|

SOLUCIONES INTERNAS Y SIMBIÓTICAS

Durante la última asamblea general de la Federación de Productores, encabezada por el presidente Sebastián Hernández a la que asistieron más de 200 productores de la zona, los directivos a modo de carácter informativo pusieron sobre la mesa una propuesta que generó expectativas. La apertura de un canal comercial directo para abastecer comedores escolares y comunitarios de la provincia de Buenos Aires. Que no solo garantiza cubrir los costos de producción, sino también aseguraría excedente económico.  Suena comercialmente  irracional mencionar lo último, pero es válido hacerlo si hablamos de nuestra vapuleada economía regional.

El proyecto se trabaja en conjunto con el Ministerio de Agricultura Familiar de Bs As y Funbapa. Hasta el momento y a la espera de avanzar en la propuesta en una nueva reunión en los próximos días, se estima que por cada kilo de fruta se reciban 8 pesos. Precio cercano al reclamo del tercio de un dólar que se precisa para producir en chacras. Proyectando cubrir un volumen más que interesante, los productores están alertas a las próximas noticias. Si la propuesta es atractiva para los productores de la zona, es importante para nosotros. Si es viable trabajarlo afuera, en conjunto con provincia de Bs As, como no se visualiza la posibilidad de trabajarlo dentro de nuestra provincia.

En los colegios públicos de Río Negro, lo que llaman «refrigerio» (desayuno o merienda), no es más que un té o mate cocido con pan con queso o dulce (los días de fortuna), cualquier nutricionista profesional nos diría que es imprescindible agregar alimentos nutritivos a esta dieta, como por ejemplo frutas frescas.

Una de las mayores complejidades que encuentra el proyecto mencionado es que la distribución y logística depende de Bs As al igual que la propia decisión política porteña de sellar el acuerdo, esto deja maniatada a la Federación de Productores a la espera de una decisión externa. Con Río Negro “no se hace porque no se quiere, no está la decisión política para hacerlo”, cuentan desde la Federación. Porque no generar una simbiosis interna, sin tener que esperar coacciones externas que nos favorezcan y den solución a problemáticas regionales.  

Abrir un canal comercial de simbiosis mutualista entre la provincia y los productores resulta motivador. El gobierno provincial desde el consejo escolar, establecimientos hospitalarios o penitenciarías podría lograr un efecto neto con una aptitud inclusiva como hospedador en una supuesta relación bipartita con los productores. Siguiendo la línea simbiótica el máximo grado de integración y más radical es aquel en el que estas uniones desembocan en la transferencia de material genético, lo que aquí podríamos llamar «material laboral«. Esta nueva cadena de retroalimentación demandaría, además de la fruta, logística y distribución interna (empleo), no porteña. Permitiría a nuestros productores colocar fruta que tienen en el frío, suplantando fruta más barata (mandarina y banana) de otras zonas en la dieta pública provincial, dando soluciones algo más estructurales que temporales, si se proyectan de manera sostenida y con alcance de crecimiento.

EXPERIENCIA FALLIDA

Es cierto que experiencias  similares ya se hicieron años atrás en la zona y no resultaron como se esperaba, el consejo escolar negoció con industrias receptoras o vendedores particulares y éstos entregaron en colegios frutas que no garantizaban la calidad, sanidad e inocuidad para consumir. Pero claro, el negocio era de unos pocos, con licitaciones amigas y sin control alguno,  exponiendo la salud de los chicos, último y más débil eslabón en esta cadena. Por eso es importante trabajar el proyecto responsablemente desde la Federación misma, para que ésta se responsabilice de la fiscalización de la fruta a través de técnicos de Funbapa o Senasa que habiliten el consumo de la misma.

EMILIANO MARTÍN PICCININI-LA TAPA

PROPIEDADES DE LA MANZANA
PROPIEDADES DE LA PERA
Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • Las ventas cayeron un 18% en Córdoba y crece el fiado para comprar alimentos

     

    El principal logro que exhibe el gobierno de Javier Milei -la desaceleración de la inflación- todavía no consigue traducirse en una recuperación de la economía real. Al menos eso reflejan los últimos informes de las principales entidades comerciales de Córdoba, que muestran una fuerte caída de las ventas, un deterioro de la rentabilidad y un creciente endeudamiento de las familias para comprar alimentos.

    Mientras el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), del Centro de Almaceneros de Córdoba, registró para junio una inflación de apenas 1,87%, la más baja de los últimos once meses, la actividad comercial continúa en retroceso tanto en los grandes corredores comerciales como en los negocios de cercanía.

    Los datos de la Cámara de Comercio de Córdoba son contundentes. Durante junio las ventas minoristas cayeron 18% interanual en unidades y la rentabilidad retrocedió 20% respecto del mismo mes de 2025. En comparación con mayo, las ventas volvieron a bajar otro 5% y las ganancias se redujeron 9%.

    La serie confirma una tendencia que comenzó a profundizarse en marzo. Ese mes las ventas habían caído 10%; en abril el desplome llegó al 23%; en mayo fue del 21% y en junio volvió a ubicarse en un muy elevado 18%.

    La rentabilidad muestra un deterioro todavía mayor: pasó de una caída interanual del 15% en marzo al 24% en abril, 22% en mayo y 20% en junio, obligando a muchos comerciantes a resignar márgenes para sostener el nivel de actividad.

    El clima entre los comerciantes tampoco mejoró. Apenas el 11% aseguró haber cumplido las expectativas de ventas durante junio. Aunque representa una leve recuperación respecto del crítico 5% registrado en abril y del 9% de mayo, continúa muy lejos de un escenario de normalización.

    Pero el dato más preocupante aparece cuando se observa qué ocurre con los alimentos, el rubro más sensible para medir el consumo cotidiano.

    Según el Centro de Almaceneros, las ventas en los comercios barriales de alimentos retrocedieron 8,6% interanual durante junio, incluso en un contexto donde la inflación de alimentos se desaceleró hasta el 1,7%, el menor incremento mensual desde julio de 2025.

    El informe atribuye esa moderación principalmente a la estabilidad de los precios de la carne vacuna, que prácticamente no registró aumentos durante junio e incluso mostró bajas cercanas al 2% en algunos cortes.

    Sin embargo, el alivio en los precios no alcanzó para recomponer el poder de compra de las familias.

    Los indicadores sociales muestran un escenario delicado: el 56,6% de los hogares aseguró no haber logrado cubrir adecuadamente la Canasta Básica Alimentaria; el 53,2% redujo la cantidad diaria de comidas; el 32,4% sufrió situaciones de hambre sin poder resolverlas y el 11,4% declaró haber atravesado períodos en los que debió alimentarse una sola vez al día.

    La forma en que hoy se financia la alimentación también refleja el deterioro del ingreso disponible. Nueve de cada diez hogares recurrieron a algún mecanismo de crédito para comprar comida. El 39,3% compró fiado en almacenes de barrio, el 38,4% utilizó tarjetas de crédito y el 11,2% necesitó dinero prestado. Apenas uno de cada diez hogares pudo adquirir alimentos sin recurrir a financiamiento.

    Ese fenómeno también empieza a golpear a los propios comercios. Según el informe, la morosidad en las ventas fiadas ya alcanza el 28%, mientras que la incobrabilidad llega al 17,7%, un nivel que pone en riesgo la continuidad financiera de numerosos pequeños negocios.

    El cuadro deja en evidencia una de las principales tensiones que enfrenta el programa económico nacional. La estabilidad de los precios comienza a consolidarse -el IETSE proyecta una inflación cercana al 30% para todo 2026-, pero esa mejora macroeconómica todavía no logra recomponer los ingresos reales ni reactivar el consumo privado.

    En una provincia como Córdoba, donde el consumo interno constituye uno de los principales motores de la actividad comercial, la fotografía de junio muestra que la desinflación todavía no llegó a los bolsillos. Los precios crecen cada vez menos, pero las ventas siguen en caída libre y una porción creciente de los hogares necesita crédito, fiado o ayuda familiar para llegar a fin de mes.

     

    Difunde esta nota
  • | | |

    Libro: «Salvatierra» de Pedro Mairal

    Pedro Mairal nació en Buenos Aires en 1970. Cursó la carrera de letras en la Universidad del Salvador. Su primera novela, Una noche con Sabrina Love, ganó el Premio Clarín en el año 1998 y fue llevada al cine en el 2000. En el 2007 fue incluido por el jurado Bogotá 39 entre los mejores…

    Difunde esta nota
  • EEUU ataca un puerto iraní y recrudece la tensión en el estrecho de Ormuz

     

    El ejército estadounidense lanzó nuevos ataques contra objetivos estratégicos en Irán en represalia por la ofensiva contra embarcaciones comerciales que circulaban por el estrecho de Ormuz, según informó este martes el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM).

    A través de un comunicado subido a X, el CENTCOM anunció que los bombardeos fueron ordenados por el presidente Donald Trump luego de que tres buques fueran atacados, presuntamente, por Irán. Un puerto al sur de la República Islámica ubicado, sobre el estrecho de Ormuz, fue blanco del fuego estadounidense.

    Irán cierra el estrecho de Ormuz por los bombardeos de Israel en Líbano 

    Los bombardeos tuvieron como objetivo imponer «costos significativos» al régimen iraní por las supuestas agresiones contra buques civiles. «Los ataques tienen como objetivo imponer un alto costo a Irán por atacar embarcaciones comerciales tripuladas por civiles inocentes en una vía marítima internacional», apuntó el CENTCOM.

    «La agresión demostrada por Irán fue injustificada, peligrosa y constituyó una clara violación del alto el fuego», sigue el comunicado del comando encargado de custodiar los intereses norteamericanos en el Golfo Pérsico.

    El canciller iraní Abbas Araghchi. 

    De momento, las autoridades iraníes no se refirieron a la ofensiva estadounidense ni a las denuncias de intimidación en el estrecho de Ormuz, un punto en el mapa altamente sensible para el comercio global, por donde circula buena parte del petróleo y el gas que exportan los países de Medio Oriente.

    La agresión demostrada por Irán fue injustificada, peligrosa y constituyó una clara violación del alto el fuego

    La escalada compromete la frágil tregua acordada tras varios meses de negociaciones entre la Casa Blanca y la cúpula chiíta. Esta misma semana, Trump había prometido que suspendería los ataques durante dos semanas con la condición de que Irán reabriese el estrecho de Ormuz, invocando las negociaciones de paz que lleva adelante Pakistán.

    Trump publicó el anuncio de la tregua en su red social Truth, donde detalló que «basado en conversaciones con el Primer Ministro Shehbaz Sharif y el Mariscal de Campo Asim Munir, de Pakistán, y dado que solicitaron que detuviera la fuerza destructiva que se estaba enviando esta noche a Irán, y sujeto a que la República Islámica de Irán acepte la APERTURA COMPLETA, INMEDIATA y SEGURA del Estrecho de Ormuz, acepto suspender el bombardeo y ataque a Irán por un período de dos semanas».

     

    Difunde esta nota
  • No es sólo fútbol

     

    “Sólo un partido de fútbol”

    “Es solo un partido de fútbol”. La frase de Lionel Scaloni tiene un gran defecto, en tanto busca que algo pase de largo poniéndolo en el centro. No es necesariamente su culpa: está en el centro. De hecho, Carlos Bilardo dijo algo parecido en las horas previas al histórico partido Argentina-Inglaterra de 1986, posiblemente el más importante hasta el día de hoy de la historia albiceleste: “No politics, only football”, en un inglés poco agraciado. Jorge Valdano fue más drástico, cuando planteó: “Es el partido ideal para que los estúpidos se confundan”. Hasta Maradona estaba con esa línea.

    Es problemática la declaración del técnico. Una suerte de utopía de la corrección política, como si las disputas de poder y las problemáticas sociales no fueran un universo inabarcable que envuelve a todas las esferas de la vida. Incluso al fútbol. Y lo que digo, por favor, que no se entienda como un juzgamiento a los protagonistas: no hay institución futbolística más grande que la patria casetera. Podría pasarle a escritores, pintores, compositores y artistas varios: el deporte no es monopolio de sus actores principales. El fútbol también es nuestro —quizás nuestro por completo— y los pueblos construyen memoria como un mosaico complejo, es decir, como pueden. Un partido del deporte más popular del planeta es la vidriera para sensaciones inigualables, reclamos políticos, ensalzamientos culturales, proclamas sociales. O lo que se nos cante.

    Carlos Bilardo dijo algo parecido en las horas previas al histórico partido Argentina-Inglaterra de 1986: “No politics, only football”.

    Ricardo Giusti, que fue titular en ese partido de México 86, le dijo a Andrés Burgo en el libro El Partido, que ganarles “a los ingleses era algo para los muchachos que estuvieron en Malvinas”. Julio Olarticoechea confesó en ese mismo escrito que le avergonzaba el rótulo de “héroes” para los jugadores, porque consideraba que un título así debería quedar para los chicos que pelearon en las islas.

    Es fútbol pero no es sólo fútbol. Y es Malvinas pero no es sólo Malvinas.

    Pensado desde el juego, hay un ángulo ineludible. De los equipos más grandes del mundo, los sudamericanos muestran una peculiaridad: su llegada a la elite no proviene de ventajas económicas sino de un bien que no se encuentra en el desarrollo capitalista, la materia prima con valor agregado. El fútbol con picardía. La Nuestra. En general Argentina y, en menor medida, Uruguay, encuentran una referencia en esa ecuación: no tener los recursos que tienen otros y lograr ser grandes igual. Podríamos incluir a Brasil en ese grupo, aunque es un eje que ha explotado poco.

    Con Inglaterra pasa exactamente lo contrario. Los inventores de este deporte empalman esa condición con su histórica economía colonial. Ese rol poderoso no lo han podido llevar al éxito. Un solo título oficial, hace sesenta años. Imperialismo futbolístico de vitrinas con espacio.

    Argentina empalma, además, una suerte de anticolonialismo futbolístico y cultural. No hay otra explicación para que Maradona sea bandera en Escocia o que haya una huelga general en Bangladesh porque a Diego le cortan las piernas. Maradona no hizo ninguna reforma agraria ni expropió los medios de producción, pero sus actos se convirtieron en una ofensa objetiva a la corona, lo que los convierten en antiimperialistas de facto. El que le roba a un ladrón tiene cien años de pasión.

    Las formas de pararse frente a uno de los partidos más importantes de este siglo son diversas y variadas. Vale todo: uno puede decir que Los Redondos son más grandes que Los Beatles, que la Negra Sosa canta más lindo que Amy Winehouse, que Jorge Luis Borges tiene historias mucho más interesantes para contar que William Shakespeare, que Mariana Enriquez genera mucho más sentimientos con las palabras que J. K Rowling, que el Obelisco es más lindo que el Big Ben, que nadie se acuerda de Wimbledon (eso es cierto, el domingo se jugó la final y nadie se enteró), que Los Palmeras son más que Oasis, que el mate es más rico que el té. Lo que quieran.

    Es problemática la declaración del técnico. Una suerte de utopía de la corrección política, como si las disputas de poder y las problemáticas sociales no fueran un universo inabarcable que envuelve a todas las esferas de la vida.

    Sólo está prohibido bajar el precio. Jugamos contra ellos. Es el partido que no sabíamos que estábamos esperando. Convivimos en silencio con el clásico del nunca jamás: veintiún años sin jugar y venimos a encontrarnos en una semifinal del mundo. Veremos habladurías, estadísticas, datos, referencias, memorias. Pica la pelota y late el corazón. Vamos a ser las mismas personas, pero nada será igual después del miércoles. Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar.

    Yo no lo elegí, pero desde la madrugada del domingo se me viene a la cabeza una imagen. En realidad, una escena, para ser más precisos. Es parte del libro Qué quedará de nosotros, de Eduardo Sacheri. Una novela que ficciona al inexistente Regimiento de Infantería N° 43 en la Guerra de Malvinas. 

    La situación mencionada se da en los últimos días de combate, en las cercanías del Monte Tumbledown. A los tres protagonistas, jóvenes de la “clase sesenta y dos”, pibes de Malvinas, les dicen el “Trío Los Panchos”, una forma socarrona de burlarlos porque están juntos todo el tiempo. En un cruce sobre el terreno para cubrir a otros compañeros, logran frenar y asustar una avanzada inglesa que hasta allí no encontraba mayores obstáculos. Uno de ellos no reacciona de la forma esperada. Dice el narrador, o dice Sacheri, como ustedes quieran: “Carlitos se gira hacia el costado y ve que el pelotudo del Conejo sonríe. Mejor dicho, se ríe. Se ríe mientras dispara”. Nosotros lloramos porque vamos a un tiempo extra de algo que miramos por televisión y el pibe se ríe.

    Pero lo que más llama la atención de esa secuencia retratada en la página 388 es que un compañero cordobés, también en plena posición de combate, luego de estar dos meses mal comido, con frío, viviendo en un pozo de zorro, viendo pasar los misiles por encima de su cabeza, lanza a los cuatro vientos antárticos algo así como un soneto:

    —¡Vení Thatcher, la concha bien de tu madre!

    Todo será diferente

    El final del Mundial no es el fin del mundo, pero un poco sí. Hace un mes que nuestra vida está ordenada por un sin fin de partidos, gambetas, goles, amores, odios y lores. Ya los días sin partidos dejan un vacío. Si la vida es eso que pasa entre mundial y mundial, el propio certámen es un interregno. Una pausa. Cómo éramos antes ya no me lo acuerdo. Cómo seremos después es imposible saberlo.

    Lo paradójico es que, en realidad, nada sustancial se modifica. Cuando la atención vuelva a las luminarias tradicionales se verá lo que uno sabe. Javier Milei, por ejemplo, prepara otro de sus planes reaccionarios para una Argentina distópica: una reforma política, un tanto tramposa, para ayudarlo en su reelección. Los jubilados siguen marchando todos los miércoles. La inflación está lejos de ser eliminada y el poder adquisitivo del salario es uno de los más bajos de todos los tiempos. Los jubilados siguen marchando todos los miércoles. Jorge Macri le pega a todo lo que encuentra. Los jubilados siguen marchando todos los miércoles. Marley y Mirtha Legrand estarán al aire en pantalla, viajando y almorzando. Los jubilados siguen marchando todos los miércoles. Salen buenas series en las plataformas: recomiendo Te Encontraré, de Netflix y We are Liars, que puede verse en Amazon Prime. Los jubilados siguen marchando todos los miércoles. Hay que ser muy cagón para no defender a los jubilados. No los olvidemos. 

    Pensado desde el juego, hay un ángulo ineludible: la llegada de Argentina a la elite no proviene de ventajas económicas sino de la materia prima con valor agregado. El fútbol con picardía. La Nuestra. Con Inglaterra pasa exactamente lo contrario.

    Nada cambia pero todo será diferente. Eso es un mundial. La semana que viene nos encontraremos en otro planeta, que a su vez será el mismo.

    Volví a escuchar una canción en estos días. Es del disco El Fin del Mundo de la murga uruguaya Agarrate Catalina. Salió en 2006, el mismo año que Messi debutó en una Copa del Mundo. Es el “saludo” de un verano que los vio ganando el primer premio del carnaval. Empieza así: “El mundo efímero escenario de lucecitas amarillas. Retablo, cielo imaginario de nuestra pobre maravilla. Hay otro mundo tras el mundo. Otra ciudad tras la ciudad. Donde una antigua claridad, vuelve a brillar, en cada nuevo carnaval”.

    La Copa del Mundo es como esa fiesta pagana. Carnaval más sufrimiento. Pasa la vida y los mundiales quedan. Sonrisas, llantos, rencores, licores, amargos sabores. El mundial es el nosotros más grande. Algo así como la vida. 

    Sobrevivir

    Una recomendación, para la posteridad. Siempre hay clima de mundial, solo que a veces es más silencioso. Alguno dijo, en esa telaraña compleja llamada redes sociales, que festejar en el Obelisco un pase a cuartos contra Egipto era de equipo chico. Un poco es cierto. El tema es que esos discursos omiten la esencia de nuestros colores: la Selección no es River, Boca y nada más. También es Yupanqui, Ferro, Cañuelas, Los Cuervos del Fin del Mundo en Tierra del Fuego y Juventud Antoniana de Salta. Es el Monumental, la Bombonera, el potrero de Purmamarca y cualquier cancha que funcione debajo de la autopista. A mucha honra. Varios que reniegan de sus raíces no llegaron a la última semana de la Copa del Mundo.  

    Argentina llegó a estar entre los cuatro mejores equipos del planeta como parte del paisaje. Parece normal. No lo es. El ciclo Scaloni tiene cinco certámenes largos y siempre llegó a semifinales. Excluimos a la Finalissima 2022 de este análisis, dado que fue un solo partido ante Italia. Todo esto luego de ser bicampeón de América y campeón del mundo. Yendo a un universo temporal más amplio, la Selección estuvo veinticuatro años sin estar entre los cuatro mejores del planeta (de 1990 a 2014), mientras que lo consiguió tres veces en los últimos cuatro mundiales. Gracias.

    Es fútbol pero no es sólo fútbol. Y es Malvinas pero no es sólo Malvinas. Está prohibido bajar el precio. Jugamos contra ellos. Es el partido que no sabíamos que estábamos esperando.

    Nunca me gustaron los discursos que autorizan opiniones por cuestiones etarias. Nada más impreciso que las personas que quieren explicarle a los más jóvenes como debería ser su vida por la anti-utopía de que todo tiempo pasado fue mejor. Sin maestrociruelismo, acepten una humilde recomendación: disfruten, porque esto no es común.

    Pero, después de los elogios pertinentes, vale la pregunta. Por qué. O, al menos, por qué así, de esta manera. Nuestra Selección es una suerte de Ministerio de Sufrimiento y Previsión, con todos los amores y honores correspondientes. Fútbol taquicardia al servicio del pueblo.

    Si de fútbol hablamos, quizás suene a conformismo: es difícil la Copa del Mundo. Cabo Verde, Egipto, Suiza. Las previas son más favorables que el tránsito de los partidos, en los que el andar colectivo de jugadores de carne y hueso están dispuestos a mover los hilos de la historia lo mejor que puedan. En los tres partidos, igualmente, Argentina ganó con justicia. Un dato que pasó un poco desapercibido, en esto de ser el equipo enemigo de las banditas tuiteras: el de Scaloni es el equipo con más goles. Hizo tres en cinco partidos y dos en uno. Eso sí, con una fuerte tendencia a naturalizar que los partidos duran ciento veinte minutos y no noventa.

    Esto último nos lleva a la segunda cuestión. Argentina camina sin todo el brillo disponible. Sus jugadores de élite, excluyendo a Messi, prueban sinsabores. Julián Álvarez acaba de tener su única aparición rutilante, Enzo Fernández está desenamorado de los momentos sublimes, Rodrigo De Paul es un cuidadoso descuidado y Alexis Mac Allister no va en patines como en el Lusail. El diez es el uno: ocho goles en cinco partidos y medio para compartir la punta de goleadores con su alterego francés Kylian Mbappé, como si Dr. Jekyll jugara de celeste y blanco y Mr. Hyde de azul.

    De la unidad al colectivo: no fluye el fútbol, anda deslucido. Sufrió ante rivales menores, aunque alguien podría decirme que el fútbol es fútbol y que en 2014 no le pudimos ganar a Suiza hasta el minuto 117 y después llegamos a donde llegamos. También que en la Euro 2021 Suiza eliminó a la Francia campeona del mundo, que le ganaba tres a uno al minuto 80. O que la propia Suiza le ganó a Colombia, que antes salió primera en un grupo con Portugal. Y así hasta el fin de los argumentos sin mucho más sentido que las opiniones.

    Una recomendación, para la posteridad. Siempre hay clima de mundial, solo que a veces es más silencioso.

    Así y todo estamos entre los cuatro mejores. Quizás, insisto, naturalizamos un estándar de belleza demasiado pretencioso. Zlatan Ibrahimovic, ex jugador sueco y actual comentarista del Mundial, lo analizó de manera precisa después del partido con Egipto: “Por esto el mundo teme a Argentina. Puedes criticarlos durante 90 minutos, puedes decir que no jugaron su mejor fútbol, pero cuando llega el momento de la verdad, siempre encuentran una manera de sobrevivir”. 

    Pero hay otro interrogante: cómo es posible sufrir tanto por un partido de fútbol. Una recomendación, esa consulta es mejor sentirla que responderla. Igualmente, para no escaparle al desafío, va una pista. El mundial es una concentración de fútbol. Este deporte genera una magia, ya sea en la selección o en un equipo de barrio: la posibilidad de modificar lo que pasa. No son los mismos los que vieron el gol de Diego a los ingleses, antes o después. Tampoco los que estuvieron el día que su amigo, hijo, primo, hermano hizo el gol de la final de la liga infantil de Tres de Febrero. ¿Qué tienen en común? Algo que contar. No es poco. Una razón de vida. 

    Sólo eso explica que alguien se atribuya (correctamente) el gol de Julián Álvarez al ángulo simplemente porque se cambió de lugar en el sillón o porque una foto del arquero de Suiza haya sido congelada en el freezer antes del partido. Vos podés cambiar al fútbol y el mundo puede ser mejor porque vos ves este deporte. Vaya presión: si eso no genera sufrimiento no se que sí lo hace. Vaya satisfacción: en la interpretación popular de un partido de fútbol se esconde la idea de que el mundo se puede cambiar. Si vivir es, al menos en parte, sobrevivir, no sé si hay mejor manera de hacerlo. 

    La última de Leo

    Por Malvinas. Por el Diego. La canción que la propia Selección viralizó en redes sociales demuestra una poética capacidad de síntesis. La narrativa argentina hizo de la palabra “copa” una suerte de sujeto tácito. La tercera. La cuarta. La última. Lo más sintomático es que Messi, desde el “alentándolo a Lionel” hasta acá, entona las canciones que lo tienen como protagonista. Como si un novelista escribiera sobre sí mismo. Pasa. Es una fase superior del Maradona que hablaba sobre su ser en tercera persona. Messi se canta: es Diego con Spotify.

    Argentina llegó a estar entre los cuatro mejores equipos del planeta como parte del paisaje. Parece normal. No lo es.

    La oferta del mundo será más triste desde la semana que viene. No solo ya no habrá Copa del Mundo sino que pasará algo peor: caminaremos en un planeta en el que ya los mundiales no son jugados por Messi. Qué quedará de nosotros.

    “El final es donde partí”, dice la canción, y nos recuerda lo obvio. “La última de Leo” es el fin de este viaje. Empezó hace veinte años, siempre sufrimos. Todo cambia pero de nosotros partimos: creciste, te recibiste, encontraste el rumbo, lo perdiste, fuiste mamá o papá, te convertiste en abuelo o abuela, cambiaste de ciudad, de casa, de pareja, te separaste, te reconciliaste, eras chico, ahora sos grande. Había algo que no se modificaba: cada cuatro años Messi iba a estar ahí, peleando por vos una Copa del Mundo. El premio no fue ni Qatar ni el bicampeonato de América. No es esta semana, termine como termine. La recompensa fue el camino.

    Si las despedidas son esos dolores dulces, es hora de hablar. De soltar. De decir hasta luego, porque el cambio es simplemente pasar de estar a ser recuerdo. Terreno y memoria. No es tan difícil. Pero eso no me prohíbe la sinceridad: fue un placer alentarte, mirarte, escribirte, llorarte, firmar de vez en cuando un pacto con el mundo horrible porque vos jugabas.

    Y, sabés qué, las copas son lo de menos. Te recuerdo de otra forma. Es algo así como una figura. Pasó en varios partidos y quizás en ninguno. Sos vos, tirado a la derecha como contra Egipto, pidiendo la pelota molesto, enojado, chinchudo, porque el tiempo se acaba. Atás la pelota a tu zurda, mirás al frente y agarrás vuelo. Y ahí, para mí, sos todo. Sos el Gaucho Rivero en las Malvinas, San Martín en San Lorenzo, el Che Guevara en Santa Clara. Sos un cuento de Borges o una letra del Indio. Sos el mundo entero por cambiar. Sos el fino destello de un rejunte de fracasados que dejamos de perder por vos. Sos la ilusión de que lo que viene es mejor. Sos la vida. 

    Nuestra Selección es una suerte de Ministerio de Sufrimiento y Previsión, con todos los amores y honores correspondientes. Fútbol taquicardia al servicio del pueblo.

    De hecho, puedo ir más a fondo. Si pudiera pedir un deseo hoy, además del que ya sabés, le diría al genio que Mario Gotze no haga el gol en el Maracaná en el minuto 113 del tiempo extra en la final del 2014. Pero no para ganar, de hecho no quiero que me aseguren ninguna copa. Quiero esos siete minutos en donde la pelota te llega y vos te convertís en héroe, no por un gol o por una victoria, sino simplemente por ir. Por eso, por la vida, más allá de cualquier cosa, gracias.

    Por Malvinas. Por el Diego. Por la última de Leo. Argentina. Quiero verte.

    La entrada No es sólo fútbol se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota