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Lluvia de huevos para diputado libertario votar la ley de glaciares
El clima político que rodea la reforma de la Ley de Glaciares sumó un nuevo episodio de tensión en la Patagonia: el diputado libertario Jairo Guzmán fue escrachado en El Calafate luego de lanzar declaraciones ofensivas contra quienes se movilizan en defensa del ambiente. La escena —huevazos, insultos y repudio popular— expone no solo el rechazo a sus palabras, sino el creciente malestar frente a una política que muchos sectores identifican como un retroceso ambiental.
Por Roque Pñerez para NLI

Un insulto que encendió la mecha
El detonante del conflicto fue una frase que sintetiza el tono con el que sectores del oficialismo vienen abordando el debate. Guzmán se refirió a quienes participaron de un abrazo simbólico al Glaciar Perito Moreno asegurando que “no desarrollaron mucho conocimiento o les faltó ácido fólico cuando eran chiquitos”, un comentario que fue rápidamente repudiado por amplios sectores sociales.
La respuesta no tardó en llegar. Vecinos autoconvocados, junto a organizaciones sindicales y culturales, se concentraron frente a un local partidario en El Calafate, donde el legislador tenía previsto participar de una actividad. Allí, el rechazo se expresó con insultos, cánticos y el lanzamiento de huevos, obligando al dirigente a esquivar la protesta en un contexto de fuerte tensión.
Lo ocurrido no es un hecho aislado. Es, en todo caso, la manifestación concreta de un conflicto político más profundo: el choque entre un modelo de desarrollo basado en la expansión minera y una sociedad que percibe esa avanzada como una amenaza directa sobre recursos estratégicos como el agua.
El diputado libertario Jairo Guzmán votó a favor de la ley de Glaciares y no había vuelto aún a El Calafate; pero un día iba a tener que volver…
Parece que va a tener que pasar su estadía recluido en su casa y sin poder ni asomarse a la vereda… pic.twitter.com/TznosASq42— @caidodelcatre (@caidodelcatre2) April 25, 2026
La ley de glaciares, entre el negocio y el agua
El trasfondo del episodio es la reciente modificación de la Ley de Glaciares impulsada por el gobierno de Milei, que fue aprobada en Diputados tras una sesión marcada por insultos, cruces y una fuerte polarización política.
La reforma redefine la protección de las zonas periglaciares, habilitando actividades productivas —principalmente mineras— en áreas que antes estaban restringidas. El argumento oficial gira en torno al “desarrollo” y al “federalismo”, pero desde la oposición, el ámbito científico y organizaciones ambientales advierten que se trata de un retroceso en la protección de reservas hídricas clave para millones de argentinos.
No es menor el dato de que más de 100 mil personas se inscribieron para participar en las audiencias públicas, en una muestra clara del interés social que despierta el tema, aunque con mecanismos de participación fuertemente limitados por el oficialismo.
En ese contexto, las declaraciones de Guzmán no solo resultan ofensivas, sino también reveladoras de una lógica política: deslegitimar la protesta social y minimizar la preocupación ambiental.
Un conflicto que recién empieza
El escrache en El Calafate anticipa lo que puede venir. La reforma ya enfrenta cuestionamientos judiciales y, en algunas provincias, incluso fue frenada de manera provisoria.
Pero más allá de lo institucional, lo que está en juego es un debate estructural: quién decide sobre los bienes comunes y en función de qué intereses. La reacción social frente a Guzmán muestra que, lejos de apagarse, el conflicto por la Ley de Glaciares está entrando en una nueva fase, donde la disputa ya no es solo parlamentaria, sino también territorial.
Porque cuando la política responde con insultos a una demanda social masiva, lo que se profundiza no es el consenso, sino la crisis. Y en ese terreno, el oficialismo empieza a mostrar una dificultad creciente para sostener su relato frente a una realidad que —como quedó claro en El Calafate— ya no está dispuesta a callarse.
Escala la rebelión de concejales libertarios: «Hay que despegarse un poco del Gobierno nacional»
La Séptima (centro bonaerense) fue la única sección electoral de la provincia donde La Libertad Avanza no metió legisladores en septiembre del año pasado. Desde entonces, la interna seccional está envuelta en una vorágine de cruces y portazos que muestran sus picos máximos de tensión por estos días.
Luego del portazo que la concejal Adela Casamayor dio en Olavarría para pasarse al Partido Libertario, ahora la rebelión de concejales se expande a Azul, donde Saúl Lucero expuso sus reproches al armado libertario y llamó a «despegarse un poco del Gobierno nacional».
«Pasamos a ser leones de circo, obligados a actuar como ellos quieren, cuando nuestra responsabilidad es representar a los vecinos y no limitarse únicamente a los intereses del Gobierno nacional», dijo Lucero en declaraciones a La Cien Azul.
Y agregó: «Hace un tiempo vengo evaluando la posibilidad de separarme del bloque. Las tensiones surgen, justamente por mi forma de votar. No considero que debamos actuar como marionetas».
Pasamos a ser leones de circo, obligados a actuar como ellos quieren, cuando nuestra responsabilidad es representar a los vecinos y no limitarse únicamente a los intereses del Gobierno nacional
Según detallaron a LPO fuentes libertarias en la Séptima, el estallido también se registra en otras ciudades de la sección, como Tapalqué. Además, advierten que en el bloque libertario de Azul, además de Lucero, hay una concejal que mantiene una postura similar.
Todo eso representa un desafío concreto a Pablo Di Salvo, dirigente precisamente con base en Azul que, en diciembre pasado, fue designado coordinador seccional por Sebastián Pareja, en reemplazo de Alejandro Speroni, que encabezó la boleta libertaria que fracasó en su intento de acceder al Senado bonaerense.
Desde su llegada, Di Salvo es blanco de acusaciones internas. Primero por parte de Casamayor, que lo denunció por «aprietes» para posar en una foto de unidad del bloque libertario en Olavarría de la que la concejal se arrepintió, para luego avanzar con las acusaciones.
Concejal denunció «aprietes» de un armador de Pareja y explotó la interna libertaria en Olavarría
La atomización libertaria en las dos principales ciudades de la sección recrudece reclamos internos que también van de la mano con las designaciones en las oficinas locales de Anses y Pami.
«Los nombramientos en las dependencias nacionales siempre recaen en las mismas personas que buscan posicionarse», dijo Lucero.
En Olavarría, en tanto, resuena en la interna libertaria el mensaje que Alejandro Carrancio dio esta semana a una radio local. Ahí, adelantó que las candidaturas locales de 2027 hay que buscarlas en quienes fueron al encuentro de Suipacha.
«Si ahora quieren bajar línea y ordenar, se les pasó el tiempo», dijo a LPO un dirigente de la interna libertaria en la Séptima en rebelión a las directivas de Pareja y sus armadores seccionales
A esa actividad, desde Olavarría fueron la coordinadora Celeste Arouxet y su mano derecha, el concejal y titular del Pami local, Guillermo Lascano. Ambos, son cada vez más resistidos por el pan-libertarismo olavarriense, que acelera sus reuniones por fuera de los coordinadores puestos por Pareja.
«Si ahora quieren bajar línea y ordenar, se les pasó el tiempo», dijo a LPO una voz de la interna que evidenció su malestar con el mensaje de Carrancio, que hace pie en la sección a través de la diputada Geraldine Calvella.
El azuleño Di Salvo también suma críticas: «Se subió al caballo y está tomando malas decisiones», sostuvo otro dirigente consultado. Mientras tanto, circula la versión de un regreso de Speroni al armado seccional de la mano de Carrancio, ahora para controlar a los concejales libertarios, movida que ya tiene a Lilia Lemoine como principal impulsora.
