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SE SUSPENDEN TORNEOS Y COMPETENCIAS DEPORTTIVAS EN RIO NEGRO

Presidido por la Gobernadora Arabela Carreras, se reunió este sábado el Comité de Crisis por COVID-19 en Río Negro, compuesto por autoridades de los tres Poderes del Estado.

Luego del análisis de la actual situación epidemiológica de la provincia, el Comité determinó como medidas la suspensión temporaria de todos los actos protocolares en territorio provincial, así como torneos y competencias deportivas profesionales y amateurs. Estas medidas se tomarán desde el lunes 17 y por 15 días.

Por otra parte, por disposición de la Gobernadora Carreras, los integrantes del Comité de Crisis se instalarán en el Alto Valle de la provincia, para mantener encuentros con Intendentes, Intendentas, autoridades de sectores económicos y sociales, entre otros, en la continuidad del diálogo permanente que lleva adelante la Provincia con los representantes de los distintos actores de la sociedad para el análisis de cada localidad en particular.

Estas medidas se tomaron tras el tratamiento de la actualidad en materia de casos, la disponibilidad de camas para pacientes de COVID-19, y el avance en el operativo de vacunación, especialmente en las zonas más afectadas por el crecimiento de los casos positivos, como los Departamentos de General Roca y Adolfo Alsina y las ciudades de San Carlos de Bariloche y Dina Huapi, entre otras.

Participaron del encuentro el Vicegobernador Alejandro Palmieri y el Presidente del Superior Tribunal de Justicia, Ricardo Apcarián. También lo hicieron la Ministra de Educación y Derechos Humanos, Mercedes Jara; sus pares de Salud, Fabián Zgaib; de Gobierno y Comunidad, Rodrigo Buteler; de Economía, Luis Vaisberg; de Desarrollo Humano, Juan José Deco; el Secretario General, Daniel Sanguinetti; la Secretaria de Estado de Seguridad y Justicia, Betiana Minor; el Presidente del Bloque de Legisladores de Juntos Somos Río Negro, Facundo López; la Secretaria de Salud, Mercedes Ibero; el Secretario Legal y Técnico, Guillermo Ceballos y el Secretario de Comunicación, Gustavo Glave.

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  • Duro golpe a Caputo: MSCI sugiere que no subirá la calificación de Argentina y se pierden USD 7.000 millones

     

    El equipo económico había comprado una ilusión, pero MSCI le devolvió una planilla fría. Toto Caputo estaba convencido que la calificadora que establece la norma de los mercados, sacaría a la Argentina de su condición de paria financiero -standalone- para ubicarlo como «mercado de frontera». Eso tenía un efecto concreto, los grandes fondos de pensiones de Wall Street quedarían habilitados para invertir en papeles del país, una cifra que en Economía estimaban en USD 7.000 millones, como reveló LPO en su momento.

    Ezcepto, que no ocurrió. Este jueves MSCI publicó su Global Market Accessibility Review 2026, donde da pistas muy concretas sobre las calificaciones que difundirá el próximo martes. Ese informe mide qué tan fácil o difícil resulta para un inversor extranjero entrar a un mercado, operar, cobrar, mover activos y retirar dólares. En el caso argentino, el diagnóstico fue  calcado al de los últimos tres años. Peso la continuidad del cepo para las empresas. En el mercado descuentan que el martes, se mantendrá la pésima categoría actual.

    La expectativa en la City era alta. Subidos al entusiasmo del equipo económico, descontaban que Argentina pasaría a «mercado de frontera» y de ahí a emergente. Durante la rueda, esa esperanza ya se había sentido en los precios. Las acciones bancarias, las más sensibles a un cambio de categoría, subieron más de 4% en Wall Street. En Buenos Aires, el Merval también acompañó y cerró con una mejora de 1,2% medido contado con liqui. Se esperaba que MSCI completaría una cadena de buenas noticias macroeconómicas, que acompañara las mejoras de nota de Fitch y S&P Global sobre la deuda argentina. Pero no ocurrió.

    Caputo apuesta a pasar a «mercado de frontera» para que entren USD 7.000 millones

    El analista Christian Buteler resumió el golpe en X: «MSCI, en su Revisión Global de Accesibilidad a los Mercados, ve en este 2026 las mismas condiciones que veníamos teniendo en el 2024 y 2025». Sebastián Maril que preside el fondo de inversión Latam Advisors había marcado lo mismo con una comparación de los reportes: «MSCI Argentina: Comparación avances 2024, 2025 y 2026. Idénticos». En la City, el comentario cayó como un balde de agua sobre el brindis anticipado.

    El cuadro de MSCI muestra que el país todavía tiene problemas en puntos sensibles. En facilidad para el ingreso y salida de capitales, Argentina aparece con observaciones negativas en restricciones al flujo de capital y en liberalización del mercado cambiario. 

    El reporte mantiene a Argentina dentro del grupo de mercados standalone. Esa categoría no integra ni el índice de mercados emergentes ni el de mercados de frontera. En términos prácticos, significa quedar fuera del camino automático por el que se mueven muchos fondos internacionales. 

    El cuadro de MSCI muestra que el país todavía tiene problemas en puntos sensibles. En facilidad para el ingreso y salida de capitales, Argentina aparece con observaciones negativas en restricciones al flujo de capital y en liberalización del mercado cambiario. 

    La desilusión no es menor, una parte de esos USD 7.000 millones que estimaban en el palacio de Hacienda podía destinarse a acciones de empresas argentinas que cotizan en Nueva York.

    Es que muchos fondos institucionales, incluidos los famosos fondos de pensión de Estados Unidos, a la hora de invertir siguen mandatos atados a índices de referencia. Si un país integra el MSCI Emerging Markets Index o el MSCI Frontier Markets Index, esos fondos deben asignar una parte de sus carteras para no alejarse de su benchmark. Si queda afuera, como ocurre hoy con Argentina, directamente desaparece de sus pantallas.

    Argentina fue degradada de emergente a frontera en 2009. Recuperó el estatus de emergente en 2018, con efecto en 2019. Pero en 2021 cayó al nivel de standalone por los controles de capital reinstalados al final del gobierno de Mauricio Macri y sostenidos luego durante el gobierno de Alberto Fernández y el actual de Milei. Esto fue determinante en el análisis de MSCI que se conoció este jueves. Un riesgo que el ex ministro Domingo Cavallo se cansó de advertir a Milei.

    Argentina fue degradada de emergente a frontera en 2009. Recuperó el estatus de emergente en 2018, con efecto en 2019. Pero en 2021 cayó al nivel de standalone por los controles de capital reinstalados al final del gobierno de Mauricio Macri y sostenidos luego durante el gobierno de Alberto Fernández y el actual de Milei. 

    En el informe, MSCI también pide mejoras en clearing y liquidación, préstamos de acciones, ventas en descubierto, disponibilidad de instrumentos financieros y estabilidad del marco institucional.

    Un dato curiosos es que la cuestión idiomática también pesa. La falta de información financiera amplia y sistemática en inglés sigue siendo una dificultad para muchos inversores extranjeros. A eso se suma una competencia acotada entre intermediarios, costos operativos elevados y limitaciones para usar herramientas básicas en otros mercados. 

    En el mercado, algunos todavía no pierden la esperanza y esperan al martes. Galicia Research recordó que el 23 de junio se conocerá si Argentina entra o no en la lista de revisión, también llamada consultation o watchlist. 

    El Galicia planteó cuatro escenarios. El primero es que el país siga como standalone, sin cambios. El segundo, que se mantenga en standalone pero se abra una consulta para volver a frontera. El tercero, que se abra una consulta para ir directo a emergente. El cuarto, mucho más difícil, sería una reclasificación inmediata a frontera.

    Pero el consenso de bancos de inversión que recoge Galicia, entre ellos Morgan Stanley y JP Morgan, no apuesta a un salto instantáneo. El escenario central es una consulta este año, ya sea hacia frontera o hacia emergente, con un upgrade efectivo recién entre junio de 2027 y 2028. 

     

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  • Avanza el pacto Llaryora-Santilli: Bornorini analiza romper la alianza con Juez y De Loredo

     

    Que el diputado libertario Gabriel Bornoroni haya elegido el prime time de A24 con Eduardo Feinmann para anunciar que en Córdoba habrá candidato de La Libertad Avanza para enfrentar al gobernador Martín Llaryora no es casual. Como tampoco lo es que precisamente ese recorte haya decidido viralizar en sus redes.

    «Vamos a trabajar para que el presidente Javier Milei pueda reelegir y seguramente vamos a trabajar para que La Libertad Avanza tenga su candidato provincial. Los cordobeses estamos cansados de tanto peronismo». En esa frase de apenas unos segundos, el diputado no confirmó si será él; reconoció que la prioridad es la reelección nacional y con esto también enfrió alguna chance de acuerdo para ceder el primer casillero a un aliado como Luis Juez o Rodrigo de Loredo.

    Sacando lo que dijo sobre el peronismo, la frase no cayó muy lejos de lo que espera el llaryorismo para el 2027 y que también reconoció este miércoles el ministro de Gobierno provincial, Manuel Calvo, a la hora de admitir que hay canales de diálogo para respaldar leyes en el Congreso. «Milei y Llaryora son los dos dirigentes que más miden en Córdoba. Si esas leyes benefician a los cordobeses, las vamos a acompañar», reconoció el funcionario en LV2. Y agregó: «ya lo hicimos con gobiernos de otros signos políticos».

    LPO reveló el 20 de abril que Llaryora estaba negociando con la Casa Rosada aportar sus votos en el Congreso para la eliminación de las PASO a cambio de que Bornoroni vaya solo en 2027. Las expectativas de un acuerdo se aceleraron con la llegada a la jefatura de Gabinete

    de Diego Santilli, un viejo amigo de Llaryora.

    Llaryora negocia con la Rosada votar la eliminación de las Paso si dejan a Bornoroni solo

    Este escenario es el que tiene desde el fin de semana a toda la oposición cordobesa con la guardia alta. Varios, en esa coalición que integra el juecismo, el bullrichismo y al que quiere ingresar el deloredismo, ven los mismos fantasmas de tiempos de Macri en Casa Rosada.

    De hecho, en público todos resaltaron las virtudes del flamante jefe de Gabinete, pero en reserva admiten las mañas del Colorado. Con más margen para declarar, y más peso legislativo como autonomía, Juez se despachó el pasado lunes con un elogio al funcionario e inmediatamente, y frente al escenario electoral provincial, remarcó: «a mí ningún porteño me va a venir a decir qué es bueno para los cordobeses. Ya lo vivimos en 2003 con Néstor Kirchner y en 2015 con Mauricio Macri».

    A mí ningún porteño me va a venir a decir qué es bueno para los cordobeses. Ya lo vivimos en 2003 con Néstor Kirchner y en 2015 con Mauricio Macri

    En lo que todos coinciden dentro del arco opositor, sobre todo en la todavía alianza Bornoroni-Juez, es que la candidatura del libertario sería respetada como la de un puro que permite encolumnar al resto hacia abajo. «Ahora, cualquier otro candidato libertario es motivo suficiente para rediscutir todo», dijo una persona que integra la alianza opositora. 

    Acaso un síntoma evidente de este reacomodamiento es que Juez está cada más decidido a competir por la Ciudad de Córdoba, como contó LPO. El senador ya le avisó a De Loredo que no se meta en la capital: «el candidato voy a ser yo».

     

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  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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