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UN POCO TARDE

Una actuación de salvataje en plena retirada. Está llegando al ciclo cumplido el 1er mandato como presidente de MM, y los problemas en el país no están siquiera encauzados. Como sociedad sufrimos una alta polarización, una vez más desde un poder ejecutivo se realiza un programa sin consenso de todos los actores sociales. Lo que lleva irremediablemente al fracaso por que no hay programa económico exitoso para la comunidad en general.

El gobierno de turno recurre a un As bajo la manga (sólo tiene ases bajo la manga desde que inicio el mandato, pero no ganó ninguna partida). Bajo el cerco mediático que cede cada vez más y comienza a tener minutos en los noticieros, ante la realidad y el mal humor de la gente . Intenta reflotar la vocación de diálogo y convoca a todos los actores políticos y sociales (no todos en principio) con una serie de puntos de acuerdo general para intentar fundar una identidad en un programa económico colectivo.

La jugada no tuvo efectos reales y llega al final de gobierno. Cuando tendría que haber sido parte del comienzo que proponían pos-elecciones.

En principio no plantea alternativas a los 10 puntos del programa propuesto e intenta mostrarse con un actor que está adelante de la agenda, marcando y controlándola, cubriendo todos los frentes desde el gobierno (pero ya en retirada), desde una óptica optimista y naif sobre el duro diagnóstico de pobreza. Ante una sociedad a la que todavía no le explicaron claramente cual es el programa económico, pero puede percibir sus efectos claramente en todas las ciudades del país. Ya con un tiempo agotado de cara a las elecciones presidenciales, sin un programa propio que revierta la tendencia real de la economía.

Ante la situación de tener poco espacio para moverse políticamente, el ejecutivo intenta generar un acuerdo amplio ante la comunidad internacional y sostiene sus principales ejes de gobierno en estos 10 puntos propuestos. Pero parece que ya nadie cae en la trampa. El gobierno del PRO tiene su impronta en dos ideas fuertes. Una es que es un gobierno mediático de Smartphone con el estilo de comunicación y el gasto en propaganda en redes sociales y aplicaciones. La segunda es que nadie confía en su diagnóstico y programa.

No tenemos sentido de programa colectivo a corto, mediano y largo plazo. Y la economía del mundo está adoptando nuevas configuraciones.

En algo parecen estar acertados. Nuestro país no tiene un programa de acuerdo colectivo sostenible en el tiempo (tenemos varios, pero en general no están de acuerdo). La agenda de los 10 puntos que intenta imponer «Ideas» como ideas madre o fundacionales de un programa claro, llegan en clima pre-electoral, plagado de mañas y sin intención de subsanar divisiones.

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  • Sugestivo acto de Verón con uno de los intendentes más cercanos a Kicillof

     

    Juan Sebastián Verón estuvo en una actividad en Ensenada en el marco de las celebraciones de Reyes Magos y llenó de elogios a Mario Secco, uno de los intendentes más cercanos a Axel Kicillof.

    Fue un acto político que probablemente haya buscado despegar al presidente de Estudiantes de la cercanía con Javier Milei y el mundo libertario en que quedó tras su enfrentamiento con Chiqui Tapia.

    Verón entiende a la perfección el juego de los intendentes y no esquivó la impronta popular que la imprime Secco a sus actos. Hubo un escenario, bombos y banderas. El propio club se ocupó de difundir una actividad un tanto extraña para Estudiantes pero muy cercana a la simbología de la política.

    Verón definió a Secco como «un dirigente que piensa en la gente realmente» y destacó su presencia «en cada rincón de Ensenada».

    La posibilidad de una candidatura de Verón asoma a la superficie en los primeros meses de cada año electoral. Sin embargo, hasta ahora, el presidente de Estudiantes se mantenía distante a la política partidaria.

    Por lo pronto, semanas atrás, el intendente de Ensenada confió a su entorno que el propio Verón se acercó para decirle que quería colaborar con el proyecto de Kicillof, una jugada que puede generar un sismo en el equilibrio político de La Plata, Berisso y Ensenada.

    Verón quedó en el centro de la escena por su enfrentamiento Tapia, el hombre fuerte del fútbol argentino. El presidente pincha le pidió a sus jugadores que den la espalda a sus pares de Rosario Central en el pasillo de honor en desacuerdo con el título que la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) decidió otorgarle al club de Ángel Di María.

    Tanto Milei como sus funcionarios y los militantes libertarios se subieron a polémica en un fuerte respaldo a Verón. El Presidente mantiene con Tapia un duro enfrentamiento por las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), algo que el gobierno impulsa -son sin inconvenientes- y la AFA rechaza de plano.

    Milei se mostró en su despacho con camisetas de Estudiantes y el mundo libertario festejó con ruido los dos títulos que el equipo de La Plata consiguió en 2025.

    Verón impulsa la posibilidad de que capitales privados ingresen en el fútbol, no en la gestión integral de Estudiantes. Asegura que el club de La Plata tiene un techo en cuanto a crecimiento y que esos capitales pueden convertir a Estudiantes en un club más grande.

     

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    La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina acerca las propuestas para este fin de semana. El domingo, de 14 a 16 horas, tendrá lugar ‘Tardes Dulces’ en la Oficina de Turismo. En esta oportunidad, la emprendedora invitada será Cassia Repostería. También el domingo en el mismo horario se desarrollará una nueva edición…

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    El burócrata de Arendt y Sturzenegger: la banalidad del daño como política de Estado

     

    Hannah Arendt describió al burócrata moderno como alguien capaz de producir un daño inmenso sin odio ni pasión, apenas cumpliendo órdenes. En la Argentina de las últimas décadas, Federico Sturzenegger encarna como pocos esa figura: el técnico que, gobierno tras gobierno, pone su saber al servicio de un mismo proyecto de poder.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    Hay figuras que atraviesan la historia política sin necesidad de ganar elecciones ni dar discursos encendidos. No seducen multitudes ni bajan a la arena con consignas épicas. Su poder es otro: el del expediente, el decreto, la planilla de Excel. Hannah Arendt, al analizar el juicio a Adolf Eichmann, formuló una de las ideas más incómodas del siglo XX: la banalidad del mal. No hacía falta un monstruo para causar estragos; bastaba un burócrata eficiente, obediente y convencido de que solo “hacía su trabajo”.

    Federico Sturzenegger no es, claro, un criminal de guerra. El paralelismo no apunta a los hechos sino a la lógica. La del funcionario que se concibe a sí mismo como neutral, técnico, inevitable. El que no decide: ejecuta. El que no es responsable: administra. En nombre de esa supuesta asepsia, se despliegan políticas que arrasan con derechos, salarios, ahorros y soberanía, mientras el ejecutor se declara ajeno a las consecuencias.

    El burócrata sin odio

    Arendt observó que Eichmann no actuaba movido por un odio explícito ni por un fanatismo profundo. Su rasgo distintivo era la incapacidad de pensar críticamente lo que hacía. El mal se volvía banal porque se integraba a la rutina administrativa. Algo de eso aparece cada vez que Sturzenegger explica sus decisiones con un lenguaje deshumanizado, donde las personas se transforman en “distorsiones”, “ineficiencias” o simples “costos a corregir”.

    Durante el gobierno de Fernando de la Rúa, fue parte del equipo económico que sostuvo un esquema que terminó en una catástrofe social, institucional y económica. Más tarde, bajo Mauricio Macri, como presidente del Banco Central, su gestión quedó asociada a tasas de interés exorbitantes, bicicleta financiera y endeudamiento acelerado, un combo que benefició a los sectores concentrados y dejó una herencia explosiva.

    Hoy, con Milei, Sturzenegger reaparece como ideólogo del desguace estatal, celebrando despidos, recortes y privatizaciones como si fueran simples movimientos técnicos. El discurso se repite: no hay alternativa. La técnica reemplaza a la política y la obediencia a la reflexión ética.

    El servil perfecto del poder real

    Sturzenegger no responde a un partido ni a una identidad popular. Su lealtad es otra: el poder económico concentrado y la ortodoxia liberal que, desde hace décadas, busca achicar el Estado solo para los de abajo. Su principal talento consiste en adaptarse a distintos gobiernos siempre que la dirección sea la misma. Cambian los presidentes, cambia el clima político, pero el programa permanece intacto.

    Esa continuidad es clave para entender el paralelismo con Arendt. El burócrata no se pregunta por las consecuencias humanas de sus actos. No mira a los ojos a los despedidos, ni a los jubilados que pierden poder adquisitivo, ni a las universidades desfinanciadas, ni a los científicos expulsados. Cumple funciones. Firma papeles. Optimiza procesos.

    Noticias La Insuperable ha mostrado en distintas coberturas cómo este libreto se repite: el ajuste presentado como modernización, la pérdida de derechos narrada como valentía reformista, el sufrimiento social reducido a una variable secundaria.

    Pensar, la tarea que incomoda

    Para Arendt, el verdadero antídoto contra la banalidad del mal no era la moral abstracta sino el pensamiento. Pensar implica detenerse, dudar, hacerse cargo. Justamente lo que el burócrata evita. En ese sentido, Sturzenegger representa una forma extrema de irresponsabilidad política: la del que se escuda en la técnica para no responder por el daño que provoca.

    No hay neutralidad posible cuando se decide quién paga una crisis y quién se beneficia. No hay inocencia en el ajuste sistemático sobre los mismos sectores. La obediencia automática deja de ser excusa y se transforma en complicidad.

    El problema no es solo Sturzenegger como individuo, sino lo que simboliza: una élite tecnocrática que se cree por encima de la democracia, que reduce la política a gestión y convierte el sufrimiento social en una externalidad aceptable. Arendt advertía que este tipo de funcionarios no necesita ser malvado para ser peligroso. Basta con que renuncie a pensar.

     

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