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HACEN AGUA

En este contenido te explicamos por qué le decimos NO al arribo de la empresa estatal ARSA a #VillaRegina.

A muchos dirigentes que no comulgan ideológicamente con el gobierno central les terminó quedando bien el saco del ajuste, tal es el caso de lo que sucede en Villa Regina. Después de una nueva pésima gestión de JSRN en nuestra ciudad, que dejó al municipio quebrado con números rojos: déficit enorme, 30% de las luminarias sin funcionamiento, deuda a proveedores por más de 500 palos, otros 500 que prescribieron, tantos más en la calle sin cobrar y varias pálidas más, al intendente Luis Albrieu le tocó bailar con una bastante complicada consecuencia de otro yerro del gobernador Weretilneck al elegir a dedo a Marcelo Orazi como candidato.

La búsqueda del equilibrio económico de este nuevo gobierno local cayó sobre los vecinos y trabajadores, nada nuevo en el horizonte. Acá también existe una coincidencia con lo nacional que es casi un mantra en la política argentina: los dirigentes son paupérrimos, no pagan por sus errores y ahí aparece en sus radares la nueva versión de casta social para solucionar todo lo que hicieron mal, el pueblo tiene que poner lo que no tiene para salvar un barco al que los políticos viven chocando.

Existe una coincidencia con lo nacional que es casi un mantra en la política argentina: los dirigentes son paupérrimos, no pagan por sus errores y ahí aparece en sus radares la nueva versión de casta social para solucionar todo lo que hicieron mal

Albrieu se despachó en su primera semana de gestión con la no renovación de 110 trabajadores contratados, sin análisis alguno más que el vencimiento de sus contratos y eso que en el municipio hay por lo menos ¼ de empleados que hacen un esfuerzo enorme para que los rajen, desde no presentarse a trabajar, no cumplir con sus funciones, y hasta romper o robar equipamiento. Además de esto se subió inmediatamente el valor del SAM, subieron las tasas retributivas, se duplicaron los costos de las inspecciones comerciales, se aumentó un 20% el pago anual de tasas (antes tenía descuento), casi 100% el alumbrado público (con posibles subas avaladas por el CD), cobro por ingreso a un espacio público como lo es la ISLA58 y se evalúa (por no decir que está cocinado) traspasar Obras Sanitarias (OS) responsable del servicio de agua y cloacas en la ciudad a Aguas Rionegrinas SA (ARSA) la empresa estatal encargada de ambos servicios mencionados.

Sobrados ejemplos y fundamentos existen para decir que este traspaso es, nuevamente, trasladar un problema de mala gestión política a la gente, ¿existirá el momento en el que los dirigentes activen la búsqueda de soluciones por fuera de apretarle el bolsillo al vecino sin importar lo que se le ofrezca? Porque no hablamos solo de un aumento del 1.500%, si no además, de perder un servicio que al menos es bueno canjeándolo por uno comprobadamente pésimo. Tal es así, que el mismo intendente reginense opinaba sobre ARSA (con denuncia penal mediante del bloque de legisladores del FpV), lo siguiente:

ARSA es por lejos la peor empresa del Estado provincial, no solamente brinda un servicio pésimo y con tarifas que aumentaron inconsultamente de manera desproporcionada con los sueldos de los vecinos. Es una empresa que está quebrada y tiene un déficit millonario, pero aún así transferían dinero a la Secretaría General de Gobierno. De confirmarse estamos ante un hecho de corrupción e irresponsabilidad muy grave”.

Luis Albrieu

Más claro hay que echarle agua, pero por las dudas paso a detallar, como dije anteriormente, algunos ejemplos y fundamentos los cuales, vecinos y vecinas reginenses deben conocer respecto a este tema poco debatido en los medios locales, y más importante aún, que el Concejo Deliberante de Villa Regina (principalmente los 6 ediles que no son fuerza política gobernante, encargados de que el CD no se convierta en una secretaría legal del ejecutivo) en base a esto debería rechazar el traspaso cuando se debata y vote en el concejo, ya que no es competencia del ejecutivo la determinación final de la concesión como estipula la Carta Orgánica en su Artículo 95: «El municipio podrá otorgar concesiones para la prestación de obras y servicios públicos, mediante ordenanzas sancionadas por los dos tercios de la totalidad de los miembros del Concejo Deliberante y asegurando fines de interés general o social».

Carta Orgánica en su Artículo 95: «El municipio podrá otorgar concesiones para la prestación de obras y servicios públicos, mediante ordenanzas sancionadas por los dos tercios de la totalidad de los miembros del Concejo Deliberante y asegurando fines de interés general o social».

HACEN AGUA POR TODOS LADOS

Según el informe anual de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Río Negro el principal problema de la ciudadanía durante 2023 fueron los reclamos en la calidad de prestación de los servicios públicos y de acuerdo al servicio de atención de los usuarios, este organismo de control observó que la mayor imagen negativa se la ganó la empresa estatal ARSA por encima de otras prestadoras. La defensoría es una institución del Estado que tiene como objetivo defender los derechos humanos y los intereses generales de la sociedad.

Según el informe anual de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Río Negro durante 2023 la mayor imagen negativa se la ganó la empresa estatal ARSA por encima de otras prestadoras.

El informe anual 2023 indica que la principal interpelación fue para la concesionaria del servicio de agua potable y cloacas con un casi la mitad (42%) de los reclamos recibidos, por encima de los servicios de electricidad prestados por Edersa (38,9%), las prestaciones de gas que ofrece Camuzzi Gas del Sur (15,2%) y luego comunicaciones con internet-teléfono (3,5%).

Respecto de ARSA, uno de los principales planteos de los usuarios estuvo vinculado al mal computo de las facturaciones. Además, los reclamos que figuraron el año pasado contra la empresa estatal fueron la falta de provisión de agua potable, los desbordes cloacales constantes y la demora en la reparación de roturas de caños.

En contrapartida, el servicio de Obras Sanitarias que ofrece el municipio de Villa Regina ha dado muestras de celeridad y compromiso, no hay que irse muy lejos para recordar que a principio de año la empresa Telecom rompió un acueducto en el ingreso oeste de la ciudad y el equipo a cargo de Daniel Paravano trabajó durante 15 horas continuas con temperaturas extremas (40°) y durante horas de la madrugada para solucionar un problema generado por un privado que dejaba sin agua a vecinos y vecinas de la ciudad. Los últimos dos años, fuera de la falta de recursos constantes o en relación a ello, OS ha trabajado de buena manera.

1.500% DE AUMENTO PARA UN PEOR SERVICIO, GRACIAS POR NADA

Me tendrían que ayudar a buscar cuando fue la última vez que un servicio sufrió un aumento de tal envergadura. En un contexto de ajuste y tarifazo a nivel nacional que no se detiene y se convierte en cotidiano (el municipio le sigue el ritmo), cargarle al vecino y vecina tal aumento es de un descaro enorme y no me voy a cansar de decirlo (o escribirlo) POR UN SERVICIO PEOR, bastante peor que el que ofrece OS que de por sí no es malo, diría que es bueno, que tiene compromiso ciudadano e intenta actuar de la mejor manera posible con los pocos recursos que tiene.

Pasaríamos de pagar $1.000 a no menos de $15.000 en el mejor de los casos, de ahí para arriba. Este año ARSA ya formalizó aumentos de sus tarifas por un 150%. La cuenta es simple: Un servicio mucho peor y mucho más caro.

En época estival problemas de presión o de suministro de agua hay en toda la provincia, ARSA no vendría a solucionar este problema en particular que sufrimos todos los veranos. Sin embargo, es válido decir que en Regina se consume 10 veces más de agua potable de lo recomendado y debido a esto es una de las ciudades que más agua potable provee en toda la provincia.

Se consumen más de 1.000ls por persona cuando el recomendado es de poco más de 100ls, por lo cual en parte la responsabilidad es intrínsecamente individual. Tenemos malos hábitos como regar por demás los jardines, o bien regar veredas y calles pavimentadas (?), así como calles de tierra (en este caso por la ineficiencia del servicio de regado del municipio). El llenado de piletas con agua potable empeora la situación. OS produce agua para una ciudad con 60mil personas, esta disponibilidad de agua ARSA no la da en ninguna ciudad de la provincia.

OS produce agua para una ciudad con 60mil personas, esta disponibilidad de agua ARSA no la da en ninguna ciudad de la provincia.

¿Por que digo «en parte»? Porque también es una cuestión política. Regina tiene aproximadamente 3.500 conexiones a la red de agua potable y brinda aproximadamente 35 millones de litros de agua potable por día, pero tiene un millar de conexiones ilegales avaladas (me dicen que triplican a las legales). De este modo sea hace todo más complejo. Un sinceramiento de conexiones ayudaría a generar estadísticas reales de consumo y en consecuencia soluciones al excesivo consumo de agua que tenemos en la ciudad, además de educar y concientizar.

Transparentando la cantidad de conexiones y haciendo costos de lo que sale producir el agua se puede saber cuanto hay que recaudar por conexión para no ir a pérdida ya que el principal fundamento del ejecutivo para el traspaso es que OS da pérdidas mensuales millonarias. Hasta el momento no se ha publicado ningún informe que demuestre que el déficit de OS es 30/40 millones de pesos como ha expresado el intendente.

Regina tiene aproximadamente 3.500 conexiones a la red de agua potable y brinda aproximadamente 35 millones de litros de agua potable por día, pero tiene un millar de conexiones ilegales avaladas

EXISTEN OPCIONES, FALTA VOLUNTAD POLÍTICA

Lo aclaro por si hay algún desprevenido, ARSA no está en condiciones de mejorar ninguno de estos aspectos, aunque nos cobren un 1.500% más de lo que pagamos. Ahora, si OS trabaja bastante bien cobrando $1.000 por conexión, de seguro puede optimizar su trabajo con mejores ingresos.

Posteé hace un tiempo la idea de que se trabaje sobre estos puntos pensando en una TASA FIJA SECTORIZADA donde el aumento sea mucho menor a lo que va a cobrar ARSA y a partir de un análisis de consumo real y una sectorización socioeconómica de los barrios implementar una tarifa fija por sector. OS mantuvo durante este verano el 80/90% de reservas con olas de calor que superaron los 40° por varios días consecutivos. Además, como dije anteriormente, produce agua para una ciudad con 60mil personas (le sobra 1/3 de gente).

OS mantuvo durante este verano el 80/90% de reservas con olas de calor que superaron los 40° por varios días consecutivos.

Consultando profesionales también proponen un plan alternativo de trabajo viable para mejorar el sistema con un bajo presupuesto de inversiones creando una red de cisternas en diferentes zonas de la ciudad, una obra pequeña en comparación con otras que además se puede ir realizando en etapas. Ideas y posibilidades sobran, pero como suele suceder el problema es la falta de voluntad para la gestión de políticas por fuera de cargarle la mochila a la ciudadanía.

Otra opción para evitar la llegada de ARSA es la de la cooperativa (como tienen Lamarque y Luis Beltrán, entre otros), que bien manejada es otra oportunidad para los reginenses.

ARSA EN CASA DE VECINOS

Tanto en Godoy como en Huergo la empresa estatal brinda servicios utilizando maquinaria no rentada de las municipalidades. En nuestra ciudad no tenemos máquinas para prestar, tal es así que en ciertos momentos ante este faltante, ARSA nos ha prestado maquinarias. ¿Cómo es el dicho del hambre y las ganas de comer?

En Roca/Fiske un total de 62 Actas fueron labradas por parte del Municipio a la empresa provincial ARSA en una semana (desde 12 al 18 de febrero). El total de Actas confeccionadas en sólo esa semana fueron: 48 por Desbordes de Agua, 3 por Desbordes Cloacales, 11 por mala señalización de obras, falta de cartelería y vallado en la vía pública.

La calidad de la prestación de servicio de ARSA en las demás ciudades donde operan tiene rionegrinos y rionegrinas desatendidos y enojados por el servicio. Alcanza con hacer una búsqueda en redes para notar que en toda la provincia, como confirma el informe anual de la Defensoría, se registran reclamos constantes por boletas mal facturadas, por rotura de caños, pérdidas cloacales y derroche de agua potable, entre otros problemas.

EL CONSERVADURISMO QUE NOS CARACTERIZA ES PARTE DEL PROBLEMA

Con el arribo de ARSA a la ciudad el cambio va a ser grande pero a pocos le importa. Son temas poco debatidos en los medios y en la sociedad sumado a que la dirigencia política no representa a nadie y que la mayoría de la gente anda encandilada por el brillo de su celular; se da un combo que se presta para la toma de decisiones sin búsqueda de consensos.

El cambio no va a ser sencillo y tiene que ver básicamente con privatizar el recurso natural. Te van a cobrar el agua que uses y también la que usen otros que están por fuera de lo legal. Lo más probable es que se cobre por presunto consumo de agua, que se traduciría en un número elevado ya que al no estar sinceradas las conexiones ilegales, las 3.500 conexiones legales pagarían el consumo de unos tantísimos más . ARSA no se tomará el trabajo de instalar medidores en todas las parcelas ya que el costo es alto y no están en condiciones de afrontarlo. Pero puede que te lo hagan pagar a vos.

Denlo por hecho, van a bajar la cantidad de agua que se produce diariamente y te van a regular la cantidad de agua que puedas consumir a parámetros normales o menores.

¿Qué dice el ejecutivo local sobre el 60% de vecinos que no pagan tasas retributivas en la ciudad? Que no lo hacen porque el servicio es ineficiente. Lo dice la gente también «no lo pago porque es malo o ni siquiera lo dan». Bueno, el 50% de las 235mil familias que reciben el servicio de ARSA, NO LO PAGAN. ¿Será por el mismo motivo?

El 50% de las 235mil familias que reciben el servicio de ARSA,
NO LO PAGAN

A la ecuación de mayor costo y peor servicio, habrá que agregarle menor disposición de agua en la red donde difícilmente pueda regularse un consumo justo e igualitario siendo las conexiones más alejadas de la zona oeste las más perjudicadas ante la falta de inversión y el crecimiento de la ciudad.

ARSA EN REGINA: PAGAR MÁS POR UN PEOR SERVICIO.

Al perro también se le puede ver la cola antes que pase.

Diseño de portada: German Busin

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    Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios e inquietudes a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones.
    Walter Benjamin
    El capitalismo como religión, 1921

    Un acontecimiento tecnológico concita, por primera vez en la historia, una vehemente encíclica papal de 111 páginas. En Magnifica Humanitas, León XIV llama a “la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial”. Esto —que por sí solo indicaría que nos encontramos, con las más recientes inteligencias artificiales (IA) generativas y predictivas, ante un hecho de inédita relevancia histórica— parece, sin embargo, un episodio más de la sobrecogedora serie que, desde finales de 2022, envuelve a Occidente en una vertiginosa convulsión política, social, cultural, espiritual, epistémica.

    Para circunscribirnos a este año, el 3 de enero fuerzas militares de Estados Unidos capturaron al entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en Caracas, y los trasladaron a Nueva York para enfrentar imputaciones por narcoterrorismo. La incursión incluyó ataques aéreos sobre la capital y zonas estratégicas militares. Fuentes de ambos gobiernos estimaron que murieron entre setenta y cien personas. A fines del mismo mes, el Departamento de Justicia estadounidense publicó más de tres millones de documentos, imágenes y videos —“un total de 300 GB de datos”, dice la prensa— de los Archivos Epstein, que dejaron a la vista una oscura cadena de equivalencias entre banca internacional, narcotráfico, políticos, celebrities del espectáculo y de la academia, poder judicial, servicios de inteligencia, crímenes sexuales, redes de trata de niñas y adolescentes, sacrificios rituales, extorsiones, casas reales europeas en, más que sorprendente, decadente rehabilitación pública.

    A fines de febrero comenzó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que hace sentir su impacto en todas las economías nacionales del hemisferio. En tanto, prosigue la guerra de Gaza, iniciada en 2023, que incluye la masacre abierta al pueblo palestino, el pedido de arresto del presidente israelí Benjamin Netanyahu por parte de la Corte Penal Internacional en noviembre de 2024 y las sucesivas detenciones y vejaciones a los integrantes de las flotillas humanitarias que periódicamente buscan traspasar, sin éxito, el bloqueo de ayudas básicas para los palestinos atrapados entre los bombardeos masivos, las hambrunas por falta de alimentos, la destrucción de escuelas y hospitales y el cierre de rutas. 

    Para recargar un poco más el ambiente, el 18 de abril, Palantir publicó en la red social X su manifiesto: una declaración de veintidós puntos que resume la visión del CEO de la empresa, Alex Karp, socio de Peter Thiel. El documento defiende la fusión entre Silicon Valley y el complejo militar-industrial para garantizar la hegemonía de Occidente mediante el uso de inteligencia artificial. Afirma que la era de disuasión nuclear está llegando a su fin y será reemplazada por una disuasión basada en IA, descalificando de antemano cualquier intento de debate democrático sobre el uso militar de la IA. “La pregunta no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y con qué propósito”, asegura. Y desde un abierto supremacismo cultural, exhorta a resistir “la tentación superficial de un pluralismo vacío”, ya que a su criterio, contra lo que afirman los principios liberales, las culturas [no habla de regímenes políticos, sino de culturas] no merecen trato igualitario: “algunas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas”.

    En este escenario infernal, en esta atmósfera densamente intoxicada, Magnifica Humanitas es un documento cargado de humanismo. Se apoya fuertemente en la Doctrina Social de la Iglesia, con persistentes referencias a lo común (la verdad como bien común, la Tierra como hogar común, los datos que deben ser tratados como bienes comunes, derechos humanos como lenguaje común, discernimiento comunitario, comunidad, comunión), citas precisas de J.J.R. Tolkien —el devoto católico que imaginó las ambivalentes, pharmakologicas piedras videntes Palantir[1]— y hasta una mención explícita al Beato Enrique Angelelli, asesinado por la última dictadura argentina en 1976.

    El texto del Vaticano, publicado el 25 de mayo, subraya algunas tesis que la filosofía de la técnica viene sosteniendo hace años: que la tecnología —y especialmente una infraestructura lingüística y cognitiva, como son los ecosistemas digitales en los que emergen las nuevas IA— “no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”[9]. Tampoco “es un simple instrumento”, ya que “cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz”[92] —una alusión precisa, sea o no deliberada, a la célebre figura de la megamáquina de Lewis Mumford, tan apreciada por Gilles Deleuze y Felix Guattari—. Incluso más que un ensamble técnico, la IA, dice la encíclica, es “un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar”[110].

    Deja de lado, en cambio, otras nociones del pensamiento sobre la técnica que habrían podido ser aportes a su argumento. La encíclica denuncia, por ejemplo, la voluntad de poder “prometeica” —los “sueños prometeicos” de la tecnología [128]—. Sin embargo, ya hace décadas el sociólogo Hérminio Martins y luego la antropóloga Paula Sibilia distinguieron entre dos sensibilidades típicas y tradicionales en Occidente, una prometeica y otra fáustica, una alineada con los intereses humanos y respetuosa de los límites de la condición humana, la otra volcada a superar “las limitaciones derivadas del carácter material del cuerpo —señala Sibilia en El hombre postorgánico—, a las que entiende como obstáculos orgánicos que restringen las potencialidades y ambiciones” humanas. La encíclica también rechaza las diferentes corrientes del transhumanismo y de los posthumanismos. Ahondar en las distinciones internas dentro del núcleo imaginario o mitopoiético de las tecnologías avanzadas permite ser críticos sin desdeñar posibilidades que contribuyen, precisamente, a la justicia y el desarrollo colectivos, como las investigaciones en medicina o los estudios sobre cambio climático; a la vez que limita la infaltable, facilona acusación de “ludita”. Donde el documento sí es certero e incidental es cuando exhorta a cultivar un “antropocentrismo situado”, que reconoce al humano como “inserto en una trama de relaciones con los demás seres vivos y con la totalidad de la creación” [237].

    A lo largo de una introducción, cuatro capítulos y un epílogo, en un lenguaje coloquial pero no impreciso, la encíclica se pronuncia contra el “paradigma tecnocrático”, al que define como “la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas”. Advierte sobre las “nuevas esclavitudes que se alimentan de cadenas económicas e infraestructuras digitales” [179] y sobre “el colonialismo [que] muestra en la actualidad un rostro inédito”, ya que “no solo domina los cuerpos, sino que se apropia de los datos, transformando las vidas personales en información explotable”.

    Señala con agudeza que “las IA modernas están más ‘cultivadas’ que ‘construidas’, pues los desarrolladores no diseñan cada detalle, sino una arquitectura sobre la cual la IA ‘crece’”, y en consecuencia, “los aspectos científicos fundamentales —como las representaciones internas y los procesos computacionales de estos sistemas— siguen siendo desconocidos”. Frente a esto, exhorta a una doble acción: profundizar la investigación científica y ejercitar el discernimiento ético y espiritual.[99] Y concluye: “Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades” [95].

    Frente a esta potencia concentrada en el mundo digital, “en un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa”, antepone los cinco principios de la Doctrina Social de la Iglesia: “la dignidad inalienable de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social”. Y sale en defensa de las “instituciones capaces de proteger la vida común”; cita a movimientos como la Cruz Roja (1863), leyes como la abolición de la esclavitud, organizaciones multilaterales como las Naciones Unidas (1945) y tratados como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). 

    Ni formalidad administrativa ni texto críptico, sino un nítido programa político: un “documento de cultura”. Y también, pese a su antibelicismo (a eso se refiere con “desarmar” la IA), un ataque frontal. Uno más, en un escenario profundamente bélico. Uno singular, en un escenario profundamente religioso. Uno no poco desconcertante, en un escenario de transvaloraciones —“inversiones”— incesantes, virtualmente infinalizables.

    El Anticristo como política

    En el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso.
    Guy Debord
    La sociedad del espectáculo, 1967

    En los días previos a la publicación de la Encíclica, se había conocido oficialmente que Peter Thiel, un multimillonario de origen alemán e ideas paleolibertarias, fundador de la compañía de vigilancia masiva más famosa de Occidente, Palantir, había comprado una casa de doce millones de dólares en Barrio Parque, un enclave muy exclusivo en la ciudad de Buenos Aires, y anotó a sus hijos en un colegio local (sotto voce se comentó que una afamada escuela católica había declinado con diplomática precaución la solicitud de ingreso presentada por Thiel y su esposo, el inversionista Matt Danzeisen, ex vicepresidente de BlackRock). Medios de comunicación publicaron fotografías de Thiel jugando ajedrez en el barrio del Abasto, en un torneo en el que salió tercero. Se supo, también, que había cenado con economistas a quienes, curiosamente, no les habló tanto de economía como del Anticristo.

    Lo mismo había hecho a mediados de marzo, pero en Roma, en el Palacio Orsini Taverna, donde vivió de niña Lucrecia Borgia, hasta que en 1493, a los 13 años, su padre Rodrigo Borja, más conocido como el papa Alejandro VI, la casó con Giovanni Sforza, el primero de los tres matrimonios que el valenciano le arreglaría para aumentar su poder. Allí, a pocas cuadras del Vaticano, Thiel dictó cuatro conferencias a puertas cerradas sobre lo que él imagina como el máximo peligro inminente de la época: el Anticristo. Según la Associazione Culturale Vincenzo Gioberti, el grupo cristiano conservador que lo recibió, creado en julio de 2023 en la mismísima ciudad Lombarda de Salò, las charlas giraron en torno a cómo “fuerzas ocultas trabajan sin cesar con la intención de destruir lo que queda de Occidente”. La asociación tiene como misión: “restaurar la unidad espiritual de los italianos, partiendo de su identidad católica, sus pequeñas patrias y las costumbres heredadas del Antiguo Régimen”. A comienzos de 2026 su secretario general, Matteo Rossi, escribió una pieza perspicaz sobre la decisión del consejo comunal de Salò de retirar la “ciudadanía honoraria” al Duce Benito Mussolini, que empieza con una boutade: “Sinceramente, no sabía que los muertos pudieran tener ciudadanía terrenal: pensaba que solo tenían derecho a un domicilio, donde es posible llevarles flores…”.

    En los peculiares análisis de Thiel, egresado de Filosofía de Stanford y reconocido financiador de proyectos neoconservadores, el Anticristo es hoy “un ludita que quiere detener toda la ciencia”. En conferencias privadas dictadas en 2025 en San Francisco, se refirió a los escritos apocalípticos de John Henry Newman y a la novela de Vladimir Soloviev Una breve historia del Anticristo (1900) donde este es retratado como un filántropo y sabio que ofrece soluciones racionales al caos “pero sólo se ama a sí mismo”. Según describe The New York Times, Thiel sostiene que la semántica de los riesgos (en particular el llamado riesgo existencial, pero también las preocupaciones ambientalistas de personalidades como Greta Thunberg o las críticas a la tecnología o la inteligencia artificial) es parte de la estrategia de los “legionarios del Anticristo”, que impulsarían una sobrerregulación, fomentando una gobernanza opresiva generalizada, un “estado totalitario global”. “La forma en que el Anticristo se apoderará del mundo es hablando sin cesar del Armagedón”, declaró Thiel al mismo diario en 2025, según recuerda la corresponsal Elizabetta Povoledo. “Hablando sin parar del riesgo existencial y diciendo que, por lo tanto, necesitamos regulación”.

    Ahora bien, ¿quiénes hablaron primero del riesgo existencial o X-Risk, si no las propias corporaciones e instituciones, sus directivos y referentes más conocidos? El think tank Future of Life, promotor en 2017 de los Principios de Asilomar, la primera carta de intenciones éticas para la inteligencia artificial abiertamente conocida, e impulsor de dos conocidas cartas en 2023 y 2025: la que pedía pausar la investigación en modelos de IA iguales o mayores a GPT y la que pedía prohibir la Superinteligencia, que fueron firmadas por personalidades notables, como Yuval Harari, Yoshua Bengio, Steve Bannon, los duques de Sussex (estos tres últimos en la segunda carta). Dan conferencias, asesoran a las principales potencias, investigan e informan cotidianamente acerca del riesgo existencial desde el premio nobel de Física Geoffrey Hinton hasta los AI Security Institutes del Reino Unido y de Estados Unidos, pasando por los grandes medios periodísticos y los investigadores más destacados en IA, como el propio Ilya Sutskever, quien cuando se fue de OpenAI en 2024, fundó una empresa exclusivamente dedicada a desarrollar una “superinteligencia segura”. La cuestión del riesgo existencial es parte de la narrativa oficial de las big tech, y no una poco significativa (estas declaraciones de Thiel, cabe sospechar, son parte de ese mismo gesto, sometido a una calculada inversión).

    Para intentar comprender la obsesión de Thiel por presentar como “Anticristo” a los Estados, los saberes y las regulaciones que podrían limitarlo, cabe recordar la tesis de Jan Assmann en La distinción mosaica (2003), quien sostiene que el monoteísmo bíblico, al establecer la distinción entre verdadero y falso en materia religiosa, desata un fondo de violencia que no es solamente antropológico (como lo podría explicar el propio Thiel siguiendo, y desviando, a quien, se dice, fue su admirado profesor, René Girard) sino también cultural y político. Lo que esa distinción produce, y este es su precio, es la violencia religiosa: los dioses previos o desplazados no desaparecen sino que se vuelven demonios, fuerzas del mal. Siguen operando, clandestinamente, como lo reprimido que retorna. Thiel utiliza esa operación en su beneficio. El regulador, la crítica de la crisis climática, el multilateralismo, la gobernanza de la IA: todo lo que limita la aceleración de los negocios queda del lado del Anticristo.

    Se ha señalado con insistencia la paradoja de que la compañía Palantir, de la que Thiel es cofundador y presidente de su junta directiva, proporciona sistemas de inteligencia artificial al Pentágono y es un instrumento clave en acciones estadounidenses e israelíes contra Irán, así como en las operaciones del ICE para rastrear migrantes, actuando de hecho como una herramienta para la creación de un estado de vigilancia. Quizá no sea estéril considerar nuestro momento histórico-cultural y conjeturar que la paradoja es una táctica, no un efecto colateral. En 2008, cuando estallaba la crisis financiera internacional que derivó en la Gran Recesión, el área de software para Inteligencia y Defensa de Palantir comenzó a llamarse Palantir Gotham.

    Fondo de inversiones

    La ‘gigantomaquia’ en torno al ser es, también y sobre todo, un conflicto entre ser y obrar, entre ontología y economía, entre un ser en sí incapaz de acción y una acción sin ser —y entre los dos, como apuesta, la idea de libertad.
    Giorgio Agamben
    El reino y la gloria, 2007

    Llegados a este punto, la imagen tiene algo de escena primaria. Por un lado, la escena primaria de un tipo particular de enfrentamiento que Occidente conoce bien: el cisma espiritual, la cruzada religiosa. Thiel habla del Anticristo, Leon XIV de Babel y Jerusalén. Si traemos a esta escena los Archivos Epstein, se movilizan relatos todavía más antiguos: Baal y Yahvé, el Becerro de Oro, y siempre y a toda hora cuando hablamos de tecnologías, Fausto y Prometeo, con la tensión incesante entre un Dios neurótico que limita y a la vez cultiva, y un Dios o demonio perverso que goza y a la vez endeuda. La guerra santa civil que Europa conoce bien, con sus diversas mitologías, reversiones, secuelas, precuelas, spin-offs y siempre nuevas formas de expansión narrativa. La lucha contra el Anticristo, en términos de Thiel, y la lucha entre dos culturas, en términos de Leon XIV: la cultura [genérica] de la potencia y la cultura civil [específica] del amor.

    “Evitemos el ‘síndrome de Babel’ —explica la Encíclica—: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único, incluso digital, capaz de traducirlo todo, aun el misterio de la persona, en datos y rendimientos. (…) Elijamos, en cambio, el ‘camino de Nehemías’, que pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro para los exiliados que regresaron […] haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad”.

    Por otro lado, es también la escena primaria de la cultura en sentido restringido: Babel, el laberinto, que como dejó escrito Borges puede ser tanto la Biblioteca como el desierto. Un laberinto de espacios liminales que en pleno segundo cuarto del siglo XXI, están, ellos también, sometidos a la máquina de inversión infinita; los “backrooms de la globalización” de los que habló Margarita Martínez días atrás en Dólar Barato y en Cabaret Voltaire. O de tiempos liminales: el scroll perenne, la cola para entregar un CV, las noches de ansiedad estéril, Godot y toda la serie de galimatías y esperas sin esperanza que conocemos bien. Del mismo modo, los villanos como protagonistas “gloriosos” (Joker, Cruella De Vil, pero también la narrativa calcada de los “niños sufrientes” en las biografías de Elon Musk y Javier Milei), son la operación central de nuestro momento cultural, no su periferia. Sobre esto reflexionan últimamente dos libros llenos de sugerencias: Estéticas liminales de Valentina Nanni y el magnífico Fascismo cosplay de Luis Ignacio García.

    En esta guerra, en la “batalla cultural” del signo que sea, la clave —nuestra “agencia”— es la lectura atenta. Todo lo que podamos ser, la libertad que está radicalmente en juego, depende de nuestras habilidades lectoras, nuestra capacidad de interpretación, la recepción como actividad cada vez más elaborada, reflexiva, autoconsciente. Y si nuestro ambiente cotidiano es un laberinto, la lectura pasa a ser un deporte de alto rendimiento. Es lo que nos permitirá captar el shock, la “imagen dialéctica”, la señal impredecible e inequívoca que nos llevará hasta el mástil al cual atarnos y anclar la nave, la mente, en medio de la tormenta semiótica ilimitada. Una apertura que el laberinto, previsiblemente, estrecha minuto a minuto. La teoría del siglo XXI suele invocar “el cuerpo” como posible superficie de inscripción de ese sentido que es áncora y también escalera al cielo. Mutatis mutandis, a eso hacen referencia las diversas tecnologías del yo que incitan a concentrar la atención en el “aquí y ahora”, la “conciencia situacional” de los aviadores militares, el mindfulness de su tripulación.

    Porque el siglo XXI tiene su propia lengua, y el rizoma tecno realiza la inversión ludópata de todos los sentidos estabilizados, como si hubiéramos quedado atrapados en una suerte de taumatropo cuyas imágenes no se conectan jamás. La guerra en la que las religiones, los mitos, las encuestas, la astronomía, las creepypastas, las novelas, los géneros del modernismo popular, las estadísticas y la danza son las armas rústicas y ultra sofisticadas con las que, desde tiempos inmemoriales, se crearon y disputaron territorios afectivos, cognitivos, epistémicos.

    En el mundo de la economía, “invertir” es apostar sobre el futuro de algo que todavía no existe. La inversión clásica —la que describía Ricardo, la que Marx analizaba— era capital que se adelantaba a la producción: había un objeto, un proceso, un trabajo, un tiempo de producción, y la ganancia venía del ciclo productivo. Hoy se invierte sobre expectativas de valorización futura que no dependen del ciclo productivo sino de la narrativa y la expectativa que rodea al activo. El acontecimiento tecnopolítico de gran escala desencadenado por la capilarización de las nuevas IA a partir de finales de 2022 se organizó a través de la combinación entre un potentísimo “hype” publicitario (la “burbuja” de la que se viene hablando hace meses) y la no menos enorme fuerza con que los grandes poderes fácticos están imponiendo una mutación desde arriba: créditos de bancos internacionales, transformaciones en los planes de estudio y en las modalidades de enseñanza, presiones en torno a la legislación, rediseño de la experiencia de usuario de las grandes plataformas, entre otras acciones que se dieron con una velocidad nunca vista y sin un horizonte mínimamente claro de hacia dónde estamos yendo. Todo esto permite que los procesos concretos que están detrás de los retornos de la inversión permanezcan opacos, muchas veces incluso “securitizados”, inaccesibles. En parte, porque todavía no existen: se están creando. El “hype” es aquello a través de lo cual se crea… destruyendo (acá saludan los schumpeterianos). No es un accidente: es la forma del negocio.

    Lo que vemos es, ya no la reproducción, sino la generación mecánica de la propia vida lingüística, emocional, cognitiva y cultural. Una generación de signos incesante y sin referencia alguna con la “realidad” (brainrot), si por realidad entendemos la cadena histórica, cultural y simbólica de hechos, es decir, de relaciones entre seres humanos (y no humanos). Una generación de símbolos y de infraestructuras planetarias que, creando diferencias y desigualdades radicales, busca estar parcial pero decisivamente desencastrada de la relación de reciprocidad entre infligir sufrimientos y goces colectivos, y padecer (o administrar, vía chivo expiatorio) las correspondientes catarsis sacrificiales. La tesis del “tecnofeudalismo” describe este intento, hoy por hoy exitoso, pero altamente inestable, de restauración de diferencias abismales entre clases que nunca se encuentran. Donde la inversión como gesto simbólico y cultural dominante es la correspondencia en el nivel de la cultura de la idea de puro valor de intercambio: el valor, dice la religión capitalista, es el “precio”. Los esfuerzos de Leon XIV al redactar, desde el mismísimo Vaticano, una Encíclica que exige establecer reglas, normas, gobernanzas, responsabilidades “humanas”, tiene analogías estructurales con los esfuerzos de los defensores de la teoría objetiva del valor. En el centro está la defensa radical de la vida (la cultura del amor) y la limitación de las pulsiones tanáticas de la dominación.

    Los dioses no han muerto, dicen Peter Thiel y la Encíclica, sólo se han retirado. Para convocarlos son precisos los rituales cada vez más ostentosos: se gasta la propia humanidad entera (los magnates de las grandes corporaciones no dejan que sus hijos tengan redes sociales, nos dicen las redes sociales todo el tiempo). Nos vemos rodeados, así, de un mundo de inversiones. La “imagen dialéctica” benjaminiana de esa inversión incesante del valor de la vida humana, que es el precio de una economía hecha de “fondos de inversión”, y cuya verdad indecible pero completamente a la vista es que, en muy buena medida, los retornos y la extracción de valor se producen mediante la violencia, el colonialismo, la esclavitud, el vampirismo parásito de la acumulación por desposesión. El sacrificio de naciones enteras, como estamos viendo en este mismo momento en América latina.

    En El capitalismo como religión, Benjamin señala que “el tipo del pensamiento religioso capitalista se encuentra extraordinariamente expresado en la filosofía de Nietzsche”. En particular la figura del “superhombre” (el Más Que Humano, el transhumanista cabal), “desplaza el ‘salto’ apocalíptico, no sobre la conversión, la expiación, la purificación y la contrición, sino sobre una intensificación o potenciación [Steigerung] aparentemente continua, pero en el último momento, a saltos, intermitente, discontinua”. En el ámbito profano de las tecnologías, esto podría reconducir al escalamiento de la capacidad de cómputo. En el ámbito de la póiesis, de la techné poiética, esa intensificación es autoconciencia, pliegue de reflexividad, gramática y gesto que realiza (“transustancia”) el salto de complejidad. Del laberinto, recordaba Leopoldo Marechal, “se sale por arriba, si el alto amor lo quiere”.

    Claro que siempre lo quiere. Esa es nuestra fe, nuestra infinita vitalidad. Nuestra vida eterna.

    [1] Palantir: el nombre viene de las piedras videntes de El Señor de los Anillos, que son lo que el helenista Louis Gernet llamaba ágalma: el objeto precioso que circula en los rituales de don, que condensa valor social y valor divino simultáneamente, y que puede invertirse. El objeto sagrado que une puede volverse el objeto maldito que contamina.

    La entrada La gran batalla de nuestro tiempo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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