La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa que quedan disponibles los últimos lugares destinados a artesanos y emprendedores que deseen participar de la Feria ReEmprender especial ‘Carnaval del amor’ durante sábado y domingo próximos.
Los interesados pueden comunicarse al teléfono 2984 904350 o acercarse a la Oficina de Turismo ubicada en Florencio Sánchez 817.
A través del decreto 033/21, el Intendente Marcelo Orazi declaró día no laborable para el personal femenino el día lunes 8 de marzo, con motivo de conmemorarse el Día Internacional de la Mujer. En el decreto se considera que esta fecha se presenta como un día para materializar una acción concreta y colectiva mundial de…
La Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina solicita transitar con precaución en calle 20 de Junio, entre Arrayanes y Villarino, donde el personal trabajó en la reparación de un caño de agua. Difunde esta nota
Facebook nació para dar a la gente el poder de compartir y hacer del mundo un lugar más abierto y conectado. Mark Zuckerberg Días atrás en Regina, una denuncia de desaparición de una persona (en este caso menor) mediante el uso de redes sociales. La imagen de la menor y el pedido de colaboración alcanzaron…
Hoy como en los 90 se vende una ilusión que no es más que eso, y que sólo puede sostenerse con un creciente disciplinamiento y una feroz represión que se festeja sin tapujos.
Por Ariel Fernández para NLI
Creer que bajar la edad de imputabilidad puede ser algo positivo en un país que se hunde en la desocupación y es atravesado por los más violentos discursos sociales, es al menos, ingenuo.
Está claro que las penas no resuelven nada, menos aún si hablamos de menores. Van a ser enviados a la cárcel, no para ayudarlos, sino para desecharlos. Hay una sociedad que prefiere no mirarse, que fomenta la eliminación de niños que no tienen escapatoria y que no son más que un producto neto de la misma sociedad que los señala.
Estamos en peligro, no hay dudas de eso, especialmente porque las respuestas a lo que nos pasa están tan cerca de nosotros que se nos hace imposible verlas.
Los pibes y las pibas arrastran nuestros dolores, nuestros despidos, la perversión de un estado que cada vez los empuja más a los márgenes, a un futuro devastado.
La muerte se los lleva cada vez más rápido o los condena sin la sentencia de un juez. La aleja de su naturaleza, de los colegios, de jugar a la mancha o de saborear un dulce. Desde las altas cumbres que se erigen en el dinero, son quienes ocupan los tronos principales los que definen a esos pibes y pibas, los que determinan cómo son y cuáles son sus derechos.
Los pibes concebidos como desecho de una sociedad que está partida al medio, que los insulta, que les teme con un miedo sin ningún fundamento más allá del que construyeron desde hace años un sector político con la complicidad de los medios de comunicación hegemónicos.
Son los excluidos de los excluidos. La parte más vulnerable de un sistema que no vislumbra un futuro colectivo, sino una especie de evolución donde los mejores lograrán ser empresarios de sí mismos.
Hoy como en los 90 se vende una ilusión que no es más que eso, y que sólo puede sostenerse con un creciente disciplinamiento y una feroz represión que se festeja sin tapujos.
La pobreza es un fenómeno que no para (y no tenemos por qué creer que esto va a cambiar) y establece reglas cada vez más desiguales, cada vez más injustas.
Entonces, para la gente de “bien”, la ecuación termina siendo perfecta, esos pibes ya no van a estar, porque los mata una bala, la droga o el encierro.
Todo parece terminar en la fría y perversa sensación (maldita y estúpida sensación) de aceptar sin miramientos la vida que, a pesar de nuestra voluntad, nos toca.
Durante décadas, la explicación dominante combinó crisis climáticas, guerras internas y agotamiento de recursos para justificar un supuesto abandono total de las grandes ciudades.
Por Alcides Blanco para NLI
La antigua ciudad maya de Tikal albergaba millones de habitantes en redes urbanas densamente conectadas. Imagen: pxhidalgo/Depositphotos/IMAGO
Durante más de un siglo, manuales escolares, documentales y discursos académicos repitieron una idea casi apocalíptica: la civilización maya colapsó y desapareció misteriosamente en la selva. Sin embargo, un reciente y exhaustivo artículo publicado por The Guardian propone algo mucho más inquietante para la historia tradicional: casi todo lo que creíamos saber sobre los mayas está equivocado.
Lejos del relato romántico de ciudades devoradas por la vegetación y pueblos extinguidos por causas desconocidas, la nueva evidencia arqueológica obliga a revisar de raíz la narrativa del “colapso”.
Una civilización mucho más poblada y compleja
Las investigaciones recientes, impulsadas por tecnologías como el escaneo láser LiDAR, revelan que las tierras bajas mayas no eran espacios marginales con algunos centros ceremoniales aislados. Por el contrario, se trataba de un territorio intensamente urbanizado, con redes de caminos elevados, terrazas agrícolas, reservorios de agua y sistemas de planificación territorial de enorme sofisticación.
El artículo de The Guardian destaca que las estimaciones actuales sugieren que la población pudo haber alcanzado cifras cercanas a los 15 o 16 millones de habitantes durante el período clásico, una magnitud comparable con varias regiones densamente pobladas de Eurasia en la misma época. Esto cambia radicalmente la percepción de los mayas como una sociedad dispersa o limitada demográficamente.
Investigadores como Francisco Estrada-Belli sostienen que el enfoque tradicional puso demasiado énfasis en la idea del derrumbe súbito, cuando en realidad lo que ocurrió fue un proceso complejo de transformación política, reconfiguración territorial y adaptación ambiental.
No hubo “fin del mundo” maya. Hubo reacomodamientos.
El mito del colapso y la mirada colonial
Durante décadas, la explicación dominante combinó crisis climáticas, guerras internas y agotamiento de recursos para justificar un supuesto abandono total de las grandes ciudades. Sin embargo, la nueva evidencia muestra que muchas comunidades continuaron activas, que hubo desplazamientos hacia otras regiones y que la cultura maya jamás dejó de existir.
El problema no fue solo arqueológico, sino también ideológico. La narrativa del colapso encajaba cómodamente en una visión colonial que veía a las civilizaciones indígenas como frágiles, autodestructivas o incapaces de sostener estructuras complejas en el largo plazo.
El artículo de The Guardian subraya que millones de mayas viven hoy en México, Guatemala y Belice, hablan sus lenguas originarias y mantienen tradiciones culturales vivas. Es decir: no estamos hablando de una civilización desaparecida, sino de un pueblo históricamente invisibilizado.
La política contemporánea también entra en juego. Dirigentes indígenas como Sonia Gutiérrez plantean que la revisión histórica no es un mero debate académico, sino una cuestión de reconocimiento, derechos y memoria.
Yaxhá en la cuenca del Petén, Guatemala. Fotografía: Marcus Haraldsson
Adaptación, no apocalipsis
Las nuevas investigaciones muestran que los mayas desarrollaron sistemas agrícolas intensivos, manejo sofisticado del agua y estrategias de resiliencia frente a sequías prolongadas. En lugar de una caída instantánea, lo que se observa es una transición: algunas grandes ciudades perdieron centralidad, pero otras regiones ganaron protagonismo.
Esto obliga a revisar la idea misma de “colapso”. ¿Fue un derrumbe total o una transformación estructural? ¿Estamos proyectando sobre el pasado categorías modernas que no se ajustan a las dinámicas antiguas?
La historia maya, lejos de cerrarse, se abre. Y lo que emerge es una civilización profundamente adaptable, con estructuras políticas cambiantes y una continuidad cultural que llega hasta nuestros días.
Reescribir la historia no es un gesto menor. Implica aceptar que la arqueología del siglo XX pudo haber estado atravesada por prejuicios, limitaciones tecnológicas y marcos teóricos hoy superados.
Y también implica algo más incómodo: reconocer que la civilización maya no fracasó. Simplemente no encajaba en el relato que Occidente quería contar.
La decisión de Luis Juez de sumarse de manera oficial a La Libertad Avanza en el Senado motivó una serie de movimientos que tuvieron impacto directo en la política cordobesa.
La senadora Alejandra Vigo, esposa del exgobernador Juan Schiaretti, se integró a un interbloque junto al correntino Camau Espínola y los tres senadores del PRO: el misionero Martín Goerling, la chubutense Andrea Cristina y la pampeana Victoria Huala. Ellos, sumados a la tucumana Beatriz Ávila, que responde a Osvalo Jaldo, y a la radical chubutense Edith Lorenzi, de línea directa con Nacho Torres como la amarilla Cristina, anunciaron la conformación del interbloque Impulso País.
Movimiento que, en Córdoba, por fuera del microclima del Congreso, volvió a acrecentar los rumores de vínculos entre Mauricio Macri y Schiaretti.
Fundamentalmente porque Juez se fue mal de la bancada del PRO en su relación con Macri, pero porque, además, un nuevo cambio de pechera en la carrera política del senador tuvo al oficialismo cordobés y la política local en general hablando de otro salto en estos más de 20 años. Y también porque el juecismo duro reaccionó con vehemencia y rechaza el repaso de ese CV de su líder.
El nuevo interbloque
Los juecistas más optimistas dicen que Juez aspira a interactuar en la sensible relación que hoy tienen las tres mujeres libertarias: Victoria Villarruel, Karina Milei y Patricia Bullrich. Y cuentan, por ejemplo, que hace unos días, en la previa de la discusión por reforma laboral, el cordobés salió a aclararle el reglamento a la vicepresidenta cuando ésta quiso tener injerencia y protagonismo en el debate.
Los que rechazan la figura del senador cordobés, donde también hay varios libertarios, reconocen que la incorporación es un intento más por entrar en la consideración presidencial para encabezar la boleta provincial en 2027. Objetivo lejano si se repasan las palabras del propio Gabriel Bornoroni el viernes pasado cuando ratificó en El Doce que «La Libertad Avanza llevará candidatos propios» y consultado sobre los aliados lanzó: «cuando vayamos caminando se van a ir acomodando las cosas».
Ahora, este gesto entre Schiaretti y Macri en el Congreso es seguido de cerca por muchos. Sobre todo, por aquellos que conocen la incomodidad del exgobernador en la bancada y particularmente en la relación con algunos del bloque que hablan con Sergio Massa; pero, además, por los que tienen alguna expectativa con el desembarco del expresidente en Córdoba.
Esto sería a mediados del mes próximo y puede coincidir con dos arribos de foráneos a la provincia mediterránea: el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, que viene a untar el pancito en la interna radical local y buscar respaldo nacional; y el propio expresidente Javier Milei que podría tener un encuentro con empresarios una vez que se sancione la reforma laboral.
Y hay un dirigente local que podría mantener contacto con los tres; no necesariamente de manera pública. Es Rodrigo de Loredo, el exdiputado radical tiene un juego de necesidades mutuas con el mendocino; él lo respaldará para la proyección nacional en la carrera del cuyano para la vicepresidencia de Milei y espera que este haga lo propio para asegurar la continuidad de su espacio al mando del sello de la UCR cordobesa. Respaldo que, incluso, podría no sólo ser verbal.
Pero el radical cordobés también pretende empujar una foto con Milei a mediados de marzo en Córdoba y mantiene vínculos con Macri. Un escenario bastante similar al que se produjo el año pasado y con el que se quedó a mitad de camino, afuera del Congreso.
Por esto, algunos creen que una candidatura de De Loredo en 2027 avalada por el macrismo, sería una salida decorosa si no puede tejer algo expectable en la sociedad Bornoroni-Juez.
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