VIAJE CON MALBEC

VIAJE CON MALBEC

En esta oportunidad, Facu Gagliano, sommelier internacional nos muestra el mapa del Malbec en Argentina. Para leer con la agenda y el mapa a mano.

Argentina es un país que presenta una gran diversidad climática y geográfica, la Malbec puede expresar estas diferencias en los vinos que se elaboran con ella en todo el ejido Nacional. Plantado en toda la Argentina, de norte a sur cambia de sabor según la región.

El mapa del Malbec es fascinante y te garantiza un viaje fantástico por toda la Argentina, expresando en cada vino las condiciones climáticas y geográficas, como así también las culturales de cada zona en particular.

Les obsequio un pasaje y los invito a disfrutar de este viaje por la argentina al malbec.

Patagonia

Una de las regiones más australes del mundo. Los malbec de Neuquén, con viñedos de menos de 30 años, presentan un elevado color, aromas a fruta maduros y buen cuerpo con frescura media. Mientras que los malbec del alto valle del Río Negro, son más violáceos, con fruta roja y negra no tan madura, notas herbales y frescas con una boca cuerpo medio y acidez más vivaz que se traduce como más frescura y taninos más firmes. 

El NOA argentino

El Malbec del NOA, debido a la altura en la que se lo cultiva, es tan singular como fascinante: de gran intensidad de color violeta; en aromas ofrece notas fuertes de especias y de fruta madura a cocida, como de mermeladas, mientras que en la boca da mucho cuerpo. Algunos son de altura extrema, más de 2200 metros sobre el nivel del mar.

Mendoza

El 85% del Malbec argentino es mendocino, es decir que de 85 de cada 100 botellas de Malbec son de Mendoza.
Malbec de Luján de Cuyo (900 y 1100 MSNM), se presenta violáceo, con fruta madura, de buen cuerpo, frescura moderada y taninos amplios y amables. El clásico malbec que conquistó el mundo.
En Valle de Uco encontramos viñedos desde los 1100 y hasta 1500 metros. La zona imprime un carácter diferente se presenta con un violeta brillante, aromas a frutas frescas, rojas y negras, con algo herbal y floral. Su cuerpo es medio a buen cuerpo, acidez un poco más marcada.
El Este mendocino entre los 550 y los 800 metros, el calor del verano propone vinos de color rojo de intensidad media, maduros e imponentes en aromas, cuya riqueza alcohólica combinada con frescura moderada.

San Juan

La segunda provincia productora de vino argentino. Con valles muy importantes como los son el Pedernal, entre 1200 y 1500 MSNM ofrece marcados en la frescura y la intensidad; nada que envidiar a los del Valle de Uco y los del valle de Ullúm, a 500 MSNM otorga Malbec de buen cuerpo e intensidades medias.

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  • No lloren por mi, yo no voy a llorar

     

    Sanatorio Mater Dei, Palermo Chico, Ciudad de Buenos Aires. Miércoles 17 de junio de 2026. Apenas dos días después de haber recibido el alta, Samuel Chiche Gelblung fue reinternado de urgencia por un cuadro confusional y líneas de fiebre. Se había caído en su casa, se había golpeado el ojo izquierdo, había sido tratado por una trombosis en el tobillo durante casi un mes. La situación había empeorado hasta llegar a terapia intensiva y la colocación de dos stents en una pierna. 

    El 15 de junio, Chiche se presentó en los estudios de Crónica TV en silla de ruedas y con sus eternos tiradores. Sus compañeros lo recibieron con un brindis y aplausos. En Chiche en vivo por Net TV aseguró que se había recuperado. Y en su ciclo 70 20 Hoy por Canal 9 disparó ante su colega Mercedes Cordero las frases que lo devolvieron al protagonismo mediático: “Si había que perder el pie, lo perdía. El primer médico que me ve, me dice: ‘Estás golpeando las puertas del cielo’. Sentí que querían matarme. Le pregunté: ‘¿Vos me estás hablando de la vida o de una pierna?’ ‘No, te estoy hablando de la vida’”. 

    Cuando Cordero le preguntó por qué había vuelto a trabajar, Chiche respondió: “Porque me sentía en deuda… tenía que devolver todo el afecto que recibí… Yo ya estaba resuelto que si había que perder el pie, lo perdía. Antes de entrar al quirófano, yo le dije a mi mujer: “Yo creo que se va a perder el pie, pero si es el precio para que salgan las cosas bien, vamos”. Pero además se produjo una cosa insólita: era una batalla entre el cirujano vascular que estaba tratando de salvar el pie, y el traumatólogo que quería sacar el pie. Estaban decidiendo si era abajo de la rodilla, arriba de la rodilla. Eso no era al pie, era la pierna.”

    Para un editor periodístico y alguien que también editó su propia vida y supo cortar y confeccionar como un sastre, la referencia al corte de pie o de pierna, dicha en plena euforia mundialista, remite necesariamente a la saga mística maradoniana. Chiche dijo todo eso a una semana de que se cumplieran los cuarenta años de La Mano de Dios, el comienzo de la sacralización de Diego Armando Maradona, que tuvo su correlato necesario en el antidoping positivo del Mundial 1994, cuando Diego lanzó su célebre frase: “Me cortaron las piernas”. 

    Así, a los 82 años, Chiche Gelblung fue preparando el terreno para editar, acaso también, su paso a la inmortalidad. Él, su propio cirujano, ya no el vascular ni el traumatólogo, sino el periodista, relativiza el dolor, le quita peso al melodrama, parece decir: No lloren por mí. Yo no voy a llorar.

    Pero hay algo más: las frases que Chiche repite en la entrevista más de una vez, antes de hacer una pausa y mirar a su colega, y que reitera en otras apariciones, tienen un efecto poderoso: van a ser viralizadas, y eso lo sabe alguien que fue mediático antes de que la expresión “ser mediático” existiera. Al  decir “golpeando las puertas del cielo”, una frase bíblica hecha canción por Bob Dylan pero que la cultura pop y rockera de los 90 conoció en la versión de Guns N’ Roses, Chiche —que supo mucho sobre cómo llegar a la gente con golpes de impacto— musicalizó su propio drama. Tal vez atendiendo a lo que Raúl Urtizberea, su jefe en editorial Atlántida, donde dio sus primeros pasos en 1966, le dijo: “No sé si te irá bien en la letra, pibe. Pero vos tenés la música”. El pibe Gelblung tenía entonces 22 años, se había infiltrado en una reunión privada del entonces presidente Arturo Illia y obtuvo, “por izquierda”, su ansiada primicia. La música y el olfato. Pero no sólo eso, sino que parece haber escrito un guión al que sólo le faltaba el final. 

    Y el final llegó para recordarnos que nadie es inmortal aunque haya prendido mil velitas pidiendo seguir vivo para siempre; o, como él mismo dijo alguna vez, para vivir “doscientos años” (algo así como una larga procrastinación de la muerte). Llegó el miércoles 9 de septiembre de 2026, a los 82 luego de una nueva internación en el Sanatorio Los Arcos por un nuevo episodio respiratorio. La última. Fue lo que pudo un cuerpo.

    Lo que sigue es un repaso por los mojones dispuestos en el camino de un hombre que fue “hacedor de sí mismo”, como se lee en su libro Manual Chiche. Llegó la hora de explicarlo todo (Ediciones B, 2006), escrito “con la colaboración de Fernanda Kersman”. 

    Allí escribió: “Estoy convencido de que hay que trabajar hasta el día que te mueras… El parar es un pasaporte a la muerte”.

    Chiche Gelblung fue el hijo de un comunista industrial del cuero y una madre judía religiosa que sólo terminó la escuela primaria. El chico de 14 años que,  como no soportaba más “el llanto de la abuela” que culpabilizaba al padre ”por todo”, dejó la casa familiar en el barrio de Villa Devoto para irse a vivir a un depósito de huevos podridos, feliz de forjar su propio destino. El que hizo de todo para sobrevivir y descubrió muy joven su gran poder de venta (vendió desde costureros hasta kits de fantasías para chicas) que luego aplicaría a su profesión deseada . El que se hizo cargo de su hermana menor Olga luego de la muerte de su hermano. El que se propuso seguir su pasión de “trabajar de periodista” y no paró hasta convertirse paulatinamente en testigo privilegiado, actor, transgresor de todos los límites, capaz de maltratar en vivo con evidente fastidio a periodistas de las nuevas generaciones, consciente de sus propios actos y de su capacidad narrativa, hábil constructor, gran vendedor de noticias, provocador, inventor de un modo de hacer periodismo — polémico, denostado y revalorizado— , infiel “serial” asumido y escandaloso. Fue también esposo, casado dos veces, primero con María Inés Velazco y luego con la modelo Cristina Seoane, hasta que la muerte los separó. Padre de tres y abuelo de siete. Humano, demasiado humano. Y algo excéntrico: coleccionista, acumulador, declaró que llegó a tener 3 mil lapiceras y mil corbatas. Se tatuó una estrella en el dedo índice de la mano izquierda. Lo hizo en vivo en diciembre de 2013 en su programa en C5N, de la mano del tatuador Mariano Antonio (fundador de American Tattoo). Quería hacerse un anillo, pero se lo desaconsejaron porque, dijo, su piel tenía capilaridad débil y sangraba mucho.

    Consciente de su poder camaleónico, escribió: “Toda persona que decida tomar las riendas de su vida debe hacerse cargo de componer el personaje que desea representar” y advirtió sobre el peligro de “transformarse en una caricatura de sí mismo, para impedir que el personaje se coma al titiritero”. 

    Acto I. Entre guerras

    Tuvo una vida intensa, llena de peripecias y anécdotas para contarle a sus nietos y a una gran audiencia que lo siguió en distintos medios gráficos, radiales y televisivos. En 2025 recibió el Martín Fierro al mejor magazine por cable. Fue un total autodidacta y un “pillo”: fraguó un título secundario para estudiar periodismo y se reconocía un gran lector. No entendía por qué las nuevas generaciones no leían nada y les reclamaba la falta de perspectiva histórica. El hombre de la voz arrastrada que, ya a los 20, se sentía de 60. Como si hubiera estado cansado desde siempre.

    Tenía 21 años cuando, con el seudónimo de Mariano Ovejero —con el que también cantó tangos en La botica del Ángel, de Bergara Leumann, antes de ser obligado a elegir entre el periodismo y el canto—, fue corresponsal de la Guerra de los Seis Días. El conflicto relámpago enfrentó a Israel con una coalición de repúblicas árabes conformada por República Árabe Unida (Egipto) Jordania, Siria e Irak, entre el 5 y el 10 de junio de 1967, que terminó con el triunfo de Israel y cambió para siempre la geopolítica de Oriente Medio. La postura de Chiche siempre fue de apoyo a Israel, un posicionamiento que se endureció luego del 7 de octubre de 2023.

    En una entrevista con Padro Rosemblat para Gelatina en noviembre de 2025, resumió los motivos de su postura: “Si a los veinte tenías 60, a los 80 qué te preocupa. Las mismas cosas: me molesta la pobreza, me molesta la incultura, me jode la injusticia. Todo eso no ha cambiado. Obviamente hay menos gente que se muera de hambre, el futuro de la gente gorda. Yo conozco África como si fuera la Argentina, y yo veía el hambre, veía a los chicos con las panzas hinchadas por el hambre, hoy no pasa eso, más o menos no pasa, pero siguen muriéndose, siguen matando, sigue habiendo la estupidez del antisemitismo”. 

    Había cubierto la Guerra de Biafra (1967-1970) y estuvo dos veces en Vietnam. “Pude escaparme en un avión de China Airlines, bajé del avión, nos cagan a tiros, conseguimos refugiarnos en un hotel abandonado. Cuando llegamos a Tailandia, no podía parar de llorar, toda la tensión que había pasado me llevó un día llorando”.

    También participó de la búsqueda de los restos del Che Guevara y, según contó en una de sus últimas entrevistas, dejó de hacer esos viajes de riesgo cuando tuvo su primer hijo. “Antes de tener hijos sos invulnerable, después te volvés vulnerable. ya cuando tenés tu primer hijo, te empezás a cuidar”.

    Ya hacía mucho tiempo que era abuelo y tenía 78 cuando, en un gesto que puede considerarse auto paródico y sin duda, de alto impacto, viajó a Ucrania para cubrir la guerra contra Rusia, donde destacó que se trataba de un conflicto “al viejo estilo”, en el que un país invadía al otro. «Nunca sale bien para el invasor”, destacó. Hubo memes en X mostrando algunas torpezas del periodista “grande”, pero que terminaban con mensajes cariñosos. 

    Acto 2. Gente y la campaña antiargentina

    Chiche Gelblung dirigió la revista Gente en los años más duros de la última dictadura militar. Él mismo viajó a Francia para entrevistar a los organismos que denunciaban las violaciones a los derechos humanos y luego publicó una nota titulada: “Cara a cara con los jefes de la campaña antiargentina”, la denominación con la cual se intentó contrarrestar el peso de las acusaciones contra la Junta Militar en el exterior. Su postura no tuvo demasiadas variaciones en el tiempo. Un caso emblemático del uso que editorial Atlántida hizo de la figura de los desaparecidos fue el de Alejandrina Barry Mata. Sus padres fueron secuestrados y desaparecidos como parte de una serie de operativos en Uruguay y, en una causa por delitos de lesa humanidad, ella denunció a distintas publicaciones que la expusieron cuando aún era una adolescente y también falsearon información. Como esta nota de la revista Gente, donde se hablaba de sus padres como «dos asesinos». 

    Otro caso fue el haber fraguado la noticia de la muerte de Norma Arrostito. Norma fue una de las fundadoras de Montoneros y había participado en el secuestro de Pedro Eugenio Aramburu. Gente publicó que la habían matado en diciembre de 1976, cuando en realidad había sido secuestrada, trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y asesinada en enero de 1978. Sin embargo, hasta el regreso de la democracia, no se supo que la noticia era falsa. Hoy Norma permanece desaparecida.

    Chiche se defendió en una entrevista que le hizo Claudia Acuña para la revista Mu, en la que, entre otras cosas,  dice no recordar haber participado de la edición de la nota sobre Barry. Reconoce que había presiones de la Armada y que sí había colegas que se reunían con militares y hasta presenciaban sesiones de tortura. Pero no él. Se despega.

    También contó que el comandante de la Marina, Emilio Eduardo Massera, se la tenía jurada porque él había descubierto su relación con la escritora Marta Lynch y por eso sufrió “una persecución de la Armada hacia mí”: tres atentados con bombas en 1976 durante, como siempre denominó al período genocida, “el proceso”.

    Pese a algunas confusiones sobre su participación como corresponsal en la Guerra de Malvinas o el haber estado al frente de la otra guerra mediática, la de la revista Gente que apoyaba al gobierno militar en el conflicto bélico, para 1982 Chiche ya no dirigía esa revista, sino La semana, de editorial Perfil. Según declaró, sus discusiones con integrantes de la Armada lo llevaron a un breve exilio entre 1982 y 1983. 

    Acto 3. La autopsia del extraterrestre

    Casi veinte años después, en plenos 90, Chiche Gelblung debuta en Canal 9 con Memoria, un ciclo que al principio cocondujo con Silvia Fernández Barrio y en el que inauguró un estilo televisivo propio que iba a hacer historia: una combinación de hechos desopilantes y aprovechamiento de los avances tecnológicos, algo a lo que siempre estuvo atento. 

    En 1995 se convirtió en el autor de la primera fake news de la televisión argentina, aunque con un aditamento importante: la intención de aleccionar, de mostrar que la tecnología permite el engaño. Gustavo Yankelevich, por ese entonces dueño de Telefé, viajó a Estados Unidos para comprar un video en el que se mostraba la autopsia de un presunto extraterrestre, algo que “la CIA esconde”. El informe se emitió en el programa Siglo XX Cambalache, presentado por Fernando Bravo. Las imágenes en blanco y negro muestran a un extraterrestre que es abierto al medio y de quien se extraen las vísceras que luego Chiche explicará que consistieron en “tres kilos de menudos de pollo”. Antes de finalizar la emisión, la pantalla se torna en color, Chiche entra en el estudio y dice que todo era una puesta en escena. 

    Sin dudas, las cosas del espacio exterior lo atraían. Se mostró dispuesto a viajar a la Luna en un proyecto de la NASA. En 2023, entrevistó en Crónica TV a un Javier Milei candidato y le preguntó: “¿Vos sos un humano o un marciano?”.  Indagó sobre el valor de las cosas, como el precio de un litro de leche o un viaje en colectivo: “¿Sabés cuánto vale una jubilación mínima?” “No”. Todas las respuestas fueron negativas. Fue uno de los pocos periodistas que dejó en offside a Milei y lo hizo aparecer avergonzado. Una cancha, la del set de televisión, que el periodista conocía de memoria y en la que llevaba, claramente, ventaja. 

    Acaso Gelblung haya leído El 18 brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx, y se le ocurrió aplicar en su trayectoria aquel principio de que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. Así puede leerse la parábola de su vida. Acaso el títere “se comió” al titiritero. O quizás se hayan fusionado en un solo y auténtico “chiche”.

    La entrada No lloren por mi, yo no voy a llorar se publicó primero en Revista Anfibia.

     

  • Una excursión a los farmeadores de aura

     

    En la Plaza Grigera, en Lomas de Zamora, la primavera asoma el hocico. El sol dejó la hibernación y se decidió a laburar después de tres meses tapado de nubes. Como alentados por Billy Bond, los vecinos salen al sol. Buscan unos rayitos, como queriendo suplir la vitamina D que, dicen, se agotó en las farmacias. En la plaza hay una feria de emprendedores que emprenden contra la voluntad de una economía decadente, hay juegos para infancias con mamis y papis que tratan de agotar las energías de sus criaturas antes de volver a casa y hay un caminito cubierto por una glorieta. La glorieta, milagro de la física, aguanta el peso de unos cincuenta adolescentes que le dan la espalda a la plaza y a los juegos con los papis, las mamis y las criaturas. Miran, en cambio, a la cancha de básquet con un solo aro. Tienen la vista privilegiada de los plateistas, porque alrededor de la cancha hay un círculo imperfecto de varios cientos de personas que vino a buscar la última moda, el rocanrol de la generación Z, los floggers de las postpandemia. Rodeando la cancha de básquet, niñas, niños, madres, padres, otakus, hinchas de Los Andes, pibes vestidos con ropa de pibas y pibas con cruces pintadas en la cara, observan a dos personas. Esperan que de alguno de ellos brote esa cosa rara llamada aura.

    ***

    —Lo bueno de esto es que la gente está empezando a salir, que se juntan. Que salen y eso. Después de una época muy dura, la del coronavirus, donde los chicos no salían… que salgan ahora está buenísimo.

    La idea apareció como las mejores ideas: en joda. En estos tiempos de hibridación entre lo digital y lo tangible, las jodas cobran vida propia.

    La frase podría ser el análisis de un sociólogo en un stream, pero no. La dice una de las tres organizadoras de la batalla de farmear aura en Lomas. Tienen quince y dieciséis años. Sus usuarios de Instagram te hacen dudar si son de este planeta: Lissufuerabasadda, _Sleepyblunt y Vhh4a. No tienen solo nombres de personaje de Mad Max, las ropas también van por ahí. No entenderlas solo significa una cosa: andá a hacerte un chequeo médico. 

    La idea apareció como las mejores ideas: en joda. Vieron por las redes que las batallas se estaban viralizando por las plazas de Argentina y pensaron lo obvio: “¿Por qué no hacemos una acá?”. En estos tiempos de hibridación entre lo digital y lo tangible, las jodas cobran vida propia. Terminator llora y lo que pasa en las redes sale a la calle. El flyer salió de su círculo, se llenó de likes, comentarios y reposteos. La invitación también parece venida de otro planeta: del planeta IA de donde viene el poster con la promo de la fiambrería, los horarios de la profe de yoga y una batalla para farmear aura. El desafío era simple. ¿Tenés aura? Demostralo y hace historia. Los premios, tentadores: un pancho para el primer puesto, un chupetín para el segundo y un caramelo para el tercero.

    Cuando las batallas terminan, una de las organizadoras se acerca al centro del ring, se para entre los competidores, los toma de las manos y levanta la del ganador. Como en el boxeo, pero sin tocarse ni hablarse. Solo haciendo movimientos que solo ellos parecen comprender.

    —Determinamos quién ganó por la presencia y por los aplausos de la gente. Vimos que muchos se copiaban entre ellos y eso es como… estás copiando el aura. Y el aura tiene que nacer.

    Para las tres organizadoras, cuando la repetición aparece, el aura se aleja. Pero, un momento: esto ya lo leímos. Hace noventa años, en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, el crítico alemán Walter Benjamin llegó a una conclusión similar sobre las copias artísticas. “Podría afirmarse que en la era de la reproducción técnica de la obra de arte, lo que se atrofia es aura”, escribió. Para él, aura es “la manifestación última de una lejanía, por cercana que pueda estar”. En la distancia emana el aura, así como para la escritora Rebecca Solnitt en la lejanía habita el anhelo que nos da vida. Bejamin no conoció TikTok ni la inteligencia artificial ni Lomas de Zamora y difícilmente las organizadoras de la batalla hayan estudiado El libro de los pasajes. Pero todos ellos coinciden en algo que contradice a la época: en la repetición el aura estalla y se rompe. 

    ***

    Brazos flexionados, codos pegados a las costillas y palmas levantadas. Cuando una mano sube, la otra baja, como una balanza. Con la cabeza levantada, mira hacia donde está su oponente. Repite el movimiento y sonríe. Ahora es el turno del otro. Levanta la mano y se lleva el índice de la mano derecha a la punta del maxilar. Inclina levemente la cabeza hacia su hombro izquierdo mientras el dedo baja lentamente hasta la mandíbula. Cuando llega a la boca, retira unos centímetros el índice, lo centra entre sus labios y hace un movimiento hacia atrás y hacia adelante. El significado es universal: silencio, callate la boca. Cada gesto es acompañado por el grito del público. Un círculo que reúne a cientos de personas. Gritan ooooooh. Gritan uuuuuh. Aplauden.

    A ese primer movimiento le llaman six seven. Seis siete en criollo. Hay quienes dicen que viene de una canción del rapero Skrilla, otros explican que su origen está en el video de un basquetbolista de la NBA. En la plaza de Lomas, esta pregunta, como muchas otras, tiene una respuesta simple —que viene acompañada de esa cara que te hace sentir que hiciste la pregunta más boluda de todas, esa que solo los adolescentes pueden poner—: de TikTok. TikTok farmea aura. O, al menos, de ahí vienen la mayoría de los movimientos que hacen en las batallas.

    No sé si Dios será digital, pero es interesante ver como se cruza lo que ocurre en las pantallas con lo que pasa en las calles. Como si “Tlon Uqbar Orbis Tertius” hubiera cobrado una deriva inesperada. Farmear viene del inglés to farm, algo así como cosechar, un término propio de los videojuegos como el Age of empires. Sí, el que jugaba Manuel Adorni antes de mandarse a construir casas con cascadas de un discutible criterio estético. El origen de la palabra aura es más complejo. Para la Real Academia Española tiene cuatro significados: 

    1. Viento suave y apetecible. 

    2. Hálito, aliento, soplo. 

    3. Favor, aplauso, aceptación general. 

    4. Halo que algunos dicen percibir alrededor de determinados cuerpos y del que dan diversas interpretaciones.

    Para las organizadoras de la batalla la respuesta es otra: 

    —Farmear aura es presencia, actitud. Es alguien que impone, que impone mucho poder. 

    ***

    Iván Alejo Paz es de Villa Albertina y se considera el campeón de farmear aura de la jornada. Tiene un punto: de todos los que pasaron a lo largo de la tarde, es el que más levantó a la gente. El pico de su pedo fue cuando, después de hacer flexiones de brazo aplaudiendo luego de cada estiramiento, se acercó a su mochila, metió la mano como quien va a extraer un arma, una bomba o una rosa, esperó, siguió esperando y sacó un Minion. Después de la batalla le pregunto si fue su primera vez farmeando aura. 

    —Se hace ya desde nacimiento. Yo vengo intentando destacar en la sociedad desde siempre. Esto de llamar la atención para mí no es desde hace poco, yo desde chiquito quiero llamar la atención y esto es una muy buena oportunidad —me dice. 

    Iván Alejo también tiene un nombre a lo Mad Max en sus redes: Nae Plug. Habla, como buen adolescente, como si tuviera la eternidad por delante. Del cuello le cuelgan dos rosarios: uno corto, por debajo de la garganta; el otro largo, hasta la boca del estómago. 

    —Bueno, no sé. Es que ahora por Agus Fortnite está de moda. Además me queda fachero —me contesta cuando le consulto si es religioso.

    Conocido en sus redes como @agusfortnite2008, es un músico de dieciocho años que hace una mezcla de trap, hip hop y electrónica. Su estética cruza la psicodelia con la religión. Hace un mes sacó Perdiendo rasgos adolescentes, uno de los comentarios en Youtube dice: “así se sintieron mis abuelos cuando Spinetta sacó Artaud”. En 2022, en una entrevista en Página/12, le preguntaron por qué se llamaba así y respondió: “Porque me llamo Agustín, y me gusta mucho el Fortnite. Vi que nadie se llamaba así, y decidí hacerlo. Y el 2008 fue porque me parecía un buen año, una gran época para los floggers y emos”. 

    Iván Alejo Paz o Nae Plug también quiere ser trapero. Como Benjamin y las organizadoras de la batalla, entiende el aura relacionada con la autenticidad. 

    —Vengo practicando esto desde hace una semana, sabiendo lo que voy a hacer. Quise meterle un poco de originalidad y no ver lo que hacían los otros participantes. Farmear aura es ser uno mismo, demostrar cómo sos. Yo creo que es eso.

    ***

    Hace unos minutos, alguien disfrazado de caja cruzó por el espacio en el que un niño y una niña descubrían qué se siente ser observados por muchas personas a la vez. No fue la única batalla entre menores de diez años, ahí el aura se traduce en ternura y risa fácil, aun cuando caen en la cuenta de lo que están haciendo y se los come la vergüenza. Te invito a farmear timidez, no faltes. Cuando pasan niños, el chupetín es para ambos.

    La persona disfrazada de caja aparece en la siguiente batalla. Se le ven las piernas y los brazos, de la cintura para arriba es un rectángulo de cartón amarillo. “Bob Esponja, Bob Esponja”, le gritan los pibes que están subidos a la glorieta. La persona disfrazada de caja intenta negar con las manos, pero nadie le da bola. Parece Bob Esponja pero no es Bob Esponja. Es lo que vemos: una caja de color amarillo rabioso con una cara, demasiado chica, pegada en el medio. Es una cara de esos primeros memes que se viralizaron hace no sé cuántos años. Esos dibujos de pocos trazos que intentaban representar expresiones exageradamente deformes, muy usadas en la primera hora de las redes sociales. En la batalla, la caja está perdiendo. En un intento de gesto heroico, la persona que hay debajo intenta sacarse el disfraz para buscar su aura con mayor comodidad. Aparece una adolescente vestida con un saco negro. Al mismo tiempo que tira la caja, se da vuelta para pedir algo entre el público. Alguien le acerca una boina estilo mafioso gitano de Birmingham. Pero es tarde, pasó el tiempo y no hizo ningún movimiento. Se quedó sin tiempo y sin aura.

    Desde la gente salta un enmascarado. Tiene sobre la cara una de esas máscaras hiperrealistas que, bien puestas y con una capucha, pueden lograr que tu tía te confunda con Brad Pitt o con Leandro Paredes. En este caso el efecto no es tan realista, a menos que estemos ante un resucitado: la máscara es de Diego Armando Maradona. De la glorieta baja el “Diegoo, Diegoo”. Sí, viejo maradoniano, se puede quedar tranquilo, las nuevas generaciones conocen a D10S. El Diego no va a batallar solo. Por primera vez en la tarde, la disputa se hace en parejas. Dos contra dos. Poder de los gemelos fantásticos, actívese: en forma de cubeta de agua, en forma de trapo de piso. El aura solo es real cuando es compartido, podría decir el protagonista de Into the wild. El aura es colectivo, coincide El Eternauta. Los competidores hacen los mismos movimientos pero ahora subidos uno arriba del otro o tratando de coordinar las manos entre sí. No parece fácil. No hay una pareja ganadora por unanimidad. Las organizadoras eligen a los ganadores. ¿Qué pasa si eligen a uno distinto al favorito del público? 

    —Elegimos a un ganador y como que a la gente no le gustó. Pero los otros, tipo, habían dicho muchas cosas. Tipo cosas que no daban. Le dijeron que tenía papada y eso son cosas que no. Farmear aura es algo para divertirse y para atacar a la gente la verdad que no.

    El aura no opina de cuerpos ajenos.

    ***

    A la siguiente batalla nadie le presta atención. Porque de la glorieta empieza a bajar una invocación. Alguien la vio, entre el público, en primera fila. Los dos pibes siguen tratando de farmear algo pero no consiguen que nadie les dé bola. Uno tiene el pelo como un flogger y la camiseta de Paraguay. Puede resultar extraño, pero hoy el peinado flogger es un estilo retro. Los de la glorieta gritan, piden, imploran. Corean: abueeeeela, abueeeeela. En primera fila una señora rubia, de pelo corto, con un pequeño rosario en el pecho y buzo de la selección, observa con atención. Primero no responde al llamado. Después dice que no, que de ninguna manera. Entonces el público comprende que tiene una tarea: que esa tarde, en esa plaza, la señora farmee aura. Sale la melodía de Pet Shop Boys a la cancha y con ella cantan, como durante el Mundial en Qatar: abuela lalala lala.

    La batalla a la que nadie presta atención termina sin que nadie se entere. Ahora la señora responde a los gritos de la tribuna. Levanta la palma de la mano izquierda, cierra el puño de la derecha y golpea una contra la otra. Paguen. Lo que ofrece la otra parte son más gritos: abueeela, abueeela. Y otra vez la melodía de Pet Shop Boys. La señora sigue firme y hace el mismo gesto. Así no hay negociación posible. Entonces alguien sale de entre la gente y se acerca corriendo. Enlas manos lleva algo que podría ser un pájaro herido o una flor exótica. Lo que tiene es un rejunte de billetes mal acomodados. Los pibes de la glorieta hicieron una vaquita para convencer a la señora. Pero ella dice que no. Ahora está en un problema. Se acerca otra persona con más billetes, se los ve naranjas como los de mil. El mundo sigue dándole la razón a Darín en 9 reinas: lo que faltan son financistas. La señora parece no tener escapatoria. 

    Al centro de la escena salta otro enmascarado. Le cuesta hacerse ver, porque toda la energía, todo el aura, está puesto en convencer a la señora. Hasta que todos juntos ven la máscara del retador: es Cristina. Dos días antes de que se cumplan cuatro años de la noche en la que le gatillaron y la bala no salió, su cara aparece entre adolescentes que farmean aura. A la tribuna le encanta esa aparición. Y más todavía si el enfrentamiento es entre Cristina y la señora que todavía se niega a participar. Ya no tiene mucho margen, ella lo sabe y ellos también. Los gritos se vuelven más fuertes. Y dice que sí. Y el estruendo hace pensar que acaba de llegar Messi con Dibu Martínez. 

    A la señora le explican de qué va la cosa y ella dice que sí, que claro. Tres, dos, uno, a farmear aura. Arranca la señora que abre las piernas, bien estiradas, como haciendo un puente, deja caer el torso, con las manos toca el piso y espera. Gritos y aplausos. Es el turno de Cristina. Se acerca el índice a la boca —a la boca de la máscara— y lo aleja. Repite la acción. Ooooh, grita la gente. La señora cruza el brazo derecho por sobre su pecho como si quisiera señalar algo que está por encima de su hombro. Con la mano horizontal, cruza de punta a punta su cuello. Y el público enloquece. Cristina se acerca y recorre toda su mandíbula con el índice. No es suficiente. La señora se le acerca. Quedan cara a cara. Se lleva el dedo a los labios como diciendo que se calle, que vuelva otro día. Pero Cristina, con la máscara desacomodada, no se rinde. Alguien se acerca a separar, porque según las reglas no se pueden tocar. La señora vuelve a su posición original, con las piernas abiertas, bien estiradas. El público enloquece. La batalla termina. Una de las chicas organizadoras pasa al frente y les da las manos a ambos. Otras dos chicas corren y dan saltos alrededor de la señora, como si estuvieran en el ballet de Alicia en el país de las maravillas. La chica jurado espera unos segundos, pero sabe lo que quieren todos. Agarra la muñeca de la señora y la levanta. Ahora se abrazan con Cristina y el delirio es total. 

    La señora se llama Nora Quiroga, tiene sesenta y seis años. Dice que terminó en la plaza por una casualidad. Fue a hacer una denuncia a la comisaria porque le robaron los documentos pero no se la quisieron tomar. En cambio, la mandaron a tomar sol a la plaza. Ahí se encontró con los pibes que se habían juntado a farmear aura. Un vecino ya le había contado que había chicos que se estaban juntando para eso y, un poco en joda, le dijo que por qué no iba. Dice que le gusta hacerse rogar, que por eso hacía el gesto de pedir plata cuando le gritaban. “Igual yo no agarré la plata. Me gusta hacerme rogar”, aclara por las dudas. Es jubilada, pero —oh, sorpresa— sigue trabajando. Vende bijouterie, hace natación, boxeo y estudia idiomas.

    —Hago de todo. Cuando tenía treinta me sentía una vieja chota; ahora que tengo sesenta y seis me siento re joven.

    Nora tiene los ojos claros y habla sin quejarse. Se ríe de los policías que estaban tomando mate y le dijeron que el sistema estaba caído. Se ríe de la ovación que le dieron en las dos batallas en las que participó, la segunda junto a Iván Alejo Paz, Nae Plug. Todo terminó cuando un grupo empezó a saltar con ella al grito de abuela lalala lala. Terminaron un montón saltando con Nora por toda la cancha de básquet. Después los pibes y las pibas se acercaron a pedirle fotos o autógrafos. Ella, chocha. 

    —Mirá, no es soberbia pero estoy acostumbrada a ser el centro de atención. Según unas canciones que me dedican tengo actitud. Pero no, es lindo, es lindo. Me parece que es algo que viene de arriba ¿Entendés? Es algo que me manda Dios del cielo, porque he sufrido mucho en mi vida. Estuve veinticinco años tirada en una cama. No, no te pongas triste. Por un problema afectivo. Pero estoy bien ahora y disfruto de la vida. Tengo que recuperar todo lo que perdí y mi meta es vivir hasta los ciento cinco años por lo menos.

    Walter Benjamin no conoció a Nora, si lo hubiera hecho afirmaría, como yo, que tiene aura.

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