El Intendente Marcelo Orazi encabezó en la mañana de ayer el acto por el Día de la Bandera, al cumplirse 201 años del fallecimiento de su creador, Manuel Belgrano. La actividad se desarrolló en la Plaza Belgrano del barrio del mismo nombre.
También participaron los legisladores Marcela Ávila y Luis Albrieu, el presidente del Concejo Deliberante Edgardo Vega, los concejales Silvio Rodríguez, María Eugenia Paillapi y Gabriela Figueroa, el vocal del Tribunal de Cuentas Luis Fiordelli, secretarios y directores del gabinete, vecinos y medios de comunicación.
Luego del izamiento del Pabellón nacional y la entonación de los Himnos Nacional Argentino y de la Provincia de Río Negro, se depositó una ofrenda floral al pie del busto del General Belgrano.
En la oportunidad, el Intendente recordó al creador de la Bandera, destacando que “fue un hombre que pensó política, económica y socialmente estas tierras, a las que soñó distintas, prósperas y justas”.
“Belgrano fue uno de los primeros que planteó que el modelo de la Colonia era injusto en todos los aspectos, y por eso, pensó en reformular el modelo económico, planteando la transformación de la materia prima, siendo el padre de la industria. Pero además Manuel Belgrano fue uno de los primeros en tomar conciencia de la importancia de fomentar la educación y capacitar a la gente para que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio del país”, manifestó.
Agregó: “Y, una muestra más de su pensamiento avanzado para su época es que fue el primero en demostrar un marcado interés por la educación de la mujer, siendo uno de los pioneros en el mundo. Un pensamiento sabio, de una actualidad que asombra y admira, la de aquel hombre que se nos fue un 20 de junio de 1820 en medio de la indiferencia general, mientras en plena guerra civil Buenos Aires tenía tres gobernadores en un mismo día”.
“Cuando exhumaron sus restos, los doctores calcularon que la estatura del General Manuel Belgrano era inferior al metro y sesenta y cinco centímetros. Un pequeño gran hombre: un gran estudioso y pensador, abogado, periodista, un civil que adquirió un grado militar y, que, sin ser un estratega, fue clave en expediciones y batallas que marcaron la proeza libertadora de otro grande: el general José de San Martín. Ambos, Belgrano y San Martín, bancaron a un tipo extraordinario y fundamental en nuestra historia como lo fue Martín Miguel de Güemes, a quien recordamos días atrás por el Bicentenario de su muerte”, señaló.
Dijo que “esta historia que brevemente he repasado es para mí, paradójicamente, un horizonte. Hoy, como ayer, las adversidades, las dificultades, los momentos difíciles nos atraviesan, a los argentinos, a los rionegrinos, a los reginenses. Circunstancias que, muchas veces, nos confrontan y que, en definitiva, no nos conducen al crecimiento. Hombres como Belgrano nos enseñan que es posible tomar las diferencias para sumar, para acercarnos, para proyectar y construir juntos otro país, otra provincia, otra ciudad. Ese el principal legado que nos deja: superar esas diferencias con valentía, con coraje, con entereza”.
“Para finalizar, y en este día especial también por ser el ‘Día del Padre’ quiero compartir con ustedes una frase de Manuel Belgrano que, sin dudas, definen su esencia y su humildad: ‘Mucho me falta para ser un verdadero Padre de la Patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella’”, sostuvo finalmente.
Al finalizar el acto, el Intendente recibió a la Agrupación ‘La Costa’ que arribó a la Plaza para homenajear a nuestro máximo símbolo patrio y a su creador.
El dato surge de las estadísticas oficiales de mortalidad y muestra un salto de 21.276 fallecimientos entre 2023 y 2024 entre las personas de 65 años y más. El fenómeno adquiere mayor relevancia cuando se compara la mortalidad observada con un nivel esperado construido sobre años no pandémicos: para 2024, el cálculo arroja unas 33.500 muertes por encima de ese valor de referencia. Las cifras no permiten atribuir cada fallecimiento a una política determinada, pero sí muestran un deterioro sanitario que merece ser investigado.
Por Roque Pérez para NLI
La discusión sobre las condiciones de vida de los jubilados argentinos acaba de adquirir una dimensión que ya no puede reducirse a la evolución del haber mínimo, al precio de los medicamentos o a las protestas frente a las oficinas del PAMI. Las estadísticas oficiales de mortalidad muestran que en 2024 murieron 284.798 personas de 65 años y más, frente a 263.522 en 2023: son 21.276 fallecimientos adicionales en apenas un año. El dato surge de los Anuarios de Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), organismo dependiente del Ministerio de Salud de la Nación encargado de producir, analizar y difundir las estadísticas sanitarias oficiales del país.
La magnitud del salto merece ser observada con cuidado. El aumento equivale a aproximadamente 8,1% en un solo año en el número absoluto de defunciones de personas de 65 años y más. Entre los mayores de 80 años, según la comparación de las estadísticas oficiales, el incremento fue todavía más pronunciado y alcanzó aproximadamente 9,46%. No se trata, por lo tanto, de una diferencia estadística marginal ni de una fluctuación de unas pocas centenas de casos: son decenas de miles de fallecimientos adicionales dentro de la población de mayor edad.
Qué significa realmente hablar de exceso de mortalidad
Para interpretar correctamente estos números hay que introducir un concepto fundamental de epidemiología: el exceso de mortalidad. No consiste simplemente en comparar un año contra el anterior, porque la cantidad de personas que mueren naturalmente puede variar por envejecimiento poblacional, estructura etaria, tamaño de la población y otros factores. La pregunta estadísticamente más interesante es otra: ¿cuántas muertes podían esperarse razonablemente en 2024 y cuántas ocurrieron efectivamente?
Tomando como referencia los valores que venimos analizando para 2017, 2018, 2019 y 2023, es decir, años que permiten evitar el comportamiento extraordinario producido por la pandemia de COVID-19, el promedio de defunciones de personas de 65 años y más se ubica en torno de 251.255 muertes anuales. Frente a las 284.798 efectivamente registradas en 2024, la diferencia alcanza aproximadamente 33.543 fallecimientos.
Ese cálculo debe ser presentado con precisión: 33.543 significa que la cantidad observada en 2024 estuvo aproximadamente 33.500 por encima del nivel obtenido mediante esa referencia estadística. Un salto de semejante magnitud entre la mortalidad esperada y la observada constituye una señal sanitaria que requiere explicación. Y la explicación no puede construirse solamente mirando las estadísticas de mortalidad: hay que cruzarlas con el acceso a medicamentos, consultas, tratamientos, vacunación, alimentación, ingresos previsionales, internaciones y utilización efectiva del sistema sanitario.
El dato aparece en el primer año completo de Milei
La dimensión política de la cifra surge de una circunstancia temporal imposible de ignorar: 2024 fue el primer año calendario completo de la presidencia de Javier Milei. El nuevo gobierno asumió el 10 de diciembre de 2023 y durante 2024 implementó una política económica caracterizada por una fuerte reducción del gasto público, contracción de distintas partidas sociales y modificaciones en los mecanismos de acceso a medicamentos para los afiliados del PAMI.
La coincidencia temporal, por sí sola, no prueba que las políticas implementadas por el Gobierno hayan provocado las muertes. Pero sí establece un período concreto para investigar. La pregunta relevante deja de ser simplemente cuántos jubilados murieron y pasa a ser qué ocurrió con las causas de esas muertes y con las condiciones sanitarias y económicas de esa población durante el mismo período.
La ausencia de datos oficiales de mortalidad correspondientes a 2025 constituye hoy una limitación importante. La DEIS ya tiene publicado el anuario de Estadísticas Vitales 2024, pero la serie oficial de 2025 todavía no está disponible.
Medicamentos, ingresos y salud: la explicación que todavía debe investigarse
La cuestión de los medicamentos ocupa un lugar central en el debate porque para una parte importante de la población mayor el tratamiento farmacológico no constituye un gasto prescindible sino una condición para mantener bajo control enfermedades crónicas. Hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, patologías respiratorias y múltiples afecciones propias de edades avanzadas requieren tratamientos sostenidos y, en muchos casos, combinaciones de medicamentos.
Por eso, una interrupción, reducción o postergación de tratamientos puede tener consecuencias sanitarias. La propia estadística sanitaria permite avanzar en esa dirección. Hay además un elemento demográfico que obliga a ser todavía más rigurosos: una población envejecida naturalmente registra más fallecimientos, aun cuando las condiciones sanitarias no empeoren. Por eso, comparar solamente 2023 contra 2024 puede sobreestimar o subestimar la dimensión real del fenómeno. El análisis de exceso de mortalidad intenta justamente corregir parcialmente esa dificultad mediante una referencia histórica.
Lo que muestran los números disponibles es, en consecuencia, más serio que una simple consigna política. Argentina registró en 2024 un aumento excepcional de las muertes entre las personas de 65 años y más respecto de 2023, después de la salida de los años extraordinarios de la pandemia. Y cuando se utiliza una referencia estadística no pandémica, la mortalidad observada queda muy por encima del promedio utilizado como línea de comparación.
Eso no permite mirar hacia otro lado frente a 33.543 muertes por encima de ese nivel de referencia y atribuirlas simplemente al azar demográfico. La discusión política, en definitiva, debería empezar por reconocer ese dato. La vida de las personas mayores no puede medirse solamente por cuánto aumenta nominalmente una jubilación o por cuánto dice el Gobierno que gasta en una obra social. También debe medirse por su capacidad efectiva de acceder a medicamentos, controles, tratamientos, alimentación y atención médica. Si en el primer año completo del gobierno de Milei la mortalidad de los mayores de 65 años saltó en más de 21.000 casos respecto del año anterior y alcanzó un nivel aproximadamente 33.500 fallecimientos superior a la referencia estadística utilizada en este análisis, el fenómeno exige una investigación sanitaria profunda.
Y esa investigación tiene que continuar: cuánto de este exceso responde a la estructura demográfica, cuánto a las secuelas de la pandemia y cuánto podría estar asociado con el deterioro de las condiciones sociales y sanitarias de los adultos mayores durante la nueva etapa económica.
Por ahora, el dato oficial ya plantea una pregunta incómoda para el Gobierno: en 2024 murieron 21.276 personas de 65 años y más que el año anterior. Y una democracia que pretende proteger a sus mayores debería considerar ese número no como una molestia estadística, sino como una señal que merece ser explicada con la máxima rigurosidad.
Fuentes principales: Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), Ministerio de Salud de la Nación, Estadísticas Vitales – Año 2023 y Estadísticas Vitales – Año 2024; registros oficiales de mortalidad y análisis estadístico de exceso de mortalidad. La DEIS es el organismo nacional responsable de producir y analizar las estadísticas vinculadas con las condiciones de vida y los problemas de salud.
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En un fallo que sorprendió incluso a los deloredistas, el juez Hugo Vaca Narvaja rechazó la apelación que había hecho el mestrismo por lo resuelto de la Junta Electoral de la UCR y de esta manera quedó proclamado como presidente del radicalismo cordobés Matías Gvozdenovich. Un hombre que responde de manera directa a Rodrigo de Loredo y que, además, conduce el bloque del radicalismo en la Legislatura cordobesa.
Lo resuelto por la Justicia le allana el camino a De Loredo de cara al 2027 porque le da el control total del partido con la conducción del Comité Provincia, se queda con los delegados nacionales, pero, además, tendrá mayoría en el congreso partidario. El órgano del radicalismo que define las alianzas y que, incluso, le permite en el caso de que quisieran modificar la carta orgánica.
De esta manera, el fallo de Vaca Narvaja se vuelve una pésima noticia para el llaryorismo y para el senador Luis Juez; porque deja a De Loredo más cerca de cerrar una alianza con el libertario Gabriel Bornoroni de cara al año próximo en un frente opositor al cordobesismo.
Además, condiciona de manera muy compleja el futuro del exintendente Ramón Mestre en el marco de la mala praxis que tuvo la oposición a De Loredo dentro de la interna. Y con los serios inconvenientes que tuvieron para armar candidaturas en algunos circuitos. Por caso, en el departamento Río Cuarto.
En tanto, los problemas para el peronista Martín Llaryora radican en la chance de un contacto que pueda existir entre los libertarios cordobeses y el radicalismo conducido por De Loredo. De hecho, hace unos meses el propio ex diputado estuvo en Casa Rosada conversando con Lule Menem sobre la posibilidad de este escenario de acuerdo y hay contactos entre algunos alfiles del deloredismo y Bornoroni.
Acercamiento que preocupa ahora a Juez en el marco de socio exclusivo de los libertarios en Córdoba y frente a la chance de perder protagonismo en la alianza, en caso de un ingreso del radical al acuerdo.
Precisamente, la primera reacción en redes de De Loredo dejó un mensaje entre líneas sobre la territorialidad y el peso de la UCR: «Los intentos del gobierno por intervenir de forma directa en la vida de nuestra organización política encontró aliados, pero también encontró una realidad: la abrumadora mayoría de dirigentes, intendentes, legisladores y concejales que trabajan en cada rincón de Córdoba para que lideremos una propuesta de gobierno el año que viene».
En tanto, aquellos que en la tarde de este viernes hablaron con Marcos Ferrer, el deloredista que deja el cargo de presidente, cuentan que se agarró de una metáfora que usó el juecismo en su momento. «Juez decía que nosotros teníamos el auto sin el 08. Ahora tenemos el auto y el 08 para empezar a hablar», lanzó el intendente de Río Tercero.
Esta porción del radicalismo cordobés también reconoce que en el marco de un frente opositor son los que tienen mayor plasticidad: «si cae la imagen de Milei, a Bornoroni le va a pasar lo mismo. Y Juez quedó pegado hace rato en ese esquema, con lo cual le va a resultar difícil querer tomar distancia. En términos de imagen y territorio, hoy para Bornoroni es un socio más rentable el radicalismo que el juecismo».
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