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La Cultura Reginense en números (2017/2018/2019)

¿Es poca o es mucha la actividad artística/cultural que se desarrolla en Regina?. ”En Regina, nunca pasa nada!!!”, ¿es cierta esta afirmación? ¿Cuál es el aporte del sector privado? ¿Qué actividades aportan las instituciones culturales? ¿Cuál es el rol de la juventud en el tejido cultural reginense? ¿Se podría crear el Consejo Local de Cultura?

Antes de intentar dar algunas respuestas a estas preguntas, respuestas que no pretender ser las únicas ni las definitorias, veamos qué dicen los datos de las actividades culturales reginenses en los últimos tres años: 2017, 2018 y 2019. Datos nunca antes publicados, que surgen de tabular las actividades que publicamos en nuestra Agenda Cultural (https://latapa.com.ar/agenda/) semana a semana. Los eventos tomados en consideración, son aquellos que surgen de los afiches o flyers que circulan en redes sociales, promocionando las actividades de artistas locales o zonales. Y también los que son enviados mediante nuestro formulario que se encuentra al pie de página de la Agenda.

La cultura no es ajena a las crisis sociales, generacionales y menos aún a las económicas. En el 2018 las actividades registradas crecieron un 54,1%, y decrecieron un 29,9% en 2019.

Lamentablemente, de años anteriores, no hay datos registrados ni por privados y tampoco por Cultura del Municipio, quien debería sentir la obligación de recolectarlos. Los datos o la estadística son necesarios para cuantificar la realidad y disponer de los elementos que nos permitan un análisis de la misma y así proyectar de una forma más coherente (con conocimiento de causa). Lógicamente, cada quien hará una interpretación personal o grupal, según criterios y situación propia. Pero sin datos, continuaríamos diciendo generalidades imprecisas como: todos, nadie, pocos, muchos, etc.!!

¿ES POCA O ES MUCHA LA ACTIVIDAD ARTÍSTICO/CULTURAL QUE SE DESARROLLA EN REGINA? ”EN REGINA, NUNCA PASA NADA!!!”, ¿ES CIERTA ESTA AFIRMACIÓN?

Como vemos NO SON POCAS la actividades artístico/culturales de Regina. En tres años suman 1331. Un promedio de 1,21 actividades por cada día del año, si bien la realidad es que se concentran en jueves, viernes, sábado y domingo. Recalculamos y nos da 8,53 actividades por fin de semana. Si reagrupando las actividades con un criterio clarificador vemos que:

Otro dato que arroja la Agenda Cultural de La Tapa, y no deja de ser sorprendente, es que durante estos tres últimos años hayan sido má de 50 espacios o lugares quienes dieron cavida a las 1131 actividades.

Como la actividad cultural se desarrolla en casi toda la ciudad, pero al ser los espectáculos o presentaciones generalmente individuales, es dificil tener una visión global y poder medir la cantidad de trabajos y recursos económicos que genera directamente o contrata todo el tejido cultural local. Carecemos de datos económicos puntuales, pero más de 1000 eventos en tres años no son para soslayar. Si bien la actividad cultural se caracteriza por una gran infomalidad económica.

Conociendo los datos, vislumbramos que en Regina no es cierto que nunca pasa nada…. PASAN MUCHAS COSAS!!! También es cierto que debe haber vecinos con gustos muy particulares. Pero la ciudad solo puede producir aquello para lo cual está preparada. A veces somos un pueblo grande, otras una ciudad chica.

¿CUÁL ES EL APORTE DEL SECTOR PRIVADO?

El incremento en 2018 se debió sobre todo a “espacios privados no tradicionales” que mantuvieron una demanda constante de espectáculos para ofrecer a su clientela. Y si bien, sus actividades principales son otras, traccionaron fuertemente ofreciendo lugares y contratando artistas locales. A estos espacios más que exigirles continuidad, cuestión que queda atada a la situación económica general y particular, hay que ayudarlos para que sostengan la oferta cultural.    

Buena parte del decrecimiento en el 2019 se debió a que los «espacios privados no tradicionales» dejaron de ofrecer espectáculos, en correlato con la crisis de consumo general. (Probablemente en los momentos de crisis es cuando más se nota la ausencia de un Ente o un Concejo Local de Cultura, que tenga la capacidad de analizar la marcha y proponer soluciones o paliativos a todo el tejido cultural).

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Tambiés es interesante contabilizar la cantidad de auspiciantes en los afiches de publicidad o promoción de los eventos. En el 2017, fuero 187 comercios, profesionales, empresas que 400 veces apoyaron los eventos. A un promedio de $500 por publicidad, la sociedad civil había aportado la suma de $200.000.-

¿QUÉ ACTIVIDADES APORTAN LAS INSTITUCIONES CULTURALES?

Cuando pensamos rápidamente en instituciones que desarrollan actividades culturales en Regina, es muy común pensar en la Cooperativa de Trabajo Artístico “La Hormiga Circular”, en el Cine Teatro Círculo Italiano y en Cultura del Municipio (Anfiteatro, Galpón de las Artes, Escuela de Arte, etc,.)

Las tres «instituciones» comparten la característica que tienen más de 30 años de vida. Las dos primeras podríamos calificar como semi – públicas. Si bien una Cooperativa y una Asociación Civil son de carácter privado, pero donde los dueños son asociados, ambas se vieron o se ven beneficiadas por importantes aportes del Estado para producir y generar sus propios recursos. La tercera es netamente de caracter Público.

Pero a estas tres instituciones o espacios culturales las diferencia ampliamente la forma en que desenvuelven la actividad específica. Ya los números, en tres años, nos permiten entrever como funcionan. La Hormiga Circular sumó 452 actividades, Cultura del Municipio 191, y el Cine Teatro Círculo Italiano 71. Como vemos en los gráficos, cuenta mucho más la aptitud, la capacidad o la idoneidad en el tema cultural, que la superficie disponible (Teatro Círculo Italiano: Superficie Cubierta 3.165,50 m2; Hormiga Circular: Superficie Cubierta: 374 m2) o la capacidad económica (Presupuesto de Cultura Municipal año 2016, $ 7.853.787,95).

Hacer un análisis individual de estos tres espacios, luego de más tres décadas, sería casi como abrir una investigación, que excede las pretensiones de este artículo, pero creemos que para comprender el futuro del “tejido cultural reginense” se debería realizar.

¿CUÁL ES EL ROL DE LA JUVENTUD EN EL TEJIDO CULTURAL REGINENSE? EL FUTURO CONSTANTEMENTE POSTERGADO.

Hay algo más, que también une a los tres emblemas culturales (La Hormiga, el Teatro Círculo Italiano y Cultura del Municipio) la falta de renovación, la ausencia del impulso de la juventud artística local.

La producción cultural reginense en un 95% es realizada por artistas “under” 35 años, y generalmente los llaman solo para ofrecerles espacios, pero nunca los tienen en cuenta para planificar y decidir el futuro.

Probablemente no haya otra actividad como la cultural donde lo más importante sea lo que está porvenir. El arte es vanguardia o no es arte. El arte es un cambio constante. Y no hay nadie mejor que exprese estas características que los jóvenes artistas.  Juventud cosmopolita digital, juventud “liquida”, juventud que aprendió de nosotros a descreer de las instituciones, incluidas las culturales. Cualquiera de estos jóvenes artistas locales, que hayan transcurrido solo dos años dentro del ámbito cultural reginense, ya sabe que: Hay poco apoyo, no son tantos los espacios donde sientan que aquello que hacen es valorado, y que constantemente tienen que enfrentar y chocar con los “decididores oficiales de la cultura del pueblo”.

Un fenómeno, que llamó la atención estos últimos 3 años, fue el resurgimiento de las bandas de rock. No solo por la cantidad, sino también, y más valorable aún, casi todas teniendo temas propios y grabando disco o EP. El gráfico siguiente muestra cuales de ellas fueron más activas.

No cuento con el dato preciso, pero no hace más de una década, que en las escuelas secundarias iniciaron a proponer talleres artísticos que hoy se han transformados en materias. Me sorprendió gratamente en el 2019 el Certamen Brisas Literarias de la ESRN Nº 11, ya devenido en una muestra de arte joven más allá de las letras. Es una pena que estas oportunidades queden encapsuladas dentro de las comunidades educativas. Sería ideal que se proyectaran a nivel local/zonal desde el Municipio, certámenes, muestras, bienales, etc., abiertas a la participación de todos los jóvenes. Hay mucha creatividad escondida, que es necesaria mostrar, difundir, apoyar!      

¿ES NECESARIO CREAR UN FORO/ENTE/CONSEJO LOCAL DE CULTURA?

Si bien no es una idea nueva, el único dato concreto en 30 años, sobre la posibilidad de formar un Consejo Local de Cultura, lo provee el periódico El Ciudadano del 26 de Julio de 1991, cuando el candidato Prof. Carlos Vazzana expresa que: “Nuestra propuesta concreta para integrar los distintos sectores consiste en convocarlos para definir los ejes del crecimiento de nuestra ciudad, formación del Consejo de Cultura,…etc”.

El Prof. Carlos Schulmaister, ex Director de Cultura (1987-1990) en su libro (al final de este artículo lo dejamos para su descarga en PDF)  “GESTIÓN CULTURAL MUNICIPAL. DE LA TRASTIENDA A LA VIDRIERA.” Dice: (…) Resumiendo, en la Carta Orgánica municipal no se menciona ni una vez la palabra cultura. (…) Creo que la clave del desinterés no es la falta de información sino la falta de comunicación al interior de la sociedad. Se evidencia en que la gente desconoce en grado superlativo que la cultura es un derecho humano, que la cultura la hacen y la consumen todos los miembros de la sociedad.”

No hay antecedentes del accionar de un Foro/Ente/Consejo Local de Cultura, pero si encontramos experiencias previas que son absolutamente valederas.  El siguiente video: “Laboratorio 1. Apertura Institucional y espacios de participación”, dura 02:11:56 hs, tiempo suficiente como para obtener un panorama de por qué algunos Consejos funcionaron y otros no. Interesante el planteo de “institución vs extitución”.     

Video generado dentro del programa “Los Laboratorios, encuentros y talleres para una cultura abierta” una nueva forma de participación en las instituciones y en las políticas culturales públicas, impulsada desde el Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid. Un espacio de diálogo para agentes culturales, responsables municipales y ciudadanía, donde trabajar en el diseño y el impulso de futuras actuaciones y programas, propuesto y organizado por el Área de Cultura y Deportes, del Ayuntamiento de Madrid en el año 2016.

Del video tomamos algunas ideas, que compartimos para reflexionar en el contexto local.

“Es un inicio pequeño, humilde y modesto, es un primer paso.  Es un reto de la sociedad en la que vivimos la apertura institucional: transparencia, acceso a la información, procesos de deliberación colectiva, y lo más importante el proceso de toma de decisiones compartidas en el ámbito de las políticas públicas.”

“Esta apertura es vital en ámbito de la cultura, debido a que la relación entre política y cultura siempre ha sido problemática y dificultosa, y gracias a la autonomía y a la independencia de la cultura se ha podido mantener la oferta cultural.

“El acercamiento a las políticas cultura generalmente es frustrante. Por década la situación de la Cultura Municipal ha sido opaca, no se sabe cuál es su presupuesto ni cuál es el Plan de Cultura que se ha desarrollado. La política cultura es de todos, pero carecemos de mecanismos de control, participación y deliberación de la política cultural local.

“Traer a un marco público de discusión y debate cuestiones y temas que se abordan generalmente a diario informalmente, individualmente y unilateral, entre distintos y diversos actores del sector. Por ello hay que crear un foro para poner en valor estas ideas o aportes, fundamentalmente para trabajar en perspectiva los próximos años. Con disensos y consensos, es bueno que existan, pero el fin es encontrar un terreno común donde abordar políticas culturales generosas en su generación y aplicación.”      

“Espacios de participación deliberativos, intento de poner en juego la inteligencia colectiva. Intento de reconocimiento de la pluralidad del tejido cultural, ya que las políticas públicas generalmente presupone una homogenización. Queremos que las decisiones sobre la oferta y la política cultural que se desarrolla en nuestro municipio las tomen las personas y entidades que protagonizan nuestros movimientos culturales.

“Son retos. El tiempo pasa volando, pero tarda mucho en que pase. Hay que apresurarse despacio. Hay que hacerlo rápido pero con prudencia para poder acertar en el diagnóstico y tener las herramientas necesarias para poder encontrar las soluciones más adecuadas.” 

“Balance crítico y autocrítico, pero constructivo del tejido cultural.”

“Cultura Política no Política Cultural, cultura situada desde las instituciones, independiente de los poderes políticos periódicos.”

“¿Estamos preparados socialmente para hacer las cosas de otra forma? ¿O necesitaremos llegar a un 15M (España), o las protestas de como en Ecuador y ahora en Chile. Que tipos de instituciones hay que crear para acoger la participación ciudadana que pongan el diálogo en el centro de todo. El reto de la participación es el último reto a la democracia.”

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    De La Forestal a las apps: cien años después, la explotación laboral cambió de tecnología, pero no de dueños

     

    Mientras los peones rurales y los hacheros de principios del siglo XX eran obligados a comprar en las proveedurías de las empresas que los empleaban mediante vales y fichas, miles de repartidores argentinos del siglo XXI terminan endeudados con las propias plataformas para las que trabajan. Separados por un siglo de historia, ambos modelos revelan una misma lógica: trabajadores cada vez más dependientes de empresas extranjeras que convierten el salario en un mecanismo de control.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Cuando el salario dejó de ser libertad

    Hay escenas de la historia argentina que parecen haber quedado definitivamente enterradas en los libros escolares. La Patagonia Rebelde, entre 1920 y 1922, y las huelgas de La Forestal, entre 1919 y 1922, suelen recordarse por la brutal represión que sufrieron los trabajadores. Sin embargo, detrás de aquella violencia existía un sistema económico cuya esencia resulta sorprendentemente familiar para la Argentina de 2026.

    Los peones rurales patagónicos trabajaban jornadas que podían extenderse entre 10 y 16 horas, mientras que los hacheros que desmontaban los quebrachales para la compañía británica The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited, conocida simplemente como La Forestal, sobrevivían con salarios miserables y condiciones de vida extremadamente precarias. En ambos casos, la dependencia respecto del empleador iba mucho más allá del trabajo cotidiano.

    En numerosos establecimientos, especialmente en La Forestal, una parte importante del salario no se entregaba en dinero sino mediante vales, bonos o fichas emitidos por la propia empresa. Aquellos papeles solamente podían utilizarse en las proveedurías de la compañía, donde los productos solían venderse a precios superiores a los del mercado o donde los vales eran reconocidos por un valor inferior al nominal. El trabajador cobraba de su patrón y, casi inmediatamente, ese mismo dinero regresaba al patrón.

    Aquella práctica no solo reducía el poder adquisitivo de los obreros. También impedía que pudieran ahorrar, elegir dónde comprar o abandonar fácilmente el empleo. El salario dejaba de representar independencia para convertirse en un instrumento de subordinación.

    La tecnología cambió, pero la lógica permanece

    Un siglo después, la Argentina vuelve a exhibir un fenómeno que, aunque adopta formas digitales, reproduce mecanismos sorprendentemente similares.

    Miles de repartidores que trabajan para plataformas de delivery comenzaron a recurrir masivamente a préstamos ofrecidos por las propias aplicaciones o por empresas financieras asociadas, en un contexto de caída del poder adquisitivo, precarización laboral y escasez de crédito tradicional.

    Según un informe difundido en los últimos días, la deuda promedio ya ronda el millón de pesos, mientras que algunos créditos alcanzan costos financieros equivalentes a tasas cercanas al 700% anual, cifras que transforman el préstamo en una pesada carga para trabajadores cuyos ingresos dependen de jornadas cada vez más extensas.

    El mecanismo presenta diferencias formales respecto del sistema de fichas de hace cien años, pero comparte un rasgo fundamental: el trabajador vuelve a quedar económicamente atado a la empresa para la que presta servicios.

    Ya no recibe un vale de papel para comprar alimentos en la proveeduría. Ahora obtiene un préstamo digital cuyo cobro suele descontarse directamente de los ingresos que genera trabajando para esa misma plataforma. La dependencia deja de materializarse en una ficha de cartón y pasa a expresarse mediante algoritmos, aplicaciones móviles y débito automático.

    En ambos casos, el empleador no solamente organiza el trabajo. También condiciona el modo en que el trabajador administra su economía personal.

    Truck System

    En la historia del trabajo existe incluso un nombre específico para este tipo de mecanismos: el truck system. Así se conocía al sistema mediante el cual los empleadores pagaban total o parcialmente los salarios no con dinero, sino con vales, fichas, mercancías o créditos que únicamente podían utilizarse en comercios pertenecientes a la propia empresa o vinculados a ella. Muy extendido durante la Revolución Industrial en Gran Bretaña y luego replicado en distintos países, este esquema permitía a los patrones recuperar buena parte de los salarios abonados mediante la venta de productos con sobreprecios, generando un círculo de dependencia económica que impedía a los trabajadores disponer libremente del fruto de su trabajo.

    La gravedad de este mecanismo fue tal que numerosos países comenzaron a prohibirlo desde fines del siglo XIX mediante las denominadas Truck Acts británicas y otras legislaciones similares, que establecieron como principio básico que el salario debía abonarse en dinero y quedar bajo el control exclusivo del trabajador. Más de un siglo después, las plataformas digitales no pagan en fichas ni obligan a comprar en una proveeduría, pero cuando el trabajador termina financiándose con créditos otorgados por la propia empresa o por entidades asociadas, cuyos descuentos se realizan directamente sobre sus futuros ingresos, vuelve a aparecer una lógica muy parecida: el empleador deja de limitarse a organizar el trabajo y pasa también a controlar, en buena medida, la economía personal de quien trabaja para él. La tecnología cambió, pero el principio que el truck system buscaba imponer —mantener cautivo al trabajador mediante la dependencia económica— encuentra hoy nuevas formas de manifestarse.

    De los capitales británicos a las plataformas globales

    Existe otro elemento que vuelve especialmente sugestivo el paralelismo histórico.

    La Forestal era una empresa de capitales británicos que llegó a controlar millones de hectáreas, ferrocarriles, pueblos enteros, puertos y hasta fuerzas parapoliciales propias para defender sus intereses económicos. Su poder excedía ampliamente la producción de tanino: construía un verdadero Estado dentro del Estado argentino.

    Las principales plataformas de reparto que hoy dominan el mercado argentino también responden a grandes corporaciones internacionales, cuyos centros de decisión se encuentran fuera del país y cuyos modelos de negocios son diseñados para maximizar rentabilidad a escala global.

    Naturalmente, las diferencias históricas son enormes y nadie podría equiparar mecánicamente las condiciones de violencia física que caracterizaron a La Forestal o a la Patagonia Rebelde con la realidad contemporánea. Sin embargo, la comparación permite observar una continuidad inquietante: la subordinación económica de trabajadores argentinos frente a grandes empresas extranjeras que concentran el poder de fijar condiciones laborales, ingresos y mecanismos de dependencia financiera.

    El escenario tecnológico cambió radicalmente. Donde antes había obrajes, hoy existen aplicaciones. Donde antes había fichas impresas, hoy aparecen créditos digitales. Donde antes un capataz vigilaba el rendimiento, hoy lo hace un algoritmo que asigna pedidos, califica desempeños y determina ingresos.

    Pero la concentración del poder económico conserva una estructura reconocible.

    Las luchas obreras de comienzos del siglo XX surgieron precisamente para cuestionar un modelo que transformaba al trabajador en un engranaje completamente dependiente de la empresa. Cien años después, el desafío parece regresar bajo nuevas formas, impulsado por la economía de plataformas, la financiarización del trabajo y la pérdida progresiva de derechos laborales conquistados durante décadas.

    Quizá la mayor diferencia entre ambas épocas sea que la explotación ya no necesita alambrados ni fichas de cartón. Ahora cabe en el bolsillo, dentro de un teléfono celular, y puede administrarse mediante una aplicación que promete flexibilidad mientras convierte el salario futuro en garantía de una deuda cada vez más difícil de cancelar.

     

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