TRIUNFO DEL ALBO EN EL DEBUT DE LA LIGA CONFLUENCIA FEMENINA
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TRIUNFO DEL ALBO EN EL DEBUT DE LA LIGA CONFLUENCIA FEMENINA

TRIUNFO DEL ALBO EN EL DEBUT DE LA LIGA CONFLUENCIA FEMENINA

El fútbol femenino del Club Atlético Regina hizo su estreno durante la mañana del domingo ante Deportivo Roca en la Liga Deportiva Confluencia Femenina 2021, con un importante triunfo y un emotivo momento donde las chicas recibieron por parte del cuerpo técnico una bandera en homenaje a Débora Alvarado, símbolo eterno del fútbol femenino del Albo.

El equipo dirigido por Federico Tello sabía desde el principio que no sería un encuentro sencillo por tratarse de una institución fuerte como lo es siempre el Naranja y porque ya existía un antecedente con derrota, aunque en aquella oportunidad se había jugado en el Luis Maiolino. Sin embargo, desde un primero momento Regina se apoderó de la tenencia de la pelota y durante los 90 minutos manejó el partido al ritmo que quiso.

Hasta la llegada del primer gol, las jugadoras del Albo tuvieron más de una chance clara para abrir el marcador pero por buenas resoluciones de la arquera o remates que no llegan con buena dirección, el arco se mantuvo en cero hasta aproximadamente los 10 minutos de la primera mitad.

En plena jugada en ataque, la pelota quedó muerta en el punto penal y el despeje de la defensora visitante quedó corto en los pies de Sepulveda que controló y de primera buscó el arco aprovechando que la arquera naranja estaba unos pasos adelantada y colgó la pelota en el ángulo derecho.

Ya con el 1-0 a su favor, Las Leonas del Albo empezaron a manejar mejor los tiempos y fue cuestión de minutos nomás para que el segundo tanto llegue. Díaz intentó pasar en 3/4 de cancha y fue derribada, acción que terminó en tiro libre favorable a las locales. Fue la misma Díaz la que buscó el arco con un remate firme al palo que terminó en el fondo de la red y con brazos al cielo y posterior abrazo con su entrenador, la 11 de Regina festejó su tanto.

Con el correr del reloj, el partido se fue haciendo cada vez más favorable a Regina y llegaría el tanto de Martinez que prácticamente sentenciaría la historia. Como si esto fuera poco, inmediatamente llegó el cuarto grito por parte de Pino que también de tiro libre logró ampliar la ventaja.

El segundo tiempo sirvió para bajar las revoluciones y aprovechar a sumar minutos y ritmo de juego de cara al resto del campeonato. A pesar del triunfo, Regina marcha segundo en la tabla de posiciones por detras de Argentinos del Norte -próximo rival- que goleó 5 a 0 a Alto Valle.

Al final del encuentro, Anna Castro fue premiada como la jugadora del partido por el medio local «De Pizarron» y la volante central y capitana del equipo expresó sus sensaciones por el triunfo, las aspiraciones que tiene el equipo y la emoción que les llevó recibir la bandera de sorpresa.

Fuente: Prensa Atlético Regina

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  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

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    Vientos de cambio… y agua: se inunda el Hotel Sheraton donde Milei cerrará el foro libertario

     

    Un caño roto provocó una filtración y el desprendimiento de paneles en el Sheraton, donde Milei cerrará el foro libertario “Vientos de Cambio”.

    Por Lola Santacreta para NLI

    Una inesperada complicación alteró este miércoles la actividad en el Hotel Sheraton de Retiro, donde se desarrolla el foro liberal “Vientos de Cambio” y está previsto que el presidente Milei encabece el acto de cierre. Una rotura de un caño provocó una importante filtración de agua y el desprendimiento de paneles en las inmediaciones de la sala de prensa, obligando a los trabajadores del establecimiento a intervenir para contener la situación mientras se esperaba la llegada del mandatario.

    El episodio ocurrió precisamente en el escenario elegido por la Fundación Libertad y Progreso para reunir durante dos jornadas a dirigentes políticos, economistas, empresarios y referentes internacionales del universo liberal. La cumbre comenzó el martes y tiene como sede al Sheraton Buenos Aires Hotel & Convention Center, en Retiro, con una agenda que incluye exposiciones de funcionarios del Gobierno nacional y figuras vinculadas al pensamiento económico y político que reivindica el oficialismo.

    Una filtración en medio del encuentro libertario

    Mientras los organizadores avanzaban con los preparativos para la jornada de cierre, el desperfecto obligó a los trabajadores del hotel a desplegar baldes y elementos de contención ante el ingreso de agua. La filtración, además, derivó en el desprendimiento de paneles en una zona próxima al espacio destinado a la prensa, generando una escena inesperada en medio de uno de los principales encuentros políticos del oficialismo y su entorno internacional.

    La situación adquirió rápidamente un particular valor simbólico por el contexto en el que ocurrió: el foro lleva por nombre “Vientos de Cambio: Avanza la Libertad en Argentina y las Américas” y fue presentado por sus organizadores como una cumbre destinada a debatir la transformación económica y política de la región. En su página oficial, Libertad y Progreso señala que el encuentro reúne a más de 700 líderes de más de 20 países y lo define como una oportunidad para impulsar una nueva etapa regional basada en sus postulados de libertad económica.

    La postal de trabajadores intentando contener el agua dentro del hotel terminó contrastando, inevitablemente, con el discurso de eficiencia, transformación y reducción del Estado que atraviesa las exposiciones del encuentro. Sin necesidad de convertir el desperfecto edilicio en una cuestión política en sí misma, la escena no deja de resultar llamativa: mientras en los salones se discute cómo modificar estructuras enteras de la economía y el Estado, en los pasillos del mismo edificio se trabaja contrarreloj para contener una filtración y evitar que el incidente genere mayores inconvenientes.

    Milei prepara el cierre ante el núcleo libertario

    El episodio se produjo horas antes de la llegada de Javier Milei, prevista para las 18:15, cuando el Presidente será el encargado de cerrar formalmente la cumbre. Su participación concentra buena parte de la expectativa de la segunda jornada, después de que el martes distintos referentes del espacio expusieran sobre desregulación, economía y políticas públicas.

    Entre los participantes estuvo el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien defendió el rumbo económico del Gobierno y llegó a bromear con que su cartera podría ser considerada un “ministerio de la felicidad” debido a los efectos que, según sostuvo, provocan las desregulaciones. También afirmó que el Gobierno lleva acumuladas 17.000 millones de desregulaciones y destacó las cifras de crecimiento que atribuyó a la gestión.

    La jornada de este miércoles contempla además la participación de funcionarios y referentes económicos como el canciller Pablo Quirno, el ministro de Economía Luis Caputo y el viceministro José Luis Daza, además de especialistas y dirigentes vinculados al liberalismo regional. La presencia inicialmente anunciada del empresario tecnológico Peter Thiel, sin embargo, finalmente no se concretó y fue retirada del programa.

    Por ahora, el incidente en el Sheraton aparece como un contratiempo logístico que los trabajadores del hotel intentan resolver antes del momento central del encuentro. El agua podrá ser contenida, los paneles reemplazados y la actividad continuar normalmente, pero la imagen de los trpos en el piso, los techos cayendo y la filtración quedó instalada como una inesperada escena previa al discurso presidencial.

    A las 18:15, Milei buscará cerrar el foro ante el núcleo más cercano del universo libertario con la defensa de un modelo basado en la desregulación, la reducción del Estado y la libertad de mercado. Mientras tanto, a pocos metros de donde se prepara el escenario político, los trabajadores del Sheraton tienen una misión bastante más concreta: que los “vientos de cambio” no terminen convertidos en una inundación.

     

  • Milei llamó a la unidad nacional por la causa Malvinas: «Las islas son nuestras y nos las arrebataron»

     

     Javier Milei hizo un llamado a la unidad nacional para defender las Malvinas y anunció que endurecerá las sanciones para las empresas petroleras que operen en las islas, en un mensaje emitido por cadena nacional con duras críticas al Reino Unido.

    El presidente invitó «a toda la dirigencia política, económica y social de la argentina a sumarse como una misma voz a este reclamo». «Las islas son nuestras y nos las arrebataron», dijo. 

    «En el mundo corren vientos de cambio favorables a nuestro reclamo. Recientemente el presidente Trump declaró que los Estados Unidos están revaluando su posición histórica con relación a Malvinas», dijo el libertario sobre las declaraciones del presidente de Estados Unidos que motivaron la cadena nacional.

    Milei firmará un decreto para endurecer las sanciones y penas estipuladas en la ley que el kirchnerismo aprobó en 2011 contra las compañías que actúen en el archipiélago, las que no podrán trabajar en la Argentina y se expondrán a un juicio en ausencia.

    Milei confirmó que el Gobierno desplegará «todas las herramientas del Estado, diplomáticas, económicas, judiciales y legales para disuadir a los actores estatales y no estatales que violenten la soberanía» sobre las Malvinas.

    Además, anunció que dispondrá mayores recursos al Ministerio de Defensa a través de un DNU para construir una base militar en Tierra del Fuego. El anuncio es cuanto menos curioso, habida cuenta que el propio Milei desfinanció las Fuerzas Armadas, eliminó la obra pública y compró unos aviones que, por una restricción de Inglaterra que él mismo aceptó, no tienen radar ni alcance para operar en el Atlántico Sur.

    En el gobierno dijeron de todos modos que «hace mucho tiempo que un Presidente no planteaba el tema con tanta fuerza y decisión política». En ese sentido dijeron que el discurso, escrito por Santiago Caputo, tuvo un tono mucho más presidencial, hablando de soberanía, unidad nacional y de los intereses de la Argentina, y sin insultos ni teorías rimbombantes.  

    El cambio más radical de Milei fue en el discurso antibritánico, luego de haberse declarado fan de Margaret Thatcher y de haber intentado prohibir las manifestaciones sobre Malvinas en la semifinal que La Scaloneta le ganó a Inglaterra en el Mundial de Estados Unidos. 

     

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    UNA NUEVA FECHA WELLNESS: ZEZÉ NOU & HEREJES

    Una nueva fecha se acerca y también una producción más jugada ya que realizar espectáculos con bandas está permitido, razón por la cual la productora Velvet (www.velvetpro.com.ar) fue en busca del conocido y talentoso artista Zezé Nou para ser entrevistado por Mica Martinez, host del evento, y podamos conocer más a fondo al guitarrista y…

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