Encuentro una dentadura postiza con quince dientes. Está guardada en un cajón, de esos que uno no abre con frecuencia. Justo al ladito de la dentadura, rodeado de un polvillo hay un papel cortado con la siguiente inscripción: vuelvo en quince minutos.


Levanto la dentadura y el papelito, los coloco arriba de la mesa como para estudiarlos en detalle. Tengo ganas de tomar unos mates. Pongo la pava. Me siento al costado de la mesa a esperar que se caliente el agua, y tumbo mi cabeza para ver horizontalmente la dentadura, es ahí que observo un huequito por donde la hornalla flamea de fondo.

¿Para qué guardar una dentadura incompleta? Me pregunto luego de contar los dientes. Además, ¿existe una correspondencia lógica entre lo presente material y la ausencia de todo ser ? ¿Será una broma? ¿ Se habrán ido el resto de los dientes por quince minutos? Asociaciones insípidas para divagar en un vacío amorfo.

Si el fuego remplaza el diente, y los quince minutos pueden extenderse hacia otros confines, entonces yo también vuelvo en quince minutos.

Imagen: Hirotoshi Itoh

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