Proponemos empezar esta nota con la siguiente pregunta: ¿No les preocupa el hecho de que una sociedad no pueda asegurar su propio bienestar si no es a través de la implementación de políticas de Estado coercitivas o punitivas que potencialmente aumenten las posibilidades de que se cometan abusos de derechos fundamentales?
Mediante el decreto de necesidad de urgencia 297/2020, se nos ordena cumplir con cuarentena total y obligatoria (aislamiento social preventivo y obligatorio) como medida para prevenir la propagación del coronavirus; para asegurar y controlar el cumplimiento de estas medidas preventivas, quedan a cargo las fuerzas de seguridad de todos los órdenes y jurisdicciones (gendarmería, policía federal, policía provincial, entre otras).
Ahora bien, prestemos atención por qué -en este contexto- creemos necesario que hay que mantener bien presente cuáles son nuestros derechos y no olvidar que no pueden ser violados, sufriendo abusos bajo la justificación de “facultades extraordinarias para actuar o prevenir” en el marco de emergencia sanitaria.
Tenemos que tener en cuenta
que hay dos cuestiones que erróneamente chocan: la salud de todes nosotres
(salud pública) y nuestras libertades individuales o, de otro modo, el interés
general y la libre circulación. Ambas situaciones, en este momento, tienen algo
en común pero, al mismo tiempo, son cosas muy distintas.
Actualmente somos testigos, por un lado, de los intentos del Estado en tomar medidas que, a pesar de impactar en la economía y en la sociedad, generen conciencia sobre nosotres para la prevención de contagios del coronavirus. Medidas las cuales se encuentran estrictamente protegidas -frente a su desobediencia- por un marco penal cuyos castigos y repercusiones pueden ser muy altos y perjudiciales.
Dicen los artículos del Código Penal
Argentino:
ARTICULO 202. – Será reprimido con reclusión o prisión de tres a quince años, el que propagare una enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas.
ARTÍCULO 203. – Cuando alguno de los hechos previstos en los artículos anteriores fuere cometido por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión o por inobservancia de los deberes a su cargo, se impondrá multa de PESOS CINCO MIL ($ 5.000) a PESOS CIEN MIL ($ 100.000); si tuviere como resultado enfermedad o muerte se aplicará prisión de SEIS (6) meses a CINCO (5) años.
ARTÍCULO 239. – Será reprimido con prisión de quince días a un año, el que resistiere o desobedeciere a un funcionario público en el ejercicio legítimo de sus funciones o a la persona que le prestare asistencia a requerimiento de aquél o en virtud de una obligación legal.
Por otro lado, tomar
conciencia social sobre este tema nos autoexige cada vez más responsabilidad
social. Pero esa creciente exigencia de responsabilidad social incrementa
también la coerción de hecho no legitimada o no institucionalizada. Hablamos de
la coerción privada que tiene iguales efectos nocivos para nuestra vida en
comunidad y peor aún, en una situación como la actual, donde se manejan grandes
sentimientos de paranoia, psicosis, etc.
Hasta ahora, de lo que venimos
mencionando, vemos que la emergencia sanitaria hace que dos situaciones
similares se contrapongan, ¿imposibles de separar?
¿Es necesaria la salida
punitiva o coercitiva como método para evitar la propagación? ¿Apelar a la
responsabilidad social indefectiblemente tiene que resultar en coerción?
Quizás sea hora de dejar
de subestimarnos (aunque sea difícil).
La conciencia social
puede llevarnos a resultados positivos sin llegar a necesitar del punitivismo.
A partir de este cambio de esquema creemos poder alcanzar resultados muy
favorables.
Lo cierto es que estamos plenamente convencidos que, lo deseable para nuestra sociedad, es prevenir la transmisión del virus para evitar muertes y prevenir el punitivismo para evitar abusos y pisoteos de derechos fundamentales.
Javier Milei escaló al máximo la pelea contra Paolo Rocca tras la polémica por la licitación de los caños para el gasoducto de Río Negro y amenazó a Techint con la quiebra.
El presidente habló ante sus fanáticos en la Derecha Fest y redobló los dardos contra Rocca, a quien más temprano había llamado «Don Chatarrín».
«Aquellos que tienen productos más caros y de menor calidad no son dignos del favor del mercado y si quieren hacerlo por la fuerza con negocios turbios con el Estado deben desaparecer e ir a la quiebra», lanzó Milei a modo de advertencia.
«No son creadores de bienestar, son destructores de la sociedad. Perjudican a millones para llevarse sus coimas junto a los políticos», continuó Milei.
«Eso no va a pasar en la Argentina, por más que le pongan toneladas de guita a los medios de comunicación y a los periodistas corruptos», agregó.
Aunque no nombró a Techint ni Rocca, el presidente se divirtió con un juego de palabras con el apellido del empresario. «Ustedes saben que el camino es sinuoso, no es rectilíneo uniforme. Y siempre se encuentra una piedra en el camino», dijo haciendo un gesto con sus manos.
La ciudad vivió una jornada cargada de emoción con la presentación de la Sinfónica Patagonia de la Universidad de Río Negro. En homenaje al ex rector de la Universidad de Río Negro Juan Carlos del Bello, la orquesta se presentó en la iglesia Nuestra Señora del Rosario, bajo la dirección del reconocido director Facundo Agudín. Con un…
Portada: pintura de Samuel Hirszenberg – «Spinoza excomulgador» – 1907
En noviembre de 2021, el filósofo israelí Yitzhak Melamed solicitó a las autoridades de la Sinagoga de Ámsterdam autorización para visitarla: quería filmar allí una película sobre Spinoza. Pocos días después tuvo la respuesta del rabino de la comunidad, Joseph Serfaty: “Spinoza y sus escritos fueron excomulgados con la proscripción más severa, cuya vigencia se mantiene en el curso del tiempo y no puede ser anulada… Usted ha dedicado su vida al estudio de la obra proscripta de Spinoza y al desarrollo de sus ideas… Por consiguiente, deniego su solicitud y lo declaro a usted persona non grata en el complejo de la Sinagoga portuguesa”.
Algunos siglos antes, precisamente el 26 de julio de 1656, en esa misma Sinagoga había sido leída la excomunión contra Spinoza, tremenda en todos sus términos. Luego de las conocidas imprecaciones y maldiciones proferidas en ella, ordena finalmente a los judíos de todos los tiempos, donde quiera que estos se hallaren, abstenerse de “leer ningún papel hecho o escrito” por Spinoza (“advirtiendo que nadie puede hablar oralmente ni por escrito, ni hacerle ningún favor ni estar con él bajo el mismo techo ni a menos de cuatro codos de él, ni leer papel hecho o escrito por él”). Prohibición sorprendente y más bien premonitoria, habida cuenta de que hasta ese día de 1656 el joven Baruch no había comenzado aún a escribir su obra.
Sin embargo, la eficacia del mandato que ordenaba “no leer” nunca se concretó. La obra spinozista inspiró ininterrumpidamente amor y odio en las generaciones sucesivas del pueblo de Israel, interpelado por una anomalía cultural que algunos consideran el inicio del antisemitismo moderno -de lo que León Poliakov llamó “el antisemitismo racionalista o laico de los tiempos modernos”-, mientras otros, al contrario, consideran esa obra como la consecución de una antigua tradición judía alternativa al fariseísmo dominante, trasvasada en odres filosóficos.
La obra de Spinoza inspiró amor y odio en las generaciones sucesivas del pueblo de Israel.
En el contexto del debate acerca del revocamiento de la excomunión, que en la década de 1950 encabezó el primer ministro israelí David Ben-Gurión, Yitzhak Haleví Herzog, principal rabino de Israel en ese momento, remitió al Spinozeo de Haifa una carta referida a la validez futura de la prohibición de leer a Spinoza presuntamente contenida en el herem. En ella escribe: “He examinado el texto de la proclamación [el escrito de excomunión] y hallado que… la prohibición de leer las obras y composiciones de Spinoza ya no tiene vigencia”[1]. Sin embargo, la iniciativa de Ben Gurion por levantar la proscripción de Spinoza no prosperó y, como afirma en la carta arriba citada el rabino Serfaty, “mantiene toda su fuerza”.
Una sombra incómoda
La filosofía spinozista de la necesidad y la ética de la alegría que establece el modo de vida más propio de la afirmación filosófica, insubordinada del ideal ascético y las retóricas de la humillación, revela su significado más profundo desde y ante la devastación. Y sería incomprensible sin la historia del pueblo hebreo que el joven Baruj había aprendido muy bien, al igual que la lengua hebrea, en la escuela amstelodana Ets Haim (El árbol de la vida), junto a la Sinagoga del barrio judío donde una mañana de 1635 toda la comunidad se congregó a llorar la muerte de Abraham Núñez de Bernal, quemado en Córdoba por la Inquisición. Esa historia por la que la nación de los judíos había sido invariablemente perseguida y diezmada a lo largo de los siglos ha dejado su vestigio en la obra spinozista, a la que pertenece la redacción de un Compendio de gramática de la lengua hebrea, extraña opción para un filósofo en plena madurez, que había escrito ya sus libros fundamentales. Considerado como libro de la buena memoria, quizá se trata de un gesto político de pietas hacia una lengua -y por tanto hacia un sentido del mundo- en extinción, debido a las “calamidades” y “persecuciones” de las que sus hablantes fueron objeto.
Entre algunos de los principales teóricos y filósofos judíos es posible trazar una línea de denostación de Spinoza -que en rigor se remonta hasta la publicación misma del Tratado teológico-político-, a la que pertenecen autores como Hermann Cohen, Leo Strauss, Emmanuel Levinas, Benny Lévy o, más recientemente, Jean-Claude Milner. Conforme esta persistente comprensión, el autor de la Ética no habría producido un universalismo emancipatorio y libertario sino más bien habría abierto la vía del antisemitismo moderno. Según Cohen, en efecto, “Spinoza conservó todo su rencor por el anatema en su contra, para derramarlo en este escrito [el TTP]”, que concibió con “insensible crueldad” y solo motivado por “venganza”. La investigación filológica de la Biblia por “el genio maligno de Spinoza” habría tenido por único propósito “la destrucción del concepto judío de religión”, lo que “deja al descubierto su alma” mostrando el carácter “demoníaco” de su intención y la deshonestidad de su trabajo. Considerado por el filósofo de Marburgo como “el gran enemigo”, “Spinoza constituye para la historia moderna del judaísmo la más grande dificultad”.
Su filosofía de la necesidad y la ética de la alegría revela su significado más profundo desde y ante la devastación.
En igual sentido, para Milner, el propósito último del programa spinozista -animado asimismo por resentimiento hacia su pueblo- sería el de “borrar el nombre judío” de la memoria humana. Según él, Spinoza habría teorizado una “técnica de persecución hacia los judíos” desapasionada y fría; un borramiento cuyo “único límite” sería la “masacre”, la “efusión de sangre” y los “asesinatos en masa”. Milner la llama “persecución perfecta”, que por una ironía de la historia ha sido considerada como un alegato por la libertad de creencia y su autor como un ícono de la tolerancia. La “solución final” spinozista -es la tesis fuerte de Milner- sería la conversión de los judíos al Islam, y su maniobra consistiría en alabar la política del imperio turco respecto de los convertidos, bajo la máscara de la alabanza -por lo demás ficticia- de la política de España respecto de los judíos conversos. Haría esto por prudencia, pues los turcos eran los mayores enemigos del mundo cristiano, encriptando su verdadero propósito en desplazamientos y contra-verdades conforme un “arte de escribir” necesario por la “indecencia” del contenido que se formula. La apostasía voluntaria y consiguiente conversión al Islam de Sabbatai Tsevi -sin embargo nunca mencionado por Spinoza en ninguno de sus escritos- sería pues lo que define su programa: que el nombre “judío” desaparezca -por apostasía generalizada- para siempre de la memoria de los hombres.
Originalmente expuestas en el Instituto de Estudios Levinasianos de Jerusalén en 2010-2011, las tesis de Milner no disimulan que en la discusión académica y política en torno al “problema Spinoza” (misma expresión que la empleada por Rosenberg al confiscar la biblioteca del filósofo durante la ocupación nazi de Holanda) lo que hay en juego es la cuestión palestina. En la perspectiva de Milner, el proyecto spinozista de conversión masiva de los judíos al Islam para que desaparezca el nombre “judío” de la memoria de los hombres no obstante la persistencia de la circuncisión [recordemos que esta se extiende a todo el mundo islámico], presenta -como marca Iván Segré- un claro correlato anacrónico en la actualidad. Si se aplicara hoy en Israel / Palestina la política “liberal” de Spinoza -que sea posible vivir juntos en un mismo territorio manteniendo la libertad religiosa de cada uno-, el “Estado judío” implosionaría. La propuesta de un “Estado común” desde el Jordán hasta el mar no sería otra cosa que un ardid para que esa desaparición se produzca. Según esto, un Estado común de Israel / Palestina para todos los habitantes, sean judíos, musulmanes o cristianos, significaría en poco tiempo -es el argumento del actual gobierno israelí y tácitamente de Milner- la conversión del Estado judío en un Estado islámico. Y cualquiera que afirme el bien común entre los diferentes sería un antisemita encubierto[2].
La herencia malversada
El espíritu y la letra de la filosofía spinozista nada tiene que ver con esta línea de lectura y sí mucho que contribuir a la construcción de una paz, que es siempre obra de lo común –entendido no como algo ya dado a lo que se pertenece (un territorio, una religión, un libro, una lengua) sino como algo en lo que se entra, una composición de las diferencias, la tarea de ser con otros, el vivir juntos como porvenir.
En sintonía exacta con esta deriva posible para Oriente Medio y para la humanidad toda, el músico argentino-israelí-palestino Daniel Barenboim escribió en 2003 un bello artículo en el que relata la influencia de la lectura de Spinoza cuando era niño en su manera de vivir la música (en particular el principio spinozista de la inseparabilidad de emoción y razón), y afirma su importancia para el actual conflicto palestino-israelí. Su relevancia -dice Barenboim- radica en que su filosofía “nunca se basó en la premisa del ser judío como minoría. Por eso su filosofía es tan contemporánea, ahora que el pueblo judío tiene su propio Estado, es decir no es más una minoría…”, y se halla frente a otra minoría: el pueblo palestino. La democracia israelí “no ha resuelto hasta ahora el problema de un Estado donde las minorías son suprimidas”, por lo cual “… el restablecimiento de la filosofía de Spinoza en Jerusalén [contra la ortodoxia religiosa y la derecha política que determinan actualmente el clima espiritual] es esencial si quiere lograrse un progreso en el conflicto de medio oriente”.
¿Por qué el viejo topo spinozista resplandece siempre en los momentos de peligro?
Si es verdad que “Spinoza constituye la más grande dificultad” para el judaísmo actual, lo es porque sostiene un universalismo que tiene profundas raíces en la cultura judía y no porque haya procurado su destrucción ni la desaparición del “nombre judío”. Spinoza tendrá mucho que decir siempre que el exterminio reemprende su obra. Lo que tiene por decir puede ser comprendido por cualquiera: por hombres y mujeres simples -como Yakov Bok en la novela El reparador de Bernard Malamud-; por soñadores refinados e inquietos que no permiten que se desvanezca la interrogación vital sobre todas las cosas -como Azarías Gitlin en Un descanso verdadero de Amós Oz-, o por sabios estudiosos -como el viejo Nahum Fischelson en el cuento de Isaac Bashevis Singer El Spinoza de la calle del mercado-, todos ellos spinozistas judíos que aspiran a producir una conciencia de la humanidad, apremiados por la pregunta urgente acerca del sentido de ser con otros. O por artistas como Daniel Baremboin, cuyo texto antes citado concluye con simplicidad y precisión: “Con la Ética de Spinoza Israel podría desarrollarse como un verdadero estado democrático, en el que cada parte de la comunidad defina sus valores éticos y el fin último de la humanidad”.
A través del arte, la literatura, la filosofía, la religión o la política, por fuera de cualquier tentación sacrificial y sin nunca desviar la mirada de la destrucción en potencia o en acto que se abate sobre la vida humana, el viejo topo spinozista resplandece siempre en los momentos de peligro, hereda a las generaciones su insistencia de paz, procura componer las diferencias de los seres humanos para transitar el tiempo que les ha tocado.
Tras el daño infinito inferido por el actual gobierno de Israel al tesoro cultural legado por el pueblo judío a todas las generaciones, será paradójicamente un filósofo expulsado del judaísmo quien provea al pueblo de Israel ideas que serán fundamentales para recuperar esa herencia tan fundamental para la humanidad toda. Pero eso será después. Mientras el genocidio en la franja de Gaza siga abierto, Spinoza es un amigo del pueblo gazatí, y de los judíos y las judías de todo el mundo que claman: “no en mi nombre”.
[1] Transcripta por Yirmiyahu Yovel en Spinoza, el marrano de la razón, Anaya & Muchnik, Madrid, 1995, p. 211.
[2] En favor de un Estado común, Eyal Sivan realizó un hermoso film: Estado común entre el Jordán y el mar (2013). Una lúcida crítica de la tesis de Milner puede leerse en el libro de Iván Segré, Le manteau de Spinoza, La Fabrique, Paris, 2014.
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Javier Milei sacó un decreto alevoso en la noche de este jueves para instruir a la Procuración del Tesoro el cese de la querella criminal contra Mauricio Macri y Luis «Toto» Caputo por la deuda contraída con el FMI en 2018 y 2019, tres días después que la jueza María Eugenia Capuchetti resolviera el archivo de la causa.
El Presidente retiró entonces al Estado de la causa que debía investigar el destino de los fondos otorgados por el organismo multilateral de crédito, para favorecer tanto a su ministro de Economía como a su par de Desregulación, Federico Sturzenegger, que también formó parte del gobierno de Cambiemos.
El decreto de Milei es el 87/26 y establece en su artículo 2° que se instruye a la Procuración «a cesar su intervención como querellante particular en la Causa N° 3561/2019». Esa investigación se caratuló «Macri, Mauricio y otros sobre defraudación por administración fraudulenta y otros» y fue la querella criminal que anunció el expresidente Alberto Fernández en su discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso el 1° de marzo de 2021.
Capuchetti consideró en su fallo que «las conductas observadas en el manejo de los fondos por parte de las autoridades argentinas no pueden ser calificadas como constitutivas del delito de malversación de caudales públicos, debido a la ausencia de una norma jurídica, reglamento u orden de autoridad competente que impusiera al gobierno cuestionado un destino obligatorio y preciso respecto de los recursos otorgados». Por eso, dispuso el archivo de la causa.
La jueza Capuchetti.
Sin embargo, el fiscal Franco Picardi objetó la medida al señalar que la magistrada realizó «una evaluación parcial, desmembrada, sesgada y superficial de los hechos y pruebas, así como del marco regulatorio que rige la materia sobre la que versa el caso y la aplicabilidad de normas imperativas». «Todo ello, para arribar a un temperamento conclusivo de la investigación», aseveró.
Según Picardi, «la resolución recurrida posee una valoración fragmentaria y aislada del material probatorio, al analizar de manera individual y solapada las distintas acciones que, en verdad, se concatenan entre sí para materializar la toma del empréstito con el FMI y la administración de esas divisas, sin efectuar una apreciación conjunta, integral y contextual de todos los elementos reunidos en la causa».
La magistrada realizó una evaluación parcial, desmembrada, sesgada y superficial de los hechos y pruebas, así como del marco regulatorio que rige la materia sobre la que versa el caso y la aplicabilidad de normas imperativas.
La investigación tenía como objeto esclarecer si había efectivamente un «esquema defraudatorio» montado entre por funcionarios públicos del Poder Ejecutivo Nacional y el Banco Central de la Nación Argentina (BCRA), en connivencia con agentes del sector privado. Picardi recuerda que se contrajo deuda por U$s 57100 millones «vulnerando la Constitución Nacional y las leyes nacionales y normas que regulan el funcionamiento de la administración pública nacional y la toma de crédito público; y, esgrimiendo argumentos falsos y engañosos en torno a los objetivos y los usos que se les darían a las divisas solicitadas».
Además, postula que se destinaron «de manera ruinosa las sumas obtenidas a cuestas del endeudamiento estatal, al financiamiento y profundización del proceso de fuga de capitales, en beneficio de grupos privados concentrados y en perjuicio del erario público». «Ello incluye la posible obtención, en ese marco, de beneficios económicos indebidos para sí y/o para terceros (tales como otras personas físicas y jurídicas, fondos de inversión) y/o la provisión de información privilegiada en franca incompatibilidad con sus deberes funcionales», completa.
Noticia en desarrollo.
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