El hombre nuevo es no humano

 

–Así como la revolución industrial nos liberó de las limitaciones de la fuerza física humana, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, impulsando la productividad más allá de nuestros sueños más ambiciosos. 

Javier Milei insiste con este enunciado: lo incluyó, primero, en su discurso durante la Semana de la Inteligencia Artificial. Lo acaba de repetir en un artículo publicado en el Financial Times. Y, seguramente, será el criterio con el que el Congreso trate el proyecto para modificar la Ley de Sociedades y otorgar personería jurídica a la IA.  

–En Europa no va a ocurrir, en Estados Unidos no va a ocurrir– dijo el ministro Sturzenegger el último miércoles cuando presentó el proyecto en comisión de senadores en el Congreso–se abre la oportunidad para que en Argentina sea atractivo hacerlo. 

Y agregó en su lábil defensa: 

–¿Va a funcionar esto? No sabemos ¿Vale la pena intentarlo? Claro que sí.

Desde el RIGI y su versión aumentada (el Súper RIGI que beneficia a corporaciones ya involucradas en proyectos, en lugar de incentivar nuevas inversiones), hasta la ley de Inocencia Fiscal, pasando por la estafa Libra o la propuesta de crear un Gemelo Digital Social, las políticas libertarias forman parte de una hondonada que nos sumerge en un valle temporal donde se tocan el siglo XVII, cuando se inventaron las sociedades de responsabilidad limitada, y la tierra incógnita del siglo XXI. Milei no sólo no está loco sino que se adapta, obediente, a la racionalidad emergente de este tiempo histórico. 

Este nuevo proyecto deja ver, por un lado, una lectura simplista de la relación entre una forma jurídica (la creación de la sociedad de responsabilidad limitada) y un proceso social y político (la colonización bajo la figura de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales). Por otro, lo ubica en el centro de nuestra época signada por la complejidad material, cuya racionalidad se hace lugar entre la incertidumbre y un sentido común erosionado y simplificador. Milei confunde el efecto -la creación de las SRL en el siglo XVII-, con la causa -un proceso de dominación territorial, político y comercial que originó la figura del “Estado empresa”, como dice el historiador israelí Harari en respuesta al artículo de Milei-. Desconoce que la “imaginación jurídica” es apenas una delgada capa de la voluntad de poder. 

Los transhumanistas buscan la desregulación política y económica porque, en el fondo, se basan en la desregulación de lo vivo.

El proyecto de darle personería jurídica a la IA homologa un sistema digital a un fenómeno orgánico, presupone que el cerebro es el epicentro de la inteligencia humana y en un extremo considera que el humano (como especie) resulta una limitación para la productividad o incluso el puro funcionamiento. En el libro La inteligencia artificial no piensa (el cerebro tampoco), dedicamos unas cuantas páginas a explicar la diferencia de naturaleza entre los fenómenos orgánicos (que involucran los ecosistemas, la historia, la herencia, la cultura, la técnica, la subjetividad) y las máquinas digitales (que, aun en su versión más sofisticada, funcionan de manera agregativa pero en ningún caso pensando). Asimilar las correlaciones algorítmicas con la inteligencia humana supone un reduccionismo con efectos desastrosos sobre las otras dimensiones de lo orgánico. Como se plantea en el libro La singularidad de lo vivo, hasta qué punto la corporalidad, los lazos sutiles que conforman relaciones a nivel de los ecosistemas, los ritmos y ritos y, sobre todo, los límites que nos conectan con lo real, no son limitaciones sino condición de la vida. 

Quienes bregan por liberar al funcionamiento algorítmico de los límites humanos hacen confluir su simplismo con una gran sofisticación económica y tecnológica. Los transhumanistas buscan la desregulación política y económica porque, en el fondo, se basan en la desregulación de lo vivo: para las máquinas sólo hay información, partes, entidades aislables, pero nunca un todo como unidad de sentido. El proyecto de poder que encarnan se corresponde con un mundo regido por la medida cuantitativa, que produce una realidad sin límites, es decir, sin esa tosquedad de lo real que guarda algo de inconmensurable. 

La exaltación

El proyecto de ley, según explica Milei en su artículo periodístico, “establece un marco jurídico específico para el despliegue de la IA”. Si bien aún no cuenta con número de expediente parlamentario, menciona sus pilares: “mantener la IA sin regular”, “crear una nueva categoría de sociedad en la legislación argentina: la sociedad no humana” y “un entorno fiscal competitivo”. Más allá de la incontinencia desreguladora y del eufemismo fiscal, la personería jurídica “no humana” es, de todo el planteo, el gesto que realmente se corresponde con la novedad o la especificidad de la época. 

El Hombre de la modernidad fue un dispositivo que, en su narrativa, pretendió ubicar a la especie humana como dominadora de la naturaleza, eximiéndose incluso a sí misma de esa naturaleza, estableciendo un gobierno de la razón pura representado por la supremacía blanca, europea, colonial. En realidad, todo antropocentrismo debe entenderse como un dispositivo concreto de producción y poder que no tiene mucho que ver con una centralidad de la especie humana (dislocada en segmentos que junto a otros elementos y segmentos fue parte del dispositivo que, finalmente, la puso al borde de su destrucción). Es un punto en que conviene no confundir la “episteme” con la producción material de prácticas y condiciones.

De esta exaltación civilizatoria participaron también los aires revolucionarios con su proyección de un Hombre nuevo de signo ideológico opuesto al del progreso capitalista. Al desarmarse ese dispositivo (la muerte de Dios anunciada por Nietzsche, seguida de la “muerte del Hombre” pregonada por Foucault), le sucedió una suerte de vacío, una dispersión sin sujeto -al menos, sin un sujeto sustancial- ya que, en el modo de “autoproducción” del mundo contemporáneo no hay más lugar para la supuesta centralidad de la humanidad. ¿Entonces?

Suplantar a la especie humana

Desde hace dos décadas, la aparición en nuestra región (y luego en India, Nueva Zelanda, entre otros países) de una jurisprudencia que no sólo protege al mundo animal y a los ecosistemas, sino que les otorga personería jurídica, deja ver un campo de exploración que asume las nuevas condiciones desde nuevos agenciamientos. En el fondo, aquello dañado por determinadas acciones, trátese de especies o biomas, es la vida: una existencia capturada por algo que le impide actuar de acuerdo a su naturaleza se legitima, defiende y relanza explorando posibles que incluyen la protección jurídica de nuevo tipo. 

Esta personería jurídica significa el fin radical de la posición colonial cartesiana y binaria donde el único sujeto era el Hombre frente a ese mundo que se le presentaba como objeto. El despertar tardío de nuestros contemporáneos frente a esta multiplicación de otros sujetos ocurre cuando otro candidato a esta jerarquía crece con fuerza, la IA y la vida artificial. 

La legislación que pretende otorgar personería jurídica a la IA comparte el mismo zócalo epocal con los “derechos de la naturaleza”, pero no en términos de protección de la vida, sino de liberación del puro funcionamiento.

La legislación que pretende otorgar personería jurídica a la IA comparte el mismo zócalo epocal con los “derechos de la naturaleza”, pero no en términos de protección de la vida, sino de liberación del puro funcionamiento. Si la creencia en la incompletud del mundo había dado nacimiento al binomio Hombre (sujeto)/mundo (objeto) y la idea de que desarrollando la humanidad se completaría la obra, en el mundo de los transhumanistas no hay incompletud, la saturación es total, no hay negatividad ni sentido de la historia, sino una positividad a prueba de fallas, el sentido único de la cantidad y el mandato de la aumentación. A diferencia de los bichos, la IA, que puede causar daño, no puede ser dañada, sino “limitada” o “retrasada”… Se trata de otro régimen de relación que resignificaría la “personería jurídica”, ya no protectiva, sino garante de la ilimitación. Como suele ocurrir en contextos neoliberales, la jurisprudencia, a veces regula o modula en exceso las micro conductas, pero otras veces, mantiene un principio económico o, como en este caso, un puro funcionamiento a salvo de todo aquello que podría “limitarlo” o “retrasarlo”. ¿Qué es para ellos lo limitante? Nada menos que la discusión democrática, la singularidad de los modos de vida, los rituales, la exploración, la morosidad, en el fondo, los principios de la organicidad.

Los supremacistas tradicionales hablan del “gran reemplazo” refiriéndose a la inmigración musulmana, pero el verdadero gran reemplazo, patrocinado por los nuevos supremacistas, estaría encabezado por la IA. Tal vez, por el grado de naturalización con el que se vive este proceso, pasan desapercibidos acontecimientos como la existencia de una ministra IA en Albania o la promesa de un candidato parlamentario británico de colocar en su lugar un avatar. “La tecno-oligarquía va más allá: su objetivo es suplantar a la especie humana. Pretende superar al ser humano mediante una IA que dejaría obsoleta la inteligencia humana”, señala el intelectual ucraniano Anton Shejovtsov

La ruptura de la frontera corporal

El proyecto del gobierno es un mojón más en la tendencia a ocupar el vacío histórico con este nuevo pretendido sujeto que sería la IA, realización definitiva del sueño moderno en una hípermodernidad que ya no admite sueños sino pura vigilia. Primero fue la partición del núcleo del átomo, luego la codificación genética con las cadenas de ADN y ahora el reemplazo del pensamiento por lo neuronal y de lo neuronal por lo algorítmico, como corolario de la utopía constructivista. 

Pero esos eslabones constructivistas no pueden ser considerados errores ni figuras meramente ideológicas, ni mucho menos verdades superadoras, sino conocimientos que hacen parte de la producción de realidad. 

Las tecnologías digitales funcionan para algo, los fenómenos orgánicos (trama de biología, cultura, historia, técnica) se desarrollan para alguien, para-sí. Porque la vida desea la vida. Lo vivo no es una esencia inmaculada, sino que supone posibles modos de existencia. Mientras para el modo de existencia en que impera la máquina, lo real es un sustrato literal que no presenta límite ya que puede ser desagregado y recombinado al infinito.

El proyecto de darle personería jurídica a la IA se inscribe en un pasaje histórico que se corresponde con una transformación en curso del cuerpo intocable, la sociedad como algo sagrado o la psiquis como núcleo potente y frágil, hacia recursos, capacidades, prestaciones, competencias. De modo que la imaginada gestión algorítmica, la IA ocupando el podio de un nuevo Estado empresa o los robots humanoides enviados por las corporaciones a las tierras francas en que buscan emplazar sus enclaves extractivistas, encuentran como correlato una humanidad modelizable y unos paisajes convertidos en simples entornos sobre los que se podría operar sin reparar en las consecuencias. 

La ruptura de la frontera corporal supone una crisis mayor de toda alteridad, ya que el cuerpo como otro impide la promiscuidad de un accionar ilimitado sobre él, los otros con quienes se convive suponen algún tipo de regulación del comportamiento propio, pueblos o países, etnias o religiones que ocupan ese lugar representan alianzas y conflictos posibles alrededor de los cuales se mecen estrategias y orfebrerías políticas. Es ese límite denso y delgado el que tambalea, como deja en claro el hecho caricaturesco de que un presidente de una potencia militar con historial genocida como Estados Unidos pueda anunciar por las redes sociales la próxima desaparición de una civilización completa. 

Los supremacistas tradicionales hablan del “gran reemplazo” refiriéndose a la inmigración musulmana, pero el verdadero gran reemplazo, patrocinado por los nuevos supremacistas, estaría encabezado por la IA.

Sin alteridad, la relación entre las máquinas digitales y los humanos, los ecosistemas, en definitiva, lo vivo, está destinada a una forma de colonización rampante. ¿Es la personería jurídica del nuevo colonizador lo que busca el gobierno como obediencia debida a las corporaciones big tech con las que trata?  La hibridación está en marcha y las tecnologías digitales son lo suficientemente potentes como para establecer su dominio al modo de una especie que coloniza un bioma cuando se expande, en detrimento del resto. 

Sturzenegger se refirió a la crítica del historiador Yuval Harari al proyecto del gobierno y a la desconfianza que genera. Con una ingenuidad que no sabemos si es impostada o auténtica, el ministro dijo el miércoles frente a los senadores: 

–¿La IA es más segura o más insegura? Si confiamos en el google maps, que es una IA que te dice andá para acá o andá para allá, no hay que tenerle miedo a esto. 

El proyecto propone dos tipos nuevos de sociedades. Las sociedades automatizadas (o de inteligencia artificial) que pueden ser creadas, fundadas y gestionadas enteramente por agentes de inteligencia artificial o robots, y no necesitan la intervención de personas humanas para tomar decisiones o ejecutar acciones corporativas. Y luego las Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO), un tipo de sociedades descentralizadas y autónomas en las que la administración y el proceso de toma de decisiones se gestiona mediante un cerebro informático o contrato inteligente, no cuentan con un jefe o gerente traidcional: sus miembros participan en las votaciones y su poder de decisión está directamente vinculado a la cantidad de criptomonedas o tokens que posean. 

Desafío

Para disputar la hibridación, es necesario desviar el sentido único de aumentación y maximización algorítmicos, y reintroducir las dimensiones del sentido y de la fragilidad propias de lo vivo. Porque la avanzada tecnocientífica pretende deconstruir, volver codificable y recombinar de manera ilimitada todo rito y ritmo propios del campo biológico tanto como de la cultura, la espiritualidad y la subjetividad. El desafío consiste en producir procesos orgánicos de hibridación que protejan la vida, sin aspiraciones a purezas o trascendencias.

El desafío es situacional. Sólo desde dentro de los procesos de hibridación ya irreversibles, pero de manera situada, será posible imaginar formas de regulación que garanticen la continuidad de la vida y sostengan la complejidad de las dimensiones orgánicas. No es en nombre de una Humanidad universal que seremos capaces de aprender a experimentar hibridaciones “virtuosas”, ya que, en primer lugar, no hay un modo correcto y definitivo de ser humanos y, luego, atravesamos un momento histórico de descentramiento del Hombre consciente y rector de su mundo, que nos fuerza y nos expone a otros agenciamientos posibles. 

¿Es la personería jurídica del nuevo colonizador lo que busca el gobierno como obediencia debida a las corporaciones big tech con las que trata?

Creemos que es una equivocación y un riesgo otorgar personería jurídica a la IA porque no hay posibilidad de enmarcarla en el orden del sentido ni de asignarle responsabilidad. Para la IA no hay situaciones sino funcionamiento en todo tiempo y lugar (cálculo, correlación estadística, programación). Es una trampa asumir que la innovación está siempre del lado de la tecnología, mientras que las preguntas éticas o el problema del sentido sólo retrasarían la evolución tecnológica. 

¿Cómo innovar a nivel de la regulación, situándose al interior de los procesos de hibridación? Tanto la regulación tradicional (exterior, moral, policial) como la voluntad desreguladora (parada sobre el autoritarismo) forman un binomio anticuado que nos condena a un falso problema. Solo la búsqueda de nuevas formas de legitimidad de lo vivo y sus consecuentes modos de organización puede reintroducir el vector algorítmico, digital, en el marco de una hibridación viable, volviendo a la centralidad humana participación en dispositivos que garanticen, cada vez, la singularidad de lo vivo como exploración y deseo de más vida. 

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  • Colapsados

     

    Esta crónica fue publicada originalmente en Efecto Cocuyo.

    Jennifer Hidalgo solo puede pensar en su sobrina Yanieska, que está apenas viva y con las piernas inertes sobre una camilla de la Unidad de Emergencias del Hospital Domingo Luciani, en lo alto de El Llanito. No reflexiona sobre el terremoto que devastó el país, destrozó su casa y mató al menos a tres miembros de su familia en La Guaira, a 30 km de Caracas. No se concentra en ella misma y en la pérdida de todas sus pertenencias. Su mente solo gira en torno de Yanieska y en su propia incapacidad para costear los insumos que le piden en el centro hospitalario para curarla.

    La crisis de suministros y materiales médicos es dolorosamente palpable tras el doblete sísmico registrado el 24 de junio de 2026 en Venezuela. Tan solo en abril de este año el presidente de la Federación Médica Venezolana (FVM), Douglas León Natera, había advertido sobre el desabastecimiento en hospitales del país, cuya disponibilidad de recursos no superaba el 10 % en la mayoría de los casos.

    “Están colapsados. No tienen casi nada. Uno tiene que traer las cosas. Me pidieron bacitracina, gerdex para los puntos, gasas… me pidieron que trajera hasta los analgésicos. No puedo comprar nada de eso, no tengo nada. Ella quedó tapiada y la encontraron en la madrugada. No siente las piernas, le tomaron puntos en los glúteos, está desnuda, no tiene ropa, ella tampoco tiene nada”, explicó Hidalgo a Efecto Cocuyo, en las afuera de la Unidad de Emergencia del Domingo Luciani.

    Yanieska Galvis, de 24 años, sufrió varias lesiones tras quedar atrapada en los escombros del edificio Opppe 30, perteneciente a la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), que se desplomó la noche del miércoles en La Guaira. La joven fue hallada por Protección Civil en horas de la madrugada y trasladada hasta el hospital ubicado en el municipio Sucre del Área Metropolitana de Caracas.

    “Por la situación como está, todo colapsado, me dijeron que ya me la podía llevar. Creo que necesitan el espacio. Ella no se puede mover, pero me dijeron que me la tenía que llevar. Lo único que pido es una ambulancia que me traslade a La Guaira o alguien que me ayude a llevarla. Un transporte, que lo demás lo resuelvo yo”, dijo Hidalgo.

    No es la única que ha alertado sobre la falta de insumos dentro del Domingo Luciani en la jornada. Un enfermero del hospital, que no quiso ser identificado por seguridad, contó a Efecto Cocuyo que se requieren con urgencia gasas, tapabocas, obturadores, guantes, pañales, bisturí, gorros, batas para cirujanos, llaves de tres vías y batas para los pacientes:

    “De ahí para adelante, necesitamos todo con los que nos puedan apoyar”, expresó. Usuarios han publicado en redes sociales listas de solicitud que incluyen jelcos de adultos (varios), solución 0,9%, solución 45% sin dextrosa, solución ringer, pañales para adultos, omeprazol ampollas, dipirona, ketoprofeno, diclofenac, electrodos pediátricos y sábanas descartables. La situación se repite en otras instituciones, como el Hospital General Dr. Miguel Pérez Carreño y el Hospital Ana Francisca Pérez de León.

    Un par de días antes del terremoto, el doctor Natera pidió nuevamente transparencia sobre la distribución de 71 toneladas de medicamentos entregadas por Estados Unidos a Venezuela durante febrero de 2026. Este jueves, las consecuencias de la opacidad gubernamental se pagan en los pasillos de los centros hospitalarios de toda Caracas.

    Un hospital colapsado

    El Domingo Luciani está tan colapsado que los médicos gestionan la identificación mediante listas escritas a mano pegadas en las paredes exteriores, donde la gente intenta ubicar a sus seres queridos. Profesionales jóvenes corren de un lado a otro en los pasillos, intentando atender a las decenas de pacientes que llegan de todas partes de Caracas y La Guaira. Afuera, las víctimas de otros accidentes se mezclan con los familiares de los heridos durante los dos terremotos.

    Algunos grupos de voluntarios ofrecen comida entre las filas de personas que se aglomeran en la entrada de la Unidad de Emergencias, otros reparten café y agua fría en diminutos vasos desechables.

    En los pasillos algunos integrantes del personal del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) murmuran que hacen falta doctores y enfermeros. La deserción del personal de salud resulta evidente.

    El 20 de enero de este año la vicepresidenta del Colegio de Enfermería del Distrito Capital, Naucela Gudiño, advirtió que al menos 60% de enfermeras desertaron de los centros de salud públicos debido a los bajos salarios del sector. No hay registros oficiales que indiquen cuantas trabajan actualmente dentro del Hospital Domingo Luciani.

    Eduardo Rodríguez, de 65 años y artesano de profesión, ingresó al centro de salud el 24 de junio en la tarde con una herida en la cabeza que requirió 20 puntos. Pocos minutos antes la pared de la casa de su vecino se había desplomado en El Carmen, Barrio Unión, mientras él intentaba correr calle abajo. El muro le cayó encima y algunas personas de la comunidad lo trasladaron rápidamente para que recibiera atención médica.

    “Me dieron de alta hoy al mediodía. Me pidieron la resonancia y la tuve que hacer fuera, pero las placas me la hicieron en el hospital. Cuando me vine todavía estaban trayendo gente. Hoy ese hospital está colapsado. Hay muchos médicos jóvenes, pero eficaces. Casi todos son médicos muy jóvenes. También enfermeras, pero ya no dan abasto. Les falta gente”, contó Rodríguez.

    Incapacidad para responder

    En su informe anual de 2025, la ONG Provea alertó que el sistema sanitario público en Venezuela opera con una “reducción cercana a 80% de sus capacidades de atención” y que 94,6% de los venezolanos sigue dependiendo exclusivamente de él para atenderse. El 24 de junio el Ministerio de Salud activó la red hospitalaria en todo el país con mayor prioridad y centros habilitados en Distrito Capital, La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón

    Este 25 de junio la situación en lo alto de El Llanito requiere de atención inmediata. Familias provenientes de La Guaira se preguntan cómo podrán pagar insumos cuando han perdido sus hogares y recursos en tan solo una noche. Con los depósitos vacíos y sin un stock mínimo de reserva estratégica para catástrofes, el Domingo Luciani no tiene cómo responder de forma completa a todas las víctimas que ingresan a sus instalaciones.

    “Se nos notan las costuras. Todo lo que se estuvo tapando con un dedo durante años ahora se destapó y en el peor de los escenarios. No esperábamos esto y obviamente no estábamos preparados. Sabemos que mucha gente allá afuera quedó sin nada. Dependemos de la solidaridad de los que puedan enviarnos algo, de los que puedan apoyar así sea con poco. No debería ser así, deberíamos poder responder. Pero esta es nuestra realidad. Nuestra realidad es que necesitamos demasiada ayuda”, afirmó el enfermero que pidió proteger su identidad.

    Maurilina Guzmán, actual directora general del hospital, indicó en entrevista para un medio televisivo que se estaba ofreciendo atención con un equipo “redoblado de profesionales”, pero no especificó cuántos están activos. Autoridades del Luciani no se han pronunciado al respecto y las cifras de los heridos o fallecidos en el centro tampoco han sido publicadas por ningún ente. De acuerdo con reportes oficiales, hasta la fecha se registran 188 fallecidos y más de 1.500 heridos en todo el territorio nacional.

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