16-vehiculos-retenidos-por-alcoholemia

16 vehículos retenidos por alcoholemia

En el marco de los controles de prevención vial realizados por la Direccion de Tránsito Municipal en conjunto con la BMA (Brigada Motorizada de Apoyo) y la comisaria 5ta de la ciudad, se constataron diferentes infracciones de tránsito.

Se retuvieron 16 vehículos por alcoholemia superior a 0,50 gs de alcohol en sangre. La más alta fue de 2,67 gs. Se labraron 65 infracciones por diferentes faltas y se realizon 54 constataciones con alometro, que arrojaron una medición inferior a 0,50 gramos de alcohol en sangre.

Se trabajó en conjunto con dos Unidades dependientes de la Policía de Río Negro, con el objetivo de prevenir siniestros viales por consumo de bebidas alcohólicas a la hora de conducir un vehículo en el ejido urbano.

Se solicita a la comunidad que evite el consumo de alcohol si van a conducir y que se respeten estrictamente las normas de tránsito.

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • Capacitación sobre deporte social, inclusión y contención

    Funcionarios y personal de distintas áreas, además de profesores de la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina participaron el jueves de la capacitación en el marco del programa Deporte Social, inclusión y contención ‘Dispositivo de prevención e intervención a través de la actividad física y el deporte como herramienta de Inclusión’ de…

    Difunde esta nota
  • | |

    UN POCO TARDE

    Una actuación de salvataje en plena retirada. Está llegando al ciclo cumplido el 1er mandato como presidente de MM, y los problemas en el país no están siquiera encauzados. Como sociedad sufrimos una alta polarización, una vez más desde un poder ejecutivo se realiza un programa sin consenso de todos los actores sociales. Lo que…

    Difunde esta nota
  • Caputo echó al secretario de Transporte tras una denuncia por corrupción en subsidios

     

    Toto Caputo echó al secretario de Transporte tras una denuncia por corrupción que involucra subsidios. El perjuicio al Estado se calcula en 30 mil millones de pesos mediante la alteración de datos técnicos del sistema SUBE.

    Luis Pierrini, presentó su renuncia y argumentó «motivos personales», aunque debió dejar su puesto luego de tomara estado público una maniobra de la empresa La Nueva Metropol que le habría costado al tesoro 3 mil millones de pesos mensuales durante la gestión de Pierrini.

    La Asociación Arco (Arco Social) presentó una denuncia penal contra Caputo y el ahora ex secretario de Transporte Pierrini «por presuntas maniobras irregulares en el sistema de subsidios al transporte automotor de pasajeros en el AMBA, que podrían haber provocado un perjuicio multimillonario al Estado nacional».

    La maniobra consistía en realizar un corrimiento artificial de validaciones desde tramos cortos a tramos largos. Eso provocaba un aumento en el monto de los subsidios percibidos por determinadas empresas, «sin correlato real en pasajeros transportados ni en kilómetros recorridos», expresaron desde Arco Social.

    Alejandro Sebastián Díaz Pascual, integrante de Arco Social, explicó que en diciembre de 2025 «existieron advertencias técnicas formales presentadas por cámaras empresarias del sector ante la Secretaría de Transporte» sin que «se hayan adoptado medidas correctivas o de auditoría efectivas». 

    Por ese motivo, desde Arco Social remarcaron la «responsabilidad por omisión funcional de las autoridades estatales encargadas de la supervisión, aprobación y ejecución presupuestaria de los subsidios, en particular del Ministerio de Economía».

    Según había publicado La Nación, la compañía La Nueva Metropol alteraba los boletos de los pasajeros para cobrar por recorridos más largos de los que efectivamente realizaba. Eso implicaba cobrar mayores subsidios.

    Desde La Nueva Metropol desmintieron la maniobra y acusaron al Grupo Dota, que controla el 50% de los colectivos del AMBA.

    El arquitecto Fernando Herrmann reemplazará a Pierrini al frente de la Secretaría de Transporte.

     

    Difunde esta nota
  • |

    La jornada de 8 horas no es un mito peronista: es una ley que existía y un derecho que Perón hizo cumplir

     

    En 1929 Argentina legisló la jornada laboral de 8 horas. Durante más de una década, fue un derecho escrito que el Estado no garantizó.

    Por Walter Onorato para NLI

    En 1929, durante la segunda presidencia de , el Congreso sancionó la Ley 11.544, que estableció por primera vez en todo el país la jornada máxima de 8 horas diarias o 48 semanales. El texto legal recogía una demanda histórica del movimiento obrero argentino y colocaba a la Argentina, al menos formalmente, dentro del mapa de las legislaciones laborales modernas.

    Sin embargo, entre 1929 y 1945, la distancia entre la ley y la realidad fue abismal. La jornada de 8 horas existía en los códigos, pero no organizaba la vida cotidiana de la mayoría de los trabajadores.

    La sanción de la ley no implicó automáticamente su cumplimiento. El Estado argentino carecía —y en muchos casos no tenía voluntad— de los mecanismos necesarios para garantizarla. Las inspecciones laborales eran escasas, las sanciones simbólicas y la justicia tendía a fallar en favor de los empleadores. En los hechos, el límite horario seguía siendo una decisión patronal.

    En algunos sectores urbanos e industrializados la situación fue diferente. Grandes empresas, talleres visibles y actividades con fuerte organización sindical —gráficos, ferroviarios, portuarios— lograron imponer, no sin conflictos, la jornada legal. Aun allí, el cumplimiento era parcial: horas extras obligatorias no pagadas, jornadas partidas que extendían el tiempo total de trabajo y mecanismos de evasión salarial eran prácticas habituales.

    Pero fuera de esos núcleos organizados, la ley simplemente no existía en la práctica. En el campo, donde la relación laboral estaba atravesada por el aislamiento, la dependencia personal y la ausencia casi total de inspección estatal, las jornadas de sol a sol siguieron siendo la regla. En las economías regionales, la situación era aún más evidente. En los ingenios azucareros de Tucumán, la jornada se organizaba en torno al ritmo de la zafra: turnos extensos, calor extremo y trabajo continuo mientras durara la molienda, sin límites horarios reales. En los yerbatales de Misiones, los mensúes cobraban por cantidad de kilos transportados, lo que los obligaba a prolongar indefinidamente la jornada para alcanzar un ingreso mínimo. El tiempo de trabajo no se medía en horas, sino en desgaste físico.

    En los viñedos cuyanos y los algodonales del norte, la lógica era similar: trabajo estacional, pago por rendimiento y jornadas que se extendían mientras hubiera luz natural. La ley de 8 horas era irrelevante frente a un sistema productivo que organizaba el trabajo por campaña y no por jornada.

    En los pequeños talleres urbanos de ciudades como Buenos Aires o Rosario, especialmente en rubros como la confección, el calzado o la metalurgia liviana, eran habituales las jornadas de 10 a 12 horas, justificadas como “aprendizaje” o compensadas con salarios miserables. El trabajo a destajo permitía al empleador exigir una producción diaria fija que solo podía alcanzarse extendiendo el horario real de trabajo.

    El comercio minorista reproducía una lógica similar. Empleados de almacenes, tiendas y casas de ramos generales abrían temprano y cerraban de noche, muchas veces con descanso parcial o inexistente, bajo la excusa de la atención al público. En el servicio doméstico, directamente excluido de toda protección efectiva, la jornada carecía de límites: vivir en la casa del empleador implicaba disponibilidad permanente, sin distinción clara entre tiempo de trabajo y tiempo de descanso.

    La ley estaba vigente, pero no tenía ejecutores. El Estado carecía de un cuerpo de inspectores con presencia territorial, las sanciones eran irrisorias y la justicia laboral —cuando intervenía— tendía a legitimar las prácticas patronales. En ese contexto, la jornada de 8 horas no era un derecho exigible sino una declaración abstracta, desconocida para amplios sectores del mundo del trabajo. Para millones de trabajadores, la jornada legal era una promesa distante, ajena a su vida cotidiana y subordinada a una realidad donde el poder de fijar el tiempo de trabajo seguía en manos del patrón.

    La clave no estaba en el texto legal sino en la correlación de fuerzas. Donde había sindicatos fuertes, comisiones internas y capacidad de huelga, la jornada de 8 horas se defendía. Donde no, el trabajador quedaba librado a su patrón. Durante esos años, el cumplimiento de un derecho laboral dependía más de la organización colectiva que del Estado.

    En los últimos años, sectores libertarios repiten como argumento que el peronismo “miente” porque la jornada de 8 horas no fue creada por Perón, sino sancionada en 1929. El señalamiento es formalmente correcto, pero históricamente falaz. Confunde deliberadamente legislar con garantizar. La Ley 11.544 existía desde hacía más de una década, pero fue incumplida de manera sistemática por amplios sectores del empresariado, con un Estado ausente o complaciente. Reducir la historia social a una fecha en el Boletín Oficial implica borrar la diferencia central entre un derecho escrito y un derecho vivido.

    Ese divorcio entre la ley y la realidad empieza a romperse recién a partir de 1943–1945, cuando el Estado deja de mirar para otro lado y decide intervenir de manera directa en la relación entre capital y trabajo. No se trató de crear nuevos derechos, sino de hacerlos cumplir. Bajo la acción del Estado y el impulso político de , la jornada de 8 horas dejó de ser una recomendación abstracta y pasó a convertirse en una norma exigible. El límite al tiempo de trabajo ya no lo fijó el patrón, sino el Estado. Ese fue el verdadero punto de inflexión.

    La experiencia deja una enseñanza incómoda pero fundamental: los derechos laborales no existen solo porque estén escritos. Existen cuando hay un Estado dispuesto a garantizarlos y una sociedad organizada para defenderlos. Entre 1929 y 1945, la jornada de 8 horas fue una conquista legal sin poder. Su historia demuestra que la legislación social, sin voluntad política, puede convertirse en una promesa vacía.

    La jornada de 8 horas no nació plena. Fue primero una letra, después una pelea y recién más tarde una realidad. Y esa diferencia —entre ley y vida— explica buena parte de la historia social argentina.

     

    Difunde esta nota
  • Fuerte interna libertaria por el control del Hospital del Bicentenario de Ituzaingó

     

    El despido abrupto del director del Hospital del Bicentenario en Ituzaingó desató fuertes tensiones internas en La Libertad Avanza y acusaciones a la cúpula del Pami de mantener acuerdos con el municipio peronista a cargo de los Descalzo.

    En los últimos días, mientras transcurría sus vacaciones, Santiago Cerneaz fue notificado de su desplazamiento como director de ese hospital bajo la órbita de la obra social de los jubilados.

    El despido desató la furia del coordinador libertario local, el concejal Hugo Equiza, quien había sugerido a Cerneaz para ese cargo, en septiembre pasado, con el auspicio de generar un cambio en el funcionamiento del nosocomio.

    «No se nota que haya una voluntad real de cambiar de manera estructural organismos atravesados por corrupción, falta de transparencia y clientelismo», dijo Equiza a elDiarioAR tras conocerse el desplazamiento de Cerneaz.

    La situación que se vive en el hospital es preocupante. Hay prácticamente más guardias de seguridad que médicos y siguen agregando guardias «invisibles», las cuales el director echado no aceptó validar

    Para el concejal y referente libertario de Ituzaingó la caída en desgracia de Cerneaz está ligada con el despido de «ñoquis» dentro del hospital, uno de los cuales fue reestablecido en el cargo por una resolución del propio titular del Pami, Esteban Leguizamo, a pocos días de registrarse el despido.

    «La situación que se vive en el hospital es preocupante. Hay prácticamente más guardias de seguridad que médicos y siguen agregando guardias «invisibles», las cuales el director echado no aceptó validar», dijo Equiza a LPO.

    En esa línea, denunció la persistencia «ñoquis» bancados «por el director Leguizamo y su gerente Roberto Armagno». Frente a eso, sostuvo que existe una estructura interna de mando en el hospital que incluye al municipio de Alberto y Pablo Descalzo.

    «Evidentemente hay acuerdo entre las autoridades del Pami y el peronismo provincial y camporismo para seguir «trabajando» juntos en el Instituto, podemos nombrarlos como «los mismos de siempre» que siguen como siempre y mas empoderados aún por las autoridades libertarias», acusó Equiza.

    Al defender al director desplazado, el concejal libertario dijo que en los últimos meses el hospital había sumado servicios y que se había inaugurado un ala que estaba cerrada. «Lo echan por querer hacer las cosas bien», sostuvo.

    En lugar de Cerneaz, Leguizamo nombró a Christian Varela, un médico que los libertarios de Ituzaingó asocian al peronismo de los Descalzo y al que le endilgan una cercanía con el ex ministro de Salud bonaerense, Alejandro Collia.

    Cerca de Equiza también asocian esta movida al viceministro de Salud Guido Giana, que llegó a ese cargo a través del ministro Mario Lugones, uno de los dueños del Sanatorio Guemes, donde Giana oficiaba de director administrativo.

    De linaje PRO, Giana es cercano al referente amarillo en Ituzaingó, Gastón Di Castelnuovo, al que cerca de Equiza ven como un adversario directo en la pelea por la candidatura a la intendencia en 2027. 

     

    Difunde esta nota

Deja una respuesta