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VIDEOJUEGOS… MAS QUE UN JUEGO

Desde hace más de 50 años los videojuegos se abrieron espacio en la vida familiar logrando quedarse para siempre. Generaciones influenciadas por los ‘videos’ mientras madres y padres se preocupaban por sus hijxs que pasaban horas frente a la pantalla de tv, pc… tablet, celular… hola 2022!!!
Año tras año la industria crece en todos sus puntos. Un torneo de FIFA reúne millones de personas entre las que asisten al evento más las que se conectan desde diferentes dispositivos. Hablar de eventos masivos es hablar de eventos ‘gamers’. Ni la industria del cine, la tv o la música cotiza tanto como la industria de los videos juegos. Entrar en ese »mundillo» no es nada sencillo…

REGINA HOY

Hace unas semanas se realizó el segundo evento ‘RETRO GAMER FEST’ en la ciudad organizado por ‘Locos x el Family’.
Un salón lleno de consolas de videojuegos, de todas las épocas, conectadas a televisores, también de todas las épocas!
Podías encontrar desde Mario Bros para Family conectado a un tv de tubo hasta una WII o PLAYSTATION en un pantalla plana grande.

Hablando con ÁLVARO PONCE, uno de los organizadores del evento, nos cuenta que lo que se busca difundir es la diversión entre amigxs y fanáticxs de los juegos abriendo las puertas también a todas aquellas personas que se sientan atraidas, es un espacio familiar donde podés jugar entre amigxs, con tu/s hijx/s, mamá, papá… con quien quieras. También hay stands de remeras, consolas, juegos retros y nuevos, pc gamers…
El evento comenzó a las 15hs y a pesar del fuertísimo viento que corrió esa tarde la gente no dudó en asistir. Desde temprano tanto chicxs como adultxs se hicieron presentes para pasar la tarde disfrutando de una actividad que convoca cada vez más.
Se realizaron diferentes torneos para diferentes consolas y un torneo exclusivo de ‘MORTAL KOMBAT’. Por supuesto hubo ganadores y premios.
Álvaro nos habla del tiempo y el esfuerzo que lleva organizar un evento de este tipo y agradece a quienes participan y auspician. Regina está comenzando a generar estos eventos y como todo lo nuevo en una ciudad pequeña, necesita de apoyo para que se pueda desarrollar.
»Poner a Villa Regina dentro del mapa de los videojuegos no es imposible y estamos en camino.’‘ agrega Álvaro.

SABÍAS QUE!?
En el año 1983 en Villa Regina se prohibieron las salas de videojuegos porque »es evidente que las prácticas de tales juegos distraen a la juventud de las actividades más conveniente para su desarrollo psicofísico, tales como el estudio y el deporte» expresaba la ordenanza de ese año… una locura! pero eran otras épocas. El temor a lo nuevo, a lo que vendrá, a como lidiar con las consecuencias a veces asusta y prohibir en vez de analizar la situación, claro que si, recayó sobre las salas de videojuegos también. Sumado a la palabra del padre Cesar Rondini, personalidad muy respetada en Villa Regina por sus obras en la ciudad, no le agradaba la idea de esta clase de diversión, al igual que el casino.

A medida que pasaban los años fueron apareciendo diferentes juegos ‘a ficha’ los cuales se prohibieron tal como lo indicaba el ARTÍCULO 1º de la vieja ordenanza, ya derogada:

Prohíbase totalmente la instalación y explotación de máquinas eléctricas y/o electrónicas que funcionen a ficha o tejo, control remoto y otro medio necesario, las llamadas “lechusa (slong, machuna) y sus derivados; ruletas electrónicas y cualquier otra que posea las características de los juegos de azar o lucros, los juegos denominados pímbola, flippera, tirabola, carreras de automóviles eléctricos, simuladores de juegos bélicos de manejos de aviones, autos, buques, misiles, submarinos, helicópteros y cualquiera otros de naturaleza similar.-

El ‘ciber’ abrió puertas…

La llegada del ciber (año 2000 aprox) hizo que cambien algunas reglamentaciones y que se revean ciertos aspectos, permitiendo de a poco el entretenimiento en salas. Se veía venir una ola de tecnología que crecía a pasos agigantados en los 90 y lo que para algunas personas significaba temores para otras significaban oportunidades.

JOAQUÍN HERNANDEZ es un reginense que supo encontrar su vocación dentro del mundillo de los videojuegos y las películas. Actualmente trabaja en su propio estudio TAPE ONE, es diseñador de sonido especializado en diseño de ambientes y efectos; nos contaba que »hasta hace 5 años los videojuegos estaban solo enfocados en la programación, con las carreras universitarias se está dando el enfoque correcto al arte en general. Música, sonido, fotografía, diseño de personajes, animadores, etc.»
Le preguntamos cuanta gente suele trabajar en el desarrollo de un videojuego y nos contaba que »la cantidad de personas por equipo va a depende del rango del juego. Un juego ‘indie de bajo presupuesto’ puede tener una sola persona como puede tener hasta 4/5… uno ‘indie de mayor presupuesto’ ya tiene departamentos mas específicos y los más grandes ya es uno con inversión comercial de productora así que pueden ser de 40 a 150 o más.»
Podés ver y escuchar trabajos realizados por Joaquín en la siguiente cuenta de Youtube:

https://www.youtube.com/c/NorNoise/featured

Compartimos un reel producido en TAPE ONE

Trabajo realizado por TAPE ON

La industria gamer y de la animación son oportunidades para muchísimas personas. Personas talentosas que crean diferentes formas de diversión tanto para grandes como para lxs más pequeñxs, porque jugar no es »cosa de chicxs»



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    D’Alessandro es ahora diputado provincial en territorio puntano y, en su reemplazo, asumió Álvarez en diciembre pasado. En tanto, González integró la fugaz bancada que su colega diseñó con Marcela Pagano y Lourdes Arrieta cuando parecía que tambaleaba Menem en la Cámara Baja, entre los folclóricos episodios de las piñas de Oscar Zago con Lisandro Almirón y las derrotas legislativas antes de las elecciones de octubre.

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    Ramón Carrillo: el médico que quiso curar la pobreza y terminó perseguido por haber puesto la salud en manos del Estado

     

    Nacido el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero, Ramón Carrillo fue el cerebro sanitario del primer peronismo. Desde el Ministerio de Salud impulsó una revolución en hospitales, campañas sanitarias y medicina social que cambió la historia argentina. Pero su proyecto de salud pública chocó de frente con los intereses de las élites médicas, económicas y políticas. El resultado fue una campaña de odio que buscó borrar su legado.

    Por Walter Onorato

    El 7 de marzo de 1906 nació en Santiago del Estero un médico que cambiaría para siempre la historia sanitaria argentina. Ramón Carrillo no fue simplemente un funcionario más dentro del engranaje estatal: fue el arquitecto de una de las transformaciones más profundas del sistema de salud del país y, al mismo tiempo, uno de los blancos predilectos del odio político que desató el antiperonismo después de 1955.

    Neurocirujano prestigioso, formado en la Universidad de Buenos Aires y con reconocimiento académico internacional, Carrillo parecía destinado a una carrera científica brillante y tranquila. Sin embargo, eligió un camino mucho más incómodo: llevar la medicina al terreno de la política y convertir la salud pública en un derecho social.

    Ese giro se produjo cuando conoció a Juan Domingo Perón en el Hospital Militar Central en 1944. Perón quedó impactado por el pensamiento del médico santiagueño, que sostenía una idea radical para la época: las enfermedades no podían comprenderse sin analizar las condiciones sociales en las que vivía la población.

    Cuando Perón asumió la presidencia en 1946 lo convocó para dirigir la Secretaría de Salud Pública. Tres años más tarde, al elevar ese organismo al rango ministerial, Carrillo se convirtió en el primer ministro de Salud de la Argentina.

    Desde ese lugar desplegó un proyecto sanitario que rompía con décadas de abandono estatal. Hasta entonces, gran parte del sistema de salud argentino estaba basado en hospitales de beneficencia o instituciones privadas, donde el acceso dependía muchas veces de la caridad y no de un derecho garantizado.

    Carrillo propuso lo contrario: construir un sistema sanitario nacional que llegara a todos los rincones del país.

    Su programa partía de un principio que hoy parece obvio, pero que en aquel momento era profundamente disruptivo. “No puede haber política sanitaria sin política social”, sostenía. Para él, las enfermedades no eran meramente problemas biológicos sino el resultado de condiciones estructurales como la pobreza, la mala alimentación, la falta de vivienda digna o la ausencia de agua potable.

    Bajo esa lógica impulsó una política sanitaria integral que combinaba infraestructura hospitalaria, prevención, campañas de vacunación y educación sanitaria.

    El impacto fue inmediato.

    Durante su gestión se construyeron decenas de hospitales en todo el país y se multiplicó la cantidad de camas hospitalarias disponibles. Entre 1946 y 1951 se levantaron más de veinte grandes hospitales con unas veintidós mil camas nuevas, algo inédito en la historia sanitaria argentina.

    La expansión hospitalaria estaba acompañada por una red de institutos especializados y centros de atención que buscaban llevar la medicina a regiones que durante décadas habían estado completamente abandonadas por el Estado.

    Pero Carrillo no se conformó con levantar edificios.

    Su proyecto también incluyó campañas sanitarias masivas contra enfermedades que habían sido históricamente endémicas en la Argentina. El paludismo, por ejemplo, fue prácticamente erradicado en pocos años gracias a un agresivo plan de control epidemiológico.

    También se redujo drásticamente la mortalidad por tuberculosis y se combatieron epidemias como el tifus y la brucelosis. Las campañas de vacunación y los programas de prevención comenzaron a instalar una idea novedosa: la salud no debía limitarse a curar enfermedades, sino a evitar que aparecieran.

    Los resultados se reflejaron en los indicadores sanitarios. La mortalidad infantil descendió de manera significativa durante la década peronista y las tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas cayeron de forma notable.

    Carrillo también impulsó iniciativas innovadoras para la época, como el Tren Sanitario, que recorría el país llevando atención médica, análisis clínicos y radiografías a poblaciones rurales que nunca habían tenido acceso a un médico.

    En paralelo promovió la producción estatal de medicamentos a través de una empresa pública destinada a garantizar remedios a bajo costo. La lógica era simple pero profundamente disruptiva: la salud no podía quedar subordinada a la lógica del mercado.

    Muchas de estas políticas se articularon con la Fundación Eva Perón, que construyó policlínicos, hogares para ancianos y centros sanitarios en todo el país. Mientras el Ministerio de Salud diseñaba la política sanitaria, la fundación ampliaba la red de asistencia social.

    El resultado fue una expansión sin precedentes del acceso a la atención médica para los sectores populares.

    Pero ese mismo proyecto que transformaba la salud pública generaba resistencias cada vez más fuertes en determinados sectores del poder.

    La derecha argentina nunca le perdonó a Carrillo tres cosas.

    La primera fue su convicción de que el Estado debía intervenir activamente en el sistema sanitario. Su modelo chocaba con los intereses de sectores médicos ligados a la práctica privada y con empresas que veían en la salud un negocio.

    La segunda fue su identificación política con el peronismo. Carrillo no era un técnico neutral: era un funcionario comprometido con un proyecto de justicia social que buscaba ampliar derechos para las mayorías.

    La tercera razón del rechazo fue más profunda. Su concepción de la medicina desafiaba directamente la estructura social argentina. Al afirmar que la enfermedad estaba ligada a la pobreza, Carrillo señalaba una verdad incómoda: la salud no podía resolverse sin transformar las condiciones de vida.

    Ese enfoque convertía la política sanitaria en una herramienta de transformación social.

    Cuando el golpe militar de 1955 derrocó a Perón, el nuevo régimen inició una ofensiva sistemática contra todo lo que oliera a peronismo. Carrillo, como uno de los símbolos del proyecto social del gobierno depuesto, quedó inmediatamente en la mira.

    Muchos de los proyectos sanitarios que había impulsado fueron abandonados o desmantelados. Obras hospitalarias quedaron inconclusas y programas de prevención se desarticularon.

    La persecución política y el clima hostil lo empujaron al exilio. Carrillo se instaló en Brasil, donde murió en 1956, apenas un año después del golpe.

    Murió lejos de su país, enfermo y prácticamente olvidado.

    Durante décadas su nombre quedó relegado en la historia oficial, víctima de la misma lógica de borramiento que el antiperonismo aplicó a buena parte de las políticas sociales del primer peronismo.

    Sin embargo, el tiempo terminó colocando su figura en el lugar que le corresponde.

    Hoy Ramón Carrillo es reconocido como uno de los grandes fundadores del sanitarismo argentino. Su visión de la salud como derecho social anticipó conceptos que décadas más tarde se convertirían en principios fundamentales de la salud pública moderna.

    La paradoja es evidente.

    El médico que dedicó su vida a demostrar que la enfermedad no puede separarse de la injusticia social terminó convertido en un enemigo político por haber intentado curar algo más profundo que las dolencias del cuerpo: la desigualdad estructural de la sociedad argentina.

     

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