Con el objetivo de definir y coordinar acciones a desarrollar en forma conjunta, el Secretario de Coordinación Ariel Oliveros y la Secretaria de Desarrollo Social Luisa Ibarra visitaron esta mañana la sede de APANDI y se reunieron con su titular José Luis Fuertes. Acompañaron además el Director de Ambiente y Desarrollo Sustentable Hugo Curzel y la Directora de Turismo Katerina Iogna.
En la oportunidad, los funcionarios municipales recorrieron las instalaciones de la institución junto a Fuertes, quien les ofreció un detalle de las actividades que realizan diariamente y cómo ha se adaptado su funcionamiento a los protocolos en el marco de la pandemia por COVID-19.
Durante el encuentro Oliveros le transmitió a Fuertes la decisión y el compromiso del Intendente Marcelo Orazi de llevar adelante un trabajo coordinado junto a las instituciones, y, en este contexto, destacó la importancia que tiene APANDI en la vida comunitaria de la ciudad a través del trabajo que lleva adelante.
La tarea en conjunto se comenzará a concretar en la colaboración que prestará el Municipio para que la Asociación pueda iniciar su proyecto para contar con una huerta, para lo cual las áreas de Desarrollo Social y Ambiente prestarán el asesoramiento y aportes necesarios.
Por otro lado, el área que conduce Luisa Ibarra pondrá a disposición de APANDI de una asistente social que visitará la entidad cada 15 días y así evaluará demandas y necesidades.
Por su parte, la institución tendrá a su cargo la construcción de maceteros a través del taller de carpintería que serán utilizados en el marco de las actividades de ‘Vendimia Celebra 2021’.
Una investigación paleogenómica de alto impacto logró reconstruir el genoma más completo jamás obtenido de un rinoceronte lanudo. El hallazgo derriba una de las hipótesis más repetidas sobre su desaparición: la especie no estaba genéticamente colapsada antes de extinguirse.
Por Alina C. Galifante para NLI
Durante décadas, la extinción del rinoceronte lanudo fue explicada como el resultado inevitable de poblaciones pequeñas, aisladas y genéticamente debilitadas. Sin embargo, un nuevo estudio científico acaba de poner en crisis esa narrativa. Gracias a técnicas de secuenciación de ADN antiguo de altísima precisión, investigadores lograron analizar el genoma completo de uno de los últimos ejemplares de esta especie icónica del Pleistoceno tardío, y los resultados son tan inesperados como reveladores.
Un genoma rescatado del hielo… y del estómago de un lobo
El material genético analizado proviene de un rinoceronte lanudo que vivió hace aproximadamente 14.400 años, en los momentos finales de la especie. El ADN se conservó de manera excepcional en el tejido blando hallado dentro del estómago de un lobo juvenil, también preservado en el permafrost siberiano. Esta circunstancia extraordinaria permitió obtener un genoma de alta cobertura, es decir, con un nivel de detalle poco común en estudios de ADN antiguo.
La calidad del material permitió a los científicos reconstruir el genoma con una precisión comparable a la de especies actuales, superando las limitaciones habituales del ADN fósil, que suele estar fragmentado y degradado por el paso del tiempo.
La última comida de este cachorro de lobo prehistórico se convirtió, miles de años después, en una inesperada cápsula del tiempo que hoy ayuda a explicar la desaparición del rinoceronte lanudo.
¿Había endogamia antes de la extinción?
Uno de los objetivos centrales del estudio fue determinar si las poblaciones finales de rinocerontes lanudos sufrían endogamia, un fenómeno frecuente en especies en declive que reduce la diversidad genética y aumenta la vulnerabilidad biológica. Este tipo de deterioro deja huellas claras en el genoma: largos tramos de ADN idéntico heredados de ancestros comunes y una notable reducción de variabilidad genética.
Sin embargo, el análisis comparativo con otros genomas antiguos de rinocerontes lanudos mostró algo sorprendente: no hay señales claras de endogamia reciente ni de colapso genético en los individuos cercanos al momento de la extinción. La diversidad genética se mantenía relativamente alta, incluso en las etapas finales de la existencia de la especie.
Una extinción rápida, no un lento agotamiento
Estos resultados sugieren que el rinoceronte lanudo no desapareció tras un largo proceso de decadencia biológica, sino probablemente como consecuencia de cambios ambientales abruptos. El período en el que vivió este último ejemplar coincide con fuertes fluctuaciones climáticas asociadas al final de la última glaciación, cuando el calentamiento rápido transformó los ecosistemas de estepa fría que sostenían a la megafauna.
La evidencia genética respalda la idea de una extinción rápida, impulsada por alteraciones ambientales profundas, y no por una erosión genética prolongada. Esto cambia de manera significativa la forma en que se interpreta la desaparición de grandes mamíferos del pasado.
Lecciones para la ciencia actual
Más allá del caso del rinoceronte lanudo, el estudio aporta enseñanzas clave para la biología evolutiva y la conservación. Demuestra que no todas las extinciones dejan huellas genéticas previsibles y que una especie puede desaparecer aun conservando una diversidad genética saludable.
También amplía el horizonte metodológico de la paleogenética, al mostrar que fuentes inusuales de ADN, como restos biológicos contenidos en otros animales, pueden convertirse en archivos genéticos de enorme valor cuando las condiciones de preservación son excepcionales.
El pasado como advertencia
Comprender cómo y por qué se extinguieron especies del pasado no es un ejercicio académico aislado. En un contexto de cambio climático acelerado y pérdida de biodiversidad, estos hallazgos funcionan como una advertencia: la resiliencia genética no siempre alcanza cuando el entorno cambia demasiado rápido.
El rinoceronte lanudo no murió por ser débil. Murió porque el mundo que lo sostenía dejó de existir.
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El ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires, Pablo López, alertó por el cierre de unas 5.335 empresas en el territorio bonaerense durante el gobierno de Javier Milei. Son, en promedio, 232 PyMes por mes que bajan la persiana para siempre.
López publicó una serie de datos en las redes sociales en los que se destaca que, entre noviembre del 2023 y septiembre del 2025 -último registro disponible-, un total de 5.335 empresas dejaron de operar en la provincia. Al tiempo que se registran siete meses consecutivos de cierres.
«Aunque el impacto fue generalizado -con la excepción de Neuquén-, Buenos Aires concentra más daño por su estructura productiva: aporta casi el 50% del valor industrial del país», explicó el funcionario, quien recodó que 3 de cada 10 empresas que cerraron en el país estaban instaladas en el territorio bonaerense.
Tal como afirma el ministro, la provincia aporta nada menos que el 48,9% al Producto Bruto Interno (PBI) industrial. Le siguen muy lejos la Ciudad de Buenos Aires (12%), Santa Fe (10,3%) y Córdoba (7,7%).
«No hay misterio. La apertura indiscriminada y el descuido de la actividad real golpean de lleno a la industria, el comercio, y derivan en la caída del entramado empresarial», sostuvo López.
No hay misterio. La apertura indiscriminada y el descuido de la actividad real golpean de lleno a la industria, el comercio, y derivan en la caída del entramado empresarial.
Los reportes sobre los cierres de empresas se suceden a diario. En las últimas horas trascendió el cierre de GEPSA, agroindustrial especializada en la producción de alimento balanceado, cuyos trabajadores permanecen en estado de alerta. La empresa instalada en Pilar anunció el cierre de su planta y 80 trabajadores esperan los telegramas de despidos.
En ese distrito del norte del conurbano también cerró a finales de 2025 la empresa de porcelanatos ILVA. Durante varios días los 300 trabajadores despedidos protestaron con quema de gomas en la puerta de la fábrica.
Verónica Magario, Alexis Guerrera y Pablo López.
En tanto, la petroquímica Sealed Air confirmó el despido de 65 trabajadores, luego de que inicialmente se anunciaran alrededor de 90 desvinculaciones. La misma suerte corrió la empresa mayorista Lustramax, dedicada a la fabricación y distribución de artículos descartables para papeleras, higiene institucional y catering y que tiene su planta en el Parque Industrial de Tortuguitas, Malvinas Argentinas, cesanteó a 29 operarios.
Aunque el impacto fue generalizado, Buenos Aires concentra más daño por su estructura productiva: aporta casi el 50% del valor industrial del país.
Pero la crisis no alcanza solo a las PyMES. La multinacional Lamb Weston bajó las persianas de la planta ubicada en Munro, en Vicente López, y despidió a unas 100 personas.
Una multinacional anunció el cierre de una de sus principales fábricas como parte de una reorganización mundial de su red industrial. La compañía fabricante de papas fritas concentrará su producción en Mar del Plata.
Semanas atrás, el gobierno de Kicillof puso el ojo en el uso de la capacidad instalada, que cayó a 61%, un rango que la ubica por debajo de 2020, el año del confinamiento por la pandemia de covid. Por entonces, ese índice había caído al 61,8.
La capacidad instalada es la producción máxima que una planta puede sostener con la maquinaria y el personal disponibles. Cuando la utilización baja, las máquinas paran. Sin embargo, los costos fijos siguen. Los márgenes se comen con el tiempo. Menos producción hoy, menos inversión mañana y la amenaza del cierre.
Los datos oficiales muestran que el 2019, la capacidad instalada de la industria era del 62,8%, y en 2020, el año de la pandemia, descendió a 61,8%. Después hizo un pico -modesto- en 2022 del 66% pero ahora están en el 61%.
Hoy, 4 de mayo, la Escuela Municipal de Arte ‘Eduardo Andreussi’ cumple 47 años de su fundación. “La institución le ha permitido a generaciones de reginenses acceder al arte y en muchos casos descubrir su vocación”, manifestó la Directora de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina Silvia Alvarado en declaraciones realizadas y publicadas en…
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