TRABAJADORXS SIN TRABAJO, COOPERATIVA SIN PRODUCCIÓN, INTERVENCIÓN ¿PARA QUÉ?
Los trabajadorxs de la icónica Cooperativa La Reginense, nuevamente como hace menos de un año atrás, se encuentran reclamando nada más y nada menos lo que les pertenece: Sus sueldos, sus aportes, el pago de la obra social; y la reactivación de la empresa para poder continuar con sus fuentes de trabajo. De no existir la posibilidad de reactivar reclaman el pago de sus indemnizaciones.
El año pasado realizaron un acampe de casi 80 días en busca de soluciones, donde el sindicato se presentó durante los primeros días con predisposición positiva pero luego se empezó a percibir un abandono en la lucha por los derechos de sus afiliados, intentando esconder la protesta y presionar para que no se visibilice. El acompañamiento del los primeros días quedó desdibujado y evidenció ser una pantalla. Los trabajadores debieron movilizarse por su cuenta y dirigirse directamente al ejecutivo provincial.
De esa manera lograronque captar el interés del entonces gobernador Alberto Weretineck, entre una negociación con provincia, la empresa y los trabajadores; se propuso indemnizar a la gente con dinero de provincia para que los empleados puedan ser acreedores de sus años de trabajo, la provincia pondría el dinero a cambio de algún bien en garantía que presentara la cooperativa La Reginense.
A punto de cobrar sus indemnizaciones, se resolvió entre abogados de la empresa y el sindicato (sin participación de los trabajadores ya que no se les informó) realizar una intervención judicial, provincia intervino y se instaló en la empresa un interventor (José Esteban Pérez) el cual está a cargo de la administración desde el mes de noviembre. Un interventor que en funciones es más bien un poseedor de la empresa, ya que toma decisiones arbitrariamente sin dejar participar a ninguno de las partes intervinientes.
LOOP EN LA REGINENSE
Como un cuento de nunca acabar, dieron la vuelta entera en menos de 6 meses y se encuentran hoy en el mismo punto que antes, sin trabajo, sin sueldo y sin respuestas; pero ahora en medio de una pandemia donde la crisis económica golpea a más de la mitad de los argentinos.
Juan Caniupán trabajador de La Reginense explica que en las asambleas que se realizaron el año pasado “se les dijo a los compañeros que la mejor opción era continuar con la fuente laboral que dejáramos de lado la indemnización, lo que a muchos nos generó dudas porque no creíamos que pudiera reactivarse como se estaba diciendo pero decidimos apostar por la fuente laboral ya que justamente creímos que era lo mejor para todos, siempre y cuando se confirmara un periodo de trabajo lo suficientemente estable como para mejorar las condiciones en las que estábamos”.
A su vez se enteraron este año durante una asamblea por medio de Máximo Santivañez (secretario de la seccional sindical de VR) que los socios habían ofrecido el 100% de las indemnizaciones pero que a ellos nunca se les trasladó esta información, «de saberlo la hubiésemos aceptado porque realmente no queríamos perder los años de laburo y preferíamos estar libres para salir a buscar trabajo durante esta temporada» afirma Juan.
Lxs trabajadorxs de la cooperativa icónica de nuestra ciudad suelen trabajar entre 5 y 6 meses al año, unos 65 días de temporada asegurada pero luego continúan con la postemporada trabajando hasta junio e incluso algunos días de julio. Esto fue lo que exigieron para aceptar la reactivación y retornar a sus fuentes de trabajo, y aunque se les ofreció un caudal de fruta que no justificaba más de 80 días de trabajo se aceptó la decisión desechando la oferta indemnizatoria.
Sin embargo, afirma Caniupán que “nada de esto se respetó” y agrega que fueron hostigados frente a los reclamos “además de esto nosotros cobrábamos una productividad, la cual durante la temporada no se nos quiso reconocer hasta el día de hoy y a partir de los 40 días comenzaron amenazas de cortarnos cada vez que protestábamos por la productividad o pedíamos explicaciones, o preguntábamos por las audiencias o al menos saber que era lo que estábamos ganando, se nos amedrentaba o se nos amenazaba con que la temporada podía cortarse mucho antes. Finalmente llegando a los 65 días se decidió cortar la temporada donde todavía no hemos cobrado nuestro salario, ni la liquidación e inclusive no nos reconocen la productividad”.
CONTRA VIENTO Y MAREA… Y EL SINDICATO TAMBIÉN
Uno de los conflictos que tuvieron durante esta temporada tuvo que ver con la posición del Sindicato Obreros Empacadores de la Fruta ofreciendo un acompañamiento que dejó mucho que desear, “No se realizaron las audiencias a las que se habían comprometido a hacerse. El sindicato si bien hacía presencia constantemente, se mostraba más en una posición pasiva que como un representante de los trabajadores, incluso se llegó a pedir la elección a delegado intimando con una nota ya que no querían realizarla”, afirma Caniupán.
La elección de los delegados se terminó realizando durante la cuarentena, por cantidad de trabajadorxs corresponden dos delegadxs, sin embargo el interventor entregó una lista alterada con 48 trabajadores (faltaban 3, ya que son 51) correspondiendo de este modo un solo delegado. A su vez la votación se realizó ante la ausencia de 10 compañeros. Con un faltante del 20% de los empleadxs la elección terminó en un empate y el sindicato decidió escoger a una de las dos personas para que cumpla con las funciones argumentando mayor tiempo de antiguedad, siendo esta una norma inexistente.
“Por ese conflicto también hay un problema judicializado, ya que se enviaron las respectivas cartas documento donde se pide que se reconozca a los dos candidatos o que se vote de nuevo”, expresa Caniupán ya que según averiguaron lo que corresponde ante un empate es repetir las elecciones.
LA HISTORIA CONTINÚA…
“No nos han pagado el mes de marzo, nos hemos enterado en este último tiempo que no se nos hicieron los aportes, tampoco tenemos paga la obra social y hay familias que la necesitan diariamente ya que hay compañeros que son enfermos oncológicos, otros tienen hijos con discapacidad, por lo que se encuentran en situaciones críticas. Se nos adeuda la productividad de febrero y marzo, ya que directamente no se reconoció. Y todo esto hablando solamente del empaque, porque hay 3 rubros: Frío, bodega y empaque. Los empleados de la bodega también estamos preocupados porque no sabemos qué va a pasar con la sidra ya que no se molió ni siquiera un solo bin de fruta lo cual deja en jaque la producción de la famosa sidra La Reginense y no sabemos qué va a pasar con nuestras fuentes laborales”, narra Caniupán la cruda realidad que vive medio centenar de familias de nuestra ciudad.
Así y todo los trabajadorxs se siguen moviendo por sus propios medios, no les queda otra, “Nos presentamos frente al Concejo Deliberante hicimos una nota hace varias semanas, pedimos que se eleve y que tomen intervención como legisladores que son de las leyes de Villa Regina, exijan al ejecutivo que junto con provincia solucionen esta situación de La Reginense ya que la intervención judicial se hizo a través de provincia y necesitamos que ellos nos ayuden a averiguar que pasó durante la temporada, que pidan explicaciones en el ministerio de trabajo y traten de buscar con provincia las condiciones para que se reactive la producción o bien terminen por indemnizar a los trabajadores para que puedan salir a buscar trabajo libremente y a su vez cuenten con lo que les corresponde”.
Para cerrar, lo obvio: “Ya son dos meses donde no generamos trabajo y las familias no tienen ningún tipo de ingreso y nos encontramos con la incertidumbre de saber que va a pasar hacia adelante”. Reafirmando lo que venimos planteando desde que llegó la pandemia a la Argentina, la cuarentena no es la misma para todxs.
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Todo lo que vivimos a partir del 26 de febrero de 2025 se inscribe en la lógica de una tragedia en dos tiempos. De un fatal bioshock primero y de una búsqueda de explicaciones después.
¿Cómo entender la decisión del suicidio de nuestra hija Margarita, de 22 años?
Nada de lo que nos pueda pasar de ahora en más a su papá y a mí va a reparar el efecto devastador de lo que comenzó ese miércoles con aquella llamada, cuando el policía Alvarenga nos informó que durante la madrugada Margarita había sido encontrada muerta. Siete horas después ya habíamos atravesado los 900 kilómetros que separan Carmen de Patagones, de donde somos, de la comisaría 37 de Palermo. Entonces, nuestra desesperación por saber quedó suspendida ante la urgencia de las actuaciones policiales y los trámites de la morgue. Recién tres días después nos permitieron retirar el cuerpo para su sepultura.
Ella
Margarita era ilustradora, conocida en las redes sociales desde 2017 como Bachatota y antes como Bechita Suaj.
Cuando dijo por primera vez que quería ser artista todavía usaba chupete. Ahora los libros y cuadernos que quedan en su habitación muestran la evolución de sus técnicas para dibujar, primero a mano, con tableta después. Seres humanos, caballos, personajes de series. En su placard siguen sus trajes de cosplay, los recuerdos de convenciones y figuras de animé, la colección de remeras. Conservan su olor.
A medida que Margarita crecía fuimos conociendo la naturaleza de las plataformas y comunidades digitales, con gustos parecidos de series, mangas y animés. Se divertía. Vendía ilustraciones a pedido. Colaboraba en streamings. Jugaba en línea. Enseñaba y aprendía técnicas de dibujo. Tenía seguidores. Hacía amigos.
La experiencia en Doomverse, Discord, Reddit, Youtube, Twitch, Facebook y Twitter tuvo su antecedente en DeviantArt. Ahí ejercía una subjetividad alternativa a nuestras percepciones de padres analógicos y agigantaba su personalidad temeraria y su humor corrosivo.
Su identidad online — con más de cuatro mil seguidores — convivía en sincro con una carrera universitaria en la Universidad de Palermo (iniciada en la virtualidad de la pandemia) y con su vida familiar de pueblo patagónico.
En ese presente de realizadora, ilustradora y streamer, en mayo de 2024 la alcanzó su primera cancelación o funa, como decimos en la Patagonia. La segunda, en diciembre. El hostigamiento continuó: casi al final del verano, el 25 de febrero del 2025, Marginada, ansiosa y sin tiempo de duda, Margarita decidió su final.
A semanas del suicidio me senté a leer las casi doscientas páginas del expediente judicial, que incluye el puntilloso informe de su autopsia. Esa lectura de detalles me permitió salir de la parálisis y darle un marco racional, poner en palabras lo que el horror nos sustrajo a Gabriel, su papá, y a mí. El expediente fue derivado a la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 37. En junio nos permitió tomar vista de la libreta donde Margarita explica en modo de despedida su decisión.
En veintitrés micropáginas de una libretita, mi hija expresa con letra y sintaxis prolija un marco ético y estético antes de decidir arrojarse de una terraza. Afirma que no es un asesinato ni un accidente, sino un acto deliberado. Presumo que ese mismo día, en medio de un solsticio de energía, quiso explicar, sobre todo a sus amigos de las redes, el hartazgo que la invadía por ser víctima de acusaciones y hostigamiento. Señala sus malas juntas con decepción.
En la libreta, no tanto mi preciosa Margarita sino Bachatota, expresa que lo perdió todo. Que se siente sola. Se culpa a sí misma. Da nombres. Al leer, me pregunto si este fue un factor determinante en su incapacidad para soportar su conciencia.
Sus interacciones de las redes sociales indican que Bachatota fue acusada de encubrir a Brany, una amiga señalada de pedofilia, y de mantener cercanía con un usuario llamado Hogo, acusado de abuso y de haber provocado el suicidio de una chica trans. Aunque no lo acusa directamente de su decisión, hace una declaración significativa sobre Jerry, el streamer con quien colaboraba a través de ilustraciones: “si el Jerry me hubiera tratado bien (…) no lo odien”. Esta afirmación, hecha después de una lista de personas importantes para ella, sugiere que el trato de Jerry (que primero la defendió de acusaciones pero luego se desvinculó de ella) contribuyó a su estado emocional, a su desilusión.
Pide también que reembolsen las comisiones pagadas por las ilustraciones que no completó y que la policía investigue en sus redes sociales el acoso que padeció. Hasta la fecha los oficiales de justicia realizaron pericias parciales de la computadora y teléfono, y no parece haber otro tipo de actuaciones.
En aquella visita de junio, cuando aportamos un testigo que padeció acoso extremo del mismo grupo de odiadores, en la Fiscalía nos dejaron entrever lo difícil que es probar la instigación al suicidio a través del acoso y el hostigamiento en las redes sociales.
La funa
La funa es un artificio de las comunidades de las redes para cancelar la reputación de alguien. Proviene de fünan que en mapudungun, la lengua mapuche, significa podrido o echado a perder, algo o alguien que queda abandonado de todos, sufriendo deterioro, sin derechos y sin dignidad. El mecanismo nace como práctica social en Chile, cuando se crea la Comisión Funa iniciada por Acción, Verdad y Justicia (H.I.J.O.S.-Chile) para denunciar públicamente a torturadores, asesinos y cómplices de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet. Ese “escrache”, como protesta social, fue adoptado también por los familiares argentinos. Pero aquella idea de funa no tiene nada que ver con esta turba digital que publica injurias y calumnias que, como verdades absolutas, marginan sin que la víctima tenga derecho a la defensa.
Nueve de cada diez jóvenes fueron víctimas de mensajes de odio en redes, según UNICEF Argentina. En la campaña ElSilencioSeSienteHate busca empoderar a las y los testigos de hateo, lograr que se involucren, conozcan los impactos de estas situaciones en la salud mental y dar herramientas para intervenir y generar conciencia entre pares.
En la vida paralela de las plataformas, el odio es casi una forma de interactuar. Los contenidos ofensivos tienen nula moderación y llevan al insulto, a la cancelación, al acoso y a la exposición de información privada como prácticas de “castigo” por comportamientos “cuestionables” o por expresar opiniones críticas. No hay tiempo apacible y de acuerdos. Se trata de la remasterización del señor de las moscas donde la libertad subvierte en maldad de anónimos. Su reputación asciende si logran desacreditar a otras personas o al menos causarles daño para alejarlas.
El empleo de este mecanismo en redes sociales tiene severas implicaciones a partir del ejercicio del “derecho” de una horda que decide hacer justicia por cuenta y riesgo. Instigar al suicidio de una persona se relata como un logro alcanzado. O se cuestiona como externalidad del tipo: “se te fue la mano”. La velocidad de las interacciones entre funados y funantes se mide en likes y comentarios, en wikipedias colaborativas tendenciosas, videos explicativos que con aparente intención de racionalidad justifican una vocación delictiva al vulnerar el derecho a la dignidad de las personas con impacto directo en la psiquis, en su reputación y en la vida misma.
Con estos hostigamientos, Margarita quedó expuesta al escrutinio de los grupos y comunidades con opiniones divididas. Fue atacada y amenazada. Estresada, ansiosa, revivió en diciembre la situación traumática de mayo. En el medio rindió finales, viajamos, vino a Patagones, se juntó con amigos reales, cocinó mucho, leyó, pintó.
A través de hilos de Twitter, el usuario Alan, que se trataría de un adolescente, arrogándose con otros participantes un rol de juez la acusa de cometer delitos sin haber verificado la existencia (o falta) de pruebas y justificaciones, a pesar de que la dinámica general se presenta como un conflicto marcado por hostilidad y contradicciones.
Este estado de intolerancia perpetua, de beligerancia en aumento que se agita con denuncias cruzadas, información, dibujos o capturas de chats, se propaga exponencialmente con hordas que si antes simpatizaban ahora odian hasta destruir.
Previo al sepelio, nuestra Universidad publicó en sus redes sociales un sensible obituario para acompañarnos a Gabriel y a mí. Inmediatamente, ese posteo se llenó de mensajes de acoso y burlas de parte de nicknames que, suponemos, son los que hostigaron a nuestra hija. Una estrategia de la comisión de estos delitos es la velocidad con la que se eliminan datos para sortear las eventuales acusaciones por compartir información falsa o mitigar el daño de las consecuencias perjudiciales. Sin embargo, a veces no suele ser suficiente ni tan rápido el autobaneo para rectificar la situación.
En su última obra, finalizada en la noche del 25 de febrero, Margarita expresó con símbolos los efectos del odio, los dos bandos o personajes duales que ocultan mensajes a otros pero intercambian información entre ellos. Aunque heridos, sostienen el cuerpo de la pequeña presa muerta, atravesada por las flechas de ambos en el centro y, abajo, la margarita caída.
La OMS declara que el suicidio en sus distintas formas representa un problema de salud global, ya que se encuentra entre las diez principales causas de mortalidad general y entre las tres primeras causas de muerte en adolescentes y adultos jóvenes. Provoca una tragedia para individuos, familias y comunidades. La cifra es alarmante: por año, se suicidan 800 mil personas.
Mientras que en países como Gran Bretaña, Japón, Holanda y Alemania hay políticas activas sobre la prevención del suicidio y hasta Ministerios de Soledad, en Argentina — donde es la principal causa de muerte en jóvenes de entre 15 y 24 años — , los recortes presupuestarios en áreas del Estado afectan directamente la implementación de la Ley 27.130 de Prevención del Suicidio y las estrategias de abordaje, como la línea 0800 y los programas de prevención y atención.
Nosotros sin Margarita
La muerte de una hija, el mayor de los traumas, no tiene una forma propia de ser nombrada: esto nos arrincona mucho más hacia la soledad de la experiencia, la ansiedad y la tristeza.
A su papá y a mí nos queda mirar el mundo como lo hacía Margarita: de una forma valiente, desprejuiciada, curiosa. Hablamos de ella, la percibimos en el aire, en el gato del cementerio, en la música y en sus zapatillas, que ahora uso.
Sin nada que perder, confiamos en los rituales necesarios para honrar su vida, su memoria, su dignidad. Vamos semanalmente a terapia, tomamos medicación, nadamos. Reconocemos la mirada evitativa, la conspiración del silencio de amigos y compañeros de trabajo que no quieren incomodarnos, no saben qué decir. Delphine Horvilleur, una de las tres rabinas de Francia y autora de Vivir con nuestros muertos, explica que no hay maldad en eso, que es el efecto secundario del afecto humano mejor compartido: el miedo. Experta en duelos, Horvilleur escribe que los finales brutales pueden reducir toda la existencia, “mejor decir todo lo que fue y podría haber sido, mucho antes de decir lo que ya no será”.
En nuestro duelo dedicamos tiempo a la investigación académica, es el trabajo que nos gusta y al que le agregamos valor.
El peligro de la brutalidad de la tragedia por la muerte de una hija es que se confisque el relato de nuestras vidas, plena de ella misma y que excede su desenlace.
En hebreo, shakul es la palabra para nombrar la pérdida del hijo, y es una referencia vegetal de la rama vendimiada amputada de su fruto. Aunque no tenga sentido, se emparenta con el esfuerzo de la RAE por instituir huérfilo como la condición de los padres sin sus brotes.
Nos cuesta aceptar que en su querida vida tenía el compromiso de la misión de dejar atrás el universo, de haber sentido y dicho la última palabra, de haber realizado su último propósito sin nada pendiente.
Pienso en la libreta y me imagino la despedida de puño y letra, como dice el expediente. ¿Habrá sentido paz después de tanta ansiedad generada por la funa? Pienso en el propósito de su vida, si creyó que llegaba nada, como dice Borges, o que no, que sencillamente no pudo con eso.
Después del shock
Sus padres, después del shock, tratamos de vivir en una existencia descolocada que incluye análisis, charla con el rabino Diego Elman sobre la importancia de los rituales, bendición en un templo evangélico, zoom con papás duelantes de la Red Empesares. Aunque en parte seguimos atascados en el misterio, en una niebla mental, como conscientes en un mal sueño, hay algo, muy pequeño, un milímetro del trámite del trauma que se movió: por eso puedo escribir este testimonio.
Como en El salto de papá, de Martín Sivak, la explicación posiblemente se escurra y precise de una caja de herramientas instintiva y propia, con pistas y culpas, sobre la decisión de nuestra amada hija, hoy con otro tipo de presencia.
Ofelia Fernández tiene casi la misma edad que mi Marga. En el documental “¿Qué le pasa a nuestra generación? Cómo ser feliz” ensaya que, desde 2010, con la instalación de la cultura de like de Facebook y el Iphone 4 con cámara frontal para selfies, la distancia entre lo que los padres suponíamos riesgoso y lo que la virtualidad proponía a los niños y jóvenes fue en aumento. Porque no se sabía, “y se tuvo que llegar a este extremo para corregir esta miopía”, dice Ofelia. Explora el fenómeno social y tecnológico de una generación que se siente atrapada, rota, ansiosa en/por las redes sociales como parte de un modelo de negocios amasijante del tiempo y la información, con externalidades de altas tasas de depresión instigadas por la vida digital.
Menos mal que tenemos memoria del crecimiento de Margarita. De cuando se hizo grande, distinta. De la pandemia configurante de rituales de pertenencia híbridos que mellaron a las juventudes y a la vida universitaria. Entonces, las redes sociales se enseñorearon con discursos de odio y hostigamientos como los que recibió mi Marga. Su identidad fue arrebatada por el mal de época de una soledad de hiperconectados.
Como fondo de pantalla de su monitor, Gabriel tiene un dibujo que Margarita le hizo en enero: una nena con un corazón y un TKM. “Ya que no me dejás verlos, haceme un dibujo”, le había dicho.
En estos nueve meses de duelo nos contactaron algunos de sus amigos digitales y reales. Sus compañeros de la universidad, que supieron por las redes sobre lo sucedido, compartieron fotos de reuniones donde se la ve divertida, en comunidad. Algunas universidades argentinas postpandemia comenzaron a incorporar las problemáticas de salud mental como parte de sus políticas de bienestar estudiantil.
¿Cómo no supimos leer lo que le pasaba a Margarita? No espiarla, no invadirla, era respetar y afianzar su confianza de espíritu libre. Ella no vio dónde se estaba metiendo y nosotros menos todavía. «Ahora vas a duelar», te dice gente que no está en el asunto. Al caer, Margarita paró el reloj de todos los que la amamos. No podemos abrazarla, mirarla dormir, ni reirnos con ella. La congoja nos asalta varias veces al día y así, angustiados, esperamos los avances en la causa judicial.
Pensar en el futuro parece catastrófico. Las nuevas generaciones necesitan una intervención multifacética y una reorientación de la realidad. Y a los padres duelantes nos adviene el servicio, esa dimensión religiosa que expresa la voluntad de lograr un mejor vivir para los que quedan, incluyéndonos: en esa intersección me quiero quedar. La paz, un anhelo. Quizá se concrete en bendecir la vida de la hija que como ser humano transitó un valle de sombras, en agradecer su memoria y legado. El amor es más fuerte que la muerte. Ahora, horriblemente, lo sé.