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Algunas huellas ya son la piel

Mirando superhéroes, superstars

Las huellas de Julieta

En la boca de Charly García siempre está la Argentina, escribió Florencia Angilletta. Pero también al revés: en el oído de la Argentina siempre está Charly García. Hay pocas primeras veces de Charly porque Charly es nuestra constante.

¿Cuándo descubrí a Charly? ¿Cuándo apareció? Recuerdo la serie de eventos ocurridos en una misma semana que me hicieron conocer a Los Beatles en 2002. O la primera vez que puse play a Artaud a los 12 años. Puedo recordar el primer disco de Fito que compré con mi papá en una disquería de la calle Beltrán en Escalada: era el recién salido Circo Beat. Recuerdo sacar el celofán de ese compact, descubrir el papel que cubría el disco espejado. Recuerdo el momento en el que conocí a esos músicos que marcaron mi vida.

¿Y Charly? Charly no apareció nunca. Charly siempre estuvo ahí. Era el sonido natural de mi casa. La banda sonora de los domingos a la mañana amplificada desde el radiograbador con cedé que teníamos en la cocina. Charly era “la música”. Mi abuela me recordó siempre que a los tres años cuando ella me preguntaba si tenía novio yo contestaba: “Sí, se llama Charly García”.

Yo había asumido mi destino: Charly iba a ser mi gran obsesión. No hay explicaciones para el destino. Tampoco para las obsesiones. Pero están las obsesiones sobre las obsesiones: la búsqueda de las pistas, de los indicios, de las huellas. Crecí con el relato de que a mí siempre me había gustado Charly. Era así. La explicación de mi mamá para llevar a su hija de dos años a un recital suyo en el Coliseo de Lomas de Zamora en el año 91, no fue que no tuvieran con quién dejarme esa noche. A cambio dijo: “Te llevamos porque a vos te encantaba Charly”. Dicen que mi forma de negar el estruendo de Charly y Los Enfermeros fue esconderme entre las butacas y jugar con los tornillos de las sillas.

Cuenta mi mamá que por esos años entraron a robar a casa y se llevaron el radiograbador de la cocina con mi casete pirata de Parte de la religión que contenía además mi canción favorita: “Rap de las hormigas”. “Te pusiste re triste porque te habían robado el casete” Yo no elegí este mundo, pero aprendí a confiar, improvisó Charly en el Unplugged de MTV. ¡Bienvenida a la frustración, pequeña Julita!

El tipo que rompía las guitarras

Las huellas de Pedro

Como ese techo en Remedios de Escalada era el mismo, algunos años después Charly también fue mi banda sonora. Estaba ahí. Lo elegía y lo escuchaba. Pasan los discos, quedan las huellas. No había obsesiones. Yo no tuve mi Coliseo 1991, pero sí mi Obras 2004, mientras en la escuela afinaba la letra cursiva. Lo poco que recuerdo es que me tuvieron que despertar cuando sonaron las primeras notas de “Nos siguen pegando abajo», la primera canción que aprendí de principio a fin estudiando del librito de Clics modernos que había en mi casa. Charly fue, también, los primeros acordes ensayados en una guitarra.

Pero la exploración de esa extensa discografía llegó mucho tiempo después de los casetes y los CDs que ponían mis viejos y lo que se filtraba detrás de las paredes de la pieza hermética de mi hermana a la que, por lo general, tenía la entrada prohibida. Llegó después del Unplugged que sonó en loop por años. Ese Charly desobediente al que le prohibieron enchufar su piano y sacó su tecladito Casio con parlantes propios. Para mí todos esos temas en vivo fueron, por mucho tiempo, las versiones originales de canciones que en realidad tenían más de veinte años.

Sui Generis, La Máquina, Serú y Charly solista se me aparecieron así, por separado, en un universo ya distinto: uno con Youtube, letras, álbumes completos, artes de tapa y mucha, mucha información. ¿Qué tocaba Charly en plena dictadura? Dice Jorge Monteleone que sus composiciones siempre oscilaron “entre el individualismo anárquico y el enfrentamiento con lo institucional”. ¿Cómo eran recibidos esos discos? Serú Girán (1978), el disco que no le gustó a nadie y sin embargo tenía temas como Eiti Leda y Seminare. ¿Qué banda vino primero? ¿Por qué se separaron? La partida de Pedro Aznar para estudiar música en Berklee que rompió Serú y su vuelta para hacer los bajos en Yendo de la cama al living. ¿Quiénes tocaban en sus discos solistas? ¡Así que Fito había sido el tecladista en Piano Bar!

Después llegó Spotify, la plataforma que permitió que unos empezaran a hablar en playlists mientras otros seguimos hablando en discos.

Siempre es como la primera vez

La obsesión de Pedro

Siempre tuve una obsesión: las huellas de Charly en Charly. «¿Te hace acordar a algo esto?», «Escuchá la intro de este tema. ¿A qué te suena?» son preguntas que le hago a mi hermana con frecuencia cuando vuelvo a algún disco y una serie de notas o acordes me remiten a otro tema con algunos años de diferencia. «La música de Charly viaja en el tiempo», me dijeron alguna vez. En todos esos discos hay guiños, repeticiones y homenajes de Charly sobre Charly. Algunos más evidentes, otros no tanto. La banda sonora para la obra “Terapia intensiva” (1984) como el germen de canciones que nacieron hasta cinco años después. Todo lo que fui anotando en notas del celular durante años se puede escuchar como huellas a lo largo de este texto. ¡Denle play!

1974 | «Tango en Segunda», Instituciones, Sui Generis.
1988 | «La ciudad se está apagando», Lo que vendrá, Charly García

Transitando los lugares ciertos

Las huellas de Julieta

En el 2000 los furores musicales de mi primaria en Lanús iban de “Oops, I did it again”, la canción que Britney Spears bailaba robóticamente en un enterito rojo de charol, al rabioso “Amor clasificado” del Potro Rodrigo que sonaba en todos los asaltos después de “Pibe cantina” de Yerba brava. En los 40 principales encabezaban los rankings “Ven conmigo”, de Cristina Aguilera, “Music” de Madonna y “La quiero a morir”, de DLG. 

1980 | «Canción de Alicia en el país», Bicicleta, Serú Girán
1984 | «Alicia va a la disco», Terapia intensiva, Charly García

En medio de ese ecosistema sonoro al que yo intentaba con relativo éxito adaptarme, una tarde encontré arriba de mi cama un disco doble con una revista Gente: era el Obras cumbres de Sui Géneris, especial 35 años. Yo tenía 11 y amaba a Charly García desde siempre, pero no “sabía” nada de él. No sabía que Charly había tenido bandas antes de grabar sus discos solista. En mi pequeño universo esos discos eran contemporáneos a mi corta vida. Desconocía incluso que Yendo de la cama al living se hubiera grabado siete años antes de mi nacimiento. Charly era mío, era sólo presente, no había antes. Charly no tenía historia, era mi puro acontecimiento.

1981 | «Llorando en el espejo», Peperina, Serú Girán
1982 | «Crimen, divina, productor», Pubis angelical, Charly García

La revista que acompañaba el disco resultó muy útil, porque ese Charly lampiño de la época de Vida hubiera sido muy difícil de adivinar para mí. Recuerdo que ahí descubrí con asombro que en los 70 Charly se escribía Charlie. Y que cuando puse play y sonó “Canción para mi muerte” desconocí su voz. ¿Qué era ese sonido? ¿Esa guitarra criolla? ¿Esa voz dulce? ¿Esos tarareos tiernos? En las fotos de la revista todo era oxford, azulado, ajustado, amoroso, casero: muy alejado del Charly que yo conocía: bigote partido, uñas largas y pintadas, aerosoles, el aguante, demasiado ego y say no more. La revista, como un tesoro archivístico, venía conmigo al colegio, la leía en el micro, en el recreo, a la vuelta en la merienda.

Recuerdo cantar parada arriba del escritorio “Lunes otra vez” en un recital imaginado; llorar escondida mientras sonaba en el discman “Cuando ya me empiece a quedar solo”; alucinar con el presagioso “esto es un aviso” de Charly antes del “Botas Locas” en el Adiós del 75; sobreactuar el “Ay qué pena, nena!” de Mr. Jones. En la casa de mis viejos no había discos de Sui Generis y yo creía que ese era mi hallazgo. No quise suponer lo evidente: mi papá me había regalado esa música y la había dejado en mi cama como un legado. Nunca le agradecí. Supongo que le habrá alcanzado con verme durante meses escuchando esos cedés con estupor y contando en la mesa mis propios descubrimientos de la juventud de Charly como grandes novedades.

1981 | «Peperina», Peperina, Serú Girán
1983 | «Ojos de video tape», Clics modernos, Charly García

Ese fue un tiempo furioso de compilados. Antes de los compilados caseros en discos vírgenes, eran compacts con canciones editados por revistas o discográficas: Obras cumbres, grandes hits, lo mejor de, Disco oro. Yo nunca tuve un cedé de Sui Generis y sin embargo creía conocer todo su cancionero. Un día una prima me grabó otro obras cumbres en un casete. Puse play. Late, late, late. Las conocía todas. Menos una: “Mariel y el capitán”. Casi un radioteatro, me conquistó con el primer toc toc a la puerta del quinto “C”. Con ese TDK llené mi álbum de figuritas de Sui.

1982 | «Transatlántico Art Deco», Pubis angelical, Charly García
2002 | «Influencia», Influencia, Charly García
1998 | «Kill my mother», El aguante, Charly García
2000 | «El día que apagaron la luz», Sinfonías para adolescentes, Sui Generis

Cómo conseguir chicas

La obsesión de Julieta

Ahora saben lo que soy. Y estarás muy feliz Johnny. No es lógico que solo lo sepas tú: ¡Ya todos saben que al poderoso Johnny Farrell le engañaron! ¡Y que su esposa es una…!

Después del cachetazo se escucha el Wurlitzer de Charly: son las primeras notas de Salir de la melancolía y un tarareo en bidubidubidu se superpone con la voz doblada de Glenn Ford que dice Podrá pensar en nada claramente. Algunos juegos con el bajo de Aznar y el sonido ochentoso de la batería de Oscar Moro introducen la primera línea de este tema de Serú Girán: Quisiera una canción para un amigo que no puede salir de la melancolía eterna de sufrir de amor. Treinta y cinco años después de su estreno, Gilda, la película que filmó Charles Vidor en 1946, funciona como inspiración para una canción de rock en Argentina. Pero la musa no resulta ser Rita Hayworth, sacándose los guantes y pidiendo que alguien la ayude a bajarse el cierre del vestido, sino el celoso, poderoso y engañado Johnny Farrell.

1984 | «Terapia intensiva», Terapia intensiva, Charly García
1988 | «Anónimo musical», Lo que vendrá, Charly García
1989 | «Zocacola», Cómo conseguir chicas, Charly García

La canción termina con una recomendación de Charly para Johnny: Si quieres un consejo no la cuides desde lejos ni le digas lo que tiene que hacer, ella debe ser como quiere ser y eso ya lo tienes que ver. “Salir de la melancolía” es un diálogo entre varones, una interpelación entre tipos inspirada por una película considerada, históricamente y casi de manera unánime, como misógina. Charly le dice a Johnny que se rescate, que rompa las cadenas. Charly rompe hasta con la idea binaria de víctima y victimario: Johnny es víctima de sí mismo. ¡El rock nacional hackea al film noir!

1984 | «Terapia intensiva», Terapia intensiva, Charly García
1984 | «Conejo tecno», Terapia intensiva, Charly García
1987 | «Rap de las hormigas», Parte de la religión, Charly García

¿Por qué esta pincelada? ¿Por qué este destello arbitrario sobre Charly y Gilda? Con los años las obsesiones se transforman: ¿Cómo volver sobre Charly ahora que tenía una mirada feminista? Lo escribió Angilletta en Zona de promesas: el desafío para las feministas que escuchamos a Charly en los 90, para las nenas que jugamos con tornillos de butacas mientras en el escenario tocaban Los Enfermeros, no es bajar los posters de las piezas, es decir algo de él sin demolerlo, volver a escucharlo con otro oído, uno más atento o con una atención distinta. Compaginar la inocencia con la piel. Escuchar lo que se nos escapa, lo que las sentencias no nos deja oír.

Charly habla de las mujeres todo el tiempo en sus canciones. Habla de ellas y se deja narrar por ellas. Les habla y no solo de amor: Marilyn, la cenicienta y las mujeres, Peperina, Adela, Zocacola, Alicia, Casandra, Bubulina, Eiti Leda, Julia que baila con tachos y calles y el mar. Esas mujeres no son ángeles, ni sumisas, no son nenas bobas, tampoco demonios. Charly canta mujeres encendidas, inesperadas, poderosas, a veces víctimas de un sistema, a veces diosas y heroínas, a veces tramposas, siempre genuinas: te amo, te odio, dame más.

Pero Charly no cuenta sólo a las mujeres, también se afirma en su propia ambigüedad genérica, en los modos estigmatizados en los que él mismo es mirado en los 80 y responde: “yo sé que algunos piensan que soy mixto, pero yo tengo personalidad”. Nos cuenta con erotismo voyeurista a esos tipos que se toman las manos en un bar, prenden un grabador y bailan un tango de verdad. Desprejuiciados son los que vendrán, vaticina. ¡Charly es nuestro clic moderno! 

1984 | «Desfile, Águila y León», Terapia intensiva, Charly García
1989 | «Anhedonia», Cómo conseguir chicas, Charly García

Mientras miro las nuevas olas

Las huellas de Pedro

Un mediodía pre pandémico charlé con Agustín, un porteño que hacía muchos años vivía cerca del mar. Lo vi pescando solo en Mar del Sur frente a uno de los tantos acantilados que uno encuentra si se aleja del centro de la ciudad. Me acerqué y al rato ya me había contado que trabajaba para una constructora y que aprovechaba los fines de semana para pescar ahí o en Necochea. Me mostró también una cicatriz en la pierna de una operación reciente y me dijo que estuvo varias semanas en cama porque se había caído por uno de esos acantilados: se salvó porque lo despertó el agua que iba y venía en la orilla. Su propio despertar de mambo.

1987 | «Buscando un símbolo de paz», Parte de la religión, Charly García
1990 | «Curitas», Filosofía Barata y Zapatos de Goma, Charly García

Tanto para mí como para él, Charly es lo que el clima para cualquier mortal en un ascensor. De alguna manera se vuelve siempre el tema principal de la charla. Él pescaba, mencionaba algún recital que había visto en vivo y alguna canción que le gustaba mucho. Yo lo escuchaba, le contestaba y le contaba con orgullo que había estado escuchando la discografía completa de Charly durante meses. En la primera pausa me dijo algo para evitar esos segundos callados. “Si uno hace silencio frente al mar argentino se escucha siempre un tema de Charly.” Hay que tener mucha imaginación, pensé. El silencio tiene acción: no le dije nada. Obedecí, hice silencio. Agustín se puso a tararear. Me encantaría recordar qué. Lo miré y me reí. Él siguió: ”Mirá el mar. Ya podés empezar a cantar». 

1988 | «Anónimo musical», Lo que vendrá, Charly García
1989 | «Zocacola», Cómo conseguir chicas, Charly García

¿Qué era esa furia?

Las huellas de Julieta

Nadie se baña dos veces en el mismo recital de Charly. En los 50 años que lleva dando conciertos la constante parece ser una: su carácter imprevisible. Ese rasgo inesperado en su manera de actuar tal vez sea su talismán. Esa provocación permanente desde sus plops musicales (nadie podía entender a Serú Girán en el Obras del 78), sus entradas en ambulancia con sus músicos disfrazados de enfermeros en los 90, hasta sus shows de 30 minutos en los dosmil.

Fito Páez escribió: “Charly era único porque la uniquidad la daba él tirando el minimoog al piso, bailando en un país que no lo hacía, juntando a los Beatles con Genesis, arrancando un concierto en Rosario con una rosa en la boca y las piernas repartidas entre los teclados en V”. Charly, fuera del canon, no sólo de la música, también de la performance. Charly siempre novedad. En “Esta noche toca Charly”, Roque Di Pietro escribió: “Es notable el esfuerzo de la Historia por seguirle los pasos a García”. Charly más allá de la historia. Nosotros nunca dejamos de seguir sus huellas.

1988 | «Obertura, títulos y presentación», Lo que vendrá, Charly García
1989 | «No me verás en el subte», Cómo conseguir chicas, Charly García
1988 | «Tema final de Lo que vendrá», Lo que vendrá, Charly García

El primer recital que compartimos con mi hermano Pedro tenía título, se llamaba Plateado sobre plateado. Era en Obras, parte de una serie de presentaciones temáticas en el invierno de 2004. Me impresionaron los arreglos de cuerdas y una versión bellísima de “Desarma y sangra”. El recital fue breve y habíamos estado demasiado cómodos en la platea que había invitado mi papá. Tuve mi revancha adolescente en el campo de otro show un mes más tarde: La Venganza II duró más de tres horas. What do you want from me that you don’t already have? Y García se clavó esa noche 46 temas. Yo tenía 15 años, quince para siempre, fifteen forever, y rápidamente esa noche de agosto se consagraba como la mejor de mi vida: un Charly encendido, que tocaba desde “Instituciones” hasta “Rock and roll Yo”, pasando por “Fanky”, “Perro Andaluz” y “No te dejes desanimar”. Era Charly para coleccionar.

Había estado las tres horas pegada a la valla, sobre la pasarela en la que Charly corría, bailaba, tocaba, se desvestía. En un momento a Charly se le cayó algo muy cerca mío. Cuando se agachó para levantarlo me miró y yo no dudé en decirle lo que las adolescentes le dicen con más facilidad a sus ídolos: “¡te amo!”.

La noche siguiente, en Plateado sobre plateado, la secuela, Charly tocó una lista de solo 21 canciones. Ir a verlo en esa época era siempre una lotería. De ese mismo año me acuerdo de Ferro: Otro Charly eufórico, cantando bajo la lluvia en el día de la Lealtad una versión libre de Rain de Los Beatles, o la previa a Seminare en la que improvisó: “y si llueve y me mojo no me enojo porque no encojo”. Charly y las palabras. Charly y la fantasía de encoger: en un recital del 83 en el Luna Park, antes de “Bancate ese defecto” había dicho: “y el mensaje es, si tenés la nariz grande hace algo con ella y no te encojas”. Charly y su tamaño: imposible achicar al elefante de la habitación Argentina.

1990 | «Curitas», Filosofía barata y zapatos de goma, Charly García
1994 | «Kurosawa», La hija de la lágrima, Charly García

Todos los Charlys juntos (y les hermanes también)

Si hay algo que tiene Charly, y que pocos otros músicos tienen, es su rasgo transgeneracional. A Charly lo escuchan todos. Todos tienen su Charly, su show, su canción, su frase, su imagen. Charly es la más sofisticada canción popular pero también una declaración de amor a nuestros viejos, a nuestros hermanos. Es el recital de la adolescencia en zapatillas y el de la infancia a upa o dormido en una butaca. Charly es como el club de fútbol: otra forma posible de querernos, un tesoro que nos legaron y queremos legar.

1990 | «De mi», Filosofía barata y zapatos de goma, Charly García
1996 | «La vanguardia es así», Say no more, Charly García

Entre nuestros nacimientos (*nota de les hermanes autores: ¡bienvenides al tren de la primera persona del plural!) pasaron más de siete años. Mucho tiempo para lograr coincidir. Y sin embargo, Charly: estuvimos juntos en ese Obras de 2004, nos compartimos hallazgos cotidianos a diario, “¿Ya viste este recital del 83?”, “¿A qué te hace acordar la guitarra del principio, Pe?”, recordamos con gracia la euforia de un verano en Brasil cantando “la sal no sala y el azúcar no endulza”.

El 14 de octubre pasado estuvimos juntos en Algo de Charly, el recital que hicieron Lito Vitale, Hilda Lizarazu, Zorrito Von Quintiero, Fernando Samalea, Rosario Ortega y Benito Cerati. Cuando empezó a sonar la instrumental “Operación densa” seguida de “Pubis angelical”, nos miramos. Pedro susurró conmocionado: “nunca me imaginé que iba a escuchar estas canciones en vivo”. El recital tuvo esos momentos de emoción y su estallido bailable cuándo Hilda cantó “Buscando un símbolo de paz”: después de más de un año yendo de la cama al living, ¿será porque nos queremos sentir bien? La respuesta la dio el Zorrito: “Es que Charly es nuestra máquina de ser feliz”. Cada tanto le hacemos escuchar a Carmela, nuestra hermana de cuatro años, “Rap de las hormigas”, a ver si prende.

1996 | «Canciones de jirafas», Say no more, Charly García
1998 | «El aguante», El aguante, Charly García

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