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SPORT WASHING: LA CAMISETA NO SE MANCHA

Tras el peor derrame de crudo en Perú, Repsol sponsorea a la selección nacional de fútbol. El convenio entre la petrolera española y la federación de fútbol peruano pone en el ojo de la tormenta las metodologías fraudulentas de marketing.

La empresa de hidrocarburos que causó el mayor desastre ecológico de la historia en Lima y Callao a principios de 2022 está actualmente patrocinando al equipo nacional de Perú. Repsol fue la responsable de un derrame sobre el litoral marítimo que involucró casi 12 mil barriles de combustible tras la ruptura y el posterior colapso de tuberías marítimas deficientes.

La compañía, cuyo logo hoy está estampado en el lugar central de la camiseta peruana, causó la muerte de más de dos mil animales silvestres y dejó sin fuente laboral a unos 11.000 trabajadores, entre pescadores y comerciantes. 

Sport washing” es la práctica de un individuo, grupo, corporación o estado que usa el deporte para mejorar su reputación dañada, a través de la organización de un evento deportivo, la compra o el patrocinio de equipos, o mediante la participación en el deporte mismo. A nivel individual o corporativo se utiliza el sportswashing para encubrir y desviar la atención de los vicios, delitos o escándalos de una empresa.

El green washing se define como una comunicación abusiva y engañosa.

Este término y su modo engañoso de accionar crece de la mano del “green washing”, una práctica de marketing verde destinada a crear una imagen ilusoria de responsabilidad ecológica que incluye diferentes estrategias para engañar al consumidor o, por decirlo de otra forma, no decir toda la verdad o contar una mentira a medias. Las ONG utilizan con frecuencia el término greenwashing para denunciar a las empresas que se preocupan falsamente por el medio ambiente orientando la imagen de marketing hacia un posicionamiento ecológico mientras que sus actividades van en contra del medio ambiente.

@pandoramarketing Repsol intenta lavarse la cara como nuevo auspiciador de la selección Peruana de Fútbol 😡 ¿Qué opinas? #fyp #fypシ #noticiasperu #repsol #fpf #seleccionperuana #parati #viralperu #foryou #viral #sportwashing #paologuerrero #realidadnacionalperu #tiktokperu #noticiasperu #peru ♬ Disappear – Maniak-B

Saliendo del marco teórico conceptual y retomando el caso peruano, Repsol estampó su marca como protagonista en la camiseta nacional. El holding ibérico opera en Perú desde 1995, pero jamás su imagen pública fue tan pobre entre la ciudadanía local a causa del mayor derrame marítimo en el país, es por eso que se aplica el sportswashing. Desde el ministerio de ambiente local denunciaron hace un año que la empresa solo había pagado el 3% (780.000 dólares) de las multas que se le habían impuesto.

En un inicio, la empresa catalogó el derrame como un incidente menor y solo reportó el vertido de 0,16 barriles (unos 25 litros), de modo que las autoridades peruanas no conocieron la magnitud del desastre hasta que el día siguiente comenzó a llegar el crudo a las playas de Ventanilla.

El petróleo derramado se esparció a lo largo de unos 50 kilómetros de costa, desde Ventanilla, en el Callao, la región portuaria aledaña a Lima, hasta la población de Chancay, en el norte del departamento de Lima.

En superficie, el crudo se ha extendido por 11.9 kilómetros cuadrados entre playas y agua, según el último reporte ofrecido por las autoridades peruanas. Sobre las acciones llevadas adelante por Repsol para remediar las zonas afectadas, no se evidenciaron acciones claras de limpieza y de remediación.

La debilidad que tienen los estados latinoamericanos frente a las transnacionales es llamativamente vergonzosa, en nuestro país lo podemos ver a diario en los casos de extracción de litio en el norte y fracking en Rio Negro/Neuquén. Donde los gobiernos provinciales entregan los recursos naturales llevando a cabo proyectos netamente empresariales sin debate en legislaturas, sin participación de universidades y científicos, ni controles provinciales; con impuestos que son irrisorios y planes de contingencia que dan pena.

A nivel de Estado, el lavado deportivo se ha utilizado para desviar la atención de un historial deficiente de derechos humanos y escándalos de corrupción dentro del gobierno y para esto tenemos dos casos puntuales: El de Qatar 2022 y el de Argentina 1978.

El caso de Qatar y el último Mundial masculino de fútbol es uno de los ejemplos más evidentes de sportswashing, un país con un historial bastante controvertido en lo que respecta a garantizar la protección de los derechos humanos, la FIFA lo seleccionó para organizar una competición que pretendía ocultar ciertos temas (como, por ejemplo, la mano de obra esclava de los trabajadores migrantes, o sus políticas LGTBQ) bajo el encandilamiento de grandes estrellas del fútbol y un evento deportivo de alcance mundial.

En ese sentido, el blanqueamiento deportivo actual es comparable a, por ejemplo, el mundial de Futbol 1978 organizado en Argentina donde la dictadura militar ocultaba ante los ojos del mundo mediante el mundial las atrocidades cometidas sobre derechos humanos, sistemáticas y planificadas. El Mundial de Qatar pretendía en todo momento generar una imagen afable y turística. Es decir, distorsionar la realidad nacional a través de la magia del fútbol.

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    Nada parece trastocar, sin embargo, el modelo aspiracional de la masa expoliada: todxs queremos comprar la casa propia, conseguir un buen trabajo, tener una oportunidad de éxito. Y todo, mientras ocurre Gaza a cielo abierto, índice histórico de una especie humana que devino genocida y que evidencia —como dice Segato en Play—  que “la Ley es el poder de muerte”. Y todo mientras los líderes de la ultraderecha dicen preocuparse por la baja en la tasa de la natalidad, replicando viejas teorías conspiranoicas que revitalizan ideas paranoicas del “gran reemplazo”. Y todo mientras los drones realizan el trabajo “limpio” del aniquilamiento y a los soldados les resta el trabajo sucio de comunicar los decesos. Pero La anatomía de la ciudad de las letras (III) produce el silenciamiento. No sólo lo hace a través de las dictaduras, los fascismos históricos y la represión. También se sirve de la cultura de masas, de canciones que enseñan que “hay que cerrar la boca para vivir mejor”. Así, del silenciamiento producido por las bombas de Malvinas o de cualquier otra guerra al quitarse la vida para “no ver, ni oír, ni hablar” hay menos pasos de los que uno imagina. 

    Revolución 

    ¿Puede nacer la poesía de la sumisión, del dominio y de la opresión? No hay respuesta fácil. Hay una inquietud y algo inquietante. Una doncella, adolescente, es usada como carnada y se vuelve injustamente depositaria del odio. Un adolescente denuncia que le han devorado el alma y dirige su odio hacia otros 32 adolescentes, sus (mal) presuntos verdugos. Unos niños y adolescentes hijos de obreros son conducidos al esplendor de la ciudad, siendo luego engañados y asesinados cuando la batalla entre sus padres y los dueños estalla. Otro niño es incitado al suicidio cuando al desobedecer una orden de la madre descubre el secreto de los lobos, expertos del engaño. Un adolescente se enamora de un chatbot al punto de romper todo otro lazo y perderse para siempre quitándose la vida. Una muy joven mujer negra es esclavizada y vejada por una familia aristocrática. Dos adolescentes jóvenes amigos son enviados a la guerra sin ninguna formación y al detonar un cañón quedan sordos de por vida.

    La adolescencia es ese lugar de transición, de umbral e indeterminación que emerge como metáfora de la fragilidad, pero también de potencia de algo que pudo y aún podría ser. En ese aún no ser, puede gestarse un ser-de otro-modo-al que estamos en apariencia destinados a ser. Ese momento de indeterminación, en algún sentido de incertidumbre, puede sacar sus fuerzas de la infancia de la que busca distanciarse (Dice Pedro Lemebel: “La infancia siempre es una pérdida en algún sentido. Debe ser por la alegría o por el optimismo con que uno la vive, aunque sea pobre, aunque sea proletario. Después se vive con la idealización de la infancia, que quizá no fue tan maravillosa, pero uno la recuerda bajo esa idealización”). 

    Quizás habitando esa incertidumbre con la alegría de quien juega podamos escapar de “una sociedad rota, atrapada en la repetición, como si cada vida quedara suspendida en un karma que obliga a aferrarse a un único modo de vivir para ser feliz” (Play). Cuando el curso normal parece conducir a cruzar “una línea y convertirse en asesinos” o a “darse su fin con un simple tiro en la cabeza” una conspiración revolucionaria puede hacer toda la diferencia. 

    La entrada Aluvional se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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