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16 vehículos retenidos por alcoholemia

En el marco de los controles de prevención vial realizados por la Direccion de Tránsito Municipal en conjunto con la BMA (Brigada Motorizada de Apoyo) y la comisaria 5ta de la ciudad, se constataron diferentes infracciones de tránsito.

Se retuvieron 16 vehículos por alcoholemia superior a 0,50 gs de alcohol en sangre. La más alta fue de 2,67 gs. Se labraron 65 infracciones por diferentes faltas y se realizon 54 constataciones con alometro, que arrojaron una medición inferior a 0,50 gramos de alcohol en sangre.

Se trabajó en conjunto con dos Unidades dependientes de la Policía de Río Negro, con el objetivo de prevenir siniestros viales por consumo de bebidas alcohólicas a la hora de conducir un vehículo en el ejido urbano.

Se solicita a la comunidad que evite el consumo de alcohol si van a conducir y que se respeten estrictamente las normas de tránsito.

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     El Gobierno descartó prorrogar el programa RenovAr, la principal política de promoción de energías renovables lanzada durante el macrismo, que encerró negociados como los parques eólicos en los que estuvo involucrado directamente el ex presidente y cargó al Estado la obligación de pagar tarifas delirantes y en dólares. 

    El giro libertario además de ahorrar recursos públicos apunta a que el mercado eléctrico funcione con menos Estado y más contratos privados. Pero en el sector reina una mezcla de entusiasmo y desconfianza. Nadie quiere quedarse afuera, pero tampoco todos están dispuestos a apostar fuerte. 

    La decisión implica cerrar el capítulo del programa de licitaciones públicas creado en 2016 por el entonces ministro de Energía, Juan José Aranguren durante el gobierno de Mauricio Macri. RenovAr fue la herramienta con la que el macrismo buscó acelerar el desarrollo de parques eólicos y solares. 

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    El Estado, a través de Cammesa, compraba la energía generada mediante contratos a largo plazo surgidos de licitaciones públicas. «El RenovAr se vendió como la gran puerta de entrada de las renovables modernas en Argentina. Y en parte lo fue: aceleró proyectos, trajo algunos players globales y ordenó un pipeline», explicó a LPO un constructor de parques fotovoltaicos. Pero enseguida agregó la otra cara del modelo: «El corazón financiero del programa quedó armado como un traje a medida de los financistas, no del sistema eléctrico argentino». 

    La estructura contractual explica buena parte de las críticas. Muchos proyectos se firmaron bajo esquemas de PPA en dólares, diseñados para reducir el llamado «riesgo argentino». Los contratos incluían cláusulas de default y cross-default que conectaban obligaciones financieras entre distintos instrumentos. 

    El corazón financiero del programa quedó armado como un traje a medida de los financistas, no del sistema eléctrico argentino.

    En la práctica, un incumplimiento podía disparar consecuencias en cadena: aceleración de vencimientos, penalidades o cambios en el costo del financiamiento. Ese andamiaje convirtió al programa en una red contractual compleja. Cuando la macroeconomía se tensiona, el problema no queda encapsulado en un proyecto. Se expande. 

    Para sostener esa arquitectura financiera, RenovAr montó un sistema de garantías y seguros de cobro. El objetivo era desacoplar al inversor de la volatilidad argentina. El resultado fue distinto. El riesgo no desapareció: se trasladó. El inversor cobraba con protección contractual mientras el sistema eléctrico absorbía la prima. En términos económicos, la energía podía parecer barata en la licitación, pero el costo real incluía cobertura contra devaluación, contra iliquidez y contra inestabilidad política. El impacto se vio en el costo final del sistema. 

    Aunque algunas rondas exhibieron precios competitivos en los papeles, la combinación de dolarización, garantías internacionales y financiamiento externo terminó encareciendo el esquema. A eso se sumó un rasgo técnico clave: las renovables tienen prioridad de despacho en la red eléctrica.  

    El Gobierno ahora mira hacia otro modelo. La idea se acerca al esquema del MATER, el Mercado a Término de Energías Renovables, creado en 2017 como complemento de RenovAr. 

    En este sistema, el Estado deja de ser el comprador principal. Los generadores venden directamente a empresas privadas con alto consumo de electricidad. El mecanismo funciona mediante contratos bilaterales. Un parque eólico o solar firma un acuerdo de largo plazo con una compañía industrial. 

    El precio se negocia entre las partes y la electricidad se transporta por la red nacional administrada por CAMMESA. Los compradores suelen ser grandes consumidores: siderúrgicas, petroleras, mineras, cadenas industriales o empresas tecnológicas. 

    Solo pueden participar grandes usuarios del mercado eléctrico mayorista. En la jerga del sector se los conoce como GUMA y GUME. Los primeros consumen más de 1 megavatio de potencia. Los segundos entre 300 kilovatios y 2 megavatios.

    El programa le exige a estas empresas cumplir con una cuota mínima de energía renovable fijada por la Ley 27.191, que estableció como objetivo que el 20% del consumo eléctrico provenga de fuentes renovables. La diferencia central entre ambos esquemas es quién compra la energía. En RenovAr el comprador era el Estado, con contratos garantizados. En el MATER, el comprador es una empresa privada y el precio se negocia libremente. 

    En teoría, el sistema reduce el peso fiscal y deja que el mercado defina las inversiones. Pero el modelo también tiene límites. El principal es físico. La red eléctrica argentina tiene capacidad de transporte limitada en varias regiones. Los proyectos compiten por espacio en las líneas de transmisión. Sin nuevas obras de infraestructura pública, el crecimiento del mercado queda restringido. 

    Además, el desarrollo renovable convive con desafíos técnicos. La generación eólica y solar es intermitente. Requiere respaldo térmico, flexibilidad operativa y planificación de la red. Si esos costos no se integran al diseño del sistema, el precio del parque puede ser competitivo pero el costo total del sistema aumenta. 

    En ese contexto, el clima en la industria es ambiguo. Celebran la desregulación, pero no terminan de confiar. Predomina el clásico wait and see. «Nos frenamos en 2019 y de ahí venimos en picada. Baja el costo, pero también baja la demanda. El negocio pierde rentabilidad», dijo a LPO un generador fotovoltaico que ahora apunta sus proyectos a Perú. «Este año van a licitar 70.000 megavatios. Y allá ni te enterás de lo que pasa en la política». 

    Un representante de la filial argentina de Fortescue, que desarrolla el Parque Eólico Cerro Policía de 300 MW, fue directo: «La demanda industrial está por el subsuelo. No tengo off takers». Según explicó, el potencial de consumo podría venir de la minería, pero ese escenario recién se vería dentro de varios años. «Y anda a saber en qué condiciones mundiales estamos en cinco años», agregó. El comentario circuló entre empresarios durante 

    la edición argentina del Future Energy Summit, realizada este miércoles en el Hotel Emperador

    LPO habló también con un importador de paneles solares chinos, con una visión más optimista. «A mí me está yendo muy bien. La liberalización de las importaciones generó mucho movimiento», dijo. Pero incluso él marcó un dato que dejó pensando a varios. «Casi no hay presencia de empresas extranjeras. Ni en este foro ni invirtiendo en el país. Quizás haga falta un segundo mandato para que arranquen», deslizó. 

    Lo concreto es que la industria renovable advierte que, con el vencimiento del programa RenovAr, se viene un golpe fuerte para el sector. De alguna manera, lo reconoció el propio secretario de Energía, Damián Sanfilippo, al inaugurar el foro «El sector fotovoltaico es el que más crecimiento tuvo. Estamos trabajando para darle estabilidad fiscal al sector. No va a hacer prórroga de la 27191 pero sí tratar de alguna manera darle la estabilidad fiscal». 

    En el panel siguiente, las empresas pidieron que el RenovAr se prorrogue. PCR, Total e YPF Luz. 

     

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  • Reaparecidos

     

    Cuando le sonó el celular, Soledad acababa de retirar a su hijo de la escuela, en Rosario. Siempre se alternaban con su compañero Carlos, nunca iban los dos a buscarlo. Pero ese día por suerte fueron juntos porque también tenían que retirar a una amiguita de Emiliano. Como en cualquier salida de colegio, la calle era un despelote de autos, bocinas, gritos de pibes y pibas. Cruzaron. Ya en la vereda, Soledad miró el teléfono: el que llamaba era su abogado, Ramiro Fresneda. Atendió, no hubo respuesta. Se habrá confundido, pensó. Era el mediodía del martes 10 de marzo de 2026. Yo sabía que ese día él tenía la audiencia con el juez. Pero, te juro, en ningún momento pensé en eso. Ni un ojalá, ni nada. El teléfono volvió a sonar. Fresneda, otra vez.

    —¿Podés hablar?     

    —Sí.

    —Sole, encontraron los restos de tu viejo— le dijo en un perfecto cordobés. 

    Soledad apoyó la espalda en una pared justo detrás suyo y se largó a llorar. Lo miró a Carlos, todavía con el teléfono en la mano. Él me hizo la cara de entiendo todo, sé lo que te están diciendo. 

    —¿Qué pasó, mamá? —preguntó su hijo. 

    —Encontraron al abuelo.

    A Emiliano se le iluminó la cara y dijo: 

    —¡Sus huesitos!

    Mario Nívoli fue el primero de los doce cuerpos identificados la semana pasada en el excentro clandestino La Perla, de Córdoba. 

    ***

    Fernando no sabía muy bien con qué se iba a encontrar. O, mejor dicho, con cuánto se iba a encontrar. La noche anterior había subido a un micro en Retiro para recorrer los 1250 kilómetros que lo separaban de los restos de su padre. Unas 18 horas después llegó a San Miguel de Tucumán. Fue directo a la dirección que le habían pasado. Una especie de depósito o galpón de color amarillo. Lo recibió Selva, del Equipo Argentino de Antropología Forense. Cruzaron un patio y llegaron a un anexo. Sobre una mesa, un esqueleto. Fue muy shockeante ver que mi viejo estaba entero.

    La primera reacción de Fernando fue buscar alguna señal. Una marca, algo que pudiera reconocer. Cuando de chico le contaban de su papá sentía que le estaban hablando de alguien muy lejano. Él no tenía una tumba donde llevarle una flor, sentarse a llorar y decir acá está. Ahora, casi pegado a esos huesos, rodeado de cajas con otros restos que esperan, Fernando lo ve, lo toca, lo siente.

    —¿Te dejo solo? — pregunta Selva.

    —No, por favor. Solo, no. Quiero saber.

    Y ahí Selva le empieza a contar: este orificio es un disparo, en este otro se ve que la bala rozó pero no entró, este hueso está así y este otro asá. 

    Mientras se enteraba de cómo y dónde mataron a su padre, con cuántas balas, acompañado de quiénes, Fernando lo supo: Este es mi viejo.   

    Raúl Ernesto Araldi fue identificado en 2010. Fue encontrado en el Cementerio Norte de Tucumán.

    ***

    Mucho antes de que Soledad Nívoli recibiera la noticia del hallazgo de los restos de su padre —49 años después de desaparecido— y de que Fernando Araldi Oesterheld pudiera tocar los huesos del suyo —35 años después—, hubo una investigación preliminar, una exhumación, un análisis de laboratorio y un análisis genético. Detrás de todas esas etapas está el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que desde 1984 trabaja en la búsqueda, identificación y restitución de personas desaparecidas. Es un proceso largo. En muchos casos, como los de Nívoli y Araldi, puede llevar muchos años.

    Virginia Urquizu es coordinadora de la Unidad de Casos, el área que se encarga del vínculo con las familias. Es decir: son quienes están en contacto permanente con el pariente, desde que lo llaman para explicarle el proceso hasta la restitución de los restos. En medio de todo eso, los de Casos hacen la llamada tan esperada, la que confirma la identificación.

    Desde 1984, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) trabaja en la búsqueda, identificación y restitución de personas desaparecidas.

    “Los familiares tienen la noticia de primera mano —dice Urquizu— Intentamos por todos los medios que esa noticia no sea de manera telefónica.” Lo que les dicen es que hay avances y los convocan a una reunión presencial, que puede ser en las oficinas del EAFF o en la casa del familiar. 

    El teléfono de Manuel Miguel sonó a fines de abril de 2011, a 33 años de la desaparición de su mamá, Lilia Mabel Venegas Ballarini. Le dijeron que iban a viajar a Mar del Plata y que querían charlar con él y su hermano para conocerlos. El encuentro fue el 2 de mayo, en la casa de Manuel. Nos reunimos con mi hermano y nuestras familias. Estuvimos charlando un rato largo de cómo es el trabajo de ellos… sin tener idea de lo que estaba pasando realmente. Y bueno, después de varios mates y cafés, nos dicen que habían encontrado los restos de mi vieja, y nos trajeron un expediente enorme. 

    El caso de Fernando Araldi Oesterheld fue distinto. Cuando recibió la llamada, lo supo. Me dijeron si podía pasar con mi primo por el EAAF, y yo les dije: Lo encontraron.  

    “Hay familiares a los que le anunciás que tenés novedades y te responden ok, cuándo nos vemos. Hay otros que te hacen preguntas e intentan sacarte información. Y hay otros que se dan cuenta enseguida”, dice Urquizu. Por eso ese vínculo es tan particular y cercano. “Al llamar, tampoco sabés con qué te vas a encontrar, en qué situación y en qué momento está la persona”, agrega.

    Manuel Miguel tenía seis meses y su hermano un año y medio cuando la triple A secuestró a su padre, Carlos Miguel. Fue en octubre de 1974, aún no había comenzado la dictadura militar. Lo interceptaron en La Plata, iba en un auto hacia Buenos Aires junto a su compañero Rodolfo Francisco “El turco” Achem. Ese mismo día sus cuerpos aparecieron acribillados en Sarandí, Avellaneda. 

    Cuatro años después, el 4 de mayo de 1978, secuestraron a Lilia Mabel en Mar del Plata. Y de ella no se supo nada más, hasta que el EAAF logró identificar sus restos.   

    Manuel y su hermano se criaron con sus abuelos maternos. No recuerda en qué momento le contaron que su mamá era una desaparecida. Lo supo siempre. Pero hasta el día que le dijeron apareció, sentía que no tenía un cierre de la historia. Había logrado reconstruir algo de su vida a través de lo que le contaban sus abuelos, otros familiares y sobrevivientes. Sabíamos que había sido desaparecida, pero nunca más supimos nada sobre qué había pasado con ella. Entonces haberla encontrado fue como encontrar la pieza del rompecabezas que nos faltaba. Y a mí ese día fue como que se me abrió la cabeza por completo. 

    Manuel es docente de Ciencias Naturales y preceptor en escuelas secundarias. En 2012, un año después de haberse encontrado con los restos de su mamá, sus alumnos le propusieron contar la historia en un trabajo de investigación que presentaron en Jóvenes y Memoria, un programa de la Provincia de Buenos Aires. A partir de ahí, cada año, para el aniversario del Golpe, recorren escuelas dando charlas. Todo lo que no había podido decir antes, lo pude expresar a partir de ese día. Es como una terapia para mí poder compartir lo que significó haber encontrado los restos. 

    Manuel no recuerda en qué momento le contaron que su mamá era una desaparecida. Lo supo siempre.

    “Para cualquier sujeto el problema de la muerte está anudado directamente al problema de la inscripción simbólica de esa muerte”, dice la psicoanalista Fabiana Rousseaux. Frente a la muerte los seres humanos necesitamos hacer una ritualización, un proceso simbólico en torno a ese acontecimiento. Pero para eso, se necesita la certificación. La certeza. “Cuando estamos ante una desaparición, el proceso es inverso, porque vos tenés que construir psíquicamente esa pérdida sin ninguna certificación que venga de la realidad”, explica Rousseau quien, además, coordinó el Plan Nacional de Acompañamiento a Testigos y Víctimas del Terrorismo de Estado y fundó el Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos Dr. Fernando Ulloa.

    Lo dijo el genocida Rafael Videla en esa famosa conferencia de prensa de 1979: los desaparecidos “son una incógnita, no tienen entidad, no están ni vivos ni muertos».

    “Es muy tortuoso para los familiares, porque ¿cuándo es el momento donde uno dice bueno, no lo espero más, o dice bueno, se murió?”, explica Rousseaux.

    Fernando tenía 1 año al momento en que los militares secuestraron a su madre, Diana Irene Oesterheld, el 7 de agosto de 1976. A él lo dejaron en la Casa Cuna de Tucumán, de donde luego lo rescataron sus abuelos paternos. Diana es una de las cuatro hijas desaparecidas de Héctor Oesterheld, también desaparecido. 

    Lo dijo el genocida Rafael Videla en esa famosa conferencia de prensa de 1979: los desaparecidos “son una incógnita, no tienen entidad, no están ni vivos ni muertos».

    El papá de Fernando, Raúl Araldi, cayó un año después, también en Tucumán. Fernando es hijo, nieto y sobrino de desaparecidos. 

    Cuando la secuestraron, la mamá estaba embarazada de seis meses, por lo que busca a un hermano. También  a un primo.    

    Hasta los 9 años, Fernando pensaba que sus papás habían muerto en un accidente. Pero un día encontró, en una revista Humor, una entrevista que le habían hecho a su abuela materna, Elsa Sánchez de Oesterheld, reconocida abuela de Plaza de Mayo. Ahí ella contaba que toda su familia estaba desaparecida. Un tiempo después, en unas vacaciones en Villa Gesell con ella, Fernando se lo preguntó. Y ella le contó toda la historia.

    Mis abuelos paternos me parece que no asimilaron ni reconocieron nunca la muerte de su hijo. Pero supongo que era también un mecanismo de defensa, propio de un padre que inclusive hasta le han dicho que el desaparecido es una figura, no se sabe, no está ni muerto ni vivo, es un desaparecido. Ellos siempre pensaban que mi viejo podía estar en otro lado y que no quería volver.

    Ambos murieron unos años antes de que el EAAF identificara los restos de Raúl. De sus nueve desaparecidos, Fernando sólo recuperó los restos de uno, su papá.

    Soledad estaba dormida en brazos de su mamá Graciela cuando el 14 de febrero de 1977 un grupo de militares entró a la casa de Córdoba y se llevó a su papá, Mario Nívoli. A Graciela la sentaron en la cama con la bebé a upa y le dijeron:

    —Usted críe a sus hijos.

    Para Graciela, eso fue la sentencia de muerte de su compañero Mario.

    Cuando volvió la democracia, Soledad tenía 6 años. Su mamá los juntó a ella y a su hermano en una pieza y les contó la historia. Les dijo que a su papá se lo habían llevado, que estaba muerto pero no sabían dónde estaban sus restos. 

    Mi mamá tomó una decisión que no sé si fue sabia o no, pero fue su decisión, que fue la de comunicarnos siempre que mi papá estaba muerto. Y luego, cuando ella entendió que era el momento en que nosotros podíamos recibir la palabra desaparecidos, sí nos habló de eso. 

    Soledad cree que les transmitió la certeza de la muerte para que pudieran vivir en paz. Por supuesto que uno puede transmitir discursivamente esto y expresarlo racionalmente. Pero cada vez que sonaba un timbre en la madrugada, ella se sobresaltaba. Yo sé que ella lo esperó, yo sé que lo esperaba. 

    Su mamá los juntó a ella y a su hermano en una pieza y les contó la historia. Les dijo que a su papá se lo habían llevado, que estaba muerto pero no sabían dónde estaban sus restos.

    Para Rousseaux, “con la desaparición se produjo una cuestión interesante que es la presencia permanente. No es que se produjo la desaparición. Esos padres, esas madres o esos hijos, esas hijas se constituyeron en una presencia permanente”.

    ¿Pero qué pasa cuando lo incorpóreo, lo que para muchos sólo estuvo en fotos o en las historias de los otros, se materializa? ¿Qué ven los familiares en ese esqueleto o en esos huesos amontonados en una urna?

    Urquizu dice: “Es el momento de encuentro después de casi 50 años con la materialidad, sabiendo que esos restos pertenecen a su familiar”. 

    Es una mamá que se acuesta al lado del esqueleto de su hijo. Otra que agarra el cráneo y lo tiene un rato a upa. Es un nieto que saca la guitarra y le canta una canción a su abuelo. Es Fernando buscando señales, marcas, pero sabiendo que ese es su viejo. Es Manuel llorando ante lo poco que quedó de su mamá porque a ella la mataron con un explosivo. 

    Es también una hija que no quiso saber nada con los restos de su papá. Pero el día de la inhumación, un instante antes de enterrarlo, necesitó verlos. Entonces alguien del EAAF abrió la urna con un destornillador, ese que siempre llevan en la mochila por si acaso.  

    Para Soledad era casi imposible que en las excavaciones de La Perla encontraran a su papá, porque, según su propio razonamiento, la fecha del secuestro no coincidía con los entierros que se hicieron allí. Por eso la llamada de su abogado la tomó por sorpresa. Pero la razón y lo discursivo muchas veces no coinciden con lo corporal: hace un mes que Soledad está ordenando su casa como nunca antes. Haciendo lugar, dice ella. ¿Haciendo lugar para qué? ¿O para quién?

    El lunes 16, Soledad viajó a Córdoba con su compañero, su hijo y su tía, la hermana de su papá, a la audiencia oficial de notificación. Para encontrarse con los restos, todavía falta. Según los testimonios de la investigación preliminar, en ese lugar había fosas comunes que fueron removidas y los cuerpos, trasladados a otro lugar. Por eso lo que se encontró en las excavaciones fueron restos dispersos y desarticulados en sedimento de relleno. Queda a la espera ver qué cajita, qué algo, qué sobrecito nos entregarán de él, más allá de tener la certeza de que está, de que estuvo ahí. 

    Hace un mes que Soledad está ordenando su casa como nunca antes. Haciendo lugar, dice ella. ¿Haciendo lugar para qué? ¿O para quién?

    El camino de la Justicia es paralelo al del EAAF. Cuando a los familiares se les comunica la identificación y tienen la posibilidad de ver los restos, no se los pueden llevar en el momento. “La Justicia nos permite a nosotros este primer acercamiento, por ser quienes mantuvimos toda la comunicación con el familiar”, detalla Urquizu. El EAAF los pone en contacto con la dependencia judicial correspondiente, donde los familiares tienen que notificarse oficialmente. Es un trámite presencial que no tiene una duración estipulada. Y que muchas veces queda parado, porque los familiares no avanzan. No todos tienen los mismos tiempos.

    En el mientras tanto, pueden visitar los restos todas las veces que quieran. Como los huesos de su papá estaban en Tucumán, Fernando pidió que los envíen a Buenos Aires, donde él vive. Antes de poder llevárselos, lo fue a ver algunas veces más. Siempre ves un esqueleto y vos mentalmente le pones la carne a ese esqueleto y le pones el rostro, le pones todo. Me hubiera encantado ponerle una voz, pero no pude.

    Una vez que sale la notificación oficial, la que certifica el vínculo entre el familiar y el cuerpo, el EAAF le restituye los restos a la familia. Se los entrega en una urna. Las personas pueden elegir entre inhumarlos o cremarlos. En cualquier caso, no pueden llevárselos a sus casas. La mayoría de las veces, se entierran los huesos o se esparcen las cenizas en espacios específicos que tienen algunos cementerios para homenajear a los desaparecidos, como el de la Chacarita, el de Avellaneda o el de Lanús. O en parques, como el Bosque de la Memoria en Tucumán. También pueden enterrarse en nichos privados familiares. Muchas cenizas fueron esparcidas en parroquias, iglesias y también en el Río de la Plata.  

    “En la mayoría de las restituciones y de las inhumaciones que hemos tenido, tanto en cementerios como acompañando a familiares al Parque de la Memoria para esparcir las cenizas, todo el ritual se vive de una manera celebratoria”, dice Urquizu. La alegría es poder tener respuestas, certezas. Durante las ceremonias se leen poemas, se canta, se toca algún instrumento, se llevan fotos. Y en muchos casos funcionan también como reencuentro familiar o se suman compañeros de militancia, sobrevivientes, amigos de la infancia. Como esa despedida final, ese entierro simbólico en el cementerio de Flores que describe Sebastián Hacher en Cómo enterrar a un padre desaparecido (2012). 

    El porcentaje de desaparecidos identificados es muy bajo en relación a la cantidad de denuncias registradas. El EAAF logró recuperar 1652 restos o cuerpos, de los cuales más de 800 aún no pudieron ser identificados, porque ninguna muestra coincide con su perfil genético. Por eso es tan importante que quienes sospechan que pueden tener un familiar desaparecido entreguen una muestra de sangre. Con una gota, basta.

    La alegría es poder tener respuestas, certezas. Durante las ceremonias se leen poemas, se canta, se toca algún instrumento, se llevan fotos.

    ¿Qué pasa con la gran mayoría de familiares que aún no pueden encontrarse con los restos de sus desaparecidos? “Pienso que en estos casos, habrán buscado otras vías de ritualización”, dice Rousseaux y recuerda un acto histórico, en 2014, el día que Néstor Kirchner convirtió en casa de memoria a la ESMA. Esa mañana algunos familiares se acercaron y dejaron coronas de flores en las escalinatas con los nombres de sus desaparecidos. 

    Hace 20 años, cuando la idea de encontrar el cuerpo de Mario Nívoli era incierta, Soledad y su familia plantaron un lapacho rosado en el Bosque de la Memoria de Rosario. Florece cada primavera y es lugar de encuentro, de mates, de visita. Hasta le festejaron ahí un cumpleaños a su hijo. Cuando lleguen los restos de Mario hallados en la Perla, a los huesitos, como dijo Emiliano, los enterrarán ahí. 

    La entrada Reaparecidos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Fuerte operativo de saturación en el subte

     

    La Ciudad desplegó un fuerte operativo de saturación para reforzar la seguridad en el subte: esta tarde 1.000 policías se instalaron en estaciones y vagones. Es una medida de presencia policial intensiva para prevenir delitos y brindar más seguridad, especialmente en horarios de mayor circulación.

    Este primer paso continúa con el plan estratégico diseñado por el Ministerio de Seguridad porteño. Todos los días habrá más de 300 agentes cubriendo las 90 estaciones, desde las 5.30 hasta la medianoche, con refuerzos.

    «Reforzamos la seguridad en el subte como lo venimos haciendo en toda la Ciudad. Mantener el subte seguro, ordenado y prolijo, además de mejorar su tecnología, es parte de nuestro objetivo. Bajo tierra se mueven 800 mil personas por día y queremos que disfruten de esta Ciudad maravillosa», sostuvo el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, quien supervisó el operativo en la estación Diagonal Norte de la línea C. Estuvo acompañado por el Jefe de Gabinete, Gabriel Sánchez Zinny; el ministro de Seguridad, Horacio Giménez; el secretario del área, Maximiliano Piñeiro; y el presidente de SBASE, Javier Ibáñez.

    Esto es más presencia, más control y foco en las horas clave cuando más gente viaja. Estas acciones se dan en un contexto de baja del delito cercana al 30% en 2025, con mínimos históricos en robos y homicidios en la Ciudad desde que se cuenta con cifras oficiales.

    Jorge Macri agregó: «No vamos a retroceder un centímetro porque ésta es y seguirá siendo la Ciudad más ordenada para vivir en libertad. Queremos que la gente viaje cada vez más segura y con mayor tranquilidad. Para eso estamos reforzando la seguridad en el subte y también renovando las estaciones y cambiando los coches»

    Mientras tanto, en el plano de las mejoras, ya se pusieron en valor 18 estaciones: Congreso, Castro Barros, Lima, Loria, Acoyte y Río de Janeiro (de la Línea A); Pueyrredón, Pasteur-AMIA, Carlos Gardel y Uruguay (B); San Martín (C); Plaza Italia, Agüero, Bulnes, Facultad de Medicina, Scalabrini Ortiz y Palermo (D), y Jujuy (E), junto con paradores del Premetro.

    Tres siguen cerradas por obras: Piedras (A), Malabia (B) y Tribunales (D). El plan continuará en las estaciones Medrano y Gallardo (B), Lavalle e Independencia (C), y General Urquiza y Entre Ríos (E). También se encuentra en licitación la remodelación de Sáenz Peña, Alberti, Pasco (Línea A) y Dorrego (Línea B).

    Y están en proceso de fabricación 174 coches para la renovación completa de la Línea B y 50 que se van a agregar para las líneas A y C. Y en licitación la obra de la Línea F.

    El trabajo contra la inseguridad en la Ciudad es una prioridad en la gestión, con foco en el orden y la tranquilidad de los vecinos. En este sentido este año se destinará a la seguridad, eje central de la gestión, el 15,4% del presupuesto porteño 2026: son $2,6 billones.

    «Con decisión política y con el trabajo comprometido bajamos todos los delitos en la Ciudad y además ya recuperamos más de 600 propiedades que estaban usurpadas. Vamos a luchar sin descanso, siempre estaremos defendiendo a los porteños y a los ciudadanos de bien. La época del vale todo se terminó», agregó Jorge Macri.

     

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