En esta oportunidad, Facu Gagliano, sommelier internacional nos muestra el mapa del Malbec en Argentina. Para leer con la agenda y el mapa a mano.
Argentina es un país que presenta una gran diversidad climática y geográfica, la Malbec puede expresar estas diferencias en los vinos que se elaboran con ella en todo el ejido Nacional. Plantado en toda la Argentina, de norte a sur cambia de sabor según la región.
El mapa del Malbec es fascinante y te garantiza un viaje fantástico por toda la Argentina, expresando en cada vino las condiciones climáticas y geográficas, como así también las culturales de cada zona en particular.
Les obsequio un pasaje y los invito a disfrutar de este viaje por la argentina al malbec.
Patagonia
Una de las regiones más australes del mundo. Los malbec de Neuquén, con viñedos de menos de 30 años, presentan un elevado color, aromas a fruta maduros y buen cuerpo con frescura media. Mientras que los malbec del alto valle del Río Negro, son más violáceos, con fruta roja y negra no tan madura, notas herbales y frescas con una boca cuerpo medio y acidez más vivaz que se traduce como más frescura y taninos más firmes.
El NOA argentino
El Malbec del NOA, debido a la altura en la que se lo cultiva, es tan singular como fascinante: de gran intensidad de color violeta; en aromas ofrece notas fuertes de especias y de fruta madura a cocida, como de mermeladas, mientras que en la boca da mucho cuerpo. Algunos son de altura extrema, más de 2200 metros sobre el nivel del mar.
Mendoza
El 85% del Malbec argentino es mendocino, es decir que de 85 de cada 100 botellas de Malbec son de Mendoza. Malbec de Luján de Cuyo (900 y 1100 MSNM), se presenta violáceo, con fruta madura, de buen cuerpo, frescura moderada y taninos amplios y amables. El clásico malbec que conquistó el mundo. En Valle de Uco encontramos viñedos desde los 1100 y hasta 1500 metros. La zona imprime un carácter diferente se presenta con un violeta brillante, aromas a frutas frescas, rojas y negras, con algo herbal y floral. Su cuerpo es medio a buen cuerpo, acidez un poco más marcada. El Este mendocino entre los 550 y los 800 metros, el calor del verano propone vinos de color rojo de intensidad media, maduros e imponentes en aromas, cuya riqueza alcohólica combinada con frescura moderada.
San Juan
La segunda provincia productora de vino argentino. Con valles muy importantes como los son el Pedernal, entre 1200 y 1500 MSNM ofrece marcados en la frescura y la intensidad; nada que envidiar a los del Valle de Uco y los del valle de Ullúm, a 500 MSNM otorga Malbec de buen cuerpo e intensidades medias.
La pizarra dejó una foto incómoda para el Gobierno: Wall Street cerró en verde, pero los papeles argentinos terminaron en rojo. No fue un mal día global. Fue un mal día argentino. Mientras el Dow Jones subió 0,45%, el S&P 500 avanzó 0,13% y el Nasdaq ganó 0,03%, los ADRs locales cayeron hasta 6% y el Merval en dólares perdió 1,8%, hasta los USD 2.136.
La baja la encabezó Loma Negra, con una caída del 6%. Globant y Cresud retrocedieron 4,9%. En la plaza local, el rojo también se sintió: el índice líder perdió terreno medido en dólares y volvió a quedar atrapado cerca de una zona que el mercado mira con lupa. Las excepciones fueron pocas. Ternium subió 4,4% y Tenaris avanzó 2%. En una rueda gris, el acero hizo de refugio.
La primera explicación fue la más obvia: toma de ganancias. La semana previa, según Cohen, los ADRs argentinos habían subido 9,6% promedio, con Telecom, Supervielle y BBVA entre los papeles más fuertes. El mercado venía cargado. Una parte de los inversores miró la ganancia, cerró la planilla y decidió pasar por caja.
Pero el dato fino no está en la toma de ganancias. Está en el dólar. Sailing Inversiones detectó una mayor demanda de cobertura cambiaria, con el MEP subiendo cerca de 0,7% y una rueda más floja para las Lecap. Es decir: cuando vuelve la necesidad de cubrirse contra el peso, las acciones argentinas pierden aire aunque Nueva York acompañe.
Ahí aparece la señal que más mira la City. El carry trade ya no opera como una autopista despejada. La compresión de tasas en Lecap volvió menos atractivo el juego de quedarse en pesos, sobre todo cuando la inflación todavía corre por encima de algunos rendimientos cortos. En ese marco, el inversor no abandona del todo la Argentina, pero cambia el paso: menos tasa fija corta, más cobertura y más selectividad.
La rueda dejó una escena de doble fondo. Los bonos soberanos subieron apenas, el Global 2041 avanzó 0,26% y el riesgo país se movió casi sin ruido, hasta los 491 puntos básicos. Pero las acciones no acompañaron. El mercado no dijo «me voy». Dijo algo más preciso: «me cubro».
Lo que pasó no fue un giro bajista. Fue una advertencia. Cuando el MEP se mueve y las Lecap aflojan, los fondos no necesitan vender todo. Les alcanza con bajar exposición. Argentina todavía gusta, pero nadie quiere quedarse desnudo en pesos.
El mapa de consultoras muestra una Argentina partida. IOL sostiene que el Merval en dólares lateraliza entre USD 1.800 y USD 2.100 y que el upgrade ya estaba parcialmente incorporado en los precios. La mejora de Fitch ayudó, pero no alcanzó para abrir otro escalón. El índice ya había pasado de mínimos cercanos a USD 1.100 a la zona de USD 2.150 después del resultado electoral de octubre pasado. Desde entonces, quedó moviéndose como un ascensor trabado entre dos pisos.
La mejora de Fitch de principios de Mayo fue importante. La calificadora subió la nota de Argentina a B- desde CCC+ y citó mejoras fiscales, avances de reformas, mejores perspectivas de acumulación de reservas y una estrategia de financiamiento más clara. Pero el mercado leyó la letra chica: una cosa es mejorar la nota y otra es volver al mercado internacional en condiciones razonables.
Delphos ve valor en bancos y en Oil & Gas. Galicia y Supervielle mostraron una foto débil, pero con una posible señal de giro: la mora siguió creciendo, aunque a menor ritmo, y el pico podría haber quedado en el primer trimestre. Esa es la apuesta. No está en el presente. Está en que el deterioro deje de morder.
Grupo SBS mantiene a Galicia como el «play Argentina» por su alto beta. Traducido al castellano de la mesa: si la Argentina sale bien, Galicia vuela; si se complica, Galicia paga primero. IEB, en cambio, arma una cartera más repartida, pero con sesgo claro: sobrepondera Oil & Gas y bancos. Tiene 10% en YPF, 10% en Pampa, 15% en Vista, 15% en Macro y 10% en BBVA.
La diferencia de sectores también cuenta la historia. En lo que va del año, el Merval en dólares sube apenas 3%. Pero Vista gana 53% e YPF avanza 34%, muy por encima del índice. Los bancos, en cambio, quedaron rezagados: Supervielle cae 20%, Galicia 10%, Macro 3% y BBVA 2%. El mercado compra Vaca Muerta con más convicción que crédito interno. No es casualidad.
IOL destaca a YPF como su caso preferido para 2026. La razón es concreta: balances del primer trimestre con márgenes récord, baja del lifting cost en Vaca Muerta y producción de shale oil con crecimiento interanual de 38%. Además, según esa lectura, YPF cotiza a menos de 5 veces EV/EBITDA, con un descuento de 40% frente a comparables de shale oil en Estados Unidos.
Balanz también ve que la mejora de Fitch puede funcionar como catalizador. Pero ata el recorrido de los activos a dos condiciones: que baje más el riesgo país y que Argentina pueda volver al mercado internacional. Sin ese paso, el rally queda corto de nafta. Hay entusiasmo, pero todavía no hay combustible barato para financiarlo.
«Lo que pasó no fue un giro bajista. Fue una advertencia», dijo a LPO un operador de la City. «Cuando el MEP se mueve y las Lecap aflojan, los fondos no necesitan vender todo. Les alcanza con bajar exposición. Argentina todavía gusta, pero nadie quiere quedarse desnudo en pesos», concluyó.
La lectura política es simple. El Gobierno logró ordenar parte de la superficie financiera, pero todavía no resolvió el problema de fondo: la economía necesita dólares genuinos, crédito externo accesible y una recuperación que no se limite a los sectores exportadores. Mientras esa ecuación no cierre, cada suba fuerte de acciones puede convertirse en una estación de salida.
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El Gobierno quiere que las tasas bajen para que el crédito vuelva a mover la rueda de la economía. Pero los bancos no parecen dispuestos a acompañar esa hoja de ruta al ritmo que espera el equipo económico. La explicación que dan en las entidades es simple: nadie puede garantizar que el año que viene vuelva la volatilidad por las elecciones y el Ministerio de Economía suba abruptamente las tasas, dejándolos descalzados.
El factor político es el que más ruido mete, en voz baja. «Entre contener el dólar, la inflación y las tasas, van a priorizar las dos primeras variables. Y yo no puedo prestar a 36 meses con la tasa de hoy, sabiendo que después se mandan una como el desarme de las Lefis y te disparan la tasa al 150%. Te funden», dijo a LPO una fuente de una importante entidad bancaria.
La frase resume el cortocircuito. Caputo necesita que los bancos bajen la tasa para que el plan muestre actividad. Los bancos necesitan que el Gobierno les garantice que no habrá otro volantazo monetario. En el medio quedan las familias endeudadas y los ahorristas con tasas negativas.
El problema no es menor para Luis Caputo. Si las tasas no aflojan, el consumo queda corto de nafta. También se frena el crédito personal, se enfría la venta de bienes durables y se achica el margen para mostrar recuperación en la calle. El Gobierno necesita que el sistema financiero funcione como motor. Pero los bancos van con pie de plomo.
El dato duro muestra la brecha. La tasa promedio para préstamos personales se ubica en 71,27% nominal anual, según el promedio que publica el Banco Central. Pero ese número es apenas la puerta de entrada. El costo final depende del perfil crediticio, de si el cliente cobra el sueldo en la entidad y de los cargos asociados. Por eso el número que realmente importa es el Costo Financiero Total, que suma impuestos, comisiones, seguros y gastos administrativos.
En el Banco Nación, por ejemplo, los préstamos personales para quienes adhieren al paquete de servicios tienen una tasa fija del 74% nominal anual y un CFT efectivo anual de 171,76%. Para la cartera general, sin paquete o sin relación salarial más favorable, la tasa sube al 91% nominal anual.
En Banco Provincia, las líneas para empleados de la administración pública rondan el 79% nominal anual, con un CFT efectivo anual de 114,92%.
En los privados, la foto es más áspera: líneas tradicionales de consumo de BBVA o Galicia para clientes preaprobados online pueden ubicarse en torno al 129% nominal anual, con un costo efectivo anual de 240,51%.
Entre contener el dólar, la inflación y las tasas, van a priorizar las dos primeras variables. Y yo no puedo prestar a 36 meses con la tasa de hoy, sabiendo que después se mandan una como el desarme de las Lefis y te disparan la tasa al 150%. Te funden.
La diferencia entre tasa y costo total no es un detalle técnico. Es el corazón del asunto. La TNA marca el interés puro que cobra el banco. La TEA muestra cuánto pesa ese interés cuando se capitaliza durante el año. El CFT es el número completo: incluye IVA sobre intereses, gastos, comisiones y seguros. Es decir, lo que sale del bolsillo. La letra chica, en este caso, no es tan chica.
Del otro lado del mostrador, los bancos pagan bastante menos por quedarse con los pesos de los ahorristas. Entre las diez entidades con mayor volumen de depósitos, Banco Provincia ofrece 19,5% nominal anual para plazos fijos; Nación, 19%; BBVA, 18,75%; Macro, 18%; ICBC y Credicoop, 17,5%; Ciudad, 17%; Galicia, 16,25%; Patagonia, 16%; y Santander, 15%. La distancia entre lo que pagan por captar fondos y lo que cobran por prestarlos ronda los 50 puntos porcentuales en términos nominales.
Esa brecha luce desproporcionada frente a una inflación que el mercado proyecta en 30,5% interanual para diciembre, según el REM del Banco Central. Los plazos fijos pagan tasas reales negativas si se los compara con una inflación mensual que se mueve en torno al 2% o 2,3%. Los préstamos personales, en cambio, viajan varios pisos por encima de los precios esperados.
En las entidades aseguran que el principal componente de esa diferencia es el riesgo de incobrabilidad. El argumento es que cuando aumenta la mora, el banco cubre la posible pérdida encareciendo la tasa para quienes sí cumplen. Esta en el ADN del sistema financiero: socializa el riesgo dentro de la propia cartera y lo transforma en precio.
El último Informe sobre Bancos del BCRA confirma que el problema viene creciendo. En marzo, el ratio de irregularidad del crédito al sector privado ascendió al 7% para el conjunto de entidades. Fue 0,3 puntos más que en febrero y 5 puntos más que un año atrás. Pero el promedio general disimula la fractura: la mora de las familias llegó al 11,5%, mientras que la de las empresas alcanzó el 3,1%.
La diferencia es clave. Las empresas todavía muestran un comportamiento de pago mucho más sólido. Los hogares, en cambio, aparecen como el eslabón débil de la cadena. El deterioro de los ingresos, el uso del crédito para llegar a fin de mes y el arrastre de cuotas caras hicieron subir la irregularidad familiar al nivel más alto en dos décadas. El BCRA marcó que la suba en hogares estuvo impulsada sobre todo por préstamos personales.
Cuando la mora se mide en personas y no sólo en pesos, el cuadro se vuelve más incómodo. Un relevamiento de Analytica, elaborado sobre datos oficiales del BCRA y del INDEC, estimó que 5,3 millones de personas se encuentran en mora tardía dentro del sistema financiero ampliado. Eso equivale al 26,9% de quienes tienen algún tipo de financiamiento activo. Uno de cada cuatro deudores no logra pagar a tiempo.
Desde los bancos remarcan que la morosidad no está bajando. Al contrario, dicen que acumula más de 16 meses consecutivos de suba. En las mesas de riesgo hay una frase que se repite: no se puede prestar a largo plazo con tasas de corto plazo si la macro todavía no despejó la niebla.
Un relevamiento de Analytica, elaborado sobre datos oficiales del BCRA y del INDEC, estimó que 5,3 millones de personas se encuentran en mora tardía dentro del sistema financiero ampliado. Eso equivale al 26,9% de quienes tienen algún tipo de financiamiento activo. Uno de cada cuatro deudores no logra pagar a tiempo.
Pero la mora no explica todo. Las entidades también apuntan a las regulaciones y a los encajes del Banco Central. Los bancos no pueden prestar todo el dinero que reciben de los depositantes. Deben mantener una parte inmovilizada como garantía de liquidez. Ese dinero queda congelado y no genera ganancias comerciales directas. Según la lectura bancaria, ese costo se compensa en los créditos que sí salen a la calle.
A eso se suma la falta de escala. El mercado de crédito formal argentino es chico en relación con el PBI. Hay pocos tomadores de largo plazo, poca profundidad financiera y una historia de crisis que dejó cicatrices. En ese ecosistema, cada préstamo carga con más costos operativos, más estructura y más margen unitario.
También pesan los impuestos y el costo de fondeo. Los bancos mencionan salarios indexados, gastos administrativos, Ingresos Brutos, el impuesto a los débitos y créditos y cargos asociados a cada operación. Además, el bajo atractivo de los plazos fijos tradicionales obliga a cuidar la liquidez con cuentas a la vista. Esa dinámica encarece el fondeo y vuelve más difícil trasladar al crédito una baja fuerte de tasas.
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