VERGONZOSO: Un Milei sacado inauguró las sesiones del Congreso
La lamentable actualidad política en su máxima expresión.
Por Tomás Palazzo para NLI

El inicio del 144° período de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación Argentina quedó marcado por un espectáculo impropio de la investidura presidencial: gritos, insultos, descalificaciones permanentes y una puesta en escena que convirtió el mensaje institucional en una tribuna de confrontación personal. Lejos de presentar un balance serio de gestión, Milei protagonizó una noche de tensión constante con la oposición, a la que atacó de manera reiterada mientras balbuceaba partes de un discurso que evidenció improvisación, furcios y afirmaciones políticamente explosivas.
Desde el inicio mismo de su intervención, el mandatario abandonó la lectura para responder a viva voz a legisladores opositores, en un clima de máxima tensión dentro del recinto. El tono fue subiendo rápidamente hasta derivar en insultos directos: trató a diputados y referentes del campo nacional como “delincuentes”, “ignorantes” y “manga de ladrones”, en medio de interrupciones y gritos cruzados que desnaturalizaron por completo el carácter institucional de la ceremonia .
Un discurso a los gritos y contra la oposición
Lejos de limitarse a defender su programa, Milei convirtió la apertura legislativa en un escenario de combate verbal. Interrumpió en múltiples ocasiones su propio texto para girar hacia las bancas opositoras y responder con agravios personales.
En uno de los momentos más tensos, desafió a los legisladores que no lo aplaudían: aseguró que “no pueden aplaudir porque se les escapan las manos a los bolsillos ajenos”, profundizando un intercambio que escaló rápidamente en tono y virulencia .
El clima se volvió aún más áspero cuando, ante cuestionamientos desde las bancas, redobló la apuesta con insultos directos, calificando a la oposición como “manga de ladrones” y “chorros”, en una secuencia que obligó a pausas reiteradas en la lectura formal del discurso .
La escena dejó una imagen inquietante: un Presidente que abandonó la institucionalidad del mensaje a la Asamblea Legislativa para responder con gritos desde el estrado, transformando el acto republicano en una confrontación personal.
Intromisión judicial y persecución política
El momento más grave llegó cuando Milei cruzó una línea institucional peligrosa: anticipó —sin disimulo— el futuro judicial de Cristina Kirchner.
En medio de su diatriba contra el kirchnerismo, afirmó que la ex presidenta “va a seguir presa” y enumeró causas en las que, según su propia visión, sería condenada .
No se trató de un análisis político ni de una opinión abstracta: fue una intervención directa sobre procesos judiciales en curso, enunciada desde el Poder Ejecutivo y ante la Asamblea Legislativa. La afirmación implicó una presión institucional explícita sobre el Poder Judicial, en abierta contradicción con el principio republicano de división de poderes.
El modelo que propone: del país industrial al extractivismo
En otro tramo del mensaje, Milei dejó en claro el rumbo estructural que pretende imponer: un giro definitivo hacia un modelo primario.
Anunció reformas destinadas a construir un “marco legal robusto que permita el desarrollo primario de los argentinos” . Traducido en términos económicos: el abandono del proyecto de industrialización para regresar a una lógica extractiva basada en recursos naturales y apertura comercial irrestricta.
La definición no fue menor. Implicó asumir públicamente que el horizonte del gobierno no es el fortalecimiento del aparato productivo nacional sino la profundización de un esquema dependiente.
Furcios, cifras dudosas y un discurso deshilachado
A lo largo de la exposición, Milei también evidenció dificultades para sostener el hilo argumental del texto que leía. La sucesión de pausas, interrupciones y respuestas improvisadas dejó al descubierto inconsistencias y errores.
El Presidente interrumpió varias veces la lectura para responder a gritos, lo que desordenó la exposición y derivó en afirmaciones poco claras, datos discutibles y comparaciones económicas simplificadas, como al cuestionar los precios del acero o de productos industriales sin contextualización productiva .
Lejos de consolidar una narrativa coherente, el mensaje terminó exhibiendo un tono errático que alternó entre la agresión política y la improvisación técnica.
Una apertura que degradó la institucionalidad
La apertura de sesiones ordinarias es, por definición, el momento en que el Poder Ejecutivo rinde cuentas y presenta su agenda ante el Parlamento . Sin embargo, lo ocurrido este 1° de marzo distó de ese espíritu.
Entre insultos, descalificaciones, anticipos judiciales y definiciones estructurales sobre el abandono del desarrollo industrial, Milei convirtió un acto republicano en un show de confrontación.
El saldo político fue tan claro como preocupante: una inauguración del año legislativo dominada por el grito, la agresión y la desmesura presidencial.

