Golpearon al jefe de la policía en Mar del Plata en medio de una protesta liderada por retirados

Golpearon al jefe de la policía en Mar del Plata en medio de una protesta liderada por retirados

 

Una protesta liderada por oficiales retirados desató una fuerte tensión este lunes en Mar del Plata, donde el jefe de la departamental local, comisario mayor Cristian Fontana, fue atacado a golpes por uno de los manifestantes.

Entre los reclamos centrales, aparece la exigencia de un aumento salarial del 80%, mayor cobertura de IOMA, subir a 12 mil pesos el valor de las horas Cores (extra) y un aumento del 50% de las horas Polad (servicios adicionales).

La protesta que llegó a cortar un carril de la neurálgica avenida Independencia se hizo frente a la Comisaría Primera y tuvo como portavoz al ex jefe de la policía marplatense, Marcelo Di Pasqua, desafectado en 2017 por el gobierno de María Eugenia Vidal, acusado por el supuesto encubrimiento de un narcotraficante.

También armador local durante 2025 de «Unión y Libertad», uno de los sellos filo-libertarios que compitieron en las pasadas legislativas, Di Pasqua sostuvo a los medios locales que la protesta «no tiene banderías políticas».

Al lugar de apersonó el comisario mayor Fontana que, mientras era abordado por un grupo de familiares y retirados, fue golpeado por un manifestante.

#URGENTE Le pegaron una trompada al jefe de la Departamental de Mar del Plata, Cristian Fontana, en la movilización que realizan familiares y efectivos retirados para pedir aumentos salariales y mejores prestaciones médicas para la policía. pic.twitter.com/a53kT4tR19

— Lautaro Spadavecchia Amez (@LauSpadavecchia) February 16, 2026

La escena se da días después del fuerte conflicto que se registró en Santa Fe, donde el gobernador Maximiliano Pullaro tuvo que ceder al intenso reclamo policial, levantó sanciones contra quienes habían abandonado el servicio y otorgó subas que bordean el 50%.

En declaraciones a 0223, Di Pasqua dijo que, si bien hay puntos en común con la protesta santafesina, en Mar del Plata «no se verá afectada la seguridad» ya que la movilización la realizan principalmente familiares y policías retirados, aunque sostuvo que los efectivos «apoyan el reclamo».

 La protesta tuvo como portavoz al ex jefe de la policía marplatense, Marcelo Di Pasqua, desafectado en 2017 por el gobierno de María Eugenia Vidal, acusado por el supuesto encubrimiento de un narcotraficante. 

«El policía que recién ingresa cobra entre 800 y 900 mil pesos de bolsillo y un comisario a cargo, alrededor de 2 millones de pesos. Esto hace que haya policías que salen a trabajar de Uber. Conozco comisarios que lo hacen», agregó.

Fuentes con llegada a los manifestantes señalaron a LPO que la escalada de las protestas dependían mucho de cómo se iba a resolver el conflicto en Santa Fe y que si en esa provincia los uniformados lograban su cometido, eso podría generar reacciones en otras jurisdicciones, como Buenos Aires.

Tras un conflicto histórico, Pullaro anunció importantes subas salariales y la policía levantó la protesta

Di Pasqua dijo que los efectivos que respaldan la protesta no aparecieron en el corte porque «no pueden levantar la voz porque son sancionados».

La última vez que se desató una protesta policial de efectivos de la Bonaerense fue el 9 de septiembre de 2020 en plena pandemia y a las puertas de la Quinta de Olivos. Por esa rebelión, en 2021 el entonces ministro de Seguridad Sergio Berni desafectó a 400 policías. 

 

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    DERECHA FEST: Mientras el país se hunde, Milei recurre a un acto de fe ideológica

     

    En Mar del Plata, Milei volvió a subirse a un escenario militante para repetir un libreto cada vez más gastado: guerra cultural, enemigos internos y autosatisfacción ideológica. Lejos de ofrecer respuestas concretas a una Argentina golpeada por el ajuste, el discurso de anoche en la Derecha Fest confirmó que el Presidente prefiere el aplauso identitario antes que la gestión.

    Por Roque Pérez para NLI

    El mensaje de Milei no tuvo sorpresas. Fue, una vez más, la reafirmación de un relato construido sobre la confrontación permanente. En lugar de hablarle al conjunto de la sociedad, eligió hablarle a los convencidos, reforzando una lógica de “nosotros contra ellos” que ya es marca registrada de su gobierno.

    La escena fue elocuente: un Presidente celebrando su propio rumbo frente a un auditorio afín, mientras afuera crecen la pobreza, la recesión, la destrucción del empleo y la incertidumbre económica. La Derecha Fest funcionó como refugio simbólico para un oficialismo que evita dar explicaciones sobre los efectos reales de su programa.

    La “batalla cultural” como coartada

    El eje central del discurso volvió a ser la llamada “batalla cultural”, presentada como el gran desafío histórico del país. Bajo esa consigna, Milei simplifica la realidad argentina en una lucha moral entre supuestos defensores de la libertad y un enemigo difuso al que llama “la izquierda”, “el estatismo” o “los zurdos”.

    Este recurso no es inocente. Convertir la política en una guerra cultural permite desplazar el debate sobre la gestión concreta. No se habla de salarios pulverizados, de jubilaciones recortadas ni del derrumbe del consumo. Se habla de ideas abstractas, de enemigos ideológicos y de un futuro prometido que nunca llega.

    La Argentina real, la que no entra en los slogans, quedó completamente ausente del escenario marplatense.

    Insultos, amenazas simbólicas y polarización

    Uno de los momentos más celebrados por el público fue la reiteración de frases provocadoras y descalificantes hacia quienes no adhieren al proyecto libertario. Expresiones como que “se viene la noche” para determinados sectores no aportan ninguna solución, pero sí alimentan un clima de hostilidad política y social.

    Desde la investidura presidencial, este tipo de mensajes no solo degradan el debate público, sino que legitiman la intolerancia como forma de acción política. El adversario deja de ser un actor democrático y pasa a ser un enemigo a derrotar culturalmente.

    Mientras tanto, los problemas estructurales siguen sin abordarse.

    Liberalismo declamado, realidad omitida

    Milei volvió a presentar al liberalismo como una verdad revelada, casi religiosa, que no admite matices ni críticas. El mercado aparece como solución mágica, aun cuando los datos muestran una economía paralizada, caída del poder adquisitivo y mayor desigualdad.

    No hubo en el discurso ninguna autocrítica, ni siquiera una mención a los costos sociales del ajuste. Tampoco explicaciones sobre cómo su modelo mejorará la vida de quienes hoy están peor que hace un año. El liberalismo fue invocado como dogma, no como política pública evaluable.

    En ese marco, la Derecha Fest operó más como acto de reafirmación emocional que como espacio de rendición de cuentas.

    Un presidente cómodo en el escenario, ausente en la gestión

    El contraste es cada vez más evidente: Milei se muestra cómodo en actos ideológicos, viajes y eventos militantes, pero esquiva el debate serio sobre los resultados de su gobierno. La épica reemplaza a la política, y el show reemplaza a la gestión.

    La Derecha Fest dejó una imagen clara: un Presidente que elige la ovación de su núcleo duro antes que enfrentar la complejidad de un país en crisis. En lugar de construir consensos mínimos para salir adelante, profundiza la división y el enfrentamiento.

    El discurso de Milei en Mar del Plata no fue un mensaje para la Argentina, sino para su tribuna. Un acto de fe ideológica que ignora deliberadamente la realidad social y económica. Mientras el país acumula problemas urgentes, el Presidente insiste en la guerra cultural como cortina de humo. Y así, entre aplausos y consignas, la Argentina sigue esperando respuestas.

     

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