Nuestra tierra

 

Tres novedades en la política argentina cobraron fuerza en las últimas horas. Primero: el activismo organizado y manifestado masivamente en redes logró hacer retroceder al gobierno en su ímpetu legislativo arrasador. Después de decenas de marchas y movilizaciones multitudinarias que no parecían surtir los efectos deseados, por fin estamos ante un efecto político potente, resultado de la respuesta colectiva y organizada. Y que —aquí lo nuevo— impacta antes de llegar a la movilización en la calle. Segundo: una sensibilidad nacional transversal, distinta de otras formas de nacionalismo o el patriotismo a secas, que parece tener una raíz en el vínculo afectivo con la tierra misma, con el paisaje y el lugar común que habitamos, vivimos y somos capaces de defender. Un sentimiento nacional que se ha expresado de manera transversal a los partidos y las ideologías, incluso y especialmente entre sectores que se autoperciben apolíticos o despolitizados. Y ese sentimiento común —con lo que cuesta encontrar lo común en nuestra Argentina agrietada, atomizada y de a ratos sumida en el sálvese quien pueda— parece haberse configurado como un límite concreto para el proyecto libertario de destrucción del Estado y entrega de los bienes públicos en beneficio de los negocios del capital extranjero. Tercero: una fuerza pop que empuja y aglutina de manera masiva a públicos difíciles de imaginar políticamente movilizados. Si fue Lali una de las primeras grandes figuras que convocó a marchar, después se sumaron María Becerra, Emilia Mernes, Trueno, Tini, Nicki Nicole, y la Joaqui. Ocupando el lugar que el rock simbolizó por décadas, la vanguardia ante la embestida de la ultraderecha la encarnan hoy nuestras reinas del pop. 

Mientras tanto, el gobierno de Javier Milei, que se jacta de no levantar el pie del acelerador ni siquiera en las curvas —en línea con el postulado explícito de Santiago Caputo en X: attack, attack, attack, never defend—, tuvo que retroceder ante la masiva campaña digital por la defensa de la Ley de Tierras. Una campaña que también fue empujando al rechazo clave de gobernadores y aliados circunstanciales del oficialismo. La Libertad Avanza cedió y extirpó el capítulo vinculado a la extranjerización de la tierra del temario de este 6 de agosto para salvar el resto del proyecto. 

Una sensibilidad nacional transversal configura un límite al proyecto libertario de destrucción del Estado y entrega de los bienes públicos al capital extranjero.

La campaña ganó una batalla clave en la esfera digital y hoy marcha por la caída del proyecto entero, que amenaza con reformar, entre otros frentes, la Ley de Manejo del Fuego del que depende, por ejemplo, la protección de los bosques patagónicos constantemente incendiados. Al calor de la manifestación, ¿cómo podemos pensar la dimensión del costo político que se sintió en las bases de sectores tan diversos sin que siquiera pisemos las calles? ¿Qué despertó esa sensibilidad popular en los aliados del oficialismo? ¿Qué voces y narrativas fueron fundamentales para que el reclamo atravesara las fronteras de los ámbitos tradicionales de resistencia? 

Diferentes coaliciones políticas, organizaciones ecosociales, territoriales, de derechos humanos, obispos, artistas de todos los campos y personalidades diversas se manifestaron bajo el eslogan #LaPatriaNoSeVende. Es difícil encontrar antecedentes. Las multitudinarias movilizaciones en defensa de la Ley de Financiamiento Universitario lograron presionar para algunos acuerdos parciales. O aquella movilización de 2017 contra el dos por uno a los represores de la última dictadura cívico-militar. En ambos casos, con centenas de miles en la calle. En este caso, la amenaza de una masividad igual o mayor, aún inmaterial, doblegó anticipadamente la voluntad del partido del 1% a través de su fantasma: el aislamiento. Porque esta respuesta además de masiva fue, ante todo, transversal. La rotura de silos ideológicos y el atravesamiento de una historia que, aún en la diferencia, podemos percibir común.

 Una fuerza pop empuja y aglutina de manera masiva a públicos difíciles de imaginar políticamente movilizados.

La escritora Selva Almada esbozó un ejercicio en las redes donde podría estar la clave de lo que ha significado esta masiva interpelación que produjo el intento de derogación de la Ley de Tierras. En su cuenta de Instagram, la autora publicó textos ilustrados que contaban los vínculos con sus ancestros y las tierras que habitaron —el abuelo peón de la estancia de “Los Castro”, a su abuela y su madre que se inclinaban sobre el suelo para hacer surcos donde tiraban semillas; los sitios donde enterró a sus seres queridos, humanos o no-humanos—. Son las historias que unen a nuestra memoria con este suelo las que nos hacen querer defenderlo. Así narrada, la patria deja de ser un ente abstracto de frase nacionalista y pasa a inscribirse en el terreno de la experiencia afectiva, territorial y biográfica. 

* * *

Esa reafirmación de un nosotros argentino también tiene algo de impulso malvinero en el último mundial. Cuando el 15 de julio, en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, Giovanni Lo Celso desplegó la bandera que había recibido desde la tribuna, difícilmente pudo dimensionar el alcance que tendría su gesto. Quizás era consciente de la potencia del reclamo de soberanía por nuestras Islas Malvinas, a segundos de remontar una semifinal épica contra Inglaterra en la semifinal de una Copa del Mundo. Lo que no podía imaginar era que esa imagen circularía horas antes de que el gobierno argentino presentara una ley para desregular la venta de tierras a extranjeros, y que ese ícono terminaría convirtiéndose en la chispa de una renovada defensa del territorio.

Malvinas sigue siendo un reclamo diplomático vigente, pero también un símbolo cultural que reaparece en canciones mundialistas, en banderas de todos los clubes y en una memoria compartida. Esa sábana blanca pintada con marcador en uno de los eventos más vistos del planeta inspiró remeras, intervenciones y hasta la inédita creación de Malvinas Sans, una tipografía opensource diseñada por Juan Manuel Pelillo para que cualquiera pudiera apropiarse de ese símbolo y multiplicarlo. 

Cuando la rebeldía parece haberse vuelto de derecha, el glitter de la resistencia se amplifica y parece dar bríos a nuevas formas más comunitarias, inclusivas y amorosas de pensarnos, enunciarnos y defendernos.

Contrariamente al lema del personaje humorístico filonazi Micky Vainilla, creado por Diego Capusotto y Pedro Saborido, que dice sólo hacer “pop para divertirse”, en este caso podemos pensar en un “pop para resistir”. 

En primer lugar, porque hay pocos artefactos más pop que un símbolo simple, universal y replicable. Más allá de sus infinitas versiones y apropiaciones, la imagen volvió a poner en primer plano una herida compartida: la persistencia de un enclave colonial británico en pleno siglo XXI. Y desde allí renació, una vez más, la posibilidad de reconocernos en un nosotros. En tiempos de individualismos liberales y progresismos identitarios, cuando las pertenencias parecen fragmentarse, ese ícono recordó que existen causas capaces de reunir sensibilidades muy distintas. La coincidencia entre esa ofensiva extranjerizante y la épica performance mundialista hizo visible, quizás como pocas veces, que todavía hay símbolos capaces de recordarnos que tenemos mucho más en común de lo que solemos creer.

Además, porque fue la primera línea de la música pop local la que tuvo un rol fundamental en el trasvasamiento generacional, cultural y hasta de género de esta efervescencia nacionalista que se constituyó como un límite posible al gobierno libertario. Nuestra bestia pop viene haciéndolo hace rato. No sólo respondió las bravuconadas del Presidente  con el arte que desplegó en su canción Fanático, sino que en cada show de Lali se canta “el que no salta votó a Milei”. Y seguro que hay gente que lo votó —y por eso es incluso más importante para interpelarnos mutuamente—. 

Esta semana, Lali fue una de las principales convocantes a la marcha del 6A, y lo hizo desde la ola de atención de haber anunciado su tercer River del año sólo un día antes. Sorprendieron también otras artistas de la talla, como Nicki Nicole, que no sólo difundió la nota de Florencia Gómez en Revista Anfibia, sino también los puntos de convocatoria en todo el país. Incluso Emilia Mernes, otra mujer artista exitosa cuestionada por si se posiciona o no políticamente, compartió la publicación de Amnistía Internacional que, con música e imágenes épicas de distintas geografías nacionales, clamaba: “Defender la tierra es defender los derechos humanos”. 

Cuando la rebeldía parece haberse vuelto de derecha, el glitter de la resistencia se amplifica y parece dar bríos a nuevas formas más comunitarias, inclusivas y amorosas de pensarnos, enunciarnos y defendernos.

Por fin estamos ante un efecto político potente, resultado de la respuesta colectiva y organizada. Lo nuevo: impacta antes de llegar a la movilización en la calle.

El martes, Martín Vidal Ramos, un maestro jujeño de escuela pública que vive en Buenos Aires, sacó su pancarta amarilla en el Movistar Arena que decía “La Patria No Se Vende”. Las 15 mil personas que estaban viendo a Rosalía siguieron la consigna y corearon el agite patriótico. Ramos se adjudica, mediante imágenes en Instagram, haber “desatado esa locura”. En el escenario, la joven de 33 años, graduada de la Escuela Superior de Música de Cataluña y artista total, desplegó uno de los gestos más argentinos de la felicidad: revolear un cacho’e tela. La Rosalía, absurdamente cuestionada de anti-argentina (aunque como mujer, artista y exitosa, podría haber sido acusada de cualquier otra cosa), unía sensibilidades de lo más diversas en torno a la defensa común de una patria que no se vende. 

Tantas veces confrontados en la falsa dicotomía “desarrollo o proteccionismo”, los bienes naturales de este suelo lograron, por una vez, unirnos. Los glaciares, los bosques, la cordillera o los humedales quedaron, por fin, de “este lado” del nosotros. El antropocentrismo perdió una batalla. Pudimos considerar la relacionalidad de nuestra especie con lo que nos alberga y rodea. ¿Lo entendemos así? Ojalá. Lo que entendimos es que es nuestro: entendimos la soberanía, aún herida en las islas de nuestros mares del sur, valientemente recordadas en un campo de juego. Porque apelando a la construcción de una narrativa cercana a lo común que tenemos, nos movemos de la confrontación al imaginario de nuestras historias compartidas, y así da lugar a la resonancia. Primero conocemos, después amamos; entonces defendemos.

La entrada Nuestra tierra se publicó primero en Revista Anfibia.

 

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    Cristina Kirchner renovó su defensa con abogados internacionales y prepara una nueva batalla judicial por la condena en Vialidad

     

    Cristina Fernández de Kirchner decidió reforzar su estrategia judicial con la incorporación de dos abogados de reconocimiento internacional, con experiencia en causas de alto impacto político en América Latina. La exmandataria busca llevar su condena a nuevos escenarios jurídicos y profundizar el reclamo por lo que considera una persecución política con consecuencias institucionales.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    Una nueva etapa en la defensa de Cristina Kirchner

    La condena en la causa Vialidad abrió una nueva etapa en la estrategia judicial de Cristina Fernández de Kirchner. Luego de que la Corte Suprema dejara firme la sentencia que impuso seis años de prisión y la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, la expresidenta decidió modificar el esquema de su defensa y sumar especialistas extranjeros con trayectoria en litigios vinculados a derechos humanos y persecución política.

    En la carta abierta difundida este miércoles, Cristina anunció la incorporación de dos abogados de prestigio internacional que tendrán como objetivo avanzar en una discusión que exceda los tribunales argentinos: el planteo de que su caso debe ser analizado bajo los estándares del derecho internacional de los derechos humanos.

    La decisión no es solamente jurídica. En el entorno de la exmandataria interpretan que la disputa dejó de estar limitada al expediente por la obra pública en Santa Cruz y pasó a convertirse en una discusión sobre los límites entre una condena penal y sus efectos sobre la participación democrática de una dirigente política.

    Cristiano Zanin y Marco Stabile, los nombres detrás de la nueva estrategia

    Uno de los nuevos abogados que se incorporará a la defensa es Cristiano Zanin Martins, reconocido internacionalmente por haber sido el abogado principal del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva durante la batalla judicial derivada de la causa Lava Jato.

    Zanin tuvo un rol central en la estrategia que logró revertir las condenas contra Lula, luego de que el Supremo Tribunal Federal de Brasil declarara la incompetencia del juez Sergio Moro y cuestionara la actuación judicial que había llevado adelante la causa. Su incorporación a la defensa de Cristina no es casual: el paralelismo entre ambos procesos forma parte del argumento político que el kirchnerismo viene sosteniendo desde hace años alrededor del concepto de lawfare, entendido como la utilización de herramientas judiciales con fines de disputa política.

    El otro nombre que se suma al equipo es el abogado italiano Marco Stabile, especialista en derecho internacional y derechos humanos. Su participación apunta a reforzar la dimensión internacional del reclamo y a explorar vías ante organismos externos al sistema judicial argentino.

    Del expediente argentino a la discusión internacional

    La incorporación de estos abogados marca un cambio de enfoque. Hasta ahora, la defensa de Cristina había concentrado sus esfuerzos principalmente en las instancias nacionales, con planteos de nulidad, cuestionamientos al proceso y críticas a la actuación de jueces y fiscales.

    La nueva estrategia apunta a instalar el caso en otro terreno: el de los derechos políticos y las garantías democráticas. En su carta, Cristina sostuvo que la verdadera sanción que enfrenta no es únicamente la condena penal, sino la imposibilidad de volver a competir electoralmente por una inhabilitación de por vida.

    Ese punto es clave porque transforma el eje de la discusión. Mientras sus adversarios sostienen que la prohibición de ejercer cargos públicos es una consecuencia legal de una sentencia firme, desde el kirchnerismo argumentan que esa medida produce un efecto político equivalente a una proscripción, al impedir que sea la ciudadanía quien decida sobre su futuro electoral.

    La apuesta de la defensa será, entonces, intentar que esa discusión sea observada bajo parámetros internacionales y no únicamente desde la interpretación de los tribunales argentinos.

    La sombra del lawfare y el antecedente Lula

    La elección de Zanin tiene además un fuerte componente simbólico. El abogado brasileño se convirtió en una figura asociada a la defensa de Lula frente a una estructura judicial que, según denunció el Partido de los Trabajadores brasileño, había sido utilizada para impedir su regreso a la política.

    Para el kirchnerismo, el recorrido de Lula funciona como antecedente de una disputa donde una condena judicial puede tener consecuencias electorales determinantes. Para sus críticos, en cambio, se trata de casos diferentes en los que las condenas deben analizarse por sus pruebas y fundamentos propios.

    Esa tensión atraviesa hoy el escenario argentino: la discusión ya no se limita a si Cristina Kirchner es responsable o no de los delitos por los que fue condenada, sino a si una decisión judicial puede tener como consecuencia excluir definitivamente a una dirigente del sistema político.

    Una batalla judicial que también es política

    La llegada de los nuevos abogados confirma que Cristina Kirchner no piensa cerrar la discusión con la resolución de la Corte Suprema. Por el contrario, busca trasladar el conflicto a nuevos ámbitos y convertir su situación judicial en una discusión sobre democracia, representación y derechos políticos.

    En un escenario donde el peronismo atraviesa una etapa de reorganización y el gobierno de Javier Milei busca consolidar su proyecto político, la estrategia judicial de Cristina vuelve a tener un impacto directo sobre la disputa política nacional.

    La defensa renovada no sólo buscará revertir o cuestionar aspectos jurídicos de la condena, sino instalar una pregunta que atraviesa todo el debate: si una dirigente elegida durante dos décadas por millones de argentinos puede quedar definitivamente fuera de la competencia electoral por una decisión judicial.

    La respuesta a esa pregunta será, en los próximos meses, uno de los principales capítulos de la disputa institucional argentina.

     

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