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Se ultiman detalles del Rally Ciudad de Villa Regina

El Intendente Marcelo Orazi y el presidente del Concejo Deliberante Edgardo Vega se reunieron con los integrantes de la Asociación Volantes de General Roca y Federación 11 Jorge “Goyo” Martínez y Raúl Ginóbili con el fin de ultimar detalles del Rally Ciudad de Villa Regina a disputarse el 23, 24 y 25 del corriente mes.
La misma corresponde a la tercera fecha del Campeonato Regional de Rally FRAD 11 2021 premio Gobierno de Río Negro.
En los próximos días se darán detalles de la carrera y la fecha de la conferencia de prensa para la presentación de la prueba.

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  • Estupor en el gobierno con Adorni: «Ahora no cierra ni el blanco ni el groncho»

     

    En el gobierno quedaron paralizados por el harakiri de Manuel Adorni y creen que se enterró tras declarar que tiene medio millón de dólares sin declarar conseguidos en una inesperada carrera de trader de bitcoins.

    LPO anticipó en exclusiva que en el gobierno sabían que el blanco de Adorni no cerraba en una suma de entre 300 y 400 mil dólares. Por eso estaba hace tres meses a la búsqueda de una creatividad contable para tapar ese agujero.

    «Ahora no cierra ni el blanco ni el groncho», reconocieron a LPO altas fuentes de Casa Rosada. El impacto de la revelación de Adorni fue brutal: en el gobierno compartieron durante todo el día el tuit del propio Adorni con fecha de 2021, cuando festejaba que había conseguido un paté sabor provenzal tras hacerle un reclamo por salchichas Swift en mal estado. Así como la foto demoledora del jefe de Gabinete en un precario asado, justo cuando supuestamente invertía cientos de miles de dólares en Bitcoin.

    Ningún ministro bancó a Adorni y a Patricia le sugirieron que no comiera la torta que le llevó por su cumple 

    El contraste de aquel Adorni con el Adorni millonario en bitcoins fue demasiado para las espadas libertarias, que en muchos casos decidieron ni siquiera opinar sobre el tema. «No hablamos de Adorni», dijo a LPO una libertaria que hasta un par de semanas se mostraba con Adorni.

    Se hizo todo mal, debió presentar la declaración jurada y no decir nada, que la investiguen y chau. Ahora no cierra ni el banco ni el groncho.

    «Se hizo todo mal, debió presentar la declaración jurada y no decir nada, que la investiguen y chau», dijo a LPO un funcionario, que admitió que lo que incineró a Adorni fue la entrevista con la que creyó que iba a dar el tema por saldado. El dato que tienen en la Rosada es que el fiscal Gerardo Pollicita, que instruye en la causa de enriquecimiento ilícito, está «recaliente».

    Adorni les dijo el miércoles a los Milei y a los Menem que ya tenía resuelta la declaración jurada y que saldría a poner el cuerpo en una entrevista acolchonada en La Nación+. Los Milei le dieron el ok, incluso con la promesa de que lo saldrían a bancar después de la emisión.

    Pero Adorni no les dijo que saldría con tamaña explicación, que entró a la historia como una de las inmolaciones más rocambolescas emitidas en vivo por un político argentino.

    La reacción fue la esperada. Milei tuiteó a reglamento y, lejos de la habitual locuacidad que manifiesta por medio de sus falanges retuiteadoras, sólo compartió un posteo de Santiago Oría. El cineasta de pulso fluctuante dio el tema por saldado en la noche del miércoles, apagó el teléfono y ni siquiera esperó la repercusión bestial que tuvieron las declaraciones del jefe de gabinete, acusado de «ladrón», «delincuente», «medio pelo» y «laucha» incluso por algunos de los periodistas que tratan al gobierno de manera indulgente.

    Baby recordó la vida de Adorni cuando «invertía» una fortuna en Bitcoin: «Eras un laucha sin una moneda»

    Ningún ministro salió a bancar al jefe de gabinete. «Ni bajo tortura», dijo un ministro a LPO. Por el contrario, Patricia Bullrich aprovechó para patearlo en el suelo y los aliados del PRO amenazan con interpelarlo.

    El caso Adorni, que le hizo perder a Milei ya unos diez puntos de imagen positiva de acuerdo a algunos sondeos, ya tiene consecuencias sobre la economía. Como explicó LPO, en el palacio de Hacienda están furiosos con el pésimo timming del ex vocero. Adorni difundió su declaración jurada justo cuando el Gobierno intenta mostrar otra película ante Wall Street. S&P subió la nota soberana de Argentina a B- y el ansiado egreso a los mercados voluntarios de deuda está un paso más cerca.

    La mancha venenosa que representa Adorni, que para el gobierno ya se convirtió en una avispa atrapada dentro de un casco, impacta además en el funcionamiento del Congreso.

    Con su adhesión al régimen simplificado de Ganancias, Adorni generó un efecto cascada, con un torrente mucho mayor a la que se hizo construir en su casa del country Indio Cuá. Decenas de funcionarios y hasta periodistas fueron escrachados por adherirse al régimen, una situación que no tiene impacto judicial sobre ellos pero sí daña la confianza en el plan económico.

    La decisión del jefe de Gabinete de sumarse al olvido fiscal arrastró al barro a Federico Sturzenegger, que se acogió al mismo beneficio y activó una caza de brujas que pone en riesgo el éxito de la norma, una apuesta central de Toto Caputo para que salgan los dólares del colchón y se mueva un poco la economía.

    La mancha venenosa que representa Adorni, que para el gobierno ya se convirtió en una avispa atrapada dentro de un casco, impacta además en el funcionamiento del Congreso. LPO explicó que los aliados de la Rosada advierten que no podrán sacar ninguna ley mientras el contador de la UADE continúe en el cargo.

     

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  • Que el cielo nos corresponda

     

    Intentemos responder una pregunta que seguramente se esté haciendo usted, atenta lectora, perspicaz lector. ¿Es el mundial de fútbol una pantalla para distraernos? La respuesta es clara: sí. Por supuesto que sí, vos sabés que sí. Inserte video de Cristina con Novaresio en loop. El mundial nos distrae, nos entretiene, nos hace olvidarnos por un rato del préstamo en Mercado Pago o el arreglo del auto que no sabemos cómo pagar. Nada muy distinto a ir al cine o mirar los patos en el Rosedal. La diferencia entre estas dos actividades y el mundial, todas unidas por el arte de observar, es que difícilmente usted se pare y festeje en el cine cuando el bueno derrota al malo o cuando un pato vuela. En cambio, es mucho más probable que usted grite como un desaforado, como quien encuentra un tesoro o un pendrive, cuando el arquero de Cabo Verde le saca un gol a España o cuando el ocho de Curazao le hace uno a Alemania. Nos distraemos con el mundial, pero también nos ilusionamos con una idea que, a priori, parece irreal: que, por una vez, aunque sea por un rato, los débiles le afanen algo a los poderosos.

    Pausa de hidratación.

    Alerta aeropuertos

    El jueves 11 de junio, después de semanas, quizás meses, salió el sol en la ciudad de Buenos Aires. El motivo era evidente: esa tarde, después de tres años y medio, empezaba un nuevo mundial. En los días previos, las noticias parecían el programa Alerta aeropuertos: al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan le prohibieron el ingreso a Estados Unidos, las selecciones de Uzbekistán y Senegal eran revisadas como potenciales terroristas, Canadá le negó el ingreso a Thomas Partey, volante de Ghana, debido a sus causas por violencia de género y parte del cuerpo técnico iraní no podría estar presente en los partidos de su selección. Deportaciones y persecución, otro día en el maravilloso mundo de Donald Trump. Irán, la gran protagonista de los comentarios geopolíticos, tiene su concentración en México y viaja a Estados Unidos en cada fecha. Esto, claro, frente a una guerra que hasta ayer bombardeaba escuelas y hospitales parece un dato menor. Es difícil encontrar un caso similar al de Irán y Estados Unidos, en el que dos países en guerra participen del mismo mundial con uno de ellos como sede principal.

    En la cabeza calva de Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, este es un ejemplo de cómo el fútbol puede unir a pesar de las diferencias geopolíticas —un eufemismo para no hablar de bombas e imperialismo—. Él garantizó que la selección iraní pueda presentarse al mundial a pesar de Trump y la guerra. Infantino se ve a sí mismo como un pacificador. Al menos eso intenta, como cuando buscó que los presidentes de las federaciones palestina e israelí se dieran la mano. Sorpresa: no ocurrió.

    Infantino puede mirarnos y decirnos que estemos chill, como dijo en la conferencia de prensa previa a la inauguración. Un periodista aprovechó para preguntarle qué tan chill se podía estar cuando el país anfitrión negaba el acceso y si había perdido el control del mundial. “Cuando digo que estén chill, no digo que no hagamos nada. Digo que confíen en nosotros. Detrás de escena, estamos trabajando”. Dos días antes de viajar a Estados Unidos, todavía en México, un olor alertó a la concentración iraní. Llamaron a la policía. En un auto con patente estadounidense encontraron un cadáver. Total normalidad. Irán viajó a Los Ángeles para jugar su partido contra Nueva Zelanda, en un estadio colmado por iraníes que viven en Estados Unidos. En la previa los futbolistas no quisieron opinar sobre la guerra entre su país y el anfitrión, ya habían llegado a México con un pin con el número 168, en homenaje a las víctimas de uno de los bombardeos. El partido transcurrió con normalidad. Salvo por dos hechos que habrán roto la calma chill de Infantino. Después de uno de los goles, en la tribuna de Irán aparecieron unas letras que decían: MINAB 168. Y Mohamad Mohebi festejó el segundo haciendo de sus manos dos armas con las que disparó imaginariamente al aire. Todo gol es político. Quizás el próximo paso de la FIFA sea prohibir los goles iraníes.

    El mundial mcdonalizado

    El mundial que arrancó el jueves pasado tiene la particularidad de haberse inaugurado tres veces. Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal e inauguraban un mundial. Primero en México, después en Canadá y finalmente en Estados Unidos. La noche anterior a la primera apertura, la mexicana, Manuel Adorni nos contó los beneficios de invertir en criptomonedas y guardarlo para la posteridad en un pendrive. Algo une a Infantino con el jefe de Gabinete, además de un pasado con alopecia, y es la gran diferencia entre la imagen que proyectan de sí mismos frente a lo que ven el resto de los mortales.

    La primera sorpresa se dio antes de que la pelota se moviera y tuvo que ver con una canción. No, nada que ver con Shakira y su supuesta doble. Para esta copa, la FIFA innovó en el ingreso de los equipos. Ahora entran a la cancha los planteles completos y rodean el círculo central. En cada partido de fondo suena “Sirius”, una canción de 1982, escrita y ejecutada por Alan Parsons, la misma que daba la bienvenida a los Chicago Bulls de Jordan. Un souvenir, un mojón de estos tiempos donde todo se refrita: camisetas retro homenajeando viejos equipos, discos de duetos reviviendo canciones, formatos televisivos imitados en stream. Deje de gritarle a la nube, anciano, dirá el lector.

    El partido inaugural repitió el del Mundial de 2010: México contra Sudáfrica. Los sudafricanos entraron al calentamiento entonando en coro una canción llamada “Shosholoza”, un viejo canto de los trabajadores que llegaban de Zimbabue a trabajar en las minas. La canción, que habla de la unión colectiva, no se vio reflejada dentro de la cancha: Sudáfrica perdió dos a cero contra México y fue uno de los equipos más flojos de la primera fecha. Lo peor de ese partido y de todos los partidos es esa aberración llamada “pausa de hidratación”. Culin breik. El fútbol desde sus inicios se jugó en dos tiempos de cuarenta y cinco minutos, pero la basquetbolización, la locura de Infantino por encantar a los yanquis y la inescrupulosa búsqueda de beneficios por parte de la televisión, nos traen la novedad de partir cada tiempo en dos. Con el espanto de meter un corte comercial de tres minutos que corta el ritmo del partido y la atención de los que lo miramos.

    Los yanquis le devolvieron los mimos a la FIFA: llenaron el estadio y le pusieron onda. Tom Cruise, Paris Hilton, una tipa vestida de la estatua de la libertad y Leo Di Caprio. Lloraron faltas, abuchearon al árbitro y gritaron iu-es-ei. Puede que Infantino sea recordado como el presidente que conquistó a los yanquis. El resto del mundo se acordará de él como un traidor.

    Esa misma primera noche Corea del Sur mostró que no todo es BTS, que la evolución de los últimos mundiales sigue su camino y le ganó a Chequia —el rebranding de República Checa, antes Checoslovaquia—. Corea del Sur es uno de los ejemplos de que al mundial de 48 selecciones hay que tenerle paciencia. Si hay que darle tiempo a algo, mejor que sea a un mundial y no a un ministro que se timbeó el país en temporadas anteriores. Otros casos testigo son Japón, Marruecos, Arabia Saudita, Egipto o Senegal, selecciones que empezaron a clasificar con regularidad con los mundiales de 32 —a partir de Francia 98— y fueron creciendo con el correr de las competencias. Lo mismo ocurrirá más temprano que tarde con otras naciones que ganen competencia con este nuevo formato. Seguramente haya que esperar un par de mundiales para ver como se materializa esta humilde profecía, aunque en esta edición ya vimos cómo varios seleccionados que supuestamente eran relleno le hicieron partido a las grandes potencias. Haití se paró de manos contra Escocia. Y Cabo Verde, saludo a su comunidad afincada en nuestro Dock Sud, le robó un empate a la candidata España. Algo une a Haití con Cabo Verde, además de su carácter insular, y es la conformación de sus planteles con futbolistas que no nacieron en esos países. El mundial de los hijos de las diásporas. 

    Se lleva en la sangre

    A finales de la década del noventa, Francia y Países Bajos empezaron a incluir futbolistas nacidos en sus colonias o a los hijos de migrantes relegados a los márgenes de las grandes ciudades. El documental Les bleus cuenta cómo la selección francesa campeona del mundo en 1998, colaboró para que parte de la sociedad reconociera como compatriotas a los negros y a los árabes. Las grandes figuras de esa selección tenían su origen en lo que muchos consideraban extranjeros y otros, como Jean-Marie Le Pen, como invasores. El siglo XXI siguió en esa dirección, las potencias europeas buscaban sus talentos en los márgenes y los márgenes eran migrantes. El fútbol necesita del desorden y este no se encuentra en la pulcritud de las academias. Así aparecen Lamine Yamal, figura de España y de padres marroquíes; Kylian Mbappé, crack francés de sangre argelina; Folarin Balogun, goleador de Estados Unidos de origen nigeriano; Jamal Musiala, talentoso alemán también de familia nigeriana.

    El caso más extraño se dio en el partido entre Suecia y Túnez cuando Yasin Asari marcó el primer gol para los suecos y pidió disculpas. La famosa ley del ex, pero versión selecciones. Asari tiene origen tunecino así que no gritó el gol. Algo similar a lo que ocurrió el mundial pasado cuando Achraf Hakimi, nacido en España, hizo el penal con el que Marruecos eliminó a su país de origen. Este último caso creció en los últimos dos mundiales. Ahora también son las selecciones “menores” las que buscan futbolistas nacidos fuera de su territorio. Los hijos de la diáspora. En el partido entre Marruecos y Brasil, por ejemplo, la selección marroquí llegó a alinear once jugadores nacidos en otros países. Roberto Lopes juega para Cabo Verde y su primer contacto con la selección, fue a través de Linkedin. Contó que cuando leyó el mensaje que le había enviado el entonces entrenador caboverdiano, creyó era un spam. Otro es Jean-Ricner Bellegarde, el diez de Haití, nacido en Colombes, Francia. Los ejemplos sobran, en total son 289 futbolistas los que nacieron fuera de los países que representan.

    El debate sobre la representación se abre en dos direcciones: están los que deciden representar al país donde nacieron y los que prefieren defender la bandera de sus madres y padres. La discusión de fondo es si tira más la tierra o la sangre. En los casos de las grandes selecciones hay una paradoja: aquellos habitantes que suelen ser discriminados, condenados a vivir en guetos, son mirados con cariño cuando hacen goles y juegan bien al fútbol. Los resultados exponen la hipocresía, cuando ganan son compatriotas —como en el caso de los campeones del mundo en Francia en el 98 o en el 2018— pero cuando pierden es por culpa de esos mismos extranjeros. Algo así planteó el diputado provincial libertario Agustín Romo luego del empate entre España y Cabo Verde: “El problema de la selección de España es que la mitad no son españoles”. Había que preguntarle qué pensaba en la Eurocopa pasada cuando España ganaba con las gambetas de Lamine Yamal. Escenas de fútbol y xenofobia, como las que se vivieron en marzo de este año en el amistoso entre españoles y egipcios en el RCDE Stadium de Barcelona. Esa noche catalana  cantaron “musulmán el que no bote”. Musulmán como Yamal, su principal figura. Lamine expuso a sus compatriotas: “Sé que iba por el equipo rival y no era algo personal contra mí, pero como persona musulmana no deja de ser una falta de respeto y algo intolerable”.

    Kansas City, here we go

    Jerome Leiber y Michael Stoller, dos compositores estadounidenses de rhythm and blues, tuvieron escondida una de sus grandes joyas durante casi diez años. A comienzos de la década del cincuenta, escribieron una canción que grabó Little Willie Littlefield con el título “KC lovin’”. Casi el nombre de un combo en KFC, la casa de comidas rápidas que comparte iniciales con Cristina. Varios años después, Wilbert Harrison grabó la versión que se haría mundialmente famosa con otro título: “Kansas City”. Kansas City allá vamos podría ser uno de los videos motivacionales que publica la AFA. Esta noche, después de empacharnos esperando las derrotas de las grandes selecciones, llega nuestro debut. Hace doce años que Argentina no gana en su primer partido. Hago esta aclaración para aquellos que piensan que Argelia es cosa fácil, como soplar y hacer botellas o twittear pavadas siendo presidente.

    Como en 2022, el debut nos agarra moqueando. Dos días antes del partido contra Arabia Saudita en Qatar, se nos fue Hebe de Bonafini. Ahora nos toca llorar a Taty Almeida. En tiempos de sentirnos cada vez más solos, los partidos de la selección son una posibilidad para juntarnos y creer en algo. La ilusión no se negocia, las ganas de alegrarnos por algo tampoco. Por un mes y pico, en el mejor de los casos, las charlas no rondarán en torno a deudas, despidos o la utopía de llegar a fin de mes, esperamos por lo menos mecharlas con elogios a los movimientos de Enzo Fernández, comentarios a los bailes de Dibu Martínez o elucubraciones sobre la relación entre Messi y el paso del tiempo. 

    La Scaloneta llega un poco recauchutada. Si bien son pocos los nombres nuevos respecto del mundial anterior, las noticias en estos últimos días son partes médicos. Que el Dibu se pudo poner guantes, que Julián llega bien, que Tagliafico se pierde la primera fase, que Paredes tiene o no tiene un desgarro, que Cuti Romero está joya nunca taxi. Arrancar un mundial con jugadores sin ritmo es peligroso, pero quiénes somos nosotros, simples mortales, para discutir con el Comandante Scaloni.

    El rival, como hace cuatro años, es un equipo árabe. Argelia cuenta como principales figuras a Riyad Mahrez y a Luca Zidane, el hijo de Zinedine. Argentina tiene la chance de ser la primera selección sudamericana en ganar en este mundial, luego de las derrotas de Paraguay y Ecuador, y los empates de Brasil y Uruguay. Argelia, después Austria y el cierre con Jordania. Con un ojo ansioso puesto en el grupo de Uruguay y España: el segundo de ese grupo será nuestro rival en dieciseisavos de final. Y sí, en estos momentos, en la previa a un debut, uno solo imagina lo mejor, eso empieza con pasar primeros.

    En estos días volví a escuchar Es mentira, el primer y poco valorado disco de Miranda. Las canciones ya tienen esa mezcla entre Virus, Depeche Mode y Valeria Lynch que los caracteriza. Entre ellas encontré un mantra para estas horas previas. “Qué será”, se pregunta Ale Sergi en “Horóscopo”. “Será lo que Dios disponga”, se consuela. Pero luego se anima a soñar, en una frase para tatuarse cuando arranca un mundial: “Que el cielo nos corresponda”.

    La entrada Que el cielo nos corresponda se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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