antes de que la reproducción con seres digitales sea una realidad. 

    La entrada ¿Sueña Milei con hijos humanos? se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    ¿Sabías que en la Argentina, originalmente, los vehículos circulaban por la izquierda?

     

    Hasta mediados del siglo XX, los automovilistas argentinos circulaban por la izquierda, como todavía ocurre en el Reino Unido. El cambio de mano realizado en 1945 fue una de las transformaciones logísticas más grandes de la historia nacional y obligó a modificar rutas, colectivos, tranvías, señales de tránsito y hasta la fabricación de los automóviles.

    Por Redacción de NLI

    Hoy nadie duda de qué lado de la calle debe circular un vehículo en la Argentina. Es una de esas reglas que parecen haber existido desde siempre y cuya naturalidad impide preguntarse por su origen. Sin embargo, durante gran parte de la historia nacional ocurrió exactamente lo contrario: carruajes, tranvías y los primeros automóviles transitaban por la izquierda. La decisión de cambiar completamente el sentido de circulación no respondió a una moda ni a un capricho administrativo. Fue el resultado de profundas transformaciones económicas, tecnológicas y geopolíticas que estaban modificando el comercio mundial y la integración regional. Aquella jornada obligó a reorganizar la vida cotidiana de millones de personas y se convirtió en uno de los mayores operativos de coordinación realizados por el Estado argentino en tiempos de paz.

    Cuando los argentinos circulaban «al revés»

    La costumbre de circular por la izquierda tenía raíces muy antiguas. Provenía de tradiciones europeas que se remontaban a la época de los carruajes y de los jinetes armados, cuando mantener la mano derecha libre facilitaba el manejo de armas o el saludo entre quienes se cruzaban en el camino. Como muchas otras normas urbanas, esa práctica fue heredada durante la etapa colonial y permaneció vigente incluso después de la independencia.

    Cuando aparecieron los primeros automóviles, a fines del siglo XIX, simplemente adoptaron las reglas ya existentes. Buenos Aires, Rosario, Córdoba y las principales ciudades argentinas convivieron durante décadas con vehículos que circulaban por la izquierda, mientras el crecimiento del parque automotor comenzaba a transformar el paisaje urbano. Los tranvías, los colectivos y los primeros ómnibus también fueron diseñados para ese sistema, al igual que buena parte de la señalización vial.

    Sin embargo, el escenario internacional estaba cambiando rápidamente. La expansión de la industria automotriz estadounidense convirtió a los vehículos fabricados en ese país en protagonistas del mercado mundial. A diferencia del modelo británico, los automóviles norteamericanos estaban pensados para circular por la derecha y comenzaron a imponerse también en América Latina. La Argentina, cada vez más integrada comercialmente con sus vecinos, enfrentaba un problema creciente: compartía largas fronteras con países que ya utilizaban la circulación por la derecha o se preparaban para adoptarla.

    El histórico cambio de 1945

    El 10 de junio de 1945 quedó grabado como el día en que la Argentina cambió oficialmente de mano. Detrás de aquella decisión existía un enorme trabajo previo de planificación. Durante meses se reemplazaron señales de tránsito, se adaptaron cruces ferroviarios, se modificaron paradas de transporte público y se organizaron campañas informativas para evitar accidentes.

    El desafío era gigantesco. No se trataba solamente de pedirles a los conductores que manejaran por el otro lado. Miles de colectivos debieron modificar sus recorridos, numerosos vehículos fueron adaptados y las autoridades desplegaron un importante operativo policial para acompañar las primeras horas del cambio. Los diarios de la época dedicaron amplias coberturas a explicar cómo debía comportarse la población durante esa jornada excepcional.

    Uno de los argumentos centrales para adoptar la circulación por la derecha era la integración con Brasil, Uruguay y el resto de América del Sur, además de facilitar la importación de automóviles producidos bajo los estándares internacionales que comenzaban a consolidarse después de la Segunda Guerra Mundial. La decisión también respondía al crecimiento constante del transporte automotor, que exigía reglas homogéneas para reducir riesgos y simplificar la circulación entre provincias y países vecinos.

    Sorprendentemente, el cambio se produjo con menos inconvenientes de los que muchos imaginaban. Aunque hubo episodios aislados y cierta confusión durante las primeras horas, la adaptación fue relativamente rápida. En pocos días, una costumbre arraigada durante siglos había comenzado a desaparecer.

    Una decisión cotidiana que habla de un país en transformación

    La historia del cambio de mano permite comprender que incluso las normas más elementales de la vida cotidiana responden a procesos históricos mucho más amplios. La circulación por la derecha no fue únicamente una cuestión de tránsito. Reflejó la creciente importancia de la industria automotriz, la necesidad de coordinar políticas públicas con los países vecinos y el papel del Estado en la organización de un territorio cada vez más complejo.

    También muestra cómo las sociedades son capaces de modificar hábitos profundamente incorporados cuando existe planificación, información y una estrategia clara. Lo que durante generaciones había parecido inmutable dejó de serlo en una sola jornada, sin alterar el funcionamiento general del país.

    Ochenta años después, muy pocos argentinos saben que sus abuelos aprendieron a conducir por el lado opuesto al actual. Cada vez que un automóvil toma una avenida o una ruta nacional, reproduce una decisión adoptada en 1945 que cambió para siempre la movilidad argentina. Es una de esas transformaciones silenciosas que, precisamente porque tuvieron éxito, terminaron desapareciendo de la memoria colectiva.

     

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