Quién gana con Ceuta

Quién gana con Ceuta

 

Cerca del pequeño Aeropuerto de Melilla puede verse una imponente valla fronteriza, incluso antes de poder distinguir con claridad qué casas pertenecen al enclave español y cuáles a las localidades marroquíes colindantes. “La valla” está formada por varias rejas, mallas metálicas, metal oxidado y una zanja, y en el lado marroquí se complementa con alambre de púas financiado por la Unión Europea. Se trata de todo un complejo fronterizo que recuerda más bien a Jurassic Park y no al hecho de que a ambos lados de la frontera puedan vivir vecinos, amigos y familiares. Las dos ciudades, Ceuta y Melilla, pertenecen a España pese a estar ubicadas en continente africano, e incluso tienen estatus de comunidades autónomas, como Cataluña o Andalucía. En cada una viven unas 85 mil personas, y la población se compone a partes iguales de españoles cristianos de origen europeo y de musulmanes, a menudo de origen marroquí. Ambas son españolas desde los siglos XV y XVI, respectivamente, y tienen un gran significado simbólico para la conciencia nacional. La recristianización de España, conocida como la Reconquista, no concluye, según algunas narraciones históricas, hasta la conquista de Melilla en 1497. Simbólicamente, el primer paso en África coincide con el inicio de la expansión global del Imperio español.

Hoy en día, las fortificaciones de ambas ciudades simbolizan la desigualdad entre el sur global y el norte global, entre las antiguas potencias coloniales —que mantienen su hegemonía por otros medios— y sus antiguas colonias, que intentan, con mayor o menor éxito, mejorar su posición en la competencia estatal. En las montañas que rodean los enclaves se concentran miles de migrantes procedentes de toda África (y, en algunos casos, incluso de Asia Occidental) y aguardan la oportunidad para cruzar las fronteras a nado, trepando o escondidos en un vehículo y así pisar suelo europeo. Con frecuencia se producen víctimas mortales. Sin embargo, nunca antes se había dado una situación como la de finales de julio de 2026: hasta entonces, la violencia de la valla parecía insuperable, salvo contadas excepciones. Esto podría contribuir a explicar el resentimiento que, al parecer, estos acontecimientos provocan en la conciencia europea.

¿Por qué hay vallas?

Quienes hoy tienen más de 40 años recuerdan una infancia sin vallas, en la que bastaba con cruzar a pie una barrera fronteriza más bien simbólica, una alambrada, para ir, por ejemplo, a las playas marroquíes o a la cordillera del Rif. Las economías de los enclaves también estaban interrelacionadas con las de las zonas colindantes, de modo que, por ejemplo, los agricultores marroquíes vendían sus productos en los mercados a los vecinos españoles, que tenían mayor poder adquisitivo y que, a su vez, contrataban a mujeres marroquíes como empleadas domésticas y a hombres marroquíes como trabajadores auxiliares. Sin duda, no se trataba de una convivencia en pie de igualdad, pero estaba muy lejos de la situación de exclusión militar que observamos hoy en día. Quienes son un poco mayores y aún pueden recordar los años 60 o 70 no solo hablan de una convivencia sin vallas, sino también de una convivencia igualitaria en los barrios de los enclaves, donde las familias cristianas, musulmanas y judías, aunque igualmente pobres, se mostraban solidarias entre sí a nivel vecinal. Parece una paradoja: cuando España aún era potencia colonial en el Sáhara Occidental y el dictador Franco aún vivía, se era, en general, más pobre, pero se convivía con los vecinos de forma menos segregada. La valla y la respuesta cuasi militar a la migración no son producto de la dictadura colonial, sino del capitalismo democrático poscolonial.

Las causas de la construcción de las vallas no hay que buscarlas en el norte de África, ni en la convivencia entre musulmanes y cristianos en la región, sino en la estructura del sistema mundial capitalista. El periodo comprendido entre 1975 y 1985 estuvo marcado por varios cambios radicales. Por un lado, tras la muerte de Franco, comenzó la llamada Transición, la transformación de España de una dictadura católica y chovinista a una democracia orientada hacia Europa. Desde el punto de vista político-económico, esto supuso sobre todo la integración del país en las instituciones europeas, la adhesión a la Comunidad Europea, a la OTAN y al espacio Schengen. Esta integración vino acompañada de un enorme auge económico del que pudieron beneficiarse, en mayor o menor medida, todos aquellos que poseían la nacionalidad española.

Sin embargo, al mismo tiempo que España ascendía a una posición central en el capitalismo global, este mismo sistema se encontraba inmerso en una transformación fundamental. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el norte de Europa experimentó un crecimiento económico sin precedentes gracias al Plan Marshall, a una producción industrial avanzada y a la importación de materias primas baratas procedentes de las periferias. La relación entre los centros industriales y las periferias se caracterizó por la diferencia de poder del mercado mundial, de modo que muchos acuerdos anteriormente coloniales se transformaron en acuerdos poscoloniales, en los que las antiguas colonias seguían siendo explotadas. Esta configuración de la relación entre los centros y las periferias cambió radicalmente en la década de 1970. La saturación de los mercados europeos, el fin del sistema de Bretton Woods y, sobre todo, la crisis del petróleo provocada por la creación de la OPEP marcaron un cambio radical. El capital respondió a la caída de la rentabilidad con la introducción de la denominada “nueva división internacional del trabajo”, es decir, la exportación de fases de producción a los países del sur global. Esto vino acompañado de los programas de ajuste estructural del Banco Mundial y del FMI, muy conocidos en el hemisferio sur por  las aperturas forzadas de los mercados, privatizaciones y programas de austeridad fiscal. Estas medidas destruyeron a gran escala, en las décadas de 1970 y 1980, las economías de subsistencia, lo que puso en marcha una nueva dinámica migratoria: los antiguos pequeños agricultores se vieron privados de sus medios de vida y emigraron, en un primer momento, a las ciudades en busca de trabajo, pero más tarde también al norte global. Desde el punto de vista de los europeos, era necesario externalizar las fronteras europeas para detener este nuevo movimiento migratorio: así, a España, recién integrada en el centro del sistema mundial, le correspondió la tarea de retener en África a las personas que emigraban a Europa, en su mayoría procedentes de África Occidental. Por eso, en la década de 1990 se construyó una valla en Melilla y Ceuta, sobre la que un joven de Melilla explica: “Esta valla no es para los marroquíes. Esta valla es para los subsaharianos”.

Nuevas desigualdades

El establecimiento del régimen fronterizo europeo en Ceuta y Melilla generó nuevas y complejas formas de migración y de desigualdad estructural. En primer lugar, la ciudadanía española trazó una importante línea de desigualdad entre antiguos vecinos. Los españoles cristianos lograron rápidamente un ascenso social, mientras que a los habitantes musulmanes del enclave se les negó durante mucho tiempo la regularización. Así, desde la década de 1980 se fue gestando una segregación entre los grupos de población y los barrios de las ciudades que persiste hasta hoy. Sin embargo, esta desigualdad es especialmente evidente entre quienes viven en los enclaves y quienes tuvieron la mala suerte de encontrarse en el lado marroquí cuando se construyeron las vallas y se fortificaron las fronteras. Los acuerdos de “buena vecindad” entre España y Marruecos permitían a los habitantes de los enclaves y de sus ciudades vecinas marroquíes cruzar la frontera sin visado, siempre que abandonaran la ciudad antes de las diez de la noche. Así se creó una situación en la que los españoles de los enclaves solían ser funcionarios, empresarios y empleados de la administración, a quienes se pretendía atraer a Melilla para trabajar con lucrativas ventajas fiscales, mientras que prácticamente toda la clase trabajadora —artesanos, comerciantes, empleados domésticos, cuidadores— se desplazaban diariamente desde Marruecos a la ciudad. La policía hablaba, en aquel momento, de hasta 30 mil trabajadores transfronterizos al día. Las diferencias salariales entre los enclaves españoles y Marruecos eran tan elevadas que, aunque esta clase trabajadora móvil se veía abocada a una situación precaria y, a menudo, obligada a realizar trabajos en negro en condiciones de explotación extrema, muchas familias marroquíes de esta “población flotante” podían, a pesar de todo, vivir de los euros que ganaban en los enclaves.

El régimen fronterizo supuso un especial sufrimiento para las llamadas “porteadoras”. Entre los enclaves y Marruecos existía un enorme comercio atípico. Las mercancías podían cruzar por la frontera, en el equipaje de mano, sin pagar aranceles. Empresas europeas se aprovechaban de ello transportando grandes lotes de mercancías hasta la frontera, que luego eran transportadas al otro lado por mujeres —las “porteadoras”— a cambio de un salario de miseria y poniendo en riesgo su salud. Este contrabando, tolerado por las autoridades, alcanzó proporciones enormes: así, desde Ceuta y Melilla se exportaba a Marruecos tanto como desde toda España a Australia.

La migración de la población flotante y de las porteadoras, caracterizada por la desigualdad y la explotación, fue una consecuencia casi incidental del incipiente régimen fronterizo europeo y de la integración de España en el centro del sistema mundial capitalista. Sin embargo, el objetivo real era frenar la migración por pobreza generada por la globalización neoliberal, cuyo principal instrumento eran los programas de ajuste estructural. Esta migración se manifiesta en los enclaves de dos formas. En primer lugar, en forma de los llamados MENA (menores extranjeros no acompañados), generalmente marroquíes que proceden de zonas rurales de Marruecos o, más a menudo, de los barrios marginales de las grandes ciudades y que intentan escapar a Europa para huir de una situación de pobreza extrema. Estos jóvenes (a veces niños) llegan a los enclaves escondidos en coches o nadando, arriesgando sus vidas. Intentan matricularse en los centros educativos de los enclaves para obtener así un permiso de residencia temporal, o subir como polizones a un ferry con destino a Europa. A menudo viven en la calle y se ven expuestos continuamente a acosos y, en ocasiones, a actos de violencia por parte de la policía, que intenta disuadirles de continuar su ruta migratoria. Esto se aplica tanto a la policía española como a las autoridades marroquíes que, financiadas por la UE, se han convertido desde hace tiempo en cómplices decisivos en la lucha contra la migración: alrededor de los enclaves se han delimitado zonas en las que la policía marroquí actúa con violencia contra los migrantes y, en el peor de los casos, los lleva hasta el desierto para abandonarlos allí a su suerte.

Esta cooperación de Marruecos con España y la UE queda especialmente patente en el caso de la migración subsahariana. Los africanos occidentales, y últimamente también muchos sudaneses, intentan emigrar a España y a Europa a través de Marruecos, donde a menudo se ven sometidos a una fuerte represión, dado que, por encargo de la UE, deben detener la “migración irregular”. Los migrantes denuncian atracos de los que las fuerzas de seguridad no los protegen y, en algunos casos, incluso robos perpetrados por la propia policía. Quienes son sorprendidos intentando cruzar la frontera hacia uno de los enclaves suelen ser víctimas de violencia e incluso de tortura. Como ya se he dicho, en las montañas que rodean los enclaves se concentran miles de migrantes en campamentos improvisados, ya que no pueden mostrarse abiertamente en la zona debido a la discriminación racial por parte de las autoridades marroquíes. Una y otra vez, estas personas intentan, en grandes grupos y de forma conjunta, cruzar la valla fronteriza y solicitar asilo en territorio español. Una y otra vez, muchos de ellos pierden la vida en el intento.

Tanto la presión migratoria hacia Europa como el propio régimen fronterizo son, por tanto, de reciente data y se deben a la configuración actual del capitalismo tardío. El propio régimen fronterizo, con sus matices específicos —el acuerdo de buena vecindad, la posibilidad de exportar “equipaje de mano” libre de aranceles—, genera así estos tipos de migración y, con ellos, las desigualdades y la explotación propias de cada uno.

La nueva normalidad

En 2020, la situación cambió radicalmente. Hoy el Magreb se presenta con mucha confianza en sí mismo. Marruecos ha construido grandes complejos portuarios junto a los enclaves, entre los que destaca Tánger MED, el puerto más grande de África. Se prevé que los flujos de mercancías del futuro pasen por Marruecos, que se presenta con confianza como la «puerta de África». Además, se han designado zonas de libre comercio en las que las multinacionales pueden establecer sus capacidades de producción. Marruecos también es absolutamente consciente de su importante papel en la contención de la migración hacia Europa y se lo hace saber regularmente a los europeos. Cuando se aplicaron medidas contra el COVID-19 en todo el mundo, también se suspendió el acuerdo de buena vecindad. De repente, decenas de miles de familias marroquíes ya no pudieron desplazarse a los enclaves y así, de un momento a otro, perdieron sus medios de subsistencia. Y viceversa, muchas personas que se habían quedado ilegalmente en los enclaves se vieron de repente atrapadas. Desde entonces, la situación en la frontera se ha convertido en una prueba de fuerza diplomática. Aunque ahora se puede cruzar, se necesita un visado para hacerlo, algo imposible de conseguir para los marroquíes sin recursos. Las porteadoras, por su parte, han desaparecido. Aunque se les prometió encontrarles empleo en las nuevas zonas de libre comercio, cuando en 2023 pregunté por ellas en los enclaves, nadie sabía nada. Parece que comparten el destino de la gente humilde en tiempos de grandes cambios.

Desde 2020 han surgido nuevas formas de migración y de conflictos en las fronteras. En primer lugar, en 2021 se produjeron protestas y auténticos disturbios, en los que los vecinos de ambos lados de la frontera se manifestaron a favor del restablecimiento de los acuerdos de buena vecindad. Ni los españoles ni los marroquíes estaban contentos con el cierre de la frontera. Por primera vez, también algunos marroquíes intentaron saltar la valla, que supuestamente es “solo para los subsaharianos”.

Pero, sobre todo, se están multiplicando las incursiones masivas contra las instalaciones fronterizas, que tienen gran repercusión mediática y a menudo son sangrientas. En 2021, unos 9 mil marroquíes lograron llegar a Ceuta; en 2022, entre 2 mil y 3 mil sudaneses asaltaron la valla fronteriza de Melilla, en un incidente en el que la violencia policial en ambos lados produjo al menos 37 muertos. Ahora esta dinámica ha alcanzado su punto más álgido con las aproximadamente 60 mil personas que marcharon a Ceuta, donde también muchos perdieron la vida, sobre todo ahogados en el mar. La mayoría de ellos ya regresaron a Marruecos, principalmente, por la falta de perspectivas para conseguir techo y comida en España. De los que se quedaron, la situación de los menores es especialmente delicada porque no pueden ser deportados sin más. Acontecimientos de esta magnitud solo son posibles si Marruecos suspende su labor como vigilante fronterizo y permite el paso de los migrantes. Este hecho alimenta las especulaciones sobre los motivos geopolíticos de la Casa Real marroquí. Es verdad que no faltan motivos de conflicto: las visitas del presidente español a Argelia, rival de Marruecos; la presión para que se reconozca como legítima la ocupación marroquí del Sáhara Occidental; el castigo a España por su oposición a la guerra de Estados Unidos e Israel (aliados de Marruecos) contra Irán o a la intervención militar de Israel en Palestina y el Líbano, por mencionar solo algunos ejemplos. 

Sin embargo, esta especulación no llega muy lejos. Ni siquiera Marruecos puede movilizar a sus ciudadanos para una invasión con solo pulsar un botón, como parece creer la derecha europea. Situaciones como esta solo son posibles porque la configuración actual del capitalismo global genera una presión migratoria a la que los europeos responden con muros y vallas, fuera de su continente, para asegurar su hegemonía. Ceuta no es un indicio de debilidad de la protección fronteriza europea, sino una prueba de que en el mundo impera una desigualdad fundamental que sólo puede mantenerse mediante la violencia.

La entrada Quién gana con Ceuta se publicó primero en Revista Anfibia.

 

Difunde esta nota

Te puede interesar

  • God bless Argentina

     

    En el subsuelo del hotel Alvear Icon en Puerto Madero la Argentina se ve desde la cima. Y desde esta cima subterránea el país es otro. Ochocientos ejecutivos de las empresas de energía más importantes del mundo hormiguean trajeados y sonrientes entre los salones y el auditorio de conferencias. Se chocan o se buscan, ni uno con cara de preocupado. Se abrazan, se reencuentran. Hablan del futuro con alegría. Aquí abajo -aquí arriba- todo es optimismo e ilusión. Lo vienen repitiendo: la energía que moverá el mundo en los próximos años saldrá de Argentina. En este sur se instalarán los data centers que ya no caben en Estados Unidos. De esta tierra saldrá el gas, el litio y el petróleo que alimentarán a los que crean en la transición energética y a los que no. Para todos hay mercado. 

    Daniel González – el secretario Coordinación de Energía y Minería de Milei– trae el dato del Instituto Argentino de Petróleo y Gas: en Vaca Muerta hay treinta mil millones de barriles, prácticamente el doble de la última estimación. Esto, dice, permitirá exportar petróleo por 250 años. Lo que no se sabe, advierte, es cuánto tiempo durará la demanda, y eso lo saben todos. Por eso hay que sacar el recurso lo más rápido posible. Aprovechar la ventana de oportunidad, se dice en el lenguaje de los negocios. La ventana es enorme y está abierta de par en par. Aquí todo es excitación y vértigo feliz. La Argentina de la semana pasada y sus mil quinientos heridos en las veredas alrededor del Congreso parece un mal sueño que ya se olvidó, que pocos registraron o ven como parte del folclore de un país que avanza a toda velocidad. Y lo que queda atrás no importa, porque la dirección es clara y el destino es luminoso. Los que no lo entienden ya lo van a entender. 

    De lo que sí hablan en el escenario es de lo que pasó puertas adentro del Congreso. Una y otra vez elogian la reforma regulatoria de Milei y la previsibilidad que ganó hoy el país para los negocios. El público aplaude varias veces. En las poco más de cuatro horas que dura el evento hablan once CEOS, tres gobernadores, dos banqueros, un intendente, un senador, tres secretarios de gobierno. Antes de todos ellos, el embajador de Estados Unidos: 

    —Hoy veo que todo es posible en Argentina— dice Peter Lamelas en un español tropezado pero clarísimo — La energía es fundamental para todos los aspectos de nuestra vida. Y es la base del desarrollo económico y de la seguridad nacional. Pero faltan ciertas condiciones claras. Estas condiciones son posibles gracias a reformas del presidente Javier Milei. Una visión compartida plenamente por el presidente y mi amigo Donald Trump: menos burocracia, más libertad, liderazgo del sector privado, crecimiento impulsado por el mercado. 

    Un segundo antes de que se le corte el micrófono por un desperfecto técnico, el embajador vuelve a halagar reformas de Milei y remarca su éxito: 

    —El RIGI recibió cuarenta proyectos por cien mil millones de dólares y la mitad de ellos ya están aprobados. 

    Ahora balbucea y gesticula mientras la voz se le pisa y se pierde en el enorme salón, así que toma aire y advierte que va a gritar. Habla más fuerte y más rápido. Habla seis minutos sin micrófono y dice que hay que avanzar con las reformas y las inversiones van a llegar. Así es el entusiasmo. Y dice una frase bien argentina: cocodrilo que se duerme es cartera. El público ríe hasta que el embajador empieza a hablar de China. Y entonces la voz de Lamelas brota otra vez poderosa por los parlantes. Alguien arregló el problema con los cables: 

    —Empresas estadounidenses y del mundo quieren entrar en la Argentina. Pero quieren garantías de que sus datos son protegidos y están en redes de confianza—  dice el embajador — China exige a sus empresas que le den al Estado chino acceso a sus redes de tecnología y a sus datos que pasan por sus redes de IA. ¡Entiendan! — se lleva el índice a la sien— Cualquier dato que pasa por su tecnología y sus redes de IA, todo controlado por el Partido Comunista chino. Esto no vale. 

    Dos días antes, durante una audiencia en la legislatura de Neuquén, la Cámara de Servicios Públicos y Comunitarios de esa provincia -la mayor cooperativa proveedora de energía eléctrica de la Patagonia- denunció que la embajada de Estados Unidos amenazó con restringirles visas si avanzaban en un proyecto con la empresa china Huawei. 

    —No hay duda de que las empresas de Estados Unidos son líderes de seguridad y transparencia —dice Lamelas ahora en el escenario— Y esas empresas de los Estados Unidos no usan tecnología crítica de China. ¡Entonces ya saben! 

    Después nadie más habla de China. Salvo el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilnek. Dice que las rutas de su provincia, por donde entran y salen el 97 por ciento de los camiones y los veinte mil trabajadores que van a Vaca Muerta, tiene las rutas destruídas y abandonadas por el gobierno nacional. Que hay accidentes y hay muertes y que hay cosas que no entiende. Por un momento, parece desentonar, pero no. Rápidamente agrega que no hay nadie en la oposición argentina que pueda ganarle la próxima elección a Milei. Y está seguro de algo más el gobernador Weretilnek: 

    —Hay ciertas cosas que planteó Milei que ya no tienen cambio: ningún presidente o candidato a presidente puede poner en duda nunca más la alineación con Occidente y fundamentalmente con los Estados Unidos. Ya no tienen ni matices. Podés hacer negocios con China, sí, podés. Lo que no podés es ir a embanderarte con Venezuela o con Irán.  

    Muy sereno, el gobernador de Chubut, Nacho Torres, dice que hay que desdramatizar la cuestión electoral, sostener acuerdos básicos y garantizar la paz social. Y también habla de los data centers que pueden empezar a instalarse en la Patagonia: 

    —Es una industria electrointensiva que crece exponencialmente la demanda de energía y tenemos la responsabilidad de aggiornarnos. Entender que tenemos que agilizar cualquier proceso burocrático para ser punta en la posibilidad de tener inversiones muy importantes, que generan incertidumbre porque muchos no entienden. 

    Más tarde, la que explica algo más es Marcela Romero, CEO de la francesa Schneider Electric: 

    —Los data centers hoy representan casi el 13 por ciento del consumo energético global, y a partir del 2030 van a consumir más del 35 por ciento de la generación de energía— y remarca luego un dato aún más impactante—El 60 por ciento de lo que se genere de energía nueva de acá a 2030 va a ser usado por la inteligencia artificial, entonces si Argentina quiere realmente tomar esa oportunidad tiene que estar lista. 

    Casi nada se dice del impacto ambiental de los data centers. Tienen mala prensa, advierte el empresario Jorge Brito, uno de los últimos en hablar. Pero destaca que serían muy importantes si se los pudiera sostener con energía renovable. El hombre fuerte del Banco Macro es también presidente de Genneia, empresa líder en energías renovables, con ocho parques eólicos, seis solares y una amplia cartera de clientes. En los últimos días fue muy agitado como posible candidato a Presidente. Lo propuso con énfasis en declaraciones televisivas Daniel Hadad. Y Brito dice en el escenario algo que nadie ha dicho hasta aquí: 

    —El sector energético junto con el sector minero y el petrolero son sectores ganadores pero todavía hay muchos otros sectores que no están en una situación acorde. Y creo que vamos a poder empezar a pensar a largo plazo el día que se estabilice y los sectores perdedores hayan tenido la oportunidad de compartir. 

    No queda claro compartir qué cosa. Rápidamente cambian de tema. Sí queda claro que los sectores perdedores están lejísimos del subsuelo del Alvear Icon. En el escenario alguien insinúa que el sector energético, que es el que infla los números del crecimiento argentino, no genera tanto empleo como los sectores que están perdiendo. Lo dejan pasar y la conversación sigue optimista. Los que están afuera, en los dos salones donde se cruzan y conversan y se reencuentran, hablan de los números que se disparan, de la ventana de oportunidad, se intercambian tarjetas, se presentan unos a otros, se sonríen con dientes perfectos. 

    En el cierre del evento, el CEO de Amcham, Alejandro Díaz, dice que lo más importante es que Argentina hoy tiene previsibilidad, algo que hace cinco años no tenía. Y habla, al final, de movilidad social: 

    —La movilidad social va a cambiar, hay que repensar que lo que fue el movimiento industrial de los ‘40, ‘50 y ‘60, donde se generaron los suburbios en las grandes ciudades de la Argentina, tendrá que moverse a los lugares de desarrollo. Hay sociedades que van a tener que ir… grupos familiares a contextos relevantes, van a tener que moverse a los lugares de desarrollo donde la empleabilidad va a surgir. Y probablemente no sea más en la industria del conurbano bonaerense. 

    Así dicho, la Argentina del futuro parece estar lejos. Al menos para los que viven en la Argentina del presente, lejos de Puerto Madero. Las familias endeudadas y los morosos récord. Quizás estén aquí mismo algunos de sus padres o sus hijos, muy disimulados en sus pulcros uniformes sirviendo el café y las frutas elegantemente cortaditas y las masas finas, o limpiando los baños perfumadísimos y silenciosos. Pero no importa. Quizás esos hombres y mujeres a los que sirven los arrastren pronto con ellos a ese futuro luminoso y energizado que ya se puede tocar con la punta de los dedos. Quizás el destino sea otro. Lo dijo el embajador: hoy todo es posible en la Argentina.

    La entrada God bless Argentina se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • | | |

    LALCEC REGINA: «MES ROSA»

    El 19 de octubre es el Día Mundial de la Lucha Contra el Cáncer de Mamas, éste mes  es denominado el “mes rosa” y la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (LALCEC) invita a pintarse de rosa a todas las instituciones, comercios, edificios y monumentos públicos de todo el país para unirse a ésta causa. Y…

    Difunde esta nota
  • Orazi y Doñate analizaron el avance de proyectos presentados en Nación

    El Intendente Marcelo Orazi se reunió hoy con el senador nacional Martín Doñate, con quien analizó el estado de los proyectos que el Municipio presentó ante el gobierno nacional en el marco de diferentes programas. Además recorrieron la obra de veredas que se ejecutó en la Plaza de las 201 Viviendas financiadas por Nación a…

    Difunde esta nota
  • El copresidente de Eurolat advierte que América Latina ya «no será la misma»

    El copresidente de la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana (Eurolat), Jorge Pizarro, dijo este lunes ante la delegación europea de este organismo que América Latina «no será la misma» después de la pandemia de coronavirus, que dejó al continente en una «delicada» situación, y alertó sobre el riesgo de que resurjan «nacionalismos y voces que busquen cerrar…

    Difunde esta nota
  • Orazi firmó convenio con Educación por insumos

    El Intendente Marcelo Orazi firmó esta mañana el convenio con el Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro para la provisión de insumos para los establecimientos escolares que se encuentran dentro de la jurisdicción local. El monto es de más de $7 millones. El acto se desarrolló en Cipolletti y contó con la…

    Difunde esta nota
  • FINAL DE SERIE «JUEGO DE TRONOS»

    O el comienzo de las democracias electas contra las tiranías. ¿No se hartaron de esperar que llegue la última temporada? Siempre pensé, desde que comenzó la serie, que en gran medida el guión estaba hablando de competencias políticas en una sociedad, de la manera más directa. Con muchas muertes y asesinatos como acción normalizada y…

    Difunde esta nota