Presidido por la Gobernadora Arabela Carreras, se reunió este sábado el Comité de Crisis por COVID-19 en Río Negro, compuesto por autoridades de los tres Poderes del Estado.
Luego del análisis de la actual situación epidemiológica de la provincia, el Comité determinó como medidas la suspensión temporaria de todos los actos protocolares en territorio provincial, así como torneos y competencias deportivas profesionales y amateurs. Estas medidas se tomarán desde el lunes 17 y por 15 días.
Por otra parte, por disposición de la Gobernadora Carreras, los integrantes del Comité de Crisis se instalarán en el Alto Valle de la provincia, para mantener encuentros con Intendentes, Intendentas, autoridades de sectores económicos y sociales, entre otros, en la continuidad del diálogo permanente que lleva adelante la Provincia con los representantes de los distintos actores de la sociedad para el análisis de cada localidad en particular.
Estas medidas se tomaron tras el tratamiento de la actualidad en materia de casos, la disponibilidad de camas para pacientes de COVID-19, y el avance en el operativo de vacunación, especialmente en las zonas más afectadas por el crecimiento de los casos positivos, como los Departamentos de General Roca y Adolfo Alsina y las ciudades de San Carlos de Bariloche y Dina Huapi, entre otras.
Participaron del encuentro el Vicegobernador Alejandro Palmieri y el Presidente del Superior Tribunal de Justicia, Ricardo Apcarián. También lo hicieron la Ministra de Educación y Derechos Humanos, Mercedes Jara; sus pares de Salud, Fabián Zgaib; de Gobierno y Comunidad, Rodrigo Buteler; de Economía, Luis Vaisberg; de Desarrollo Humano, Juan José Deco; el Secretario General, Daniel Sanguinetti; la Secretaria de Estado de Seguridad y Justicia, Betiana Minor; el Presidente del Bloque de Legisladores de Juntos Somos Río Negro, Facundo López; la Secretaria de Salud, Mercedes Ibero; el Secretario Legal y Técnico, Guillermo Ceballos y el Secretario de Comunicación, Gustavo Glave.
Mientras copiaba letras y sílabas sobre una corteza de abedul, un niño de la Rus medieval se escapaba de la tarea para dibujar guerreros, animales y criaturas fantásticas. Ocurrió alrededor de 1260, en Nóvgorod, y sus garabatos sobrevivieron durante más de siete siglos gracias a una combinación extraordinaria de arqueología y naturaleza. Se llamaba Onfim y, sin saberlo, dejó uno de los testimonios más curiosos sobre la infancia medieval: la prueba de que entre una letra y otra también había lugar para imaginar, jugar y convertir un ejercicio escolar en una pequeña aventura.
Por Alcides Blanco para NLI
Hay algo profundamente humano en los márgenes de un cuaderno escolar. Cambian las épocas, los materiales y las herramientas, pero parece persistir cierta necesidad de apropiarse de un pequeño espacio cuando la actividad que tenemos delante nos resulta demasiado repetitiva. Un alumno puede llenar hoy el borde de una hoja con nombres, caras, camisetas de fútbol, monstruos, autos, corazones o personajes de videojuegos mientras el profesor explica una materia; hace más de 750 años, otro chico hacía algo bastante parecido, aunque en lugar de birome utilizaba un estilete y en lugar de papel tenía una lámina de corteza de abedul. Aquel niño vivió en Nóvgorod, una de las grandes ciudades comerciales de la Rus medieval, y la arqueología terminó conservando sus ejercicios escolares junto con las fantasías que dibujaba mientras los hacía.
El protagonista de esta pequeña historia es conocido como Onfim. No sabemos demasiado de él, y justamente esa ausencia de información vuelve todavía más fascinantes sus dibujos. No conocemos con certeza su edad, aunque los especialistas lo consideran un niño pequeño; tampoco sabemos qué fue de su vida, quiénes fueron sus padres, cuánto tiempo asistió a la escuela ni qué ocurrió después con aquel aprendizaje de escritura. Lo que sí tenemos son doce piezas de corteza de abedul, catalogadas entre los números 199 y 210, cuya datación se sitúa alrededor del año 1260 y cuya atribución a un mismo niño se sostiene en buena medida por las características de la escritura y el contexto arqueológico en el que fueron encontradas.
Y en esas piezas aparece algo extraordinariamente cotidiano: la tarea escolar. Onfim practicaba el alfabeto, copiaba sílabas y reproducía fórmulas religiosas o escolares, exactamente el tipo de ejercicios repetitivos mediante los cuales un niño debía adquirir destreza en la escritura. Pero entre esas letras aparecen también figuras humanas, animales, criaturas híbridas y escenas de enfrentamiento. El soporte que estaba destinado a servir para aprender a escribir terminó convertido, al menos en parte, en un espacio donde el alumno podía hacer otra cosa. Allí donde el maestro esperaba letras, aparecieron guerreros. Allí donde había una práctica de caligrafía, apareció la imaginación de un chico.
Un cuaderno hecho de corteza de abedul
Para entender por qué esos dibujos pudieron llegar hasta nosotros hay que detenerse en algo que normalmente pasa inadvertido: el material sobre el que fueron realizados. En la Rus medieval, la corteza de abedul era un soporte de escritura cotidiano, económico y mucho más accesible que el pergamino. Se podía cortar, alisar y trabajar con un instrumento puntiagudo que dejaba marcas directamente sobre la superficie, sin necesidad de tinta. Para quienes no pertenecían a los círculos más ricos o especializados, constituía una solución práctica para escribir, registrar información y realizar ejercicios. En términos actuales, podría pensarse como una especie de cuaderno barato y reutilizable, mucho más cercano a la vida cotidiana que los lujosos manuscritos que solemos asociar con la Edad Media.
Pero había otro elemento que convertiría aquellos modestos pedazos de corteza en cápsulas del tiempo. Nóvgorod posee unas condiciones arqueológicas extraordinarias para la conservación de materiales orgánicos. Los documentos quedaron enterrados en terrenos húmedos y pobres en oxígeno, un ambiente que dificultó la acción de los microorganismos responsables de la descomposición. Gracias a esas condiciones, materiales que normalmente habrían desaparecido por completo pudieron permanecer bajo tierra durante siglos. Lo que para Onfim probablemente era simplemente una superficie donde practicar sus letras terminó transformándose, sin que él pudiera imaginarlo, en un mensaje dirigido a personas que vivirían cientos de años después.
Hay algo casi conmovedor en esa casualidad. Un niño del siglo XIII no estaba intentando dejar un testimonio histórico. No estaba escribiendo una autobiografía ni contando cómo era su vida. Tampoco pretendía que un arqueólogo del futuro encontrara sus ejercicios. Estaba haciendo la tarea. Y precisamente porque se trataba de una actividad ordinaria, sus trazos tienen un valor particular: permiten acercarse a una dimensión de la Edad Media que rara vez aparece en las grandes crónicas, una dimensión formada por niños que aprendían, se aburrían, copiaban, repetían y buscaban pequeños espacios para hacer algo que les perteneciera.
El guerrero que era Onfim
Entre todas las imágenes atribuidas al pequeño escriba hay una que se volvió especialmente conocida. Se trata de un jinete armado que atraviesa con una lanza a un enemigo caído. No es solamente una escena de combate: el guerrero lleva una inscripción que lo identifica con el propio Onfim. El niño parece haberse representado a sí mismo como un combatiente victorioso, convirtiendo aquel pedazo de corteza destinado al ejercicio escolar en el escenario de una pequeña epopeya personal.
Es difícil no sonreír ante la escena. Mientras un maestro probablemente esperaba que el alumno practicara las formas correctas de las letras, Onfim había encontrado una manera bastante más entretenida de utilizar el espacio disponible. Primero estaban los ejercicios que debía realizar; después, en el mismo soporte, aparecía un guerrero montado a caballo y dispuesto a derrotar a su enemigo. El contraste permite imaginar, sin necesidad de inventar una historia que las fuentes no pueden confirmar, el modo en que una actividad reglamentada podía convivir con el universo imaginario de un niño. No sabemos si estaba aburrido, si copiaba una imagen que había visto en algún lugar, si jugaba mentalmente a ser un guerrero o si simplemente descubría qué podía hacer con aquel instrumento. La evidencia no permite escoger una explicación definitiva.
Y esa cautela es importante porque la tentación de convertir a Onfim en un personaje perfectamente conocido es enorme. Podemos describir sus dibujos, estudiar su escritura y analizar el contexto histórico, pero no podemos saber qué pensaba exactamente mientras los hacía. Los guerreros, los animales fantásticos, los demonios y las escenas violentas formaban parte de la cultura visual de la época y podían aparecer en relatos religiosos, representaciones artísticas, historias, juegos y tradiciones orales. Que Onfim los dibujara no significa necesariamente que estuviera expresando miedo, agresividad o alguna emoción específica. Lo único seguro es que esas imágenes formaban parte del repertorio que podía llevar a su pequeño mundo de dibujos.
De hecho, la historia de Onfim resulta todavía más interesante cuando se la compara con otros testimonios medievales. En manuscritos de la época también aparecen figuras realizadas en márgenes y espacios secundarios, aunque no todas fueron hechas por niños y sería un error atribuir automáticamente cualquier garabato medieval a un estudiante. En 2016, investigadores de la Universidad de York analizaron dibujos encontrados en los márgenes de un manuscrito procedente originalmente de un convento franciscano de Nápoles y recurrieron incluso a especialistas en psicología infantil para evaluar si habían sido realizados por niños. Es decir, la presencia de dibujos aparentemente espontáneos en documentos medievales no es un fenómeno aislado, aunque cada caso requiere analizar cuidadosamente su contexto.
La infancia que se escondió en los márgenes
Lo verdaderamente extraordinario de Onfim, entonces, no está solamente en que un niño medieval dibujara un guerrero. Está en que sus ejercicios permiten mirar durante unos instantes una parte de la infancia que normalmente queda oculta detrás de la historia de reyes, guerras, iglesias y grandes ciudades. Los documentos oficiales suelen contarnos qué hacían las autoridades, qué territorios controlaban los gobernantes, qué guerras se libraban o qué acuerdos firmaban los comerciantes. Pero resulta mucho más difícil encontrar rastros de aquello que hacía un niño mientras aprendía a escribir. En ese sentido, la corteza de Onfim funciona como una ventana diminuta hacia la vida cotidiana.
También permite observar que la educación medieval no consistía únicamente en memorizar grandes textos religiosos o formar futuros escribas, como a veces sugieren las imágenes simplificadas de la Edad Media. Había niños practicando letras, repitiendo sílabas y aprendiendo a manejar un instrumento de escritura. Y alguno de ellos, como Onfim, encontraba la forma de combinar la obligación con la fantasía. El ejercicio no desaparecía: las letras seguían allí. Pero junto a ellas aparecía un mundo propio, un espacio donde el niño podía decidir qué quería representar.
Ese detalle permite establecer un curioso puente con el presente. Cambiaron radicalmente los sistemas educativos, los materiales y los contenidos, pero persiste la posibilidad de que una actividad reglada genere espacios de apropiación personal. El margen sigue siendo margen aunque ahora esté hecho de papel, y puede que hoy aparezcan allí personajes de videojuegos donde hace ocho siglos aparecían guerreros y criaturas fantásticas. No significa que los niños sean idénticos a través de los siglos ni que podamos trasladar mecánicamente conceptos modernos a la Rus medieval; significa algo más sencillo y más interesante: la infancia también deja huellas en los lugares donde nadie pensaba que estaba escribiendo historia.
Quizás por eso los dibujos de Onfim resultan más poderosos que muchas grandes historias medievales. No cuentan una batalla que cambió un reino ni una decisión que modificó el destino de un imperio. Cuentan algo muchísimo más pequeño: un niño aprendiendo a escribir y aprovechando un pedazo de corteza para dibujar lo que tenía en la cabeza. Pero precisamente allí reside su valor. La historia no está hecha solamente de quienes ocuparon el poder o protagonizaron acontecimientos extraordinarios; también está hecha de millones de gestos cotidianos que casi nunca quedaron registrados.
Onfim tuvo la fortuna —o la extraña desgracia— de que uno de esos gestos sobreviviera.
Su nombre quedó enterrado durante siglos junto con sus ejercicios. La humedad protegió la corteza, la tierra conservó las marcas y la arqueología terminó devolviendo al presente aquel pequeño mundo. Hoy podemos observar sus letras, sus sílabas y sus guerreros e imaginar, con todas las precauciones que exige la historia, a un chico de Nóvgorod sentado frente a su tarea, intentando dominar una escritura que para él era nueva mientras su imaginación se iba por otro camino.
Y ahí aparece la última ironía de esta historia: Onfim probablemente quería aprender a escribir, pero terminó escribiendo una de las pequeñas historias de infancia más memorables que nos dejó la Edad Media. No sabía que alguien lo leería ocho siglos después. No sabía que sus guerreros serían estudiados por historiadores. No sabía que sus garabatos servirían para preguntarnos si realmente cambió tanto la infancia.
Simplemente dibujó.
Y, por una de esas extraordinarias casualidades que de vez en cuando nos regala la arqueología, el margen de su tarea consiguió sobrevivir al tiempo.
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Un funcionario de Javier Milei difundió una fake news para culpar a China por la tragedia en Nepal y generó un roce diplomático que puso en crisis el anunciado viaje de Karina Milei y Pablo Quirno a Beijing. El timing para difundir la fake news no pudo ser peor, salvo que haya sido a propósito. La embajada del gigante asiático le advirtió al presidente argentino que ese tipo de comentarios «maliciosos» dañan la relación bilateral.
Aunque el comunicado chino no lo menciona, el funcionario en cuestión es el director nacional de Comunicación Digital de la Presidencia, Juan Pablo Carreira, conocido como «Juan Doe» por su usuario en X. Es uno de los fundadores de La Derecha Diario, medio militante que arrastra un largo historial de noticias falsas.
Carreira es un funcionario del riñón de Santiago Caputo, que lo puso a cargo de la «Oficina de Respuesta», un ente oficial encargado de atacar medios y periodistas independientes, que replica las políticas más fracasadas del kirchnerismo. Fue socio de Fernando Cerimedo, hoy preso en Bolivia por la sospecha de que mandó a matar a su novia embarazada.
El funcionario difundió el domingo una noticia falsa que sostenía que «una empresa estatal china estaba construyendo una mega-instalación hidroeléctrica junto a un glaciar en la frontera con Nepal y los típicos fallos de la organización estatal de la actividad industrial llevaron al mayor colapso de una construcción civil que se tenga registro».
Cierto funcionario argentino, movido por prejuicios ideológicos sesgados, difunde maliciosamente rumores para difamar al Partido Comunista de China y manchar la imagen internacional de China.
«Todo una porción del glaciar colapsó, se precipitó hacia abajo y se convirtió en un alud de lodo que mató a más de 2.500 nepaleses en segundos. Se suma a los mayores desastres humanitarios que generó la gestión del Partido Comunista de la actividad industrial en la historia, como Chernobyl», escribió el ex socio de Cerimedo. «El comunismo mata. El Partido Comunista vestido de empresario mata», agregó. El tuit sigue publicado, pese a la queja china.
Una empresa estatal china estaba construyendo una mega-instalación hidroeléctrica junto a un glaciar en la frontera con Nepal y los típicos fallos de la organización estatal de la actividad industrial llevaron al mayor colapso de una construcción civil que se tenga registro…. pic.twitter.com/BQFpYcdv3U
La embajada china en Argentina publicó una fuerte queja contra el gobierno de Milei al afirmar que «cierto funcionario argentino, movido por prejuicios ideológicos sesgados, difunde maliciosamente rumores para difamar al Partido Comunista de China y manchar la imagen internacional de China».
«La parte china se opone firmemente a ello y no lo acepta en absoluto», dice la nota de protesta. «Exhortamos al funcionario en cuestión a que cambie de actitud de inmediato, ponga fin a las especulaciones malintencionadas carentes de fundamento y deje de politizar o instrumentalizar las catástrofes naturales, con vistas a evitar daños a las relaciones y las cooperaciones sino-argentinas», advierte.
Los dichos de Carreira se dan pocos días después de que China renovara el swap con China por 20 mil millones de dólares, una herramienta clave para que Milei pueda sostener su modelo económico. Tan necesario es el swap con China que el libertario lo mantiene pese a su alineamiento incondicional con la Casa Blanca, que en reiteradas ocasiones lo exhortó a interrumpir el acuerdo.
El desafortunado comentario de Carreira se dio además en momentos en que Karina Milei y Pablo Quirno preparan un viaje a China como «gesto» por la renovación del swap. Sin fecha confirmada, el viaje podría ser antes de fin de año.
Casi al mismo tiempo que China lanzaba la advertencia contra el gobierno, el propio Quirno destacaba en un streaming la posibilidad del viaje a Beijing. «Falta poco, está previsto pero no tiene fecha cierta. Esperamos que sea pronto», dijo el canciller, que adelantó que también irá Luis Caputo. «Estamos en conversaciones en temas comerciales, en temas financieros, estamos finalizando esas charlas, están muy avanzadas y creo que de ambos lados somos optimistas para poder concretar la visita lo antes posible», afirmó Quirno.
Luego del encuentro virtual con la Gobernadora Arabela Carreras en el que se analizaron las nuevas medidas que se aplicarán en Río Negro a partir del Decreto de Necesidad y Urgencia 334 del Presidente Alberto Fernández, el Intendente Marcelo Orazi convocó a parte de su gabinete y a las autoridades policiales locales para coordinar los…
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