trabajos-en-calles-de-barrios-don-rodolfo-y-mitre

Trabajos en calles de barrios Don Rodolfo y Mitre

La Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina informa que hoy y mañana se estará trabajando con la máquina motoniveladora en los barrios Don Rodolfo y Mitre.  Por esta razón se solicita a los vecinos no dejar los vehículos estacionados para posibilitar el paso de la máquina.

(Foto archivo)

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • PRIMER MEETING DE CULTURA ASIÁTICA EN REGINA

    Este sábado se realizará en Villa Regina el primer “Meeting” que reunirá a los amantes del K-Pop y del Animé en el Polideportivo Municipal Cumelen. El encuentro se llevará a cabo en el gimnasio N° 2 del Polideportivo, desde las 15 hasta las 20 del sábado 22. La entrada es libre y gratuita. Oliver y…

    Difunde esta nota
  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

    Difunde esta nota
  • La Universidad Austral denunció que Milei viralizó un mapa trucho sobre el crecimiento económico de las provincias

     

    Javier Milei viralizó un mapa falso para celebrar el supuesto crecimiento por provincias de la Argentina y la Universidad Austral salió a desmentirlo.

    El presidente retuiteó varias veces una imagen que también fue amplificada por Felipe Núñez y Martín Vauthier, funcionarios de Luis «Toto» Caputo, en la que se citaba un informe apócrifo de la IAE Bussiness School de la Austral. 

    El mapa fue compartido por otros habituales difusores de fake news como Fernando Iglesias, embajador en Bélgica e incluso por macristas como Martín Yeza.

    Milei compartió el mapa 14 (catorce) veces para instalar que la provincia de Buenos Aires fue la única cuya economía se achicó, contra el ejemplo de pujanza de otras provincias como Neuquén y San Juan.

    En el mapa trucho no sólo no aparecen las Malvinas sino que la provincia Tucumán, el Jardín de la República, fue extirpada del territorio nacional.

    «El mapa de crecimiento económico provincial que circula en redes sociales y que cita como fuente ‘IAE – Informe Económico Mensual marzo 2026′ no fue elaborado por el IAE ni forma parte de ninguno de nuestros informes», desmintió la IAE en su cuenta de Twitter.

     Martín Rapetti, director de Equilibra, exhibe un mapa totalmente opuesto al que compartió Milei: con todas las provincias en rojo, la única que crece es Neuquén por Vaca Muerta.

     

    Difunde esta nota
  • RE-PARAR LA VIOLENCIA: LA PROPUESTA DE FAMILIARES DE VÍCTIMAS DE FEMICIDIOS

    LAVACA.org es una cooperativa que propone generar herramientas, información, vínculos y saberes que potencien la autonomía de las personas y sus organizaciones sociales. Todos los meses desde el observatorio Lucia Perez, uno de sus espacios digitales donde por ejemplo crearon el primer padrón autogestivo y público de femicidios del país, comparten un resumen mensual del…

    Difunde esta nota
  • Con un ‘Sello Argentino’, se presenta el ensamble ‘Perla del Valle’

    El ensamble ‘Perla del Valle’ se presentará el próximo sábado 17 de julio a las 21 horas en el Galpón de las Artes. Las entradas gratuitas y limitadas pueden retirarse en la Escuela Municipal de Arte en Brasil 91. Luego de la exitosa presentación de la Filarmónica de Río Negro, se podrá disfrutar del ensamble…

    Difunde esta nota
  • Menem desmintió a Milei y dijo que el culpable del Rufusgate fue su community manager

     

    Martín Menem sigue enredado en el Rufusgate, la cuenta anónima desde que se atacaba a Santiago Caputo. El riojano ahora desmintió al propio Javier Milei sobre la supuesta «operación prefabricada» y volvió a su versión inicial de un error de su community manager.

    Luego de que el sector de Caputo publicara un video en el que demostraron cómo la Wayback Machine confirmó que Periodista Rufus es Menem, el presidente de la Cámara de Diputados volvió sobre sus pasos y dejó en offside al mismísimo Milei que había salido a defenderlo públicamente

    «El mismo sábado le dije que ‘para mí pasó esto: se trata de un link de Instagram, que lo envió alguna de las personas que colabora conmigo’. Es un link de una noticia y algún pícaro de por ahí tomó ese link, lo subió y cualquiera que lo abra le va a parecer que es de Martín Menem, pero absolutamente nada que ver con esa cuenta», explicó Menem en radio Mitre.

    El problema es que Milei dijo otra cosa. El presidente dijo en Neura que lo de la cuenta «fue algo que le han plantado» a Mene, y estaba «prefabricado». Para justificar la teoría de la «operación», Milei dijo que vio «un video que armó Oría que explica lo que le hicieron a Menem».

    Gordo Dan en llamas porque Wayback Machine confirmó que Rufus es Menem: «Le mintieron al Presidente»

    El video de Oría nunca apareció, como le había reclamado El Gordo Dan. El influencer caputista ya había resaltado las contradicciones de Menem. 

    «Vuelven a cambiar la versión, hay un nuevo cambio de versión con respecto a lo que ya había dicho el propio Martín Menem de que se trataba de una equivocación de un CM suyo. Ahora están diciendo que es una operación implantada, lo cual creo que no tiene conexión con esa previa versión», dijo el martes Gordo Dan en Carajo. 

    Menem también dijo que es «una falsedad absoluta» que sea Rufus y le respondió a los caputistas que dicen que le mintió a Milei. «Miren, les pido por favor que no subestimen al Presidente, esto es subestimar al Presidente. Si alguien pensara que yo le miento al Presidente, no me hubiera dado la enorme responsabilidad de conducir la Cámara de Diputados», se defendió.

    Preocupación en el Gobierno porque Karina expone a Milei para defender a los Menem y Adorni 

    La idea de que el entorno de Karina le vende pescado podrido a Milei está muy instalada entre los caputistas y hasta Agustín Laje se subió al coro. «No tenía ninguna intención de meterme en este quilombo, pero cómo molesta constatar que le están mintiendo al Presidente. No solo es inaceptable desde el punto de vista moral, sino también peligroso desde el político. Lejos de proteger al poder, la mentira lo corroe desde adentro», tuiteó uno de los artífices del relato oficial.

    Como reveló LPO, en un sector del gobierno crece la

    preocupación porque Karina está exponiendo a Milei para defender a los Menem y Manuel Adorni, y el Presidente termina haciendo el ridículo en público como la promesa fallida de la presentación de la declaración jurada del jefe de Gabinete y la idea de una operación prefabricada detrás de Rufus.

     

    Difunde esta nota

Deja una respuesta