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SIN SUELDOS, SIN OBRA SOCIAL, SIN RESPUESTAS… PERO CON PANDEMIA

TRABAJADORXS SIN TRABAJO, COOPERATIVA SIN PRODUCCIÓN, INTERVENCIÓN ¿PARA QUÉ?

Los trabajadorxs de la icónica Cooperativa La Reginense, nuevamente como hace menos de un año atrás, se encuentran reclamando nada más y nada menos lo que les pertenece: Sus sueldos, sus aportes, el pago de la obra social; y la reactivación de la empresa para poder continuar con sus fuentes de trabajo. De no existir la posibilidad de reactivar reclaman el pago de sus indemnizaciones.

El año pasado realizaron un acampe de casi 80 días en busca de soluciones, donde el sindicato se presentó durante los primeros días con predisposición positiva pero luego se empezó a percibir un abandono en la lucha por los derechos de sus afiliados, intentando esconder la protesta y presionar para que no se visibilice. El acompañamiento del los primeros días quedó desdibujado y evidenció ser una pantalla. Los trabajadores debieron movilizarse por su cuenta y dirigirse directamente al ejecutivo provincial.

De esa manera lograron que captar el interés del entonces gobernador Alberto Weretineck, entre una negociación con provincia, la empresa y los trabajadores; se propuso indemnizar a la gente con dinero de provincia para que los empleados puedan ser acreedores de sus años de trabajo, la provincia pondría el dinero a cambio de algún bien en garantía que presentara la cooperativa La Reginense.

A punto de cobrar sus indemnizaciones, se resolvió entre abogados de la empresa y el sindicato (sin participación de los trabajadores ya que no se les informó) realizar una intervención judicial, provincia intervino y se instaló en la empresa un interventor (José Esteban Pérez) el cual está a cargo de la administración desde el mes de noviembre. Un interventor que en funciones es más bien un poseedor de la empresa, ya que toma decisiones arbitrariamente sin dejar participar a ninguno de las partes intervinientes.

LOOP EN LA REGINENSE

Como un cuento de nunca acabar, dieron la vuelta entera en menos de 6 meses y se encuentran hoy en el mismo punto que antes, sin trabajo, sin sueldo y sin respuestas; pero ahora en medio de una pandemia donde la crisis económica golpea a más de la mitad de los argentinos.

Juan Caniupán trabajador de La Reginense explica que en las asambleas que se realizaron el año pasado se les dijo a los compañeros que la mejor opción era continuar con la fuente laboral que dejáramos de lado la indemnización, lo que a muchos nos generó dudas porque no creíamos que pudiera reactivarse como se estaba diciendo pero decidimos apostar por la fuente laboral ya que justamente creímos que era lo mejor para todos, siempre y cuando se confirmara un periodo de trabajo lo suficientemente estable como para mejorar las condiciones en las que estábamos”.

A su vez se enteraron este año durante una asamblea por medio de Máximo Santivañez (secretario de la seccional sindical de VR) que los socios habían ofrecido el 100% de las indemnizaciones pero que a ellos nunca  se les trasladó esta información, «de saberlo la hubiésemos aceptado porque realmente no queríamos perder los años de laburo y preferíamos estar libres para salir a buscar trabajo durante esta temporada» afirma Juan.

Lxs trabajadorxs de la cooperativa icónica de nuestra ciudad suelen trabajar entre 5 y 6 meses al año, unos 65 días de temporada asegurada pero luego continúan con la postemporada trabajando hasta junio e incluso algunos días de julio. Esto fue lo que exigieron para aceptar la reactivación y retornar a sus fuentes de trabajo, y aunque se les ofreció un caudal de fruta que no justificaba más de 80 días de trabajo se aceptó la decisión desechando la oferta indemnizatoria.

Sin embargo, afirma Caniupán que “nada de esto se respetó” y agrega que fueron hostigados frente a los reclamos “además de esto nosotros cobrábamos una productividad, la cual durante la temporada no se nos quiso reconocer hasta el día de hoy y a partir de los 40 días comenzaron amenazas de cortarnos cada vez que protestábamos por la productividad o pedíamos explicaciones, o preguntábamos por las audiencias o al menos saber que era lo que estábamos ganando, se nos amedrentaba o se nos amenazaba con que la temporada podía cortarse mucho antes. Finalmente llegando a los 65 días se decidió cortar la temporada donde todavía no hemos cobrado nuestro salario, ni la liquidación e inclusive no nos reconocen la productividad”.

CONTRA VIENTO Y MAREA… Y EL SINDICATO TAMBIÉN

Uno de los conflictos que tuvieron durante esta temporada tuvo que ver con la posición del Sindicato Obreros Empacadores de la Fruta ofreciendo un acompañamiento que dejó mucho que desear, “No se realizaron las audiencias a las que se habían comprometido a hacerse. El sindicato si bien hacía presencia constantemente, se mostraba más en una posición pasiva que como un representante de los trabajadores, incluso se llegó a pedir la elección a delegado intimando con una nota ya que no querían realizarla”, afirma Caniupán.

La elección de los delegados se terminó realizando durante la cuarentena, por cantidad de trabajadorxs corresponden dos delegadxs, sin embargo el interventor entregó una lista alterada con 48 trabajadores (faltaban 3, ya que son 51) correspondiendo de este modo un solo delegado. A su vez la votación se realizó ante la ausencia de 10 compañeros. Con un faltante del 20% de los empleadxs la elección terminó en un empate y el sindicato decidió escoger a una de las dos personas para que cumpla con las funciones argumentando mayor tiempo de antiguedad, siendo esta una norma inexistente.

“Por ese conflicto también hay un problema judicializado, ya que se enviaron las respectivas cartas documento donde se pide que se reconozca a los dos candidatos o que se vote de nuevo”, expresa Caniupán ya que según averiguaron lo que corresponde ante un empate es repetir las elecciones.

LA HISTORIA CONTINÚA…

“No nos han pagado el mes de marzo, nos hemos enterado en este último tiempo que no se nos hicieron los aportes, tampoco tenemos  paga la obra social y hay familias que la necesitan diariamente ya que hay compañeros que son enfermos oncológicos, otros tienen hijos con discapacidad, por lo que se encuentran en situaciones críticas. Se nos adeuda la productividad de febrero y marzo, ya que directamente no se reconoció. Y todo esto hablando solamente del empaque, porque hay 3 rubros: Frío, bodega y empaque. Los empleados de la bodega también estamos preocupados porque no sabemos qué va a pasar con la sidra ya que no se molió ni siquiera un solo bin de fruta lo cual deja en jaque la producción de la famosa sidra La Reginense y no sabemos qué va a pasar con nuestras fuentes laborales”, narra Caniupán la cruda realidad que vive medio centenar de familias de nuestra ciudad. 

Así y todo los trabajadorxs se siguen moviendo por sus propios medios, no les queda otra, “Nos presentamos frente al Concejo Deliberante hicimos una nota hace varias semanas, pedimos que se eleve  y que tomen intervención como legisladores que son de las leyes de Villa Regina, exijan al ejecutivo que junto con provincia solucionen esta situación de La Reginense ya que la intervención judicial se hizo a través de provincia y necesitamos que ellos nos ayuden a averiguar que pasó durante la temporada, que pidan explicaciones en el ministerio de trabajo y traten de buscar con provincia las condiciones para que se reactive la producción o bien terminen por indemnizar a los trabajadores para que puedan salir a buscar trabajo libremente y a su vez cuenten con lo que les corresponde”.

Para cerrar, lo obvio: “Ya son dos meses donde no generamos trabajo y las familias no tienen ningún tipo de ingreso y nos encontramos con la incertidumbre de saber que va a pasar hacia adelante”. Reafirmando lo que venimos planteando desde que llegó la pandemia a la Argentina, la cuarentena no es la misma para todxs.

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  • El bien y el mal definen por penal

     

    El 5 de diciembre de 2025, en el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas de Washington D.C., el titular de la FIFA, Gianni Infantino, encabezó el sorteo de la Copa del Mundo, distribuyendo los caminos de 48 selecciones. Tan solo dos meses más tarde, mientras las selecciones organizaban los preparativos para su estadía en el continente americano, aviones de combate estadounidenses e israelíes habían sobrevolado varias ciudades de Irán y bombardeado lo que los comunicados militares llaman, con peculiar pudor, “objetivos estratégicos”. Los muertos comenzaron a contarse de a miles, entre civiles, jerarcas gubernamentales y militares. El líder supremo, Alí Jameneí, también fue una de las bajas. Unos días después, Donald Trump escribió en su red social que quizás era mejor que la selección iraní no participara del Mundial «por su propia seguridad».

    Irán quedó en el Grupo G. Sus tres partidos serán en Los Ángeles y Seattle, ciudades del país que dos semanas antes del sorteo había bombardeado su territorio. Una vez iniciada la guerra, Infantino aclaró que había hablado personalmente con Trump y que los partidos se jugarían donde el sorteo indicaba. A Trump, sin embargo, no pareció importarle demasiado. El gobierno estadounidense le negó a la delegación persa la posibilidad de alojarse en territorio norteamericano. El gobierno mexicano respondió ofreciéndole a Irán concentrar en Tijuana y cruzar la frontera para cada encuentro.

    Traducido a imagen global, esto significa que el país que con restricciones para ingresar a Estados Unidos será recibido por el país al que Washington le exige militarizar su frontera. El Mundial produce, sin que nadie lo haya planificado así, una solidaridad involuntaria entre las dos naciones amedrentadas por la prepotencia trumpista.

    El conflicto en Medio Oriente combina las características de las guerras tradicionales en las que los beligerantes son Estados, los objetivos son geopolíticos o ideológicos y se utilizan Fuerzas Armadas regulares, con la plasticidad y la ambigüedad de las guerras del siglo XXI. Por caso, Estados Unidos nunca declaró formalmente la guerra a Irán. Hubo drones, misiles de precisión, comunicados del Pentágono hablando de “operaciones quirúrgicas sobre infraestructura militar”, pero no hubo discurso ante el Congreso, no hubo resolución ni aprobación legal. La guerra moderna se diagrama con Inteligencia Artificial, se lanza desde pantallas, se justifica con eufemismos técnicos y se da por terminada cuando el presidente le escribe una carta al Congreso diciendo que “las hostilidades han concluido”, mientras mantiene un bloqueo naval sobre el enemigo.

    El gobierno de Suiza —país donde la FIFA tiene su sede, tributa sus impuestos y descansa su paraguas jurídico— calificó la ofensiva estadounidense como un caso de uso injustificado de la fuerza, contrario al derecho internacional. La casa madre del fútbol global, sin embargo, no emitió ningún comentario al respecto.

    A esto se suman las incongruencias del sistema internacional: el mismo gobierno que ataca militarmente a un país está obligado, por contrato con un organismo internacional, a garantizar visas de entrada, seguridad operativa y cancha en condiciones para los jugadores del país agredido.

    A su vez, la FIFA, que prohíbe en sus estatutos cualquier forma de “interferencia política” en el fútbol, negocia esas garantías con el Departamento de Estado de la potencia en guerra a la par que entrega a su presidente el Premio de La Paz de la FIFA.

    ¿El fútbol une al mundo?

    La FIFA lanzó para este Mundial la campaña “El fútbol une al mundo”.

    Hay un mito fundacional que da forma a ese eslogan. En la noche del 24 de diciembre de 1914, en la frontera entre Francia y Bélgica se desarrollan las batallas más sangrientas de la Primera Guerra Mundial. Soldados alemanes y británicos salen de sus trincheras, cruzan la “tierra de nadie” e improvisan, rodeados de cadáveres, alambrados y minas antipersona, un partido de fútbol. La tregua dura hasta la mañana del 26 de diciembre. Aunque la guerra continuó, el partido quedó en la memoria colectiva como un símbolo de que en el fútbol hay una confraternidad que antecede a las banderas y los tratados. Un lenguaje, una suerte de esencia humana que los Estados no pueden controlar.

    La historia de la relación entre el fútbol y los conflictos armados es, sin embargo, un poco menos romántica. En julio de 1969, Honduras y El Salvador llevaban años acumulando tensiones por disputas territoriales y migratorias. Las eliminatorias para el Mundial de México 1970 actuaron como un disparador. Tres partidos, disturbios en las tribunas, muertos, ruptura de relaciones diplomáticas. El 14 de julio, cuatro días después del partido decisivo, El Salvador invadió Honduras. El conflicto dejó entre dos y cuatro mil muertos.

    El periodista y escritor polaco, Ryszard Kapuscinski, llegó a Tegucigalpa horas antes de que comenzara la guerra y la convirtió en uno de los grandes reportajes del siglo XX. Tituló a su libro La Guerra del Fútbol.

    Algo parecido sucedió en los estadios de Yugoslavia, a finales de los años ochenta. Las hinchadas del club serbio Estrella Roja y el croata Dinamo Zagreb se enfrentaban con una violencia que vaticinaba la guerra étnica que vendría. Željko Ražnatović, líder de la barra del Estrella Roja, se convertiría luego en el comandante de los “Tigres”, una unidad paramilitar acusada de cometer crímenes de guerra. El mismo Ražnatović declaró que la guerra civil no la iniciaron ni los políticos ni los militares, sino los hinchas en el partido contra el Dinamo. Al igual que en América Central, el fútbol fue el espacio donde la guerra tomó forma antes de ser guerra.

    Otro caso que la taxonomía del fútbol y la política no puede ignorar es Argentina 1978. Es bien sabido que la Junta Militar usó el torneo como plataforma de legitimación internacional. El Mundial debía mostrarle al mundo un país ordenado, moderno y capaz. La selección argentina ganó el campeonato en un estadio a pocas cuadras de donde funcionaba la ESMA. La FIFA nunca dijo nada.

    Así, el Mundial 78 mostró el arquetipo de un Estado que usa el deporte como pantalla para ocultar lo que le hace a su propia población. Más acá en el tiempo, el 7 de abril de 2017, las selecciones femeninas de Corea del Norte y Corea del Sur disputaron en Pyongyang el primer partido oficial entre ambos jugado en territorio norcoreano. Técnicamente, los dos países siguen en guerra, ya que el armisticio de 1953 nunca fue reemplazado por un tratado de paz. El estadio Kim Il Sung recibió a cuarenta mil personas. Por primera vez en la historia, la bandera de Corea del Sur fue izada en un escenario deportivo norcoreano. Esa misma semana, Pyongyang había lanzado un misil en aguas japonesas. Las autoridades surcoreanas declararon que “la seguridad de las jugadoras nunca se vio amenazada”. El partido terminó 1 a 1. El de las dos Coreas es el antecedente más directo que existe para lo que va a ocurrir en Los Ángeles en junio de 2026. Dos países en guerra y un partido oficial en territorio de uno de los contendientes.

    Make North America Great Again

    El Mundial 2026 tiene dos particularidades: es la primera vez en la historia que será organizado por tres países y el primero que tendrá 48 participantes.

    En sintonía con el eslogan de “El fútbol une al mundo”, la candidatura conjunta de Estados Unidos, México y Canadá fue votada mayoritariamente en el Congreso de la FIFA de 2018 con el nombre oficial de “United 2026”. El eslogan pretendía dejar de manifiesto que los tres países comparten algo más que una región. Hay que remontarse treinta años atrás para entender los albores del proceso integracionista de América del Norte.

    El 1 de enero de 1994, el mismo día en que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantaba en armas en Chiapas en protesta por lo que vendría, entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN-NAFTA). El presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari lo celebró como “un logro pionero en negociaciones comerciales que establecerá tendencias futuras en la región y en el mundo”. Bill Clinton, que había peleado en el Congreso para conseguir los votos necesarios, sostuvo: “Nuestra seguridad nacional ahora será determinada por nuestra capacidad de derribar barreras comerciales extranjeras”. Una buena síntesis de la visión globalization friendly que primaba en los años de la posguerra fría.

    Para México, la experiencia produjo, tres décadas después, una dependencia estructural que ningún canciller mexicano puede ignorar. El 80% de las exportaciones mexicanas van al mercado estadounidense. Más que un dato de comercio exterior, esa cifra marca el límite real de la autonomía azteca en el ámbito internacional. En buena medida, explica por qué México militarizó su frontera sur cuando Washington lo exigió, aunque eso implicara contener migrantes centroamericanos con los mismos métodos que denuncia en su propia frontera norte. Explica también por qué los presidentes del partido político MORENA —Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum— proclaman una política exterior más independiente, pero negocian con más cuidado que confrontación. Y explica también algo que transformó la geografía política de América Latina: al entrar definitivamente en la órbita de influencia estadounidense, México fue perdiendo su rol histórico de contrapeso regional y resistencia latinoamericanista.

    Argentina perdió un aliado tradicional en sus disputas con Washington y en la moderación de la influencia brasileña en Sudamérica. Brasil, en consecuencia, respondió profundizando su proyecto de integración sudamericana, mediante el Mercosur y luego, con la Unasur. La premisa era que si México ya era parte indefectible de América del Norte, Sudamérica tenía que construir su propio bloque.

    Trump llegó a la presidencia denunciando el mismo acuerdo que Clinton había celebrado. En su primer mandato, forzó a una renegociación del NAFTA, que pasaría a ser rebautizado como T-MEC. En su segunda presidencia volvería a la carga y denunciaría que México y Canadá “se han aprovechado de Estados Unidos por 40 años. (…) No pueden llegar aquí y robarse nuestro dinero, robarse nuestros empleos, tomar nuestras fábricas y tomar nuestros negocios y esperar que no sean castigados”. Los aranceles del 25% fueron su respuesta. En retrospectiva, la candidatura tripartita para organizar la Copa del Mundo terminó siendo el último acto de fe en un proyecto que está siendo dinamitado por su arquitecto.

    El conflicto entre Estados Unidos y Canadá es aún más sorprendente, tanto por la intensidad del vínculo como por los elementos culturales en común. Además, la integración tiene una expresión deportiva perfecta: la Major League Soccer, que desde su fundación incluyó franquicias canadienses y estadounidenses compitiendo en la misma liga. Toronto FC, Vancouver Whitecaps y CF Montreal juegan contra New York City FC y LA Galaxy con la misma naturalidad con que comparten mercado y cultura popular. Un buen ejemplo de que “el fútbol une”. Todo eso cambió con una velocidad que desconcertó a los propios canadienses.

    Los aranceles comerciales y la amenaza de convertir a Canadá en el “Estado 51” por parte de Trump fueron replicados con la aparición de etiquetas “Hecho en Canadá” como señal de identidad política y el abucheo del himno estadounidense en partidos de hockey de la NHL (otra liga en la que participan equipos de ambos países). Una encuesta de 2025 reveló que el porcentaje de canadienses que consideran a Estados Unidos una amenaza principal para su país se había triplicado desde 2019. El antiamericanismo que hoy prima en Canadá no tiene precedentes en la memoria de nadie que viva en ese país.

    Cuando se aprobó la candidatura en 2018, pocos pensaron que el Mundial que iba a actuar como símbolo de la integración en América del Norte se terminaría jugando en el momento de mayor tensión histórica entre sus co-anfitriones.

    El Leviatán del fútbol

    La FIFA tiene 211 miembros. La ONU tiene 193. La casa madre del fútbol reconoce selecciones que existen en el mundo del fútbol antes de existir en el mundo de los tratados. Sumado a ello, la FIFA tiene su propio poder legislativo, ejecutivo y judicial, su propio código de ética y tributación reducida bajo el código civil suizo. No tiene ejército, pero sí el control monopólico sobre un bien simbólico que ningún Estado puede producir por sí solo. No hay fútbol internacional fuera de la FIFA. Y eso la vuelve un actor privado transnacional con enorme poder sobre las autoridades de sus Estados asociados. Por caso, cuando la casa madre suspende a un país, ese país desaparece del fútbol mundial con una completitud que ninguna sanción diplomática convencional puede igualar.

    El principio está escrito en los artículos 15 y 19 de sus estatutos: las federaciones nacionales deben garantizar su “independencia y prevención de injerencias políticas” y actuar “sin la injerencia de terceros”. El incumplimiento puede derivar en desafiliación definitiva. Volviendo al mantra del Mundial, para la FIFA, la política no puede romper lo que ha sido unido por el fútbol.

    Nigeria fue suspendida en 2010 porque el presidente del país sancionó al entrenador de la selección y en 2014 por un proceso judicial que limitó las capacidades de su federación. Sri Lanka fue suspendida en enero de 2023 por interferencia gubernamental en las elecciones de su comité ejecutivo. Zimbabue y Kenia fueron sancionadas simultáneamente en febrero de 2022 porque sus ministerios de deportes disolvieron las asociaciones nacionales. Cuando el gobierno de Javier Milei intentó imponer las Sociedades Anónimas Deportivas en el fútbol argentino, la FIFA le recordó que cualquier modificación estatutaria impuesta por el Estado podría derivar en la desafiliación inmediata. El gobierno retrocedió. El mecanismo funciona porque la amenaza es creíble.

    Pero en la orbe del fútbol las calles son de doble mano. Por un lado, la FIFA les prohíbe a los gobiernos intervenir en el fútbol y, por otro, les exige condiciones que ningún Estado soberano aceptaría de otro Estado. Exenciones fiscales, cesión de jurisdicción a tribunales internacionales o modificación de normativas laborales son algunas de ellas. México firmó garantías de 93 páginas, en inglés, que conceden amplias exenciones fiscales a la FIFA y entidades vinculadas al Mundial 2026. Fue el único de los tres co-anfitriones que entregó exención fiscal total. Canadá negoció y Estados Unidos impuso sus condiciones. Aunque los tres aparecen en los afiches, publicidades y álbumes del Mundial, el precio que pagó cada uno fue distinto. Esto también se tradujo en los partidos que alberga cada país: mientras que en Estados Unidos se disputarán 78 encuentros (incluyendo los de eliminación directa y la gran final), México y Canadá organizarán 13 partidos cada uno.

    El fútbol también refleja las asimetrías del poder global.

    La secuencia de los Mundiales de Sudáfrica en 2010, Brasil en 2014 y Rusia en 2018 es, en ese sentido, elocuente. Tres países del grupo BRICS, tres economías emergentes que en la primera década del siglo XXI se volvieron emblemáticas de las transformaciones del orden internacional. Durante aquellos años, la Copa del Mundo se había vuelto el espejo de un mundo cada vez más multipolar.

    Hay quienes sostienen que la irrupción de Trump es, en gran medida, una respuesta al ascenso de China y la pérdida de poder de Estados Unidos. En este marco, las guerras comerciales y el creciente uso del poder militar son indicadores de una potencia que busca retrasar (o revertir) su declive y su merma de competitividad en la economía global.

    Que la Copa del Mundo vuelva a ser organizada por Estados Unidos puede ser leída en un doble sentido (geo) político: como una señal de la primacía global que pretende recuperar Estados Unidos; y también una señal sobre cómo funciona la FIFA en el sistema internacional. A diferencia de lo que ocurre con organismos como la ONU, donde el poder de los Estados se traduce directamente en capacidad de veto y de bloqueo, la FIFA opera, en teoría, de otra manera: permite a todos (grandes y pequeños, poderosos y débiles) sentarse a la misma mesa, con el mismo poder de voto, aunque en la práctica, grandes y pequeños, poderosos y débiles no son iguales. México firmó un contrato con condiciones que Estados Unidos nunca habría aceptado. De igual forma, que el FBI haya liderado la investigación que destapó el megaescándalo de corrupción conocido como FIFAgate en 2015 constituye un antecedente difícil de ignorar al analizar la posterior designación de Estados Unidos como sede principal del Mundial 2026 y la disparidad (organizativa y contractual) respecto de México y Canadá.

    El Mundial más geopolítico de la historia

    El 11 de junio de 2026, en el estadio Azteca de Ciudad de México, se jugará el partido inaugural. Es el único estadio del mundo donde se han disputado dos finales mundialistas. Es también el estadio donde Diego Maradona hizo el gol de todos los tiempos, cuatro años después de la Guerra de Malvinas, en el partido que todo el mundo recuerda como una revancha que el fútbol procesó de una manera que la diplomacia no podía. El Azteca sabe de fútbol y política.

    Afuera del estadio habrá hinchas de todo el mundo. Iraníes que no pudieron entrar a territorio estadounidense. Canadienses que llegaron al país que intenta anexarlos. También algunos otros deportados por el ICE. Lo que esos hinchas van a compartir, sin saberlo del todo, es el producto final de un sistema en el que los Estados ceden soberanía a un organismo privado para obtener el derecho de existir en el imaginario global, en el que ese organismo proclama su neutralidad como herramienta de poder y en el que las jerarquías que el fútbol promete suspender reaparecen a la hora de organizar cada Mundial.Kapuscinski llegó a Tegucigalpa horas antes de que empezara la guerra y escribió sobre lo que el fútbol puede desatar cuando las tensiones ya no tienen otra salida. En 2026, el espacio es más grande, las cámaras son más numerosas y los intereses en juego son incomparablemente mayores. Lo que el Mundial va a encontrar cuando abra sus puertas en el Azteca es un mundo que no está esperando que el fútbol lo una. Está esperando, con distintos grados de esperanza y escepticismo, que lo que pase afuera de la cancha no dependa de hacia dónde salga la redonda.

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  • Lorenzetti apuró a Milei para que nombre a los dos jueces que le propuso

     

    Ricardo Lorenzetti apuró a Javier Milei para que nombre «ahora» a los jueces que faltan para completar la Corte Suprema y defendió a los candidatos que le propuso en la reunión que reveló LPO en exclusiva.

    Algo incómodo, el juez de Rafaela no pudo desmentir de manera tajante el encuentro con el Presidente y dijo de modo general que siempre «hay rumores» cuando deben designarse a jueces en el máximo tribunal. Pero al mismo tiempo confirmó la información de LPO sobre su idea de que las vacantes se cubran ahora y no en 2027 como sostienen en el gobierno. 

    Y también defendió a los candidatos que le propuso a Milei para designar en la Corte:

    Mariano Borinsky, juez de la Cámara de Casación Penal, y Karina Perilli, jueza de Cámara del Tribunal Oral en lo Penal Económico N° 3. «Son dos candidatos muy buenos», afirmó.

    Lorenzetti también sostuvo que entre los postulantes debería haber al menos una mujer y que ambos sean parte del sistema judicial, como Borinsky y Perilli. «La opinión nuestra, en eso coincidimos en la Corte, es que tiene que ser alguien del Poder Judicial», afirmó y agregó que si se designa a alguien de afuera se corre el riesgo de que esté «partidizado» o sea «amigo» de algún sector.

    Milei se juntó con Lorenzetti para sumar dos jueces a la Corte

    «Ahora, ahora»,

    respondió Lorenzetti cuando le consultaron en TN sobre cuándo cree que Milei debería cubrir las vacantes. «No es normal que tengamos tres miembros en la Corte», agregó el juez, que dijo que tiene muchos viajes al exterior donde le cuesta explicar que son apenas tres los integrantes. 

    Son dos candidatos muy buenos, dijo Lorenzetti sobre Mariano Borinsky y Karina Perilli, los nombres que le propuso a Javier Milei

    Lorenzetti no negó que le haya propuesto a Borinsky y Perilli a Milei para que los designe en la Corte, pero aclaró que «es una decisión del presidente». «Como son decisiones importantes, siempre se generan rumores de todo tipo, de sectores interesados, esa es la parte oscura», agregó.

    «Todas esas cosas tienden en primer lugar a deslegitimar al Presidente en su decisión, en segundo lugar a los candidatos, y en tercer lugar a nosotros», dijo y recordó que en la gestión de Macri se atribuyó la designación de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz al operador y exprófugo Pepín Rodríguez Simón. «Ahora ocurrió lo mismo. Empezaron los rumores de que había reuniones mías, de que yo estaba sugiriendo a tal o cual candidato», argumentó.

    «Pero no es serio, nosotros no le damos ninguna importancia en la Corte, no tiene ninguna relevancia. Lo que importa acá es el presidente. Es una decisión muy seria, no hay manera de influir sobre eso», aseguró Lorenzetti.

     

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    DAMIÁN CATINI: «No soy muy consciente del proceso»

    El poeta y docente Damián Catini recibió hace algunos días ejemplares de su obra “Mi novia y yo”  luego de obtener el segundo premio en la convocatoria anual literaria del 2020 del Fondo Editorial Rionegrino (FER). Los ejemplares fueron entregados por la directora del FER Eliana Navarro y su obra fue evaluada durante el proceso…

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  • Llaryora se desmarca de Schiaretti y no avanzará contra Adorni

     

    Mientras la política nacional discute el futuro del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Y cuando hasta incluso los propios libertarios decidieron pedir la cabeza del protegido de Milei y Karina, el gobernador cordobés Martín Llaryora decidió desmarcarse de su antecesor, Juan Schiaretti, y no avanzará en el pedido de remoción del funcionario nacional.

    Sobre todo, porque entienden en el gabinete llaryorista eso se contrapone con las encuestas en Córdoba. «Las encuestas a Martín le marcan que la gente no lo quiere haciendo politiquería, lo quiere gestionando. Entonces, cuando tiene que opinar acerca de la gestión es crítico; ahora, por cosas como estas, como la de Adorni, no», dijo un funcionario de primera línea del llaryorismo en la mañana de este miércoles.

    De esta manera, Llaryora tomo distancia de Schiaretti, quien el viernes pasado salió a exigir en redes la salida de Adorni, en plena sintonía con lo que pide el PRO y, particularmente, Mauricio Macri.

    Schiaretti se suma a Macri y pide la renuncia de Adorni

    Sin embargo, cuando Adorni estuvo haciendo su presentación en la Cámara baja los diputados del schiarettismo decidieron no interpelar al jefe de Gabinete. Situación con la que Natalia de la Sota, quien sí cruzó al funcionario de Milei en Diputados, marcó la cancha en las últimas semanas.

    Las encuestas a Martín le marcan que la gente no lo quiere haciendo politiquería, lo quiere gestionando. Entonces, cuando tiene que opinar acerca de la gestión es crítico; ahora, por cosas como estas, como la de Adorni, no.

    «Natalia lo hace porque le rinde putearlo a Milei y porque le habla a un peronismo más duro», dijo un llaryorista y agregó en referencia a la decisión de Schiaretti de cruzar al jefe de Gabinete: «‘el Gringo’ lo hace por la relación con (Mauricio) Macri».

    Decisión la de Schiaretti que también arrastra a su mujer, la senadora Alejandra Vigo cuando se discuta el devenir de Adorni.

    Con lo cual, en el llaryorismo sostienen que no se pliegan al pedido de remoción del funcionario porque «a pesar de la caída de Milei en las encuestas, la gente le pide a Llaryora otra cosa», agregó una fuente.

    En esa línea, el gobernador cordobés sí cruzó a la Nación por no ocuparse de un delito federal como es el narcotráfico. «El narcotráfico es un delito federal, en las 427 comunas y localidades de la provincia, ¿cuántas tienen una dependencia de la Policía Federal?», dijo y agregó el reclamo por las cárceles federales: «tenemos 5.000 presos por delitos federales en Córdoba y no hay una cárcel federal».

    En simultáneo con la queja de Llaryora a la Nación, a esa hora en Casa Rosada, el ministro del Interior, Diego Santilli mantenía una reunión con intendentes cordobeses que fueron llevados a Balcarce 50 por el diputado Gabriel Bornoroni, la radical Soledad Carrizo y la bullrichista Laura Rodríguez Machado. 

    En esa reunión, Santilli les dijo a los alcaldes cordobeses que no hay acuerdo entre La Libertad Avanza y Llaryora para el 2027: ni explícito ni implícito.

     

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  • Renuncia la histórica directora del Museo del Cine en medio de tensiones con Lombardi

     

    La histórica directora del Museo del Cine Paula Félix-Didier, deja su cargo luego de fuertes tensiones con la gestión cultural que conduce Hernán Lombardi. Desde la Ciudad aseguraron a LPO que de todas maneras el museo seguirá funcionando.

    Las tensiones de activaron cuando la secretaria de Cultura, Gabriela Ricardes, quiso desplazarla para poner al frente del Museo a Fernando Madedo, un productor que trabaja en restauración. Ricardes es de total confianza de Lombardi que la llevó a la gestión de Horacio Rodríguez Larreta y a la de Jorge Macri. 

    Madedo vino con la promesa de traer a la ciudad el prestigioso Festival Lumiere especializado en conservación de películas, que nació en Lyon, Francia. La iniciativa tendría el apoyo del Festival de Cannes, pero el problema es que se superpone con un festival muy similar de cine recuperado que realizaba el Museo del Cine.

    Como sea, la salida de Félix-Didier ,que dirige el museo desde 2008 y es reconocida en el ámbito del cine nacional e internacional, sacudió al mundo del cine.

    En 2008, Didier junto a Fernando Martín Peña anunciaron un descubrimiento que sacudió el mundo del cine. Habían encontrado 25 minutos de metraje de la película Metropolis de Fritz Lang que se creían perdidos, pero estaban dentro del archivo del museo.

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    Félix-Didier estuvo 17 años al frente del museo Pablo Ducrós Hicken, pero meses atrás comenzaron los rumores de que el gobierno porteño buscaba su salida. La cuestión generó miedo en el ámbito del cine y desde la Asociación de Amigos del Museo del Cine salieron a respaldarla.

    «Paula hizo muchísimo por el museo en 17 años de gestión en un contexto de desfinanciamiento. Fue una tarea ciclópea ocuparse con éxito de un patrimonio tan grande», dijo a LPO un respetado historiador cinematográfico.

    Paula hizo muchísimo por el museo en 17 años de gestión en un contexto de desfinanciamiento. Fue una tarea ciclópea ocuparse con éxito de un patrimonio tan grande.

    Desde el gobierno porteño aseguraron que Félix-Didier renunció a su cargo, pero fuentes del confirmaron a LPO que hubo presiones para que se fuera. 

    La salida de Félix-Didier provocó el rechazo unánime del mundo cinematográfico, tanto que los cuatro ex directores del Bafici, que tienen posiciones políticas antagónicas, salieron a respaldarla.

    Hernán Lombardi y Gabriela Ricardes.

    Frente a ese posicionamiento del sector, desde el gobierno porteño negociaron la salida de Félix-Didier, que seguirá formando parte del equipo del museo. Incluso armaron una mesa de seguimiento para cuestiones patrimoniales.

    «Que las autoridades del gobierno hayan abierto un canal para escuchar a los actores del sector es un logro enorme», subrayó una fuente que estaba preocupada por el patrimonio del museo, que además de decenas de miles de rollos de películas, piezas de vestuario y afiches.

    Además, un funcionario del gobierno porteño aseguró a LPO que el museo seguirá funcionando como lo venía haciendo.

     

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