UNA VISIÓN SOÑADORA DE LA  MÚSICA Y LOS LUGARES DE LA PATAGONIA
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UNA VISIÓN SOÑADORA DE LA MÚSICA Y LOS LUGARES DE LA PATAGONIA

No parece muy arriesgado afirmar que entre los realizadores audiovisuales que en los últimos años trabajan en la Patagonia, el nombre de Alejo Estrabou es uno de los más destacables. Soñar Soñar producciones será seguramente recordada, y ya es reconocida, por ese extraordinario archivo musical y visual que es la serie de videos El Sonido en la nube, que aunque es el trabajo más extenso, no es el único. Pero esta productora no solo le sabe prestar el oído a la música de la región: también está alerta a otras cuestiones menos agradables, como la problemática del fracking.

Alejo Estrabou es oriundo de Viedma. En Córdoba estudió cine y en 2001 inició su productora, cuyo nombre es tanto un homenaje a Leonardo Favio como una referencia “a lo lejano y difícil que parecía tener una productora, o al menos los equipos, en aquel momento tan duro económicamente, parecido al momento actual”, nos contó Estrabou. “Era también –agregó– como un chiste, porque sin tener ningún equipamiento tenia mi productora”. En 2005 realizó algunos cursos en el Centro de Formación Profesional del SICA y luego trabajó durante tres años en Canal Encuentro. Después de volver a Viedma en 2012, donde pasó algunos años más y comenzó con la primera temporada de El Sonido en la Nube, en 2017 Estrabou se radicó en El Bolsón, donde continúa estudiando, en la UNRN.
En un intercambio de e-mails que sostuvimos estas últimas semanas, discutimos un poco acerca de su trabajo como realizador y otras cuestiones.

¿Cuándo surgió la idea de hacer la serie y cómo la pudiste ir haciendo a lo largo de estos años?

El sonido en la nube surge en 2013, en la búsqueda de hacer un proyecto audiovisual que realmente me guste de corazón. Veía y veo que hay muchísimas bandas y músicos acá en el sur, que son muy buenas y que por ahí no tienen difusión, entonces surgió para darle difusión a los músicos de acá.
Arranqué primero en Viedma, y de a poco empecé a viajar para grabar músicos de otros lugares de la provincia: fui a Jacobacci, a Valle Medio, después Roca, Villa Regina y otros lugares del Alto Valle.

Se nota que la manera en que están filmados estos videos fue cambiando, ¿A qué se debieron esos cambios?

Las primeras temporadas las hacía con un tema que ya tenían grabado, y grabábamos como una especie de video-clip o falso vivo que se pudiera hacer en una jornada.
Después, a partir de la séptima temporada cambié el formato, tomando el audio en vivo, y grabando el video en un “plano secuencia”, una toma sin cortes de principio a fin. El cambio del formato fue porque ese año trabajé en la UNRN en horario de oficina y tenía poco tiempo para grabar, así que salió este formato que era más económico en tiempo a la hora de grabar y editar.

¿Qué te aportó este proyecto a nivel personal?

Viajar y grabar por la provincia es algo que me encanta. El programa me dio muchas conexiones con gente de distintos lugares y la posibilidad de vivir de manera independiente de algo que me guste, también con lo poco seguro de ser independiente.
Las primeras temporadas las sostenía con publicidad y era gratis para los músicos participar. Siempre fue muy a pulmón, hacer el programa y viajar, económicamente no es muy rentable, al comienzo —antes de que llegue Mauricio Macri como presidente— tenia bastante publicidad, pero este último tiempo se ha vuelto muy duro poder conseguir auspiciantes, tengo uno que me banca que es “Ven tú que te toca a ti” Une Franco, un productor de Neuquén que me hace el aguante en este tiempo difícil.

¿Cómo ves el presente de la realización audiovisual en la región? ¿Qué destacarías de los últimos años?

Veo mucho potencial en la zona. En El Bolsón hay muchos realizadores por la carrera de la UNRN, en Roca, con el IUPA, también. Con respecto a la situación del país… En este último tiempo hay una caída total de los planes de fomento para los realizadores audiovisuales. La derogación de la Ley de Medios fue un retroceso total en la federalización de la producción audiovisual, con esa ley habría más canales, planes de fomento y laburo para los realizadores de todo el país, actualmente está todo centralizado en Buenos Aires. Esa es también una de las razones por la cual hago El sonido en la nube: para poder mirar y escuchar a nuestro músicos, por fuera de la centralidad de Buenos Aires. Espero que en un futuro próximo vuelva la ley de medios, para que haya más canales de TV del sur, más planes de fomento y podamos producir mucho material audiovisual patagónico.

Además de la música, también hiciste algunos videos sobre la problemática del fracking…

Los micros documentales Allen, zona de sacrificio, son fruto de una visita muy corta en Allen, para grabar y después mucho trabajo de archivo sobre el tema.
El fracking es un tema que me preocupa por el futuro de nuestra provincia, por el futuro del Río también. En Estados Unidos se hizo fracking antes que en Argentina y está comprobada la contaminación que produce en el agua, aire y tierra, el fuerte impacto negativo en la salud y el ambiente.
En Allen se empezó a hacer fracking sin licencia social, porque la gente se movilizó y generó una ordenanza que lo prohibía, pero fue derogada injustamente por el Superior Tribunal de Justicia de Río Negro. El gobierno provincial además licitó todo Río Negro para expandir el fracking al resto de la provincia.
Ojalá que puedan visibilizarse estos temas, y así poder generar mecanismos para evitar el avance del Fracking, para poder vivir en un ambiente sano.

¿Cómo ves a los realizadores de la región a la hora de involucrarse con ese tipo de temas?

No he visto muchos materiales de la región con respecto a lo ambiental, quizás se deba a que en los medios no hay lugar para cuestionar la contaminación por estas actividades extractivistas: fracking, megamineria, agro-industria. Pero vi un corto documental hace poco, que hicieron chicos en un taller cine en un barrio de Fiske Menuco, donde los vecinos cuentan como era el Río Negro antes y cómo está contaminado ahora.

[Nota del Entrevistador: La Tapa realizó videos y notas al respecto, pueden verse haciendo click acá]

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  • Echaron al economista que cuestionó el proyecto Vicuña y crece la polémica por el RIGI

     

    El costo de discutir el modelo minero apareció antes que el cobre. El economista Hugo Berozzi, que trabajó durante seis años en el Fondo de Garantías de San Juan, fue despedido esta semana, pocos días después de poner la lupa sobre las 57 páginas del acuerdo que el gobierno de San Juan firmó con el proyecto de cobre Vicuña. Elaboró un informe que presentó un calculo de cuánto puede dejar de recaudar la provincia en las próximas décadas. 

    Berozzi analizó el acta compromiso que San Juan y Vicuña firmaron el 5 de agosto y que luego fue ratificada por la Legislatura provincial por 27 votos contra nueve. El gobernador Orrego presentó como uno de los principales logros del acuerdo un aporte de 250 millones de dólares para financiar obras. Los desembolsos serán progresivos y estarán sujetos a certificados de avance. La lectura del economista fue bastante menos celebratoria. Según su análisis, los 250 millones funcionan como un adelanto vinculado al impacto ambiental y sustituyen contribuciones futuras. 

    Argumentó que el acta considera saldadas con ese aporte las obligaciones económicas adicionales que la provincia podría imponer durante la vida útil contemplada para el emprendimiento, estimada en 71 años. 

    Desde el gobierno de Orrego desmintieron estos cálculos. «No es correcto plantear que San Juan cambió USD 250 millones por regalías futuras. Son dos conceptos distintos. Los USD 250 millones son un aporte cierto y no reembolsable que comienza a estar disponible desde 2026 para financiar infraestructura. Las regalías son independientes: Vicuña deberá pagar el 3% sobre el valor bruto de comercialización cuando comience la explotación. Además, desde el sexto año de producción deberá pagar el aporte adicional del 1,5% acordado con la Provincia», explicaron a LPO desde el gobierno provincial. 

    Y defendieron el cobro anticipado. «No es correcto comparar directamente USD 250 millones de hoy contra ingresos potenciales que recién existirían cuando la mina produzca. Durante los años de construcción San Juan todavía no tiene producción ni exportaciones de Vicuña sobre las cuales cobrar regalías. En cambio, la Provincia consiguió USD 250 millones ciertos y anticipados, que comienzan a estar disponibles desde 2026». 

    «La estimación de que el 1,5% durante los primeros cinco años podría representar unos USD 309 millones depende de cuándo comience la producción y de cuánto efectivamente produzca. Comparar USD 309 millones futuros y contingentes contra USD 250 millones anticipados sin considerar tiempo y riesgo no demuestra una pérdida para San Juan», agregaron las autoridades.

    La discusión también se extendió a las regalías. Berozzi afirmó que la legislación nacional habilita a las provincias a cobrar hasta el 5% del valor boca de mina para proyectos nuevos, pero el esquema acordado para Vicuña fija el 3% durante toda la vida del proyecto. 

    El caso Vicuña destapó el lado oscuro del RIGI: beneficios fiscales para subsidiar importaciones

    Berozzi calculó cuánto representa esa diferencia. Según su estimación, cada punto adicional de regalías que San Juan deja de cobrar equivale a unos 491,2 millones de dólares en valor presente, tomando como referencia las reservas proyectadas y una tasa de descuento del 9,2%. Días después de difundir su análisis, fue despedido del Fondo de Garantías provincial, donde trabajaba desde hacía seis años, tal como reveló El Destape. 

    La legislación nacional habilita a las provincias a cobrar hasta el 5% del valor boca de mina para proyectos nuevos. El esquema acordado para Vicuña fija el 3% durante toda la vida útil. Berozzi calculó cuánto representa esa diferencia. Según su estimación, cada punto adicional de regalías que San Juan deja de cobrar equivale a unos 491,2 millones de dólares. Días después de difundir su análisis, fue despedido del Fondo de Garantías provincial, donde trabajaba desde hacía seis años.

    Desde el gobierno de Orrego lo desmintieron: «San Juan no renuncia al 1,5% durante toda la vida del proyecto. El esquema acordado reemplaza ese aporte durante los primeros cinco años de producción por los USD 250 millones anticipados. A partir del sexto año de explotación, Vicuña paga el 1,5% durante el resto de la vida útil del proyecto, además de las regalías correspondientes», explicaron.

    Y aportaron un dato relevante sobre que llevó a tomar la decisión del pago anticipado. «Los antecedentes muestran por qué es importante que los USD 250 millones no dependan de que la mina empiece a producir. Con Pascua-Lama se habían comprometido USD 70 millones en 20 cuotas y sujetos al avance del proyecto. Cuando la construcción se paralizó, los pagos también se interrumpieron y terminaron ingresando aproximadamente USD 17 millones. Con Vicuña se buscó evitar ese riesgo: asegurar USD 250 millones antes de depender de la producción futura».

    En el centro de toda esta discusión está Vicuña Corp, la sociedad formada por BHP y Lundin Mining para desarrollar Josemaría y Filo del Sol. La compañía proyecta una inversión inicial de 9.700 millones de dólares. Se trata del mayor proyecto de cobre del país, ubicado en el norte sanjuanino, cerca de la frontera con Chile. El gobierno de Javier Milei lo exhibe como una de las grandes vidrieras del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). 

    Escándalo en San Juan: Caputo le regaló una línea de alta tensión a la minera Vicuña

    La electricidad abrió otro frente alrededor del proyecto. Vicuña necesita 260 MW para la primera fase de Josemaría y obtuvo prioridad sobre el 90% de la capacidad de transporte remanente de la línea Nueva San Juan-Rodeo. De acuerdo con cálculos de Cammesa, representa alrededor del 71% de la capacidad total de una infraestructura de 854 MVA. La prioridad alcanza además a la futura línea Rodeo-Chaparro y a la estación transformadora Chaparro. El horizonte previsto es de 25 años. 

    Hay una particularidad difícil de esconder detrás de los números: la línea Nueva San Juan-Rodeo no fue construida por Vicuña. Tiene unos 162 kilómetros, fue diseñada para operar en 500 kV y recibió financiamiento nacional, provincial y de los usuarios sanjuaninos mediante fondos específicos. Sobre una infraestructura levantada durante años con recursos públicos se monta ahora una prioridad privada para abastecer a uno de los proyectos del RIGI. 

    La decisión provocó la reacción de otros jugadores mineros. Barrick, Los Azules, Gualcamayo y Hualilán objetaron distintos aspectos del esquema. Los Azules cuestionó especialmente que una prioridad durante 25 años sobre infraestructura existente pueda convertirse, en los hechos, en una exclusividad sobre un corredor estratégico. El ente regulador provincial también advirtió que la capacidad eléctrica disponible debe contemplar la demanda futura de San Juan y no solamente la expansión minera. 

    El campamento de Vicuña en San Juan.

    No hay altruismo en esa guerra. Cada minera pelea por la energía que necesita para su propio proyecto. Pero detrás de esa pulseada aparece un problema que excede a las compañías. Una infraestructura financiada colectivamente se vuelve escasa justo cuando llegan las inversiones que prometen transformar la provincia. Si un solo jugador captura buena parte de esa capacidad, el límite puede alcanzar después a otros emprendimientos mineros, industrias, productores agrícolas y localidades del norte sanjuanino. 

    El caso del campamento Batidero agregó otra pieza. Vicuña adjudicó la obra a un consorcio encabezado por PowerChina, junto con Beijing Chengdong y la santafesina RAFA. El proyecto contempla importar desde China una ciudad modular para alojar inicialmente unas 2.500 camas. Por la rotación de trabajadores podría atender entre 3.500 y 5.000 personas y, cuando el proyecto alcance otra escala, la demanda podría llegar a 12.000 trabajadores. 

    El caso del campamento Batidero agregó otra pieza. Vicuña adjudicó la obra a un consorcio encabezado por PowerChina, que importará desde China una ciudad modular para alojar unas 2.500 camas. Los fabricantes argentinos calcularon que producir los módulos en el país habría generado unos 500 empleos directos.

    Los fabricantes argentinos calcularon que la obra supone alrededor de 45.000 metros cuadrados de construcción y más de 4.500 toneladas de acero. Sostienen que producir los módulos en el país habría generado entre 400 y 500 empleos directos. El armado de las estructuras importadas dejaría cerca de 50 puestos vinculados al montaje y la logística. 

    La diferencia estuvo en el precio. La oferta china habría rondado los 52 millones de dólares, contra unos 70 millones de la propuesta local. Son 18 millones de diferencia en un emprendimiento cuya inversión inicial alcanza los 9.700 millones. Para la minera es ahorro. Para los proveedores argentinos, la cuenta incluye también acero, trabajo, salarios e impuestos que podrían haberse generado dentro del país. 

    Desde la provincia se cuidaron de aclarar que «se habla de 400 a500 empleos que «se podrían haber generado en Argentina, pero es una estimación de los fabricantes que perdieron la licitación, no empleos existentes que hayan sido eliminados» y agregar que «según los datos informados por Vicuña, actualmente existen más de 2.500 empleos directos e indirectos: 95% de los trabajadores son argentinos y 83% sanjuaninos» para el proyecto.

    Y además, siempre según el gobierno provincial, «alrededor del 60% de los proveedores activos son empresas de San Juan y, para el montaje de esta etapa del campamento, más del 90% de la mano de obra será sanjuanina».

    Ahí el caso Vicuña se conecta con un fenómeno mucho más grande. El RIGI acumula 22 proyectos aprobados con inversiones anunciadas por 47.073 millones de dólares. Hay además 18 iniciativas en evaluación y una rechazada. Los proyectos aprobados y en análisis informaron inversiones potenciales por 186.195 millones. Sin embargo, los activos computables de las iniciativas ya autorizadas suman sólo 30.799 millones y los compromisos para ejecutar durante los primeros dos años alcanzan 11.807 millones. Entre el anuncio y el desembolso todavía corre un río ancho. 

    Ahora, es cierto que la minería genera los dólares que la Argentina necesita. En los primeros siete meses de 2026 las exportaciones minerales alcanzaron los 5.340 millones de dólares, contra 3.200 millones del mismo período de 2025. El superávit comercial minero saltó de 3.088 millones a 5.227 millones de dólares, un crecimiento del 69,2%. Es el argumento más sólido de quienes sostienen que el sector puede convertirse en uno de los grandes proveedores de divisas de la próxima década. 

    Pero los primeros movimientos concretos del RIGI muestran la otra cara. Hasta julio, los proyectos adheridos habían importado bienes por unos 171 millones de dólares. Sólo en agosto ingresaron otros 140 millones, más del doble del récord mensual anterior y equivalentes al 43% de todo lo importado hasta julio. 

    Esta semana el Gobierno dio otro paso en esa dirección. Una resolución de la Secretaría de Minería reemplazó certificados de importación por declaraciones juradas digitales y simplificó el acceso a las exenciones previstas por la Ley de Inversiones Mineras. Podrán ingresar equipos especiales usados o reacondicionados y una misma máquina podrá utilizarse en distintos proyectos del mismo beneficiario. La medida no pertenece formalmente al RIGI, que ya dispone de sus propias exenciones aduaneras. Sin embargo, contempla específicamente a los Vehículos de Proyecto Único incluidos dentro del régimen. 

    El resultado es una autopista cada vez más ancha para importar maquinaria, equipos e insumos con ventajas fiscales mientras los proveedores argentinos reclaman una barrera de contención para no mirar la inversión desde la banquina. 

     

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