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Trabajos en calles de barrios Don Rodolfo y Mitre

La Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina informa que hoy y mañana se estará trabajando con la máquina motoniveladora en los barrios Don Rodolfo y Mitre.  Por esta razón se solicita a los vecinos no dejar los vehículos estacionados para posibilitar el paso de la máquina.

(Foto archivo)

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    «No hay más secundario»: empresas de colectivos descargan la crisis sobre los estudiantes y ponen en jaque un derecho conquistado

     

    La escena se repite cada vez con más frecuencia y expone una realidad alarmante. Este mediodía, estudiantes que intentaban viajar con el boleto estudiantil secundario en la línea 8 recibieron una respuesta tan contundente como preocupante: «No hay más secundario», les dijo el chofer del interno 722. A partir de allí, los jóvenes quedaron ante una disyuntiva imposible: pagar una tarifa que muchos no pueden afrontar o descender de la unidad y perder la posibilidad de llegar a la escuela o retornar a sus hogares.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    El episodio no aparece como un hecho aislado. Según denuncian usuarios y familias, situaciones similares comienzan a multiplicarse en distintas líneas de transporte, en un contexto marcado por el aumento permanente de los combustibles, la crisis financiera que atraviesa el sector y la reducción de la asistencia estatal. Sin embargo, detrás de cada estudiante obligado a pagar o a bajarse de un colectivo existe una pregunta de fondo: ¿quién debe garantizar el acceso a la educación, las empresas privadas o el Estado?

    Cuando la crisis la pagan los estudiantes

    El boleto estudiantil no es un beneficio comercial ni una concesión graciosa de las empresas. Se trata de una herramienta destinada a garantizar el acceso a la educación pública, evitando que el costo del transporte se transforme en una barrera para miles de familias trabajadoras.

    Cuando una empresa decide desconocer ese derecho o limitar su aplicación, el impacto no recae sobre balances empresariales ni sobre funcionarios. Lo sufren directamente los estudiantes. Cada viaje que deja de estar cubierto implica un gasto adicional para hogares que ya enfrentan aumentos constantes en alimentos, tarifas, alquileres y servicios.

    La consecuencia es tan sencilla como brutal: estudiar se vuelve más caro. Y cuando la educación pública comienza a incorporar costos que antes estaban garantizados por políticas estatales, quienes terminan pagando son los sectores populares.

    La situación remite inevitablemente a una larga historia de luchas estudiantiles. El reclamo por el boleto estudiantil forma parte de una tradición de organización juvenil que tuvo uno de sus capítulos más trágicos durante la dictadura con la recordada Noche de los Lápices, cuando estudiantes secundarios fueron secuestrados, torturados y desaparecidos tras participar, entre otras reivindicaciones, de la defensa de ese derecho. Por eso, cada retroceso en esta materia tiene una carga simbólica que trasciende la discusión económica.

    El Estado se corre y los derechos quedan a merced de privados

    La situación también expone una tendencia cada vez más visible durante la gestión de Milei: la retirada del Estado de áreas sensibles y la transferencia de responsabilidades públicas hacia actores privados.

    Desde NLI ya habíamos advertido sobre este fenómeno el pasado 26 de mayo, cuando se conoció la eliminación de compensaciones para los pasajes gratuitos de personas con discapacidad, en una decisión que no tuvo la trascendencia necesaria ni la dimensión esperada, oculta tras el mando de discusiones internas o Declaracines Juradas no presentadas. En aquel caso, el Gobierno dejó de financiar una política pública y trasladó la carga económica a las empresas, convirtiéndolas de hecho en administradoras de un derecho que debería estar garantizado por el Estado.

    Ahora el mecanismo parece repetirse. Mientras el transporte enfrenta aumentos de costos y problemas de financiamiento, los controles estatales brillan por su ausencia y los usuarios quedan atrapados en el medio. En lugar de garantizar el cumplimiento efectivo de los derechos adquiridos, el Gobierno parece optar por correrse y dejar que cada empresa resuelva la situación como considere conveniente.

    El resultado es previsible: cuando los números no cierran, quienes primero sufren las consecuencias son los sectores más vulnerables.

    Un nuevo golpe contra la educación pública

    La negativa a reconocer el boleto estudiantil no puede analizarse únicamente como un conflicto de transporte. También constituye un nuevo capítulo en el deterioro de las condiciones de acceso a la educación pública.

    Durante los últimos meses, estudiantes, docentes y universidades protagonizaron múltiples reclamos frente a recortes presupuestarios, pérdida salarial y reducción de programas de asistencia. Ahora, a ese escenario se suma la incertidumbre sobre una herramienta fundamental para que miles de jóvenes puedan asistir a clases.

    Detrás de cada estudiante obligado a pagar un pasaje que antes estaba cubierto existe una definición política. Porque cuando el Estado abandona su rol de garante y permite que derechos básicos queden sujetos a la capacidad económica de empresas privadas, lo que está en discusión ya no es solamente una tarifa de colectivo. Lo que está en juego es la igualdad de oportunidades.

    Y una vez más, quienes terminan soportando el peso del ajuste son aquellos que menos tienen y más necesitan de la presencia estatal para ejercer derechos que deberían estar fuera de cualquier discusión.

     

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     La pizarra dejó una foto incómoda para el Gobierno: Wall Street cerró en verde, pero los papeles argentinos terminaron en rojo. No fue un mal día global. Fue un mal día argentino. Mientras el Dow Jones subió 0,45%, el S&P 500 avanzó 0,13% y el Nasdaq ganó 0,03%, los ADRs locales cayeron hasta 6% y el Merval en dólares perdió 1,8%, hasta los USD 2.136.

    La baja la encabezó Loma Negra, con una caída del 6%. Globant y Cresud retrocedieron 4,9%. En la plaza local, el rojo también se sintió: el índice líder perdió terreno medido en dólares y volvió a quedar atrapado cerca de una zona que el mercado mira con lupa. Las excepciones fueron pocas. Ternium subió 4,4% y Tenaris avanzó 2%. En una rueda gris, el acero hizo de refugio.

    La primera explicación fue la más obvia: toma de ganancias. La semana previa, según Cohen, los ADRs argentinos habían subido 9,6% promedio, con Telecom, Supervielle y BBVA entre los papeles más fuertes. El mercado venía cargado. Una parte de los inversores miró la ganancia, cerró la planilla y decidió pasar por caja.

    Pero el dato fino no está en la toma de ganancias. Está en el dólar. Sailing Inversiones detectó una mayor demanda de cobertura cambiaria, con el MEP subiendo cerca de 0,7% y una rueda más floja para las Lecap. Es decir: cuando vuelve la necesidad de cubrirse contra el peso, las acciones argentinas pierden aire aunque Nueva York acompañe.

    La trampa del dólar estable consolida una economía dual

    Ahí aparece la señal que más mira la City. El carry trade ya no opera como una autopista despejada. La compresión de tasas en Lecap volvió menos atractivo el juego de quedarse en pesos, sobre todo cuando la inflación todavía corre por encima de algunos rendimientos cortos. En ese marco, el inversor no abandona del todo la Argentina, pero cambia el paso: menos tasa fija corta, más cobertura y más selectividad.

    La rueda dejó una escena de doble fondo. Los bonos soberanos subieron apenas, el Global 2041 avanzó 0,26% y el riesgo país se movió casi sin ruido, hasta los 491 puntos básicos. Pero las acciones no acompañaron. El mercado no dijo «me voy». Dijo algo más preciso: «me cubro». 

    Lo que pasó no fue un giro bajista. Fue una advertencia. Cuando el MEP se mueve y las Lecap aflojan, los fondos no necesitan vender todo. Les alcanza con bajar exposición. Argentina todavía gusta, pero nadie quiere quedarse desnudo en pesos.

    El mapa de consultoras muestra una Argentina partida. IOL sostiene que el Merval en dólares lateraliza entre USD 1.800 y USD 2.100 y que el upgrade ya estaba parcialmente incorporado en los precios. La mejora de Fitch ayudó, pero no alcanzó para abrir otro escalón. El índice ya había pasado de mínimos cercanos a USD 1.100 a la zona de USD 2.150 después del resultado electoral de octubre pasado. Desde entonces, quedó moviéndose como un ascensor trabado entre dos pisos.

    La mejora de Fitch de principios de Mayo fue importante. La calificadora subió la nota de Argentina a B- desde CCC+ y citó mejoras fiscales, avances de reformas, mejores perspectivas de acumulación de reservas y una estrategia de financiamiento más clara. Pero el mercado leyó la letra chica: una cosa es mejorar la nota y otra es volver al mercado internacional en condiciones razonables.

    Delphos ve valor en bancos y en Oil & Gas. Galicia y Supervielle mostraron una foto débil, pero con una posible señal de giro: la mora siguió creciendo, aunque a menor ritmo, y el pico podría haber quedado en el primer trimestre. Esa es la apuesta. No está en el presente. Está en que el deterioro deje de morder.

    Grupo SBS mantiene a Galicia como el «play Argentina» por su alto beta. Traducido al castellano de la mesa: si la Argentina sale bien, Galicia vuela; si se complica, Galicia paga primero. IEB, en cambio, arma una cartera más repartida, pero con sesgo claro: sobrepondera Oil & Gas y bancos. Tiene 10% en YPF, 10% en Pampa, 15% en Vista, 15% en Macro y 10% en BBVA.

    La diferencia de sectores también cuenta la historia. En lo que va del año, el Merval en dólares sube apenas 3%. Pero Vista gana 53% e YPF avanza 34%, muy por encima del índice. Los bancos, en cambio, quedaron rezagados: Supervielle cae 20%, Galicia 10%, Macro 3% y BBVA 2%. El mercado compra Vaca Muerta con más convicción que crédito interno. No es casualidad.

    IOL destaca a YPF como su caso preferido para 2026. La razón es concreta: balances del primer trimestre con márgenes récord, baja del lifting cost en Vaca Muerta y producción de shale oil con crecimiento interanual de 38%. Además, según esa lectura, YPF cotiza a menos de 5 veces EV/EBITDA, con un descuento de 40% frente a comparables de shale oil en Estados Unidos.

    Balanz también ve que la mejora de Fitch puede funcionar como catalizador. Pero ata el recorrido de los activos a dos condiciones: que baje más el riesgo país y que Argentina pueda volver al mercado internacional. Sin ese paso, el rally queda corto de nafta. Hay entusiasmo, pero todavía no hay combustible barato para financiarlo.

    «Lo que pasó no fue un giro bajista. Fue una advertencia», dijo a LPO un operador de la City. «Cuando el MEP se mueve y las Lecap aflojan, los fondos no necesitan vender todo. Les alcanza con bajar exposición. Argentina todavía gusta, pero nadie quiere quedarse desnudo en pesos», concluyó.

    La lectura política es simple. El Gobierno logró ordenar parte de la superficie financiera, pero todavía no resolvió el problema de fondo: la economía necesita dólares genuinos, crédito externo accesible y una recuperación que no se limite a los sectores exportadores. Mientras esa ecuación no cierre, cada suba fuerte de acciones puede convertirse en una estación de salida.

     

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