A RÍO REVUELTO…
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A RÍO REVUELTO…

El río Negro está revuelto y los pescadores ya están en la costa eligiendo la carnada. Lectura del escenario político reginense de cara a las elecciones 2023,

DESTITUIR ES UNA DECISIÓN POLÍTICA

Como había anticipado no se dio lugar a la procedencia del #JuicioPolítico al intendente Orazi. Sin que le suelten la mano desde provincia era imposible que se logren 7 votos de 10. Si no pregúntenle a Daniel Fioretti, al ex intendente el senador Alberto Weretilneck sí le había quitado el padrinazgo en 2017. Los 8 concejales (4 de JSRN) que quedaron en la sesión votaron a favor aquella vez.

Digamos entonces que destituir un intendente es una decisión política más que administrativa o legal, o algo que autónomamente no definiría un CD. Esta vuelta fue más pareja pero siguió siendo inalcanzable el 30% sin la bajada de línea desde provincia. La votación fue 5-5. Un intendente es destituido antes de votar por la procedencia del juicio. A la destitución se llega con al menos una semana previa de rosca política fuerte. En este caso no pasó. Lo que pasó fue que antes de votar cada concejal (no todos) expuso su posición y encontró la manera de fundamentar su decisión. Digamos que cada uno tomó un libro de su biblioteca y lo puso sobre la mesa.

Con lo que me quedó de toda esta movida, es el escenario que se presenta de cara al 2023. El dato es el ARI (Paillapi) votando a favor de la procedencia, una muestra de ruptura respecto a la estrategia electoral del 2019, no olvidemos que son parte del bloque SVR que acompañó a JSRN en las elecciones a Intendente permitiendo que hoy Orazi gobierne a cambio de un par de cargos. Si no acompañaban, hoy gobernaba Daga por el FdT y el presidente del CD era Vesprini, otro cantar. Desde la mesa local de JxC creen que miden bien como para analizar candidatos propios, confían en los números de las intermedias del 2021 donde midieron bien en Villa Regina con un marcado crecimiento. Ese año fue la peor elección del peronismo en la ciudad y JSRN perdió algo terreno.

La comparativa entre las municipales del 2019 y las intermedias del 2021, entendiendo a los factores que las diferencian, da a JSRN cayendo 4 puntos (34% a un 30%), el FdT con una caída estrepitosa de 19 puntos (40% a un 21%)
y JxC, como mencionaba con un crecimiento de 9 puntos (21% a un 30%).

Más información en las siguientes notas:

LA SED NO ES NADA, LA IMAGEN LO ES TODO

La manija en la provincia es sabido que la tiene JSRN, y se podría decir que en Regina también, se ganaron las últimas dos elecciones municipales (obviando la elección intermedia por la destitución de Fioretti) y es cierto que han sabido aprovechar el aparato político, sin embargo la gestión de Orazi no deja de estar sobre la lupa de Weretilneck y las referentes locales.

Según la encuesta realizada por la consultora cordobesa Social Track realizada en junio sobre los 12 intendentes de las ciudades con más cantidad de votantes en la provincia, al reginense la mitad de los encuestados lo dieron con imagen negativa. De los 12 intendentes, Orazi se encuentra a un punto de jugar por el descenso con sus colegas de Bariloche, Cipolletti, Allen y Cinco Saltos.

En cuanto a la medición sobre su gestión, que se da en función de una variable de temas como obras públicas, medio ambiente, ofertas culturales y deportivas, desarrollo social y atención (entre otras), el promedio es de 5 sobre 10. Pedro Pesatti, intendente de Viedma encabeza la lista con un 6,3 y Liliana Martín intendente de Allen la cierra con un magro 3,9.

En la interna de JSRN de cara a las elecciones 2023 las cosas no están definidas, Orazi deberá mejorar su gestión en este último cuarto de mandato para que le den la venia para ir por la reelección. Sin haber construido territorio propio en estos (casi) 3 años ningún voto de JSRN en Regina le es propio, las legisladoras Silvia Morales y Marcela Ávila son dueñas de ese capital. Sin territorio, sin equipo de comunicación que maquille mejo el panorama y sin una buena gestión que lo sostenga Orazi está supeditado a acatar a fines del 2023

MOVIDITO MOVIDITO

El panorama de cara a elecciones 2023 se avecina movidito movidito. Luis Albrieu (FR) blanqueó su candidatura en sesión legislativa a sabiendas que los sondeos internos lo dan un buen margen arriba de cualquier candidato. Con sonrisa socarrona y unos pocos aplausos en el recinto, el ex intendente se regocija ante el panorama eleccionario que sin candidatos firmes en los demás espacios lo posiciona para elegir alianzas.

JSRN, como decía, parece se queda sin colectora. La imagen de Orazi no acompaña, en los sondeos internos Ávila y Morales miden mejor que el actual intendente pero las legisladoras no quieren regalar su capital político yendo por la intendencia si en un año Orazi no mejora su gestión y endereza la nave en la que viajan todos.

En el FdT local la cosa sigue desarticulada, hay vanidades pero también hay soldados, el rollo entre el sorismo y el senador camporista Doñate ensució un poco más el panorama provincial pero en el contexto local de venir de la peor caída en números electorales de su historia en Villa Regina, lo razonable sería medir y acompañar, sin mucha vuelta. Y medir pueden medirse muchos, pero que midan bien hoy, solo Albrieu.

JxC confía en sus números inclusive a nivel provincial con Tortoriello a la cabeza, que Weretikneck esté en búsqueda de aliados es una muestra de ello pero a nivel local tendrán que blanquear candidatos para medir y hacer mejores análisis, el crecimiento en las urnas es real pero necesitan de un nombre que lo materialice en 2023 exclusivamente en las urnas reginenses.

En términos políticos, la oposición coincide en que de cara a las elecciones 2023 les conviene que Orazi siga en su cargo. Condicen en que la imagen de Orazi es difícil de revertir y que el tiempo inclusive la puede desgastar un poco más. En JSRN algunos ven algo parecido y se sienten arrastrados.

“A río revuelto, ganancia de pescadores”, dice el refrán popular que se refiere a aquellas personas que suelen sacar provecho de las situaciones de caos o desorden. Cuando las aguas de un río se encuentran revueltas, es cuando más óptima resulta la pesca.

A poco más de un año para las elecciones hay río revuelto y los pescadores están en la costa, ¿Quién será el mejor pescador?

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    El proyecto impulsado durante el gobierno de Cristina Kirchner llega a su última etapa y puede cambiar la medicina nuclear

     

    El RA-10, proyecto iniciado en 2010 durante el gobierno de Cristina Kirchner, entra en su etapa final y podría transformar la producción argentina de radioisótopos para medicina nuclear.

    Por Ignacia Fratelint para NLI

    Un proyecto científico que comenzó hace 16 años, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, está entrando finalmente en su etapa decisiva. El Reactor Argentino Multipropósito RA-10, una de las mayores apuestas tecnológicas de la historia reciente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), alcanzó un 96% de avance en su montaje y el Gobierno confirmó que antes de fin de 2026 comenzará el proceso de puesta en marcha, con el objetivo de completarlo durante los primeros meses de 2027. Detrás de esa obra hay una infraestructura destinada a producir radioisótopos para medicina nuclear, desarrollar tecnología para la industria y la ciencia y, potencialmente, convertir a la Argentina en uno de los principales proveedores internacionales de estos insumos estratégicos.

    El dato político y temporal es importante porque el RA-10 no nació durante la actual administración ni fue concebido como respuesta a una necesidad coyuntural. El proyecto comenzó en 2010, cuando la CNEA inició el diseño de un nuevo reactor multipropósito destinado fundamentalmente a ampliar la producción nacional de radioisótopos. En aquel momento gobernaba Cristina Fernández de Kirchner y la Argentina atravesaba una etapa de fuerte impulso a la ciencia, la tecnología y el desarrollo de capacidades nucleares nacionales. Cuatro años después, en 2014, la Autoridad Regulatoria Nuclear otorgó la licencia de construcción y en marzo de 2016 comenzó la obra civil en el Centro Atómico Ezeiza.

    Lo que está ocurriendo ahora, por lo tanto, es el cierre de un ciclo iniciado mucho antes. El reactor atravesó diferentes administraciones, etapas presupuestarias, modificaciones y períodos de distinto ritmo de ejecución hasta llegar al estado actual, en el que la obra civil ya está terminada y se realizan los ensayos preoperacionales necesarios para comprobar que todos sus sistemas funcionen de acuerdo con los parámetros previstos. La propia CNEA informa que el diseño demandó más de un millón de horas-hombre y más de 10.000 documentos técnicos, una dimensión que permite comprender que no se trata simplemente de levantar una construcción, sino de desarrollar y ensamblar una infraestructura tecnológica extremadamente compleja.

    De un proyecto de 2010 a una herramienta contra la dependencia sanitaria

    El RA-10 no es una central eléctrica. Es un reactor multipropósito de investigación y producción de 30 megavatios, diseñado para aprovechar los neutrones generados por la fisión nuclear en aplicaciones médicas, científicas e industriales. Una de sus funciones centrales será fabricar radioisótopos utilizados en medicina nuclear, entre ellos molibdeno-99, del que se obtiene tecnecio-99m, ampliamente utilizado para realizar estudios de diagnóstico por imágenes. También producirá lutecio-177, utilizado en terapias oncológicas dirigidas, e iridio-192, empleado tanto en medicina como en aplicaciones industriales.

    La importancia de esta capacidad aparece con claridad cuando se observa cómo funciona actualmente el mercado internacional. La propia documentación de la CNEA señala que la provisión mundial de molibdeno-99 está fuertemente concentrada y que cinco empresas dominan más del 80% de la producción, mientras buena parte de los reactores utilizados para obtenerlo tienen más de tres décadas de operación. Las fallas y paradas de esas instalaciones pueden generar episodios de escasez que afectan directamente a los sistemas de salud que dependen de estos radioisótopos. Argentina logró históricamente sostener su abastecimiento mediante el reactor RA-3 de Ezeiza, pero ese reactor ya tiene más de 40 años, de modo que el RA-10 fue concebido precisamente para garantizar y ampliar esa capacidad en el futuro.

    Ahí aparece una de las dimensiones menos visibles del proyecto: la soberanía sanitaria también depende de capacidades tecnológicas que casi nunca aparecen en las discusiones cotidianas sobre salud pública. Un hospital puede contar con médicos especializados y equipos de diagnóstico de última generación, pero determinados procedimientos requieren radioisótopos cuya producción depende de instalaciones nucleares altamente sofisticadas. Tener la posibilidad de producirlos localmente significa reducir la vulnerabilidad frente a interrupciones internacionales y, al mismo tiempo, construir una capacidad científica que puede proyectarse hacia otros países.

    Las cifras proyectadas son particularmente importantes. El RA-10 podrá producir hasta 3.000 curies de molibdeno-99 por semana, una cantidad que la CNEA estima equivalente a aproximadamente una cuarta parte de la demanda mundial; también tendrá capacidad para producir hasta 6.000 curies mensuales de lutecio-177 y hasta 20.000 curies mensuales de iridio-192 medicinal. La capacidad prevista supera las necesidades internas proyectadas, por lo que el reactor fue pensado desde su origen no solamente como una herramienta para garantizar el abastecimiento argentino, sino también como una plataforma capaz de exportar productos de alto valor tecnológico.

    La etapa que falta y el debate sobre la inversión privada

    El anuncio realizado esta semana introduce, sin embargo, una nueva discusión. El Gobierno confirmó que la puesta en marcha del reactor comenzará antes de fin de año, pero también explicó que para transformar la producción del RA-10 en una actividad comercial a gran escala será necesaria una planta asociada destinada a procesar los materiales irradiados y obtener los radioisótopos. Para financiar su construcción y desarrollar las actividades productivas y comerciales vinculadas con ella, la Secretaría de Asuntos Nucleares anunció un esquema que permitirá incorporar capital privado. El Estado conservará la conducción de la política nuclear y las funciones regulatorias, de seguridad y fiscalización.

    Es precisamente allí donde aparece una cuestión que merece discusión más allá de las posiciones políticas coyunturales. El RA-10 es producto de una acumulación de conocimiento científico y tecnológico desarrollada durante décadas por instituciones públicas, particularmente la CNEA, y cuenta además con la participación de INVAP en la gestión y los servicios especializados de ingeniería. Que una empresa privada participe posteriormente en la explotación comercial no borra ese origen, pero sí obliga a preguntarse de qué manera se distribuirá el valor generado por una tecnología que fue concebida, investigada y desarrollada con una fuerte participación estatal. La cuestión no es menor si el reactor efectivamente logra posicionar a la Argentina en un mercado internacional de altas barreras tecnológicas.

    La propia historia del proyecto ofrece, además, una respuesta frente a la idea de que las políticas científicas pueden medirse únicamente por resultados inmediatos. Desde el comienzo del RA-10 hasta su puesta en marcha habrán transcurrido alrededor de 17 años, atravesados por distintos gobiernos, ciclos económicos y decisiones presupuestarias. La construcción de capacidades estratégicas requiere precisamente esa mirada de largo plazo: un reactor nuclear no se diseña ni se construye en cuatro años, y tampoco se puede reemplazar de manera rápida el conocimiento acumulado por equipos científicos, ingenieros, técnicos y trabajadores especializados. El RA-10 es, en ese sentido, también una muestra de cuánto tiempo puede demandar convertir una decisión de política científica en una infraestructura operativa.

    El reactor tampoco se limitará a la medicina. Entre sus capacidades figura la producción de silicio dopado mediante transmutación neutrónica, un insumo utilizado para fabricar semiconductores de alta potencia destinados a sistemas eléctricos, transporte, energías renovables y otras aplicaciones industriales. También podrá realizar irradiación y ensayos de materiales y análisis por activación neutrónica para investigación y desarrollo. Es decir, detrás de los radioisótopos que pueden terminar en un hospital existe una plataforma tecnológica mucho más amplia, capaz de vincular salud, industria, ciencia y formación de profesionales.

    El RA-10 llega así a su última etapa con una historia que permite mirar mucho más allá del anuncio de su futura inauguración. Fue concebido en 2010, comenzó a construirse en 2016 y ahora, en 2026, está a las puertas de su puesta en marcha, después de atravesar más de una década y media de desarrollo. La actual administración puede reivindicar haber llevado el proyecto hasta su fase final y tiene por delante la responsabilidad de ponerlo efectivamente en funcionamiento, pero la tecnología que está a punto de comenzar a operar pertenece a una trayectoria mucho más larga, en la que participaron sucesivos gobiernos, científicos, técnicos e instituciones del Estado argentino.

    Si todo el proceso culmina como está previsto, la Argentina tendrá una nueva herramienta para producir medicamentos e insumos esenciales para la medicina nuclear, reducir su dependencia de proveedores externos, abastecer a sus hospitales y competir en un mercado internacional de altísima especialización. Esa posibilidad es, quizás, la dimensión más importante de una obra que durante años permaneció lejos de los grandes titulares. El reactor que comenzó a pensarse durante el gobierno de Cristina Kirchner está finalmente a punto de entrar en servicio, y su verdadero resultado no se medirá solamente por la inauguración de una instalación científica, sino por la capacidad de transformar ese conocimiento acumulado en salud, tecnología, industria y soberanía para las próximas décadas.

     

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